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«LA CARIDAD», UN TEATRO DE FUNDAMENTO CULTURAL

«LA CARIDAD», UN TEATRO DE FUNDAMENTO CULTURAL

Por Luis Machado Ordetx

Unos años atrás, en una relectura a los ensayos cortos, de primera juventud, que Juan Marinello escribió en 1932 mientras estaba preso en el Presidio Modelo, de Isla de Pinos, ese estudioso hizo referencias a frescas palabras del pedagogo villaclareño Severo García Pérez, un hombre fiel a su Patria; a su ciudad Santa Clara y a la expresión de que «Cuba jamás estará en venta a nadie.» Eso bien lo recuerdo, y late en el corazón de todos los que ofrecemos lo mejor de nuestras fuerzas a esta tierra.

Decía con razón García Pérez que «[…] lo trascendente no acuña las monedas del arte sino cuando este rebasa las sierras nacionales, alcanzando las cumbres señeras donde apresa los ideales universales y les proporciona la encarnación plástica definitiva».

Marinello respondía que «[…] las sierras nacionales no se rebasan sino transitándolas con pie muy amorosamente sentado sobre sus lomos, ni se alcanzan las cumbres señeras sino cuando vamos alimentados para la larga ascensión de jugos muy nuestros.» Eso transmuta el teatro «La Caridad», de Santa Clara, un coliseo cultural que ahora arriba al aniversario 125 de su fundación tras el desprendimiento material que ofreció otra patriota, Marta Abreu de Estévez, a  los habitantes, fundamentalmente pobres, de esta ciudad del centro de Cuba.

Mucho se podría exponer sobre el espíritu de misericordia, de dignidad, de amor a la Patria Chica, de patriotismo y hasta de altruismo de la Benefactora de Santa Clara, quien legó al tiempo y a su pueblo un coliseo teatral de alcances y bellezas inigualables dentro del patrimonio arquitectónico y cultural cubanos de finales del siglo XIX.

En similar sentido se hablaría de los hechos inigualables que distinguen a «La Caridad» en su tiempo. Sin embargo, hay quienes creen que los sucesos y veladas político-culturales que allí ocurren en los últimos 50 años, están determinadas por ciertas imposiciones y adjudicaciones administrativas determinadas por la cantidad de espectadores que alberga el coliseo, así como sus particularidades acústicas y del montaje escenográfico.

En más de una ocasión, quienes así lo exponen, se equivocan, y hasta desconocen la verdadera historia que sustenta «La Caridad» a partir de las Bases que dictó Marta Abreu de Estévez para la administración del teatro «La Caridad» a cargo del Ayuntamiento de Santa Clara.

Los 38 términos o bases, quedaron firmados por la Benefactora el 30 de abril de 1892; unos siete años después de inaugurada la institución cultural aquella noche del 8 de septiembre de 1885, fecha que honró a la Virgen de la Caridad del Cobre, a Cuba y también a las capas más desposeídas de ingresos económicos y que residían de manera permanente en la ciudad.

El acápite 19 suscribe que «El Ayuntamiento no permitirá que se pongan en escena bailes indecentes, ni concederá el teatro para representaciones inmorales y poco edificantes, que desdigan de la misión civilizadora del arte dramático: “instruir deleitando” […] Cuando se conceda para meetings políticos, en previsión de los desperfectos que pudiera ocasionar al edificio y su mobiliario la excesiva aglomeración de concurrentes, se triplicará el precio del alquiler

Lo anterior determina el porqué de ese fundamento de Marinello cuando indicó que «vamos alimentados para la larga ascensión de jugos muy nuestros», como ocurrió el 31 de diciembre de 1898, fecha en que la sociedad de Santa Clara, arrió, desde el asta del frontón de la fachada, la bandera de la metrópoli España, y en su lugar fue izada la cubana, para que ondeara de una manera gallarda al recibir los vientos que soplaban desde las lomas adyacentes del Capiro.

Así lo consigna la investigadora Hortensia Pichardo en el tomo I, página 541, de Documentos para la Historia de Cuba. Durante la primera mitad del siglo xx, «La Caridad», independientemente de sus fines de instrucción cultural, fue escenario de patriotismo; de confirmación de ideales políticos, tal como sucedió  el viernes 12 de enero de 1939 durante la sesión extraordinaria de la III Reunión Nacional del Partido Comunista.

A la congregación acudieron Juan Marinello, Nicolás Guillén; Gaspar Jorge García Galló, Celestino Hernández Robau, Nicolás Monzón Domínguez, María Dámasa Jova, Pepilla Vidaurreta y otros intelectuales y militantes marxista-leninistas cubanos. Previo a la reunión, en la noche del jueves, por vez primera en el país se representó la pieza «Mariana Pineda», de Federico García Lorca, un romance popular en tres estampas dirigido por Francisco (Paco) Alfonso, y la Coral Popular Revolucionaria demostró los valores de un arte imbricado a las raíces de la Patria.

En ese escenario, antes y después, el divo Enrico Caruso, la cantante y actriz Libertad Lamarque, el mexicano Jorge Negrete o el trovador Gumersindo (Sindo) Garay, junto a elencos artísticos de óperas, operetas, zarzuelas, teatro vernáculo, funciones cinematográficas o representaciones sinfónicas o de ballet, hallaron un espacio definido para el goce de lo universal, lo popular y lo nacional.

La década de los años 40 del pasado siglo instituyó un período de amplia asiduidad en ese tipo de espectáculos, incluido la recitación de los más grandes declamadores cubanos —entre los que aparecen las actuaciones de Eusebia Cosme, González Marín, Luis Carbonell y Severo Bernal—, así como actividades con fines político-cultural en contra del nazi-fascismo, la solidaridad con la independencia de Puerto Rico o el apoyo al primer estado de obreros y campesinos del mundo: la Unión Soviética en instantes en que desencadenaba la Gran Guerra Patria.

La prensa villaclareña, y e articular, el diario La Publicidad, es testigo en sus páginas de singulares momentos históricos ocurridos en el escenario de «La Caridad». Tal es el caso del «Acto de Confraternidad Hispano-Cubana y por el Triunfo de la Democracia», celebrado en la noche del 9 de noviembre de 1941. Reuniones similares, en las que comulgó arte y política, lo nacional y lo universal, como solicitó Juan Marinello, serán una sucesión en un vetusto coliseo que aún aguarda, a 125 años de fundado, de una completa y definitiva hechura en los anales de su historiografía insular.

CUBANOSDEKILATES.BLOGIA.COM

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Por Luis Machado Ordetx

 

Ayer martes, cubanosdekilates.blogia.com cumplió cuatro años de actividad sistemática en el ciberespacio. Bien recuerdo aquel iniciático instante en que la página digital comenzó a colmarse de textos; escritos casi todos desde la perspectiva y la fidelidad hacia la memoria histórico-cultural de Cuba; permeado de esa vocación de Fernando Ortiz en «Factores humanos de la cubanidad», ensayo en que expresa y defiende que toda cultura es «esencialmente un hecho social.»

Desde una posición positivista Ortiz definió en aquella conferencia del 28 de noviembre de 1939 un hecho sin precedentes: «La cubanidad es "la cualidad de lo cubano", o sea su manera de ser, su carácter, su índole, su condición distintiva, su individuación dentro de lo universal.» A eso he aspirado con mis escritos; con mis reflexiones y hurgano en lo oscuro, en lo perdido, y también he polemizado.

Tendría que decir más, al calor del Tercer Descubridor de lo nuestro: «[...] La cubanidad para el individuo no está en la sangre, ni en el papel ni en la habitación. La cubanidad es principalmente la peculiar calidad de una cultura, la de Cuba. Dicho en térmios corrientes, la cubanidad es condición del alma, es complejo de sentimientos, ideas y actitudes[...]»

Eso he querido que sea cubanosdekilates.blogia.com, una sencilla manera que, desde el periodismo, la investigación literaria, y el testimonio, también pulse por el mundo en defensa de mi cultura; en la manera de expresarse la nobleza y la historia de quienes identifica esta parte que nos pertenece —más allá o más acá de los mares— el Caribe que corona nuestra sangre. Valga entonces el autoelogio colectivo al marge de cualquier individualidad.

VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE VISTA POR EMILIO BALLAGAS

VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE VISTA POR EMILIO BALLAGAS

La Patrona de Cuba, Nuestra Señora la Virgen de la Caridad del Cobre, tiene su solemnidad hoy miércoles 8 de Septiembre. Justo en el año 2010, su imagen será venerada en todo el país durante un periplo de año y medio. La misa del pasado 14 de agosto constituyó la antesala para la peregrinación que al siguiente día, domingo, partió del Santuario Nacional del Cobre, en Santiago de Cuba, a unos 950 kilómetros al este de La Habana.

En 1951-1952 fue la última vez que ocurrió un peregrinaje similar en ocasión del Primer Congreso Nacional Católico de Cuba. Durante el viaje Apostólico de Juan Pablo II a Cuba, efectuado entre el 21 y el 25 de enero de 1998, María Santísima de la Caridad del Cobre —madre de todos los cubanos y del hogar de Nazaret—, fue bendecida en la tercera misa que ofreció el Papa, el sábado 24 de enero, en la Plaza de la Revolución «Antonio Maceo», en Santiago de Cuba.

El 10 de diciembre de 2011 culminará el recorrido en La Habana, y luego la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, retornará otra vez al Santuario de Santiago de Cuba, singular momento que dará inicio al Año Jubilar de 2012, fecha del aniversario 400 de su aparición en las aguas de la Bahía de Nipe, según la leyenda, en 1612.

 Nació el miércoles 8 de Septiembre de 2010; todos los cubanos veneran a Nuestra Señora  de la Caridad del Cobre.

Por Luis Machado Ordetx

Ballagas [Camagüey, 1908-La Habana, 1954], es el poeta cubano que más cantó a la Virgen de la Caridad del Cobre. De eso nadie tiene dudas. Ahí está su libro Nuestra Señora del Mar (Fray Junípero, La Habana, 1943), un minúsculo cuaderno formado por  un soneto, diez décimas y unas liras finales, desde las cuales el escritor testimonia por medio de formas clásicas y estrofas cerradas para acercarse a las fuentes nutricias de lo popular y lo folklórico en el alma nacional.

Sintetiza un tropiezo con la condición cristiana del poeta; de pacto y deuda del creyente, y de especial devoción de la Virgen de la Caridad del Cobre. En esencia es  un tributo a nuestra idiosincrasia; como pleitesía por lo afrocubano desde el refinamiento del corpus de metáforas y de los moldes estróficos y estilísticos utilizados.

La narración se circunscribe desde la óptica personal del poeta. Es una visión hagiográfica, dijo el ensayista Cintio Vitier en la presentación la Obra Poética de Emilio Ballagas, publicada en 1955 por la imprenta habanera Úcar García, y recordaba ese estudioso que: «[…] Después de su temporada en el infierno de lo oscuro, lo cósmico y lo fascinante; después de atravesar lo morado y la ceniza, vuelve Ballagas a encontrar su palabra blanca, pero no ya de olvido, sino de humildad y rendimiento: el blanco de sal que recogieron los pescadores en cuya canoa entró la Virgen…»

Años después, en Lo Cubano en la Poesía, conferencias que recogió en 1958 el Departamento de Relaciones Culturales de la Universidad Central de Las Villas a instancias de Samuel Feijóo, el ensayista Vitier advirtió que: «[…] Ballagas se acercó —con aquellas ingenua simpatía suya por todas las creencias y supersticiones de su pueblo, que lo hizo acentuar, por ejemplo, en las graciosas estampas espiritistas o de “santería”—, a las devociones católicas populares. De ahí salieron sus levísimas, aéreas décimas a Nuestra Señora del mar, inspiradas en la imagen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla»

Al menos, así lo observa Vitier y otros ensayistas cubanos al evaluar el poemario Nuestra Señora del Mar (1943). Unos y otros manifiestan los valores estilísticos; los hallazgos formales; la cercanía hacia lo propio y el dominio de la décima desde una visión testimonial; de creyente; de apego a lo popular, y de visión cristiana.
Más allá de esas determinaciones, hay certezas del goce que tenía Ballagas hacia la comprensión y las prácticas —formales o no— de los cultos sincréticos, en particular de la Regla de Ocha.
 
Entonces, ¿por qué razón Ballagas nombraría al apartamento que alquiló en Santa Clara, entre 1938-1948, como Villa Oshún? ¿Habría alguna “deuda” religiosa en el poeta que lo acercara hacia la devoción popular de la Virgen de la Caridad del Cobre?

De 1933 a 1948 el poeta camagüeyano ejerció la docencia en la Escuela Normal de Maestros de Santa Clara; y desde que alquiló el apartamento número 6, en los altos del antiguo edificio «Núñez», ubicado en Marta Abreu y Carretera Central, en esa ciudad del centro de Cuba, lo nombró Villa “Oshún”. Así aparece la reiterada referencia en las cartas que cursa con el declamador villaclareño Severo Bernal Ruiz.

En ese extenso epistolario, completamente inédito y revisado durante 1989 antes que falleciera Bernal Ruiz, el poeta Ballagas hace reiteradas alusiones a Oshun, deidad del panteón lucumí adorada por los cubanos, quines la sincretizan con La Virgen de la Caridad del Cobre —del santoral católico—. Alude el escritor a los señoríos del amor, la feminidad y el río encarnados por Oshún; una divinidad que tiene en la miel de abeja su arma más poderosa.

En los atributos de Oshún se localizan el abanico de sándalo o el confeccionado con pluma de pavo real, así como el gusto por las conchas,  joyas, corales marinos, sábanas, paños bordados y todo objeto propio del tocador femenino. En sus collares abundan las cuentas amarillas o de color ámbar; rojas y verde esmeralda; y por flores prefiere a los girasoles, el guacamayo o el botón de oro.

En 1915, recoge la historia, los cubanos solicitaron al Papa Benedicto XV que consagrara a la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona. Un año después se hizo la proclamación, y en 1936 la coronación. En la Isla, y también en los naturales de esta tierra que residen en el extranjero, la adoran cada 8 de septiembre. En Santa Clara, Marta Abreu de Estévez, la Benefactora, fundó el teatro «La Caridad», vetusta edificación cultural, un día como ese, en 1885, en honor a la Santísima Virgen del Cobre.

Sin embargo,  Ballagas retoca el reconocimiento a los cultos sincrético, al santoral católico, y la tradición cubana desde el instante en que abordó su Cuaderno de poesía negra (Santa Clara, 1934), fecha en que emprendió traducciones y compilaciones de autores representativos de esa temática en el contexto angloamericano; a la par, extrapoló la fidelidad al nombrar a su apartamento, en plano de familiaridad, Villa Oshún, tal como suscribe en sus correspondencias.

No olvidemos que, en este correlato, la sección «La virgen anda sobre las aguas», parte correspondiente al «Ofrecimiento del poema», Ballagas utiliza  el sustantivo “río” —más allá de búsqueda de la rima exterior del octosílabo—, cuando en realidad son los practicantes de la denominada Regla de Ocha, la santería, los que aluden al asentamiento y refugio de Oshún en esas aguas (apareció, según la tradición, en la desembocadura y nacimiento de la bahía de Nipe); mientras los católicos  sitúan el hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre en la turbulencia del mar y el encuentro con los pescadores.

                                  Ofrecimiento del poema

                                      «Quiero tomar un asiento
                                      en tu preciosa canoa».
                                                    (De un loor anónimo)

                                 Déjame tomar asiento
                                 En tu preciosa canoa
                                 Y poner al cielo proa
                                 Navegando por el viento.
                                 Muévete el Divino Aliento
                                 Con su poderoso brío.
                                 Éntrame en tu claro río
                                 Y súbeme a los alcores
                                 Donde ángeles ruiseñores
                                 Abren las alas al pío.
              
Era como un reencuentro del poeta con las esencias y metros populares; una mirada testimonial del creyente; una plegaria. Casi al salir el libro de Ballagas en la imprenta habanera, el declamador Severo Bernal Ruiz escribió en el periódico La Publicidad, en Santa Clara: «Si mucho admiramos a Ballagas por su extensa y provechosa labor literaria, esta admiración crece ante su gesto valiente de reafirmar ante el mundo entero su sentimiento de católico ferviente […], como quien vive un gran rato en la calma de Dios, leyendo este tierno manojito de décimas, que precede un hermoso “Soneto de los Nombres de María”, y deja embriagado el espíritu de las liras de la imagen».

No en balde, el texto de Ballagas, forma parte de esa “deuda” propia de un poeta, también de un creyente católico con la Virgen de la Caridad de Cobre, y con Oshún, una deidad que enaltece la estirpe religiosa de los cubanos en su andar por este mundo.









LUCIUS WALKER, !EN GLORIA ESTÉS!

LUCIUS WALKER, !EN GLORIA ESTÉS!

Por Luis Machado Ordetx

 

Pastores por la Paz está de luto; también los miembros de las Caravanas de la Amistad Estados Unidos-Cuba y la comunidad de religiosos del mundo. Un dolor azota a todos: el reverendo Lucius Walker falleció esta de martes de un infarto masivo en Nueva York. Tanía 80 años, y desde hace décadas fue un luchador incansable en contra del injusto bloqueo norteamericano contra nuestra Isla del Caribe.

Sumó voluntades para traer donaciones; desafiar los enturtos que imposibilitan un comercio equilibredo, justo entre Estados Unidos y Cuba; y a cada paso, por los recorridos por ciudades norteamericanas; por el cruce de la frontera de ese país con México, hasta el arribo a La Habana y su tránsito triunfal por nuestros pueblos, incluso el más recóndito, lo animó ese intercambio honesto, ejemplar con hombres, mujeres y niños cubanos que lo recibían con aplausos, con alegrías, con hermandad.

De igual modo, fue un inclaudicable luchador en defensa de nuestros cinco presos que injustamente permenecen encarcelados en Estados Unidos, y desde la Fundación Interreligiosa para la Organización Comunitaria (IFCO), creada en 1967, y con Pastores por la Paz, exigió la libertad inmediata de los antiterroristas cubanos.

El Mensaje de Pastores por la Paz llegado a nuestra redacción dice lo siguiente: “Con tristeza inconmensurable les escribimos para hacerle saber de la muerte de nuestro querido líder, el reverendo Lucius Walker Jr. esta mañana. Vamos a enviarles más información tan pronto como se adopten disposiciones.”

CARUSO EN SANTA CLARA; HISTORIA NO BIEN CONTADA

CARUSO EN SANTA CLARA; HISTORIA NO BIEN CONTADA

El miércoles 8 de septiembre, Adoración de Nuestra Señora la Virgen de La Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, un Teatro del centro de la Isla arriba a los 125 años de fundado.— Apreciaciones al margen del tiempo y también de la historia, según lo dispuesto por Marta Abreu de Estévez, Benefactora de la ciudad de Santa Clara.
 
Por Luis Machado Ordetx

«[…] Gentes que hacen su poesía andando los caminos…»
                          
                                García Lorca

Un misterio; un vaho, tal vez un fragmento de comunión. Eso conserva los ladrillos, la sillería matancera, el hierro y la madera que sostienen para la memoria histórica de la ciudad las gruesas paredes y el signo de cultura e instrucción que infunde el tiempo al teatro «La Caridad». Nadie duda que, desde el asiento fundacional y distinción que consigue aún en nuestros días, es un coliseo inigualable de principio a fin: en arquitectura civil, estética, decoración interior y alcances artísticos.

De ese modo no se concebiría el empeño altruista de Marta Abreu de Estévez [Santa Clara, 1844-Paris, 1909], dispuesta a «propender al engrandecimiento de la ciudad de Santa Clara». Así lo consigna la Memoria Descriptiva elaborada por el ingeniero Herminio C. Leyva, proyectista de un teatro que, por sus fines económicos y culturales, propone socorrer a los pobres; también instruir y ofrecer virtud teologal imperecedera, tal como fijó la Benefactora en las bases que el Ayuntamiento local haría regir en la administración de la institución.

Contra viento y marea —por las transformaciones interiores o exteriores que sufrió en épocas pasadas, la carencia de un mantenimiento sistemático y la voluntad de conservarlo y protegerlo a toda costa—, «La Caridad» está aquí, con una exhuberancia distintiva en nuestro paisaje urbano; de orgullo y rectitud hacia los fines que lo tipifican en la historia.

Desde hace más de medio siglo no es la edificación «prominente», a la cual nadie podía competir en altura según la definición del emplazamiento urbano. En cambio, sigue siendo un eje central de la ciudad, propósito que en diciembre de 1883 se exigió al Ayuntamiento de Santa Clara para erigir «La Caridad» en los terrenos de lo que fue en 1696 la ermita de La Candelaria.

El 8 de septiembre de 1885, el teatro por valor de $ 140 000, 00 pesos, abrió por vez primera sus puertas e hizo representación artística con carácter público. A partir de la segunda década del siglo XIX, la edificación de teatros dejó de ser patrimonio exclusivo de La Habana. También abarcó las regiones más importantes del país: por orden cronológico, «La Caridad» fue el número 13 de los construidos en Cuba, y el octavo alejado de la capital, dato que evidencia la significación económica que cobró el territorio como tránsito obligatorio de transportaciones mercantiles y ciudadanas. Al margen, por supuesto, se afianza el sentido patriótico, cultural y monetario que expandió Marta Abreu en su ciudad.

                              EL COMENDADOR CARUSO

Ningún sitio de las instalaciones benéficas que procreó la Benefactora carece de un espíritu inigualable. La patriota las observa a diario en el decurso del tiempo; unas las aplauden, porque su obra para la Patria Chica sigue inalterable; en otras se sorprende, con enfado, por la desmemoria; el abandono y el escaso estudio historiográfico que da continuidad a volúmenes y juicios emitidos antes.

El investigador Enrique Río Prado al abordar hace unos años la presencia de Caruso en Santa Clara, decía que, «[…] —hasta el presente parece haber pasado inadvertida por nuestros coterráneos—, [y] reviste una especial significación  en el desarrollo de nuestra cultura local. Sin embargo, los vilaclareños nos hemos dado el lujo en todos estos años de ignorarla o, en el ¿mejor? de los casos, de restarle importancia.»1


Tal vez tenga cierta razón; y el hecho puede extenderse también a la trunca historia del Coliseo Mayor, recogida de una manera fragmentaria en  la monografía El Teatro La Caridad, en la expresión sociocultural de Santa Clara, de Hernado Serbelló, Pilar Ferreiro y Carlos Venegas.2

Digo, cierta  razón, porque la historia y los estudios posteriores andan desperdigados en la prensa periódica; también en investigaciones de conservadores y constructores enfrascados en sostener «a brazo partido» la legendaria vida del edificio.

Las más significativas figuras de la escena cubana y extranjera del teatro, la música y la danza, de un modo u otro, tuvieron en estos 125 años un espacio definido en «La Caridad», y el caso del Divo italiano Enrico Caruso, a veces conduce a inexactitudes, exageraciones y hasta especulaciones históricas referidas a su estancia en Santa Clara entre el 13 y el 19 de mayo de 1920.

Tanto Río Prado, como Marino Froilán García Machado —un investigador de la localidad que apeló a los medios digitales para divulgar la presencia de Caruso en Santa Clara—, no advirtieron en  las revisiones de la prensa, en particular de La Publicidad y el Heraldo de Cuba, aspectos contenidos en un artículo que Ismael I. Rosell incluyó en la edición 235 de El Villareño, correspondiente al sábado 5 de octubre de 1957.

Prolija la información que suministra Rosell —sin demeritar las contenidas en las dos restantes fuentes—, para abordar aspectos del contrato que suscribió con el empresario Adolfo Bracale, en el hotel Sevilla, de La Habana, el 11 de mayo de 1920, refrendaron las partes que: « A)- Presentar en el teatro LA CARIDAD de Santa Clara, para celebrar una sola función, la compañía de Operas del Comendador Enrique Caruso, con la orquesta completa de la misma, dirigida por el maestro Cav. Adolfo Padovani, el día 17 de junio entrante; B)- Que el precio convenido por esta sola función es $ 22 mil.500 pagaderos por adelantado: mil al suscribirse este convenio y el resto, $ 12 mil 500 el día antes de salir para dicha Ciudad la Compañía; C)- Que el señor Rosell se reserva el derecho de escoger entre las distintas operas del repertorio cantado por Caruso en la temporada del Teatro Nacional, y con el mismo reparto del elenco artístico que en este teatro la representaron, lo que indique para ser montada en su teatro de Santa Clara; D)- En este acto el señor Rosell elige, y queda aceptada la elección por parte del señor Bracale, el programa presentado en el homenaje al Com. Caruso en el Nacional. E)- Que los gastos de transporte y estancia de la compañía en Santa Clara corren por cuenta del señor Bracale y los gastos de teatro, propaganda, etc, corren por cuenta del empresario Rosell. F)- Que el señor Rosell se reserva el derecho de exclusiva para la provincia de Santa Clara, y por tanto esta Compañía no podrá actuar en ningún otros teatro de aquella región hasta pasados 90 días de celebrada la función en el teatro LA CARIDAD. G)-  Que el incumplimiento de este convenio por cualquiera de sus partes contratantes será indemnizado así: Perdiendo el señor Rosell la cantidad entregada, caso de ser el infractor, o reintegrando el señor Bracale el depósito que constituye dicho anticipo, consistente en la cantidad expuesta de $ 10 000 más 000 de indemnización, a cuyo efectivo queda por esta parte contratante hecho el consiguiente depósito de $ 15 000 en el Banco Gelats.»3

El programa escogido, dice, abordó: «Primera Parte: Tercer acto de “Elixir de Amor” (Romanza de “Una lágrima furtiva”), con el reparto: (Nenorino) Enrico Caruso; (Adina) Pina Caravelli; (Belcone) Taurino Parvis; (Dulcamena) Giussepi Lapuma, y (Ciamettai) María Alemani. Segunda Parte: la Opera Il Pagliacci, de Leoncavallo, con los intérpretes: Enrico Caruso, Ricardo Sttraciari, Carmen Melis, Salostio Civai, así como Ludovico Olivero.»4

Los precios de las entradas fueron abultados en palcos, tertulia con delantero y
la cazuela. A recaudación ascendió a 23 mil 390 pesos, y la utilidad final fue de 2 mil 800 tras la venta de 760 localidades de mil 200 asientos disponibles. Declara Rosell que «[…] ordené rellanar las localidades vacías, así como los pasillos —en los que de pie se situaron más  de 900 espectadores con gracia de entrada— con las personas seleccionadas entre el gentío que, exteriormente se había estacionado alrededor del teatro anheloso de oír desde la calle la portentosa voz del eximio cantante

 Eso contradice lo suscrito por algunos estudiosos que afirman, según informaciones no recogidas en la prensa periódica, que fue Caruso quien sugirió invitar al público que no tuvo acceso a la instalación a que ocupara todas las áreas vacías en «La Caridad». Sustenta, además, el empresario que «[…] en más de una ocasión [Caruso] exteriorizó su regocijada  gratitud al hablar de la hospitalidad villaclareña

Párrafo seguido, Rosell aclara tras la partida del tenor en la mañana del 19 de mayo de 1920 hacia la Perla del Sur: «Al enterarse los cienfuegueros de la contrata hecha por nosotros no quisieron quedarse a la zaga e hicieron las consiguientes gestiones para que a ellos también les vendieran una función. Al efecto recibimos la oferta de Bracale de rebajarnos mil 500 del precio convenido en nuestro contrato; oferta que fue aceptada y motivo que originó la visita de Caruso a  la Gran ciudad Sureña.». El jueves 17 de mayo, en la noche, ya el Divo había actuado en «La Caridad», lo corrobora la edición de La Publicidad del día siguiente.5

                      ALICIA ALONSO EN ESCENA

Desde principios de la década de 1930 Santa Clara insistió en fomentar una tradición por la enseñanza del ballet. En más de una ocasión la pedagoga e investigadora Marta Anido Gómez, lo ha afirmado y demostrado. Todo se debe a las labores de Marianela Bonet y de la rusa Nina Feodoroff en las aulas de la Escuela Normal de Maestros, y esporádicas presentaciones en el teatro «La Caridad».

Con los años, Marta Anido creó su Academia privada; asistió a cursos de verano que impartían Alicia y Fernando Alonso en La Habana, y el asentamiento de la tradición, propició que el miércoles 22 de abril de 1953, por vez primera, el Ballet «Alicia Alonso» actuara en «La Caridad». Fue «Coppelia» —con música de Leo Delibes y coreografía de León Fokine—, la pieza escogida  en aquel entonces.
 
Hablar de «La Caridad» es sostener un pacto inconcluso con la historia de la localidad. No obstante, lo anterior explica cómo, desde aquella época, tal vez remontando la historia del primer teatro que en 1822 existió en la localidad para representar acciones dramáticas y danzarias, la presencia de Alicia Alonso, la Prima Ballerina Absoluta, sea una constante entre nosotros.

Al menos, en tiempos en que, a partir de 1964, «La Caridad» estuvo cerrado por acciones de restauración que obligaron a «clausuras prolongadas», Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba, de un modo u otro, son los encargados de reabrir las temporadas para que, las alegorías  al Genio, la Historia y la Fama, pintadas por el filipino Camilo Salaya, pidan silencio al espectador.

Notas:

1- Río Prado, Enrique (2006): «Caruso en Santa Clara», en revista Umbral en el camino de la Cultura; Santa Clara, (20):51-55, enero-febrero.
2- Editora Política, La Habana, 1983. De las páginas 56 a 77 insertan una “Cronología de obras puestas en escena”, que cubre el período de 1885 a 1926. En la misma hay un salto de 1919 a 1923. Ese libro ganó el concurso de Historia Primero de Enero en 1979.
3- Rosell, Ismael I. (1957): «Enrico Caruso en Santa Clara», en El Villareño, IX(235):6; Santa Clara, Las Villas, sábado 5 de octubre.
4- Idem.
5. La Publicidad, Año xv (7695):2, viernes 18 de junio de 1920.

LEZAMA LIMA EN TRATADOS EN LA HABANA

LEZAMA LIMA EN TRATADOS EN LA HABANA

Por Jorge Luis Rodríguez Reyes

Siempre he pensado que todo  creador que  esté dispuesto en asumir la raíz cubana tendrá que dialogar  con  Martí –diálogo sinuoso, concluyente- y por qué no- órfico, fraterno- y como una extensión de ese encuentro, como un paroxismo barroco  dialogará con Lezama desde Trocadero 162. Sitio donde se ha trocado la corriente literaria cubana en lezamiana y no  lezamiana.  Parteaguas que muestra cómo y a pesar de  tantos contratiempos,  la sinceridad se impone al oportunismo, a la descalificación de comparsa que sufrió algún tiempo en vida.

Que hoy estemos acá, en esta plaza de arte, de arte joven y que pretendamos  homenajear a quien con su obra es perenne homenaje a la cubanía, es tan solo un gesto que dignifica a nuestra cultura. La cultura cubana ha sabido rectificar, ha cometido errores pero en la marcha los enmienda y esta reedición no es más que una muestra de la marcha de esa rectificación, de esa marcha  con la casa del Alibí a cuesta y   brinda así el esperanzador espaldarazo a otros futuros homenajes con los cuales sueño – hablo de Virgilio, de Cabrera, de Sarduy, de Arenas y de Baquero.

Lezama, quien se confesó  tutor de poetas jóvenes, de esos aedas del acto y la palabra, que lo acompañaron en su sala, junto a los más de diez mil libros de su biblioteca, junto a su soledad, poetas que han dejado esa memoria en textos valiosísimos para los que vienen después y buscan el esplendor del idioma en la creación nacional.  Hablo de Reinaldo González, Félix Guerra, Ciro Bianchi,  Juan Carlos Espinosa y muchos otros que desde la triste  imitación o el bello juego paródico,  cada día se les acercan y le llaman a la puerta en busca de uno más de sus libros del curso órfico o le llevan tabaco a cambio de la lectura atenta de poemas prematuros, de textos devocionales.

La reedición de Tratados en la Habana, publicado inicialmente en el lejano 1958 en la cercana UCLV,  nos promete el inicio de un acercamiento totalizador a la obra lezamiana. Algunos de los textos de este libro fueron recogidos en La Cantidad hechizada o en  Confluencias, la antología reveladora del aquel entonces joven ensayista,  y hoy ministro de cultura. El libro lo componen 62 trabajos que van desde el mediamente extenso: Introducción a un sistema poético, al extenso y bello: Sucesiva o las coordenadas  habaneras, y termina con el iluminador  ensayo la Dignidad de la poesía, pasando por los restantes 59 breves textos,  aparecidos estos – una nota más del envejecido Realismo mágico o Real Maravillo- (como le llamen) en el Diario de la Marina, a pedido expreso de Gastón Baquero y nos muestran una variante poco estudiada de la creación de Lezama: El periodismo cultural, donde ajustándose en lo posible al canon del medio, trata con el derroche de su sapiencia característica,  temas cubanos y universales, principalmente literarios o plásticos.

Aún descreo que esos textos  fueran publicados en un diario, entre notas de bailes de sociedad o resúmenes de batallas campales u obituarios magnificados.  

Porque el estilo lezamiano no es presto a lectura azarosa ni a flor de piel, exige y reclama un lector cómplice y que se aventure  a extrapolar metáforas de tercer nivel. Tipos de lectores que cada día escasean más  y que Lezama desde su diálogo evocador nos pide, al mecernos en su compás.

Con la justa reedición de sus textos, nos acercamos al término de la pose cultural en que todo el mudo lo cita sin leerlo, porque estas reediciones lo condicionan y lo hacen tangible.

Un poeta de mi municipio se dedica cada día  a sacarle tres metáforas distintas a la inmensa piedra que duerme a la orilla de su camino. Lleva años en el mismo ejercicio. Él,  creo sin sospecharlo,  ejercita un  método creativo que me aventuro en atribuirle a Lezama. Y otro poeta, aunque escribe solo ensayos- me a dicho que mientras Carpentier, Octavio Paz e incluso Borges, pueden verse a contra luz de los Ismos del siglo XX. Lezama es inasible o se traga a todos esos Ismos, porque su literatura es preadánica, anterior a todo.  

Y esto no es más que una pequeña muestra  que atesoro,   de mi  experiencia de las influencias de Lezama. Porque todos tenemos dentro un Lezama o el imperdonable vacío de no tenerlo.

CAMAJUANÍ; LABOR PRIMA VIRTUS

CAMAJUANÍ; LABOR PRIMA VIRTUS

Por Luis Machado Ordetx


Soplo exaltado por emprender la historia y el tiempo; así recoge aquel original escudo que diseñó en 1880 el pintor, periodista y patriota José de la Cruz Vidal Caro. No entendería a Camajuaní, a su gente y cultura, sin la huella de los padres fundadores. Tampoco lo admitiría desprovisto del sabio trazado y de una estela para la posteridad: «Labor Prima Virtus».  Camajuaní, en el centro este de Cuba, es parranda, fiesta de tradiciones folklóricas; cultura popular.

El titular en latín no es por gusto. Hacia el interior del escudo de la municipalidad resurge una profecía.

Hay una precisión en la comarca, como un signo que la delata al fulgor de los siglos: «El trabajo es la primera virtud» del hombre afanado ante la tierra, la industria o la sociedad.

Al menos de esa manera distingo a los habitantes que residen o andan desperdigados por otros territorios; en pugna permanente por su idiosincrasia insular; por el patrocinio de las calles, las edificaciones, la familia y el fragor del día, en conjuro permanente por el laboreo que los reúne o convoca.

El aserto no tiene otra explicación, y el emblema lo confirma en el centro. Tiene un panal de abejas, con obreras melíferas que revolotean en un espacio rematado por varios implementos agrícolas. De ese modo, no de otro, el vetusto escudo apreciado en cientos de copias, trasladan el pasado al presente a partir de aquellas «Ordenanzas de construcción para el pueblo de Camajuaní y su término municipal», redactadas, casi de puño y letra, en 1886 por Francisco de la Torre Caruana, el alcalde. Ya habían transcurrido cuatro años
de la inauguración del municipio.

Sin embargo, la huella de los padres fundadores viene de más atrás, de San Juan de los Remedios, la Octava Villa de Cuba, la fundada en 1513 por Vasco Porcallo de Figueroa tras los pasos del Adelantado Diego Velázquez. Así lo atestigua José A. Martínez Fortún y Foyo en el tomo VIII de sus Anales y  Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, texto editado en la imprenta Pérez Sierra, de La Habana en 1934.

La consignación aparece en las páginas 74-76, cuando dice el historiador que muchas familias remedianas colmaron las haciendas otroras de Caibarién en 1795, mientras se crearon otras vecindades en San Anastasio del Cupey (Placetas), Yaguajay, Mayajigua, San Antonio de las Vueltas, Guaracabuya y Camajuaní. Todo eso trasciende en 1797; más de un siglo antes ya la Gloriosa Santa Clara daba probidad de su existencia territorial.

En los pormenores de urbanidad, de edificaciones, trazados rectos de calles y la reforestación de parques, En Camajuaní, desde un principio, muestran dictados para la construcción de hornos, alambiques de aguardientes, fábricas de licores, de vela, pólvora, fuegos artificiales, fulminantes, fósforos, almacenes de paja, heno, algodón, maderas, carbón, leña y otras materias inflamables.

Los almacenes siempre desde la fecha de fundación estarían dispuestos a sotavento, en los extremos, del poblado para evitar perturbaciones a los habitantes. José A. Martínez- Fortún y Foyo lo consigna en sus Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, y también lo apunta Juan Manuel García Espinosa en Don Francisco de la Torre y su casa solariega, dos publicaciones imprescindibles para conocer aspectos significativos en la historia.  

                         LEGENDARIA FÁBRICA

Una antigua casa de curar tabaco, allá en lo que antes fue la calle División (ahora Hermanos Cárdenas), dio nacimiento en 1902 a una fábrica para embotellar gaseosa y agua naturales a partir de las bondades de los manantiales “Lobatón”. Con el tiempo la rústica tecnología de máquinas de pedal importadas desde Inglaterra y Estados Unidos tendieron a automatizar las labores productivas y a extender el negocio en la elaboración de refrescos, hielo, pasteurización de leche, dulces finos en almíbar y determinadas conservas enlatadas que enviaban a mercados foráneos. Desde entonces surgió un camino para exportar otras mercancías que no fueran azúcares, café o tabaco.

Todavía “La Constancia”, nombre de aquella fábrica devenida en Compañía Embotelladora Tarajano S.A., persiste. En 1962 fue nacionalizada por el Estado cubano, y a partir de esa fecha promulgó el calificativo de fabrica productora de ron y hielo. Ya este último rubro no se extrae de la edificación; dejó de elaborarse. No obstante, asombra al visitante las características constructivas, las maderas y locales que datan de los primeros años del siglo pasado cuando emergió como fuente de empleo y aprovisionamiento del comercio y el mercado nacional o foráneo.
 
                     AL MARGEN DE UNA CALLE

Al doblar una esquina ando tras pistas de aquel primer periódico impreso de Camajuaní: El Número 13, surgido a la luz pública el 4 de marzo de 1890 y desaparecido dos años después.

El semanario, con dos hojas, estuvo dirigido por los hermanos José, Lino y Leoncio Vidal Caro. Las tiradas salían cada martes de la imprenta «La Favorita», ubicada en la calle Comercio número 13, dice Martínez-Fortún y Foyo en La Prensa de Remedios y su Jurisdicción. Tenía  igual cantidad de redactores. A pesar de todo —martes y número 13— el rotativo pugnó por  reseñar los avances económicos y sociales de la población y las ideas de libertad insular.
 
Allí hay titulares sobre la luz eléctrica en el Central Fé; batalla en defensa de la independencia de España;  difusión del juego ciencia, el ajedrez; construcción de viviendas, propagación de siembras de tabaco y cría de ganado menor (chivos); alientos por el comercio, la existencia de zapaterías y sastrería; notoriedad del arte de la pirotecnia; de fiestas folklóricas como alma de la localidad —no por gusto cuatro años después surgieron las parrandas—, y los avances ferroviarios y los ulteriores enlaces con localidades vecinas.

En la cercanía veo ahora la historia pasada; también la presente de Camajuaní, de Vueltas, de Vega Alta y…

Juzgo a plenitud la idiosincrasia y cultura de la gente.Pienso incluso en las parrandas de Vueltas (Ñañacos y Jutíos); también rememoro las de Camajuaní (Chivos y Sapos). Más de un siglo tienen esos remanentes de cultura popular surgidas al influjo de las tradicionales fiestas remedianas; sé que existen marcadas diferenciaciones en los conceptos prácticos de la festividad.

Cada una tiene una particularidad, un detalle opuesto a las otras. Sin embargo, no cabe duda que volver sobre las calles recuerda ese olor a historia que impregnan las nobles edificaciones. Cuánto daría por volver sobre los peldaños del antiguo Hotel Cosmopolita —convertido hace años en ruina; no me cabe otra historia que hallar el misterio del rótulo que corona «Labor Prima Virtus» acuñada por José Vidal Caro para la posteridad de los siglos en los que pre(existe) Camajuaní; tierra de ancestros y ensoñaciones.

AMAURY PÉREZ; UNA QUERELLA PROFESIONAL

AMAURY PÉREZ; UNA QUERELLA PROFESIONAL

Por Luis Machado Ordetx

Amaury Pérez, Un saludo; y una querella profesional.

Después de ver su programa con Sara González ( «Con 2     que se quieran basta».  Cubavisión, martes 10 de agosto de 2010»), dice usted una tontería, pasable en un comunicador, como el que en ocasiones siente poco respeto por lo que pregunta al vuelo de una frase.

Aun cuando los manuales de Periodismo exponen que «No hay pregunta más tonta que aquella que no se hace», y García Márquez recalca en «Sofisma de discreción» que la entrevista de personalidad —esa que usted pretende hacer amparado por un equipo de investigadores—, algunos quieren convertirla en «mujer fácil», por favor, usted es Martiano.

No olvide aquel texto que desde Nueva York, el 20 de octubre de 1884  —qué día además, Patrimonio de la Cultura Cubana—, escribió el Apóstol Cubano al Mayor General Máximo Gómez: «[…] la Patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto solo en espíritu, de quién la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia

Entonces, hombre, cómo expresa usted que Sara es la Patria, según le comentó un amigo. Hasta la mujer trovadora se sonrojó cuando usted dijo tamaña tontería.

           «Amaury. La última pregunta quiero que la medites bien, es una pregunta comprometida. Un amigo común dijo un día: Sara es la Patria. ¿Cómo se puede vivir con esa responsabilidad y con esa sentencia del amigo?»

          «Sara: Yo no sé. Si se pone a pensar uno en eso, creo que es una responsabilidad fuertísima eso de que te identifiquen con la Patria, ¿no?, pero si me tocó ese pedazo, lo voy a asumir, con todo y por todos.»

       «Amaury. Todo el mundo lo sabe. Los televidentes lo saben y tú lo tienes más que probado, yo doy mi vida por ti. Te quiero mucho y te agradezco que hayas venido.»

        «Sara. ¡Ave María! (risas).»

 Diga bien las cosas y no se apoltrone en posiciones de cierta comodidad en raiting de audiencias; todos los cubanos, en última instancia, somos la Patria.

Si de hablar de Martí, incluiría, además, el fragmento del texto que el 9 de febrero de 1892 cuando escribe a Fernando Figueredo: « Cuanto me amenaza a la Patria me pone a temblar; y sólo gozo con lo que la honra y asegura…»

Luego sigue: «Y la Patria es de todos, y es justo y necesario que no se niegue en ella asiento a ninguna virtud….» Entonces, cómo decir que Sara González —valores musicales aparte— es la Patria? ¿Qué es eso? Una vana e ilusa tontería que usted dice.

Retomo otra vez a Martí: hombre, «Quienes vivimos para ella, no necesitamos frasear sobre ella. De ella es mandar, y de nosotros obedecer. Es nuestra adoración, no nuestro pedestal ni nuestro instrumento. Ni los tiempos nos han cansado, ni las equivocaciones […] ni más apremio que el que ordena, en horas difíciles, la indispensable vigilancia

Por si fuera poco, y es Martí quien expresa: «En la fundición habla el obrero sobre el mejor modo de fundir la espada».  Fíjese, eso lo escribió Martí el 14 de marzo de 1892, día de la creación de Patria, también festividad actual de la Prensa Cubana.  Por favor, no haga preguntas tontas, aunque a veces los manuales de Periodismo lo recomienden. El entrevistado se siente entre tres y dos; y el televidente lo desaprueba.