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SAGUA LA GRANDE; UNA ANCESTRAL ADVERTENCIA

SAGUA LA GRANDE; UNA ANCESTRAL ADVERTENCIA

Por Luis Machado Ordetx

El Palacio Arenas-Armiñan, en Padre Varela número 27 esquina a Solís, en la Villa del Undoso, reclama una rehabilitación arquitectónica atinada y urgente. Una mirada móvil a esa casa solariega visitada en 1930 por el poeta granadino Federico García Lorca.

                                        «Los pueblos viven siglos, y el origen de   
                                    muchos se pierde en la obscura y eterna noche
                                    de los tiempos.» 1

                                                               Alcover  y Beltrán

La otrora casa de los Arenas-Armiñán, en Sagua la Grande, quedó estacionada, como detenida en el tiempo; el hecho no está dado por su insuperable exuberancia arquitectónica, sino por que aún carece de un correspondiente valor de uso institucional para la enseñanza de las artes plásticas y la música, fin último que la cualificará en otro estadío de su historia.

 Dicen que García Lorca en los días finales de marzo de 1930 se extasió con esa vivienda; incluso comentan que recorrió de la mano de los anfitriones parte de las habitaciones interiores que disipan un refinamiento exquisito hacia ese estilo constructivo que surgió en Europa y Estados Unidos durante la Belle époque de los años finales del siglo XIX y las primeras décadas del siguiente.

No dudo en la certeza de ese encanto del andaluz: a mediados de 1990 el historiador Tomás (Manino) Aguilera Hernández, lo atestiguó, y el diario El Comercio, de Caibarién, una semana después que Lorca dictara su conferencia «Imaginación, inspiración y evasión: Mecánica de la poesía»,  en el teatro Principal de la Villa del Undoso, hace una referencia al abogado Valentín Arenas Arminán, quien entre los amigos de la directiva de la Institución Hispanocubana de Cultura de esa localidad, acudió a la Colonia Española de la Villa Blanca para escuchar la disertación que dio el escritor español sobre la obra literaria de Pedro Soto de Rojas.2

Cualquiera que transite por las anchas calles sagüeras, de un modo u otro, queda atrapado, como el granadino, en una contemplación hacia esa vivienda, desde la cual la confluencia urbana de los alrededores todavía favorece  las existencias de estilos tradicional en madera, neoclásico y ecléctico.

Ahora, otra vez, la casa de los Arenas, radicada en la antigua calle La Cruz (actual Padre Varela número 25) esquina a lo que fue Intendente Ramírez (hoy Solís), constituye un tema que prodiga noticias ante la voluntad estatal de rescatar, conservar  y crear un centro comunitario para la promoción y la enseñanza de las artes. Así ganaríamos todos con un inmueble patrimonio histórico de la colectividad.

Por tercera vez en los últimos cinco años camino por sus habitaciones; subo los tres niveles de altura de esa edificación; llegó hasta el mirador gracias a una fotografía que publicó la pasada semana Vanguardia y en la cual mostró un viejo andamio de madera, a punto de desplomarse en aquella ocasión hacia la calle Solís. Por fortuna, ya fue retirado, carcomido por la intemperie, el tiempo y la dudosa calidad de su estructura.

                                       CASA ADENTRO

Los arquitectos Arelys Fernández Alonso, José Ricardo Morilla  Sainz y Pablo Castro Álvarez, especialistas de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos en Sagua la Grande, hablan con satisfacción de la radicación de un expediente para declarar unas 32,7 hectáreas del casco histórico como Monumento Nacional; propósito que comprende, además, una vasta zona aledaña que caería en el rango de Protegida.

La fundamentación científica está avalada por la coherencia arquitectónica, ambiental y el grado de deterioro creciente que sufren las edificaciones de una localidad fundada en 1812, de acuerdo a las precisas informaciones que aporta Alcover y Beltrán.

Castro Álvarez insta al cruce hasta el otrora inmueble de los Arenas-Armiñán; un edificio cercano al parque La Libertad; tiene 11 habitaciones; tres pisos, construido en 1918 bajo la égida del diseño de un arquitecto aún desconocido. Las generales como casa de familia se inscriben dentro del estilo art nouveau, casi una exclusividad en el territorio, por sus líneas sinuosas y composiciones asimétricas y aplicaciones interiores del vidrio, como semejando vitrales, así como el empleo sistemático de la cerámica, el hierro forjado y las impecables escaleras de mármol blanco importado. Todos los componentes constructivos buscan de una funcionalidad, una armonía  ambiental y espacial, alejada del mero adorno.

Apasionado por la historia, el arquitecto habla sobre los fundadores de la familia, y dice que Valentín Arenas Miranda, propietario de pequeñas industrias y de áreas que luego fueron urbanizadas, compró a principios del siglo pasado una casa con la finalidad de construir otra, de dimensiones diferentes, en lo que ahora es Padre Varela número 27 esquina a Solís. En 1918 la familia Arenas-Armiñan se instaló en su nueva mansión tocada por la singularidad decorativa con paramentos y motivos florales que introducen las columnas y las texturas de las paredes y los techos, propios del art nouveau.

En el interior de la vivienda, a pesar de carecer de mobiliario y mostrar una huella de los actuales afanes constructivos, persiste un encuentro con lo mitológico, lo fantástico en los adornos y las líneas curvas y asimétricas que caracterizan las estructuras que modelan la edificación, como si el residente o el visitante estuviera en presencia de un contrapunto entre la luz y la sombra.

                             IMPERDONABLES  ENTUERTOS     
                                                              
Va para más de tres años que el rescate constructivo de la vivienda Arenas-Armiñán comenzó a partir de un financiamiento en divisas donado por el gobierno Canario. Sin embargo, las labores progresan a pasos de hormiga, y pregunto a Arelys Fernández Alonso, directora de la Oficina  de Monumentos en la Villa del Undoso, el ¿por qué de tanta demora cuando en definitiva la reapertura representará un bien público y espiritual de la localidad?

Quisiera atribuir una analogía, pues el hecho lo amerita, con aquellos cimientos que trazó Alcover y Beltrán cuando dijo que «Algo y de grande interés hay, de trascendental y magestuoso en ese acto que no puede ni debe pasar inadvertido para los que forman la colectividad que se historia.»3 (sic)

 Fernández Alonso, expone que varios problemas entorpecen la continuidad y terminación de la restauración: burocratismos en las tramitaciones de documentaciones, inexistencias de materiales requeridos en la ejecución constructiva y de depósitos financieros (en moneda nacional) desajustados en fecha y a la planificación de la obra.

El pasado año, dijo, «no se aprobó un centavo de presupuesto en moneda nacional.» No obstante, los ejecutores de la Empresa Provincial de Construcción y Mantenimiento (Agrupación 5), instalaron las conductoras hidrosanitarias y las redes eléctricas del inmueble, hicieron demoliciones de enchapes y repellos, así como la impermeabilización de las cubiertas, al tiempo que ahora desmontaron los andamios de madera con peligros totales de un posible derrumbe. En cambio, el ritmo de trabajo es lento; lentísimo, eso se aprecia por la falta de mano de obra especializada en tareas de restauración.  

Ahora disponen de carpintería de aluminio para ubicarla en corredores del segundo nivel, y actualizan los contratos de trabajo con artistas del Fondo Cubano de Bienes Culturales empeñados en proseguir en su debido momento una ejecución constructiva que responsabiliza al sector de la Cultura en calidad de inversionista principal.

La Oficina de Patrimonio en Sagua la Grande  es la proyectista y coordinadora de la intención «Casa Arenas», y en ocasiones ha estado limitada, sin que existan imputaciones, por los sistemáticos vencimientos de las licencias de operaciones  en divisas, señaló  Fernández Alonso.

El año antepasado «fue infructuoso para la terminación del proyecto, pues nada de lo planificado se ejecutó, y concluyó 2009, y el cronograma de restauración convenido se acortó aún más», dijo.

En lo adelante, como para desmentir ciertos criterios que atestiguan un «embrujamiento» hacia el interior del antiguo Palacio Arenas, tendrán que solucionarse las trabas subjetivas que atentan contra la ejecución constructiva, y tomar in situ las soluciones pertinentes para, en lo inmediato, «dar valor de uso administrativo o cultural a la parte de la edificación que pueda utilizarse; propósito último que contribuye a detener el deterioro del inmueble considerado entre las maravillas de la arquitectura villaclareña», apuntó.

Todavía hay mucho por hacer en labores de escombreo, construcción y conservación, y acometer por último un posible reacondicionamiento y devolverle la vida útil al edificio de Padre Varela esquina a Solís; lo cierto es que está ahí, detenido, exhibiendo la hidalguía de esas proporciones oblongas que incitan al disfrute de una apreciado exotismo en los zócalos de terrazos y de escayolas, de los cristales policromados o las líneas sinuosas y el gusto por los decorados florales que caracterizaron su era originaria.

Algo similar, de rescate auténtico, habrá que hacer un día cercano con el antiguo Casino Español, atascado también en el tiempo; una elegancia que combina el Art Nouveau y lo Barroco, confesó con cierta angustia el historiador y ferviente sagüero Raúl Villavicencio Finalé, al tiempo que miró con nostalgia la destrucción continuada que padecen los balcones y el interior del Gran Hotel Sagua, recinto también que acogió en 1930 la visita del granadino García Lorca y los más encumbrados hombres que transitaron en épocas pasadas por la Villa del Undoso.

Las monumentales edificaciones de Sagua la Grande no se pueden partir en pedazos; hay voluntad, aun cuando persisten limitaciones económicas, de integrarlas y rescatarlas al bienestar cultural de la comunidad, al tiempo en que surgieron y a la historia que procrearon sus ancestros. En esa urgencia está el debate de una ciudad que jamás pasa inadvertida ante el mundo.

NOTAS


1- Alcover y Beltrán, Antonio Miguel (1905): «La Fundación de Sagua», en Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción, p. 51,  Imprenta Unidos “La Histria” y El Correo Español, Sagua la Grande.
2- «El poeta García Lorca en la Tribuna de la Hispanocubana de Cultura», en El Comercio, Caibarién, 27(19):2; viernes 4 de abril de 1930.
3- Op. cit., p. 50

CUBANO, ESO; UN FERVIENTE CUBANO, AFIRMA GONZÁLEZ ECHEVARRÍA

CUBANO, ESO; UN FERVIENTE CUBANO, AFIRMA GONZÁLEZ ECHEVARRÍA

Por Jorge Luis Rodríguez Reyes (Escritor cubano)




Cuando se haga el Libro Total de la Literatura Cubana – texto teórico que no acogerá falsas luciérnagas,  ni sombras  hermoseadas -, se  habrá que brindar un invaluable espacio para el estudioso Roberto González Echevarría, un autor que ha desarrollado una amplia labor en el mundo académico estadounidense. Ahí, fue  electo en 1999 a la American Academy of Arts and Sciences,  y también ha creado una obra -él se resiste a llamarla así-, merecedora de varios doctorados honoris causa; esos lauros engrosan una inmensa lista de merecimientos y títulos.

Aunque ha publicado en las revistas inglesas más prestigiosas  se  propuso resguardar su identidad  y habla en un singular contrapunteo cultural, dentro del cual siempre ha estado presente y sin mella,  la raíz cubana que  mantiene su “ travesía firme y segura” dentro del bilingüismo en que vive.


Es un hombre de Sagua la Grande, pero por mucho tiempo hemos desconocido su obra teórica; cuyos ensayos y opiniones fugazmente nos llegan a través del correo electrónico o la revista foránea, porque dentro de Cuba muy rara vez se han publicado. Con  palabras intensas,   brinda su punto de vista, el cual llega en uno de los tantos momentos cruciales que vivimos los cubanos.

Siempre he estado opuesto a esas divisiones artificiales entre cubanos,  a esa retórica descalificadora y excluyente de un lado y del otro. Dentro de esas murallas  sé que existe mucho sufrimiento, mucho dolor que algún día sanará, y para ello muchos trabajamos, quizás inconscientemente y a largo o mediano plazo, como oficia la literatura. Su obra inmensa nos honra en el mundo y eso me basta para brindarle el abrazo sin doblez.


¿Cómo supo resguardar su identidad cultural al insertarse en un mundo absorbente como el académico, más de otra cultura y máxime la norteamericana que como dice en una entrevista hacía que  autores como el cubano Juan José Arrom vivieran al margen de ella, camino que usted no siguió?   

Ha sido cuestión de bañarme y guardar la ropa.  Nunca he tenido crisis de identidad, siempre he sabido que soy cubano, aunque me manejo en inglés como un norteamericano y vivo inmerso en la cultura de los Estados Unidos.  Inmerso, pero no empapado o impregnado, porque siempre le he tenido aversión a algunos aspectos de la vida norteamericana, como también me repelen algunos de la “cubanidad,” dicho de paso. (Los cubanos podemos ser vulgares, confianzudos, entrometidos, y el relajo a mi me gusta pero con cierto orden).  Creo que esa reticencia y ese saber vivir en algo sin entregarme, pero sin resistir de forma activa la aprendí de niño, en los Jesuitas de Sagua.  Fui bastante buen alumno, pero me repugnaban los bitongos que se esforzaban por ser los primeros en la clase, y nunca fui creyente religioso, aunque llegué hasta a ser monaguillo (lo cual me sirvió para aprender algún latín).  He podido admirar, desde un punto de vista estético y hasta filosófico, la iglesia católica (Dante, las catedrales, etc.), pero no me podía tragar el catecismo, lo de confesarse era una mortificación, y la eucaristía me parecía risible.

 Aquí admiro la capacidad de trabajo de los americanos y su culto a lo que Emerson llamó “self reliance,” en uno de sus más hermosos ensayos –saber valerse por uno mismo y tener fe en el valor propio.  También admiro mucho el respeto a la libertad individual que hay en Estados Unidos.  Pero hay una hipocresía generalizada en la sociedad americana que me parece se debe al protestantismo, sobre todo en cuanto a la vida amorosa (los casos de Anita Hill y Mónica Lewinsky), y una dedicación a la salud física por encima de todo placer que se me hacen insoportables.

 En Estados Unidos se come, se bebe, y se hace deporte para ser saludable, no para disfrutar de la comida, la bebida o el juego. Y lo peor es el culto a la adolescencia, a los teenagers, cuyo icono fue ese adolescente pasmado Elvis Presley.  Los americanos quieren ser todos adolescentes, y yo pienso que es la peor edad posible.  Yo, tal vez por el exilio, pero también porque los cubanos no tenemos ese fetiche, nunca fui adolescente.  A los quince o diez y seis, cuando llegué a este país ya era un hombre. Además, la vida en Estados Unidos es muy aburrida y solitaria y yo tiendo a ser gregario.

 Me gustaría poder reunirme con amigos en algún café a hablar de literatura o de pelota, como hago cuando voy a Europa o a algún país latinoamericano, pero aquí eso se da muy poco.  No hay tiempo y pocos lugares donde hacerlo.  También me molesta mucho la publicidad, y uno vive rodeado de anuncios, sobre todo en la radio o la televisión.  Yo apago el sonido entre innings de los juegos de pelota televisados para no sufrir los anuncios.  La propaganda política es peor, ya lo sé, y más burda –aquí por lo menos a veces los anuncios son ingeniosos.  Yo no podría haberla aguantado en Cuba. Pero, a pesar de todo lo negativo, lo positivo en Estados Unidos es que aquí puedes hacer lo que quieras, si hay posibilidad y tienes los medios.

    En cuanto a lo académico, me hice el propósito de imponerme en el mundo de habla inglesa, no sólo entre romanistas, hispanistas, o latinoamericanistas, y me precio de haberlo logrado, cosa que ningún español o latinoamericano ha conseguido antes en este país.  No quería sumirme en el gueto.  Arrom se marginó por completo y no trascendió el ámbito del español, y otros más conocidos que él, españoles sobre todo, hicieron o no tuvieron más remedio que hacer lo mismo.  No me fue fácil, porque escribir en inglés es una disciplina rigurosa, y había que luchar contra muchos prejuicios, algunos que nos merecíamos y nos habíamos ganado, por cierto.

 En Yale he sido el primer hispanista en formar parte del Departamento de Literatura Comparada, el de más alta reputación en el mundo.  He logrado publicar en las editoriales más prestigiosas (Oxford, Cambridge, Yale, Cornell, Duke, etc.), en las más exigentes revistas especializadas de crítica y teoría (y fui cofundador de una de ellas, Diacritics), y en periódicos y revistas de mayor difusión como el New York Times Book Review, el London Times, The Village Voice, The Nation, y otras como el Yale Review, de la que soy uno de los editores.  Esta es una revista en la que publicaron T.S. Eliot y Wallace Stevens, entre muchos otros escritores muy notables.  Fui el primer hispanista invitado a participar en los cursillos de verano sobre teoría de la crítica de la School of Criticism and Theory.

 En fin, no quiero hacer alarde, sino sólo dejar constancia de lo que he hecho en el círculo universitario americano.  Estos son contextos en que funciona el amiguismo y la palanca muchísimo menos que en el español o latinoamericano; hay que fajarse por lo palos en serio.  Yo tenía, por lo demás, una desventaja: ser cubano exilado.  El espacio universitario americano es casi todo de izquierda y filofidelista, por lo que yo he tenido que batirme contra cierta discriminación. Es una izquierda “festiva,” como me decía un amigo brasileño, que no corre riesgos ningunos; es una moda.  Pero los cubanos exilados hemos estado fuera de moda.  Aún así, han tenido que tragarme.

    Dicho todo lo anterior, tengo también que confesar que todo mi trabajo (decir “obra” sería exagerado) ha surgido del deseo, de la desesperación tal vez, de preservar mi cubanía, mi identidad lingüística y cultural.  El choque, a los diez y seis años, que representó tener que vivir en un mundo ajeno al mío fue el trauma que me impulsó al estudio de la literatura y lengua españolas.  Puede parecer paradójico, pero fue ese trauma mismo, y el proceso de aprender el inglés (el que traje de Cuba era escaso) sobre la marcha de mis primeros estudios universitarios, lo que me convirtió en un obseso que aprendió concomitantemente el francés y el italiano.

 Yo copiaba a mano las lecciones de francés tres o cuatro veces, y me leí la Divina comedia en italiano, y en inglés también, antes de los diez y siete años, luchando con el diccionario y la aparente facilidad de esa lengua tan engañosamente parecida al español.  Cuando me gradué de Bachelor of Arts, de la Universidad de South Florida, en 1964, a los veinte años, yo me había leído, en el idioma original, lo más importante de las literaturas escritas en español, inglés, francés, e italiano. En algunas áreas era un conocimiento de antología, pero de todos modos era algo.

 Eso se lo debo a ese golpe que fue cambiar de idioma y de cultura de un día para otro.  Fue como nacer otra vez, pero con la conciencia de los dolores de ese delito mayor.

    Yo no soy cubano-americano, yo soy cubano, y con lo que he contado arriba no quiero dar a entender que soy bicultural.  Soy cubano pero me manejo en otras culturas con soltura, sobre todo la inglesa, pero en mi fuero interno no dudo de quién o qué soy.  Las veces que he vuelto a Cuba, que han sido muchas, pero ninguna desde 1999, me he sentido en mi ambiente, a pesar de lo desagradable de la vida política.  Recuerdo que la primera vez que volví en los años noventa, después de quince años de ausencia, me desperté la primera mañana con una sensación de bienestar físico que me hizo pensar que durante la noche mi cuerpo se había vuelto a imbuir de algo en el aire que le era propio.  Lo mismo me pasó al salir a la calle y sentir la luz.

    No quiero sonar heroico, ni mucho menos digno de lástima.  Trabajo en condiciones tan ventajosas que no producir sería una irresponsabilidad.  Tengo seguridad laboral, comodidad económica, la cátedra Sterling que ocupo viene dotada con fondos de investigación que me permiten viajar cuando quiera a donde quiera, y adquirir los libros y materiales que necesite; tengo asistentes de cátedra y de investigación, y equipos electrónicos que sobrepasan mis conocimientos y necesidades.  Además, los alumnos de Yale son de primera, sobre todos los de pre-grado.  Darles clases es un reto y un placer.

¿Cuénteme de un día normal en su vida? ¿Cuál es la rutina? Si la hay.

Me levanto a eso de las cinco de la mañana, cuelo un poco de café cubano, y me pongo a trabajar.  Madrugar fue algo que aprendí de Emir Rodríguez Monegal y que los años también me han enseñado a hacer.  Trabajar de noche hasta muy tarde lo hice de más joven, pero hoy cuando llega la noche ya estoy muy gastado por las tareas del día.  Aunque he tratado de disciplinarme, la curiosidad me vence y lo primero que hago es chequear mis correos electrónicos.  Luego me dedico a lo más difícil, porque esas horas de la mañana, cuando estoy fresco, es cuanto puedo leer cosas exigentes o escribir.  Además, a esas horas no hay llamadas telefónicas ni interrupciones.  Isabel, mi mujer, que es cubana también pero de otra inmigración, no se levanta tan temprano. (De familia trabajadora, Isabel vino a Estados Unidos a los cuatro años, con sus padres, que fueron a buscar fortuna en Nueva York a fines de los cuarenta.  Nos conocimos en la universidad.  Habla español, pero su lengua dominante es el inglés.  Nos acostumbramos a hablar en ese idioma para perfeccionar mi inglés y se nos ha quedado el hábito).   Doy clase tres días a la semana, de martes a jueves, y el viernes veo estudiantes en la oficina.  Trabajo en casa toda la mañana y luego, cuando ya me he preparado para clase, si es día de clase, almuerzo y me voy a la universidad.  Hay días que voy antes y almuerzo con algún colega.  Vivimos a diez y seis kilómetros de Yale, lo cual quiere decir que llego a mi parqueo en media hora, más o menos, dependiendo del tráfico.  Este semestre que termina he tenido que preparar mis conferencias con más ahínco porque me las han filmado para ponerlas en la red, en un programa que se llama “Open Yale Courses,” disponibles gratis en todo el mundo.  Han sido veinticinco conferencias de una hora cada una (martes y jueves de dos y media a tres y media) sobre el Quijote.  Se podrán ver a partir de septiembre del año que viene.  Después de clase a veces voy al gimnasio a hacer ejercicios y hacer un poco de natación –la salud física de que les hablaba.  Esto es aburridísimo, pero el médico me dice que tengo que hacerlo a mi edad.  Antes jugaba squash, pero mi contrincante se fue a otra universidad y ya se me hace un juego demasiado severo.  A veces me tomo un trago con algún colega y vuelvo a casa.  Aquí la comida es temprano, demasiado temprano, a eso de las seis.  Si es temporada de pelota veo el juego, generalmente de los Yankees (de los que no soy fanático, sigo siendo un fanático leal de los Leones del Habana), aunque tengo que confesar que a veces me quedo dormido.  A Isabel no le gusta la pelota por televisión, y ver pelota solo no es divertido.  Tengo que confesar que vuelvo a mirar mis correos electrónicos, y luego me acuesto.  Mis lecturas de cabecera suelen ser o Jules Verne, porque me entretiene y me mantiene el francés lozano, o revistas de aviación, porque soy piloto y me fascina todo lo relativo a los aviones.  Como pueden ver, mis días no son muy estimulantes, excepto las lecturas que hago, las clases que doy, y las comunicaciones que surgen con gente tan interesante como Uds.

Sagua, su "tierra natal y añorada", como me confesó, ha dado figuras valiosísimas para las letras y el arte cubano como Jorge Mañach, Wifredo Lam, Gayol Fernández (compañero de su madre en aquel legendario Instituto de Sagua),    y ahora usted.  ¿A qué se debe, a su entender,  si lo comparamos con otros municipios del país que derrocha(ba)n,  incluso una vida cultural más sólida que su riconcito  villareño?

Además de los sagüeros mencionados hay que añadir a Enrique Labrador Ruiz, a Carlos Loveira, creo, y a Carlos Franqui, que tengo entendido nació en uno de los pueblos del término municipal de Sagua –para no hablar de Albarrán, por supuesto.  También pienso debe mencionarse a Conrado Marrero, que llega a los cien pronto si no ha llegado ya.  Yo no sé si merezco figurar en esa lista.  A Gayol lo conocí y admiré, aunque no llegué a ser alumno suyo porque yo sólo cursé los dos primeros años de bachillerato en el Instituto de Sagua.  Pero sí conozco y he releído recientemente con auténtico placer y provecho su Teoría de la literatura.  Para mí lo decisivo fue la influencia de mi madre, la Dra. Zenaida Echevarría, que era una entusiasta de la cultura, que se hizo doctora en filosofía y letras, siendo de una familia humilde (mi abuela Dolores, “Lolita,” Hidalgo, era comadrona, y mi abuelo Inocencio Echevarría un empleado menor del ayuntamiento, cesante o jubilado casi toda su vida) por su enorme talento y tesón.  Era una mujer brillante, que aludía a veces a Kant (ella daba Introducción a la Filosofía en el Instituto), de niño me leía de los Diálogos de Platón (las partes más entretenidas), y se esforzaba por hacerme culto a pesar de mis distracciones y a veces indiferencia.  Recuerdo que organizaba para mí y mis amigotes sesiones de repaso en las que nos daba clases de gramática, prosodia, e historia de la literatura, cosas que a nosotros, que éramos un poco cavernícolas, nos resbalaban por sobre nuestra desidia y estolidez.  Pero ella perseveraba y algo de eso quedó en mí y salió a la superficie cuando el exilio me hizo entregarme al estudio de los idiomas y las literaturas.  Tuve la enorme satisfacción de que ella pudiera estar presente cuando me otorgaron alguno de mis doctorados honoris causa.  Pero hasta el final de sus días, cuando se leía algún texto mío, me hacía correcciones y sugerencias, y por más que yo publicara libros y más libros, ante sus ojos, jamás podría compararme con sus maestros de la Universidad de la Habana, como el Dr. Raimundo Lazo, director de su tesis doctoral.  De seguro no le faltaba razón.

¿Cómo fue su recorrido ulterior después de su  llegada siendo adolescente a EE.UU.?

 Pienso que lo más expeditivo será copiarles la versión abreviada de lo que un amigo mío llama, con buen humor y pésimo latín, su ridiculum vitae.  Esta es la versión en español que yo llamo, con homenaje a Onetti,  “vida breve,” porque es una sinopsis.

ROBERTO GONZÁLEZ ECHEVARRÍA. Sterling Profesor of Hispanic and Comparative Literature, Yale University.  Doctorado en lenguas románicas por Yale en 1970, ha recibido doctorados honoris causa de Colgate University en 1987, la University of South Florida en el 2000, y Columbia University en el 2002. En 1999 fue electo a la American Academy of Arts and Sciences. En noviembre del 2002 la Universidad de Puerto Rico, Arecibo, celebró un simposio en honor suyo. En el 2004 la revista Encuentro de la Cultura Cubana (Madrid),  no. 33 (2004), le hizo un homenaje. Fue profesor en Yale de 1970 a 1971) y en Cornell de 1971 a 1977, donde estuvo entre los fundadores de Diacritics, revista dedicada a la teoría crítica. Desde 1977 está de vuelta en Yale, donde ocupa la cátedra Sterling Professor of Hispanic and Comparative Literature. Las cátedras Sterling son las más prestigiosas de Yale, habiendo sido ocupadas en el pasado, en literatura, por René Wellek, Erich Auerbach y Paul de Man, y en la actualidad por Harold Bloom. Imparte cursos de literaturas hispánicas de ambos lados del Atlántico(Rojas, Cervantes, Lope, Calderón; Carpentier, Borges, Neruda). Ha sido jefe del Departamento de Español y Portugués de Yale por 16 años y también ha dirigido el Programa de Estudios Latinoamericanos. RGE ha dado conferencias en Estados Unidos, Canadá, Hispanoamérica y Europa, y fue el primer hispanista en dirigir un seminario en la School for Criticism and Theory. En 2001 dio conferencias en Oxford, Cambridge, Berlin, y  UCLA; en el 2004 en Salamanca, Roma; en el 2006 en Santiago, Chile, y en el Colegio de México, y desde entonces en Madrid, Berlín, París, Nueva York, etc. En el 2002 pronunció las DeVane Lectures, el ciclo de conferencias público más prestigioso de Yale, sobre el tema del amor y el derecho en Cervantes.  En el 2003 dio una serie de seminarios en la Universidad de Columbia sobre las crónicas del descubrimiento y conquista. En el 2004 pronunció la Cervantes Lecture en la conferencia anual de la Modern Language Association of America.

    Hablante de español, ingles, francés e italiano, RGE estudia las literaturas en esos idiomas, pero su especialidad es la literatura española del siglo de oro y la hispanoamericana colonial y moderna. Activo en cuestiones de teoría, ha sido  o es miembro de la comisión editorial de revistas como The Yale Journal of Criticism y The Yale Review.  Es actualmente o ha sido miembro de las de la Hispanic Review, Hispania, Revista Iberoamericana, y otras revistas norteamericanas, hispanoamericanas y europeas.  Ha recibido becas de la Guggenheim Foundation, la National Endowment for the Humanities, el Social Science Research Council y la Fundación Rockefeller, entre otras. Su libro Myth and Archive: A Theory of Latin American Narrative (Cambridge, 1990) recibió premios de la Modern Language Association of America y la Latin American Studies Association. Su C-D Rom Miguel de Cervantes fue galardonado por la revista Choice; The Pride of Havana: A History of Cuban Baseball (Oxford, 1999) ganó el primer Dave Moore Award (Most Important Book on Baseball, 2000). Otros libros: Relecturas (1976), Calderón and la crítica (1976), Alejo Carpentier: The Pilgrim at Home (1977), Isla a su vuelo fugitiva: ensayos críticos sobre literatura hispanoamericana (1983), The voice of the Masters: Writing and Authority in Modern Latin American Literature (1985), La ruta de Severo Sarduy (1986) y Celestina's Brood (1993). Co-coordinador de la Cambridge History of Latin American Literature (1996) y editor del Oxford Book of Latin American Short Stories (1997).  En 1999 Almar (Salamanca) publicó En un lugar de La Mancha: estudios cervantinos en honor de Manuel Durán, co-coordinado con Georgina Dopico-Black. El Fondo de Cultura Económica de México sacó traducción de Myth and Archive (Mito y archivo), Colibrí de Madrid de Celestina's Brood (La prole de Celestina), y Verbum de The Voice of the Masters (La voz de los maestros). En el 2002 el Fondo de Cultura publicó Crítica práctica/Práctica, colección de ensayos sobre literatura hispanoamericana. RGE ha publicado con Cátedra, de Madrid, ediciones críticas de Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier, y De donde son los cantantes, de Severo Sarduy.  En el 2005 la Yale Press publicó Love and the Law in Cervantes (que publicó Gredos en el 2008) y Oxford Miguel de Cervantes’ Don Quixote: A Casebook. Autor de cientos de artículos y reseñas en revistas especializadas norteamericanas, latinoamericanas y europeas, RGE es colaborador frecuente en The New York Times Review of Books y otras publicaciones periódicas como The Wall Street Journal, The Village Voice, The Nation y USA Today.  Su obra ha aparecido (o está en vías de aparecer) en español, portugués, francés, italiano, alemán, polaco y persa.

    RGE es piloto con licencia para vuelo instrumental y miembro de la comisión directora de la Yale Aviation, el club de aviación de la universidad.

    Lo de “vuelo instrumental” quiere decir que estoy capacitado para volar cuando el tiempo es malo, no se ve, y hay que guiarse por los instrumentos de vuelo y navegación del aparato, no que vaya oyendo música por el aire.

    Fui a Indiana porque allí me dieron una beca lo suficientemente generosa para poder vivir con Isabel y mi primer hijo, que llegó pronto.  Luego Yale me ofreció una beca todavía mejor, de tres años, para hacer el doctorado.  En Indiana tuve de profesor a Miguel Enguídanos, un valenciano estupendo, a Willis Barnstone, poeta además de profesor, a Quentin Hope, experto en teatro francés.  Cuando llegué a Yale me encontré a Arrom, Gustavo Correa y Manuel Durán, en español, y a Jacques Guicharnau, Jacques Ehrman, Victor Brombert, y otros en francés, y a John Freccero, un gran especialista en Dante, en italiano.  Wellek acababa de jubilarse.  Después vino Emir Rodríguez Monegal, cuando yo ya estaba haciendo mi tesis doctoral sobre Calderón con Durán.

    La satisfacción de los éxitos aparentes la mitiga la tragedia que sufrimos Isabel y yo en 1994, cuando nuestro hijo menor, Carlos, se nos murió de cáncer.  Estudiaba en la Universidad de Michigan, donde se le declaró la enfermedad a los diez y nueve años.  Los médicos de Yale hicieron todo lo posible por salvarlo, pero falleció cuando apenas había cumplido los veinte y dos.  Pienso en él todos los días y me deprimo ante el amargo misterio de nuestra mala suerte.

Ha sido un crítico severo, quizás lúcido, como lo confirman sus ensayos y artículos,  con autores  de la valía de Cabrera Infante, de quien dice que escribió un solo gran libro,  García Márquez, Carpentier e incluso ha censurado la ensayística de Vargas Llosa y de Carlos Fuentes, todos autores del Boom ¿Qué de  perdurable habrá de ese movimiento literario  de aquí a 500 años?

Me gusta lo de “quizás lúcido,” aunque trato sobre todo de ser justo.  Estimo que alguien en un puesto tan ventajoso como el mío debe vivir al margen de la red de influencias y amiguismos de que se compone el mundillo literario latinoamericano, y por supuesto, el cubano.  Hay latinoamericanos en este país que, con puestos parecidos al mío, de todos modos se involucran en el caudillismo literario que practicaron o practican Octavio Paz y Carlos Fuentes, por ejemplo.  Tienen alma de esclavos.  A mí me gusta ser independiente, y del zig siempre prefiero el zag.  Admiro la obra de los escritores del Boom, sobre todo la de García Márquez, pero no toda, y opino que la crítica de esos autores no está al nivel de la de ficción.  Son apenas periodistas en el mejor de los casos.  

A pesar de todos sus defectos, como su debilidad por los dictadores, hay que reconocerle a García Márquez que no se ha erigido en crítico.  Tuve roces con Paz, que sólo entendía de alabanzas sin reservas, y con Cabrera Infante, que me acusó de escribir más sobre Severo Sarduy que sobre él porque Editions du Seuil, donde trabajaba Severo, pagaba las llamadas telefónicas.  Hubo una época en que logré abstenerme de escribir sobre escritores vivos o recientemente muertos (estos dejan viudas muy impertinentes), porque hacerlo me ha costado amistades.  He reincidido.  Por eso (en parte) escribo sobre Rojas, Cervantes, y Calderón.  De aquí a 500 años van a quedar algunas novelas de García Márquez, pero no todas, y algunas de Vargas Llosa, pero tampoco todas.  Quedarán menos de Fuentes.

¿Por dónde cree que va e irá  la literatura latinoamericana?

No veo claro el camino porque el presente literario es muy profuso, caótico y sólo podemos percibir parcelas muy limitadas del mismo.  Me ha gustado mucho Roberto Bolaño, sobre el que acabo de escribir un ensayo, y también Fernando Vallejo.

¿Qué le disgusta de ese camino?

Me disgustan las ruidosas campañas publicitarias en torno a autores que todavía no han dado nada de gran valor.  Los editores viven anhelantes, esperando el próximo Boom, y se gastan el dinero en promover valores que todavía no han cuajado.  Ni Carpentier, ni Rulfo, ni siquiera Borges antes de acceder a la fama, se permitieron semejantes alharacas.  Eso me parecía más digno.  Escriba Ud. una gran obra y luego veremos; el muerto alante y la gritería detrás, como decimos en Cuba.

¿Y a la literatura cubana de dentro de la isla  cómo la ve? Porque se publica  en el exterior  obras con una visión muchas veces clonada. Enfoque  que corresponde, casi siempre, a  intereses extraliterarios y su canon cubano, a pesar de ser su particular visión, como aclara, ha levantado opiniones que lo cuestionan, incluso en su presencia, ¿lo mantendría inalterable un lustro después?

Mi ensayo sobre el canon cubano lo escribí para ser sincero conmigo mismo, porque me asedia el tema de cómo llegamos a hacer juicios de valor, y para sacudir un poco lo mata, porque la política, los amiguismos, y las ambiciones organizadas de burócratas aspirantes a escritores (que controlan viajes de los del patio y visitas de personalidades del exterior), han creado una serie de valores falsos.  La calidad de la literatura cubana en la isla en la actualidad es muy bajo por lo que se puede observar, aunque tal vez haya grandes obras que se están haciendo al margen de la cultura oficial.  Cuando la mediocridad se entrona se protege, y la burocracia cultural cubana no le va a dar salida a obras que pongan de manifiesto la pobreza de sus propias obras.  Nadie quita que haya un Kafka cubano en Camajuaní, digamos, que está escribiendo una obra monumental.  Ojalá que sí.

Defina a Capertier y a Lezama Lima.

Quienquiera que haya abierto El reino de este mundo en 1949 tiene que haberse dado cuenta de que la novelística latinoamericana había dado un tremendo salto adelante; El señor presidente, que es del 46, no puede compararse.  Carpentier descubrió el tema de la historia de América como el gran tema épico para la prosa narrativa latinoamericana.  Los cronistas supieron que el descubrimiento de América había sido el acontecimiento más trascendental desde el nacimiento de Cristo, y Carpentier supo construir sobre el vacío creado por esa ruptura un mundo ficticio hecho de datos fidedignos organizados en estructuras narrativas minuciosamente elaboradas.  Y logró desarrollar un estilo para expresarlas en que quedaba algo del tufo arcaizante de los documentos históricos de los que provenían esos datos.  En Carpentier se combinan la frescura de lo nuevo con la pátina histórica de un pasado fabuloso que ya viene dotado de una magia propia.  En las novelas de tema contemporáneo, como Los pasos perdidos y El acoso logra comprimir el tiempo actual para extraerle un dramatismo extraordinario vinculado a temas trascendentales (no así en la fallida Consagración de la primavera). Carpentier tenía una cultura inmensa.  Conocía la patrología latina, por ejemplo, la obra de San Agustín, y de arte y música ni se diga.  En sus mejores obras esa cultura se sintetiza de una manera genial al concentrarse en un individuo, un incidente, o hasta un objeto.  Estudiar la obra de Carpentier fue para mí como hacer otro doctorado.

    La obra de Lezama es infinita, inasible para la mente del crítico, porque no tiene asideros históricos donde apoyarse.  Carpentier, Paz, hasta Borges, pueden verse contra el trasfondo de los movimientos artísticos del siglo XX, aunque sea cuando los rechazan.  Lezama no; inútil pensar en creacionismo, surrealismo, o cualquier otro ismo.  También es una obra hecha al margen de sistemas modernos de pensamiento como el psicoanálisis y el existencialismo; o mejor, es tan abarcadora que los contiene a ellos, y no viceversa.  En alguna parte Lezama o uno de sus personajes dice que el psicoanálisis confunde una etapa con un sistema. Apaga y vámonos.  La prosa de Lezama es “preadámica,” anterior a la caída y a la culpa, anterior a la ley en el sentido más amplio y en el más específico de las leyes de la gramática y de la retórica.  Su lengua crea o recrea mitos, no depende o arrima a ellos buscando forma y sentido. “Muerte de Narciso,” “Rapsodia para el mulo,” por ejemplo, son como columnas de palabras que surgen y se elevan sobre sí mismas.  En “El coche musical” Lezama hace de Raimundo Valenzuela un Orfeo cubano que conoce, a través de la música de sus danzones, la numerología secreta necesaria para bajar indemne al Valle de Proserpina.  Son distintos Carpentier y Lezama.  Hoy pienso que Lezama fue más grande, pero Carpentier no se queda muy atrás.  

¿Cree  que a pesar de haber existido un acercamiento editorial hacia la obra de ficción de los autores cubanos residentes en el exterior,  no han sido aún  favorecidas las obras ensayísticas como la suya? Acá ha sido publicado e incluso en ocasiones sin su consentimiento ¿Está dispuesto a publicar toda su obra aquí?

Desde luego que me gustaría publicar toda mi “obra” en Cuba, pero no en las condiciones actuales.  En la revista Temas publicaron un capítulo mío del libro sobre la historia de la pelota cubana y lo censuraron.  No me di cuenta hasta que alguien, no me acuerdo quién,  me lo dijo.  Quitaron fragmentos donde yo hablaba de los apostadores en el actual Stadium de La Habana, que yo vi en acción con mis propios ojos en los años noventa.  En el comunismo, dizque que basado en el marxismo, no se analiza se borra la realidad.  Pero hay cosas más importantes que mis trabajos que habría que publicar antes en Cuba.

¿Qué proyectos lo sumen en la aventura investigativa en la actualidad?



Hoy mismo, 7 de diciembre del 2009 (Pearl Harbor, muerte de Maceo), acabo de terminar la introducción a Fuenteovejuna, que publica en inglés la Yale University Press.  Pero tengo en prensa un libro grande que se va a llamar Cuban Fiestas, que es un estudio de la fiesta en la cultura cubana, en sus manifestaciones en el arte, la literatura, la pelota, el baile, y el cine.  Empiezo con un capítulo sobre Cecilia Valdés y Francisco y sigo con otro sobre los cuadros de Landaluze y Miahle sobre la Fiesta del Día de Reyes.  Es un libro raro en que incluyo viñetas autobiográficas y que me costó muchos años escribir.  La Oxford me ha pedido un libro para su serie de “Very Short Introductions,” sobre la literatura latinoamericana moderna, y es lo próximo que pienso hacer.  Me ilusiona lograr una síntesis coherente y significativa.

Usted que se pasea entre (y mira también el envés de) los cánones más rigurosos de la literatura y se ha  insertado en   disputas conceptuales, que como diría de forma peyorativa un intelectual cubano para referirse a la reciente coyuntura cibernética que permite una comunicación más instantánea y horizontal en Cuba: "El ciberchancleteo". ¿Qué le diría a todo aquel que se sumerge en el mundo de la literatura?

Son dos las preguntas.

Contesto a la primera: He visto poco del “ciberchancleteo,” que me parece un término denigrante para lo que parece ser un ejercicio necesario de la libertad de pensamiento y creación.  Lo bochornoso es el “burrocratismo” del establishment cultural cubano, y la práctica impune e insistente de la mediocridad en todos los medios oficiales cubanos.  

Ahora a la segunda: Para sumergirse en el mundo de la literatura hay que estar dispuesto a retarse a uno mismo constantemente porque es un campo sin fronteras del que sólo alcanzamos a conocer zonas muy limitadas, y en el que del primer escalón al segundo hay un abismo.  Creo que fue el torero “Lagartijo” quien dijo que él era el mejor, y después de él “naides, y después de naides...”  Yo trato incesantemente de llenar las lagunas de mi formación, que son muchas, y exigirme todo el rigor de que soy capaz, con la esperanza de superarme como crítico y como profesor.

¿Algún recuerdo inolvidable de  Sagua? ¿La desea visitar?

Me estremece la emoción cuando recuerdo el beso de despedida que le di a mi novia Alina Alonso una tarde en Sagua, porque me mudaba para La Habana.  Era casi de noche y nos encontrábamos frente a la puerta de su casa, que estaba en el primer piso, en una calle no muy lejos de la Plaza de Mercado.  Habíamos llegado allí caminando desde el parque, donde nos veíamos los sábados y domingos junto con un grupo de amigos.  Tendríamos trece años.  También recuerdo el olor dulzón de los higuillos podridos, aplastados por transeúntes y vehículos, en la Carretera de Resulta, por la que yo iba y venía a pie o en bicicleta de los Jesuitas.  Estuve por última vez en Sagua en noviembre de 1978, cuando fui a Cuba para lo del Diálogo.  En los noventa no tuve tiempo.  Pero daría cualquier cosa hoy por sentarme en el Parque Martiano, a la sombra de los árboles, y ver el río correr.

¿Roberto, no sospecha que tienes acá un montón de lectores, amigos que aunque no disfruten de su conocimiento personal,  si le profesan  la  misma devoción que aquel lector que copiaba como un escriba medieval uno de sus libros en la Biblioteca Nacional?

Tener lectores en Cuba me parece, primero que nada, inverosímil.  Nunca pensé que llegaría a tenerlos.  Me conmueve que Uds. me lean y quisiera poder ofrecerles algo mejor.  El que yo esté aquí y Uds. allá es producto del azar, pero somos iguales, los mismos, o, por lo menos, así me gusta pensar.  La emoción que el recuerdo de Sagua me produce ha sido como una quilla honda que me ha permitido hacer, sin mucho bamboleo, una travesía firme y segura, porque me dice quién soy y me fortalece para seguirlo siendo en lo que me queda.

CUBANÍA; DIMENSIÓN DE UNA CULTURA

CUBANÍA; DIMENSIÓN DE UNA CULTURA

Por Luis Machado Ordetx


La Voz del Otro, espacio de debate teórico entre periodistas y escritores villaclareños, arribó este martes, víspera del Día de la Cultura Cubana, al tercer aniversario de fundado, y para esa ocasión abordó aspectos referidos a las incidencias del habano, la Patria y José Martí en la forja de un pueblo independiente en el contexto de las naciones.

Esa tertulia, de carácter mensual, es auspiciada por el Centro del Libro y la Literatura en coordinación con la Unión de Periodistas de Cuba en Villa Clara, y surgió como puntal de la defensa de nuestra cultura, la promoción de los escritores del territorio e intercambio de puntos de vista sobre dos maneras diferentes de encarar un hecho artístico y la reconstrucción de la realidad a partir de la palabra escrita.

Durante las 35 sesiones precedentes, efectuadas en la Casa de la Prensa —en la calle Céspedes número 22, en Santa Clara—, fueron discutidos aspectos sobre la manera de trazar relatos testimoniales, los vínculos entre la fotografía artística y la periodística, las fundamentaciones de una historia local o regional, los hallazgos del periodismo de opinión y de investigación, así como la conservación de la memoria oral y documental consideradas como fuentes de noticias.

Los más importantes escritores y periodistas villaclareños, transitan cada mes, según un calendario de labor comunitaria, por la tertulia «La Voz del Otro», a la cual se insertan estudiantes del nivel medio de música o profesionales de la «más bella de las artes», según Martí, para convertir esa tertulia y la Casa de la Prensa, en un recinto cultural comunitario.

Nombres de escritores y periodistas villaclareños, incluidas las presentaciones de sus respectivas novedades editoriales, avalan la cronología de 35 meses precedentes: René Batista Moreno, Yamíl Díaz Gómez, Noel Castillo, Aldo Isidrón del Valle, Luis Cabrera Delgado, Luis Pérez Castro, Arístides Vega Chapú, Alfredo Delgado, María Elena Salado, Luis Manuel Pérez Boitel, Rogelio Menéndez Gallo, Jesús Díaz Rojas, Amador Hernández Hernández, Pedro Llanes Delgado, José Antonio Fulgueiras y Migdalia Cabrera, por solo recordar algunos de los contertulios que visitaron «La Voz del Otro» en el transcursos de sus tres años de existencia.

Justo hoy, a las cuatro de la tarde, preámbulo del Día de la Cultura Cubana, «La Voz del Otro», invitó a los investigadores y pedagogos Francisco Rodríguez Alemán, Francisco Águila Medina y Antonio Florit García, quienes fueron los disertantes de  este mes de octubre.

Los estudiosos analizaron las cartas de Martí al patriota José Dolores Poyo en momentos en que el Apóstol de la independencia de Cuba organizaba a los tabaqueros emigrados en Tampa y Cayo Hueso para desplegar la Guerra Necesaria de 1895, así como los estudios de Gaspar Jorge García Galló incluidos en la Biografía del Tabaco Habano — único libro prologado por el Che Guevara en un libro de autor cubano—, y el movimiento de lectores existente en Villa Clara en ese tipo de fábricas dedicadas a la elaboración de puros para el mercado nacional y foráneo.



BALLAGAS EN SOMBRA; EL VISIONARIO Y LOS RESORTES DEL YO

BALLAGAS EN SOMBRA; EL VISIONARIO Y LOS RESORTES DEL YO

Por Luis A. Pérez de Castro (poeta y narrador cubano)



El ensayo, según definición del Manual de la Lengua Española, no es más que la acción y efecto de ensayar. Escrito, generalmente breve, sin el aparato ni la extensión que requiere un tratado completo sobre la misma materia. Representación de una obra dramática ante de presentarla al público. Prueba preparatoria. El libro que comento se inserta en ese mismo género. Sus páginas reúnen ocho trabajos que, en un inicio, obliga a preguntarnos: ¿Son o no ensayos? ¿Son o no ficciones?

Al descifrar tales afirmaciones es preciso recurrir, con ojo crítico y sapiencia, a sus interioridades, y navegar en todo lo que allí se dice. Hago referencia a Ballagas en sombra, del periodista e investigador Luis Machado Ordetx (premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara,  2009), publicado por la Editorial Capiro al siguiente año.

Ya en el 1996, con Coterráneos (premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara y divulgado por igual editorial), Machado Ordetx entrega no solo el quehacer de esta ciudad central de Cuba durante los años 30, 40, y 50, sino que, además, da los primeros vestigios de en la observación y sagacidad como  investigador enfrascado en descorrer “velos” culturales de la Historia Literaria.

Trece años después incluye otro título en su hacer de rastreador de la memoria cultural: Ballagas en sombra, compilación de innumerables documentos  —díganse cartas, poemas, testimonios y opiniones— inéditos que arrojan otras luces sobre el poeta cubano Emilio Ballagas Cubeñas (Camaguey 1909–La Habana 1954).

 Este libro, escudriñado y construido con oficio de orfebre durante veinte años, salió, no por azar, del testimonio y del archivo personal del declamador villaclareño Severo de la Caridad Bernal Ruiz, con quien Ballagas mantuviera una larga amistad e intercambio de correspondencia entre los años 1939 y 1948.

«Nada más indebido que profanar ciertos documentos, “concebidos” previamente –en soledad y urgencia- como goce íntimo, plácido, polémico o tendencioso; pero en el fondo no quedan otras alternativas», dice el ensayista en Códices del silencio, pórtico, a modo de prólogo, para su ensayo, y un poco más abajo, recalca que «Los asuntos que aborda Ballagas con Bernal pudieran dar lugar a múltiples lecturas porque muestran las claves (incógnitas) y respuestas que pocos comparten. Prevalecen confidencias, reclamos, el monólogo testimonial del instante que ayer, tal vez hoy, quizás mañana. Conviene sierre volver los ojos al pasado y hurgar en la memoria documental con el propósito de que nada desaparezca en una parte esencial de la identidad individual».

Y he aquí lo novedoso del ensayo; Machado Ordetx viaja al pasado de la vida del poeta cubano, y lo hace  libre de tabúes y desprejuiciado de todo el decir insidioso de cuántos —críticos o no— han abordado la obra de Ballagas; en ese tránsito muestra un estilo “sacerdoticio” al apoyarse en las premisas que ofreció Gastón Baquero, cuando dijo en 1954, a pocos días del fallecimiento del escritor camagüeyano: «Pertenece a la historia de la poesía cubana (…) y son muchas las páginas de esta que se escribirán bajo su nombre, si se quiere escribirla con justicia y verdad

Apegado a esa justicia y verdad, es que el ensayista logra recopilar, gracias, como señalé con anterioridad, a su sed investigativa y al archivo del declamador Bernal Ruiz, un grupo de cartas donde Ballagas, a través una prosa clara y, en ocasiones incisiva, aborda sus intimidades, los fundamentos estéticos, las creencias religiosas, y el compromiso con la sociedad en la cual, durante en muchas ocasiones, sintió el rechazo a su existencia.

 Hay en esas misivas una  fidelidad a los amigos y un amor sin límites para proteger la cultura cubana en toda su extensión. Cartas con un desgarramiento solo experimentado por un poeta que afirmara: «(quien sea) capaz de impresionarse ante la fina arquitectura de la rosa ha de serlo de sufrir con más intensidad que otro hombre alguno la injusticia humana o la barbarie de la guerra egoísta.». Cartas que desmienten la barbarie de esa propia guerra egoísta lanzada por Rosa Pallas, Argyll Prior, Virgilio Piñera, y otros que en sus escritos solo juzgaron en la parte más oscura del poeta; es decir, en sus desajustes personales —que en nada lo diferenciaban del resto de los artistas de su época— e ignoraron el lugar que ya ocupaba su poesía, lo que representaba su peculiar entonación libre de todo egocentrismo, decantado de nimiedades y cualquier debilidad lírica y humana como quisieron hacer ver otros en los versos o textos teóricos que escribió.

Ballagas en sombra es un libro con un logrado intento no de ensayar “hacia”, sino de ensayar “desde” cualquier hermenéutica del discurso. Interviene en la confección del texto la inestimable “colaboración” del propio Ballagas con sus cartas, y también el  sabio azar de Machado Ordetx, el investigador villaclareño, al contar con la amistad de Severo Bernal y descorrer las “puertas” de  su archivo personal. Cada carta de Ballagas, entre todas las enviadas desde Santo Suárez, La Habana, otras ciudades de Cuba, y Nueva York, en Estados Unidos, pone de manifiesto una larga conversación donde predomina el “entre” nosotros —llámese Ballagas-Severo Bernal o viceversa—. Más que una conversación o un diálogo, parecen dos monólogos alucinados y desarrollados con una coherencia digna de envidiar.

 Pese a que Ballagas permanece bien distante allende o aquende de los mares, afirma: «Trágico el destino de las provincias donde no hay público para crear un teatro, donde no hay oídos para una coral popular ni sensibilidades finas para el verso. En toda Cuba pero más aún en el interior, hay que ir contra el aplauso;  torcerle el pescuezo, buscar otros estímulos más positivos o más ideales… porque nuestro vinagre no se compadece con su aceite burgués y digestivo.» El poeta parece perpetuarse, como aislado del declamador, y da la sensación de ignorar su presencia. Sin embargo, es todo lo contrario: ya  desde su primera carta, dirigida al amigo el 22 de septiembre de 1939 desde  la barriada de Santo Suárez, La Habana, Cuba, nos parece asistir a la discusión de dos locos encandilados con sus dilemas individuales.

 Ballagas se queja del costo de la vida, de las miserias humanas: «Ahora mi problema es de abrigo. Aún espero el envío del dinero argentino de mi antología y parece que “cero”. ¿No será que la presencia de Nicolás (Guillén) y de Virgilio (Piñera) por Sudamérica me está torpedeando la edición? Conozco el paño…», dice en una carta enviada el 25 de noviembre de 1946. Se lamenta de la brevedad de la vida, de la lejanía y de todo cuánto acecha  su destino; tal parece rendirse ante la incertidumbre. Severo Bernal, en cambio, se manifiesta con sorprendente optimismo y se dispone a dar cumplimiento a lo solicitado por el amigo.

El ensayista Machado Ordetx en todo el contexto escritural, ofrece al lector un libro ameno en cuyas páginas otea la ebriedad de Ballagas, un hombre que supo forjar su propio mito dentro de la poesía cubana; un hombre que no solo sufrió a causa de la angustiosa creación literaria, sino también bajo la égida de la incomprensión y el (no) reconocimiento de su existencia amorosa, hecho que lo llevara a expresar: «La vida de todo artista está hecha de huidas a sí mismo y de escapadas a la vida. Este limpio juego de balanza –justo equilibrio- es lo que mantiene el ímpetu creador, que a la vez es ansia comunicativa y no puede permanecer encarcelado dentro del individuo por muy vastos que sean los dominios del “yo”

Este libro, sin dudas, abrirá (otras) nuevas sendas a la “triste”  polémica sobre el homoerotismo en Ballagas; y el escritor se pregunta ¿qué importa?, a partir de las contundentes pruebas testifícales que muestra y que ayudan a reconstruir y develar la verdad dialogante de un hombre y su época; es la verdad de un hombre que podemos ser todos, pues «la originalidad estilística y temática de su obra estará siempre delante del misterio individual; ocurrirá, en fin, el traspaso dialogante de la pugna entre la norma impuesta por el tiempo», como asegura el ensayista; tal vez en ese asombro persista la nitidez del visionario en una forma de superar y sortear los finísimos resorte del yo impuestos por el tiempo y la existencia humana.

CHE, ÚLTIMAS FOTOGRAFÍAS

CHE, ÚLTIMAS FOTOGRAFÍAS

El colega José Antonio Fulgueiras Domínguez, recién acaba de regresar de Bolivia. Allá encontró a René Cadima, el fotógrafo que captó la imagen del Che después de asesinado,quien ahora agradece la ayuda médica de Cuba a Bolivia, y habla de aquel instante en que perpetuó para la historia un acontecimiento que estremeció al mundo.

Por José Antonio Fulgueiras


   
Los vallegrandinos lo llaman el fotógrafo que retrató a Cristo, pero René Cadima asegura que «no más era un comandante de carne y hueso que murió con los ojos abiertos para seguir mirando y haciendo por los pobres del mundo».

 

Postrado sobre una cama, con la mitad del hombre que antes fue, Cadima muestra el negativo original de la foto que le tiró al comandante Ernesto Guevara, ya sin vida y con el torso desnudo, en la lavandería del hospital Señor de Malta, en Vallegrande, el 9 y 10 de octubre de 1967.

 

«Ya hace más de un año y medio me amputaron las dos piernas, y entonces uno se vuelve más cortico, pero más hombre», dice René, quien espera todas las tardes,  con un gorro de lana y una sonrisa de agradecimiento, a la doctora cubana Danny Teresa Urra, que viene a examinarlo y a curarlo.

 

Ya atravesó la envidiable meta de los 90 años de edad y aún conserva la mente clara, sobre todo cuando evoca aquella tarde agónica en la que atrapó en el lente de su Yashica 120 la imagen del decoro asesinado.

 

«Como a las cinco de la tarde lo trajeron amarrado a una pata del helicóptero. Ya en el aeropuerto lo supimos muerto. Yo destapé mi cámara, pero el Servicio de Inteligencia ordenó: "Nadie le saque foto, porque le vamos a quitar el rollo o la cámara, así es que quieto".»

 

Pero Cadima era mucho fotógrafo y siguió al cadáver heroico hasta el hospital Señor de Malta, en Vallegrande.

 

«Salí a la carrera y frente al hospital veo a más de 300 personas valle­grandinas que querían conocer quién era el Che. Una monja vino, se arrodilló con las manos juntas, y ha dicho: "Ay Dios mío, que me perdone", y se persignó. Luego me dijo: "Mire, don René, parece un Cristo." "No le veo ningún parecido", le respondí, pero ella siguió persignándose y susurrando: "Es Cristo, es Cristo".

   

 «Un soldado me pidió: "Sáquele ahí una foto"; yo lo miro no más y unas mujeres me dicen: "Sáquele, aproveche." Y apreté el gatillo. Llegaron unos oficiales y se enojaron. "¿Quién fue el que sacó esa foto?" "¡Yo!", les dije, y antes de que me dijeran traiga su cámara, la abrí y les digo: "Señor, disculpe, pero el rollo se veló"

 

Tras esa artimaña Cadima siguió su trabajo:

 

«Se lo llevaron a la lavandería y allá lo echaron. Los oficiales dijeron: "¿Dónde está ese señor?, ahora que le saque la foto". La gente seguía llegando para conocerlo. Yo tenía en ese instante dos cámaras, una con rollo de color. Vinieron unos militares, y a ellos les saqué una foto en colores, al lado del comandante guerrillero

 

Cadima se sienta en la cama cubierto de la cintura para abajo por una frazada para protegerlo del frío vallegrandino que entró sin permiso  detrás de nosotros al abrir la puerta de su cuarto.

 

«Cuando llegué al hospital había estado con los ojos cerrados, y cuando le saqué la foto de cerquita estaba con sus ojos abiertos. Yo pregunté: "¿Qué pasó?, ¿está vivo?" Esa es la mejor foto que se le ha sacado al Che, han dicho que ha dado la vuelta al mundo.

 

«Alguien a mi lado me dijo que el cadáver abrió los ojos al intro­ducírsele formol debajo de los pár­pados para conservarlo. Pero la monja volvió a acercárseme y me dijo al oído: "¿No ve, señor René, que es Jesucristo y nos está mirando?".»

 

La noche cayó sobre el silencio cómplice y la lavandería no fue más que un sitio oscuro luego de que al firmamento americano le habían apagado su mejor estrella.

«Yo me fui, pero al otro día madrugué y lo hice sacar afuerita con unos soldados que habían estado toda la noche custodiándolo. Esa es la foto donde aparece el Che sobre una camilla. Esas tres fotos no más le he sacado yo.»

    

Danny comienza a curarlo de unas escaras en los muñones. «Es diabético y una pierna se le partió, se le enfermó, y hubo que ampu­társela, y después la otra», resume la especialista en Traumatología y Ortopedia.

 

Él, por su parte, se revela como un otrora zapatero de Cochabamba que se instaló en Vallegrande y se hizo fotógrafo. El negativo en colores se lo prestó a un fotógrafo norteamericano y nunca se lo devolvió. La cámara la vendió a un colega, «que al poco tiempo la hizo tiras». Expresa todo esto mientras pone a contraluz el acetato donde el Che expone el poderoso pecho de fusil y palabra, al decir de Nicolás Gui­llén, el poeta.

 

Su hija Blanca se acerca a la cama y confiesa:

 

«Aquel día me escapé del colegio con una compañera. Había mucha gente parada en la puerta del hospital y nosotras estamos delante, agarradas de la reja. Enton­ces, cuan­do abrieron el portón, caímos de espaldas y la multitud nos pasó por encima. Nos pisaban por las piernas, por la cara, por todos lados nos pisa­ban; pero, gracias a Dios, dos señores lograron detener a la multitud, porque íbamos a morir si toda esa gente pasaba sobre nosotras.

 

«Hemos dado la vuelta y un militar me hizo entrar. El Che era un hombre muy bello, hasta muerto se veía tan bonito. Bien simpático era él. No lo creerá, pero esa noche soñé que yo estaba ayudándolo a escapar

 

Los años también han atacado a Cadima por los oídos, pero no por la convicción de sus palabras:

 

«Yo califico al Che como un hombre inteligente y valiente que hasta la muerte ha llegado por sus ideales, un hombre correcto. Puede seguir viviendo para la historia. Se pierde físicamente, pero su recuerdo es latiente y sigue perdurando por la eternidad de los siglos.

 

René Cadima agradece a Fidel la atención médica que brindan los especialistas cubanos, como la doctora Danny Teresa Urra.
    
«En un principio aquí venían muchos extranjeros y conversaban conmigo, y de paso me estaban regalando unos cien pesitos o algo así. "Ah, muchas gracias, señor", les decía. Ahora ya no vienen y no tengo ese carcheo.

 

«Pero los médicos cubanos desde que están aquí en Vallegrande no han dejado de venir a verme. Yo le doy gracias a don Fidel que nos los ha manda'o para que nos puedan curar sin cobrar a los que necesitamos. Cuando vienen   estoy dándole gracias a ese señor Castro que se acordó de mandarnos estos médicos a Bolivia

 

René Cadima no puede acompañarnos hasta la puerta a despedirnos. Se endereza en su cama y semeja un busto sobre el colchón. Entonces dice esto que tal vez lo guardó para la despedida:

 

«No sé si fue la monja la que lo regó por el pueblo, pero cuando yo caminaba por las calles de Valle­grande oía que mucha gente decía a mis espaldas: "Mira, ahí va el hombre que retrató a Dios"

ORDETX; «EL ÚNICO VIVO» DE BALLAGAS

ORDETX; «EL ÚNICO VIVO» DE BALLAGAS

Por Mercedes Rodríguez García


 

«Ballagas en sombra», del investigador, crítico de arte y periodista Luis Manuel Machado Ordetx, obtuvo en 2009 el  Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara. Un año después, tras un arduo proceso editorial, bajo el sello de Capiro, como un «ángel caído», un «amoroso demonio», que se burla del tiempo.

 

En la sala «Margarita Casallas», del espacio cultural «El Mejunje», en la capital villaclareña, poco después de la presentación del texto, a cargo de Silvia Padrón Jomet, la editora,  conversamos con su autor.

 

Luis, ¿un Ballagas tan maldito como el francés Baudelaire,  el cubano Virgilio Piñera u otros poetas de la literatura universal?

 

Tanto como puedan o no aceptarlo los investigadores que acuden a la puntualidad de los criterios de este poeta y que favorecen a resaltar la maldición del escritor y pedagogo camagüeyano.

 

—   ¿Y ese maldito te inspiró?

 

No más ni menos que la excepcionalidad de su poesía; la malinterpretación de las cualidades del hombre y el derecho de éste a la diversidad sexual, por encima de patrones impuestos por una sociedad patriarcal de la  época, fue un maldito.

 

—¿Traer nuevamente a la vida a Ballagas y su personalidad, dada la mala interpretación de la conducción bisexual de su vida, del corpus de su poesía; de los criterios esgrimidos en su contra y de la acentuación de opiniones tan contradictorias?

 

Exacto. Hoy existe una apertura hacia el tema, que  resulta mucho menos prejuiciado que antes y constituye una visión más humanizada del hombre, del poeta y su razón de ser ante la condenación de y por su tiempo.

 

—¿Y has encontrado…?

 

Nuevos documentos, y testimoniantes menos prejuiciados que abordan la vida y obra de Ballagas en su territorialidad universal.

 

—Según interpreto por las palabras de Silvia Padrón Jomet, la editora,  que tuvo  su cargo la presentación de tu libro, intelectuales de la talla de Alfonso Reyes, Dulce María Loynaz, Gastón Baquero, Lezama Lima trataron de definirlo «con voz», pero ya «sin presencia en la Tierra». ¿Serías tú, entonces, el «único vivo»  en pos de una interpretación más real y reveladora?

 

Si tu pregunta a la vez constituye una afirmación, la acepto; si es para que sea yo quien lo afirme o lo niegue, prefiero dejarla en suspenso.

 

                        PALABRAS DE PRESENTACIÓN: UNA VERSIÓN

 

                La sombra de Ballagas, hacia otras posibilidades

 

«Los caminos de Dios hacia el hombre los esperó profundizando su palabra.  Vio fluir la ternura de lo divino como una sangre, como una sangre que levantará las raíces y los ramajes del árbol que le dará sombra a la interrogante y perdurable gracia de su poesía, más allá de la sombría morada del fuego y del vacío».

 

Y más adelante citó estos versos en los cuales el poeta (Camagüey, 1908-La Habana, 1954) define qué es para él el amor:

 

               La tierra entera enamorada

 

Porque el amor no es cosa triste / sino la luz, la luz hasta cegarnos/ en otra luz en que la sangre danza / levantada en los velos más veloces / o en flamígeras alas, / sobre la tierra entera enamorada.

 

A pesar de una breve existencia, el poeta  creó profusamente y con intensidad. Fue notable prosista, excelente pedagogo y hasta empleó sus facilidades de rimador en la enseñanza para activar la psicología de los niños y ayudar a  perfeccionar el aprendizaje. Desarrolló una  labor sociocultural hasta el momento desapercibida a los ojos de los principales estudiosos, quienes se han centrado solo en  algunas aristas de su figura.

 

                   Personalidad desconocida para la cultura cubana

 

A través de este libro de ensayos que hoy presenta la editorial Capiro, «Ballagas en sombra» de Luis Machado Ordetx, el lector podrá reconocer que alrededor de Emilio Ballagas existen  aspectos esenciales por dilucidar, que es todavía una personalidad desconocida para la cultura cubana.

 

Lírico de extraordinaria musicalidad,  resume tendencias de muy variadas líneas temáticas y formales. Ballagas fue en extremo cuidadoso en el dominio del idioma y manejó a plenitud los recursos expresivos. Su discurso posee el poder de concentrar toda la fuerza emotiva en una palabra, tenía una increíble percepción para captar las más diversas sensaciones y por ello ha sido calificado como «poeta de los sentidos».

 

El juegueteo y la espontaneidad  de sus textos a veces no le han favorecido  una justa apreciación, entre contradicciones y estereotipos se ocultan inercias mentales. Pero su sensualidad lírica debe ser vista hoy, por las nuevas generaciones, con una mirada más profunda.

 

                  Misterioso poeta débil de su generación

 

Vitier expresó en «Lo cubano en la poesía» palabras que han trascendido hasta hoy: «Él es el misterioso poeta débil de su generación; el que se funda en lo imponderable de la voz; el que, cediendo siempre, emerge al cabo indefenso, pero intacto y distinto, con su silenciosa palabra soplada...»

 

A partir de entonces numerosos autores se han (pre)ocupado por descifrar el enigma del «impedido»: consultemos las valoraciones de sus contemporáneos: Lezama, Piñera, Guillén… y otras más actuales: Sainz, Álvarez, López Lemus.

 

                     Visión muy transparente y desprejuiciada

 

A toda esa historia aun insuficiente se ha sumado el libro de este escritor villaclareño con una visión muy transparente y desprejuiciada sobre el tema. Acucioso investigador, Machado Ordetx  revaloriza procedimientos empíricos y aporta a la memoria literaria una cantidad considerable de documentos, frescos testimonios que deberán  atenuar lo inquietante del paradigma crítico Vitier-Piñera.

 

En sus páginas, llenas de detalles y confirmaciones, percibimos a un Ballagas más libre y cercano a lo contemporáneo, no tan tímido y evasivo, no tan radical homoerótico, no  urgido de unánime perdón por sus pecados, pues el «secreto de carne» no es tanto ya «secreto de lágrimas».

 

Por el contrario, las autorrepresiones y desgarramientos son acompañados además  por sociabilidad, además por confianza en el ser y compromiso con la gente común.

 

                        La gracia de las conversaciones de lo cotidiano

 

Machado Ordetx  testimonia y argumenta que  Santa Clara, como   ninguna otra ciudad donde radicó el poeta, le serviría de soporte para la creación de sus principales obras literarias y culturales. Aquí dio a conocer  mucha de la prosa que hasta hace muy poco se encontraba inédita, aquí se  impregna de la gracia de las conversaciones de lo cotidiano para incorporar las costumbres populares, mitos y en especial la religiosidad de procedencia africana.

 

Valga recordar su  vocación precursora por este tema mostrado, por ejemplo, en  la Antología de la poesía negra hispanoamericana (Madrid, 1935), y  Mapa de la poesía negra americana (Buenos Aires, 1946).

 

Si en el volumen del corpus lírico ballaguiano encontramos lo social como nota de ocasión —seguro todos recordarán de la edad escolar  los  conocidos versos de «Abrid bien los ojos»—, el texto de Machado Ordetx arrojará nuevas luces al respecto y se adentrará en el meritorio trabajo que hiciera para la Escuela Normal, en  la responsabilidad compartida allí con otros insignes intelectuales.

 

                   Un  texto de gran valor investigativo

 

«Ballagas en sombra», es un  texto de gran valor investigativo, fruto de la labor de decantación en fuentes donde se fusionan varios géneros literarios. El autor ha querido compartir con nosotros su hallazgo en los archivos del declamador villareño Severo Bernal Ruiz, su amigo y confesor de Ballagas, quien reveló algunas de estas intimidades, secretos que dan lugar a nuevos desafíos para biógrafos y especialistas.

 

Machado ha querido además contrastar con otros testimoniantes y revaluar el devenir de fuentes teóricas heterogéneas, su credibilidad. Al mismo tiempo  exhibe  sus propias interpretaciones, suspicacias  que le otorgan al libro un enfoque muy interesante y polémico.

 

                  Ensayo complejo  y enfoque distinto

 

Por todas estas razones, estamos en presencia de un ensayo complejo que resume  una copiosa información. Pero, a pesar de su densidad, siempre nos sentiremos incentivados con su lectura, porque es un libro sincero,  escrito con mucha pasión.

Es intenso como se lo merece el autor del controvertido poema «Elegía sin nombre» (sobre el cual se manejan  aquí  nuevas interpretaciones).

 

Creo que Ballagas en sombra nos trae enfoques distintos sobre cómo puede hacerse un estudio dedicado al poeta camagüeyano, sobretodo, porque nos brinda  una visión más humanizada, terrenal y conflictiva  y por ello es así mismo una forma de hacer justicia al gran escritor cubano desde un paradigma bien cercano a la percepción de estos tiempos.

 

VILLACLAREÑO EN LA FERIA DE FRÁNCFORT

VILLACLAREÑO EN LA FERIA DE FRÁNCFORT

Por Luis Machado Ordetx

 

El escritor villaclareño Pedro Llanes Delgado (Placetas, 1962), considerado por la crítica literaria cubana o extranjera como una de las voces representativas de la poesía cubana surgida después de la octava década del pasado siglo, forma parte de la delegación de la mayor de las Antillas que interviene en la Feria del Libro en Fráncfort, Alemania, la segunda del mundo, según los observadores.

 

Llanes Delgado, poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y traductor,  es merecedor de importantes premios literarios de Cuba y el extranjero (de la Crítica, 1994 con Diario del Ángel, así como Nosside Caribe, 2005, y Fundación de la Ciudad de Santa Clara, 2008 y 2009, respectivamente), méritos que distinguen a su palabra lírica o reflexiva al ubicarse entre los escritores con mayores reconocimientos y una carrera promisoria en las letras hispanas.

 

Entre los libros de Llanes Delgado, residente en la actualidad en Santa Clara, figuran, además, Sibilancia (1996); Sonetos de la estrella rota (2000), Ícono y Ubicuidad (2000), así como El fundidor de espada (2003), Del Norte y del Sur (2009) y Poemas nocturnos para despertar a L (2010), textos en los cuales transita hacia una mayor conceptualización y la reflexión de la palabra escrita.

 

En la estética del villaclareño no existe un facilismo posible en la comunicación con el lector; de ahí que todas las entregas literarias que formula, tiendan a una indagación en la historia a partir de la búsqueda en los orígenes clásicos y un alejamiento  de la métrica tradicional hispana.

 

En su discurso punza en una proliferación del gusto por un barroquismo distante de fundamentos herméticos en la comunicación; eso no lo dista de cierto acercamiento a la poética de los escritores de la revista Orígenes (1944-1954). Incluso, se declara deudor de los hallazgos alcanzados por esa generación literaria de mediados del pasado siglo. No obstante, persiste una huella identitaria que define a lo cubano por encima de todas las cosas que se insertan en la universalidad de los hechos.

 

El registro o corpus literario de Llanes Delgado tiene deudas que lo emparientan con la poética de Lezama Lima, de Gastón Baquero y hasta de Mariano Brull o Eugenio Florit en esa manera, a veces encerrada, de componer la palabra e instigar en la meditación y la hermenéutica trazada por el lector.

 

Nada da el poeta en facilidad; su palabra tiende a tornarse pesada, filosa en pulimentos y hasta tendenciosa en las aproximaciones polisémicas que adquiere el discurso. Eso obedece a una singularidad y una fidelidad al corpus literario en el cual surgió allá a finales de los años 80 del pasado siglo.

 

De formación autodidacta, el poeta villaclareño, con su carga de erudición clásica —muy aplatanado con los pies sobre la tierra y los ojos tendidos a su entorno—, está enclavado en la Feria del Libro de Francfort, sitio donde se distingue ahora a Argentina como país invitado de honor.

Allá, desde este primer martes de octubre  y hasta el domingo próximo, día en que se clausurará el encuentro entre escritores, libreros, traductores y editores invitados de ocasión, Llanes Delgado degustará instantes de la mejor de las literaturas y las visiones contemporáneas que se tienen sobre los argentinos Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Juan Gelman, tres de los imprescindibles autores que componen parte de las lecturas cotidianas del cubano.

En sus maletas, el villaclareño cargó con algunos de sus libros más significativos, y como un ojo avizor, más allá del beneplácito por intervenir en la feria alemana, vendrá colmado de nuevas experiencias para insistir, otra vez aunque así sea, en ese convite con una palabra que lo incita a la hora de afirmar sus versos desprovistos de un coloquialismo irreverente.

SINFÓNICA DE VILLA CLARA EN FESTIVAL DE BALLET

SINFÓNICA DE VILLA CLARA EN FESTIVAL DE BALLET

Por Luis Machado Ordetx

 

La Orquesta Sinfónica de Villa Clara intervendrá por vez primera en su historia en un Festival Internacional de Ballet de La Habana, y lo hará en la edición número 22 prevista entre el 28 de octubre y el 7 de noviembre en varias de las instalaciones teatrales de la capital del país acondicionadas para acoger uno de los eventos culturales de mayor antigüedad y  prestigio en el contexto de la danza mundial.

 

Los músicos villaclareños, junto a las orquestas del Gran Teatro de La Habana, Sinfónica Nacional, Solistas de La Habana y Liceo Mozartiano, estarán responsabilizados con la apoyatura artística a las coreografías clásicas y los estrenos mundiales que acontecerán en ese encuentro dedicado a los centenarios de los natalicios de José Lezama Lima y Galina  Ulánova.

 

También habrá un homenaje a Vladimir Vasiliev, justo en el Año Alicia Alonso, proclamado por el Ministerio de Cultura de Cuba en ocasión del nonagésimo cumpleaños de la prima ballerina absoluta, Maestra de Maestros y directora General del Ballet Nacional de Cuba.

 

El Festival tendrá sus sedes principales en el Gran Teatro de La Habana, así como en el «Kart Marx», el «Mella» y el «Lázaro Peña», todos en la Ciudad de La Habana; mientras el «Sauto», de Matanzas, «La Caridad», de Santa Clara, y «Tunas», en esa provincia del oriente del país, serán las subsedes de la actual temporada. 

 

Los dos últimos días de octubre corresponderá las actuaciones de la Sinfónica de Villa Clara en el «Kart Marx», en Primera y  10, en Miramar, y en sus repertorios, preparados de antemano para el acompañamiento orquestal, llevan piezas de Charles Gounod y Leo Delibes.

 

El sábado 30 estarán dirigidos por el maestro David de la Mora e interpretarán música de Gounod, utilizada en el ballet «Shakespeare y sus Máscaras»; una coreografía de Alicia Alonso, con interpretaciones de Vingsay Valdés y Elier Bouzac, primeros figuras del BNC.  

 

Al siguiente día, bajo la batuta del maestro Giovanni Duarte, abordarán las composiciones musicales de Delibes incluidas en el ballet «Coppelia», protagonizado por Viengsay Valdés y Elier Bouzart a partir de una coreografía de Alicia Alonso sobre la pieza original de Arthur Saint-Lear y la versión de Marius Petipá.   

 

La Sinfónica de Villa Clara, integrada en lo esencial por jóvenes músicos graduados del nivel medio y superior, tiene con su intervención en el Festival Internacional de Ballet de La Habana un momento singular en la carrera artística de cada uno de los instrumentistas, al ampliar y posibilitar el intercambio profesional con otras agrupaciones similares del país y formar en lo adelante parte indispensable de las instituciones culturales que hacen posible este certamen de carácter bianual.