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SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (2)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (2)

Por Luis Machado Ordetx

Sagua la Grande representó la mayor amalgama de nacionalidades extranjeras en los dominios de un territorio cubano. Los datos aportados por Alcover y Beltrán en 1905, cuando publicó su Memoria Histórica de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción, son palmarios. En 1862, después de 17 años de  establecida la independencia de su caserío, antes bajo el dominio de la administración político y militar de Santa Clara, el Undoso  contaba con más de 51 mil 986 habitantes. Todos estaban diseminados en los cercanos asentamientos de Álvarez, Amaro, Calabazar, Ceja de Pablo, Quemado de Güines, Rancho Veloz y Santo Domingo.

Doce nacionalidades, sin incluir a los cubanos nacidos en la Isla, había por esa fecha. Sumaban 27 mil 307 extranjeros, entre los que existían españoles peninsulares, canarios, norteamericanos, franceses, yucatecos, portorriqueños, alemanes, sudamericanos, ingleses, portugueses, asiáticos y, por supuesto, africanos, quienes constituían el principal soporte económico de una población dedicada en lo fundamental a actividades industriales, de servicios y de comercio.   

Así lo testifica Alcover y Beltrán. También las prolijas reseñas de Manuel Dionisio González y Martínez-Fortún y Foyo, delatan a un territorio que en poco tiempo logró un ordenamiento económico-social sin precursores en las recientes regiones surgidas con el tutelaje de la Corona de España.

No por gusto hasta la cuarta década del siglo XIX Santa Clara la consideró “Surgidero y Llave de su Villa”. De ahí la reticencia para impedir la segregación territorial. Por el puerto de Isabela de Sagua, una excelencia en la costa norte, salían o entraban mercancías producidas o requeridas por la población radicada en la región central.

Contaban entonces con 125 ingenios dedicados a la elaboración de azucares blanco, quebrado, mascabado, cucurucho y raspadura. Disponían de fabricantes de aguardiente, de curtidores de cueros y extractores de cal y hacedores de ladrillos o tejas de barro rojo.

En 1835 se introduce la plantación azucarera en esa región. Por ese tiempo la trata negrera, ilegalizada por Convenios con Inglaterra, toma auge, en tanto los norteamericanos Roberto Stell, Santiago Macomb y Jorge Bartlett, y el cubano Francisco Peraza, sueñan con montar a Sagua la Grande sobre las ruedas metálicas de los Caminos de Hierro. Un lustro  después se traza las vías de enlace ferroviario. En febrero de 1858 circula el primer tren de Sagua a Isabela. En ese puerto fondean más de 170 buques en trasiegos mercantiles que rebasan por año las 8 mil toneladas.

Al colega Manuel de Feria le gustan los datos; las comparaciones. Quedará atónito con las producciones que obtenían los sagüeros hacia la sexta década de la antepasada centuria. Extraían en cosechas de arroz (119 mil 326 arrobas), frijoles (17 mil 708), papa (4 mil), raíces alimenticias (314 mil 488), y también muestran registros altos de café, maíz, sagú, tabaco, garbanzo, queso y miel de abeja. La jurisdicción albergaba a 79 mil cabezas de ganado vacuno, caballar, mular, porcino, lanar y caprino. Las cosechas y las crías animales, al margen del trabajo esclavo, dependían exclusivamente de 11 mil 828 labradores.

El desarrollo industrial brotó después. Ya se conocían pequeños negocios de litografías, impresiones de libros, herrerías, platerías, hojalaterías, astilleros y de preparación de tisanas y licores medicinales. El puerto, abierto al tráfico internacional en 1844, y las conexiones ferroviarias por todo el país, aceleraron las transformaciones económicas y sociales que durante la primera mitad del pasado siglo, convirtieron al Undoso en un puntal emprendedor y distintivo de sus potencialidades productivas.

En uno de los últimos periplos que hice por ese territorio, investigadores del Centro de Patrimonio Cultural me obsequiaron una impresión digital del libro Sagua la Grande, una Ciudad Ideal. El texto es de 1960, y  corrobora datos y hechos con prolijidad estadística. Antes,  Alcover y Beltrán vislumbró el por qué de esa ostentación luminosa en generaciones que nos precedieron. Ahora, otra vez comprendo una exclusividad en la manera de hacer, pensar y crear una histórica idiosincrasia con repercusiones económicas y sociales. Hay aquí una región sin muchos parangones entre los cubanos.
 
 
 

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (1)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (1)

Por Luis Machado Ordetx

Tres viajeros foráneos estacionaron sus miradas en el centro cubano. Todo ocurrió entre la tercera y sexta décadas del siglo XIX. Venían a ofrecer Cultura y estaban prendidos del esplendor económico de las poblaciones desgajadas de la Octava Villa fundada por el Adelantado Diego Velázquez.

El inglés James Gay Sawkins (1806-1878) fue el primero que llegó a Santa Clara en 1838. Hacía tres años que residía en la Isla en calidad de pintor y profesor de dibujo. El miércoles 15 de julio de 1925 en el periódico Federación, Jesús López Silvero destaca que el esplendor apreciativo de la antigua Parroquial Mayor, en áreas que después ocupó el Parque Vidal, se debe a una copia de la acuarela del afamado visitante.

La pieza fue titulada “Villaclara desde San Lázaro”, aclara  un ejemplar de ese  rotativo, obsequio que recientemente  hizo Miguel Tenorio Milord, el actor. La acuarela está considerada como el más antiguo  documento gráfico de la antigua ciudad. No sé dónde pueda estar depositada.

Sawkins luego recorrió Sagua la Grande, San Juan de los Remedios, Santiago de Cuba, Sancti Spíritus  y Puerto Príncipe, y por supuesto los alrededores de La Habana.  En 1847 el pintor abandonó Cuba: fue expulsado por Leopoldo O´Donnell, Capitán General, quien lo consideró un abolicionista.

López Silvero describe la pieza romántica que recrea a Santa Clara: “un hacinamiento pobre, arisco y rudo de tejados sin cúpulas ni torres orgullosas, desafiadoras insolentes de la altura; es el pueblo colonial, sórdido, ayuno de grandezas.” El periodista, en 1925 comparó esa acuarela con la primera fotografía que, desde un aeroplano, tomó de la ciudad el artista local Carlos del Regato. Ya entonces existía un entorno arquitectónico inigualable en relación con otras urbes del país.

Gottschalk es el segundo de los viajeros. Vino a Santa Clara en calidad de concertista, y en su programa incluyó dos composiciones: “Le Bananier” y “La Bamboula”. Ese norteamericano,  nació en Nueva Orleáns en  1829 y murió en Río de Janeiro en 1869. Dice Manuel Dionisio González que apareció en la ciudad en octubre de 1855: «(…) Nuestra población, a favor de ese elemento que hace desaparecer las distancias, ha entrado a participar de algunos goces, de que por su posición interior estaba privada, pues no a otra circunstancia debemos que hayan venido, no ha mucho, la compañía de ópera de Corradi Setti, los distinguidos artistas Gottschalk y Adelina Petti, y los concertistas Vandergutch y la Sasso Rene y otras compañías lírico-dramáticas que han trabajado en la capital.» El pianista debutó en escenarios de la Sociedad  Filarmónica surgida en 1841.

El romántico Louis Moreau Gottschalk no solo se contenta con Santa Clara. Va a Remedios a buscar la tradición española y la fusión con lo negro. Actúa en “El Liceo” y en un teatro, con techo de guano ubicado al fondo de la Iglesia del Buen Viaje, indica José A. Martínez- Fortún y Foyo.

 En Sagua la Grande, destaca Antonio Miguel Alcover y Beltrán, «(…) El gran artista llegó a esta Villa de paso para la Habana procedente de Remedios. Ejecutó algunas piezas en casa de D. Tomás Ribalta y es notorio que en la calle, frente a la casa, se agrupó gentío inmenso ávido de saborear la extraordinaria habilidad del genio musical, gloria del mundo, que a la sazón era huésped…»  Los últimos días cubanos de 1864 los pasó el norteamericano en una finca en Caimito de Guayabal, sitio en el cual  se repuso de una grave dolencia que derivó después en causa de su muerte.

El abolicionista gallego Ramón Dionisio de la Sagra y Peris (1798-1871), es el último de los notables viajeros que, en su condición de sociólogo, economista y botánico, observó Santa Clara y Sagua la Grande. Alcover y Beltrán en más de una ocasión lo cita.

Su obra Historia Física, Política y Natural de la Isla de Cuba, 1838-1861, descuella por ser la más completa indagación sobre la naturaleza y la sociedad cubana del siglo XIX. González en la Memoria de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción (1858),  incorpora un apunte hecho por ese gallego en abril de 1860: es Semana Santa en Villaclara: «(…) el Domingo de Ramos pude observar la numerosa concurrencia al templo (…) Con las señoras se hallaban mezcladas las mujeres de color, que en aquel día ostentaban también sus crinolinas, sus galas y atavíos…»

Santa Clara por esa fecha tenía más de 44 mil 366 habitantes, y era la novena jurisdicción con mayor población del país. Un 35% eran negros dedicados a labores agrícolas en 81 ingenios ubicados en el territorio. Algunos críticos achacan a De la Sagra cierta benevolencia en la información, sobre todo, porque 65 años después, la ciudad asentó un espíritu racista en la remodelación arquitectónica de su principal paseo urbano.


 


SANTA CLARA INMENSA

SANTA CLARA INMENSA

Por Luis Machado Ordetx

 «El nacimiento de un pueblo, es una contribución a la cultura del mundo y un comienzo a la obra del progreso

                                   Alcover y Beltrán

Dicen que Santa Clara es hija predilecta de los demonios. Allá en San Juan de los Remedios de Vasco Porcallo de Figueroa, algunas familias fueron exorcizadas por dos sacerdotes. El jamaiquino-criollo Cristóbal Bejerano Valdés y el natal José González de la Cruz, fundamentaban sus propósitos de tierra adentro. Cada cual tiró para su parte, hasta que se impuso la urgencia de una mudanza hacia los alrededores de la hacienda Ciego de Santa Clara, propiedad de los herederos de Antonio Díaz y Pavia, superficie agrícola marcedada años antes por el cabildo espirtuano.

Al menos eso se colige en apuntes de la Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción, de Manuel Dionisio González en su empeño investigativo por contar cuándo, cómo, dónde y por qué un grupo poblacional dio origen al nuevo asentamiento: 15 de julio de 1689.

Apunta Antonio Miguel Alcover y Beltrán en su Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción, que  los «pueblos viven siglos, y el origen de muchos se pierde en la obscura y eterna noche de los tiempos…» Ese acontecimiento no deja de ser una realidad a 322 años del surgimiento de Santa Clara. Los sucesos que recoge González, por desgracia, quedaron truncos cuando el libro salió de la imprenta “Del Siglo” en 1858.

Más allá de las consideraciones que hace Natalia Raola Ramos al abordar el surgimiento de Santa Clara1 a partir de un cierto caso de “nepotismo” que involucró a 175 remedianos en dos oleadas diferentes de emigrantes,   González había advertido  que «(…) son contradictorios los datos que se conservan acerca del número de familias que vino (…) para fundar la nueva villa, puede sin embargo, fijarse con alguna exactitud, no sin haber emprendido ímprobos trabajos, a fin de consignar esa noticia sobre una base cierta. Aseguran algunos que fueron treinta y dos, y otros las hacen llegar hasta setenta: pero lo más probable es, que solo vinieron diez y ocho…»2

Sea una cifra de familias fundadoras, sea la otra, a la “siempre nítida aurora”, de la que habló José Surí, el primer poeta de Santa Clara, habrá siempre que escudriñar para despejar otras pistas del cronista.

                                GLORIETA ¿CENTENARIA?

Comentan algunos conocedores de la historia que, el salón abierto que preconiza la vida urbana, la Glorieta del Parque Vidal, ostenta este 2011  un siglo de existencia. El Magazine del periódico La Lucha, dedicado en 1926 a Santa Clara, también lo sustenta.3 Sin embargo, el diario La Publicidad, el más importante de la localidad durante la centuria anterior, es explícito en datos que apuntan lo contrario. Por más que fueron revisadas documentaciones, excepto en el periódico anterior, que especificó 1912, jamás apareció una fecha exacta, pues los citados  afirmaban: 1911, inauguración de La Glorieta, ¿…?.

La memoria no puede sustentarse en apreciaciones empíricas. El martes 5 de diciembre de 1911 expone  La Publicidad, según el artículo 164 de la ley orgánica de los municipios que: «el 28 de noviembre último, quedó enterado el Ayuntamiento de un escrito del Ejecutivo de fecha 15 del actual, comunicando que la subasta para la construcción de una “Glorieta de Hormigón Armado” para la música, en el parque Vidal, le ha sido adjudicada al señor Urbano Martínez, por la cantidad de $ 2, 593 veintinueve centavos, Cy,»4

Hubo que rebuscar en  maltrechos ejemplares de ese periódico conservado en los archivos de Fondos Raros y Valiosos de la Biblioteca Martí: no podía concluirse una obra de vasta magnitud en solo 26 días. Desde hacía una década dos bandas de música ocupaban a cielo abierto, martes, jueves, sábado y domingo, el restringido paseo del Parque Vidal.

Una pertenecía al regimiento 2 de la Guardia Rural, dirigida por Domingo Martínez. La otra, bajo la batuta del maestro Cándido Herrero, era del Municipio. Ambas, fueron anfitriones, el 9 y 10 de agosto de 1911, del concurso provincial de bandas, en el cual intervinieron homólogas existentes en Caibarién, Sagua la Grande, Remedios, Camajuaní y Cienfuegos.

Sin embargo, 1912 da otras luces: el miércoles 3 de abril la Cámara Municipal acuerda: «Visto el escrito del señor Urbano Martínez, contratista de las obras de la glorieta en construcción en el parque Vidal, como a la vez el Comité Ejecutivo Municipal, quedó resuelto que el señor contratista se ajuste al pliego de condiciones y a lo dispuesto por la comisión de Ornato, en la ejecución de la obra.»5

Ese día surge otra irradiación: el periodista Manuel García Garófalo-Mesa rubrica desde La Habana una entrevista que hiciera el jueves 25 de abril a José Berenguer y Sed, Alcalde de Santa Cara: «Terminada la Glorieta (que se inaugurará el 20 de Mayo próximo) y levantado el monumento a Marta Abreu, haciendo “pedant” al obelisco a los fundadores de Santa Clara, quedará dándole tono alegre a la población, un parque en total proceso de remozamiento (…) La Glorieta cuesta 2 mil 500 pesos en moneda americana, y el referido a Marta Abreu se erigirá a un costo superior a los 30 mil…»6

El 20 de Mayo no ocurrió nada en la ciudad, excepto las pugnas entre liberales y conservadores en torno al poder político y la recordación de la infausta década del nacimiento de la república neocolonial. El martes 13 de agosto, la sección “Villaclareñas”, signada por Antonio Radelat, ofrece un dato definitorio: «Pasaron las fiestas en honor de nuestra Patrona. Fiestas que hace años no se efectuaba (…) Verdaderos deseos había de que se inaugurara la Glorieta para las Bandas, y al fin, a las cinco en punto, del doce, nuestra Banda Municipal ejecutaba entre atronadores aplausos el Himno Nacional. Por la noche nos dieron retretas las dos bandas. La Municipal con un programa casi todo del patio popular (…) La de la Rural, un verdadero concierto de selectas piezas…»7

¿Cuál era el repertorio?: «Diavolo», de Villalarge, Preludio (Intermezzo y siciliana de la Opera «Cavallería Rusticana», de Masscagni, «Retreta Austriaca»,  de Kelerbela, «Vals Boston», de Álvarez, «Gran Jota Rondalla», de Inarraiz, «Si yo fuera rey», de Adán, «La golondrina» (Mazurca), de Calvist, programa completo de «Aída»,  de Verdi y la «Fantasía de la Opera Lohengrin», de Wagner.

La Glorieta se emplazó en un extremo del parque existente, de manera que en 1915, luego que el Ayuntamiento local adquiriera —por un precio de 50 mil pesos en moneda americana—, los terrenos pertenecientes a la Parroquial Mayor, la plazota techada, ocuparía el centro de la ciudad. Nada de planos existen hasta la fecha. Más allá del conocimiento de su arquitectura ecléctica  y elementos neoclásicos, hay un desafío del tiempo.
 
No se conoce, al menos por la prensa de Santa Clara, que existiera allí una instalación homóloga construida en madera, como se especula. De planos, nada queda, y algunos aseguran, como una leyenda, que debajo de su piso hay un segundo foso. Otros creen en la posibilidad de una “cisterna” de agua, según los escenarios griegos. También dicen que, incluso, está construida sobre el antiguo cementerio de la localidad y dispone de un túnel subterráneo que la enlaza con el teatro “La Caridad”. El año entrante, momento del centenario, será preciso poner pie en tierra para una cabal restauración. Las acciones que se acometerán tendrán sus complejidades, pues,  no se dispone, hasta el momento, de una memoria descriptiva que ofrezca una respuesta a esos intríngulis refrendados por el tiempo y el imaginario popular.

                                         JUSTA FISONOMÍA

Tal vez los bancarios no se hayan percatado de un suceso: tienen encima un siglo de historia en uno de sus inmuebles. Dice La Publicidad que el sábado 18 de diciembre de 1911 quedó abierto en la ciudad la Sucursal del Banco Nacional de Cuba, la séptima con edificio propio que existía en el país para conceder créditos destinados al fomento agrícola e industrial.  Nada cambió en un siglo a su rígida fisonomía exterior culminada en ocho meses de construcción: hormigón, de orden corintio, de planta baja, con gran pórtico de 8 columnas, con una altura a la cornisa de 7 metros y 8.20 hasta el plano superior del pretil.

Fue administrado en sus inicios por Pascasio López Visiedo. Contaba en ese entonces con un capital pagado de 5 millones de pesos en moneda americana, y una reserva de un millón. Su activo total era de 33 millones 278 mil pesos. Su casa matriz, en La Habana, funcionaba desde 1901, y hasta la fecha acumuló más de 15 millones de pesos en créditos.8

Durante el onceno año del pasado siglo la ciudad, con unos 22 mil habitantes, se debatió en otras preocupaciones. Son muy similares a las del presente: reconstruir paso a paso el Parque Vidal; resolver el abasto de agua; sostener a toda costa la plantación de árboles maderables para mitigar el calor y ofrecer sombra a los moradores, y afianzar, así lo dice la prensa, por encima de todas la cosas, una pulcritud ambiental que dejara asombrado a los visitantes.

 La céntrica plaza de Santa Clara se inauguró el miércoles 15 de julio de 1925 a un costo de 123 millones de pesos. Los incrédulos no lo creerán, pero en el monto se incluían la adquisición de los terrenos de la iglesia y edificaciones aledañas, lápida, ornamentación, alumbrado y calles anexas, árboles, jardines y mano de obra contratada9. La situación del abasto de agua, con mayores poblaciones, industrias y servicios, todavía es crítica, y la  diligencia por la higiene, hacen de nuestros moradores una excepción cubana.

                               EL ÁRBOL DEL TAMARINDO

Anteayer en la tarde, en carrera forzada, daban los últimos toques reconstructivos a la Plaza del Carmen, sitio de la primera misa religiosa ofrecida bajo la fronda de un tamarindo aquel 15 de julio de 1689.

Ese día, por vez primera, el Centro de Patrimonio Cultural reveló al público el proyecto original del Monumento a la Fundación. Los especialistas de esa institución, un tiempo atrás,  revisaron papelerías que pertenecieron al Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, y encontraron al azar un documento que iban a incinerar en el actual centro docente de la ciudad. Recompusieron sus pliegos, y comprobaron que consistía en el diseño ganador del concurso nacional auspiciado por el Grupo “Los Mil”  para recordar aquella misa fundacional. Esos hombres y mujeres, todos vecinos de la localidad, desde 1944 recababan fondos monetarios en aras de perpetuar la historia de 18 familias remedianas en los nuevos lares de la Gloriosa Santa Clara.

La obra escogida pertenecía a Boabdil Ross Rodríguez, secretario y profesor de dibujo de línea y perspectiva de la Academia de Artes Plásticas “Leopoldo Romañach” de Las Villas. Prototipo tiene las tipicidades del columnario de hormigón enchapado en mármol gris de Isla de Pinos Está estructurado sobre una base de 17 metros cuadrados, y de tres peldaños, que simbolizan el lema del escudo de Santa Clara: Patria, religión y Familia. Describe una circunferencia con 18 pilastras colocadas en forma de parábola, y unidas por un remate en espiral. Cada una tiene incrustado en bronce el nombre del cabeza de familia. La más alta de las columnas está rematada con una cruz.

El tamarindo constituye el eje central. El Monumento fue inaugurado el martes 15 de julio de 1952. Allí se colocó una tarja con el nombre del escultor y los patrocinadores, y fue sustituida la ubicada en 1923 por la Asociación de Prensa. La ciudad, aquella surgida de la ofuscada diáspora remediana, persiste desde aquel acto fundacional —de propósito religioso y de acogimiento territorial—, inmersa dentro de otro vasto oasis de su Sabana original.  

                                    NOTAS

1- Raola Ramos, Natalia. “Fundación de Santa Clara (Un curioso caso de nepotismo)”, en Islas (81): 3-15, mayo-agosto de 1985.
2- González, Manuel Dionisio. Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción, p.9, Imprenta Del Siglo, Villaclara, 1858.
3- Magazine de La Lucha, 1926, p. 26-40
4- La Publicidad, 8(2113):3, Santa Clara, martes 5 de diciembre de 1911
5 La Publicidad, 9(2211):3, Santa Clara, miércoles 3 de abril de 1912.
6- La Publicidad, 9(2229):2, Santa Clara, miércoles 3 de abril de 1912.
7- La Publicidad, 9(2318):2 Santa Clara, martes 13 de agosto de  1912.
8-  La Publicidad, 8(2100):2, Santa Clara, lunes 20 de noviembre de 1911.
9- Cfr. Magazine de La Lucha, Ob. cit.

CAMAJUANÍ TIENE UN RECADO

CAMAJUANÍ TIENE UN RECADO

Por Luis Machado Ordetx

De Camajuaní vino un requerimiento público luego de la repentina muerte el sábado último del maestro Rubén Guillermo Urribarres Pérez. La comunicación está inscrita en un lógico respeto: la realización del concierto pendiente que festejó el aniversario 44 de la Orquesta de Música Moderna de La Villas, institución que fundó ese director el viernes 21 de julio de 1967 tras un espectáculo inaugural organizado en Santa Clara.

Razones no faltan para que allí ocurran similares acontecimientos a los realizados la semana pasada en Santa Clara y Remedios, y a los cuales asistió  Bobby Carcassés, el Gurú del jazz cubano, quien mostró su disposición de visitar nuevamente los predios con el propósito de intervenir en el “fiestón” inconcluso por el momento.

La big band está formada, y a la espera del acontecimiento que honró, además, el centenario del natalicio de Armando Romeu González, una de las fuentes inspiradoras en la historia posterior de una orquesta que —según algunos feneció después de 1994—, persiste en evidencias de rejuvenecimiento constante.

Ocho azarosos ensayos valieron al “piquete” de músicos para imponer una impronta de inspiraciones y originalidades al retomar parte de un perdurable repertorio que fundió por igual al jazz y los timbres cubanos. Al menos, en los teatros “La Caridad”, y “Villena” —sitios en que ocurrieron los conciertos—, voló el espíritu sonoro hacia riberas distintivas de un panorama orquestal no usual en nuestros tiempos.

Motivos exceden a los camajuanenses en sus solicitudes: Urribarres Pérez y Bobby Carcassés,  tienen a ese terruño como casa natal, y una parte significativa de la cuerda de viento, la integran músicos de ese territorio. El hecho entraña una obligatoriedad del Centro Provincial de la Música “Rafael Prats Machado” para, al menos, retomar a su debido tiempo el concierto pendiente. De seguro, allí no ocurrirá como en Remedios, a lunetario medio vacío por la apatía del público ante un hecho artístico irrepetible.

Al término del concierto de Santa Clara, a teatro casi abarrotado, tras la conducción de la orquesta en “El Manisero”, “Room 43”, “Esos ojitos negros” y “Drume negrita”, Urribarres, desde su silla de ruedas y las piernas cercenadas por anteriores accidentes cardiovasculares, mostró euforia, y dijo a este y otros escribientes: “Estoy como de 28 años, como si volviera a nacer cuando fundé junto a otros músicos la Moderna de Las Villas. Ojala que la burocracia y los cruentos años de la época que la hicieron desaparecer, no se interpongan en los espectáculos planificados”.

En esa ocasión tampoco descartó —anuncio similar al expresado por Carcassés—, que “puedan instituirse en realidad los intentos por formar  «piquetes», al tipo de big band, en  espectáculos de magnitud musical. Revivirían las esencias clásicas del jazz y las sonoridades cubanas acordes a ese formato orquestal”.

Lo cierto es que, la nueva constelación de músicos jóvenes — unido a maestros fundadores de la estirpe de Jesús Chú Rodríguez, Marcos Peñate Aguilar, Roberto Pérez Elesgaray, René González y Arturo Luis Anoceto—, asentaron  un referente, y demandan  la celebración del concierto pendiente. Desde ahora, también habrá que vislumbrar los sucesos que, el entrante año, definirán los nueve lustros de existencia de una inigualable big band en la historia del jazz cubano.

URRIBARRES; MURIÓ

URRIBARRES; MURIÓ

Por Luis Machado Ordetx

 

Rubén Urribarres Pérez, músico de profesión; hombre de Cultura, y cubano hasta los tuétanos, murió hoy en Santa Clara, víctima de un infarto cardiaco. Ayer tarde en la noche, durante  el homenaje a la Orquesta de Música Moderna de Las Villas, se le vio batuta en mano, dirigir la agrupación integrada por jóvenes instrumentistas que recordaron esa efeméride que perpetuó el nacimiento de la institución en 1967.

 

Dos conciertos restaban por celebrar, pero ahora a los músicos cubanos los embarga un profundo dolor por la pérdida de tan imprescindible director orquestal.

Hoy, en Camajuní, su pueblo natal, sería el segundo de esos conciertos que, junto al showman Bobby Carcassés, recordaría los 43 años de la orquesta desaparecida en 1994. Mañana domingo estarían en Remedios, tercer y último encuentro para eternizar un camino renovador por la música moderna y el gusto por el jazz.

 

Ayer, frente a la orquesta, dirigió un repertorio adecuado a formato de jazz, entre los que apareció: “El Manisero”, “Esos Ojitos Negros”, “Drume Negrita” y “Hola Cuba”, textos imprescindibles en show artístico de trascendencia universal.

 

Nacido el 20 de octubre 1939, el Negro Urribarres, como lo conocían sus coterráneos de Camajuaní, comenzó a estudiar música a los 8 años en la Academia de su pueblo natal, bajo las enseñanzas de Conrado Monter Peñate y Emilio Vizcaíno.

 

En 1952 integró la Banda de Música de Camajuaní en calidad de trompetista, y años después se integró a similar institución del Ejército Rebelde, hasta que comenzó a estudiar la percusión cubana y se hizo timpanista. Luego figuró, graduado de director orquestal, frente al jazz band de los espectáculos de los cabarets “Venecia”, del Hotel Jagua, en Cienfuegos, hasta que asumió la conducción de la Orquesta Sinfónica de Las Villas, en la cual permaneció por más de dos décadas como Maestro Titular.

 

Su tránsito por instituciones cubanas, lo tuvo inmerso en los últimos años, a pesar de haber perdido sus dos piernas por un accidente vascular, como director de la  Orquesta de Cámara de Villa Clara.

 

Antes, de 1971 a 1978, acogió la dirección titular de la Orquesta del Ballet Nacional de Cuba, y al acompañar las giras internacionales de esa compañía danzaria conducida por la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, sintió   predilección por los repertorios clásicos del romanticismo y el barroco.

 

Después de esas giras mundiales por más de una veintena de países, regresó nuevamente a Villa Clara. Antes, fue el maestro fundador de la Orquesta de Música Moderna, desde 1967 hasta 1972. El viernes, ante un formato orquestal idéntico al que creó en esa fecha, subió por última vez en el escenario del teatro “La Caridad”, en Santa Clara, recinto que innumerables veces lo tuvo como inspirador titular de la Sinfónica, así como de la Orquesta de Cámara de Villa Clara.

 

Fundador, además, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, gozaba del respeto de los profesionales del sector que decidieron tributarle hace años un sumo reconocimiento con la entrega del Sello de Maestro Laureado en las Artes.

El sepelio de Urribarres Pérez, director orquestal, compositor y arreglista, está previsto para este domingo en la necrópolis de Camajuaní. Durante este sábado, el pueblo de Santa Clara, afirma tributo a su cadáver expuesto en la funeraria “Las Villas”, radicada en la capital provincial.

JAZZ DE ASOMBROS

JAZZ DE ASOMBROS

Por Luis Machado Ordetx


El espíritu musical de Armando Romeu González, próximo a cumplir el 17 de julio el centenario de natalicio, rondó por el escenario del teatro “La Caridad”, de Santa Clara. Ayer fue un concierto de asombros. Vibró el jazz y la auténtica cubanía, tal como hacía genuino maestro cuando arribaba a esta ciudad a mediados de la década de los años setenta del siglo pasado en su empeño por impregnar vigor a la Orquesta de Música Moderna de Las Villas.

Aquella agrupación fundada en julio de 1967, y fenecida en 1994, tiene ahora un reencuentro con músicos, casi todos, jóvenes rastrearon en el repertorio de aquellos años. Así surgió el tributo a aquellos  instrumentistas fundadores y continuadores de la singular historia musical villaclareña. Roberto Arturo (Bobby) Carcassés Cusa —el Gurú del jazz cubano—, no podía estar ausente.

La big band dirigida por los maestros Rubén Urribarres Pérez, Jesús Chú Rodríguez y Alberto Gutiérrez, dará similares conciertos este sábado y domingo en Camajuaní y Remedios. Un deseo por perpetuar un gusto por el jazz y los timbres y las armonías contemporáneas se vislumbra en el territorio. Ojala que nuevamente resurja una orquesta de este tipo, decía Carcassés al interpretar su antológico homenaje a Bany Moré
La improvisación instrumental, sobre textos de jazz-fusion, así como los escritos por Carcassés (“Chano's blues”; “Fly me to the moon”, y “Blue con montuno para Beny”), suscitaron el aplauso de un público ávido de reencontrarse un tipo de formato orquestal como el ahora se formó para tres únicos conciertos homenajes.

Músicos fundadores se fundieron en un diálogo ameno con Carcassés, Urribarres y Rodríguez. Aunque, al final el público les tributó un merecidísimo aplauso, debió quedar de una manera más emotiva y enaltecedora por lo que esos hombres representan como glorias de nuestra cultura.

JAZZ Y MÚSICA CUBANA

JAZZ Y MÚSICA CUBANA

Por Luis Machado Ordetx


La big band  de jóvenes instrumentistas villaclareños que perpetuará el homenaje al aniversario 43 de la Orquesta de Música Moderna de Villa Clara (1967-1994), continúa sus sesiones de ensayos con un amplio repertorio de piezas clásicas cubanas llevadas a formato de jazz, y otras contenidas en ese estilo universal que renueva las sonoridades contemporáneas.

A ese intercambio ya se integró el showman cubano Bobby Carcassés, quien  intervendrá en los dos conciertos pactados para el primero y segundo días de julio en el teatro “La Caridad”, de Santa Clara, y “Camajuaní”, en esa localidad alejada a 30 kilómetros al noreste de la capital provincial de Villa Clara.

Jesús Chú Rodríguez, último maestro que tuvo la Orquesta de Música Moderna (1984-1994), dijo, además, que se tributará un homenaje a Armando Romeu González (1911-2002), considerado el máximo difusor del jazz en la Mayor de las Antillas, y mentor exclusivo de aquella agrupación que hace más de cuatro décadas existió en el centro cubano.

El programa de presentaciones, dividido en dos partes por cada concierto, será conducido por los maestros Chú Rodríguez, Rubén Urribarres (fundador) y Alberto Gutiérrez, quienes conducirán a más de una veintena de jóvenes músicos graduados en escuelas Profesionales de Arte, y a quienes se adicionarán otros instrumentistas radicados en Cuba o el extranjero y que, de un modo u otro, transitaron por la Orquesta de Música Moderna.

En el repertorio escogido para la ocasión trascienden “El Manisero”, “Esos ojitos negros”, “Drume Negrita”, “Hola Cuba”, “Gonna fly now” “Birlant” y la antológica “Pastilla de menta”, dijo Rodríguez.

También incluirán “Chattanooga choo-choo”, vocalizada por las hermanas Marlén Rodríguez Anido y Dunia Rodríguez Rodríguez. También se hará el estreno mundial de “Grisell afroblues”, escrita especialmente por Chú Rodríguez para esta ocasión.

Bobby Carcassés, acompañado por la big band villaclareña, interpretará “Chano blue”, homenaje al mítico tamborero Luciano Pozo, asesinado en Nueva York en 1948 y considerado entre los revolucionadores de las influencias de la percusión cubana en las sonoridades del jazz. También con “Son montuno para Benny Moré”, dará su nota de agradecimiento al mítico músico lajero, uno de los máximos inspiradores de las transformaciones que acogió la historia de nuestra música a partir de los años 50 del pasado siglo. De igual modo, Carcassés, incluye en el programa “Fly me to the moon”, una clásica obra de su repertorio jazzístico.

 Al estilo que aquella Orquesta de Música Moderna, una de las mejores de su tipo de cuantas existió en Cuba en la última mitad del pasado siglo, al decir del musicólogo e investigador Leonardo Acosta, la big band formada en Villa Clara para dos exclusivos conciertos, dejará una inusual huella en el por qué de la necesidad de retomar este tipo de instituciones culturales en una localidad que, por tradición, siempre sintió predilección por el cultivo del jazz en Cuba.

JAZZ EN ILUSTRES CONCIERTOS

JAZZ EN ILUSTRES CONCIERTOS

Por Luis Machado Ordetx

Tres memorables conciertos de música cubana, incluida dentro del formato de jazz, se sucederán al hilo a partir de esta noche. Los escenarios serán los teatros “La Caridad”, en Santa Clara, así como el “Camajuaní”, y el “Villena” en Remedios. Vendrán de la mano de una big band formada por jóvenes villaclareños que sienten predilección por el jazz y las enseñanzas legadas a este territorio por el maestro Armando Romeu González, considerado en el pasado siglo entre los pilares de la Isla en la difusión de esas sonoridades foráneas enriquecidas por la percusión cubana.

Al encuentro por el aniversario 43 de la fundación de la Orquesta de Música Moderna de Las Villas, primero, y luego de Villa Clara (1967-1994), asisten más de una veintena de instrumentistas que transitaron durante 27 años por una institución que, al decir del crítico Leonardo Acosta, figuró en la mayoría de edad de las mejores de su tipo en el país. Fomentó, según su criterio, una manera de “revolucionar y perpetuar un gusto por el jazz” y los timbres y las armonías contemporáneas.

En la lista de los músicos asistentes a los tres conciertos que acontecerán este viernes, sábado y domingo, aparecen: Rubén Urribarres Pérez, maestro fundador, José (Pepe el Manco) Díaz, Melquíades Aparicio, René González, Nelson Oney, Israel Hernández, Juan José Bringues Ochoa, Mario Montalván, Lázaro Rivas, Gilberto Sureda, Antonio Hernández, René Oliva, Roberto Pérez Elesgarai, Blas Rojas, Carmelo Miranda, Luis Anoceto, Guillermo Paredes y Jesús Chú Rodríguez, entre otros. Muchos disfrutarán el suceso irrepetible desde el propio escenario, otros lo harán como observadores desde los palcos.

Roberto Arturo (Bobby) Carcassés Cusa, el “Gurú” del jazz cubano, también intervendrá, de invitado especial, en los tres conciertos. Tendrá la oportunidad de reencontrarse con el público villaclareño que lo aplaude no solo por la calidad de la música que interpreta en su dualidad de cantante-instrumentista, sino también por la peculiaridad de defensor de sus terruños de adopción: Santa Clara y Camajuaní.

Fue el teatro “La Caridad”, el primer escenario de la vida artística de Bobby Carcassés, cuando en la década de los años 40 debutó como artista dramático convidado por la compañía del humorista Enrique Arredondo. Camajuaní, localidad del centro este villaclareño, lo adoptó como ciudadano cubano en 1942, según formulan sus biógrafos.

El repertorio seleccionado por Jesús Chú Rodríguez, director musical, está integrado por “El Manisero”, “Esos ojitos negros”, “Drume Negrita”, “Hola Cuba”, “Gonna fly now”, “Birlant” y la antológica “Pastilla de menta”, un clásico dentro de las seis agrupaciones de música moderna que existieron a finales de los años 60 en Cuba.
Incluirán, además, “Chattanooga choo-choo”, original de Chú Rodríguez y vocalizada por Marlén Rodríguez Anido, y se hará el estreno mundial de “Grisell afroblues”, escrita especialmente por Rodríguez para esta ocasión notable en que se festeja el onomástico 43 de la Orquesta de Música Moderna de Villa Clara.

Bobby Carcassés estará acompañado por la big band. De su repertorio, interpretará —en voz y fliscorno en mano—, las piezas “Chano blue”, considerado un sincero homenaje al mítico tamborero Luciano Pozo, asesinado en Nueva York en diciembre de 1948, y devenido en transmisor de las insustituibles influencias de la percusión cubana en las sonoridades del jazz.

También Carcassés abordará “Son montuno para Benny Moré”, avalada como nota renovable de agradecimiento póstumo al mítico músico lajero, uno de los máximos inspiradores de las innovaciones que acogió la historia de nuestra música a partir de los años 50 del pasado siglo.

De igual modo, incluirá en los programas de presentaciones una antológica pieza: “Fly me to the moon”, texto fundamentado entre los clásicos de un repertorio jazzístico en el cual se asientan tres álbumes prestigiosos de su música: Recordando a Benny Moré, La esquina del Afrojazz y el Jazz Timbero, joyas de un panorama sonoro sin precedentes en la historia interpretativa del showman cubano.

La big band villaclareña, creada por única vez para estos tres conciertos antológicos, estará dirigida por los maestros Jesús Chú Rodríguez, Rubén Urribarres Pérez y Alberto Gutiérrez, quienes concuerdan, al igual que Carcassés, en la necesidad de reinstalar este tipo de formato musical dentro de las instituciones que integran el catálogo artístico nacional. Al menos, la presencia de tres conciertos dejará una inusual valía dentro del jazz cubano en su urgencia por reencontrar otros espacios alejados de que cuanto acontece en escenarios capitalinos.