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MARTÍ REAFIRMA LA LUZ DEL SOL

MARTÍ REAFIRMA LA LUZ DEL SOL

Por Luis Machado Ordetx

Rara vocación martiana en espacios públicos de Santa Clara durante el pasado menos inmediato. Extraña aún resulta el reconocimiento a los fundamentos de dos hijos de esa localidad, entre los primeros cubanos, en entregar al Apóstol una dimensión permanente.

La huella más remota está en Carlos de Velasco, editor-director de la revista nacionalista Cuba Contemporánea, que en 1915 solicitó a todos los cubanos colocar flores blancas en tributo a Martí. El entusiasmo fue acogido por profesoras y estudiantes de la escuela Spencer número 3, de la antigua capital de Oriente.

También desde Santiago de Cuba se incluyeron en el encargo de un busto al escultor Ugo Luisi, mientras con colectas públicas, iban ofrenda en mano,  al nicho 134 de la galería sur del Cementerio General, actual Santa Ifigenia, sagrado protector de la tercera inhumación de las reliquias del más universal de todos cubanos. Así correspondían al deber patriótico.

El Doctor Elio Fileno de Cárdenas y Acosta, es otro de los martianos que la ciudad olvida. Desde su posición de senador de la República por el partido Demócrata durante  el gobierno de Grau San Martín, impulsó las prédicas del periodista Guido García Inclán para recabar el financiamiento a la campaña «Por una tumba digna de Martí» en Santa Ifigenia. El proyecto se propuso como Ley al Senado, y se aprobó el 19 de febrero de 1945 y tuvo firmeza legal en octubre de ese año.

Al finalizar junio de 1951 quedó inaugurado el Mausoleo a José Martí, pero el villaclareño Cárdenas y Acosta no vio en vida el entusiasmo mayor de todos los cubanos.

                                     REPASO AL PARQUE  

Por años indago  por el busto de Martí que, esculpido por Mateo Torriente Bécquer, se colocó el parque Vidal de Santa Clara. Las pesquisas son infructuosas aunque tres bocetos en yeso se localizan en el Museo Histórico de Cienfuegos. Al menos es una suerte que en el aniversario 165 del natalicio de Héroe Nacional, se encuentren esas piezas en excelente depósito.

Cuando en La Publicidad, de Santa Clara, correspondiente  al 25 enero de 1941  el periodista Sergio R. Álvarez, incluyó su artículo «Villa Clara y Martí», anunció que tres días después ocurriría un acontecimiento muy esperado por todos. Transcribo el texto:

«Al fin, la idea bellísima de muchos: Centro de Veteranos, Club Rotario, Comité organizado por el Dr. Aurelio Hernández, etc., que pasaba el tiempo y no tenía realización práctica, el veinte y ocho, día del aniversario del nacimiento del gran cubano —no bien conocido por nosotros— quedará realizada al ser descubierta en nuestro Parque Vidal la magnífica escultura que ha modelado el notable artista cienfueguero Mateo Torriente Bécquer, de quien dijo Horacio Rubens, el gran amigo de Martí, en el acto inolvidable en el Liceo de Villaclara, corazón de Cuba, en su propio corazón, que es nuestro gran Parque Vidal, la efigie del Apóstol y Mártir de nuestra independencia, necesidad sentida, y que ahora el dinamismo de Julia Elisa Consuegra de Montalvo, Superintendenta Provincial de Escuelas, hace posible.

«En esa mañana de gloria para la Ciudad, cuando el blanco lienzo caiga para dejar al descubierto el busto de Martí, nuestro corazón saltará de gozo, por tres motivos:

«Por haber cumplido la Ciudad una deuda de gratitud con el Hombre Excepcional.

«Por haber plasmado una villaclareña en realidad el ideal de todos.

«Y por contar Villaclara con una gran obra artística, que calzará la firma del modesto y valioso Torriente Bécquer, de tanto porvenir para la gloria de Cuba y su pueblo natal, la bella y acogedora Perla del Sur: obra que será consagrativa para él».   

Un mes antes, Consuegra de Montalvo aseguró a ese rotativo local que el suceso era necesario para «levantar el sentimiento patriótico; imprescindible destacar las gloriosas figuras del pasado, que han de servir de ejemplo  de las nuevas generaciones que surgen».

Después argumentó más su proyecto, abonado por cuestación voluntaria de maestros y estudiantes primarios de Santa Clara, con una cuota máxima de cinco centavos, al considerarlos émulos  de aquellos hombres y mujeres humildes que en la emigración  sufragaron el periódico Patria y la guerra necesaria que, con amor, desencadenó Martí por la independencia definitiva de Cuba y Puerto Rico.

Entonces la pedagoga villaclareña dijo que siempre quienes «tenemos la visión sagrada de encausar los niños y la juventud, estamos en el deber de llevar a sus mentes la grandeza del Apóstol y hacerles imperecedero su recuerdo feliz». Por desgracia, la permanencia del busto, al parecer por cierta conjura regional y artística, duró menos de una década. Es la razón del por qué el Parque  Vidal representa uno de los pocos recintos céntricos del país que carece de un busto a Martí.

Decían entonces del Parque de los Mártires, frente a la estación de Ferrocarril, que «no es monumento rigurosamente hablando, debe ser sustituido por un verdadero monumento que lleve la idea patriótica o simbolismo de los que tienen, como un verdadero culto, la memoria de los que ofrendaron abnegadamente la vida por la libertad de Cuba». Así, el 19 de mayo de 1953, quedó inaugurado allí el Rincón Martiano, en el Parque de los Mártires o de la Independencia, como también denominaron a la espaciosa plaza.

Al acto asistió Jorge Mañach Robato, el biógrafo-ensayista, quien habló de la trascendencia histórica del Apóstol, y reconoció los valores de la obra artística de Alfredo Gómez Rodríguez, el escultor.

Abundan los espacios cubanos con un busto del Apóstol, y tal vez del empeño mayor de una estatua  —incluida la réplica ecuestre, fiel, exacta y única de la escultura de Anna Haytt Huntington,  expuesta con toda significación desde este 28  de Enero en La Habana—, y son escnecarios siempre abiertos para rendirle pleitesías a Martí, el guía espiritual de la unidad, el amor y la virtud.

                                 PRECLARA REFERENCIA

Es la razón por la cual entendemos mejor a Enrique Collazo, cuando en carta del  12 de agosto de 1896, desde Los Vueltas, en Holguín, aclaró:

«El otro día acampamos como á una legua del sitio donde cayera nuestro Martí. El general Máximo Gómez citó á todas las fuerzas montadas que había aquí, y como á las cuatro de la tarde del día 9, con él y Calixto García á la cabeza, emprendía marcha aquella columna de ginetes, en pelotón los jefes y oficiales, y formada la tropa, por el camino, hasta llegar al lugar donde muriera el Apóstol. Cuando cruzábamos el Contramaestre, indicó el general Gómez que cada ginete cogiera una piedra ó dos, para llevarlas al lugar.


«Pocos actos me han conmovido tanto, en medio de su sencillez, como el presente, é indudablemente se me vino á la imaginación este pensamiento: "Feliz el hombre que después de muerto tiene tantos amigos que lleven una piedrecita para señalar el lugar de su tumba"; el túmulo sencillo que piedra á piedra levantó el cariño de sus compañeros, no es título lujoso, pero sí honroso para el mártir caído en la lucha.


«Llegados al lugar del suceso, limpio y chapeado, se arrancó un poste que marcaba el sitio, se puso en su lugar otro de madera dura, y unida á él una pequeña cruz de cedro, y ambos fueron acuñados con la pirámide de piedras que entre todos formamos, y que será aumentada por cada cubano que por allí pase, según indicó el general Gómez.


«El epitafio que éste hizo, es así: "Un héroe: José Martí", y me pareció tan corto como elocuente.


«Los ginetes formaban largas y apiñadas filas á ambos lados del camino, y en el centro, al pié de la cruz, los jefes de más graduación formábamos un grupo.

«A la luz del sol que se ocultaba en el horizonte, y á la sombra de los árboles, el grupo tenía un aspecto pintoresco, al mismo tiempo que el silencio y la apostura indicaban recogimiento y sentimiento.


El general Gómez, conmovido y con los ojos llorosos, pronunció frases sentidas, dichas más con el corazón que con la cabeza; al terminar él, habló Valdés Domínguez en igual forma.


«Poco después retornábamos tristes y silenciosos al campamento de Vueltas.
«Hoy el viajero encontrará el túmulo sencillo, agreste como el lugar y como nuestra vida; pero que será fiel reflejo de nuestro cariño y respeto á la memoria del muerto.» (Sic).

Faltan palabras para describir la emoción de Gómez, el Generalísimo, y sus fuerzas independentistas rindiendo honor al Mayor General, al fundador de Patria, al Delegado del Partido Revolucionario Cubano, a José Martí, el Apóstol, caído en combate. ¿Quién iba a decir que el Comandante Collazo, en apariencias enemigo de Martí desde la fátidica carta de enero de 1892, dejarían para la historia un documento sublime hacia la perpetuación del recuerdo y el respeto?.

Las aportaciones de Collazo son testigos de la valía indiscutible de quien enseñó al cubano a tener fe en sus destinos, y por el lugar más oculto por el cual transitó, siempre dejó un jalón de amor para engrandecer el optimismo y la confianza en el triunfo y la lucha contra imposibles. La eterna presencia es la claridad que siempre nos descubre a todos.

EL IDEARIO MARTIANO EN JOSÉ A. RAMOS

EL IDEARIO MARTIANO EN JOSÉ A. RAMOS

Por Luis Machado Ordetx

José Antonio Ramos, novelista de la primera generación republicana, consideró al Apóstol José Martí como nexo imprescindible de las batallas independentistas cubanas, criterio que este jueves se debatirá en la tertulia “La Voz del Otro”, encuentro mensual entre escritores y periodistas villaclareño.

En ocasión del aniversario 165 del natalicio de Martí, el Doctor en Ciencias Filológicas Francisco Rodríguez Alemán, disertará en ese espacio de diálogo y reflexión sobre el proceso de continuidad que estableció Ramos con el ideario del forjador del periódico Patria y del Partido Revolucionario Cubano.

De acuerdo con Rodríguez Alemán el autor de Entreactos (1913), tomó conciencia entonces de cuánto representó la caída del Héroe Nacional en Dos Ríos al poco tiempo de reiniciada la guerra contra el colonialismo español, razón por la cual se dedicó durante la primera mitad del siglo pasado a propagar las doctrinas patrióticas de Martí.

A la tertulia del jueves a las  10:00 am., en la Casa de la Prensa de Santa Clara, el invitado precisará en aquel fundamento de Ramos que lo llevó a afirmar en su época que “Ni España ni Estados Unidos tienen el monopolio de la ejemplaridad. Cuba debe seguir sus aspiraciones propias, nacidas de sus hijos, que no son inferiores ni rencos en materia de pensamiento, negar esto equivaldría a negar la patria, a negarnos a nosotros mismos como hombres libres y capaces de dirigir nuestro propio destino”.

Rodríguez Alemán, durante el intercambio de puntos de vista que auspicia el Centro Provincial del Libro y la Literatura en Villa Clara, hará referencias al porqué del concepto de Ramos de vocación martiana al reconocer: “Soy cubano, soy hispanoamericano y recabo para mi pensamiento y mi pluma el derecho de mejorar el espíritu de mi patria y mi raza, mostrándole sus defectos”, advirtió el narrador y dramaturgo republicano.

Seguidor de un pensamiento en ascenso del reformismo al marxismo-leninismo, José Antonio Ramos combatió el desconocimiento universal que existía de los problemas cubanos, y del necesario y urgente rescate de la obra e ideario de Martí para establecer un pueblo que conquistara sus propósitos independentistas y republicanos de justicia social y carente de intromisiones foráneas. 


BOITEL, EL POETA

BOITEL, EL POETA

Por Luis Machado Ordetx

 

El poeta Luis Manuel Pérez Boitel, uno de los escritores cubanos más reconocidos en certámenes nacionales y foráneos, intervendrá este jueves en la tertulia “La Voz del Otro”, donde leerá en la Casa de la Prensa de Villa Clara textos que incluyen las más recientes producciones literarias.

Ganador del Premio Casa de las Américas (La Habana, 2002), con Aún nos pertenece el otoño, así como el Nosside Caribe (2004), y La Venta de las Palabras (España, 2010), y Manuel Acuña (México,  2013), entre otros, propone en sus libros una infinitud de análisis contemporáneos a la observación persistente de los lectores.

La literatura, según dice el jurista y escritor remediano, constituye siempre un «valor agregado desde la perspectiva de lo artístico»,  desde la cual mueve las posibles visiones del universo y su historia.

La obra poética de Pérez Boitel tiene una amplia repercusión en Cuba, España, Colombia, Estados Unidos, Venezuela y México, países en los cuales goza de seguidores y de reconocimiento de la crítica especializada.

La tertulia “La Voz del Otro”, espacio de comunicación y debate que auspicia el Centro Provincial del Libro y la Literatura con encuentros mensuales entre periodistas y escritores villaclareños, suma a los lauros acumulados  durante una década de existencia el diálogo que este jueves   abrigará el recital de poesía de Pérez Boitel.

 

GARCÍA ARTÍLES EN FERIA DE AYACUCHO

GARCÍA ARTÍLES EN FERIA DE AYACUCHO

Por Luis Machado Ordetx

 

El escritor villaclareño Alexis García Artíles recorre por estos días la Plaza Mayor de Huamanga, invitado a la Primera Feria Internacional del Libro de Ayacucho, Perú, donde recibirá el Premio de Novela “Altazor”, que convoca esa editorial andina en la categoría de literatura infantil.

Con el lema “Leer en Grande”, el suceso editorial transcurre del 9 al 19 de noviembre, y tiene a Uruguay como país invitado, ocasión en la cual el jueves García Artíles presentará su pieza narrativa  Pincel de Yagua en el Auditorio Mario Ruíz de Castilla, de la localidad.

El jurado del certamen, al galardonarlo, significó la trascendencia de una emotiva historia donde «la invención del creador tiene como base el imaginario oral y realista de animales y personajes de tradición caribeña; y donde la fluidez del relato, el lenguaje sabroso y el misterio como elemento de soporte, mantienen al lector en expectativa hasta la última página», según anotaron en mayo pasado los evaluadores peruanos Maynor Freyre, Carlos Zúñiga y Ricardo Ayllón.

García Artíles, único cubano que interviene en la Feria, es autor de El hombre de la pipa (2001), El año que volvimos a nacer (2009) y La secretaria de Feijóo (2012), y tiene en proyectos otros libros en los cuales la investigación histórico-testimonial constituyen el soporte fundamental de la indagación y hechura literaria.

José (Willy) del Pozo Alarcón, presidente del comité organizador del encuentro literario en Ayacucho, junto a Pincel de yagua, del escritor cubano, presentará mañana las novelas que desde 2013 son ganadoras de Altazor en su apartado infantil. Ahí destacan Juan Osito en el Valle de las serpientes, de Casimiro Ramírez, y Borrico de mascotas, Ricardo Aylón. Esa editorial también concede galardones en el acápite de adultos, agenciado el pasado año por el español Crisanto Pérez Esain.

Durante las jornadas de Feria en Ayacucho, García Artíles intervendrá en un conversatorio sobre identidad e inmigración en la literatura latinoamericana, y el sábado presentará las novelas Albatros, premio “Alfonso el Magnánimo”, de José Luis Torres Vitola, así como  CIA Perú 1990. El espía innoble, de Alejandro Neyra, historias de ficción-realidad que abordan el gobierno de Alberto Fujimori, la primera, y el rol de Vladimiro Montesino, en ese mandato, la segunda.

En la fiesta de las Letras en Ayacucho intervienen más de 50 escritores peruanos y de otras regiones sudamericanas, y se debatirá también sobre la novela policial alternativa desde Jorge Luis Borges hasta Roberto Bolaños y sus alcances editoriales. También trasciende por el vínculo directo con lectores y autores en áreas céntricas de la Plaza Mayor de Huamanga.



GARCÍA CATURLA Y LOS ENTUERTOS DE LA MUERTE

GARCÍA CATURLA Y LOS ENTUERTOS DE LA MUERTE

Por Mauricio Escuela Orozco (Periodista y Narrador cubano)

 

“¿Pero, lo vas a usar en Remedios?”, la pregunta de Alejo Carpentier era ilustrativa de la situación que sufría Alejandro García Caturla en la vieja ciudad de provincias, donde un traje de cuello y corbata resultaba una excentricidad. Así, también fueron rarezas la Orquesta Sinfónica que intentó crear en la vecina ciudad de Caibarién, proyecto mastodóntico de apenas unas pocas presentaciones, los amores del joven compositor (dos mujeres negras y hermanas entre sí), su obsesión por las cartas y el contacto con la vanguardia artística. Todos estos, elementos que chocaron contra el aguijón de la modorra que reinaba en la Octava Villa, un lugar donde pensar o hacer eran pecados suficientes ante la inmensa misa de acólitos del conservadurismo.

 

El traje reposa en la Casa-Museo, herido por los balazos que el 12 de noviembre de 1940 le arrancaran la vida al poeta de la música, ese que desde niño cautivó con sus ideales de justicia y un gusto esmerado por la Historia del Arte. El chico que escapaba del catecismo y se iba a los bembés donde predominaba lo por entonces despreciado de la sociedad, el joven que en su fotingo y junto a sus amigos corría hacia los poblados vecinos detrás de cada toque de tambor, de cada genio popular que le enseñara un pedazo de la esotérica música africana.  Ese que se detuvo a reflexionar sobre la imagen poética como una realidad palpable y revolucionaria y la llevó al pentagrama, el autor de una pieza extraña y chocante como “Fanfarria para despertar a los espíritus apolillados” (la música como arma en función del cambio social). Fue, sí, Alejandro García Caturla, el genio de San Juan de los Remedios, quien sin miedo y desprotegido, firmaba pronunciamientos contra el dictador Gerardo Machado, pues el artista validaba más la independencia de su piano que el trono otorgado por el poder.

 

En diferentes escenarios se pronunció por el niño, la mujer y el obrero, siendo él mismo un aristócrata de cuna, un patriota hijo de patriotas, un odiador de quien mancillaba el suelo abonado con el sudor agrio de la caña. Varios disparos se le lanzaron, así como ofensas de todo tipo, malentendidos, maldad pura y dura. El irse a La Habana le dio una visión total de la miseria republicana y de la luz que acompañaba aquella ciudad oscura. Fue en los cines donde, mientras amenizaba películas silentes, descubrió la fuerza del gesto, el estruendo del ritmo, lo danzario y lo barroco en los trozos de Chopin, Beethoven, Mozart; Alejandro comenzó a ver al hombre universal a través de los artilugios del siglo. La “Danza del Tambor” será luego una pieza altamente visual, donde casi se está en presencia de los danzantes y el oyente se trastoca en personaje de la obra y completa el sentido a través de una toma de conciencia del papel físico del sonido. Pero todo el estruendo se volvió susurro, pues Caturla fue también el reformador constitucional, que pidió leyes nuevas para enmendar el código penal infantil y reclamó pan para el hambriento y el desolado. Un tiempo convulso no tolera cabezas pensantes, o las corta o las destierra.

 

Remedios en muchos sentidos era una guillotina seca, concluidos los estudios de Derecho por parte de Alejandro, así como su estancia en París junto a Carpentier, el genio regresó con el traje puesto a la villa donde la pobreza simplificaba la ropa. La primacía del caqui de la guardia rural y el trato duro, la conspiración para silenciar al oponente que aún en su situación de desespero escribía a los amigos, felicitaba, pedía información actualizada, componía grandes piezas. Eran el artista contra el monstruo, la creación contra el vacío, el sensible tacto del piano contra la metralleta. En Remedios, la Revolución de 1930 dejó alertas a los ahogadores de las primaveras. Varias veces recibió el abogado y juez ofertas para dejar a un lado su intachable postura, pues ya el estar casado con dos negras y hacerles hijos eran ofensas suficientes. El joven pasaba por alto los ofrecimientos, pero no así las amenazas y solicitó un revólver como parte de su indumentaria de funcionario del Derecho.

 

De nada le sirvió a Alejandro que durante el último periodo de su vida (1936-1940) gobernara la República otro remediano, el Coronel Federico Laredo Brú, quizás hasta un amigo común de la familia. Ya pasaron los años de las delicias y el helado luego del cine, de las primeras chicas negras amadas detrás de las columnatas, sí, y todo eso lo sabía Caturla quien, toga viril y pentagrama enervado, se dirigía al viejo vulgo de Remedios en el teatro Miguel Bru. Aquella noche lo abuchearon, la rechifla ahogó el principio de un concierto que quiso ofrecer casi como una disculpa de su vocación genial y díscola, de los portazos que daba a las ventanas de su casa antes de sentarse a componer, del egoísmo noble que lo llevaba a trasnochar mirando por un postigo hacia las calles Independencia y Maceo, la misma encrucijada donde halló la muerte. Barbarismos de la historia que le negó el justo reconocimiento.  

 

Mientras, en Europa ya llovían premios y estrenos de sus obras, todos se preguntaban dónde yacía el genio oculto de tanta dicha o tanta tristeza. Carpentier coordinaba el retorno de ambos por los predios parisinos, en una turbamulta parecida a la de Napoleón a su regreso de Elba. Pero el héroe era héroe a la manera de Byron y no al estilo feroz de los que hincan el diente en la realidad oportuna. Prefirió la manutención de sus hijos, a quienes amaba y dio consejos de lecturas, para los que tocó piezas de su amigo Claudio Debussy en el viejo piano. La guillotina seca le tendió cercos al creador, le hizo un puente del juzgado a su casa y viceversa, no había meandros de fortuna para el hombre que siempre debió dinero a cambio de ratos libres para componer o soñar con irse a La Habana, a París, al menos de forma imaginaria. El sombrío año de 1940 vino como un soplo de frío, con la navidad local y el jolgorio de las Parrandas, Alejandro debió ver desde la ventana de su casa la evolución de los barrios El Carmen y San Salvador y pensaría que la escena tornárase quizás reiterativa.  La música silenciada por la bulla popular, la “Berceuse campesina” que sonaba en la noche, cuando la villa ni siquiera pensó en la importancia de lo que se gestaba.

 

Un nacimiento de luces en medio de la sombra mediocre de 1940 fue abortado en la intersección de las calles, Alejandro muerto a balazos por un matón común, un ser anónimo que fue a esconderse en el Cuartel de la Guardia Rural, donde lo recibieron con aclamaciones. La bestia no enseña jamás el rostro y celebra el mordisco en silencio, pero el héroe, aún desprovisto del amor que merecía fue alzado en hombros, lo llevaron hasta la morada humilde y allí a la última Tule de todo hombre. Esa fuera la historia en sí, unida a la repulsa de Carpentier, quien escribiera “El crimen fue en Remedios”, o los reclamos de Nicolás Guillén, quien descubriera en Caturla a su par. Pero Alejandro parece cada año por estas fechas nacer en esa misma calle mortuoria, como si el frío año 1940 hubiese detenido a Remedios en el tiempo, ciudad deudora, lugar de perenne vacío donde la música debiera resonar. Todavía cuentan que en la casona hay pasos y seres que desmienten el entuerto de la muerte. Es quizás la obra que solitaria continúa su paso breve e indiferente al devenir humano.

 

REMEDIOS, TEATRO VILLENA Y AIRES DE CICLÓN

REMEDIOS, TEATRO VILLENA Y AIRES DE CICLÓN

Por Luis Machado Ordetx

Algunos amigos de San Juan de los Remedios, todavía con discretos servicios eléctricos, entonan plegarias por las ventoleras que ensañó el huracán Irma en la estructura del vetusto teatro Villena, de allí, lugar de historias y encuentros constantes de artistas cubanos y universales.

Tal parece que aquella remodelación del coliseo, previa al medio milenio del nacimiento de la Octava Villa de Cuba, en 2015, no soportó los embates de los vientos. Así mostró sus evidencias.

Otros dicen que fue deficiente y apresurado el acondicionamiento. Sea una causa u otra, los vientos adquirieron categorías inusitadas en la región. Nada sé de arquitectura e ingeniería civil, aunque conozco que desde un tiempo atrás allí existía un reacomodo estructural interior por fallas perceptibles desde entonces.

Ahora las planchas de zinc, con tornillos de media pulgada cogidos a maderámenes deteriorados por el comején, se elevaron de sus respectivas distribuciones. Nada de las acciones constructivas actuales tocó esas partes, lo cual infiere que las grietas  pertenecen al pasado.

Los sucesos actuales recuerdan aquellas tretas del negro Francisco, uno de los demonios escapados del infierno en la Villa remediana,  y que  según su mitología  salía a realizar travesuras a los moradores.

Natalia Raola Ramos, la historiadora, en cierta momento recordó el acontecimiento cuando el lunes 24 de junio de 1985 una tormenta local severa arrancó la tachadura de lo que antes fue el teatro Miguel Brú, n antes Madrid y después Villena, radicado en las calles General Carrillo esquina a Calixto García, en Remedios.

Celebraban entonces en aniversario 471 de la Villa fundada, y hasta semioculta, por Vasco Porcallo de Figueroa, hombre que fomentó un universo geográfico español y aborigen amplio por la región central cubana.

El coliseo, tal como lo conocemos en la actualidad, fue inaugurado en la mañana 8 de diciembre de 1923, y desde entonces sus distribuciones interiores se transformaron en determinadas épocas y preservaron las cualidades acústicas de embocadura, escenario y entrepisos, distintivos inherentes a una excelente instalación.

Ahora la parrilla, la reventazón de las cerraduras y columnas estructurales del fondo, y hasta las ventanas, se desprendieron con la fuerza de los vientos. La embocadura, y hasta el viejo piano que acariciaron manos ilustres de la música cubana, se destruyó.

Un día, no sé cuál, con esa parsimonia y amor que compete a los remedianos por su Villa de historias, la Octava de Cuba como la bautizó contra viento y marea Eusebio Leal Spengler en aquella memorable disertación del 24 de junio de 2015, volverá a renacer con un teatro de acontecimientos que marcan cultura e identidad en la región central cubana.

Trabajo y constancia quedan por delante, pero otra vez, con seguridad, estaremos en el lunetario sentados todos, y disfrutaremos del arte que otros propagan a los confines del conocimiento y la humanidad.

 

 

HORMIGUERO CUBANO

HORMIGUERO CUBANO

Por Luis Machado Ordetx

Los cubanos después del paso del huracán «Irma» no duermen, y cuando el sueño llega, hasta sustos en los cuerpos y los pensamientos, aflora en reiterada ocasión. Tampoco tuvieron tiempo para pegar un ojo horas antes, y mucho menos cuando comprobaron que los vientos horadaron la tierra en puntos costeros y hacia el interior del país.

En épocas de desolación, con de cruces de brazos y lamentos, nadie se detiene. Aparece la solidaridad entre todos. Es la estirpe que, con algunos atributos, distingue la idiosincrasia de los nacidos en la isla caribeña.

La responsabilidad y el altruismo, más allá del saber humorístico y dicharachero que no cesan, tienden a propagarse en convocatorias y en respuestas colectivas.

Desde Caibarién, uno de los sitios más devastados y oscuros, unas horas atrás, la electricidad se restablece de manera paulatina. También ocurre igual en Isabela de Sagua, otros sitios de Corralillo y Encrucijada. Poco a poco, y paso a paso, se avanza en diferentes partes. Graves siguen territorios de las periferias de muchos municipios. Caminos desbrozan los eléctricos y telefónicos que, como huestes mambisas, restablecen conductoras de energía y comunicación.

Las calles y carreteras principales que conectan las localidades vuelven a la normalidad, y una llamada telefónica, por distantes que estén los interlocutores, se traduce en aliento porque nadie quedará abandonado de abrigos individuales o familiares.

Las viviendas arrasadas, o pérdidas de pertenencias personales, volverán a resplandecer con soberanas hidalguías. Los daños, ya cuantificados, son supervisados por ingenieros civiles y arquitectos, y toman inmediata solución. La cultura, y el disfrute espiritual, se dan la mano con los pobladores. Los hechos y respuestas tienen las pruebas del tiempo con huracanes humanos que alcanzan dimensiones inusitadas y se multiplican.

Enseñanzas sobran: resistir y resistir los más duros embates, sean naturales o provocados, que lleguen a los sitios inmediatos de nuestra cercanía. Es una vocación inherente a nuestras psicologías colectivas.

Tierras arrasadas, con cultivos en fomento, y hogares destruidos o dañados, en pocos meses, otra vez en pie, como un reto. Constituye esa una capacidad esencial   del cubano para ramificarse en la historia. No importa que muchos digan que la furia de los vientos los dejó casi en cueros, y entre los culpables están los vetustos árboles jamás talados en prontitud.

Nada ataja ahora “la guerra de las hormigas”, como sustentó antes en una hermosa fábula Francisco Javier Balmaceda, el patriota y poeta remediano. Un ambiente de confianza rodea a todos: ninguno estaremos desabrigados y todo tomará su cauce en aguas, campos y ciudades.

Habrá que decir como Miguel Matamoros, cuando la enorme tempestad de viento y agua azotó Quisqueya, en septiembre de 1930: «cada vez que me acuerdo del ciclón/ se me enferma el corazón», y eso dejó «Irma» en su engañifa pasada cuando tronó distendida por días en el rumbo norte de nuestro archipiélago.

Llega la electricidad, aunque muchos todavía están a oscuras, y aparecen los destellos de abastos de agua potable en sus más diversas tonalidades. Es como la imposición del refranero canario de “a buena hora y con sol” se redescubre la espiritualidad de nuestra existencia. Ya veremos nuevamente a las aves congregarse en la floresta, y transportar otras alegrías en los trinos y vuelos. Ahora no hay para más: “¡amárrate los pantalones!” y sigue  adelante en una extraña conspiración humana que desborda infinita solidaridad. 


 

REMEDIOS, GUARDIANA DE LOS VIENTOS

REMEDIOS, GUARDIANA DE LOS VIENTOS

San Juan de los Remedios, la ciudad guardiana del mar del norte de Cuba, se sostuvo como un farallón ante ese demonio que los nativos llamaron huracán. 

Por Mauricio Escuela (Escritor y periodista cubano).

Las crónicas más antiguas se pierden en los meandros de los siglos, San Juan de los Remedios, la ciudad guardiana del mar del norte de Cuba, se sostuvo como un farallón ante ese demonio que los nativos llamaron huracán. Primero fue la villa incipiente, supersticiosa, bravía, que no temió ni a piratas ni a naciones enemigas, ese grupo de españoles, indios, portugueses, judíos y criollos que ya sentían como suyos el pasto de los potreros, el salitre de la bahía de Buenavista, el tono colorado de las tierras; aquel amor era más fuerte que el viento, que las inundaciones, que el miedo.

De aquellas historias nos quedan retazos, la sobrevida de que hubo tormentas y naufragios, pérdidas inmensas, hechos que devinieron en leyendas. Como dicen todos, desde la fundación en 1515 hasta hoy es mucho lo que llovió en Remedios. El ciclón más fuerte de que se tiene memoria en esta región data del 26 de octubre de 1837, por entonces no había forma de predecir esos fenómenos. Tampoco aquella noche que se cernió sobre la ciudad de repente pudo apagar la alegría de las parrandas ni, como se dice en cubano, la jodedera, pues cuentan que un señor de apellido Castellanos cumplió la promesa de que su muerte conmovería al mundo.

Muchas décimas jocosas se hicieron sobre el deceso del longevo señor en medio de aquel gran ciclón conocido como San Evaristo.

Ahora Remedios sigue siendo mística, las bocacalles oscuras y fortificadas soportaron el azote del más reciente huracán, pero está en la población el espíritu de permanecer, de construir entre todos la más reluciente villa. La gente que ha perdido sus casas y bienes se preocupa por el nombramiento de las parrandas como Patrimonio de la Humanidad, va a las naves de trabajo de los barrios San Salvador y El Carmen y casi se olvidan que no hay fluido eléctrico, que la villa quedó incomunicada. Casi se olvidan de ellos mismos, así es el remediano, ese ser que mira con preocupación los daños a su querida Iglesia Mayor, una joya de la arquitectura colonial, con sus altares enchapados en oro. Es la capacidad heredada de luchar contra lo desconocido, contra fuerzas mayores, es la guardiana del mar del norte de Cuba que sabe sobre sus espaldas el peso de la tradición y la historia de tantos siglos.

Una ciudad que fue rectora de la prensa en la región, de ilustres familias, no tiene hoy un periódico donde plasmar los más recientes hechos. Deberá acudir a la memoria de los muchachos que juegan en estas prolongadas noches de apagón, a ese grupo que hace de la desgracia una chanza y transforman un pedazo de poste caído en una broma. Remedios estuvo conmocionada, estrujaron sus clavijas antiguas, sus paredes de tierra y piedras, sus seres misteriosos, saltaron de los ríos las supersticiones y las madres de aguas siempre dispuestas al milagro. Ahora la ciudad reposa, el descanso incluye al destruido teatro Rubén Martínez Villena, antiguo Madrid, donde se oyeran los arpegios de Alejandro García Caturla, o la Suite de las Parrandas de Agustín Jiménez Crespo. Ese silencio se cierne sobre el Teatro Guiñol del maestro Fidel Galván Ramírez, institución insignia, que tanta alegría nos regaló, cuyas obras llegaron a riberas tan distantes como los escenarios de Broadway.

Aun así, el remediano rechaza la lástima, se despoja de ella como de algo ajeno, se acuerda de los grandes hombres y emprende la recuperación. Los vientos de solidaridad y esperanza prevalecen sobre el huracanado rugido que recorrió las calles enrevesadas. Otra vez Remedios la Bella llenará el aire de campanadas, de piezas musicales compuestas por Caturla, de copos de pólvora de sus parrandas. La guardiana del mar del norte se levanta.

Tomado de http://www.granma.cu/cuba/2017-09-14/remedios-guardiana-de-los-vientos-14-09-2017-23-09-33