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SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (10)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (10)

Por Luis Machado Ordetx

El teléfono, la espectacularidad científica que el italiano Antonio Santi Giuseppe Meucci exploró en octubre de 1877 durante su estancia habanera, tuvo once años después su primera aplicación práctica en el ingenio “San José”, en Placetas. Ese territorio, perteneciente a la jurisdicción de Remedios, al instalar un aparato del tipo “Blake”, fue el “pionero” en el centro de Cuba en establecer comunicaciones a cortas distancias.

El Criterio Popular, de Remedios, dice el 14 de mayo de 1888: «Hemos sabido que el aparato de luz eléctrica que funcionó en las fiestas cívicas de Caibarién, ha sido ensayado con brillante éxito en la pasada semana en el ingenio “San José”, de D. Agustín Goicoechea, a quien pertenece.

«La prueba se ha llevado a cabo por D. Fernando Martínez, antiguo y entendido jefe de telégrafos, auxiliado por el inteligente mecánico de la finca D. Esteban Ayala. Según se nos informa, una vez completado el aparato con algunos útiles que le hacen falta, será instalado en la próxima zafra en el indicado ingenio, que de este modo será el primero que introducirá tan útil y económica reforma (…) para hacer las instalaciones de teléfonos, telégrafos, luz eléctrica y demás invenciones honra de nuestro siglo…»

Los equipos estaban ubicados en el despacho y casa de vivienda del hacendado azucarero, y eran similares a los que existían desde hacía seis años en La Habana. Fueron fabricados por la Tropical American Telephone Company, con posibilidades de notificarse a unos 450 metros, según las disposiciones que dejó a Goicoechea un comerciante enviado por Enrique B. Hamel.

José Antonio Martínez-Fortún y  Foyo en sus Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios, advierte que el ingenio “San José”, fundado en 1840, constituía una de las fábricas más prósperas entre las 30 existentes en la localidad.    

En 1889 comienzan a colocarse, dice el historiador, «los teléfonos de la guardia civil de toda la comarca». Pasados cinco años, al lado del hotel “Mascotte” —propiedad de Piedra y Franco—, en la calle San José, en Remedios, ponen un equipo público que brinda servicios a los viajeros y a la población.

También en 1894 Caibarién, Santa Clara, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Trinidad y Sagua la Grande gestionan teléfonos  públicos. Ya las dependencias militares de esos territorios en los cuales residían más de 350 mil habitantes —casi un 22% de la población del país—, contaban con equipamientos emplazados.

En Sagua la Grande, un año antes Andrés Casas Arlet —proyectista y constructor—, ideó una red telefónica, apunta Alcover y Beltrán. Eso «(…) implica que allí en donde se encuentra instalada, existe una población importante y comercial…» Sustenta que la Villa del Undoso es  el cuarto territorio  en implantar ese servicio público. Martínez-Fortún difiere, y ubica en ese lugar a Caibarién, según la fecha de noviembre de 1893.

Antes ya tenían esa prestación social, indica, «La Habana, Placetas y Remedios». Después apareció Santa Clara, casi simultáneo con Cienfuegos, muy adelantada en tiempo a Puerto Príncipe, Matanzas y Santiago de Cuba.

Previo a que el teléfono surgiera, el telégrafo era una realidad en el centro cubano. Manuel  Dionisio González en la Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción,  advierte que en 1855 se activan «(…) las obras que habían de facilitarnos la comunicación telegráfica con otros pueblos de la Isla, habiéndose escogido la altura donde se eleva la ermita del Carmen para situar la casa que debía servir a la estación, y de la que habrían de partir los alambres conductores hacia la capital, Cienfuegos, Santo Espíritu, Remedios y Sagua la Grande, con quienes íbamos a ponernos en contacto por medio del más admirable descubrimiento de nuestro siglo

El 29 de julio 1856 Antonio Miguel Alcover, redactor de la Hoja Económica del Puerto de Sagua la Grande, envía un mensaje a sus homólogos de La Alborada, en Santa Clara: «Hoy comienza a funcionar el telégrafo. Sagua saluda a su madre Villa clara y la desea toda clase de prosperidades», según notifica González. Un tiempo antes esta jurisdicción quedó enlazada con Cienfuegos.

Siete décadas pasaron, y Santa Clara tuvo un suceso mayor: fue la más significativa central telegráfica del interior del país. El Magazine del periódico La Lucha (1926), aclara que la estación contaba con 67 telégrafos; fue inaugurada en 1918. Durante el último semestre de 1925 «envió 646 mil 430 telegramas, a razón de 107 738 despachos mensuales. Era atendida por 193 empleados, dedicados, además a la vigilancia, reconstrucción y mantenimiento de las líneas, incluidas las  telefónicas y de alumbrado público

Placetas también fue noticia en otros tipos de comunicaciones: la heliográfica, vinculada a Santa Clara en 1895. Otro territorio del centro del país no contó con ese sistema, diseñado después para emplearse en la Trocha de Júcaro a Morón. En la Villa de los Laureles se colocó una planta  intermedia en Loma Mogote, y una estación central en la azotea del  Ayuntamiento, sustenta Martínez-Fortún.

El aparato estaba compuesto por anteojos potentes y espejos que reflejaban la luz solar, luego interrumpida por medio de convencionales signos. En las noches, la claridad común se obtenía con reflectores que producían similares efectos. El heliógrafo tenía fines militares para detectar el movimiento de las tropas independentistas.

¡Ah, el correo postal! Los manuales de Martínez-Fortún, y Alcover y Beltrán dan la respuesta. Primero fue por hombres montados a caballos; en recorridos por caminos y trillos vecinales.

Después surgieron las rutas de vapores de las costas norte y sur, con salidas casi diarias y por destino la capital. También hubo vías internacionales. En 1831 el correo marítimo salía para España los primeros días de cada mes: los 10; 20 y 30 la correspondencia iba al interior del país. También surgieron vapores que cubrían las líneas hasta Nueva York y Europa. Ese año se situó un  cable submarino desde la capital cubana hasta Cayo Hueso; ya existía otro al comienzo de esa década.

En 1856 Cuba instituye el sello postal. Las cartas, telegramas, bultos y mercancías no sufrían graves extravíos. En 1890, afirma Martínez-Fortún, por «cada diez palabras escritas, un telegrama cuesta 10 centavos.» Comienza la modernización de los sistemas públicos de comunicaciones, los cuales tendrán su era de esplendor expansivo con la entrada del siglo siguiente.

A partir de diciembre de 1900, tras la primera ocupación norteamericana, todas las prestaciones públicas quedaron en manos de la Havana Telephone Company. Nueve años después los derechos de explotación de las redes inalámbricas fueron cedidos a la Cuban Telephone Company, subsidiaria de la Internacional Telephone and Telegraph Company, monopolio que organizó una central completamente automática y consolidó el empleo de teléfonos de discado. El proceso inversionista favoreció el dominio económico extranjero sobre los impuestos administrativos de todas las comunicaciones cubanas.



SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (9)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (9)

Por Luis Machado Ordetx

Jícaras de coco “guarnecidas por barillas de plata”, instan al deleite por el chocolate, dice Manuel Dionisio González al paso de 23 años de fundada  en 1689 la villa de Santa Clara. La región central cubana se erigió como la primera que fomentó el cacao, y también degustó las bondades de un fruto elaborado en la rusticidad de familias asentadas en los dominios de Pedro Barba, una zona agrícola en el actual Cabaiguán.

Desde su origen  integró parte de las 87 haciendas que, en dirección al sureste, tuvo la Jurisdicción de San Juan de los Remedios. Estaba  ubicada a diez leguas de distancia de ese caserío.

José A. Martínez-Fortún y Foyo asegura que el ingeniero militar malagüeño Estratón Bausá trazó en 1836 un “Croquis itinerario del camino de rueda desde la Villa de San Juan de los Remedios al Santo Espíritu”, y declaró las distancias entre un punto y otro a «23 leguas provenzales de longitud, y que en épocas de lluvias a veces era impracticable su transitar».

Casi a mitad de ruta se localiza el «Remate de Pedro Barva, (perteneciente a)   M. Eulalia; Bme García, Juan Bta Ximénez, Gertrudis de Armas, Pablo Muxica, Ana Muxica.» Hay referencias exactas que en 1540 aparecen las primeras plantas de cacao en la finca “Mi Cuba”, patrimonio de esa hacienda. Las simientes tardaron en llegar 118 años a Baracoa, avalada como la meca actual del cultivo.

¿Cómo surgieron en Pedro Barba esos sembrados? ¿Quién trajo las semillas? Unos apelan a las oleadas de españoles asentados en esas tierras; otros a los flujos migratorios de franceses. Creo más en quienes apuestan por los colonizadores. Enrolaría en la historia a Vasco Porcallo de Figueroa, quien en 1520 se alistó con Pánfilo de Narváez y fue a México en auxilio de Hernán Cortés para la conquista de Nueva España y Guatemala. Luego, “gordo y de avanzada edad”, estuvo en La Florida con Hernando de Soto, y en 1538 era el principal hacendado de las jurisdicciones de Remedios, Sancti Spíritus y Trinidad.

Tal vez el deslumbramiento que tuvo Cortés por las semillas y efusiones del  cacao que exhibió Moctezuma, alentaran la “avaricia desmedida” del intrépido Porcallo de Figueroa. Es una especulación; no muy errada por las fechas en que regresó y la propagación que tuvo el cultivo en sus dominios patriarcales. Muchos de sus seguidores, al retorno de Centroamérica donde ya se conocía de las delicias de los cacaotales, hacen solicitudes de merced de tierras con el propósito de asumir la agricultura y la ganadería.

Luis López de Oviedo —hermano del alguacil mayor de la Villa de Sancti Spíritus— va al hato de Pedro Barba; Salvador Hernández Portal y Pedro Riveros “pugnan” por la posesión del Mamey, mientras el capitán Diego de Coloma, se adjudica las haciendas "Santa Cruz, Llaguajay y Mallajigua", sustenta Martínez-Fortún.

Nadie duda que ahí esté el “ombligo inicial” de la ruta del cacao. En menos de una década el cultivo se trasladó al Cacahual de Pozas, en Yaguajay; también a Sancti Spíritus, Trinidad y Santa Clara. El Diccionario Biográfico Remediano es explícito: en 1766 Pedro Antonio Pérez de Alexos tenía en su hacienda Buena Vista —delimitada por Weibas, Mamey, Pedro Barba y Guanijibe— unas 160 matas de cacao, y su fruto era propagado en Remedios, Sagua la Grande, Santa Clara y otras partes de Cuba.

Esas áreas de bosques y de prosperidad agrícola fueron territorios de Remedios hasta que establecieron 1678 un deslinde con Sancti Spíritus. No obstante, al primero le quedó la mitad del hato de Pedro Barba. Después, en 1696 se originó otra partición con Santa Clara, y les correspondió Güeiba, Yagüey, Ojo de Agua del Potrico, y los sitios de Meneses, Mayajigua y Alumao, según refrendan los Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción.

Abiel Abbot, el reverendo norteamericano, en 1828 durante un recorrido por el occidente de Cuba, menciona a San Juan de los Remedios como  productor de cacao. Incluso, cuatro años después la Junta de Fomento de la Isla de Cuba dictó una Real Orden para propagar cacaotales a todas las regiones. Las semillas serían originales de la Octava Villa o en su defecto aquellas traídas de Costa Firme. El tópico se retomará con mayor fuerza en 1849.

El Censo Estadístico de la Siempre Fiel Isla de Cuba (1829), informa que existen 60 cacaotales o cacahuales: 2 en el Occidente (La Hababa), y 54 en el Centro. A Remedios lo incluyen con 41, y 13 a Sancti Spíritus. En el Oriente solo hay 4 situados en Santiago de Cuba y Baracoa. La fuente precisa cosechas de 23 806 arrobas en dos recolecciones anuales. También registran exportaciones.

Martínez-Fortún incorpora en un artículo de J.M. Pérez —historiador espirituano— que dice: «Al medio día se solía hacer visitas que se avisaban con anticipación y en las que se obsequiaban con chocolate acompañado de rosquitas, pan de huevo y dulce de guayaba, naranja o limón

Al abordar las características de Remedios en “Las costumbres de Cuba en 1800”, particulariza que: «(…) El almuerzo se hacía a las ocho de la mañana, se comía a las doce, se dormía la siesta hasta las tres en que se tomaba un poco de café, por la noche tomaban chocolate, pan y se acostaban muy temprano para levantarse al amanecer. En el campo se levantaban más temprano aún y tomaban un poco de chocolate o café. A las ocho carne de puerco, plátanos fritos, chocolate de maíz (maíz tostado con azúcar y canela). A las doce comían ajiaco y arroz y por la noche chocolate y pan…»

Por esa fecha el viajero John. G. Wurdemann, quien transitó desde el occidente hasta Sagua la Grande, afirmó que «el cacao rinde mucho.» Jacobo de la Pezuela en su Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba (1863) cita la profusión de cacaotales en Remedios, Güeiba, Yaguajay o Mayajigua. También Francisco Javier Balmaseda da a conocer sus Tesoro del Agricultor Cubano (1884), y en uno de esos textos incorpora un Método para el cultivo del cacao, escrito por D. C. Martínez Ribon, muy divulgado por entonces en la Sociedad La Tertulia de Remedios.

¿Las fábricas cuándo vinieron? Surgieron en la medida que las producciones aumentaron y la bebida se convirtió en hábito. Martínez-Fortún destaca que en 1861 «El Licenciado D. Francisco Jiménez Álvarez y D. Juan Antonio Domínguez se quejan de las molestias que le ocasionan la máquina de fabricar chocolate de Agustín Villa y Hnos, primera de su tipo en la jurisdicción.» Todo tienen que ver, tal vez, con  más de mil 500 aromas que emanan del proceso de elaboración del fruto. Un lustro después  Augusto Fisne solicita «establecer una fábrica de chocolate al vapor en la calle Jesús Nazareno», y al paso de otros dos años la sociedad “Rodríguez y Hnos” instala otra homóloga en la calle Soledad y Gutiérrez.

En 1866 Francisco López inaugura el café-dulcería-restaurante “El Louvre”, y el chocolate  con leche caliente es privilegio de los parroquianos de Remedios. En la Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción (1905), Alcover y Beltrán detalla que en 1889 durante la Feria-Exposición por el segundo centenario de la Fundación de Santa Clara, la firma “Urroz y Oyarzún”, fabricantes de chocolate en barra de “La Flor Cubana”, obtienen medalla de oro en ese certamen cultural.

Similar instalación industrial hay en Santa Clara por esa fecha, lo afirma el historiador Florentino Martínez. En la cuarta década del pasado siglo hubo producciones de cacao consignadas a Yaguajay, Quemado de Güines, Encrucijada, Santa Clara y Cienfuegos. La aniquilación del cultivo, aseguran algunos estudiosos, está determinada, entre otras causas: por la explosión de la agricultura cañera, la erosión de los suelos, la tala de los bosques y hasta por los cambios climáticos.

La serranía del oriente cubano tiene ahora la primacía cacaotera. Desde Rincón Naranjo, en el Escambray, persisten pretensiones de reconquistar la cultura de aquellos frutos y semillas que cautivaron a Hernán Cortés en México y fueron introducidos en una hacienda sureste de San Juan de los Remedios, en el centro cubano.


SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (8)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (8)

Por Luis Machado Ordetx

Vega Alta no está enfundada por una cripta de olvido: su historia todavía sustenta la explotación del mayor puente colgante, en longitud y altitud, del ferrocarril cubano. Esto posibilitó en marzo de 1890 que se inauguraran las paralelas que unieron a Encrucijada con Camajuaní, así lo apunta Alcover y Beltrán, y lo refrenda Martínez-Fortún.

El antiguo corral de Bartolomé Rodríguez, regidor alférez real de Santa Clara en 1794, cobró entonces otra dimensión tras el propósito de la sacarocracia de Cienfuegos, Sagua la Grande y Remedios por empalmar de sur a norte a la Isla, y tocar puntos agrícolas del centro del país. Las exportaciones e importaciones, desde los ingenios o los pequeños poblados, irían o vendrían desde sus respectivos puertos.

Casi un siglo antes, en 1696, en los litigios territoriales entre Remedios y Santa Clara —linderos del río Sagua la Chica, en la banda del levante para el primero, y del poniente en el segundo—, Vega Alta, formó parte de las 52 haciendas que integraron la jurisdicción de la Octava Villa de Cuba.

Desde entonces tuvo distinción en la crianza de ganado y el fomento tabacalero y azucarero. La  mayor jerarquía la adquiere a partir de la construcción de la línea férrea, y del sorprendente puente. De acuerdo con el rotativo El Criterio Popular, de Remedios, y lo admite Martínez-Fortún, «constituyó, a partir Camajuaní, un triángulo perfecto en el trasiego de mercancías y viajeros entre Sagua la Grande y Caibarién. Persiste interés en enlazar a Sancti Spíritus por esta vía. Los vapores o el tren harán los otros periplos

En un metro de largo difieren las medidas expuestas por Alcover y Beltrán y las recogidas por Martínez-Fortún. El primero dice que tiene 62 metros de longitud, y el segundo le resta uno. Eso no importa, aun cuando resulta evidente en la actualidad un retoque de pintura para la mejor conservación de ese patrimonio material que sorprende por su majestuosidad al más incólume de los viajeros.

En la Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción (1901), Alcover y Beltrán es prolijo en documentación: «Este puente, sistema Prats, americano, ha sido construido en los acreditados talleres de Mr. Verrearen &, de Jager, de Bruselas (Bélgica). Es todo de plancha de acero, batido o dulce, de ½ pulgada de espesor o grueso, con trabazón de angulares remachados, cuyo total de número de remaches no baja de 60 000.

«Las cabrias inclinadas de sus extremos, como las bridas superiores, vulgo soleras, igualmente que sus doce pilares, están ligadas y combinadas sus planchas laterales con celosías o crucetas muy resistentes y remachadas.

«Pesa 155 toneladas —310 000 libras— y su resistencia está calculada para 4 locomotoras de 50 toneladas cada una, o sea el factor de seguridad 4, aproximadamente, algo más del doble peso específico del puente.

«La altura desde el centro del río al carril es de 14 metros; y de este a la cara alta de la brida supera los 10 metros, formando un total de 24 metros de altura por 5,35 de ancho.

«(…) si bien es cierto que existen otros más largos, en otras empresas, lo es también que tienen a intervalos pilares de sillería u otra materia, a semejanza de viaductos que disminuyen la longitud colgante (…) Reúne en su forma, que puede llamarse arquitectónica, una esbeltez y serenidad tales, que impone y hace sobrecoger el ánimo del que lo mira.

«Empezose a armar el 28 de abril de 1890 y se terminó el 20 de mayo del mismo año, bajo la inteligente dirección del ingeniero de la Empresa Sr. D. José D. García, habiéndose empleado, por tanto, 32 días en su terminación

Alguien puede alegar que hay otros puentes con similares características: el existente sobre el río Yabú, cerca del antiguo ingenio “Salvador”, en el ramal que trazó Fermín del Monte en mayo de 1859 para empalmar a Sagua la Grande con Cienfuegos. Sin embargo, es de menores dimensiones.

Dirán, algunos ¿y el soñado por Julio Sagebien?, y que vinculó a Casilda con Placetas, ubicado en el río Agabama, a 46 metros de altura, en las cercanías del poblado de Meyer. Fue concluido el 3 de febrero de 1919. Después del paso del ciclón “Kate” en 1985 está averiado. Cierto, constituyó el más alto, proyectado para el ferrocarril cubano, y obligó a perforación de farallones rocosos, pero no tiene las dimensiones del enclavado en Vega Alta.

La existencia del vial concebido a partir de la concusión del puente sobre el río Sagua la Chica en Vega Alta, entusiasmó a los hacendados de Sancti Spíritus enfrascados en prolongar la línea hasta las márgenes del río Yayabo por medio de un ramal hasta Placetas. Alcover y Beltrán declara que:

 «(…) El proyecto se quedó en proyecto (…) Sagua estuvo siempre llamada por su ventajosa posición geográfica, y por consiguiente por su proximidad al gran mercado norteamericano, a haber sido una plaza importadora de primer orden. Lo primero que debió haberse hecho fue llevar sus paralelas a grandes centros de población, atravesando comarcas ricas (…): Villaclara y Sancti Spíritus, que habrían optado preferentemente por recibir y exportar sus mercancías por Sagua, que ofrecía —como ofrece—, mayores facilidades y ventajas por razones naturales. »

El historiador següero afirmó que 1885 hay 21 ingenios por Camajuaní; otros 70 en Sagua la Grande, y 38 perduran en Remedios. El proceso de centralización y concentración de las producciones agrícolas e industriales, y hasta las secuelas de la guerra de independencia afectan las jurisdicciones. Unos 200 mercantes arrastran azúcar blanco, de cucurucho, mascabado y quebrado, así como miel de purgas, alcoholes y otros renglones básicos en la economía insular o de otros países. De ahí se desprende los abultados cálculos en toneladas que viajan gracias a las líneas férreas y entran o salen por los puertos del norte de la región.

Hace poco alguien preguntó ¿qué tipo de azúcares son esos? El erudito Félix Erénchun en Anales de la Isla de Cuba (1856), lo esclarece: el blanco «ocupa la parte superior de la horma en que se coloca el azúcar para su purificación, purgado o destilado de la miel»; el cucurucho «sale del fondo de la horma, y es el más oscuro»; el mascabado «azúcar no purgado. No es envasado en cajas cuadrilongas, sino en toneles llamados bocoyes»; y  el quebrado «se sitúa en la parte media de la horma entre el blanco y el mascabado

El ilustrado Manuel Moreno Fraginals apunta que la «(…) operación de purga tenía lugar en las hormas —formas en español antiguo—, que eran moldes o vasijas cónicas, de barro cosido, abiertas a ambos lados (…), una vez llenas se mantenían invertidas hasta la solidificación parcial del contenido. La cristalizada quedaba en la parte superior, y la melaza o magma, de mayor peso específico, iba hacia el fondo o furo.» El grano unido era sacado de la horma, sus colores eran diferenciados, y el blanco era el más cotizado, mientras que el  oscuro lo consideraban corriente.

Todas esas producciones, en cantidades jamás contadas y perdidas en los nebulosos peregrinajes de trasiegos de mercancías y viajeros, fueron aguantadas  —y todavía lo son—, por el portentoso puente de hierro de Vega Alta; aquel que en una fría mañana de enero de 1895 deslumbró al violinista Brindis de Salas en su periplo por Remedios, Caibarién y Sagua la Grande.
 


SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (7)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (7)

Por Luis Machado Ordetx

Caibarién constituye la localidad cubana que más periódicos fundó durante la primera mitad del siglo pasado: crearon 104 rotativos, algunos de circulación nacional, con ediciones diarias, bisemanales y trisemanales; otros fenecieron al poco tiempo de su salida a la calle. Eso, de por sí, representa un acontecimiento insólito.

 Ningún otro territorio superó esa cifra, aunque parezca un fenómeno fuera de lo común. Solicitar esas rarezas, sea en instituciones privadas o estatales, encarna un Vía Crucis: no existen o tampoco están disponibles. El poder económico propiciado por su puerto, sus industrias de curtidos de piel, licoreras y de elaboraciones de azúcar, soportaron un despunte inigualable en una intelectualidad ávida por reconstruir los sucesos  del país y del mundo a partir de frescas noticias.

Hoy pocas colecciones, casi siempre incompletas y en mal estado, se conservan en archivos. ¡Es una verdad que nadie negaría! Por suerte tuve la posibilidad, hace décadas, de revisar aquellas atesoradas, allá en la Villa Blanca, por Feliciano Reinoso Ramos, Hilda Cabrera y Quirino H. Hernández. Otros amigos también colaboraron en las búsquedas.

Todavía guardo con celo una copia, escrita a máquina, de la cronología que preparó Reinoso Ramos (Jack Dempsey, pionero de la locución radial  deportiva), la cual incluye solo 12 periódicos del siglo XIX. El Porvenir (1878) fue el primer rotativo de ese período. A partir de entonces, el territorio surgido de un desprendimiento de San Juan de los Remedios y fundado en 1832 por Narciso Justa, se empeñó en hacer circular periódicos  por el país.

La Prensa en Remedios y su Jurisdicción (1929), y el Apéndice Tercero de los Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción (1936), preparados por Martínez-Fortún y Foyo, sirvieron a Reinoso Ramos de complemento hasta esa fecha.  A partir del cierre de esos apuntes, se las ingenió para acabar una cronología que culmina en 1980 con la circulación del boletín El Popular, órgano de Gobierno en Caibarién. Tal vez el investigador haya tomado notas aparecidas en El Periodismo en Las Villas (1953), de Alberto Aragonés, un libro menor, pero que en definitiva aporta informaciones.

El hecho compilatorio denota un esfuerzo supremo por hacer trascender los procesos económicos, culturales, sociales y políticos de una comunidad abierta, incluso, a la observancia internacional. Con esos ribetes descuella Archipiélago, una Voz de Tierra Adentro para el Continente (1943-1948), un mensuario artístico-literario dirigido por Quirino H. Hernández, y en cual colaboraron los más importantes escritores cubanos de ese tiempo.

Por desgracia, en Cuba no abundan los estudios panorámicos sobre el periodismo impreso, de circulación masiva. Las causas son múltiples, y salvando cualquier signo de apatía historiográfica o académica, las colecciones decimonónicas, del siglo pasado y hasta del actual, sufren de constantes deterioros por carencias financieras destinadas a la conservación.

Los predios villaclareños, al menos, son privilegiados: ante la ausencia o estado incompleto de recopilaciones, cuentan con dos monografías insuperables. Una preparada por Martínez-Fortún, y la otra, El periodismo en Sagua. Sus Manifestaciones (1901), suscrita por Antonio Miguel Alcover y Beltrán.

Después de los voluminosos Apuntes para la Historia de las Letras y de la Instrucción Pública en la Isla de Cuba (1861), de Bachiller y Morales, el texto de Alcover y Beltrán es el más auténtico de los panoramas elaborados sobre el periodismo nacional.

Sin alejarse de conceptos propios del positivismo, dice el sagüero, autor del ensayo:  «(…) no me separo un ápice, ni de la seriedad que se requiere, ni de la seriedad que se impone, ni de la verdad que, como condición indispensable y primordial, ha menester toda obra histórica.» El hecho es plausible  a partir de la división que hace sobre los rotativos con perfiles políticos, literarios, ilustrados, científicos y de beneficencias, escolar, deportivo, satírico y racista.

Sus apreciaciones son muy contemporáneas; propias de este tiempo, aun cuando en los enfoques tienda hacia el descriptivismo narrativo. En otra ocasión, sin dudas, tendré que volver sobre ese ensayo. No obstante, llama poderosamente la atención que en la primera mitad del siglo pasado —1915 y 1940—, persita una explosión de periódicos; son épocas de entre guerras mundiales. Esa conclusión se colige de las cronologías de Martínez-Fortún, Aragonés Machado y Reinoso Ramos.

No encuentro otra explicación que relacionarlo con el desarrollo azucarero de la región, y por supuesto con los puertos marítimos más trascendentes: Caibarién, Isabela de Sagua, Casilda y Cienfuegos. Similar fenómeno se observó cuando Fernando VII se vio precisado a dictar la Real Cédula del 20 de abril de  1833, autorizando la creación del “Boletín Oficial” en cada «provincia de su reino». Hubo un Renacimiento; un esplendor periodístico.

Violaron, incluso, la anterior censura: El Eco de Villa-Clara (1831-1856); Corbeta Vigilancia (1820), en Trinidad, el Fénix (1834-1934), en Sancti Spíritus. Martínez-Fortún dice que en 1841 existían en Cuba ocho periódicos: «Diario de La Habana, Noticioso y Lucero (La Habana); La Aurora (Matanzas); El Correo (Trinidad), Fénix (Sancti Spíritus), El Eco de Villa-Clara (Santa Clara); La Gaceta (Puerto Príncipe) y El Redactor (Santiago de Cuba). La Habana; Matanzas y Santiago tenía diarios, y los otros, a veces, bi o trisemanarios.» Después surge una avalancha de rotativos con vidas más o menos prolongadas.

El caso particular de la estampida de periódicos en Caibarién, incluso de Sagua la Grande durante el pasado siglo, solo puede tener una disquisición: el soporte económico que dejan los embarques de azúcar crudo, refino y sus derivados. El razonamiento, desde la óptica científica y de análisis historiográfico de la prensa impresa, no está registrado en ninguna parte.

Martínez-Fortún precisa, por ejemplo, que hasta 1936, hubo 78 rotativos en la Villa Blanca. Cuatro años después, el análisis de Reinoso Ramos inscribe allí otros 12. Algunos tuvieron una vida efímera; otros más dilatada. Eso no importa. El dato también lo aporta Aragonés Machado, quien subraya, además, la existencia de unas 275 imprentas con sus respectivos equipamientos técnicos y enemistades de acuerdo a los perfiles políticos de los respectivos órganos.

Triunfos y Programa de la Federación Nacional Obrera Azucarera (1945), con asesoramiento económico de Jacinto Torrás (Juan del Peso), aclara que entre 1928-1936 se produjeron en Cuba 26 millones 382 mil 253 toneladas métricas de azúcar. En ese período molieron 145 ingenios como promedio, y el precio de los crudos se comportó por encima de un peso la libra, con excepción de 1932-33  que fluctúo entre 0.71 y 0.97 centavos.

Las Villas tenía por entonces 53 ingenios en activo, y un 70% exportaba los azúcares y derivados por los puertos de Caibarién e Isabela de Sagua. Había, por supuesto, otras industrias de prestación de servicios y de comercialización internacional de sus producciones, lo que revela una prosperidad económica sin límites y que adquiere repercusión inusual en la vida espiritual de la población de esas localidades.  Por tanto, no es descabellada la afirmación compilatoria que Reinoso Ramos sustenta en torno a un periodismo desmedido en publicaciones y ediciones territoriales de la Villa Blanca y algunas de sus cercanas comarcas villareñas.



SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (6)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (6)

Por Luis Machado Ordetx

Plácido, el poeta controvertido, deja en la actualidad más de una duda. El origen está en la inexistencia de pruebas documentales que aporten otros datos precisos sobre las dos visitas prolongadas que hizo a la región central cubana entre 1840 y 1843. Más allá de lo dicho por el villaclareño Manuel García Garófalo Mesa, poco queda por precisar, y también mucho por indagar. A pesar de eso, desde el punto de vista historiográfico se abren abismos insalvables.

La valiosa papelería que manejó el investigador en Plácido, poeta y mártir (México, 1936), anda desperdigada, y resulta casi incontrastable. No obstante, al margen de los imprescindibles bosquejos se sustentan particularidades de la presencia del cantor en su “malhadado viaje a Sagua”. También hay especificaciones sobre la radicación en Santa Clara, y los recorridos por Manicaragua, “Guara-Cabuya”, San Juan de los Remedios, San Juan de los Yeras, Cienfuegos y Trinidad. De lo contrario, rebusquemos en las composiciones que acoge El Veguero (1841), dedicada a los amigos de Villa-Clara.

Las incursiones ofrecen diferentes hipótesis: sustento económico como peinetero, colaborador en El Eco de Villa Clara, “cantor” de familias adineradas, visitador de lidias de gallos, y hasta “presunto” conspirador contra el colonialismo español. Sea una cosa o la otra, por desgracia, 32 acusaciones lo llevaron el viernes 28 de junio de 1844 hasta el pelotón de fusilamiento.

Apunta Garófalo Mesa que «A los tres meses y cinco días de casado, emprendió Plácido su segundo viaje a tierra adentro, saliendo de Matanzas el 2 de marzo de 1843, dirigiéndose a la villa de Sagua la Grande y siguiendo después viaje para Villaclara, a donde llegó felizmente el 5 de marzo de 1843, en horas de la tarde

Con seguridad, el poeta emprendió su viaje en “Jején”, “Sirena” o “Nuevo Almendares”. Eran los únicos vapores que por esa fecha cubrían cada semana las rutas entre Cárdenas-Caibarién, y La Habana-Caibarién, así como La Habana-Nuevitas, con respectivas paradas en el muelle Real de la Villa del Undoso.

Plácido traía “licencia gubernamental” para transitar hasta Cienfuegos y luego retornar a Santa Clara, suscribe Garófalo Mesa. También lo aclara Daisy Cué Fernández en Plácido, el poeta conspirador (Oriente, 2007). Después, por tierra, el escritor estuvo en Trinidad, sitio en el cual sufrió prisión en la cárcel La Ferrolana.

 Ahí surge otra insalvable incertidumbre. Sebastián Alfredo de Morales, refiere: «Dos meses permaneció (…) encerrado (…), inculpado de conspirador político (…), y a pesar de las indagaciones fiscales (…) hubo de sobreseerse en la causa incohada y se decretó su excarcelación…» Garófalo Mesa alega que fueron seis meses de reclusión. Plácido da razón a este historiador según la carta aclaratoria que dirige  al magistrado Joaquín de Astral y Caneda, quien asumió la defensa en esa ocasión.  

Cué Fernández  afirma que el 17 de noviembre de 1843 Plácido «regresó a Matanzas. El barco en que iba hizo escala en Cienfuegos y el poeta aprovechó la ocasión para entrevistarse con unos amigos y llegar a Yaguaramas. Permaneció en Matanzas hasta el 30 de enero de 1844, cuando fue nuevamente detenido y ya no saldría con vida de la cárcel».

Garófalo Mesa desenmaraña el nombre del barco. Fue abordado en Casilda. Aquí se advierte otro argumento: «En los últimos días del mes de noviembre de 1843 echaba ancla en la incomparable bahía de Matanzas el vapor “Cisne”, trayendo a bordo al poeta Plácido que regresaba de su excursión por las poblaciones villareñas.» Tamaña “gira”, ¡en la cárcel!

De acuerdo con los Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, Martínez-Fortún, acota que, en abril de 1841, «Empiezan a viajar los vapores “Villanueva”, cap. Llovet, y “Cisne”, entre Batabanó y Manzanillo, con escalas en Cienfuegos, Trinidad y Santa Cruz del Sur.» Todo concuerda hasta este punto.

Sin embargo, aquí vienen las perplejidades en relación a lo subrayado por Cué Fernández y Garófalo Mesa: ¿Por qué ir a Yaguaraguas a ver a unos amigos cuando acaba de salir de prisión? Es muy probable que  no fuera por temor a perder la embarcación de tránsito, y hasta por las complejidades del camino. El trayecto de ida y vuelta comprendía más de 60 kilómetros de terrenos llanos, pedregosos y hasta cenagosos. La única manera de trasladarse allí era en cabalgadura.

Surgen otras interrogantes: ¿acaso no tendría ansiedad por llegar a Matanzas y “abrazar” a María Gil Ramona Morales, la esposa, después de unos diez meses de ausencia del hogar?, y ¿cómo resulta posible llegar, así de fácil, del sur al norte en nuestra geografía insular?

Con ese razonamiento Plácido en su segundo viaje de retorno por mar hizo el siguiente itinerario: Matanzas-Sagua la Grande-Villaclara-Cienfuegos-Villaclara-Trinidad-Cienfuegos-¿Matanzas? La travesía que realizó, por supuesto, tocaba el paraje final en  Batabanó, refieren las rutas que antes de 1852 traza el historiador español José García de Arboleya. Entonces, asumió el poeta dos alternativas: por tierra o por mar, desde La Habana hasta la Atenas de Cuba. De lo contrario se enroló en un extenso rodeo por el Cabo de San Antonio, al extremo oeste.

En el caso del “Cisne” resulta un imposible que anclara, como precisa Garófalo-Mesa, en la bahía de Matanzas. ¿Por qué razón? Ya para entonces, Batabanó, centro principal de cabotaje por el sur, tenía  caminos de hierro desde San Felipe a La Habana. Puede que aquí Plácido tomara otro vapor. Sin embargo, se infiere, no era el “Cisne”, como reseña el biógrafo, dada la última parada de esa barco en la costa sur.

Al autor de “Plegaria a Dios”, en algún que otro momento, habrá que volver tras las sendas de su radicación transitoria, por más de un año, tal como registró Garófalo Mesa, en territorios villaclareños.   

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (5)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (5)

Por Luis Machado Ordetx


Placetas fue una obsesión para los Capitales Generales que se sucedieron como jefes del gobierno español en Cuba hacia el último lustro del siglo XIX. Consideraron a este territorio de la jurisdicción de San Juan de los Remedios un peligro potencial para sostener la dominación colonial más allá de los 384 años que llevaban en la Isla.

Aquella localidad desprendida del Hato de Guaracabulla, y fundada en 1867, se erigió en centro de operaciones insurrectas por la posición estratégica de su topografía irregular compuesta de sabanas y discretas elevaciones que la circundan, dice José García del Barco Alonso, en su magistral ensayo Camajuaní y la Revolución del 95, editado en La Habana en 1928.    

Esos criterios también los suscribe José Antonio Martínez-Fortún y Foyo en sus Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, al considerar a Placetas entre las ciudades más prósperas del centro del país. No por gusto, desde 1726 el cabildo de esa Villa interpuso ante la Audiencia de Santo Domingo una demanda contra su similar de Santa Clara, por pretender apoderarse de las tierras de Guracabulla, asiento inicial del futuro fomento del potero  Las Placetas, un sitio obligado en el tránsito hacia el oriente por vía del camino de Sancti Spíritus.

Los preparativos de la guerra, indica García del Barco, obligan al Capitán General Emilio Callejas Isassi, tildado de “blando y confiado”, a desplazarse en 1894 hasta Remedios, Calabazar de Sagua, Zuluetas, Camajuaní, Caribarién y Placetas. Quiere conocer de cerca la situación revolucionaria que allí se respira. Los ánimos están caldeados en elementos conspiradores que animan Francisco Carrillo Morales, Pedro Díaz Molina, Quintín Bravo, Federico Laredo, Charles Dod, José de Jesús Monteagudo, Leoncio Vidal, y los hermanos Carlos y Gerardo Machado Morales…

Callejas está acompañado de su esposa, Dolores Martínez Vilalet, y de sus ayudantes Marás y Cánovas del Castillo. También lo auxilia Julián Ayala, cronista titular del Diario de la Marina. Va hasta Caibarién donde erstá atracado en cayo Francés el crucero Infanta Isabel II, acompañado de otras cinco embarcaciones de gran calado. Desembarcan por allí 14 mil soldados españoles. En marzo del siguiente año estalla la guerra en Las Villas, y se comenta que el General Arsenio Martínez Campos, será destinado a Cuba.

El Criterio Popular, de Remedios indica que el oficial español llegó a Puerto Rico en el crucero María Cristina, y que los Ciudad de Cádiz, Monserrat, San Agustín, Antonio López, León XIII, Alfonso XII y Santo Domingo, se dedican al transporte de tropas que arribarán por La Habana o Caibarién. En los primeros días de abril Joaquín Castillo, desde Santa Clara, se levanta en armas. Días después en zonas del ingenio “Adela”, lo hace Bravo Rojas, Francisco Carrillo y Juan Bruno Zayas.

El primero de mayo Martínez Campos está en Santa Clara. Hacía 17 años que no recorría la comarca. Apenas se sacudió el polvo de la travesía marítima, y ordena reparar los fuertes militares que rodean a Remedios y construir otros en Buenavista. En Placetas deja un batallón de soldados bajo las órdenes del general Luque, a quien lo asisten los el coronel  Peralta y el remediano Dámaso Berenguer y Fusté.

El 14 de junio el ex comandante Rafael Casallas Monteagudo, del séptimo escuadrón del regimiento Camajuaní, toma la manigua y acampa en la Loma del Curial de los Pavos, no lejos de Aguada de Moya. Días después lo hace Gerardo Machado Morales, y a la semana se produce en las inmediaciones del ingenio “San José”, a seis kilómetros a la derecha de Placetas,  primer fuego de importancia en esta comarca.

El combate es contra tropas del Comandante García Delgado, jefe de dos compañías del regimiento Isabel la Católica. El balance: dos muertos y trece heridos enemigos. Las fuerzas cubanas se retiraron a Vista Hermosa y el ingenio “San Andrés”, y entre los fallecidos llevan a Casallas Monteagudo.

Precisa Martínez-Fortún que la tropa insurrecta la componían mil hombres, mal apertrechados, pero dispuestos a morir antes que deponer las armas. Callas fue enterrado en el campo, en áreas de Bella Unión, y un delator ubicó el lugar. El 24 de junio su cadáver fue expuesto al público, y por la noche depositado en el patio del Ayuntamiento para que se pudiera celebrar la retreta. Al siguiente día recibió sepultura en el cementerio de Placetas.

A mediados de junio Martínez Campos retorna a Santa Clara, Remedios, Placetas… Pedro Díaz Molina se levanta por Jinaguayabo, y Leoncio Vidal Caro Casimiro Naya Serrano lo hacen por Camajuaní. Hay más de 2 mil 900 soldados españoles en el territorio central para intentar cortar el paso de Máximo Gómez en esta región. Vienen más tropas del regimiento de Borbón.

En julio el capitán general está otra vez en la región. Suscribe El Criterio Popular que «a pesar de su gordura, monta un caballo en placetas y con una escolta de 120 hombres marcha a sancti spíritus. En Tunas de Zaza embarca para Ciego de Ávila y la trocha de Júcaro para evitar el paso de Gómez.» En todos los pueblos hay destacamentos españoles, y de julio a septiembre, llegan a Cuba 26 mil 835 nuevos soldados. En Remedios construyen fuertes y otras obras de defensa: Garmendía, así como los situados a la salida de Baracoa, de Caibarién, del Príncipe, Vereda del Carmen, de Bartolomé, de Santa Clara y del Tesico.

Agosto 10; Martínez Campos está otra vez en Santa Clara. Distribuye sus fuerzas militares: general Álvaro Suárez Valdés, jefe de la provincia, y segundo jefe Luque; en Sagua la Grande el coronel Vando Hernández de Velazco, en Cienfuegos José M. López. En trinidad estará el coronel Manuel Reyes, y en Sancti Spíritus el coronel José izquierdo. Todos estarán respaldados por los batallones de Zamora, Chiclana, Granada, Tetuán, y los escuadrones de Numancia, Princesa y una compañía de ingenieros. A Remedios irá el coronel Oliver con batallones de Borbón, Isabel II, Burgos, y dos escuadros de Camajuaní, y el de Pavia.

En septiembre el propio Capitán General recibe 2 mil 739 hombres  que han desembarcado en Caibarién e integran los batallones número 36 de Burgos, las Navas, San Mariscal e Isabel II. En Camajuaní el general Carlos Palanca Cañas fiscaliza la construcción de cinco fuertes. En los ingenios “San Andrés”, “San José”, “Fe” y “Salamanca”, en las inmediaciones de Placetas, se concentran soldados del destacamento de Borbón. En Buenavista se establece el comandante español José Serrano Puig, mientras el general Zamora se apresta a terminar ocho fortines en el ángulo sur-este del cementerio y el poblado de Placetas.

Martínez Campos no da más: el 17 de enero de 1896 se despide de Cuba, y tres días después Valeriano Weyler Nicolau, Marqués de Tenerife, figura como Capital general de la isla. El periódico trisemanario El Remediano, de Facundo Ramos Ramos, anuncia «años de terror para los cubanos.» Por esa fecha se acrecientan los combates en las inmediaciones de Placetas. Serafín Sánchez con sus hermanos Raimundo y Tello, llegan en febrero a los ingenios “San José”, “Lavalette”, “Rosalía” y “La Julia”, la “Fe”, y toman los caseríos de La Sabana, Cien Rosas, El Mamey Viajacas Gordas y Palo Prieto (Robalos). Hay sobre las armas insurrectas unos 2000 hombres. En Palo Prieto se enfrentan mal armados a las fuerzas del coronel José López Amor.

En una reseña recogida por Martínez-Fortún, El Placeteño precisa: «El combate comenzó temprano en la mañana, y según los oficiales que estuvieron en la acción, aseguraron que fue mal dirigido por Sánchez, quien no era afortunado para mandar grandes núcleos de hombres como Gómez y Maceo. Tuvo su obstinación en dar cargas de caballería contra la bien apostada infantería española; esa fue la causa del gran número de bajas que anotaron los cubanos…

Weyler dictó por esos días tres bandos: concentración de habitantes de campo en Oriente, Camagüey, Santicti Spiritus y Las Villas; otro sobre los que propalan noticias perjudiciales al gobierno e incendien poblados, y el último  relacionado con procesos sumarísimos. Desde ese día comenzó la guerra destructora del Marqués  de Tenerife.

En Placetas y demás pueblos se han tomado grandes precauciones ordenadas por el Capitán General: proteger con por sacos de arena y raíles de ferrocarril la Casa Consistorial. En el fondo colocar un tambor cañonero; hacer fortificaciones, trincheras de tierra y palmas, alambradas. La mayor parte de las casas de campo en toda la jurisdicción han sido pasto de las llamas, la ruina y la desolación impuestas por el batallón de Barrabás  en toda la jurisdicción.


Desde La Habana, 2 mil insurrectos que acompañan a Máximo Gómez, entran a Las Villas por Quemado de Güines; van hacia Sagua la Grande, Cifuentes, La Esperanza.

En Placetas Wayler dispone el estacionamiento de 3 mil soldados españoles, y que los revolucionarios fueran tratados como incendiarios. José Poveda, cajista de El Placeteño se va a la manigua junto a las fuerzas de Serafín Sánchez, jefe del cuarto ejército de Las Villas. Juan Bruno Zayas y Chucho Monteagudo andan por  Manajanabo. Gómez burla los cercos, y está en La Reforma, Sancti Spíritus.


La fiebre amarilla hace mella en la población y los soldados españoles, señala Martínez-Fortún. Hay en la provincia 7 mil 663 casos, y un 22% de muertes. Un éxodo de emigrados canarios se produce por Caibarién. Huyen de las calamidades que aterran a campos y ciudades.

En mayo otros cinco fortines son terminados en Remedios, ya suman 12. Un foso de 4 mil 990 metros rodea la ciudad; sirve de defensa y desague para las agua pluviales. Tiene seis puentes levadizos en otras tantas entradas a la población. Una estacada de alambre de púas con dos mil postes y 50 quintales de alambre con un desarrollo  de 5880 varas completan la defensa. En la plaza y matadero también hay dos tambores.

En la vía del ferrocarril, rumbo a Rojas, así como los existentes entre Placetas y San Andrés (Solano, Lladas, Castañón, Praderas, Serrano y Struch), y en sus márgenes de zonas de cultivo,  se construyen muchos fortines de mampostería y de madera. Existe uno al lado del puente Río Seco. En los ingenios vecinos se han hecho fortificaciones. En Oliver, concluyen una defensa de tres pisos y diez metros de elevación, con capacidad para 40 soldados españoles.

Facundo Ramos Ramos, en El Remediano,  dice que el «ejército español ha tenido desde que comenzó la guerra las siguientes bajas: 3 generales de brigadas, 3 coroneles, 5 tenientes coroneles, 21 comandantes, 69 capitanes, 128 primeros   tenientes, 64 segundos tenientes, 11 sargentos, 223 cabos, 66 cornetas, y 4 mil 157 soldados y 10 guías.»

El miércoles 10 de febrero de 1897, en horas de a tarde llega Weyler nuevamente a Placetas. Vino por el camino de Santa Clarita escoltado por más de 16 mil soldados de todas las armas. Su disposición: destruir todos los sembrados que encontraban, y conducir a los campesinos a los pueblos. La localidad, al igual que otras en Las Villas y el país, se convirtió en un foco de infección. Ramos Ramos precisa que los militares de bajo rango «se alojaban en los portales de las casas, hacían el rancho en las calles y depositaban las excretas en todas partes; como combustible utilizaban la madera de las cercas de los patios y acabaron con las gallinas y otros animales domésticos. Fue una tempestad humana que cayó sobre esa comarca remediana

Al siguiente día el Capitán General se entrevista con  Fagoada, Intendente de la Real Hacienda, y va a caballo a Sancti Spíritus para combatir a Gómez en la abrupta serranía de el Yigre. Antes dijo que en toda la jurisdicción cumplieran su bando sobre la zona de cultivos, y aclaró que los ingenios que tuvieran pagadas sus contribuciones podían moler la caña que antes habían plantado. Vestía pobremente, sin galones, su única insignia era el fajín.

 De regreso, llegó a Remedios, fue al ferrocarril, y en tren extraordinario marchó a Caibarien. Ya usaba, indica El Remediano, una escolta de soldados negros, y vestía un traje de rayadillo, sombrero de jipijapa, machete de los más comunes, botas y zapatos de cuero blanco, espuelas de acero y camisa de color sin corbata, según un apunte que especifica que hasta el 16 de marzo de 1897 han llegado a Cuba 40 generales, 664 jefes, 6185 oficiales y 179 mil 174 soldados y clases. En bajas, refiere el reporte, tienen 8072 heridos y muertos en combate, entre ellos un general, 6 jefes y 55 oficiales. De vómito han muerto 1 general, 13 jefes, 107 oficiales y 10 mil 475 soldados.

El 10 de abril, otra vez Wayler está en Placetas. Desea ir hacia la trocha de Júcaro a Morón. Se alojó en la casa de José Roza, en la calle 1ª del norte, cerca del Casino Español. Cambia de idea, y al siguiente día toma el camino de Santa Clarita, y enrumba a caballo hasta Cifuentes, para embarcar de inmediato hacia La Habana en el cañonero Pizarro fondeado en Isabela de Sagua.

Regresa en mayo. Viene de paso por Cienfuegos, San Juan de los Yeras, Manicaragua, y pernocta en Placetas para operar contra Gómez en La Reforma. Dice el periódico norteamericano Sun que han fracasado todas las combinaciones del Capitán General  para capturar a Gómez en Sancti Spíritus.


 La situación de los concentrados se empeora: mueren de hambre por las calles, plazas y trenes; desnudos y harapientos arrastran sus esqueletos por las calles de la ciudad. La revista del Ejército Español precisa que en Cuba hay en agosto de 1897 unos 165 mil 427 efectivos peninsulares, y 21 mil 783 voluntarios movilizados, casi todos cubanos y canarios.

Por esa fecha Gómez despliega su campaña La Reforma para dispersar las fuerzas españolas concentradas en la región central; aplica tácticas de desgaste de los soldados peninsulares. Unos 26 mil 500 reciben el azote de las lluvias, el sol y los mosquitos y permanecen reclutados en hospitales. Wayler no se resiste a que sus fuerzas militares queden diezmadas. Viaja de La Habana a Sagua la Grande por mar. El general Cánovas dice que en la guerra de Cuba España debe dar hasta  «la última gota de su sangre y la última peseta.» Extreman los Bandos de Reconcentración: evitar el apoyo al ejército libertador; enclaustrar a los campesinos en las ciudades; evitar suministros de alimentos y medicinas.

El 9 de octubre de 1897 weyler es relevado del mando; lo sucederá Ramón Blanco. El domingo 31 embarca en el Monserrat. El 17 de noviembre desembarca en La Coruña. El 4 de diciembre en la edición matutina de El Remediano, Facundo Ramos Ramos dirá: «Triste es decirlo, pero es la verdad; en esta guerra unos y otros estamos trabajando para el “yanquee! El es el único que saldrá beneficiado, tanto en la venta de toda clase de pertrechos de guerra cuanto en la adquisición de valores públicos de la titulada República cubana (…) Hay que desengañarse, la gente que está en el monte y la justa revolucionaria que le representa y dirige no están por la autonomía: quieren la independencia o nada. Buscar otra cosa es buscar al Preste Juan de la Indias. Los E.U. ni la quieren ni la dejan de querer, le es indiferente; lo que ellos quieren es que la revolución continúe para que las fuerzas de unos y otros se gasten, para que los pertrechos se consuman y los hombres desfallezcan. Entonces, ellos, con sus manos limpias “se comerán la pera que para entonces estará muy madura”….»

Gómez sigue por Majagua, Hoyos, Las Casitas, Rincón del Guano y La Reforma. En otras partes de Cuba se sigue combatiendo. El 14 de agosto de 1898 llega a Placetas un Telegrama Oficial: «El Excmo Sr. Comandante en Jefe de este Cuerpo de Ejército me dice que hoy por telégrafo lo que sigue: El ministro de la guerra en telegrama de anoche me dice lo siguientes: firmado protocolo preliminares de paz entre el gobierno de España y el de los Estados Unidos, a consecuencia del cual ha sido acordado suspensión de hostilidades por fuerzas de mar y tierra y transmitida ya órdenes en tal concepto a los Estados Unidos”. Dicte V:E inmediatamente las disposiciones necesarias para que se observen dichas disposiciones por las fuerzas del Ejército y Marina.»

A partir del 22 de diciembre de 1898 las fuerzas cubanas  hacen entrada en los diferentes pueblos de la jurisdicción del centro del país, y ocurre una gran velada en el teatro “La Tertulia” de Remedios. Primero de enero, domingo, a las doce del día cesa la soberanía española en Cuba. El general Adolfo Jiménez de Castellanos entrega el  mando al general norteamericano John R. Brooke dando comienzo a la intervención de los Estados Unidos. La bandera gualda y roja, dice Martínez-Fortún, fue arriada del Morro de La Habana e izada la de las barras y las estrellas. Fue un día de dolor para los españoles, de alegría para los norteamericanos y de incertidumbre y esperanza para los cubanos.


SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (4)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (4)

Por Luis Machado Ordetx

 

Diccionarios de la Música Cubana tienen erratas históricas imperdonables: sitúan hacia finales del primer lustro de la última década del siglo XIX los recorridos por regiones del centro de la Isla de los compositores nacionalistas Ignacio Cervantes (1847-1905) y Rafael Díaz Albertini (1857-1928). Eran tiempos en que los ánimos por la independencia alcanzaron mayor reafirmación y protagonismo democrático.

No dudo que esas fechas tengan cierta certeza. Como el periodismo se nutre del contraste de fuentes documentales, creo más en las reseñas que hacen José Antonio Martínez-Fortún y Foyo y Antonio Miguel Alcover y Beltrán, cuando abordan las transcripciones de la prensa decimonónica de San Juan de los Remedios y Sagua la Grande.

La conclusión de cualquier Diccionario es una labor compleja y difícil. La mayor parte de la historia que recogen está desperdigada en publicaciones, a veces deterioradas e inexistentes, y eso obliga a la paciencia y el rigor.  El primer dislate sobre Cervantes, el Glinka cubano,  y Díaz Albertini, lo ubica Helio Orovio (1981), y después Radamés Giró Almenares (2009), lo circunscribe con similares pormenores.

Al reseñar los acontecimientos históricos de 1892, Martínez-Fortún, precisa que en el vapor “Pedro Muria”, que cubre la ruta de días alternos entre Caibarién y La Habana, arriban a la Villa Blanca los concertistas Cervantes y Díaz Albertini. El 25 de agosto, con un calor sofocante invade la Isla, en el tren de la tarde que sale de Caibarién a Placetas, van ambos músicos a la Villa de los Laureles para ofrecer una velada en el Casino Español.   
 
Dos días después repiten el espectáculo la Sociedad “La Tertulia”, de Remedios, según reseñan El Criterio Popular y El Orden, según  reportes suscritos por Facundo Ramos. Los músicos son invitados por el rico hacendado Juan José Ariosa, quien en horas de asueto muestra los artilugios que permiten la iluminación nocturna en los ingenios “San Agustín”, “Reforma”, “Zaza” y “Narcisa”, únicos que gozan de electricidad en la comarca.

El programa del concierto, dice El Criterio…, incluye el “Duo de Guillermo Tell”; la fantasía “El Trovador”; “La Tela de Araña”; “La Favorita”, la “Obertura de Samiramis”, así como “Adiós a Cuba” e “Ilusiones Perdidas”, textos últimos en los que Cervantes mostró un espíritu musical que retomó el ánimo independentista de sus composiciones.

El 9 de septiembre, con una gran fiesta por el noveno aniversario de “La Tertulia”, Benigno M. de Villa, y Antonio Garcerán,  presidente y secretario de esa Sociedad, son anfitriones de los músicos, quienes por esos días repiten conciertos nocturnos en el Casino Español de Camajuaní, y también en Caibarién y Sagua la Grande.

Sustenta Alcover y Beltrán que en la Villa del Undoso,: «[…] En septiembre nos visitaron dos glorias cubanas, el eminente violinista Albertini, de fama universal, y el talentoso pianista Cervantes, premio de los  Conservatorios de Madrid y Paris. El primer concierto que dieron estuvo casi desierto. No era desgraciadamente, la primera vez que ocurría. Cuando la ópera cedió otro tanto igual…»  

Los concertistas, a pesar de las comunicaciones diarias por vía marítima y ferroviaria con La Habana, permanecieron desde agosto y hasta mediados de septiembre en las zonas de Remedios, Placetas, Caibarién, Camajuaní y Sagua la Grande. No existe referencia, cosa extraña, que viajaran a Santa Clara para actuaciones en el teatro “La Caridad”, inaugurado siete años antes en esa ciudad.

En Isabela de Sagua, Cervantes y Albertini abordaron el vapor “Pedro Murias”, el cual hacía escala en viajes diarios hacia La Habana. Tal vez el aserto de Helio Orovio en el Diccionario de la Música Cubana —biográfico y Técnico— provenga, en el caso de Cervantes, del recorrido que hizo a finales de 1894, cuando actuó nuevamente en la Sociedad “La Tertulia”, de Remedios. Martínez-Fortún, declara: «El 30 de diciembre, el pianista Cervantes que pasa una temporada con Ariosa en el ingenio San Agustín, y da un concierto» en esta localidad.

Meses después, los músicos, por sus ideas separatistas, toman el camino de la emigración. El primero se instala en los Estados Unidos, y el segundo en Paris. No regresarían a Cuba hasta principios del pasado siglo tras la congoja por la frustración del sentimiento independentista.

Al año siguiente, otra gloria de la Cultura Cubana anda por Remedios y Caibarién. Dice Martínez-Fortún que el músico prefirió los viajes por ferrocarril: «El concertista Brindis de Salas deseaba disfrutar de las maravillas naturales del interior del país en una experiencia inigualable.»

Desde 1891, expone: «Combinaciones Caibarién-Remedios-Camajuaní-Sagua-Santo Domingo-Jovellanos-la Habana, y el paso majestuoso sobre el puente de hierro del río Sagua la Chica, el más largo y de valor arquitectónico construido en Cuba.»  Ese era el deseo apreciativo al que aspiraba Claudio José Domingo Brindis de Salas y Garrido (1852-1911), en su recorrido por la jurisdicción.

A pesar de los prejuicios raciales, por el color negro de su piel, el músico ya era reconocido en los más recónditos y rancios parajes aristocráticos de Europa. El 14 de enero de 1895 da su primer concierto en “La Tertulia”, en Remedios, lugar en el cual repite la función tres días después. El 24 se presenta ante el público de Caibarién. Tampoco existen referencias a posibles visitas a Santa Clara, una sociedad decimonónica en extremo racista, y mucho menos se aborda cualquier permanencia en Camajuaní o Sagua la Grande.

El violinista Brindis de Salas, el Rey de las Octavas, conocido entonces como el “Paganini Negro”, casi seguro, precisa Martínez-Fortún, recordó aspectos de su debut infantil como concertista en el Liceo de la Habana: «contempló a niños remedianos, negros y blancos, cuando acudían a las aulas sin que imperaran elementos de racismo de ninguna índole», precisa el historiador.

El 2 de Junio de 1911, tras la agonía de la muerte, en un hospital de Buenos Aires, enfermo, sucio, con las ropas y los zapatos raídos, el cuerpo yaciente de Brindis de Salas, presentaba un corsé mugriento, apretado a su cintura; en los bolsillos del saco, un pasaporte, un programa de presentaciones y un retrato de mujer.

Fue enterrado en  una tumba provisional del Cementerio del Oeste (La Chacarita). El 24 de mayo de 1930 sus restos fueron repatriados a La Habana. Otra vez en casa estuvo el Rey de las Octavas, aquel que deslumbró con su violín a los más altos conocedores del arte musical.

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (3)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (3)

Por Luis Machado Ordetx

Una máquina, un poco de agua y carbón, solicitó el erudito Bachiller y Morales. Lo dijo en la revista habanera La Siempreviva al abordar en 1839 pormenores del decurso  económico y la felicidad del hombre en Cuba. Presentía las ventajas de las plantaciones azucareras con el naciente empuje ferroviario y el intercambio cultural entre el mundo y las diferentes regiones portuarias de la Isla.

En menos de dos décadas, apunta Ramón de la Sagra, la economía azucarera  contó con mil 281 kilómetros de líneas de ferrocarril. América del Sur apenas cubría en esa fecha 792 Km. Los Caminos de Hierro se imponían. La región del centro, próspera en ingenios, consiguió una  cuota progresiva con el intercambio, tierra adentro, por ferrocarril, y mar afuera, desde los fondeaderos de Caibarién, Isabela de Sagua, Casilda y Cienfuegos.

Ya en 1838, el agrimensor anexionista Idelfonso Vivanco, predijo, por la configuración larga y estrecha de nuestra geografía, que «[…] El vapor debe ser el principal agente de la felicidad cubana; el vapor conduciendo los  frutos a los puertos pequeños por ferrocarriles; el vapor llevando los grandes mercados circundando las costas; he aquí los principales vehículos

Caminos para el Azúcar (1987), de Oscar Zanetti Lecuona y Alejandro García Álvarez, afirma que Cuba fue el séptimo país con transporte ferroviario. La explosión, a partir de 1800, de fábricas de azúcares en las regiones centro-occidental, originó un incremento de los viales paralelos.

En 1835 llegaron a La Habana los ingenieros norteamericanos Alfred Cruger y Benjamín H. Wrigth. Comenzó el trazado de vías férreas hasta Bejucal, y el ferrocarril fue inaugurado dos años después. El recorrido abarcó 16 millas. Luego siguió hacia Batabanó. Ambas costas, norte y sur, se acoplaron. Las máquinas británicas, al poco tiempo, fueron sustituidas por otras de procedencia norteña, mucho más eficientes.

La llanura de Matanzas es punto de mira. Hay idea de enlazar Cárdenas con Bemba y Sabanilla del Encomendador. También los inversionistas amenazan con estacionarse en Santa María de Puerto Príncipe, Santa Cruz del Sur y Nuevitas.

Los agrimensores Alejo Lanier y Julio Sagebién, diseñan en 1841 la línea de Cienfuegos a Santa Clara. Maquinan empalmar poblaciones intermedias y dar salida a los azúcares. Seis años después comenzó a construirse esa bifurcación. En 1853 llegó a Cruces, el segundo de los tramos, luego de rebasar Palmira. La obra se detuvo por un tiempo, consigna Martínez Fortún y Foyo.

Siete meses antes de expirar ese último año, San Juan de los Remedios se fusionó al puerto de Caibarién. Los conectaba una vía de 9 kilómetros. Simón Wright, hermano de Benjamín H., fue el proyectista inicial, y Aarón B. Lewis concluyó la encomienda el 4 de abril de 1851. Dos locomotoras y varios coches de procedencia norteamericana llegaron a la Octava Villa.

El ensayo de la travesía se hizo pasados 10 días. La carga fue de tropas militares que viajaron hacia Caibarién. En septiembre, refiere el Apéndice Segundo de los Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, se trasladaron por esa línea más de 600 pasajeros y hubo una ganancia neta superior a los 132 mil pesos en circulación de mercancías y azúcares procedentes de 20 ingenios de la región.

En los Caminos de Hierro laboraron jornaleros cubanos, mulatos y negros libres o esclavos, canarios, irlandeses, norteamericanos y asiáticos (culíes), quienes constituyeron  una alternativa de mano de obra barata para  las empresas ferroviarias.

Los trinitarios pugnaron por un ferrocarril en 1833. No  concretaron los sueños de vincular esa otrora Villa con Casilda y Sancti Spíritus, y de ahí hasta Tunas de Zaza. Dos décadas después establecieron un ramal de 100 Km. de viales.

Sagua la Grande les dio la delantera. Era uno de los principales centros azucareros, y su sacarocracia trazó un original proyecto que aportaría al año trasiegos de 24 mil bocoyes de crudos, más de 11 mil de mieles, 40 mil de cargas diversas y 26 mil pasajeros. Exponen Zanetti y García Álvarez, que la ejecución comenzó en 1855 bajo la supervisión del ingeniero cubano Joaquín de las Cuevas.

Un primer plano estableció conexión entre Isabela y Sagua, y abarcó terrenos colindantes de Sitiecitos. Luego llegó a Cifuentes y pasó a Cruces. Más de 60 ingenios tributaban entonces a la zona portuaria del Undoso. En apenas cuatro años, precisan, «habían construido el sistema ferroviario más extenso de la región central de Cuba»: 105 kilómetros.

Por esa fecha, indica Martínez Fortún y Foyo, queda conectado Cruces con Ranchuelo (1856), después con la Esperanza (1859), y por último en 1860 con Santa Clara. En Remedios, el agrimensor Alejo H. Lanier hace el delineado hacia Camajuaní, San Andrés y Taguayabón, y concluye el vial en 1863. Un lustro después era posible la comunicación directa desde La Habana con Santa Clara, Cienfuegos y Sagua la Grande.

El Ferrocarril de Cienfuegos, a finales de los años 80 construye un ramal de 8 kilómetros a San Juan de los Yeras. En Sagua la Grande se expanden en 15 Kms  hasta  Caguaguas. También prolongan las paralelas hasta Sitiecitos-Cifuentes-Encrucijada-Camajuaní. Todo quedó expedito para llegar a Remedios y Caibarién. Fue el primer sistema terrestre que articuló el centro-oriente con la capital del país.

El ferrocarril central fue obra del siglo pasado: en noviembre de 1900 se iniciaron los trabajos desde Santa Clara hasta San Luis, con el propósito de romper el aislamiento de esa región. En 1902 la Compañía Cuba Railroad inició el recorrido ferroviario entre Santa Clara y Santiago de Cuba. El monopolio británico de la Western Railways of Havana, partió al occidente, y se apropió de los Ferrocarriles del Oeste de Caibarién, de Sagua la Grande, Cienfuegos y Santa Clara. En 1914 se construyó la línea del Norte de Cuba, entre Nuevitas y Caibarién. Hay guerras de rapiñas por dominar las economías solventes que deja el ferrocarril cubano.

Eso insinuó que, el medio de transporte, surgido del auge de la economía de plantación, como predijo De la Sagra, cimentó  una razón de cultura económica que impulsó otro cauce de la historia nacional.