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FAGET, EL PEDAGOGO

FAGET, EL PEDAGOGO

Por Luis Machado Ordetx

                                      «No hay un ser en la Naturaleza que incluya todos
                                       los árboles o todos los hombres
                                                        Félix Varela, Lecciones de Filosofía.


El centenario del natalicio de Juan Antonio Faget San Juan vino como un recordatorio a uno de los más destacados pedagogos que transitó durante medio siglo por pasillos y aulas de la más alta casa de estudios del centro cubano: la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

Al observar viejas fotos que conserva el Doctor en Pedagogía Juan Virgilio López Palacio, enseguida vino un recuerdo a la memoria. No sabía el nombre de aquel venerable anciano que recorría las sendas del césped e iba hasta los laboratorios de Física-Química. Casi siempre su atuendo era impecable; vestido en camisa de color claro y de mangas largas, y su distinguida corbata, prenda a la que se aficionó en coleccionar.

López Palacio, un libro abierto a la conversación diáfana e inteligente, dice: «¡ese es Faget, y ronda ahora los cien años de nacido allá en La Habana!».  El suceso le bastó para que describiera pormenores del vasto calado de ese docente en la enseñanza de la Metodología de la Física o la Didáctica.  Como pocos capitalinos, se desentendió del cosmopolitismo de la ciudad, y arribó a Placetas en calidad de maestro cívico-rural. También eso hicieron Onelio Jorge Cardoso, Raúl Ferrer y Silvio de la Torre en otras partes de Cuba. Eran jóvenes impuestos a la contribución al sustento familiar.

Faget San Juan llegó a la otrora Villa de los Laureles, y tomó a ese predio  como “casa propia”, hasta que se instaló en Santa Clara, ciudad  que jamás abandonó en el transcurso de su carrera profesional. Fue «un hombre muy humilde, nacido el sábado 24 de junio de 1911. De ahí viene su nombre, Juan, según el Santoral», destaca López Palacio. Allá, en La Habana, con un precario sostén familiar, concluyó el Instituto de Segunda Enseñanza, y se aficionó a las matemáticas e inició la carrera de Medicina, la cual abandonó de inmediato, y matriculó Arquitectura. La pobreza le impidió continuar su formación, hasta que joven llegó en 1935 a campos cercanos a Placetas.

De aquel hombre, con «andar pausado, blanco en canas, de filosa ironía y un conocimiento impecable de la cultura humanística y el idioma inglés, los jóvenes que estudiábamos la carrera de Pedagogía bebíamos sabiduría», apunta López Palacio, uno de los continuadores de esas lecciones que Faget inculcó sobre el perfeccionamiento de la Metodología de la Enseñanza.

En 1952, cuatro años después de fundada la Universidad, el profesor Faget integró su claustro docente. Ya estaba graduado de Doctor en Pedagogía por la Universidad de La Habana.

Primero venció tres ejercicios de aspirantura: una conferencia, un examen escrito y la elaboración de un programa de estudio en asignaturas relacionadas con la Didáctica del Ciclo Secundario Ciencia y Letras. El tribunal examinador «no tuvo reparos en aplaudirlo y otorgarle la máxima calificación para sumarlo entre los profesores de Pedagogía», subraya López Palacio.

En el primer lustro de la década del 50, el testimoniante entró a la Universidad en calidad de alumno de la carrera de Pedagogía, ocasión en que entabló amistad con Faget San Juan, quien en 1960 le sirvió de tutor del “Proyecto de Didáctica General para los Maestros de Escuelas Primarias”, tesis que le avaló como graduado de la enseñanza superior.

Desde entonces la familiaridad se ensanchó entre ambos. Por más de una década (1960-1976), compartieron aulas en la Escuela de Pedagogía de la Universidad Central de Las Villas, institución en la que Faget demostró su rol de eminente pedagogo; de forjador de generaciones de maestros, y de sabio conductor en el conocimiento de las Ciencias; de la Didáctica.

Por momentos la confesión de López Palacio transita rauda, y hasta hace silencios de evocación. El diálogo con el Premio Nacional de Pedagogía (2003), le anima para mostrar libros que algunos maestros obsequiaron a Faget San Juan en tiempos en que solamente era un sencillo discípulo en aulas de una escuela primaria habanera.

Exhibe una Teoría General de Álgebra, en inglés, y con euforia lee un escrito que el pedagogo habanero escribió en el forro de cartulina que protege una edición empastada e ilustrada del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, fechado en 1876 por la casa editora “Saturnino Callejas”, de Madrid. Allí reza: «No será el de más precio, pero sí el más apreciado de valor». La letra y la rúbrica ostentan una acabada caligrafía.

En la página interior hay un asombro para cualquier lector avezado. El exergo indica: «Esto es justicia, aquí no hay elogios», y a continuación el escribiente sustenta: «Para mi querido alumno Juan Antonio Faget y San Juan. Debe decirse con satisfacción sin que por esto te envanezca, sino que te procures progresar en todos los sentidos que, entre mis alumnos en la escuela número 9, nadie te mejora en conducta, aplicación y en corrección y afabilidad; quien es así como tu, se honra él mismo, porque honra a sus padres. Yo estoy muy contento de ti, no solo por tu conducta, sino también por tu aplicación, que no hay como alabarla. Estos no son elogios de un maestro  para un discípulo a quien se quiere. Esto es justicia nada más. No cambies, nada hay más grato que la satisfacción de un deber cumplido. Procura aprender, pero más ser bueno. La tranquilidad espiritual es nuestra felicidad. Cumple con tu deber

Ese texto lo estampilla Cy Rico, director de la escuela número 9. Por fecha, enero 31 de 1923.  De cierta manera se aprecia una analogía en el discurso que pronunció el Presbítero Varela cuando en 1817 ingresó en la Sociedad Patriótica de La Habana: optimismo ante la educación y el fin moralizante de un proceso formativo que apela a lo analítico. Así lo intuyo en lo que explica López Palacio, y recuerdo a otro inmenso pedagogo: Enrique José Varona y su énfasis en el estudio de las ciencias experimentales, tal como gustaba a Faget en más de medio siglo de ejercicio docente en la explicación de la Física, la Química o la Matemática.

 Aunque después de 1976 el profesor Faget, se instaló en el naciente Instituto Superior Pedagógico “Félix Varela”, jamás dejó de vincularse con la Universidad Central: asistía a claustros; visitaba sus laboratorios; compartía con los estudiantes.

Allí dejó muchas herencias, entre las que cuentan sus continuadores en el campo de la Didáctica y la Psicología: los Doctores en Pedagogía María Dolores (Lolo) Seijas Gómez, Orlando Noriega Madrigal y el propio Juan Virgilio López Palacio.

Con 87 años, el martes 24 de noviembre de 1998, en la adoptiva ciudad de Santa Clara, falleció Juan Antonio Faget San Juan, quien al decir de López Palacio, «estableció una trayectoria humana y profesional que le situó en el universo de los clásicos de la pedagogía cubana». Al menos, esta constituye una justa aproximación a un inconfundible Maestro en el centenario de su natalicio.

JAM SESSIONS EN SANTA CLARA

JAM SESSIONS EN SANTA CLARA

Por Luis  Machado Ordetx

Los cubanos somos inusitados. De ahí la muralla  protectora de nuestra Cultura: hubo que esperar más tres años para registrar en los anales de la vida artística de la ciudad  el paso fundacional, pedagógico y creativo de aquellos instrumentistas que integraron la Orquesta de Música Moderna de Villa Clara. El hecho debió inscribirse en septiembre de 2007, fecha en que se cumplieron las cuatro décadas de existencia de una agrupación inusual en el panorama sonoro musical.

En aquella ocasión los músicos “reinstalados” en muchas partes, no deseaban pasar el suceso por alto. Tampoco querían olvidar a Armando Romeu González (1911-2002), fuente inspiradora en la composición, la orquestación y los cursos que, traducidos del Berklee Collage of Music, impartió al colectivo.

Fueron tiempos, a finales de la década de los años 80, de deliberaciones jazzísticas. A un costado del teatro “La Caridad”, ese maestro  dirigía a los músicos y difundía piezas contemporáneas a la altura de “Room 43”, “The man I love”, “West side store”, “Pastilla de menta” —un arreglo magistral de “One mint Julep”— o “Suite en jazz”, convertidas en antológicas en similares instituciones cubanas.

A la estancia de Romeu, invitado por Jesús Chú Rodríguez, se le debe mucho en Villa Clara. Eso lo saben los músicos. ¡Al fin, esa deuda parece que será saldada! Ahora se anuncian dos conciertos, a principios de julio. El acontecimiento está  corroborado.

 En ese intercambio dotado de cierta “informalidad”, entre mayores y jóvenes músicos, surgirá un brote espontáneo de ideas, de selección, estilos y experiencias. Son conceptos que no se alejan en parte de las emblemáticas representaciones de las escuelas de jam sessions: cada asistente saca una lección de aprendizaje.

La afinidad temperamental reunirá a más de 25 músicos, incluido Bobby Carcassés, quien asumirá su discurso creativo en la segunda parte de los conciertos. La mayoría de los que allí acudirán, ya no tocan juntos: el conjunto se disolvió en 1994, y cada cual tomó un rumbo determinado.

Aunque no habrá un líder en particular, los temas son casi conocidos por todos. La ocasión dará pie a algunas improvisaciones sobre aquellas partituras “manoseadas” desde 1967, fecha de constitución de una orquesta que dejó una estela válida en el contexto cultural villaclareño.  

El maestro Chu Rodríguez asumirá la dirección musical de los dos espectáculos: el primero de julio en “La Caridad”, y el 2 en Camajuaní. Ya las sesiones de ensayos comenzaron el miércoles pasado. En la reunión intervienen 20 fundadores de la Orquesta de Música Moderna de Villa Clara (OMMVC) y jóvenes instrumentistas egresados de nivel medio y superior que sienten predilección por el cultivo del jazz.

Tendremos una big-band ocasional, similar a la que antes existía. Sin embargo, constituirá una lástima no disponer de este tipo de congregación por un tiempo prolongado.

Ya nadie recuerda, excepto algunos amantes del jazz en nuestra ciudad, aquel viejo local de ensayo de la calle Independencia esquina a Unión. Más trascendente, a pesar del transitar en el tiempo, lo constituye el reconocimiento. Ahí viene un aplauso mayor.  En Villa Clara, el repertorio está conservado, con arreglos magníficos. Disponen jóvenes formados, y otros que integraron la “Moderna” empeñados en hacer dos conciertos memorables.

Cuatro directores-fundadores estarán allí: Rubén Urribares Pérez (1967-1972),  Juan José Bringues Ochoa (1972-1976), Nelson Oney Peña (1982-1984) y Chu Rodríguez (1984-1994). Faltará, por desgracia, Fausto Vega Clavelo, ya fallecido, quien se desempeñó, batuta en mano, de 1976 a 1982.

 La lista de invitados es extensa. Ya está concebido el programa: una primera parte, piezas antológicas del repertorio de la OMMVC, y en la segunda Bobby Carcassés, acompañado por la orquesta en esas magistrales descargas a las que tiene acostumbrado al público que disfruta de sus presentaciones.

No estaremos presente ante la típica jam sessions. Sin embargo, la ocasión será inolvidable en ese rumbo que enaltece la cultura jazzística en medio de la informalidad de un “tropiezo” entre instrumentistas de varias generaciones y el auditorio que vibra ante las sonoridades que reencuentran una época histórica en los predios de la ciudad.

BIBLIOTECAS, UN "DRAGÓN" DE CULTURA Y HUMANISMO

BIBLIOTECAS, UN "DRAGÓN" DE CULTURA Y HUMANISMO

Por Luis Machado Ordetx

Algunos agoreros afirman que la sociedad moderna constituye el declive de la palabra escrita o la letra impresa. No dudo que estén sujetos a la preeminencia de los medios de comunicación audiovisuales; de la era digital. Muchos se equivocan, aunque persistan tiempos de privaciones de papel. El imperio que dejó a la humanidad el herrero chino Bi Shueng, hacia el año 1041, sigue en pie.

Claro, ya no son iguales los procedimientos asiáticos de impresión. Tampoco lo son aquellos estados y conocimientos ulteriores que tuvo tal propagación en dominios árabes; europeos. Incluso las inventivas parisinas de Nicolás-Louis Robert, y su máquina de fabricación de papel, quedaron atrás.

Acaso hay un vago legado de asombro ante las alquimias de Gutenberg, cuando creó tipos móviles de metal e imprimió en 1451 los primeros 200 ejemplares de La Biblia conocida por “42 Renglones”. Sin embargo, no caben dudas que desde hace tiempo la emoción  de los libros depende, casi en exclusivo, de los avances tecnológicos y del ingenio del hombre con la electrónica.

A pesar de todos los entuertos que sufre la naturaleza, y también de los estragos acumulados que provocaron y todavía desembocan las civilizaciones  contra los árboles, siguen vigentes los gustos por el libro impreso, y desde esos confines sus conservadores irradian cultura humanística.

En La Edad de Oro, dijo Martí que el padre de Nené Traviesa, «deja siempre abierto el cuarto de los libros», como para que se “archivara” la frescura de la sabiduría. Jorge Luis Borges, el argentino, consideró esos sitios “un paraíso celeste”, y José Lezama Lima, otro cubano, indicó que «toda biblioteca es la morada del dragón invisible

Ese poeta sustentó un esbozo de sus criterios en “Las era imaginarias: la biblioteca como dragón”, un ensayo recogido en 1965 en La Cantidad Hechizada,  justo un año antes que publicara su descomunal novela Paradiso, considerada una pieza clave en la literatura cubana contemporánea.

Félix Guerra, luego de conversaciones prodigiosas con Lezama Lima, recoge en Para leer debajo de un sicomoro (1998), una definición exacta sobre  ese contorno que “escolta” los libros y está abierto a todos:

«en  primer lugar, la biblioteca es un bosque: bosque asiático, teutón, eslavo, noruego o cubano y tropical. Y tal como dijo el poeta, el libro es un árbol, o un sol, que viene auroreando uno por aquí y el otro en el espejo. Porque el sol, a su distancia, envía luz, pero luz que quedaría trunca, trabada, disuelta, si no encuentra la hoja que la convierta en energía primigenia y en oxígeno. Así que el árbol es como el representante de Dios, es decir, homólogo del hombre, si el hombre se decide a ser el representante del sol en la Tierra. La hoja del árbol, si vamos a definirlo por lo hemostático, impide que la sangre escape, la humana, y vaya al río animal como turbión: si lo alimenta en directo o si lo alimenta en indirecto, a través de la bestia vegetariana, el hombre por fin se levanta de la eventual condi¬ción de cuadrúpedo. La hoja del libro homologa esa acción, pero ya en otra intersección secuencialmente posterior. La casuali¬dad no arma trampas de tan poco costo: es lo paralelo y lo tan¬gencial haciendo coro en la causalidad. La hoja verde es una biblioteca vegetal, la hoja industrial es la biblioteca razona¬da. La del árbol es razón primigenia, la del libro es otra arremetida del sol.»

Con ese prisma nacieron las inmensas bibliotecas de la humanidad; no como las ubicadas en el Barroco —de enclaustramiento en conventos—, sino, abiertas al deleite de todos. Manuel Dionisio González en su Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción, cuenta que hacia 1853 existían en la ciudad dos imprentas, y tras la existencia del Eco de Villaclara, un periódico, sus moradores daban pasos acelerados para conformar una biblioteca pública.

 Similar idea prendió en 1866 el español Antonio María de Porras, teniente Gobernador de Sagua la Grande. El proyecto fue acogido dos años después por la Sociedad de Instrucción y Recreo “La Tertulia”, en San Juan de los Remedios.

La bibliotecología en Cuba no constituye un acontecimiento reciente. Antonio Bachiller y Morales (1812-1889), es considerado su Padre Fundador. El 7 de junio, día de su nacimiento, sintetiza el punto de partida para el reconocimiento a hombres y mujeres que laboran en ese tipo de institución cultural. De ese humanista, escribió Martí el 24 de enero de 1889 en el Avistador hispano-americano:

«Daban las tres, cuando el trineo del lechero madrugador sujeta en la nieve de la puerta las campanillas; y ya estaba a su mesa, sin que el frío le arredrara, componiendo su "Guía de Nueva York", su carta al Siglo XIX de México, en que cuenta al correr de la mano las cosas yanquis, sus libros de texto para el excelente "Educador Popular", su artículo del día para El Mundo Nuevo, su diario de la revolución, donde con aquella alma franca y sin malignidad ponía cuanto de heroico, contradictorio o feo veía a su alrededor en aquella época confusa».

En 1950, un grupo de profesionales de ese sector, denominó a Bachiller y Morales, el primer bibliógrafo cubano, y  Padre de Nuestra  Bibliografía. Desde 1995, la fecha de su natalicio es acogida para festejar una  afirmación enaltecedora a quienes se desempeñan en similares menesteres públicos o especializados.

Tampoco podría olvidarse las labores de dos impulsores humanistas de la bibliotecología cubana: Arturo R. de Carricarte (1880-1948) y Francisco de Paula Coronado (1920-1946). El primero en su estudio monográfico La cubanidad negativa del Apóstol Martí, publicado en 1934, clamaba ante la nulidad y el desconocimiento de la raíz antiimperialista y revolucionaria del Apóstol cubano a finales de los años treinta del pasado siglo.

En un examen en la Biblioteca Municipal de La Habana (1920-1931), solo 300 personas, de más de 200 mil que visitaron la institución,  se interesaban en leer las obras completas de Martí. En 1927, igual institución de Santa Clara, adscripta al Gobierno Provincial, recibió 17 509 lectores, y tan solo 4 solicitaron parte de la literatura escrita por o sobre el más universal de todos los cubanos. Aquello, según de Carricarte, era una afrenta   al  genuino pensamiento del radical forjador de la continuidad independentista. Ahora a José Martí, desde su pensamiento revolucionario, lo disfrutan millones de lectores.

Coronado, muerto prematuramente, sentía un especial amor por el libro cubano; también percibía un gusto notable por la cultura insular. Su rica y vasta biblioteca personal, con incunables, originales documentos de la Nación, contentivo de piezas capitales de sus padres fundadores,   fue traspasada en 1960 a la Universidad Central “Marta Abreu”de Las Villas. Allí está, como un tesoro de sabiduría.

En un repaso, aunque elemental, en torno a las bibliotecas, sus funciones sociales y culturales, jamás dejaría fuera un magno proyecto organizado a mediados de la década de los años 50 de la pasada centuria por los villareños José Ángel Buesa (1910-1982), Arturo Doreste (1895-1985) y Sergio Enríquez Hernández Rivera (1920-1988), tras la rúbrica del Decreto- Ley No.1818, de 1954.

Desde ese instante quedó abierta la Asociación Nacional de Bibliotecas Ambulantes y Populares (ANBAP), centro impulsor de las instituciones públicas en el país. No importó que contaran solo, casi siempre, con el respaldo financiero personal y el ánimo de muchos amigos del gremio. El proyecto ganó impulso social y cultural, lo cual permitió, al margen de donativos económicos, crear 21  bibliotecas públicas y la circulación en 1955 de la revista Isla, un sello editorial que promovió «acercar los libros al lector y a los lectores entre sí». También promovió la reimpresión de piezas literarias cubanas,  reseñas críticas y el acervo cultural cubano, un camino para fomentar la instrucción popular y el conocimiento.

De esos ingentes esfuerzos por propagar las culturas cubana y universal, brotó un turbión indiscutible. Después de 1959 el pueblo asaltó de manera masiva otras fuentes de saber atesoradas en bibliotecas públicas o especializadas surgidas en la celeste constelación insular. Era, y es, tener siempre abierto, como decía Martí, el cuarto de los libros  al juicio creciente del hombre.

FRANZ ROSELL DESDE EL CALIDOSCOPIO INFANTIL

FRANZ ROSELL DESDE EL CALIDOSCOPIO INFANTIL

Franz Rosell, Joel (Cruces, Cienfuegos, 1954).- Uno de los más prolíferos escritores cubanos en literatura infantil y juvenil. En en su curriculum aparecen: "El secreto del colmillo colgante" (1983); "   De los primeros lejanos tiempos la lechuza me contó" (1987); "Los cuentos del mago y el mago del cuento" (1994); "Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan Perico el de los Palotes" (2004);  "Vuela, Ertico, vuela" (1997); "La literatura infantil: un oficio de centauros y sirenas" (2001); "La Nube" (2001); "La tremenda bruja de La Habana Vieja" (2001); "Mi tesoro te espera en Cuba" (2008); "El pájaro libro" (2002); "Javi y los leones" (2003); "Pájaros en la cabeza" (2004); "    La leyenda de taita Osongo" (2006; 2007; 2010); "La canción del castillo de arena" (2007); "Don Agapito el apenado" (2008); "Exploradores en el lago" (2009) y "La bruja Pelandruja está malucha" (2010), entre otros textos narrativos e investigaciones literarias.

El texto que aparece a continuación es una reseña crítica presentada en el Encuentro Debate de talleres Literarios del municipio de Cifuentes, Villa Clara, Cuba.

Por  Daimaralys Jovas Gallart (Estudiante de la ESBU “Antonio Guiteras Holmes”, Cifuentes, Villa Clara).


El mundo de negros y blancos está concebido con destreza en esta historia que cuenta Joel Franz Rosell en “La leyenda de Taita Osongo” (Editorial Capiro 2010), regalo que hace a los hijos del África y el Caribe.

J. Franz Rosell se desempeña  como escritor, investigador e ilustrador de sus propios libros para niños y jóvenes, es natural de Cienfuegos  (1954) y ha vivido en diferentes países, lo que le ha permitido entrar en contacto con culturas que han enriquecido su obra. Tiene publicado una veintena de títulos  dispersos por todo el mundo y  ha obtenido premios importantes con su narrativa.

“La leyenda de Taita Osongo” fue una de las propuestas  a los lectores de la reciente Feria del Libro que recorre cada rincón del país. Así fue como llegó a mis manos este libro el cual desde que comencé la lectura de sus primeras páginas me apresó con su magia  porque descubrí un nuevo personaje nombrado Severo Blanco, contramaestre de un navío español anclado en un puerto de la Habana, descrito como “hombre de recio carácter quien hacía gala de su nombre porque nunca reía y tenía la piel blanca a pesar de haber pasado toda la vida bajo el sol y el viento del mar”. “De mirada dura y fría, gris como el acero de un cuchillo  bien afilado y el pelo casi blanco aunque no era viejo, ni joven pues nunca lo había sido”.

A partir de esta descripción tan precisa que hace el narrador del protagonista, fuera de estereotipo comenzamos a descubrir una historia “nacida a golpe de viento” en la Bahía  del castillo de la Punta en la ensenada de Guanabacoa  donde aparecerán otros personajes que nos guiaran hacia otras historias con diálogos naturales y significativos revelando el carácter de cada uno de ellos, y despertando el interés del lector. Un ejemplo de esto es el diálogo sostenido entre Severo y el capitán de un barco negrero en el cual se observan intereses comunes cuando dice:

-    La cuestión no está en llegar sino en volver –respondió el capitán.-Hace años que tengo todos los detalles en mi carta de navegación…Pero la riqueza de Cosongo  cuesta más de lo que la mayoría está dispuesta a perder: la salud, la razón o la vida, p. 24.

A lo que responde Severo Blanco

-    Tú sabes como llegar y yo soy el contramaestre  en quien necesitas confiar para llevar tu barco hasta allá. (idem).

Detrás de este relato, también sentimos al investigador cuando muestra la época vivida por nuestros antepasados, la historia de la trata de negros africanos en el Puerto  de la Habana a comienzos del siglo XIX, convertido en uno de lo más activos del nuevo mundo, de negros que fueron arrancados de su tierra  como animales salvajes donde llevaban una vida apacible y dedicada en “África, tierra excepcional  de hombres que sabían amar, gozar el trabajo y honrar a la naturaleza, buenos, fuertes y sabios” donde nos muestra a los tres reyes brujos: Songo, Oroco, Osongo conocedores del lenguaje de los animales que tenían tratos singulares con las plantas de tal manera que unos y otros obedecían de buen agrado sus deseos y que constituyen una forma excepcional de mostrarnos a Sóngoro Cosongo.

Por tanto realidad y fantasía se mezclan en difícil intento por delimitarlas producto del ingenio conque el narrador omnisciente recrea los capítulos y aprovecha la frases sentenciosas, impidiendo apartarnos del hilo conductor “años atrás en un puerto de Europa Severo se había dejado convencer  por una gitana que le prometió revelarle su futuro” “-Llegarás tan lejos como quieras y serás tan rico como deseas. Nada podrá detenerte, ni siquiera tu propia desgracia ¡Ten miedo de tí mismo,  marinero! P. 25.

Es así como cada personaje juega un papel fundamental que como una señal o pura coincidencia apunta al siglo que evoca.

Historia de amor entre niños de razas diferentes nos resulta inquietante y dolorosa por la continua persecución a que están sometidos despertando en nosotros los lectores sensaciones y emociones diferentes. Por ello, desde mi calidoscopio les regalo una hermosa vista, la que nos devuelve a nuestros ancestros a través de un  algarrobo y una diáfana orquídea.


EL «ANTOJO»; EL CHORRITO SORPRENDENTE

EL «ANTOJO»; EL CHORRITO SORPRENDENTE

Por Luis Machado Ordetx



Las cristalinas aguas que brotan del manantial traspasan las rocas que se interponen en el camino. El principio de su recorrido descendente está en la cima de las alturas de la loma de Sabanita, Son aguas sorprendentes; refrescantes y hay quienes le atribuyen facultades tonificantes para el rostro femenino.

Desde tiempos inmemoriales un caprichoso serpenteo de agua abrió grietas interiores en las sólidas rocas, y el cristalino líquido desembocó a una orilla de la carretera. Forma parte del habitual peregrinaje de los mortales que transitan por la serranía villaclareña hacia Topes de Collantes.

Jamás ha dejado de propiciar agua a una boca sedienta, sea un ser viviente o un equipo de transporte. Por más de medio siglo está allí; protegido como un capricho de la naturaleza. Algunos lo denominan el “Ángel de Goteo” permanente. Tal vez sea por el fresco y abundante líquido que propicia.

Las temperaturas del agua oscilan por debajo de los 15 grado Celsius, unos 59 Fahrenheit. Así lo comprobé con un termómetro manual. Tiene una ubicación exacta a 8 kilómetros del poblado de Jibacoa, entre los asentamientos de Veguitas y de Pretiles, en el municipio de Manicaragua.

La existencia del manantial llama a la curiosidad del menos propenso de los caminantes, principalmente de turistas y personas no moradoras de  la zona. Hace poco alguien comentó que el agua que lo nutre se había secado ante la inclemente sequía que azota al país. Muy a pesar de la bienvenida a la temporada de primavera, los embalses del territorio central cubano, a penas se enteran de los aguaceros.

Como la “vista hace fé”, retorné, como años atrás, hasta el Chorrito del “Antojo”, bautizo popular dado a la inextinguible “poza” que germina en las alturas de la loma de Sabanita. El agua florecía allí a raudales. Algunos de los acompañantes deseaban “llevarse” el acuífero hasta la casa para paliar la falta de agua que suministran los acueductos a las ciudades. Era una especie de broma; un salpicado de ironías.

 Bien saben que el “Antojo” es como un patrimonio de la serranía nuestra; de la hidalguía de la naturaleza; de la protección de los bosques y montañas en ese muestrario que se ofrece ante un  silencioso caudal. Otros saltos de agua similares, y que abundan más allá de Jicaboa, próximos a Guanayara, Picos Blanco, Algarrobo, Can-Cán, La Felicidad y Cuatro Vientos, sufrieron los estragos de la sequía.
Eso lo sé; también lo comprobé. No me podía quedar callado ante el dislate geográfico de quien dijo que el “Antojo” estaba seco. A diferencia de otros mantos acuíferos que se desaguaron, el Chorrito está allí, como comulgando con ese aire que sopla en la fuente, situada al lado izquierdo de la carretera, cuando el viajero va rumbo a Jibacoa.

Al lado del brocal y las lajas protectoras, crecen silvestres los helechos arborescentes, las ornamentales malangas; las mariposas; las aterciopeladas “cucarachas” y el vetiver, por solo enumerar algunas de las plantas.

 En los alrededores, se escuchan los sonoros cantos de la cotorra, y también del tomeguín del pinar y se aprecia el jugueteo del zunzunzito cubano. El lugar tiene otras delicias: casi nunca, por no ser absoluto, recibe los rayos de sol. Eso propicia que se convierta en un remanso;  un lugar de encantamiento para la contemplación de un impresionante paisaje serrano, con su flora y fauna autóctonas, siempre cuidado por la eterna y paciente mano de anónimos hombres que abundan entre lomeríos.

HARVARD EN SANTA CLARA

HARVARD EN SANTA CLARA

Por Luis Machado Ordetx

El sinfonismo del nacionalista checo Antoni Dvorák (1841-1904) provocó exaltaciones en Santa Clara, una ciudad cubana que, alejada a 280 kilómetros al este de La Habana, conoce a la perfección el virtuosismo musical que engendra la paleta de una orquesta foránea o su anfitriona surgida allí en las postrimerías de la segunda década del pasado siglo.

Esa forma fresca, novedosa y reluciente del compositor europeo vino con la majestuosidad de la sección de cuerdas y los cornos de la Orquesta de Harvard-Radcliffe, de Cambridge, Massachussets, durante el instante en que interpretaron la “Novena Sinfonía”; la habitualmente conocida “Del Nuevo Mundo”, ante un teatro “La Caridad”, con más de mil capacidades, de lleno total.

 No se notó la ausencia de una tuba en el lirismo del segundo movimiento, y mucho menos en la estructuración del tercero y cuarto, al suplirse por el hechizo entre cuerdas y cornos, en medio de esa dignidad que Dvorák transfirió al tiempo cuando compuso su sinfonía durante la estancia en Estados Unidos en plena demarcación del siglo decimonónico.

Fue el “plato fuerte” del saludable programa que ejecutó la agrupación juvenil estadounidenese, por vez primera de visita en Cuba, tras la presentación el jueves en el coliseo “Tomás Ferry”, de Cienfuegos, y luego aquí en Santa Clara, anfitriona de ese encuentro entre dos culturas hermanadas en torno al sinfonismo y un lenguaje que no marca fronteras entre los pueblos del mundo.

El espíritu del compositor checo, deslumbrado por el “Nuevo Mundo”, registró esa bienvenida, prolongada después con la “Obertura Cubana”, escrita en 1932 por George Gershwin (1898-1937), cuando se radicó por un tiempo en La Habana para respirar los aires del afrocubanismo de Amadeo Roldán y Alejandro García Catarla en torno a la herencia africana en la cultura antillana e isleña.

El maestro Federico Cortese, al frente de una orquesta muy joven, pero de notable talento, insufló aires de lucimiento a las interpretaciones de los instrumentistas que, en más de una ocasión, y sin decantar irrespeto o desconocimiento musical, atinó al aplauso prolongado y a la ovación conclusiva.

A primera hora, la Orquesta Sinfónica de Villa Clara, bajo la batuta de la maestra Irina Toledo Rocha, acogió, ante invitados y el público, un bosquejo de lujo que incluyó los “Tres Preludios”, del romántico húngaro Franz Liszt (1811-1886), inventor de la música programática,  quien imprimió a esa pieza un vigor cautivante en el diálogo entre los trombones y las cuerdas. Allí se palpa una  nota de agrado   en la ejecución poemática del sinfonismo, firmeza en la que Liszt formuló parte de sus conceptualizaciones.

Los villaclareños también incluyeron en su programa el “Tema para una marcha de esculturas” y “Cuasi conga, cuasi caringa”, escritas por el cubano Jorge López Marín, y “Guaguancó”, pieza del también isleño Guido López-Gavilán, la cual pudo quedar mejor ante las incongruencias persistentes entre las secciones de cuerda y el tiempo que asumen los “ritos” de percusión cautivante.

 No obstante, ese diálogo sonoro entre los pupilos de los maestros Cortese, y Toledo Rocha, constituyen puentes de hermandad en torno a la más “bella forma de lo bello”, como dijo Martí al abordar la jerarquía impostergable que concede el tiempo a la más universal de las artes fundida en los pueblos que conforman el universo.

Este martes, al término de su tercera y última presentación en Cuba, la sinfónica de Harvard-Radcliffe, de Cambridge, Massachussets, actuará en La Habana antes de partir hacia los Estados Unidos tras un importante paso en sus periplos internacionales. No dudo, que, justo allí, el repertorio del clacisismo, con Ludwing Van Beethoven (1770-1827), aparezca con la interpretación de la “Novena Sinfonía”, invocando siempre al “Himno de la Alegría” y la hermandad soberana y cultural que persiste en los pueblos; sería una invocación al preludio imperecedero del humanismo universal.

LECTURAS DE TABAQUERÍAS

LECTURAS DE TABAQUERÍAS

Por Luis Machado Ordetx

LAS  lecturas de tabaquería constituyen una actividad netamente cubana surgida a mediados del siglo XIX, en medio de la efervescencia productiva y la urgencia organizativa del naciente proletariado en las fábricas torcedoras.

Así lo reconocen tres significativas investigaciones que destacan la trascendencia de esa actividad: «La Lectura en las Tabaquerías. Monografía Histórica», escrita en 1942 por José Rivero Muñiz; así como Biografía del Tabaco Habano, publicada por Gaspar Jorge García Galló en 1960; y más recientemente, El lector de tabaquería, historia de una tradición cubana, ensayo monográfico preparado por la mexicana Araceli Tinajero en 2006.

A esas fuentes hay que recurrir constantemente, apunta Francisco Águila Medina, presidente del Consejo técnico asesor de lectores de tabaquerías en Villa Clara. En sus respectivas mesas de comunicación oral, frente a los trabajadores, ellos están ubicados en 21 establecimientos de torcido, despalillos y escogidas de la provincia.

En ese ambiente laboral, líderes sindicales cubanos adquirieron su formación política y económica para enfrentar los desmanes de la explotación capitalista. Allí estuvo, por ejemplo, Lázaro Peña, Capitán de la clase obrera, quien se inició en su juventud en una mesa de tabaquero en la fábrica “El Crédito”, de Belascoaín y Desagüe, en La Habana. De allí provienen las esencias de sus  dotes naturales de dirigente y orador marxista-leninista.

Previo a la celebración este sábado del acto por el Día del trabajador del ramo, en la fábrica “Elíope Paz Alonso”, de Camajuaní, más de seis mil villaclareños afiliados al gremio harán un reconocimiento a Lázaro Peña (29 de mayo de 1911-11 de marzo de 1974), en ocasión del centenario de su natalicio.

En Cuba, como en ninguna otra parte del mundo donde concurren fábricas de torcido o curación de la aromática hoja, persiste aquella tradición fundada en 1865 en la antigua instalación “El Fígaro”, de La Habana. El establecimiento fue gestor de la profesionalización de las lecturas de tabaquería, con lo cual creció la educación y organización económica y política de los trabajadores.

Las lecturas, recuerda Águila Medina, se extendieron durante el siglo antepasado en  homólogos servicios de manufacturas. Talleres como “La Pilarcito”, “H. Upmann”, “Por Larrañaga”, “Las tres coronas”, “El Moro Muza”, “La Meridiana”, “La Africana”, por citar algunas de aquellas fábricas existentes entonces en la capital del país, inscribieron en el mundo la calidad del habano cubano hecho a mano.

Desde allí surgieron los primeros periódicos obreros, como La Aurora, editado por el torcedor Saturnino Martínez, y El Artesano. Refiere Rivero Muñiz que aquellas primeras lecturas incluyeron piezas literarias e históricas de referencia universal, tales como las luchas del siglo, economía política, los estudios sobre la Revolución Francesa y la trascendencia universal de España. También leían poesía, crítica artística y de acontecimientos relevantes aparecidos en la prensa periódica en medio del surgimiento de la nacionalidad cubana. Ese proceso se ensanchó con el devenir de las luchas políticas y sociales en defensa de las reivindicaciones laborales a mediados del siglo antepasado, y en el decurso del siguiente.

Hay que recordar a Martí, justo como reconocen las misiones revolucionarias y de unidad que desplegó a principios de 1892 entre los emigrados cubanos de Nueva York, Cayo Hueso y Tampa.

De ahí nació la unión “entre los pinos nuevos” y aquellos hombres curtidos de gestas libertarias anteriores agrupados en torno al Partido Revolucionario Cubano y el periódico Patria. Águila Medina recuerda en ese sentido las cartas patrióticas dirigidas por Martí a José Dolores Poyo, al examinar la trascendencia histórica de los tabaqueros cubanos en los Estados Unidos.

Lo anterior fundamenta el por qué en todas las fábricas de torcido para la exportación o el consumo nacional, así como en escogidas y despalillos, existen más de 250 lectores profesionales que llevan adelante idéntica prédica en defensa de las conquistas y la unidad nacional de los cubanos.

En relación con el texto de la Tinajero, el lector advierte que  su periplo historiográfico abarca hasta los primeros años del presente siglo. Según criterios de Águila Medina, no existe una continuidad en esos estudios, sobre todo en tiempos en que las misiones profesionales de los lectores tienden a agrandarse con la promoción de la verdadera cultura del tabaco, como ocurre dos veces al mes en la tertulia “Habano-Mejunje”, auspiciada por la Sociedad Cultural José Martí.

Esa cultura, no su nocivo hábito de fumar —perjudicial para la salud humana—, establece una fuente insustituible de cubanía. Es una vertiente cultural  que se refuerza en Villa Clara, al disponer de una entidad, como ABT, dedicada a la hechura de puros para la exportación y el consumo nacional, galardonada por dos años consecutivos como la mejor de su tipo en el país.

En tal sentido, hay que defender la cultura del tabaco, y la manera como “Habano-Mejunje” robustece en sus discusiones teóricas las actividades que otros hacen desde sus mesas de torcido o despalillos. Es la lectura, como historia inmaterial, un reconocimiento al acervo martiano y a la trascendencia de la Revolución. Ese hecho perdura también en las tabaquerías, devenidas fuentes de inspiración económica y social del cubano en la contemporaneidad.  

MARTHA ANIDO; LA MAGIA DE LA CULTURA

MARTHA ANIDO; LA MAGIA DE LA CULTURA

Por Luis Machado Ordetx

Ocho décadas de vida tienen un repaso en la historia de Santa Clara.—

 

                                        «[…] es forzoso que obremos todos,

                             empezando por aunar nuestros esfuerzos…»

                                                                                           José Martí

 

Martha Josefina Anido Gómez-Lubián es una mujer eléctrica que respira a Santa Clara de punta a cabo. Con una delgadez extrema desanda las calles más céntricas, como olfateando la ciudad desde y hacia su Cultura e Historia. Motivos suficientes tiene en ese regocijo: disponer de ancestros por ambos lados, el materno y el paterno, que están entre las hornadas de esos  fundadores que, un 15 de julio de 1689, abandonaron San Juan de los Remedios y se sentaron bajo la fronda del legendario Tamarindo,  en una loma de escasa altura ubicada en El Carmen.

Por mayor azar, nació un miércoles 20 de mayo de 1931, fecha infausta para una República que 29 años atrás surgió maltrecha por una intervención  foránea en la legítima pugna entre cubanos y españoles. El alumbramiento de la madre propulsó el regocijo familiar, patriótico,  y la forja de una cultura política y humanística en torno a la niña, hija única, prodigada por abuelos patriotas.

Ahora, muy lúcida y vivaz, Martha Anido, como la denominan los más cercanos admiradores y las anónimas personas que la escuchan disertar sobre las particularidades de Santa Clara, su historia y cultura, arribó a las ocho décadas de existencia. El momento constituyó un oportuno instante para el recuento del ambiente familiar, y la memoria refulgente de los ancestros, tal como solicita cada mañana cuando expresa: “sol trasládame la fuerza que das con los rayos para seguir adelante cada día, respirando mi ciudad”. Hacia esos confines fue nuestro diálogo.

¿De dónde proceden sus umbrales?

«Son patrióticos; mambises y rebeldes. Los bisabuelos, y también las mujeres participaron en la gesta del 68 y del 95. Rafael Lubián y Rodríguez de Arciniegas y María Luisa Morell de Santa Cruz y Pared eran los padres de mi abuela materna, quien nació, al igual que otros dos hermanos, en Isla de Pinos. Allí estuvieron confinados durante cinco años por actividades conspirativas. Luego regresaron a Santa Clara y siguieron en similares actividades revolucionarias. Todos procedían de Remedios. Por la vía paterna, los bisabuelos Agustín Anido y Pérez de Alejo y Mercedes Estrada y Hurtado de Mendoza, tenían sus orígenes en la Octava Villa de Cuba organizada por el Adelantado Diego Velázquez.

¿Por qué la desenvoltura de los Anidos por el centro de la ciudad?

«Era, también lo constituye en la actualidad, la parte principal de la Villa. Estuvieron radicados en la antigua calle Paso Real del Río (Tristá). Después instalaron una fábrica de dulces, la “Lubián”, en zonas donde ahora se erige la Catedral. Ellos abastecían de reposterías a las fuerzas mambisas. Allí están las cartas que lo atestiguan e informan de las misiones del Club Revolucionario “Juan Bruno Zayas”, en Santa Clara. A los Anidos no lo saques de la calle Maceo esquina a la antigua Santa Rosa (Céspedes). Representa el sitio de la familia en su deambular constante. La ciudad fascina; tiene su embrujo y todos nos contagiamos con esos hechizos. Desde pequeña, cada 15 de julio los abuelos tomaban el camino a la misa que perpetuaba la historia en la Iglesia del Carmen. Los 13 de noviembre, por si fuera poco, íbamos a poner flores al monumento  de Marta Abreu de Estévez. Son valores de arraigo, de sentido de pertenencia a lo “Pilongo”, a la ciudad y su cultura. Eso se vive desde los antepasados.

¿Martha, por qué?

«¡Ah, qué pregunta! Martha, es por Marta Abreu; eso está claro. Significa una devoción por la patriota. Mamá era de la sociedad feminista Liceo “Marta”; figuraba en su directiva, y consideraba a la Benefactora de Santa Clara, como algo exquisito, no solo por lo que significó como patriota, sino, además, por las obras sociales y de arraigo popular que procreó. También porque el abuelo materno, Coronel de la Guerra de Independencia, está en la casa el día de mi nacimiento, y decidió llenar los alrededores de la cuna con banderitas cubanas. Mamá decía, con una basta, y él replicaba, ¡no, con muchas, para que sea patriota y ame a esta tierra! Creo que con la modesta actuación personal no he defraudado a nadie, y cada día tengo ánimos por hacer otras cosas nuevas. Eso me permite vivir en plenitud social e individual.

                          EL ARTE, OTRA ESPIGA

La pasión artística, el sentido de herencia hacia los recónditos territorios de la cultura popular, vienen a Martha Anido de la tradición familiar. Dice que la música extasía a los Anidos, mientras la literatura aparece con los Lubián. También con Agustín (Carlitos, en familia), el fantástico, el autor de Año 200 y El Publicano, otro de los primos.

Todavía se acuerda, como de pequeña, sentada en un silloncito, escuchaba  las melodías que, al piano, estructuraba la tía Mercedes. Otras veces el tío Agustín era el encargado de ejecutar los acordes de ese instrumento. Alberto, el otro tío, evocaba el violín, y su padre también asumía el piano. Venían los hijos de Julio Jover Anido, y todos los primos traían sus libros, eran cuentos, historias de todo tipo, y así se respiraba cultura por la casa.

¿Cómo surge su Academia de Ballet?

«Esa es otra historia; tú escribiste sobre aquellos instantes cuando en 1939 arribó a Santa Clara la rusa Nina Feodoroff y trajo el ballet a la ciudad. Abrió una pequeña escuela adscripta al Liceo “Marta”, y allí recibí clases. Antes, desde los cuatro años, y hay fotografías que conservo, estoy con un tuttu que confeccionó mamá, porque como niña, sentía la necesidad de moverme con las manos, los pie; dar vueltas en aquel ambiente cultural de familia. Nina se marchó a La Habana al poco tiempo, y continué con algunos cursillos que daban en la capital del país. En octubre del 51 se oficializó la  Academia de Ballet “Martha Anido”. Era un local acondicionado en la casa de una tía-abuela, en Maceo número 5, esquina Buen Viaje.

«Imagínate, hija única, rodeada de tías-abuelas que jamás se casaron. Todas fueron “Maestras de la Patria” cuando se instauró la República,  había que continuar la tradición de la pedagogía. La Academia existió hasta después del triunfo de la Revolución. Eso que ahora denominan trabajo comunitario, lo hacíamos desde entonces. En una pequeña camioneta, con barra portátil, trajes de baile, alumnas y un tocadiscos de pila, recorríamos los barrios de Santa Clara y dábamos funciones gratuitas. Las personas se quedaban con la boca abierta cuando las muchachitas bailaban en punta; decían, “¡cómo es eso!”. De allí salieron alumnas que se acogieron a becas gratuitas en la Academia; aquello sintetizó otro encuentro con la pedagogía.

Y Martí, ¿cómo lo vislumbras al paso del tiempo?

«¡Es un paradigma! En la historia hay figuras inmensas, pero nadie como Martí. Ofrece el carisma del intelectual, del revolucionario; de hombre de Partido único. Fidel es su cara visible; anda rodeado de  principios martianos, de intelectual, y pensador o transmisor de las mejores ideas de una tradición que llegó a nuestro Partido Comunista. Nada en el ámbito social se puede aparatar de un sólido hábito martiano.

«Papá, aunque murió joven en 1954, era seguidor de las ideas de Chibás. Mi madre, y otros familiares, participaron en células del M-26-7. Aquí interactuamos con Julio Camacho Aguilera, también con Raúl Perozo Fuentes, y Octavio Luis Cabrera. Nos movíamos por la antigua provincia de Las Villas cumpliendo indicaciones revolucionarias.

«Imagínate, son muchas historias. Figúrate, cuando perdimos al primo Agustín (Chiqui) Gómez Lubián, nos metimos de lleno en el clandestinaje. Él era la alegría de las travesuras familiares. Integramos una célula del 26 de Julio que dirigía Margot Machado. Allí  estaban sus hijas Verena, Martica, Margarita, y Rodolfo (Ofi) de las Casas, entre otros compañeros.

¿Hubo registros policíacos; detenciones?

«¡Claro! Requisaron varias veces la casa. Detenciones no. Daba clases de ballet y danza en la Universidad Central, y Modesto de Jesús Pineda y Cabrera, secretario docente, envió una carta al BRAC, diciendo que Agustín Anido, mi tío y Rector, era comunista y tenía un hijo negro que ponía bombas en Santa Clara, y la sobrina, Martha, mantenía el movimiento revolucionario.

«Inspeccionaron la Academia en tres ocasiones, la casa en otras cuarto. Decían los militares batistianos: “a esta mujer no le hemos podido coger un alfiler con la cabeza roja y negra”; era una fichada por la dictadura. Todos en la casa fuimos fundadores del Partido, y por eso gozo a mi país, y también a la ciudad de cuna.»

                     CULTURA, EMBLEMA DE TRADICIONES

En Marta Anido comulga la tenacidad; una magia de la Cultura; del ser ubicuo entre artistas y escritores, y también de conservadora de la memoria y el patrimonio familiar escondido en la ciudad. La mujer tiene una formación “académica”, pero ve en el hacer popular un gusto inigualable para tropezarse en cada esquina con creadores anónimos que dejan sorprendido al más categórico de los críticos de las Artes. Tal vez sea el sello que la distingue en los diálogos con las personas que rondan por Santa Clara. Marta, conversemos del rescate de las tradiciones culturales.

¿Cuánto de entonces hay perdido? ¿Qué persiste todavía?

«¡ Muchacho, ahora tu con ese recado! Mira, todavía hay muchas cosas pendientes del rescate de tradiciones. Lo popular, digan lo que digan, identifica un pueblo. Los mejores artistas y compositores tomaron esa cultura para elaborar conceptos. A veces resulta anónima, pero está ahí.

«Más de 21 localidades tuvieron parrandas gracias a los esfuerzos investigativos de muchas personas. Jamás hubo allí un carnaval, y contraviento y marea lo impusieron. Lo correcto era reinstalar las originales rivalidades folklóricas, culturales.

«La rumba, se esfumó, pero ¿por qué? La conservamos, y de buenas a primeras algunos querían negarla. Hubo una reivindicación del baile de las flores —un sábado antes del Día de las Madres—, de los desfiles infantiles de disfraces en el Parque Vidal u otras localidades. El carnaval no puede entenderse en la existencia de cuatro carrozas y diez comparsas.

«Las fiestas no son de un pedazo de la ciudad. Las comparsas tienen que animar, antes y después del carnaval. Eso se ha perdido, y hay que dar mayor  oportunidad a los jóvenes para  integrarse a los espectáculos tradicionales. Lo folklórico está en todos los rincones; en la calle.

¿Y la Verbena de la calle Gloria?

«En Santa Clara tenemos que volver los ojos hacia esos hechos tradicionales, históricos. Lo que se logró en 1989 tuvo un ambiente popular; eso se ha perdido un poco. La gente tiene que volcarse a las calles; ir a sus orígenes en la fecha de Fundación, la más importante de una localidad. También habrá que hacerlo siempre en la celebración del día de la Patrona. ¿Cuántas cosas se hicieron entonces? Muchas. No es sólo el Plan “Imagen”, de adornos de un día, sino de espíritu  público para perpetuar una historia.

«Debe existir mayor información, con teatro y danza en la calle, y gente que disfrute sus efemérides. Eso mantiene vivo el recuerdo de aquellos que se asentaron en esta localidad.»

Más allá de los dos hijos, también de los cinco nietos y los primos artistas,  el ambiente cultural que respira la ciudad hace que Martha Anido Gómez Lubián, recién estrenada en las ocho décadas de existencia, reconozca a cada paso los vericuetos de Santa Clara, sitio en que la satisfacción y el delirio ubicuos se multiplican en cada instante de diálogo; de encuentro. Es como si la magia de y por la cultura, sintiera un estruendo al paso de una mujer que, por donaire, tiene la complacencia campechana de todos los días.