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MARSALIS, LA HABANA Y EL JAZZ

MARSALIS, LA HABANA Y EL JAZZ

Por Luis Machado Ordetx

Wynton Marsalis y la Lincoln Center Jazz Orchestra serán un acontecimiento artístico durante la semana entrante en La Habana. Nadie duda eso, y mucho menos que uno de los más afamados trompetistas contemporáneos y el jazz en particular, abarroten los teatros capitalinos en las cuatro presentaciones que, de martes a sábado, tienen. Eso constituye una Perogrullada absoluta por el gusto que el género surgido en Nueva Orleáns y expandido por el mundo, goza entre músicos o sencillamente auditorios menos especializados en Cuba.

 

Por amplios que sean los teatros habaneros, y el «Mella» se ubica entre los de mayores capacidades para un espectáculo, resultarán pequeños para los públicos que arrastrarán los músicos norteamericanos invitados de ocasión por el maestro Jesús (Chucho) Valdés y el Ministerio de Cultura de Cuba. Imagino un tanto, ese sufrimiento que, estudiantes, profesores y amantes del jazz, sentirán aquellos que alejado del escenario de las actuaciones, se perderán conciertos antológicos, de lujo e intercambio con técnicas renovadoras que impone  en cada audición la Lincoln Center Jazz Orchestra de Nueva York, y Wynton Marsalis, su líder indiscutible, en particular.

 

Similar pasión hay entre los auditorios que siguen el jazz desde las sonoridades musicales de Maynard Fergunsón, Slinder Hampton, Miles Daves, John Coltrane, John Scolfield, Kannie Barroun, Dave Holland o la Big Band de la Academia de Budapest y otros instrumentistas de la talla internacional de Dave Lievand, Joshua Redman, Keiht Jarre, Steve Turre, Crhis Potter, Clifford Bronw y Dexter Gordon, solo por citar a algunos renombrados.

 

Hay que contemplar, cómo estudiantes de música, instrumentistas en ejercicio profesional, y hasta amantes del jazz  en Cuba, no pierden tiempo en hacer los más insospechados préstamos de cintas magnetofónicas, CD, DVD o en una elemental pendrive, contentivas de las discografías que por años dejan las actuaciones de Dizzy Dillespie, Freddie Hubbart, Joe Lovano, Joe Hendersson, Duke Ellington, Check Backer o Gary Burtton.

 

Eso no es fortuito, aislado, mucho menos sorpresivo. Esa es la huella de la fusión de la música, de los reencuentros de raíces ancestrales y combinaciones de timbres y melodías, y también de las lecciones pedagógicas y orquestales legadas en Cuba por Armando Romeu  a su paso por diferentes ciudades inculcando métodos de estudio sobre el jazz.

 

Es también el aporte del de los percusionista Luciano (Chano) Pozo y Silvano (Chori) Shueg; del trompetista Mario Bauzá, del saxofonista y musicógrafo Leonardo Acosta; de la pianística de Frank Emilio Fly o la Banda Gigante de Benny Moré. Además, contituye parte de herencia pianística de Bebo Valdés, del trompetista Arturo (Chico) O`Farrill y de la incorporaciones rítmicas de la música Norteamérica a la cubana, y viceversa, hechas por Dámaso Pérez Prado.

 

En la lista tendría que incluirse a la difusión que Felipe Dulzaides, la guitarristica de Leo Brouwer o las ensoñaciones perennes de Chucho Valdés o Bobby Carcassés, y por supuesto al trombonista Juan Pablo Torres, hacen o lograron en sus respectivos tiempos.

 

Los encuentros y desencuentros hay que localizarlos también en la existencia de la Jazz Band Cubana, surgida en la cuarta década del pasado siglo, así como en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC —¿cuántos grandes músicos cubanos pasaron por allí?; muchos—, de Irakere, Afrocuba, la Orquesta de Música Moderna de Las Villas, de Raíces Nuevas —con Pucho López de líder indiscutible—, y de los actuales Festivales de Jazz de La Habana, herederos de aquellos primeros Jazz Plaza a los que convocó en los años 80 del pasado siglo el showman cubano Bobby Carcassés.

 

Por si fuera poco, en esa tradición se incrusta con las actuales programaciones televisivas de «A Todo Jazz», así como de los reiterados conciertos que imponen los jóvenes  instrumentistas que tienen en ese género afronorteamericano en una constante manera de hacer música a partir de los ritmos y sonoridades más renovadoras de la contemporaneidad.

 

Por eso Wynton Learson, heredero de esa tradición jazzística que proviene de sus ancestros afronorteamericanos, y también de los familiares (Ellis, el padre; Bradford, Deldeayo y Jason, los hermanos), es considerado un músico todoterreno, y demostrará por vez primera en la Habana, como hace en cada una de sus presentaciones, que la algarabía por lo clásico y la experimentación musical, tienen un punto de contacto en esa antiquísima música transmitida de generación en generación y esparcida hacia los más recónditos lugares de esta tierra nuestra.

Merecedor de un Premio Pulitzer en música por el oratorio Blood on the fields, dedicado a las víctimas del sistema esclavista en EE.UU, Wynton Marsalis desarrolla desde 1995 junto a la Lincoln Center, de Nueva York, una vía de preservación de las raíces del jazz desde las posiciones de un neoclaciscismo impecable a la hora de abordar las sonoridades del género.

 

Ahí están los rescates que hace del jazz y el blues (Two Men With The Blues, 2008), grabado en directo en dos sesiones ofrecidas junto a Willie Nelson, y la larga lista de fonogramas que incluyen títulos de la talla de From Billie Holiday to Edith Piaf (2010); The Marsalis Fammily (2008), hasta aquellos que junto a la Lincoln Center Jazz Orquestra dio por título A Love Supreme, Cast of Cats, They Cames to Swing, por citar algunos álbumes.

 

¡Qué nadie diga!, ¿no es verdad?; sí, créalo, Wynton Marsalis y la orquesta del Lincoln Center, de Nueva York, tendrán en La Habana a un público conocedor de las riquezas inigualables del jazz, y la semana entrante se convertirá en un necesario encuentro cultural que, más allá de las fronteras que impone la hostilidad gubernamental norteamericana hacia Cuba desde 1959, demostrará que el arte no cree en imposiciones políticas que constituyan un freno al impostergable topetazo de historias y fusiones dejadas por los ancestros y contemporaneidades de ambos pueblos.

CAPIRO O EL TANGO DE GARDEL

CAPIRO O EL TANGO DE GARDEL

Por Arístides Vaga Chapú

          Uno de los sucesos culturales más importantes acaecidos en la región central, la creación de la Editorial Capiro, hace veinte años atrás, cuando el país vivía la profunda crisis económica conocida como Período Especial, fue celebrado por el Centro Provincial del Libro y la Literatura de la mejor manera que encontró su grupo de promotores de festejar una fecha de importancia para la cultura cubana.

          El rescate de actividades que se originaron en años en que aún existía un movimiento literario inédito, en su gran mayoría, y la literatura oral era imprescindible para que los escritores dieran a conocer sus obras y fueran a la búsqueda de un público  interesado en conocer esa producción que se originaba, sobre todo,  en su propio territorio, fue uno de los objetivos del programa diseñado para esta celebración.

          El espacio Poemas de uno y de otros, conducido por el escritor y  fundador de la Editorial Capiro, Ricardo Riverón, tuvo como invitado al poeta santaclareño Jorge Luis Mederos (Veleta), quien obtuviera el Premio de la 1ra Bienal de la Décima en Villa Clara, en 1992 con el poemario Otro nombre del mar y que junto a El tonto de la chaqueta negra y El libro de otros, han sido publicados por la editorial santaclareña.

          Rememorando una de aquellas actividades en que se invitaba un autor que además de leer sus textos proponía los poemas de un creador de su preferencia, esta actividad, realizada en el Museo de Artes Decorativas, logró esa especial magia en que el poeta y el público se someten a esa zona en que la poesía logra comunicar justamente lo que se está necesitando recibir. Pese al escaso público asistente esta propuesta ratificó lo atractivo que resulta escuchar los textos en la voz del propio autor en una actividad sobria y bien diseñada.

          Rememorando algunas de las actividades que en los años noventas dio a conocer a autores de la región, se convocó  a Tarde de poesía y música, realizada esta vez en la Librería Ateneo Pepe Medina, con las jóvenes poetisas Laritza Fuentes y Déborah García como invitadas, ambas con la propuesta de sendos poemarios publicados por Capiro y  El escritor en su comunidad, que propició el encuentro de Silvia Padrón, Pedro Llanes, Luis Machado Ordetx e Ileana Águila, con sus vecinos, en el edificio 12 plantas de la Riviera, donde estos autores residen.

          La celebración por estos veinte años de la casa editora de la región central incluyó la conferencia Protagonismo del editor en los procesos de gestación y transmisión literaria de ayer y de hoy, impartida por el profesor y especialista en edición Misael Moya, quien desde hace años ha mantenido un cercano vínculo con la Editorial Capiro, junto a un programa de extensión que permitió que autores y libros publicados por esta editorial llegaran hasta el Centro Penitenciario de Guamajal, el Hospital Infantil José Luis Miranda, el IPU Osvaldo Herrera, la Universidad Central de Las Villas, la Comunidad Los Sirios, la Galería Provincial de Arte y el Mejunje.

          Pero sin dudas,  la presentación de cuatro nuevos títulos salidos bajo este sello editorial centró las mayores expectativas de un público que está al tanto de las novedades y gusta de llevar a casa el libro firmado por su autor preferido.

          Fabio y otras obras teatrales, del dramaturgo Roberto Orihuela, el libro de cuentos El asere ilustrado, de Lorenzo Lunar, Irrelevancia crónica, de Ricardo Riverón y Santa Clara: hechos y vidas, de la historiadora Migdalia Cabrera, fueron presentados con la presencia de sus autores en un programa que respetó el protagonismo que precisa cada escritor en el momento de presentar un nuevo título.

          La invitación cursada al escritor  Jesús David Curbelo para que asistiera a esta celebración, quien además de ofrecer una lectura de sus poemas tuvo el pedido de las palabras de elogio a la editorial, fue sobre todo un acto atinado de corresponder y agradecer al autor que ha propiciado a esta editorial dos de sus cuatro Premios de la Crítica alcanzados por títulos publicados por Capiro.

          También fue justo el acto de reconocer la labor realizada durante años por Violeta Vera, quien a pesar de su jubilación todos la recordamos como una laboriosa y afable trabajadora de la editorial y la entrega de un Diploma por la Obra de toda la vida, al desaparecido escritor y folclorista René Batista Moreno, quien aportó diez indispensables títulos de su autoría a Capiro.

          En una tertulia realizada en el patio del Museo de Artes Decorativas se escucharon los criterios sobre la editorial de los escritores Jesús David Curbelo, con varios títulos publicados en Capiro:  El lobo y el centauro, merecedor del Premio Ser Fiel en el 2002, Parques, Premio Fundación de la ciudad, en poesía y Cárcel, memoria y abrigo y de los villaclareños Mario Brito y Daniel Alemán, quienes se han validado como atendibles escritores a través de la publicación de sus obras al amparo de esta Casa Editora. En esta actividad se le entregó a Irán Cabrera, actual director de Capiro, un Diploma de Reconocimiento del CPLL por la labor realizada en estos veinte años.

          A mi manera de ver fue un bien pensado y abarcador programa de actividades para una celebración que todos los implicados consideramos trascendental. No sólo por la cifra de más de trescientos títulos publicados hasta la fecha, las prestigiosas firmas que han salido bajo su sello: Roberto Fernández Retamar, Carilda Oliver Labra, Ángel Augier, Dora Alonso, Ambrosio Fornet, Carlos Galindo Lena y Roberto Méndez, entre otros, sino y sobre todo por el cuidado y la imagen que ha sostenido Capiro en sus títulos, convirtiéndose en una de las editoriales de provincia de mayor prestigio y alcance. Por ello en varios momentos se resaltó el trabajo del equipo editorial, su diseñador Leonardo Orozco y los comprometidos e incansables obreros de la imprenta.

          Un spot televisivo, realizado por el artista de los medios visuales Harold Díaz-Guzmán, aparecido dos días antes de la fecha inaugural de la editorial; entrevistas a alguno de sus fundadores y escritores publicados por en la misma y la invitación, a su actual director, a uno de los espacios de la programación del Telecentro; junto a algún que otro comentario en la radio, donde no fue posible realizar un spot conmemorativo y la reseña de algunas de las actividades motivadas por esta celebración, fueron tan sólo la pálida atención que tuvo en nuestros medios un acontecimiento con repercusión nacional y con trascendencia y aportes a la cultura de una isla letrada.

          Escasa trascendencia sobre todo si lo comparamos, por ejemplo,  con la repercusión que tuvo en estos mismos medios, el concierto realizado por el grupo Aceituna sin hueso, en el Teatro La Caridad, que para detrimento de este aniversario coincidió con nuestra celebración.

          Pero la escasa atención que ofrecen los medios a las actividades literarias, aún en esta ciudad en que el movimiento autoral es sólido, numeroso y reconocido nacionalmente, no es nada nuevo, sino una consecuencia de la no jerarquización y la banalización que prima en la mayoría de nuestros medios.

          Conozco el interés de algunos periodistas por revertir esta situación que pese a saber no son estos los temas priorizados, ni siquiera en los espacios culturales, muestran desde sus posibilidades este impresionante movimiento literario, que sobre todo desde los años ochentas, puede ser orgullo de nuestra región. Menciono a la periodista Hilda Cárdenas y con ella agradezco a los demás.

          Lo que sí no esperaba, al menos yo, que fuésemos nosotros mismos, en absoluta soledad,  los que nos celebráramos estos primeros veinte años de esfuerzos y dedicación por dar a conocer la literatura regional y cubana de estos tiempos, con total ausencia de funcionarios de la cultura, la Uneac, la AHS y todas las esferas sociales y políticas que uno supone se sientan parte de uno de los proyectos que más ha aportado, desde esta ciudad, a la Cultura Nacional.

          Sospecho que muchos olvidaron la fecha, o lo que me parece más grave, coincidieron con Carlos Gardel en que veinte años no es nada.


CAPIRO TIENE MAESTROS IMPRESORES

CAPIRO TIENE MAESTROS IMPRESORES

Por Luis Machado Ordetx

La editorial Capiro acaba de cumplir 20 años de existencia, y contra viento y marea sortea todo tipo de dificultades económicas para convertir el libro y la lectura en un hecho cultural sin precedentes. Similar situación sufrieron otras que en el decurso de los siglos se ubicaron en predios villaclaraños; también entonaron entuertos para convertir los textos literarios e históricos en patrimonio de la colectividad.

Días atrás hubo un diálogo formal con algunos de los maestros impresores de Capiro; son parte de aquellos que, en septiembre de 1990, con el ánimo institucional del Instituto Cubano del Libro, y los aires renovadores que insuflaron Blas Rodríguez Alemán y Ricardo Riverón Rojas, recordaron los instantes en que apareció Una tarde en el río, recopilación de cuentos de Rafael Altuna Delgado.

La historia se reabría en el vínculo del universo de los impresores. Era un tiempo que reentroncó, según datos recogidos por Manuel Dionisio González Veitía, con dos casas impresoras que existían en Santa Clara en 1857; las primeras en preparar textos, anuncios, esquelas mortuorias y todo tipo de trabajo a partir de un taller manual relacionado con tintas, papeles, grabados y cajas de letras. Los tiempos de Guttemberg encajaban entre los villaclareños.

Allí, en la calle San José número 18 (actual Enrique Villuendas) estuvo enclavada la Imprenta del Siglo, y de esos obradores salió en 1858 el primer libro fundacional relacionado con nuestra época y existencia como pueblo nacido del desprendimiento poblacional de San Juan de los Remedios: Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción, de la autoría de González Veitía.

Tal vez sea ese uno de los libros imprescindibles a los que se tiene que acudir para escudriñar parte de la historia pasada. Sin embargo, no es el único que se propagó en Santa Clara, lo que de cierta manera emparienta con la rica tradición que lega Capiro en la actualidad, ya con casi 300 títulos impresos en dos décadas de vida útil a la sociedad.

Sagua la Grande, Remedios y Caibarién, también constituyeron centros urbanos en los que proliferaron impresiones de libros, folletos y periódicos. Otro texto notable para la investigación aparece con Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción, de Antonio Miguel Alcover y Beltrán, logrado en 1905 a partir de la colaboración de tipógrafos de la Imprenta Unidos, La Historia y El Correo Español. De allí también hay otro manual antológico: Recuerdos de la Concentración (Weyleriana), de Francisco P. Machado, surgido en 1917 en una imprenta radicada en la calle Martí 11, en la Villa del Undoso.
 
Tendrían que recordarse, además, las aportaciones de Julio Arturo Valdés, para publicar en 1925 desde el periódico santaclareño Fundación, y el apoyo de la imprenta de López (en la calle Alemán número 25), el Apéndice de la Memoria Histórica de la Villa de…


Años después, la pedagoga María Dámasa Jova Baró, desde la imprenta de A. Clapera, en General Machado número 13 (actual Libertadores), publicó  Ufanías (juicios y consideraciones sobre Arpegios íntimos y otros poemarios), y con el tiempo y sufragio personal, fundó la casa Ninfas, de la cual salieron las revistas Ninfas y Umbrales, y significativas obras literarias de ese tiempo en la propagación de la cultura nacional y universal.

La memoria hay que retrotraerla también a la publicación de Cuaderno de Poesía Negra (1934), de Emilio Ballagas, en la imprenta La Nueva, de Sergio Fernández, y Pecorea (1939) y La era martiana (1941), editados en los talleres de E. Lanier, así como Balada de la espera interminable (1943), en la casa De Sed —otro taller homólogo—, todos de la autoría de Gilberto Hernández Santana.

Desde la imprenta de García-Llansó, Carlos Hernández López dio a conocer Feria y Chamberí, libros que recogían su poesía y crónicas periodísticas. Son ejemplos que demuestran en parte cómo la composición de libros en Santa Clara no constituye un hecho aislado, sino imbricado a una tradición y una historia cultural.

Esos fueron algunos de los pronunciamientos recopilados a partir de los diálogos que Reinerio Moure, Gonzalo Perdomo, Armando Llanes y Jesús Pérez —artífices en componer más de 30 libros para Capiro desde la unidad Gráfica 2 del Partido en Villa Clara—, recordaron de aquel momento en que Rodríguez Alemán y Riverón Rojas dieron los primeros pasos para erigir una editorial. En nuestros días, desde 2010, con  tecnologías modernas, ese sello de publicaciones se asegura para la posteridad los caminos del libro villaclareño, una exclusividad que brota de las brisas que circundan las montañas más altas de la ciudad.

Diría más: hay quienes ven a Samuel Feijóo como el antecedente más cercano a Capiro. No lo aseguraría en todas las probabilidades. De hecho, los libros que preparó desde 1958 ese folklorista villaclareño para el Departamento de Relaciones Culturales de la Universidad Central de Las Villas, fueron trabajados por los Impresores de Úcar García. S..A., en La Habana.

También las revistas Islas y después Signos, en una parte notable de la tradición impresora —al menos sus conclusiones—, fueron capitalinas hasta hace muy poco tiempo. Solo los grabados y algunos fotograbados de ilustración, gracias a la hechura de Barreras, el maestro impresor, salían de Santa Clara.

En los primeros tiempos de Capiro, esa cultura de imprenta total que existió antes, estaba perdida, es cierto. Sin embargo, se retomó sobre la marcha hasta en labores de corrección de galeras y de edición de textos en impresiones realizadas a partir de recorterías de papel en resmas o bobinas utilizadas en las tiradas del periódico Vanguardia.  Tendría que decir como Alcover y Beltrán, el historiador.

Al introducir su Memoria Histórica de Sagua la Grande y…, exponía: «Nadie podrá negar, sin embargo, que siempre es útil a un pueblo conservar la memoria de sus acontecimientos pasados, por muy insignificantes que parezcan, pues ellos al descorrer el velo de los tiempos, nos presentarán a ese pueblo tal como fue al principio, nos trazan la marcha que luego siguió y los progresos que hizo».

 Gracias a nuestro tiempo, y también al embrujo de muchos anónimos impresores, los escritores villaclareños tienen en la actualidad una historia que contar con la edición de libros confeccionados, casi de manera manual, por maestros impresores de Capiro.

CINCO CUBANOS SON RESPALDADOS EN EL MUNDO

CINCO CUBANOS SON RESPALDADOS EN EL MUNDO

Artistas e intelectuales cubanos reunidos en esta capital reiteraron su respaldo a Los Cinco cubanos prisioneros políticos en Estados Unidos, y llamaron a preservar la paz en el mundo.

En la ocasión fue remitido un mensaje de agradecimiento a artistas norteamericanos, fundamentalmente cineastas, por la carta que, pidiendo la libertad de esos héroes, enviaron al presidente de EE.UU. Barack Obama.

Estamos convencidos que esa carta que contribuyó a romper el silencio y dar a conocer la verdad sobre esta noble causa, expresó Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).


Como expresa ese mensaje, los Cinco no cometieron ningún crimen contra Estados Unidos, añadió.


La legendaria bailarina Alicia Alonso expresó por su parte: es nuestra vida la que estamos defendiendo, tenemos que unirnos.

Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano, y Abel Prieto, ministro de cultura se encontraban entre los presentes, informó la televisión local.

ALICIA INVITÓ A OBAMA A VISITAR LA HABANA

Alicia Alonso invitó al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a viajar a Cuba en octubre próximo con su familia para asistir al Festival Internacional de Ballet de La Habana que ella preside.

“Quiero invitar al presidente de los Estados Unidos a venir a Cuba al Festival de Ballet junto a su esposa e hijas a ver la belleza del arte, el amor y la vida”, manifestó Alonso, en inglés.

La edición 22 del Festival de Ballet de La Habana -del 28 de octubre al 7 de noviembre próximos- tendrá como plato fuerte el regreso del American Ballet Theatre (ABT) a Cuba tras 50 años, y la presencia del New York City Ballet (antiguo Ballet Caravan), donde Alonso inició su carrera como bailarina clásica en Estados Unidos.

Alicia Alonso agradeció además a un grupo de cineastas y artistas estadounidenses, entre los que figuran Oliver Stone, Michael Moore, Danny Glover, Susan Sarandon, Benicio del Toro, Sean Penn, Bonnie Raitt y Ry Cooder, que se sumaran a la iniciativa de enviar una carta al presidente Obama pidiendo la liberación de los cubanos.

“Es maravilloso como este grupo de gente intelectual noble han escrito esa carta y tenido la valentía de darla a conocer y mandarsela al presidente de EE.UU.”, señaló Alonso que en junio pasado recibió un homenaje del ABT, en Nueva York, por sus 90 años, que cumplirá en diciembre.

En el acto, amenizado por músicos y en el fue desvelado un mural dedicado a la paz, también intervino el presidente del Parlamento de la isla, Ricardo Alarcón, quien saludó “con gratitud el noble gesto de quienes representan lo mejor de un pueblo que siempre será nuestro hermano”.

Los cubanos Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Fernando González y Antonio Guerrero fueron condenados en 2001 por un tribunal en Miami a penas de prisión que van de 15 años a doble cadena perpetua.

Mensaje a nuestros colegas estadounidenses

Por Miguel Barnet

Nosotros, los escritores y artistas cubanos, que también amamos la justicia y la paz, les expresamos a través de este mensaje nuestro más profundo agradecimiento por su solidaridad con la causa de los cinco cubanos encarcelados ilegalmente en cárceles de los ESTADOS UNIDOS. Estamos convencidos de que la carta que enviaron al Presidente Barack Obama ha contribuido a romper el ultrajante silencio que pretende ocultar la verdad sobre esta noble causa.

Nuestros compatriotas han cumplido en estos días doce largos y tortuosos años de prisión sólo por proteger a su país de actos terroristas. Como bien expresan en su carta los Cinco no cometieron ningún crimen contra el gobierno de los ESTADOS UNIDOS ni sus acciones constituyeron amenaza alguna para su estabilidad.

La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la organización de jóvenes escritores y artistas cubanos (AHS), agradecen ese gesto a Danny Glover, Ed Asner, Susan Sarandon, Oliver Stone, Sean Penn, Benicio del Toro, Pete Seeger, Noam Chomsky, Michael Moore, por sólo mencionar algunos entre muchos que han firmado esta carta.

Esperamos que el Presidente Obama tenga la cordura y el valor de ejercer su autoridad presidencial para que nuestros cinco hermanos puedan regresar a su país, a sus hogares y a sus familias.
Sabemos que ustedes representan los más puros sentimientos del pueblo de ESTADOS UNIDOS a favor de la justicia y la paz.

             Poema de Nancy Morejón para Antonio Guerrero

                     Volverás
                     Desde el Sur, de cara al sol, tocamos a tu puerta clausurada
                     para entregarte nuestra palabra en su ensueño feroz, pero
                     con su ojo despierto que dice la verdad, la huella del espanto,
                     así como la fuerza del amor.
                     Tus poemas han sabido atravesar los muros que ahora te
                     devuelven los poemas nuestros, amasados desde un Pilón
                     de arena y piedra en cuyo paisaje se han plantado, triunfales,
                     tu voz y tu esperanza, pues con ellas hemos podido convivir
                     y con ellas también hemos cantado a la orilla de esta ensenada,
                     de frente a la montaña. Tú no estás solo porque eres tú
                     nuestra palabra, porque eres tú nuestra esperanza. Ya no
                     estarás solo jamás pues tu dolor se nos vuelve rocío, porque
                     tu soledad, cima o abismo, no carece de sueños.
                     Soñaremos contigo. Te traeremos a estas montañas y a este
                     mar porque regresarás como un rey confidente, porque ya
                     estás volviendo y queremos creer que es este tu retorno:
                     Aquí hay aves, estrellas, lluvias, ríos,
                     árboles que dan frutos y dan sombra…
                     Esta es tu casa.
                     Porque tu casa visible es la palabra.
                     Piensa, guardián de los escudos, que pronto habrá un
                     amanecer en donde entonaremos juntos el himno
                     incabable del amor.

                              Nancy Morejón.
                          Ensenada de Mora, Pilón de Manzanillo, 7 de septiembre de 2003

Palabras de KCHO

Buenas tardes.

Me complace muchísimo tomar la palabra luego de Alicia, de Nancy, de Miguel.

Cuando supe que Alicia estaría aquí hoy con nosotros, pensé: finalmente estará en el Maine la paloma de la paz que Picasso prometió. Alicia es nuestra paloma de la paz, tenerla aquí con ese mensaje es una maravilla. Nos muestra que somos un pueblo especial, que somos un pueblo grande.

Estamos aquí porque no bastan las acciones, nada es suficiente. Estamos en el Maine, este monumento a un pretexto, y en él debemos pensar que nuestros cinco héroes impidieron que una vez más se levantara un falso pretexto para invadr a Cuba.

Es algo que merece todo el respeto, todo el apoyo, todas nuestras energías y toda nuestra lucha. Por eso estamos y estaremos siempre aquí los artistas cubanos, hasta que los cinco sean liberados.

Por eso liberaremos aquí ahora cinco palomas. Palomas de Guanabacoa, palomas cubanas.

HABANOS EN EL MEJUNJE

HABANOS EN EL MEJUNJE

Por Héctor Darío Reyes

Un nuevo espacio inauguró el Centro Cultural El Mejunje, de Santa Clara, cuando tabaqueros, tabacólogos, artistas, intelectuales y público en general se encontraron para conocer la historia, degustar la esencia, y enamorar a todos con la cultura del Habano.
 
Con la conducción de Bárbara Hernández Pérez, la anuencia de Ramón Silverio, los funcionarios de la tabaquería LV-9, la Sociedad Cultural José Martí y el entusiasmo del lector Francisco Águila, esta idea germina como hoja, se recoge por sí sola, despalilla, seca y somete a los procesos de torcedura y hechura de los tabacos que se convierten en el símbolo y la tradición más cubana desde 1492.
 
Esta humeante tertulia intenta desplegarse en proyecto educativo contra la satanización que ha habido respecto al consumo del Habano, que más que fumarse, se degusta, se siente, se huele, se vive. Viene a ser hasta una especie de actitud imbricada a la personalidad e idiosincrasia de aquel que lo consume.
 
«Yo me enamoré de la cultura del tabaco —comenta Bárbara Hernández, quien quiere fomentar este proyecto—, porque que estoy convencida que Santa Clara desconoce tal cultura.»
 
Y es que una cosa es fumar y otra muy distinta es conocer. Una es llenarse los pulmones de los olores naturales incendiados, y algún que otro cáncer; y otra es viajar por el mundo de las vegas, las tabaquerías, las cajas y las marcas del Habano. Quien esto escribe no fuma nada, y como Baby, se ha motivado en aprender tal cultura.
 
Así humeó la peña en su estreno, entre olores, bocanadas y cenizas compartidas con la bella voz de Damaris Figueroa, las explicaciones de cómo escoger el puro, encenderlo con su tablilla de cedro, o las reseñas de Ubaldo Vila acerca los escritos del Apóstol José Martí sobre el Habano.
 
Como las hojas que en la LV-9 se convertirán en puros de exportación, así espera y se procesa el próximo encuentro, el 29 de septiembre, con más bocanadas, más canciones, más invitados y el placer de degustar un buen Habano.

BALLAGAS EN SOMBRA: CÓDICES DEL SILENCIO (lII)

BALLAGAS EN SOMBRA: CÓDICES DEL SILENCIO (lII)

Ballagas en sombra (Editorial Capiro, 2010. Colección Premio), trata de redescubrir desde la óptica de la contrastación de fuentes documentales, escritas por el escritor camagüeyano antes de fallecer en 1954, y testimonio de importantes intelectuales cubanos que lo conocieron en la ciudad de Santa Clara, al centro de Cuba, aspectos de la vida y obra del poeta no reseñados hasta el presente.

Un énfasis desacralizador persiste en el desmontaje de un mito de la poesía cubana contemporánea, y persiste en el ensayo un propósito acercarlo a una propuesta más humanizada en nuestro tiempo.

 Por vez primera, en ocasión del aniversario 56 del fallecimiento del poeta camagüeyano, aparecen algunos de los fragmentos que componen el primer capítulo de ese ensayo literario que aborda interesantes pasajes de quien es, por así decirlo, uno de los escritores cubanos más avizorado desde una óptica crítica del homoerotismo.



Por Luis Machado Ordetx

                         
Otra aclaración válida: de igual modo, se procrea en Santa Clara. Ballagas, el poeta esencial como lo definió Mañach, tiene en Nuestra Señora del Mar (1943) un reencuentro con la religiosidad insular de nuestro pueblo.

 Eso, nadie lo duda. No por gusto, desde que  abandona el alquiler de Pernas, en Villuendas entre Tristá y Padre Chao, y arrienda el último y definitivo apartamento, a principios de 1938, lo denomina «Villa Oshún»; de ahí que en muchos de los poemas de índoles diversas, florezcan atributos y herramientas asociativas de esa deidad. En ningún otro lugar de Cuba Ballagas se impregnó tanto de la gracia de las conversaciones y de un conocimiento que lo «adentrara» en costumbres, mitos y la cultura religiosa de los afrocubanos.

Después de la última carta de Ballagas, fechada el lunes 15 de marzo de 1948 en la calle Juan Delgado número 52, barriada de Santo Suárez, en La Habana, sobrevino la ruptura total con la amistad que le profesó Severo Bernal Ruiz. No hubo más reconciliación y afectividad; y las diligencias, transcripciones mecanográficas y chismografías que cursó el otro, se rompieron de cuajo.

Es la época en que prepara Cielo en Rehenes, Premio Nacional de Poesía en 1951, y escribe versos infantiles que dedica al hijo, mientras reitera en alguna parte textos que muestran cierto resquebrajamiento interior al saberse dominado por un  mal incurable, la enfermedad crónica que mina desde un tiempo atrás los aparatos hepático y renal. Es un hombre cercado por la muerte, la espiritualidad dolida, la sociedad, y también la familia. Entonces, el poeta quedó varado, ipso-facto, como un estanco en afectividad por Santa Clara.

Un fragmento de Ballagas, de enaltecimiento de la realidad, de exploración a su cultura, también a los quebrantos, alegrías, zozobras, dimes y diretes, inversión y trasgresión individual de normativas sociales, y la intimidad escondida, tapiada a la publicidad, dejan un rastro; no cabe dudas, el poeta todavía reside entre nosotros empeñado en contar verdaderas historias más allá de cualquier sobreestimación comunicativa de lo elíptico, en la manera de aprehender otros caminos abarcadores y de firmezas en el conocimiento de los misterios que impregnaron su existencia social. (Continuará).


BALLAGAS EN SOMBRA: CÓDICES DEL SILENCIO (lI)

BALLAGAS EN SOMBRA: CÓDICES DEL SILENCIO (lI)

Ballagas en sombra (Editorial Capiro, 2010. Colección Premio), es un libro que pone un énfasis desacralizador por deconstruir un mito de la poesía cubana contemporánea y acercarlo a una propuesta más humanizada en nuestro tiempo. Por vez primera, en ocasión del aniversario 56 del fallecimiento del poeta camagüeyano, aparecen algunos de los fragmentos que componen el primer capítulo de ese ensayo literario, compuesto a partir de documentaciones inéditas escritas por el Ballagas o algunos de sus amigos más cercanos. Tributo a un poeta, también al hombre, que aún yace sin exhumar su cadaver, en el Cementerio de Colón, en Ciudad de La Habana, ciudad en la que falleció el sábado 11 de septiembre de 1954.

Por Luis Machado Ordetx

Muchos de los criterios expuestos en la ensayística de ese escritor, y hablo desde «La poesía en mí»; los dedicados a Sergio Lifar o Rosanrd, hasta «Castillo Interior», tienen fundamentos previos o posteriores en una carta que remitió a Severo Bernal en 1939:

«[…] Escribir hoy en día, supone las más escrupulosas responsabilidades para no caer en portorriqueñismos ni en centroamericanismos. Tener un cúmulo de  conocimientos prácticos y teóricos enormes; amar la naturaleza hasta dañarnos, durmiendo debajo de un árbol noches enteras, recorriendo a pie los pueblos como hacía Unamuno, como hace John Dos Passos... o en borrico como Juan Ramón en Platero, comulgando sinceramente con hombres de todos los oficios, de todas las razas e ideas. Y saberse el idioma. Ahora que soy profesor de Gramática lo sé, aunque siempre lo adiviné. Trágico el destino de las provincias donde no hay público para crear un teatro, donde no hay oídos para una coral popular ni sensibilidades finas para el verso. En toda Cuba pero más aún en el interior, hay que ir contra el aplauso; torcerle el pescuezo, buscar otros estímulos más positivos o más ideales. Nosotros mismos tenemos en parte la culpa, por intentar divertir alguna vez a la gente con la gracia dolorosa y el sagrado dolor del negro;  por elevar a categoría de arte el chiste reiterado; por no engrifarnos contra el ambiente que, de un modo o del otro, nos desamparará siempre, porque nuestro vinagre no se compadece con su aceite burgués y digestivo.

Mientras ya sea necesario acudir al «Doctor fulano» para realizar el orden espiritual, estamos perdidos. Los doctores no son nada ni saben nada ni aman nada que no sea su mediocridad de orondos pavos de aldea. Los profesores, pluma de ave ridícula; los abogados, aspirantes a políticos y cazadores de pleitos; los médicos, gente más útil sin duda, pero que no han descubierto tampoco el Mediterráneo. Yo miro con bastante ironía al que me dice Doctor y con mucho cariño al que sin intenciones de faltarme al respeto me llama por mi nombre de pila. Después de todo, como decía la negra Horacia,(1) «cuando te muera, Dios no te pregunta má que si tú fuíte bueno, y no te ñama dotó sino como lo nombre que te puso e cura».  La gente se reirá, pero Horacia le da más Color y sabor a Cuba que todos los doctores juntos y la sociedad picúa que da vueltas por el parque..

Toda explicación es superflua: cree a toda costa en la salvación del país, y mira desde la perspectiva del profesional amparado en el credo religioso; hay comprometimiento, y recuerda aquellos «poemas sociales y de servicio» escritos antes de pronunciarse en la urgencia solidaria con Puerto Rico; la repercusión de la República Española o los días cubanos y universales de García Lorca.

Piensa al igual que Martí: «[…] Quién no ayuda a levantar el espíritu de la masa ignorante y enorme, renuncia voluntariamente a su libertad…»,(2)  criterio que  retoma durante una disertación dada el primer lustro de la cuarta década del pasado siglo. Más sincero no puede ser: solicita permisos estatales y va a las cárceles de Santa Clara y Remedios, según los esfuerzos institucionales del Club Umbrales, y da disertaciones públicas.

Juan Domínguez Arbelo, en la presentación de «La Condición Martiana», conferencia dictada por Ballagas el jueves 28 de Enero de 1943, examina ante a los reclusos y el personal militar, aquellos valores literarios y pedagógicos que el disertante entiende como reclamos del mejoramiento humano, la reivindicación social del individuo, y la validez en las perspectivas comunitarias para barrios humildes.

Los conceptos coinciden con los expuestos en «Castillo Interior»,  lección impartida  el viernes 14 de mayo de 1943, a instancias de la Sociedad Artístico-Cultural Ateneo de Villa Clara.  Aunque no está dicho en ninguna parte, sirvió para desafiar respuestas puntuales de José Ángel Buesa, quien defendió en Umbrales sus criterios sobre la «Decadencia de la poesía: responso al vanguardismo» y «Renacimiento de la poesía», ambos en charlas del sábado y domingo 16 y 17 de mayo, respectivamente, de 1936.

Esos tópicos, por un tiempo, quedaron pendientes de Ballagas, y cuando regresó de Francia en 1938, enfrentó la polémica. Obvio, todos conocemos las argumentaciones, pero en el «callejón» particular de una provincia, con hombres dispuestos a pensar, hubo alientos para retomar la poesía desde diferentes cauces estéticos en los que imperó el sentido de «No copiar, no imitar, crear una obra de arte por ella misma —o, de otra manera: una obra de arte es una realidad cósmica que el artista agrega a la naturaleza…»

Por eso, en «Castillo Interior»,(3) alertó: «En una época de colaboración en que la comunidad de bienestar es anhelo ecuménico, un ansia de los espíritus auténticamente cristianos inspirados en la fe de los grandes fundadores, el poeta no ha de quedarse solo en poeta, sino fundirse amorosamente al hombre, a su hermano...».  

Mayores insistencias sobre su intervención, desde el sentido de la entrega de Martí a la comunidad Iberoamericana, al mundo, y en especial a Cuba y Puerto Rico, se localizan en la comparación implícita de la Epístola Universal de Santiago: «Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, sino se demuestra con hechos, es cosa muerta»,  insistiendo, que «Tal vez alguno dirá: tu tienes fe, y yo tengo hechos. Muéstrame tu fe sin hechos, y yo te mostraré mi fe con mis hechos».

El camagüeyano es preciso, y dice: «[...] El verdadero poeta sabe que el hecho lírico puro es inefable e incomunicable y, conciente de esta realidad, habla como él “sabe” y “puede”, como el que sabe poco y puede mucho, como el que se alza sobre los talones sin acercarse al cielo ni más ni menos, pero soñando que su frente se quema en azul místico...»(4)

 Después, refrenda: «La salvación del hombre está en el espíritu; la salvación de la poesía también…»,(5)  y sedimenta ambos en «estado de gracia» para el engrandecimiento de lo humano perdurable. Aun cuando esas formas de actuación social cambien o se transformen por determinados hechos o azares, lo espiritual contribuye al incremento individual del hombre y su desenvolvimiento personal.

Cierta vez también expuso: «El microscopio define las patitas, analiza los segmentos del cuerpo, la ingeniosa disposición de los ojos… pero a Dios, es decir, a la misma mariposa no se la encuentra por ninguna parte, exactamente como le sucede al crítico cuando se pone a buscar al poeta en las palabras del poema.» (6)

Son claves. Sin duda, eso sucede con sistematicidad en Ballagas. Años antes, similares intuiciones quedaron atrapados en «Crisis y crítica»,  artículo que dio a la revista Umbrales. Después los desdobló con mayor ensanchamiento en «Sergio Lifar, el hombre del espacio», y también en «Ronsard, ni más ni menos». En relación al danzante ruso, indica: «[…] es mil veces mejor ser cenicienta con plena conciencia de su condición y de sus posibilidades de rebeldía que convertirse en esas momias que son hoy las princesas, figuras ciertamente irreales situadas en un mundo de espaldas a la historia […]»  (7)

Ahí, de similar modo, está la valoración en «La poesía en mí», definitoria en la comprensión de su estética y ética: «[quien sea] capaz de impresionarse ante la fina arquitectura de la rosa ha de serlo de sufrir con más intensidad que otro hombre alguno la injusticia humana o la barbarie de la guerra egoísta; […] ser poeta comporta una actitud ante las cosas, una responsabilidad en todos los órdenes del vivir y del saber. Ser poeta es tomar antes de escribir una actitud vital…» (8)

Es febrero de 1943, y Ballagas está urgido de labores pedagógicas, a la par que prepara otra instrucción teórica. El domingo 11 de abril acude al Aula Magna del Instituto de Segunda Enseñanza, y dicta «El aporte vivo de Heredia a las Letras Cubanas», texto panorámico que inició el curso de Extensión Universitaria de ese centro docente. Más adelante formula su «Curva de la poesía española actual», versión villaclareña mucho más amplia a la planteada antes en la Institución Hispano-Cubano de Cultura de La Habana. Baste apuntar que ese escrito, por carta dirigida al declamador,  fue solicitado con urgencia en 1946 durante la estancia del poeta en los  Estados Unidos.

En cambio, nula mención hace la crítica literaria al prólogo «A un doble destino lírico», introducción a Canción Cruzada,  poemario de las hermanas Aída y Acacia Hernández Jiménez, alumnas graduadas en 1939 en la Normal para Maestros. Acude, en coincidencia, a «La poesía en mí», y allí remata:


 «La poesía existe independientemente del poeta; muérase de llanto en la lluvia, se desnuda en una rosa o asciende libre desde la mar en el júbilo blanco de una gaviota; entonces, pasa a la gravidez que incita la comparación en las actitudes vitales de un lírico, un filósofo y un investigador científico, no en el acto de crear, sino de descubrir, rastrear y hallar con la agudeza que corresponde a cada cual, las beldades  escondidas detrás los ojos vedados en otros, y abiertos, como elegidos, en la plenitud de los escogidos para el canto de una realidad tangible y hasta misteriosa.» (9)

Invoca a Bernanos, a Jorge de Lima, a León Felipe, y al neomisticismo español, como quien recuerda las ensoñaciones de Claudel y la resolución matemática de un instante poético dado; manera en que percibe la experiencia inscripta en el acontecimiento espiritual. También refiere nombres de poetisas, grandes escritoras en las letras cubanas; enumera curiosidades líricas, de composición y de estilo, y obtiene valoraciones estéticas con el propósito de resaltar las calidades del minúsculo libro que comenta.    

El sábado 17 de junio de 1944, frente al auditorio de la Sociedad Artístico Cultural Ateneo, presenta la conferencia «Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido)», y reconoce al poeta en el centenario de una muerte brutal propiciada por la intriga del colonialismo español; detalla aspectos de la  Conspiración de la Escalera; recuerda los infaustos tiempos de la esclavitud; particulariza en la historia de los ingenios azucareros, y  recita sonetos y romances de Poesías Completas del infortunado bardo, según las recopilaciones impresas en 1886 por el biógrafo Sebastián Alfredo de Morales. Es una lástima que esa disertación —tal vez perdida en alguna gaveta—, no esté incorporada en libros de Ballagas, y sólo su existencia se inscriba a programas literarios y  notas de  prensa de la época villaclareña.

Muchos de esos soplos teóricos se suceden a la existencia de los más cuestionados poemas agrupados en Sabor eterno (1939); libro que, por sus distintivos temáticos y estilísticos, coloca a Ballagas  —desde que Piñera desató un sonado aldabonazo—, en vórtice crítico, satánico y de apreciaciones subjetivas en el campo de la literatura cubana.

Errores de todo tipo, evaluaciones infundadas, criterios irreverentes e historias mal hilvanadas, manan de continuo. No obstante, existen hechos espirituales que no se corresponden con exactitud a enunciaciones apriorísticas sobre su poética e intimidad.

De allá acá, en la evaluación, los investigadores se afanan en los deméritos, aciertos, violaciones de «patrones», (auto) laceraciones y…Es Ballagas quien, para asombros de muchos, dirá aquí en letra  propia y no en voz ajena, gracias a la papelería original de Severo Bernal Ruiz, el por qué «Elegía sin nombre» se estaciona  dentro de los «misterios dolorosos» de su poética. Razones sobran para que, por vez primera, en público, se decante esa afirmación, y comiencen a considerarse otros cimientos menos especulativos.

Luis Álvarez Álvarez justiprecia el hecho: «Extraña permanencia la de Emilio Ballagas en nuestra poesía, donde se mantiene como un recinto aislado o una peligrosa excepción. La crítica, década tras década, parece estar más dispuesta a concederle algún sitio, uno cualquiera, que a descubrir el suyo exacto […]» (10)

 Con «Elegía sin nombre»  nació en 1936 la primera señal de ataque descarnado. Desde entonces no se contienen las suposiciones y los diretes en torno a la “sexualidad dolida”, “el pecado”, “la trasgresión”, “la irreverencia” y “el homo (erotismo)”. Pienso que la osamenta del poeta y su capitalidad artística, al cabo de tanto tiempo, aún se remueven de soberbia ante yerros desfigurados.

Prior Rice expone ¿sobre un ejemplar que vio?, pero no lo muestra: «[…] al lado del primer verso, la segunda estrofa y los tres últimos versos de la tercera, Emilio indica [en «Elegía sin nombre»], “Intuición directa Playa de Varadero”. Al lado de estos tres últimos versos añade, “Varios días de contemplación del mar”. También se quedan con el poeta recuerdos de visitas a la costa norte de Camagüey […]» (11)

¿Cosa extraña?: el escenario del poema nada tiene que ver con ese balneario natural de la costa norte de Matanzas. Gravísimo error repetitivo que acogen la ensayista Rosa Pallas y otros investigadores.  No es el «contexto» originario y tampoco artificial o imaginativo en que se desbocó la idea sugerente del texto y el sujeto lírico. Más descabellado reiterar lo expuesto por Víctor Rodríguez Núñez a partir de los criterios de Piñera:

 «[…] nos ha ofrecido un testimonio incuestionable sobre el comportamiento homosexual de nuestro poeta y sus repercusiones sociales. Cuando comenta “Elegía sin nombre”, nos informa que entre 1937 y 1938 “Ballagas acaba de salir […] de un amor fracasado con una persona de su mismo sexo”, experiencia que motiva el poema [...]»  (12)

Sin embargo, Salvador Bueno señala: «[…] El nombre de la amada ¿para qué le sirve? ¿Para qué le sirve su canción, el vibrar de su poesía? […], de antaño niño jubiloso, querencioso de los goces de la hermosa naturaleza, ha visto deshacer entre sus manos la maravilla de las cosas, aquellas cosas cuyo tacto se regocijaba con su contacto. Ya es otro el sabor que paladea […]» (13)

A diferencia de algunos estudiosos, no está interesado en «desempolvar» una identificación, un sexo; pero en cambio, es categórico, define al otro: una mujer.

Un temporal de «averiguaciones» anuncian, y no cesan, que el poeta dio la «caída al abismo» con Sabor eterno. Con juicios críticos y ojos especulativos se juzgan hechos creativos y actuaciones personales que no encajan con la verdad.

Ballagas está «Satanizado». Versos por dentro encontramos: «Yo andaba por la arena demasiado ligero, / demasiado dios trémulo para mis soledades, / hijo del esperanto de todas las gargantas, /  pródigo de miradas blancas, sin vuelo fijo».

Luego dice: «(¿Mis dedos sin moverse repasaban en sueños? Tus cabellos endrinos.)/ Así anduvimos luego uno al lado del otro, / y pude describir que era tu cuerpo alegre/ una cosa que crece como una llamarada que desafía al viento, / mástil, columna, torre, en ritmo de estatura/ y era la primavera inquieta de tu sangre/ una música presa en tus quemadas carnes. » (14)

Después: «Luz de soles remotos, / perdidos en la noche morada de los siglos, / venía a acrisolarse en tus ojos oblicuos, / rasgados levemente, /  con esa indiferencia que levanta las cejas.»

Termina con un quietismo de sufrimiento: «Y entre mis labios tristes se mecerá tu nombre/ que no me servirá para llamarte/ y lo pronuncio siempre, inútil, siempre inútil, /  inútilmente siempre.»

Ahora, ¿dónde está la “caída del ángel”, el “sexo como pecado original” y la “verdad erótica” o el “nefando”?  Recientemente Enrique Saínz subraya:

   «Hay en el poeta una compulsión natural, una honestidad imperiosa que decide su encuentro con el otro, el amante, el objeto de su deseo carnal y espiritual […] enriquece la belleza propia del amado […] él sabía de la existencia del amado desde antes de aparecer, presente siempre en sus más ocultas y oscuras apetencias, con las que aprendió a dialogar desde muy joven.» (15)

Antes que Ballagas responda por segunda vez, y en lo adelante para siempre, observemos que Saínz de la Torriente insiste en la asociación establecida para identificar al otro con el género masculino. Contrastados los subrayados de  «Elegía sin nombre», encontramos: el escritor estaba errante, buscaba calmar el amor y se pronuncia «pródigo de miradas blancas, sin vuelo fijo»;  hace referencia al pelo de la persona; obvio, lo insta al desgarramiento cuando luce «cabellos endrinos»; es por tanto una joven que denomina «llamarada que desafía al viento»; además,  por su gracia tiene el esplendor de la vida y la sitúa como «primavera inquieta de tu sangre»; llena del gozo rítmico de « una música presa en tus quemadas carnes», y decanta el color de la piel, ese que llegó a la isla con los ancestros «perdidos en la noche morada de los siglos», y define el mestizaje y el fenotipo con «ojos oblicuos,/ rasgados levemente,/  con esa indiferencia que levanta las cejas», para al final dejar el sollozo «lo pronuncio siempre, inútil, siempre inútil,/ inútilmente siempre». Estas representan apuntaciones esenciales que emplean algunos críticos.

¿Quién sabe si la apreciación anterior resulte pueril? Sin embargo, aquí viene lo trascendente, esclarecedor e irrevocable. En confesión íntima, más de medio siglo atrás, Ballagas escribe a Severo Bernal Ruiz el sábado 11 de enero de 1947 desde 999 Pelham, Parway 67, Nueva York, Estados Unidos:

«En realidad yo he muerto desde que sucedió la tragedia de la mulata de Manzanillo y escribí la “Elegía Sin Nombre”.  Todavía estoy herido de aquello; todavía estoy como un sonámbulo. Por eso no tengo del todo interés en la vida. El saber que otro le tiene puesta accesoria y le regala chales de burato y pantuflas bordadas me llena de desesperación. En los días en que el brandy se me va a la cabeza, o el whiskey se me sube demasiado, o me meto en la casa de la fea de aquí, me dan ganas de llorar. Aquello fue para mí el verdadero romance. La canela me hizo feliz […]» (16)

En estremecido sentido criollo todos quedamos con la boca abierta. Ballagas con su precisión no deja mayor opción en la impugnación. Habrá que redefinir y re (considerar) muchos aspectos teóricos, poco puntuales del sujeto erótico en torno a la pieza capital de Sabor eterno, y tendrá que revisarse también la poética terminante del escritor en cuanto al hetero-homosexualismo.

Antes ocurre la referencia a Hortensia ¿G.H?, joven mulata de Manzanillo, a quien el escritor conoció en esa ciudad durante una visita, y la cortejó allí cuando estaba instalado en la casa de Alicia Ballagas, la hermana de Buenaventura, Holguín.

En carta recogida aquí Ballagas lo expresa con claridad: la joven doméstica abandonó los furtivos amores con el poeta para vincularse, en calidad de «amante», a un político de la zona oriental, y ese acontecimiento descarta otras  lecturas que, críticos y estudiosos, observan de manera impresionista en un poema inscripto dentro de un contexto de rasgadura y desazón existencial, de  sufrido amor trunco e imposible. Por tanto, no tiene su origen en  un vínculo «homosexual», como señala Virgilio Piñera.

 Eso es evidente. Si leemos los versos y asumimos un detenimiento hacia la referencia de la soledad que persiste, a la liviandad  de los actos y amoríos diversos de juventud, la búsqueda afirmativa de la «autoculpabilidad», queda atada más al erotismo heterosexual que proyecta el sujeto quebrantado y adolorido por lo que escapó. En última instancia, habría que considerarlo tendente a un sentimiento reprimido de la bisexualidad.

Sin la presencia de esa correspondencia sostenida con el declamador villaclareño —la más vasta y original refrendada hasta 1948—, casi seguro, el cotilleo sobre la expresión-legitimación del sujeto homosexual se prolongaría a lo indefinido. Nadie discute que en el poeta aparezcan atisbos frecuentes  de articulación de una estética y una ontología homoerótica con marcado enunciado en la identidad sexual individual que se esconde en lo expuesto por los versos, los símbolos y el universo subjetivo.

Obvio, se extiende a un homoerotismo que, en ocasiones, sitúa su abarcadora explicitud en el deseo homosexual. Sin embargo, en las cartas, las evidencias significativas son tácitas, y lo  segundo adquiere proporción en la voz del escribiente, y por igual en la recepción y decodificación  indagatoria.

Ballagas vive inmerso en sociedad, y los documentos lo afirman en el aprisionamiento de normativas heterosexistas de una cultura patriarcal y machista capaz de acorralarlo; y un resbalón público concitaría la negación de ese otro sexual apto para el ejercicio pedagógico. Una purga, tal vez, lo invalidaría en la profesión y ulterior realización económica y familiar.

También, como creyente, recibe el férreo sentimiento de la homofobia eclesiástica que insiste, en todos los dictados, en que el matrimonio representa una institución sagrada entre el hombre y la mujer. No dudo tampoco que los vericuetos de las elipsis, claves referenciales y contextuales, estén pudientes en  recursos tropológicos que solapan el erotismo y todas las derivaciones homosexuales.

Aquí, surge la interrogante: ¿Seguiremos con el pataleo en idénticos lodazales?  No lo creo necesario, pues son más trascendentes otras apuntaciones. La «maldición» de Ballagas, y en él, estuvo vigente, tal vez en otras zonas jamás interesantes    —por la libertad y elección que toca a cada cual—, no así en la experiencia y la realización de «Elegía sin nombre», como expuso. Similar atajo puede que se compare, y hasta se empariente decisivamente en otros poemas surgidos casi al unísono por la preocupación de la existencia y la prolongación de la especie: la muerte, el olvido, el amor, el dolor y…

NOTAS

 (1)- SÁNCHEZ SOA, HORACIA: [La Esperanza, 1893-Santa Clara, 1957]. Casera de Ballagas.
 
 (2)- CONFERENCIA OFRECIDA en el Ateneo de Villaclara, primero, y luego el sábado 12 de junio de 1948 durante la presentación del declamador Bernal Ruiz en el teatro «La Caridad», en Santa Clara.
 
  (3)- EMILIO BALLAGAS: «Castillo Interior», Ob. cit., p. 289.
 
  (4)-  EMILIO BALLAGAS (1984): «Sergio Lifar, el hombre del espacio», Obra poética, pp. 241-242, Editorial Letras Cubanas, La Habana.
 
  (5)- EMILIO BALLAGAs (1934): «Crisis y crítica», Umbrales, 1(1):11; Santa Clara, Las Villas, sábado 15 de septiembre.

  (6)- EMILIO BALLAGAS (1984): Ob. cit., p. 239.

  (7)-Ídem, pp.233-234.

  (8)- EMILIO BALLAGAS (1940): Prólogo a Canción Cruzada, pp. 7-13, de Acacia y Aída Hernández Jiménez, Editorial La Verónica, La Habana.

  (9)- Ídem., p. 12.

  (10)-VIRGILIO PIÑERA (1955): «Revelaciones: Ballagas en persona», Ciclón, 1(5):41-50, La Habana, septiembre.

 (11)- LUIS ÁLVAREZ ÁLVAREZ (2004): «Emilio Ballagas, desde este fin de siglo», pp. 109-168, Saturno en el espejo y otros ensayos, Ediciones Unión, La Habana.

  (13)- ARGYLL PRIOR RICE (1966): Ob. cit., p. 133.

  (14)-  ROSA PALLAS (1973): Ob. cit., pp. 49-50.

  (15)- VÍCTOR RODRÍGUEZ NÚÑEZ (2001): «El cielo del rehén: La insubordinación sexual de los versos tardíos de Emilio Ballagas (Segunda parte y Final)», El Caimán Barbudo, 35 (307): 26-28, La Habana,  noviembre-diciembre. V. VIRGILIO PIÑERA (1955): Ob. cit., p. 44.

 (16)- SALVADOR BUENO (1964): «La poesía de Emilio Ballagas», Temas y personajes de la literatura cubana, pp.  244, ediciones Unión, La Habana.

  (17)-ENRIQUE SAÍNZ  DE LA TORRIENTE: «Emilio Ballagas o la Poesía», p. 20; prólogo a Emilio Ballagas, (2007), Ob. cit.

 (18)- EL TESTIMONIANTE SOLO APUNTÓ: HORTENSIA ¿G. H.?.EXISTE COPIA FACSIMILAR en el archivo del investigador.  

BALLAGAS EN SOMBRA: CÓDICES DEL SILENCIO (I)

BALLAGAS EN SOMBRA: CÓDICES DEL SILENCIO (I)

Ballagas en sombra (Editorial Capiro, 2010. Colección Premio), es un libro que pone un énfasis desacralizador por deconstruir un mito de la poesía cubana contemporánea y acercarlo a una propuesta más humanizada en nuestro tiempo. Por vez primera, en ocasión del aniversario 56 del fallecimiento del poeta camagüeyano, aparecen algunos de los fragmentos que componen el primer capítulo de ese ensayo literario, compuesto a partir de documentaciones inéditas escritas por el Ballagas o algunos de sus amigos más cercanos. Tributo a un poeta, también al hombre, que aún yace sin exhumar su cadaver, en el Cementerio de Colón, en Ciudad de La Habana, ciudad en la que falleció el sábado 11 de septiembre de 1954.



Por Luis Machado Ordetx

                           ¡Líbranos Dios del invierno de la memoria! ¡Líbranos Dios
                                                  del  invierno del alma!». (1)
                                                                              José Martí
                             
Días después del fallecimiento de Ballagas, allá en 1954, Gastón Baquero vino a la Universidad Central de Las Villas y disertó sobre la poética del autor de Júbilo y fuga (1931), y allí declaró que: «[…] son muchas las páginas […] que se escribirán bajo su nombre, si se quiere escribirlas con justicia y verdad…»; nada nuevo en la fundamentación del planteamiento, excepto que sugirió la necesaria búsqueda en dos componentes de eticidad: «justicia y verdad» dentro del contexto y análisis de cuanto texto divulgó el camagüeyano durante su trayecto vital.

Incluso, más allá de la lectura polisémica que facilita el arte, Baquero reclamó un alejamiento a los escamoteos y subjetividades, muy en boga actualmente en parte de los razonamientos que abordan a Ballagas, afincado en el canon del sujeto erótico; rebuscan  en su orientación sexual y en los poemas contenidos, principalmente, en Sabor eterno (1939) y Cielo en rehenes (1951), piezas de singular valor en la lírica Iberoamericana contemporánea.

 Virgilio Piñera en «Revelaciones: Ballagas en Persona», recordó: «[…] Quedan, dicen, una correspondencia mantenida con su confesor, el Padre franciscano Rev. Biaín, que me parece sería interesante publicar para ayudar al conocimiento de su personalidad…»,(2)  mientras el periodista Jesús Jambrina, sustentó que: «No se puede avanzar en este tipo de análisis [se refiere a la obra artística]  sin volver a los archivos, sin explorar las redes de significación entre la literatura y lo autobiográfico, sin husmear en las cartas, en los periódicos de las épocas […], sin investigar qué hicieron y dijeron nuestros escritores, artistas y políticos durante sus vidas […]» (3)

Por su parte, Rosa Pallas, en 1973, en La poesía de Emilio Ballagas,  afirmó «Nos falta documentación adecuada para enfocar la naturaleza del conflicto íntimo […] En el medio cubano no son frecuentes las confesiones y Ballagas, en ningún momento, ha dejado nada escrito […]» (4)
 
Entonces, ¿cómo es posible con tales ausencias documentales la evaluación de un hombre, su actuación, deterioros y tribulaciones en el apuntalamiento de la historia individual, social y la relación con las derivaciones espirituales?

Eso último es inaudito. A pesar de los méritos literarios, de vocación pedagógica, periodística y ensayística, Ballagas sigue inmerso en una constante sustracción, alejado de cuanta afirmación o desencanto logró en Santa Clara, ciudad a la que arribó a finales de 1933 para ocupar una cátedra como profesor titular de Gramática y Literatura en la Escuela Normal para Maestros y Maestras, sitio del que partió tres lustros después, cuando la salud física apenas le permitió viajes de fin de semana hacia La Habana.

En mayo de 1933, próximo a la aparición en Santa Clara, recibe carta de  Marinello: «María Belén saldrá en Alcancía y también Cuba-Poesía, cosa que está muy bien»;(5)  ese hecho  indica cómo el autor de Cuaderno de poesía negra (1934), antes de venir   a finales de año a la capital de Las Villas, terminó las composiciones fundamentales del libro, y en agosto anunció a la sección «Gráficas de la Hora de Ahora», en Carteles,  que sus «[…] versos […]  están prácticamente concluidos…». (6)

Cuaderno…, muy a su pesar, no logró una repercusión en la crítica literaria nacional, aun cuando ofreció cualidades en la captación rítmica del habla, las ganancias del gracejo folklórico, la riqueza fonética  y la música popular, así como el hallazgo de la gente de las ciudades y del solar. No obstante, la corta tirada de 400 ejemplares,  en ediciones  íntegras a un costo de 100 pesos a cargo del autor, se agotó en la Librería Orizondo, la cual lo situó entre lo mejor publicado dentro de la temática negrista de su época.

La prensa de Santa Clara, en particular, así como los recitadores, amplificaron el texto, y facilitaron  la distribución y difusión de los versos  más allá de los límites territoriales. Ninguno de los géneros de opinión periodística, desde la simple y necesaria gacetilla hasta el comentario y la reseña literaria, frisan con la placidez del escribiente que  relata, decanta  y testimonia valores de un escritor que prestigia la ciudad y su alumnado.

Tiene Santa Clara otras aportaciones en la explicación del ¿por qué de las actitudes espirituales y de poeta sensible o atormentado que persisten en el pedagogo?, y también del modo o la forma en que, desde su teología cristiana, analizó la convulsa realidad histórico-social, las fugas o escapadas del verso inserto en diálogo del alma y el cuerpo, y los misterios de su estética.

No por gusto insiste Ballagas que «[…] Ser poeta comporta una actitud ante las cosas, una responsabilidad en todos los órdenes del vivir y del saber. Ser poeta es tomar antes de escribir una actitud vital»;(7)  de ahí la clasificación que establece: arabescos gráciles; misterios gozosos; etapa de angustia; misterios dolorosos; estación negra; poemas infantiles, sociales y de servicio, sin esperar jamás el «advenimiento» de los misterios gloriosos.

Ese conocimiento está implícito en una zona inexplorada: las cartas y papelerías que suministró Ballagas durante años al declamador villaclareño Severo Bernal Ruiz, y los testimonios, orales o escritos, que ofrecieron los coetáneos de entonces.

Las cartas parecen cañonazos acertados ante un blanco determinado. Nada más indebido —desde el silencio—, que profanar universos impropios, concebidos —en soledad y  urgencia—, como goce íntimo, plácido, polémico o tendencioso. Son espacios de entusiasmos, amarguras y reflexiones, y en lo culminante, el acercamiento y la participación. Constituyen recintos embrollados en que (re)surgen gamas diferenciadas de reacciones; suplen ausencias, afectos y encierran variados comentarios y opiniones en la demostración de claves o entresijos que unos pocos comparten y apenas descorren cortinajes de silencios.

¿Por qué las cartas? Desde aquel instante de la venida a Santa Clara surgió un vínculo ineludible con los acontecimientos culturales y sociales que se escenificaron el territorio central cubano, y en particular el talento expresado por su intelectualidad y también la sensibilidad artística de Bernal Ruiz, el recitador.


Todas las misivas, casi medio centenar, recrean, desde muchos lugares cubanos o extranjeros, preocupaciones personales en las que germina el detalle por el contexto artístico capitalino, lo cubano y lo universal, el vórtice de los acontecimientos relatados, y también el inquirir de reclamos y de ciertos cotilleos. Ahí comienza la inclusión de versos, hasta poemas inéditos, formulaciones teóricas, y muestra una quiebra latiente y flexible  de una  espiritualidad de  equivalentes reclamos sexuales ante un hombre o una mujer.

Las cartas reconstruyen el paso por Santa Clara; los instantes de las conferencias y las intervenciones en tertulias y ambientes intelectuales. En medio de la mojigatería y el provincianismo define esencialidades de la poesía moderna; su alejamiento de modas, y hurga en la unidad histórica, universal, que pre-existe en la soltura de versos ceñidos al suceder diario del hombre; del presente o el pasado social.

La existencia de testimonios, mensajerías disímiles, artículos periodísticos publicados o inéditos —aun cuando hay discriminación lógica por razones éticas—,  hallados en Santa Clara después de décadas, y cerrados incluso al terreno investigativo, tienden, como archivo de noticias y documentos complementarios al  florecimiento de la percepción del lector.

 Con eso hay una contribución, llámese aportación, no solo a la cultura cubana, sino también a los desmantelamientos de énfasis subjetivos e intrascendentes propuestos entorno al creador de Júbilo y fuga, hacia quien la crítica  desvía en los últimos tiempos sus respuestas categóricas y, por demás, en ocasiones fuera de visión objetiva o contextual.   

Santa Clara, al igual que otras zonas cubanas —Camagüey, Buenaventura, Holguín, Manzanillo y La Habana—, tiene deudas impagables e insuperables con el hacer literario y profesional de Ballagas. Ninguna localidad como la antigua capital de Las Villas, para sustentar la «paternidad» o el acabado de las principales elaboraciones líricas, periodísticas y ensayísticas que cuajó en idas y venidas por calles, plazas, aulas y tertulias informales.

¿Ballagas es un hombre constreñido por la «sordera» cultural de la ciudad de su tiempo? No; pues junto a otros intelectuales supo y penetró escenarios públicos, y hasta soñó con asentar un centro universitario o una escuela profesional de Periodismo, al estilo de la habanera Márquez Sterling existente hacia 1942. No obstante, hay quejas, desasimientos y preocupaciones por las composturas burguesas que limitan las potencialidades de la cultura y la espiritualidad a partir de prejuicios sociales.
 
En última instancia, allí siempre dejó un rastro de quebranto, de desgarramiento, duda y suspiro; de esplendor, de amistad y solidaridad, y también de cubanía,  pues avizora en diversos ámbitos al hombre y su realidad. Aquí intervino, como uno más, en decisiones de la ordenación de Umbrales; intercambió impresiones y confeccionó artículos para La Publicidad;  fortaleció el surgimiento del Club Umbrales y las programaciones radiales de Audiciones Umbrales y la Hora Hontanar; fue a las tertulias de la Academia Luz y Caballero, patrocinada por Onelio Jorge Cardoso; al Ateneo de Villaclara, y también a  reuniones con comunistas.

Dice Rosa Pallas «[…]  el 25 de septiembre de 1935 lo detiene la policía y lo acusa de comunista por haber recibido un cablegrama de Máximo Gorki. Al preguntarle el fiscal si es comunista, Ballagas responde con voz temerosa; — No, señor; me dedico a la poesía […] El poeta empieza a tener miedo. Su vida se ve encerrada en un círculo sórdido. Su poesía empieza a recoger acentos amargos…» (8)

No hay constancia documental, al menos en la papelería de Bernal Ruiz, la existencia del cablegrama, y mucho menos de comparecencia ante los Tribunales. En la búsqueda de periódicos villareños, y en expedientes de Urgencia, toda referencia es nula. Eso da a entender, como conclusión, que ¿el cablegrama y la detención constituyen subjetividades? Cierto es que: La sección «De la Hora de Ahora»,(9)  publicó una fotografía de Ballagas, tomada por Funcasta, al estilo closep-up, que explicó en pie de grabado: «DETENIDO: Emilio Ballagas, uno de nuestros poetas más notables, que fue detenido la semana pasada bajo la acusación de haber recibido un cablegrama del genial novelista Máximo Gorki

Por esa época, después de ingresar a la Normal,  Ballagas aprecia al país en convulsión. El pedagogo interviene en los conflictos que ocurren en el plantel docente, y por su juventud y nulo vínculo con la política corrupta lo nombran director interino.

Pallás habla de una carta que Juan Ramón Jiménez le dirigió a Ballagas. Nadie duda de su existencia, aunque no muestra copias facsimilares, hecho que permitió a  Antolín González del Valle, desde los Estados Unidos, exponer que, al revisar correspondencias redactadas a máquina o en cursiva, hay una improvisación en la firma. Eso puede que sea muy cierto, pues Ballagas en los envíos de documentos dirigidos a los amigos suele alterar la grafología, cambiar identidades del remitente y deformar  caligrafías. Sugiere González del Valle, y es una especulación que insta a seguir rebuscando, que la misiva de Juan Ramón jamás existió, y en el peor de los casos fue redactada por el propio Ballagas, cosa última muy probable.

El vínculo de Ballagas con los comunistas obedece al surgimiento público del Partido Unión Revolucionaria, encabezado por militantes o simpatizantes desconocidos como tales por la policía; y la organización política eligió al poeta, el viernes 12 de marzo de 1937, para que asistiera a la reunión constitutiva de su directiva en  Las Villas, efectuada en el Teatro Martí, en  Santa Clara. El camagüeyano aflora entre sus dirigentes.(10)

 Sin embargo, el miércoles 25 de agosto de 1937, en la selección del comité provincial del Bloque Revolucionario Popular, nombre que después adoptó el partido político —integrado por la Asociación Unión Revolucionaria y Organización Auténtica—, no está insertado en las boletas el autor de Júbilo y fuga. Las causales son desconocidas, aunque después de esa fecha Ballagas Cubeñas viajó a Francia.(11)  

Todo se coteja en la papelería diversa. Ahí está el afianzamiento de la narración informativa, así como la producción textual y documental que permiten, circunscribir incluso, la realización de otros estudios relacionados con acápites inéditos, y hasta malinterpretados, en los que se hacen referencia al «extraño y efímero» compromiso social de Ballagas.

NOTAS

  (1)- JOSÉ MARTÍ (1963): Cartas de Nueva York, La Opinión Nacional, Caracas, 14 de noviembre de 1881, Obras Completas, t. 9, p.93, Editora Nacional de Cuba, La Habana.

  (2) VIRGILIO PIÑERA (1955): «Revelaciones: Ballagas en persona», Ciclón, 1(5):50, La Habana, septiembre.

  (3) JESÚS JAMBRINA (2005): «No es cuestión de orgullo», La Gaceta de Cuba, (2): 48-52, La Habana, marzo-abril.

  (4)ROSA PALLAS (1973): La poesía de Emilio Ballagas, p. 34, Colección Plaza Mayor Scholar, Madrid.

  (5) ANA VERA (2004): Cada tiempo trae una faena… Selección de Correspondencia de Juan Marinello Vidaurreta (1923-1940), p. 306, t. I, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, Editorial José Martí, La Habana.

   (6) CARTELES, Vol. XXII (31):24, La Habana, domingo 19 de agosto de 1934.

   (7) Ídem., p. 234.

   (8) ROSA PALLAS (1973): Ob. cit., p. 44.

   (9)REVISTA  CARTELES, 23(40):25, La Habana, domingo 6 de octubre de 1935.

    (10) TESTIMONIOS DE BLANCA COLINA PAZ, y Antonio Florit García, residentes en Santa Clara, y graduados en la Escuela Normal en los cursos de 1946 y 1953, respectivamente. [Archivo del Autor].

  (11) Cfr. La Publicidad, 33(12052):4; Santa Clara, Las Villas, lunes 6 de septiembre de 1937.