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BENNY MORÉ EN UN ROTATIVO CUBANO

BENNY MORÉ EN UN ROTATIVO CUBANO

Vanguardia, un periódico de provincia, en lo que antes de 1976 constituyeron Las Villas (ahora desmembrada entre Villa Clara, Cienfuegos y Sancti Spíritus), sirvió de escenario para más de un encuentro de grandes personalidades de la cultura cubana o foránea.

Todos convirtieron la redacción y los talleres gráficos en fuentes de inspiración para el diálogo y el conocimiento artístico-literario, político y filosófico, y social y económico. Nunca percibieron aquellas visitas como sitios de prefrerencias para la bohemia o la publicidad...

Por Luis Machado Ordetx

Una redacción siempre es un hervidero de personas. Unas en silencio, y otras en bullicios. Apenas hay tiempo para percatarse entre los que llegan y van por los respectivos departamentos. Existieron décadas en las cuales periodistas, fotógrafos, y hasta tipógrafos, linotipistas, o de la rotativa, quedaron fundidos en una sola familia.

Teníamos otro gusto por el olor de la letra recién impresa. También por el asombro y el dialogo con el que, unas horas antes, transitó por los pasillos  de la antigua Sociedad Bella Unión, radicada la calle Plácido 4, esquina a Céspedes, en Santa Clara.

El machón —tarjeta de presentación de un periódico—, marcó por mucho tiempo esa dirección para indicar, a pesar de Vanguardia tener entrada anexa por Céspedes 5, que allí se confeccionaban e imprimían los más trascendentes sucesos políticos, económicos, sociales y culturales volcados a la luz pública. Gracias a una vieja rotativa el jueves 9 de agosto de 1962 se hizo la tirada del primer ejemplar.

El decenio inicial de la publicación está marcado por ribetes de oro: dirigentes políticos, escritores, periodistas, humoristas, así como músicos, narradores deportivos, convirtieron la redacción en debate, confraternidad y encuentro de ocasión.

Muchos eran extranjeros que tomaron por “asalto” a la región central. Algunos de esos instantes están recogidos en las páginas, y en su inmensa mayoría las informaciones aparecen carentes de créditos, y sin “hinchar el perro”, frase equivalente a ir a lo exacto, a la síntesis.

Otros materiales impresos van a la grandeza, a la prontitud y objetividad. Llevan las reglamentarias firmas. A esas particularidades hizo referencia Blas Roca Calderío, director del capitalino rotativo  Hoy, quien junto a Arnaldo Milián Castro, secretario general de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) en Las Villas, dialogó con el personal de talleres y redacción de lo que después sería Vanguardia, una forja de periodismo.

Era el 10 de junio de 1962, y el dirigente, en intercambio de puntos de vista con Milián Castro —padre adoptivo y gestor del diario villareño—, precisó que en las cualidades de un periodista destacan su carácter observador, de honestidad y objetividad.

Nadie pondría en duda que esos dirigentes fueron los primeros visitantes que recorrieron nuestros pasillos. El viernes 19 de octubre, Alicia Alonso y  algunos de los integrantes del Ballet de Cuba iban rumbo a la LV-9 para  ofrecer una clase magistral a las torcedoras de esa industria.

En el umbral de la rotativa, en la calle Plácido, bobinas de papel y bultos de periódicos listos para la circulación, llamaron la Prima Ballerina Absoluta, quien se detuvo en el lugar y  dejó palabras de elogios, y tomó en sus manos un ejemplar en obsequio, según la reseña noticiosa. Por desgracia, en el sitio y la hora precisa, no apareció un fotógrafo que captara el instante histórico.

Similar postura, pero hacia el interior del local, tuvo la disertación sobre el “Origen de las especies y la teoría de Darwin”, ofrecida a principios de marzo de 1963 por el antropólogo chileno Alejandro Lipschutz. Hubo por entonces sucesivas actuaciones del declamador Severo Bernal Ruiz, o el trovador Juvenal Quesada, un hombre que cantó como Manuel Corona a la ternura y el universo femenino.

También llegaron a la redacción el director sinfónico ruso Alexander Frolev, o Alexei Fiodorov, ministro de Asistencia Social de Ucrania, y portador de un mensaje de salutación de Alexei Meresiev. De esos momentos existe más de una fotografía para testificar el suceso.

El miércoles 12 de junio de 1963 la redacción se convirtió en sala-sesión de jazz, según los criterios que dejó Robert F. Williams,  líder de los derechos civiles del pueblo norteamericano, quien abordó los afluentes musicales, antropológicos y sociales que confluyen en ese género inigualable que se sumerge en raíces africanas y populares.

A principios de enero de 1964 incursionaron por Vanguardia  los escritores y periodistas búlgaros Buledav Bulleof, Krestof Velef, Antonio Velichco y Atanás Yakimov. Días después irrumpieron en la redacción Nicolás Guillén y Juan Marinello Vidaurreta. Los listados, anécdotas, consejos e historias de aquellos visitantes serían interminables. Sin  embargo, hay dos que marcan un momento definitorio, y de universalidad.

                                            GENIAL CUBANO

En el restaurante La Nueva Cubana, frente al Parque Leoncio Vidal, el cienfueguero Andrés García Suárez divisó a Benny Moré cuando entraba al local junto con algunos integrantes de su Banda Gigante. Con la osadía del periodista vino el saludo y la invitación para una entrevista formal. El escenario lo propiciaba.

El Bárbaro del Ritmo y su Tribu se alojaban en el hotel El Central, una vieja edificación de 1929 ubicada frente al parque Leoncio Vidal, de la capital provincial del centro del país. Era el  martes 18 de diciembre de 1962. Tenían pactados recitales por diferentes municipalidades: 19 Fomento, 21 Guayos, 22 y 23 Placetas, 24 Zaza del Medio, 25 Calabazar de Sagua, 30 Sancti Spíritus, 31 Manicaragua, y Santa Clara, cierre del periplo en el primer día de año. Esos fueron los anuncios de la cartelera.

Hace unos días el octogenario colega contó interioridades del incipiente intercambio de saludos con Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, el Benny:

«— ¿Por qué no me concede ahora la entrevista, dijo García Suárez.

«— ¡Pronto voy al Vanguardia! ¡Espérame allá!

«— Pero, ¿usted sabe dónde está?

«— ¡Sí!, del hotel Santa Clara hacia abajo. Por Céspedes. Sé del lugar. Allí estaré dentro de poco.

El periodista le deseó un buen provecho, y fue rumbo a la redacción pensando que Benny jamás aparecería de inmediato, y en caso de hacerlo sería tarde. En menos de media hora el Sonero Mayor ascendía por las escaleras de la redacción. Venía con Enrique Benítez, el Conde Negro, y preguntó por Andrés, quien «no creía en aquella realidad», según confesó.

Sin embargo, Reynerio Moure Mesa, linotipista y fundador de Vanguardia, presente en el diálogo que sostuvo García Suárez con Benny Moré en el restaurante de La Nueva Cubana, confesó hace poco que el Bárbaro del Ritmo acompañó a los periodistas durante el recorrido por las calles de Santa Clara hasta la llegada al rotativo villareño. De una manera u otra, sin entrar en contradicciones de puntos de vista, lo cierto es que el ídolo de Santa Isabel de las Lajas y de toda Cuba, vino a la recepción del diario y a contar pasajes de la historia musical.

Las imágenes que tomó Jesús Hernández Santana permiten reconstruir el escenario de las 15 preguntas que, en ráfaga, formuló García Suárez.

«— ¡Andrés!; ese sofá de junquillos todavía está aquí. Por supuesto, tu entrevista no es la última que hicieron en vida al fecundo lajero.

«—¡ No lo creo! Lo de la entrevista, sí, hubo otra en La Habana luego de concluir los conciertos villareños. Ahora, lo del mueble lo desconocía luego de tantos años.

«— ¡Sí!, la última entrevista la atribuyen a Santiago Cardosa Arias, quien  fue hasta la vivienda de Benny para invitarlo por el periódico Revolución al Festival Papel y Tinta que celebrarían por esos días. Ocurrió el miércoles 3 de enero de 1963. Ahora viene la sorpresa…

«—¿Cómo?... ¿Qué dices?...

«—¡Sí!: Vanguardia es la última redacción que visitó en cantor de Santa Isabel de las Lajas antes de fallecer el martes 19 de febrero de 1963. De eso puedes tener la más completa seguridad.

«—¡Tremenda noticia! Nosotros siempre pensamos que la entrevista estuvo entre las finales que se hicieron. El Sonero no era dado a concederlas. Bien recuerdo las fotografías de Hernández Santana,  reiterativas en ediciones siguientes, y hasta del fotorreportaje que se publicó del sepelio.

«— ¡Tienes razón! Fue el viernes 22 de febrero. El titular decía: «El sepelio de Moré en Lajas. En Benny Cantaba Cuba», con textos de Juan R. Villavicencio y Sergio Rodríguez, y fotos de José Ramos Pichaco y Antonio (TOM) López Godoy.  El cierre de la entrevista, cuando le preguntas al músico la opinión de los artistas que abandonaban el país, es concluyente.

«—¿Qué dijo? Ha pasado mucho tiempo.

«— La dejo aquí: “Bueno chico, esa es una pregunta difícil. Tu sabes que en esta profesión uno hace muchas amistades. Tiene afectos. Solo puedo decirte que yo sé que esos a veces pensarán: ¿Por qué Benny no se ha ido? Y yo pienso: y ellos, por qué se han ido?”.

Ahí quedó el cierre de la respuesta a la penúltima entrevista con el sensacional sonero cubano.

                                      

FANFARRIAS POR GARCÍA CATURLA

FANFARRIAS POR GARCÍA CATURLA

Un letargo indefinido para su reapertura, luego de las averías que provocaron en la construcción del Hotel Camino del Príncipe, sufre el Museo-Casa Alejandro García Caturla. Nadie en Remedios, o cualquier parte de Cuba y el mundo comprenderá porqué tantas intervenciones en la cubierta de ese inmueble Patrimonio Nacional no tienen la más efectiva realización. Acaso, premura-chapucería se aliaron para dejar “ciega a la luz” pública los tesoros documentales y musicales de unos de los más importantes compositores de todos los tiempos. Esas constituyen paradojas de nuestra época. El corre-corre y la incompetencia profesional deja sus huellas, y luego se convierten en grietas que nadie, por "arte de magia" o voluntad, podrá contener sin la revisión minuciosa del porqué ocurren esos sucesos previsibles. 


Por Luis Machado Ordetx


Las festividades que cerrarán el medio milenio de San Juan de los Remedios, en Villa Clara, están por llegar. No obstante, muchos piensan que el jolgorio popular del 24 de junio, día de San Juan Bautista, Patrono, reclama que con mayor estridencia resuenen los acordes de la «Fanfarria para despertar espíritus apolillados», la irónica composición de García Caturla.


Razón no falta en el pensamiento de muchos coterráneos. En lo espiritual, el músico asesinado en 1940, pugna todavía contra la modorra, cierta actitud institucional que limita una mayor difusión de toda la proyección vanguardista y cubana que forjó, desde un ambiente “quijotesco”, para la historia de la humanidad.


El artista, uno de los cubanos más universales en la creación musical, la inventó esas sonoridades, y las llevó al pentagrama, con el anhelo de “sacudir cualquier tradicionalismo” imperante en sitios poco cosmopolitas del país. De igual modo lo hicieron Amadeo Roldán y José Ardévol a principios de los años 30 del pasado siglo. Buscaron desde lo propio torcerle el cuello a la mojigatería burocrática y de apacibles auditorios.


Eran una alerta. Funcionaron como “grito” de rebeldía contra la inercia institucional y artística. Ahora, por supuesto, desearíamos escucharlas nuevamente por plazas y parques que vieron desandar al  coterráneo e ilustre creador de San Juan de los Remedios, la Octava Villa de Cuba que llega a los 501 años de existencia.


Hay razones que todavía persisten y están relacionadas con el juez-compositor: una pereza apagó durante los últimos 20 meses las habituales labores públicas y culturales del Museo-Casa, sitio que durante dos décadas atestiguó sus desvelos irreverentes en la abogacía y las artes. Allí existen valiosas colecciones de documentos y objetos de su acontecer musical, o profesional, y otros relacionados con la historia de  creadores de ese territorio, uno de los más prolíferos en el ámbito cultural de la región central.


El San Juan Bautista se instituye en el más original momento para las fanfarrias. Será necesario que retumben los silbatos, campanas, tambores y timbres diversos frente a la desidia que durante mucho tiempo desatendió las reparaciones constructivas en paredes y cubiertas sujetas a filtraciones de lluvias.


Las insuficiencias técnicas en la edificación de un inmueble para el turismo foráneo, el hotel Camino del Príncipe, dañaron la cubierta  contigua. La apertura del hospedaje, en junio pasado, paralizó de manera indefinida la suerte del Museo-Casa Alejandro García Caturla, Patrimonio Nacional. Desde noviembre de 2014 el Consejo Técnico de esa institución desmontó todas las colecciones, y decretó la clausura para observaciones públicas de  extranjeros y residentes cubanos.


La Cultura local perdió un baluarte expositor, y su economía, obvio, se afectó. No reportaría ingresos monetarios por la entrada de visitantes ávidos de conocer riquezas espirituales y materiales referidas con el genial compositor y a otros creadores y agrupaciones de ese territorio.

 

                             REPARACIONES INTERMITENTES

 

Brigadas de constructores de Turismo en Villa Clara en tres ocasiones trataron de restañar las deficiencias iniciales. Eran los causantes de un “mal” que todavía no tienen una total terminación. Hicieron, incluso, hasta un simulacro de “bombardeo” de agua para probar la efectividad del trabajo.


Después de algunas intervenciones en la cubierta, y el  acondicionamiento en pinturas de paredes y hasta de adecuación de los baños sanitarios o de servicios de agua en esas habitaciones, reabrirá sus puertas el Museo-Casa. No se sabe cuándo, alertan los especialistas empeñados en conservar y socializar el patrimonio histórico que protegen.


Los gastos en la reparación del techo fueron a la cuenta del Turismo, inversionista que restringió las funciones de la institución de Cultura. Ese sector se responsabilizó con las adecuaciones interiores. Sin embargo, a pesar del tiempo que transcurrió, hay paredes muy húmedas que no permitirán en sus cercanías la ubicación de muebles o documentos y pertenencias personales del más universal de los remedianos.


Las dos salas que acaparan la atención de la infancia y labor artística de García Caturla no se abrirán durante un período prolongado. Aguardarán a que las paredes pierdan la transpiración acumulada por las lluvias y los estragos que dejaron los constructores del hotel, quienes ubicaron los dispositivos metálicos encima de la cubierta de tejas criollas que protege el techo del inmueble cultural.


Un mes atrás ejecutores de Turismo prometieron rehabilitar los cuadrantes del falso techo, un desprendimiento evidente debido a las filtraciones. Una inspección ocultar reciente demostró que la institución espera por esos elementos decorativos, y por las luminarias exigidas a Cultura, sector al cual pertenece.


El despacho que utilizó el juez-compositor durante parte del ejercicio profesional en su ciudad natal, no dispondrá de cuadros colgados en la pared. Con eso evitarán los deterioros que deja la saturación en paredes.


Todas esas dificultades forzaron a directivos del Museo-Casa Alejandro García Caturla a idear un programa para limitar la entrada a zonas expositoras específicas. En el caso de los extranjeros no se cobrará  el servicio de explicación dirigida o espontánea de los especialistas. Tampoco a los foráneos podrá colectarse por las fotografías que decidan tomar. El servicio será incompleto.


Eso, por supuesto, afectará la economía del sector al dejar de percibir ingresos que se revertirían en fondos para sustentar el mejoramiento constructivo de otros inmuebles del territorio. Por cierto, muy deteriorados. No se trata solo de cálculos monetarios. Están otros mayores: pérdida en la difusión de la riqueza de la Cultura cubana y el esplendor espiritual de quien concurre para apreciar los dignos valores universales de García Caturla y sus coterráneos.


De acuerdo con reportes más de 400 000 turistas extranjeros recorrieron en los primeros meses de año escenarios históricos, naturales y culturales de la central provincia de Villa Clara. En 2014, y lo que va del actual, ninguno traspasó el umbral del Museo-Casa de Remedios. Muchos mostraron su desencanto, y otros asombros al contemplar que allí, donde se reúnen los valores musicales y el  prestigio universal de García Caturla, las puertas estaban “vedadas”  por inusuales causas de marcada índole subjetiva.   


Nada. Después de 20 meses de espera una instalación Monumento Nacional, con objetos y documentos de probado rango patrimonial, reclama que los acordes estrepitosos de aquella fanfarria, la de García Caturla, resuenen nuevamente en el San Juan Bautista, recordación de aquel 1545 cuando la Octava Villa de Cuba dispuso de Ayuntamiento y su primer gobierno local.


Con ceremonias de profundas huellas histórico-culturales, será este 24 de junio un momento inigualable para animar a los «espíritus apolillados» que todavía dormitan en Remedios, tal como describió  el contexto musical del exigente García Caturla, y en su Museo-Casa queden restañadas todas las deudas que limitan la exhibición de un esplendor documental único e irrepetible.

 



GARCÍA CATURLA DETENIDO EN EL TIEMPO

GARCÍA CATURLA DETENIDO EN EL TIEMPO

Durante los últimos 18 meses el Museo-Casa Alejandro García Caturla, Monumento Nacional, no recibe visitas del público ávido en conocer la trayectoria del músico-juez, o agrupaciones y compositores de Remedios. La medida obedece a fallas constructivas que originaron filtraciones en la cubierta de esa edificación colindante con el hotel Camino del Príncipe, inaugurado en junio del pesado año. Los inversionistas del Turismo ¿amagan? con intervenir en el asunto, pero siempre la intenciones se desvanecen por otras urgencias de última hora. 


Por Luis Machado Ordetx


Inercia, y también abandono. Así se distingue el desamparo que dejan averías en el techo, y humedad en las paredes del Museo-Casa Alejandro García Caturla, en Remedios. La institución, Monumento Nacional, está con «puertas cerradas» a todo público, incluso al extranjero, urgido en reconocer la historia de la música en la localidad.

 

Una razón de fuerza mayor obligó a la determinación: preservar colecciones de documentos, objetos y pertenencias individuales y colectivas relacionadas con el juez-compositor, su familia, o agrupaciones y artífices que, desde el interior del país, sustentaron fuentes del sinfonismo cubano. Hasta el momento, ya pasaron 18 meses, no se vislumbran posibles visitas dirigidas o espontáneas, y mucho menos restañar  los daños acumulados a la edificación.

 

Las quejas de especialistas y trabajadores del centro quedan en valijas cuarteadas. Hay  algunos instantes de amagos de intervención, pero todo vuelve a la incertidumbre, sin un efectivo restablecimiento que contenga una parada cultural interminable.

 

Con la terminación en junio pasado del hotel Camino del Príncipe, ejecutado por Emprestur Villa Clara, las angustias se acentuaron en el edificio aledaño. En noviembre de 2014 cuando allí comenzaron a intervenir en los 1833,48 m2 del actual hospedaje, techos y paredes contiguos, en la parte derecha del vetusto inmueble, sufrieron de sistemáticas afectaciones.

 

Los escurrimientos de las lluvias muestran sus estragos acumulados en una de las viviendas más singulares de la Plaza José Martí, en la Octava Villa de Cuba. Ahora los aguaceros se avecinan cuando hay una larga estancia de perjuicios incitadas por inversionistas del Turismo. Por el momento, sin solución, todo quedó en una aparente nebulosa.

 

El elemental mortal tiende a encogerse de hombres: ¿y esto cómo sucede en una ciudad que aún celebra su medio milenio? ¿A quién (es) asiste el derecho de violar la Constitución de la República en su artículo 39, inciso h, de evidente comprensión para todos?  El texto indica que «El Estado defiende la identidad de la cultura cubana y vela por la conservación del patrimonio cultural y la riqueza artística e histórica de la nación. Protege los monumentos nacionales y los lugares notables por su belleza natural o por su reconocido valor artístico o histórico».

 

Todo lo ahí reseñado, tiene incidencias en el Museo-Casa. Es Patrimonio Nacional desde el 7 de marzo de 1980. Así refrenda una placa metálica en la fachada de la vivienda que habitó en sus últimos 20 años el más universal de los músicos remedianos. García Caturla logró en esa vivienda notables y sólidos destellos de carrera artística y profesional de la jurisprudencia.

 

No olvidaré aquella sentencia del periodista E. Rodrigo, en El Faro, cuando en sus «Impresiones espirituales», destacó que «nuestro Remedios, no sabe aún ó no quiere saber el valor intrínseco de Alejandro García Caturla».1 Es un criterio que comparto.

 

Recuerdo el aliento que llevó al músico a Caibarién para fundar en 1932 su Orquesta de Conciertos. Allí lo aguardaban algunos coterráneos, entre los que destacó José María Montalbán. Fueron los de la Villa Blanca quienes primero perpetuaron la  memoria del jurista-compositor. El 12 de noviembre de 1941, al año de asesinado en plenitud de facultades, colocaron una placa de bronce en el lugar exacto en el cual cayó abatido por balazos traicioneros. El hecho, de un modo u otro, ahora se repite por la imposibilidad de no exhibir, de manera adecuada, inconfundibles pormenores históricos-culturales que lo ubicarían hacia un indefinido reconocimiento universal.

 

                                     CONTRA LA INDIFERENCIA

 

Siempre hay quienes gritan, y hacen alertas y críticas, pero los llamados van al vacío. Muchos ejemplos sobran en Villa Clara al relacionarlos con la violación del Decreto 77 del Consejo de Ministros sobre la Ley de Patrimonio Cultural. Los transgresores, como sucede en el Museo-Casa de Remedios, se convierten en arbitrarios. No tienen otro nombre aquellos que contribuyen a restar relevancia a la «riqueza artística e histórica de la nación», según corresponda al ciudadano común, o en directivos.

 

El parque Leoncio Vidal, en Santa Clara, recibe a cada instante un atentado. Irrespetuoso fue colocar —taladro en mano—, una señal de P. en una pared del antiguo Liceo de VillaClara —actual casa de cultura Juan Marinello—, y de instalar “modernas” sombrillas Hollywood en La Marquesina, legítimo orgullo exterior del teatro La Caridad, un privilegio arquitectónico del país.  

 

Las indisciplinas sociales e institucionales figuran a la orden del día, y requieren un corte de «atajos» para plantar un sencillo e imprescindible coto a las indiferencias. Son puntos de vista que alegan anónimos remedianos, y también trabajadores del Museo-Casa Alejandro García Caturla, antigua vivienda que en 1875 adquirieron los bisabuelos maternos del músico. Un siglo después de esa fecha se erigió en institución cultural. Entonces respetaron sus piezas principales, mientras se transformaron salones con diversos fines, lugares que atesoran mamparas y galerías originales, patio central, y pisos con baldosas de la época, excepto en el recibidor.

 

Lidia Esther Pedroso Martín, especialista, advirtió que las «colecciones de literatura cubana, firmada por sus autores, libros de jurisprudencia e historia, de música o grabaciones, pertenecientes a García Caturla, fueron reordenadas en 2014 para evitar deterioros por humedad. En noviembre y enero pasado las averías de los techos se “repararon”, pero no resistieron  solución duradera. Persisten las irregularidades constructivas y la filtración continúa».

 

Entonces, «supimos qué ocurrió al lado. Levantaron una pared de bloques, paralela a la medianera del edificio-museo, y no la hermetizaron. Por ahí se escurren las aguas en períodos lluviosos. Aparece la humedad residual, y hasta partes del cielorraso se desprendieron», afirmó María Aleyda Hernández Suárez, museóloga que, junto a Pedroso Martín, lleva más de tres décadas dedicadas a preservar, investigar, socializar y difundir el legado histórico de García Caturla en presentes y futuras generaciones.

 

Casos similares surgieron con la terminación del hotel Barcelona, ocasión que afectaron los techos de la casa de cultura Agustín Jiménez Crespo, en la municipalidad. Pasó mucho tiempo para corregir las afectaciones. Ahora todo  se repite cuando el Museo-Casa, el 31 de este mes, cumplirá 41 años de existencia.

 

Con las celebraciones del aniversario 500 de San Juan de los Remedios, escasas acciones de remozamiento se ejecutaron allí: siembra de unas plantas de ocuje en la antesala del portal para salvaguardar de los embates del sol aquellas valiosas colecciones ambientadas. También aplicaron pinturas exteriores, según informan trabajadores.

 

                                         ÁMBITO DE CULTURA

Dicen que García Caturla, el jurista-músico, fue un hombre «contracorriente» en su ambiente social y cultural. Constituyó una fuente anticorrupción en escenarios puritanos, y revolucionó la composición del sinfonismo con temas afrocubanos. También levantó protestas, ciudadana y artística, contra la vulgaridad que convertían al «espectáculo cultural en plaza pública».2 En marzo pasado, a pesar de las puertas cerradas hacia el interior de la institución, el portal de su última vivienda, en calle Camilo Cienfuegos, sirvió de escenario colectivo para recordar el aniversario 110 del natalicio del más universal de los remedianos.

 

Diferentes agrupaciones artísticas se congregaron ahí con el empeño de rememorar un legado, una historia, «reclamada por muchas universidades y conservatorios oficiales»3 del mundo, como dijo Carpentier. También los especialistas idearon conferencias, conversatorios, y prosiguieron en condiciones anormales las labores de asesoramiento documental, y de conservación de las colecciones.

 

Nada podrá «detenerse, por lo que representa García Caturla para Remedios, Cuba y el mundo», pensamiento que alientan Pedroso Martín y Hernández Suárez. Ellas, al igual que el resto de los trabajadores, no desean que el Museo-Casa se erija en la “Cenicienta del Medio Milenio”, y se afanan en clasificaciones de papelerías y objetos que ingresarán el año entrante al Registro de Patrimonio Cultural  la Cuba, un proceso de carácter jurídico que revalorizará las colecciones archivadas.

 

Ya que hablamos de leyes vigentes, ¿cómo es posible que ante tantos perjuicios no ocurriera una demanda legal? Las museólogas se encogen de hombros. Alegan un desamparo que, incluso, da pérdidas económicas y culturales al país. No se ingresan montos monetarios por visitas de turistas y la difusión de panorama musical relacionado con García Caturla, Agustín Jiménez Crespo, o la centenaria banda municipal, conservatorios y otros creadores del territorio, carece de socialización.

 

De no ser por aquella reparación capital de los años 80 del pasado siglo, un remozamiento que duró cuatro años, «hoy la institución estaría destruida por los estragos recientes que recibió en sus cubiertas», argumentaron las especialistas.

 

Aquí llegan turistas espontáneos, y otros que conocen de la proyección renovadora de García Caturla, y parten “decepcionados” porque no pueden penetrar en la institución, y encuentran parte de sus salas desmontadas. Hay aprobado un proyecto de Desarrollo Local, modelo de gestión que reconoce y promueve lo estatal y privado, pero no funciona. ¿Cuál es la razón? La iniciativa se denomina «Son en Fa, y no contamos con las condiciones mínimas indispensables para recibir a turistas nacionales o foráneos. Tenemos dificultades en los baños sanitarios —sin llaves y herrajes, o salideros de agua, y una pésima iluminación en las áreas de exposiciones», especifica Hernández Suárez.

 

De implementarse dejaría ingresos notables. Días atrás en la instalación irrumpió una brigada de constructores. Trajeron andamios, y otros materiales. Hasta revisaron elementos de la cubierta de la edificación averiada. Sin embargo, todo quedó ahí. No existe una plausible respuesta inminente para restañar los daños en una vivienda y una localidad en la cual jamás se podrá silenciar, mejor matar, el espíritu musical y creativo del mítico García Caturla, un compositor de universalidades legítimas.

 

Notas:

 

1-    E. Rodrigo: «Impresiones Espirituales». Algo sobre García Caturla», en El Faro, Remedios,  2(196):1, lunes 5 de diciembre de 1932. 

 

2-    Alejandro García Caturla: «Crónica Musical. Septiminio Cuevas», en El Faro, 1(91):2, Remedios, lunes 16 de noviembre de 1931.

 

 

3-    Alejo Carpentier: «Alejandro García Caturla. En el primer aniversario de su muerte», en El Faro, 11(1018):3, Remedios, jueves 10 de diciembre de 1941. 



DOPICO, EL POETA EN LA MEMORIA

DOPICO, EL POETA EN LA MEMORIA

Por: Luis Pérez de Castro

 (Poeta y narrador cubano)

 

El día 8 de abril del 2016, se nos fue para siempre Frank Abel Dopico, se nos fue aquel joven agudo que llegó a la poesía después de descubrir los ojos atolondrados de Yamila, de esta susurrarle al oído: “Y el lobo, qué culpa tiene el lobo”, y él quedar desfallecido, como lo resume en el poema Aquí desfalleció el corazón de un cautivo, perteneciente al libro Algunas elegías por Huck Finn, cito: Yo escuché a la luz decir que era tu vientre, me saltaba la luz entre las manos; la luz aullaba y era entonces que la luna salía de la Tierra/ como una semilla lanzada a qué Universo…/

 

Frank Abel, para suerte de los que amamos con vehemencia la poesía, llegó a ella e impuso su estilo desenfadado y, en ocasiones, salpicado de cierto realismo sucio, a mediados de los 80, generación que para muchos marcó no solo un rompimiento en las estructuras y construcción de la poesía, también en la forma de encarar sus historias y variedad temática; generación donde, según la crítica especializada, fue una de sus voces más representativa.

 

Su obra la conforman los libros Algunas elegías por Huck Finn, El correo de la noche,  Expediente del asesino, Las islas del aire, El país de los caballos ciegos y Los puentes de Arcadia. Poesía fácilmente ubicada en la corriente coloquialista, con un marcado matiz confesional, producto quizás de sus lecturas de la poesía norteamericana y francesa de la segunda mitad del siglo XX.

 

Hago esta observación no para encasillarlo sino para señalar desde que tradición escritural asume su poesía. Y en efecto, Frank Abel trata de eludir por todas las vías posibles la tentación neobarroca (corriente que, a mi juicio, ha vertebrado la poesía no solo de Cuba, también la de toda América Latina durante el último siglo) y opta por una cuasi engañosa escritura coloquial.

 

Digo cuasi engañosa porque en sus libros –de manera especifica en El correo de la noche- existen diversos planos de lecturas y estrategias formales que son propias de la poética neobarroca, como la metapoesía, la intextualidad, la experimentación, la paráfrasis en clave irónica, el diálogo con otras disciplinas artísticas y personajes de la historia y la literatura universal, y el desplazamiento del yo lírico hacia un yo histórico y su descontrucción en el discurso del poema mismo.

 

Sin embargo, más allá de las estrategias de enumeración lírica, su escritura, en el conjunto de todos sus libros, es rigurosamente coloquial, tocando por un extremo lo conversacional y por otro lo confesional.

 

El primer plano de la escritura es fluido y transparente, pues reproduce la andadura del habla cotidiana, sus avatares por cada rincón de las distintas ciudades en las que ha pernoctado, pero si analizamos la forma en que se ha cristalizado esa escritura, descubrimos que esa transparencia está articulada por recursos escriturales verdaderamente complejos.

 

Para mi criterio muy personal el mayor peligro de la poesía coloquial radica en la narratividad en detrimento de la tensión de la historia(s) que se asume. Este peligro, en la poesía escrita por Frank Abel, queda excluido, pues su honda visión y destreza en el manejo de sus recursos líricos solventan, sin dudas, toda falta.

 

Gracias a la autenticidad de su escritura e, incluso, a la verdad que destilan sus poemas, su obra superó el epígrafe Borgiano: “El hombre olvida que es un muerto que conversa con los muertos”; y ha logrado ser aceptada por un número considerable de lectores, así como obtenido importantes lauros como el Premio David y de la Crítica con el poemario El correo de la noche, premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara con Algunas elegías por Huck Finn y Premio Ciudad del Che, además de ser incluido en diversas antologías tanto en Cuba como en el extranjero.

 

Es esta obra, en su laboriosa experimentación y búsqueda infalible de su verdad, una mirada a ese espacio vital de los hombres donde la poesía representa su insuperable carnaval de máscaras.

 

 

 

Se nos ha ido para siempre Frank Abel Dopico, yo lo acompañé junto a un muy reducido grupo de fieles que nunca lo abandonamos. No hicieron falta disparos de salva, banda de música ni discursos de altos funcionarios. Lo despedimos en silencio, con un dolor de flecha atravesándonos el pecho, cuantas imágenes y metáforas le hubiéramos querido recitar y no se nos hizo posible.

 

Vaya tranquilo, querido amigo, pues todos los que aprendimos a quererte llevaremos en un lugar de nuestra vida un revólver.

 

http://www.vanguardia.cu/cultura/6086-fallecio-el-poeta-villaclarreno-frank-abel-dopico

CAFÉ DI-VERSOS DE REFLEXIÓN

CAFÉ DI-VERSOS DE REFLEXIÓN

Por Luis Machado Ordetx

 

La poesía de Bertha Caluff, sin ser una comunicación mística, «reside en el espíritu de la trascendencia por entender las complejidades propias del individuo», explicó Roberto Manzano Díaz al intervenir en el espacio «Di-Versos», un centro de reflexión que abarca momentos específicos en la lírica  de invitados y coterráneos que intervienen en la Feria villaclareña.

Caluff, con significativos poemarios, entre los que destacan Casa de Sabra (1988), Cumpleaños del pato (1990), o En las playas de todos los mundos (2007) y El vigoroso trazado (2008), fue invitada a la tertulia que conduce Luis Manuel Pérez Boitel, quien, a partir del interrogatorio, posibilitó que la escritora abordara algunas particularidades de sus últimos tiempos con el verso pulido: diálogos con esencias florales.

Es un libro ya concluido, indicó, y se pertrecha de citas y referencias con especialistas que investigan aspectos positivos de la terapéutica Contiene poemas breves que mostrarán un gusto por la meditación introspectiva sobre la realidad y la «búsqueda de la armonía singular», tal vez único y válido en una tradición espiritual  del país, como dijo Manzano en su espíritu escrutador del conocimiento de nuestro panorama lírico contemporáneo.

También Caluff habló sobre la familia, y sus hijos —goce bendito—y el contacto del hombre con la naturaleza poética, y mientras «Cae la tarde/ y acuden las más oscuras aves», como recuerda uno de los textos que elaboró sobre Santa Clara y su Parque Vidal, el matancero José Manuel Espino, autor de Ronda de los suspiros, precisó que ahora, más que volver la mirada al verso que jamás lo abandonará, piensa en el teatro, una visualidad atractiva en su natal provincia.

Recordó aquellos encuentros de “Poetas de Extramuros”, reunión de escritores de todo el país en lugares de la Atenas de Cuba durante los años más crudos del período especial, y en los cuales el verso y la cultura apostaron siempre por “salvar” y “sanar” el ánimo de la creación literaria.

Nada más «Di-Versos» que un diálogo entre dos maneras diferentes de componer y entender la creación lírica, «la mía y la de Berta Caluff», dijo a Pérez Boitel. El escritor oriundo de Colón, destacó que siempre «apela a ejercicios poéticos y la no mirada hacia el interior expresivo».

 De igual modo resaltó que, «algún día aguarda por la publicación de la antología “Alguien que siente las musas del planeta”, postergada impresión con todos los ganadores del concurso internacional, en un tiempo, de Poesía Amor Varadero,  un certamen que ya va por su aniversario 35 de creado y sintetiza la perdurabilidad para detallar en las más nobles pasiones del ser humano», señaló.  

 

LA COMARCA DE ALFREDO

LA COMARCA DE ALFREDO

Por Luis Machado Ordetx

 Desde El cuento y otros cuentos, allá en la Tierra del Cebú, hay oficios que confabulan historias de escritores. Es un ir y venir de palabras. Todas se engranan a una “comarca”, en hechos, espacios y realidades destejidas por la imaginación.

 En una ocasión Mario Brito Fuentes, quien desde su región Manicaragua, entre lomas y llanos del sur villaclareño, contó cómo allí ocurren sucesos, a veces inverosímiles para unos, pero reales para otros. Es un escenario parecido al Macondo de García Márquez, o Comala de Rulfo.

 Sin embargo, siempre apuestan por lo diferente. En el universo del colombiano está la magia de lo real-maravilloso y sugerente que expuso Carpentier. En el contexto del mexicano reside el infierno viviente sin permanencia al más allá del espacio o el tiempo. En Manicaragua abunda todo lo opuesto.

La respuesta de Brito Fuentes, quien ahora presentó Cuentos de Comarca, de Alfredo Delgado Pérez (Manicaragua, 1949), se reproduce como autoparodia. Sin que nada concluya en “polvo” como en Rulfo, aparece la atractiva figura del escritor que, lejos del desajuste de lugar, va a la fascinación de los personajes y el entorno que lo rodean.

Es como un delirio, un misterio, que fascina. No existe un páramo dentro del ambiente que jamás sea vislumbrado. No obstante existen penumbras en la condición del personaje-escritor. Nada es sórdido, y tampoco asfixiante. Allí mora una “comarca” diferente, como un invento histórico-geográfico  que deslumbra y enorgullece.

 Es el toque de “gracia” del porqué abundan al sur los narradores, con una “autoescuela” de crecimiento. Los nombres sobran,  y también son artífices de cuentos. No por gusto, Jorge Cardoso, quien hurgó por llanos y montañas, lodazales y sitios abandonados, decidió un día deambular por esas serranías a la “caza” de fábulas  sobre los perros jíbaros. Eso atestigua la existencia de una poesía oral-escrita en el firmamento de las palabras y las frases de los personajes que recrean los escritores de la serranía.

 Nada alienante, o negativo, en fin distópico, asoma en las temáticas que divierten, o aleccionan en boca de los narradores de allá.  Con Cuentos de Comarca los lectores percibirán nueve pequeñas piezas maestras, en ráfagas, reunidas por Delgado Pérez. Ya no se trata del imaginario infantil que dispuso en la novela Muchacho, y con anterioridad en El cuento y otros cuentos, una selección de textos-divertimentos que abordan la fugacidad del tiempo y las cosas, la solidaridad, el cariño y la fantasía espiritual, y también el acto de creación literaria, una obsesión persistente en el escritor.

Esas confabulaciones el lector las encuentra en libros publicados en diferentes épocas por ediciones Capiro, casa impresora que, como ahora, estableció con Delgado Pérez un “pacto” de reconocimiento para distinguirlo entre os cubanos que, desde una localidad —su Comarca—, constituye en el país uno de los maestros silenciosos del cuento. 

 Tal vez, esa y no otra, la prueba del porqué Brito Fuentes presentó al público villaclareño Cuentos de Comarca, y Delgado Pérez, mostrara gracias de entusiasmo en contar cómo uno tras otro se fueron juntando en lecturas dirigidas a adultos. El “duende” de la creación literaria anda suelto “En la carretera”, o “La noche del Buitre”, “Esperancita”, la fraterna y querida esposa  que se recondena a cada instante en el hogar. Ella, la mujer,  lo observa, cuando desde el portal del rancho y sentado en algún taburete, el hombre de casa, elucubra historias, rompe cuartillas, revisa el texto y…

 Ahí está el instante de pensar en los imaginarios que darán existencia a otra palabra escrita.

 

«AULA DE POESÍA», ESCENARIO DEL DISFRUTE EN VILLA CLARA

«AULA DE POESÍA», ESCENARIO DEL DISFRUTE EN VILLA CLARA

En «Aula de Poesía», espacio de encuentro en el cual intervienen escritores cubanos que asisten a la Feria del Libro en Villa Clara, ocurre un diálogo inusual entre los hacedores de la palabra, sea en un género u otro, y estudiantes de la enseñanza medio-superior interesados en adentrarse en el universo de la Literatura. Especial para CubanosdeKilates.blogia.com, hay un acercamiento a la poética de Sergio García Zamora, Mildre Hernández Barrios y Lina de Feria, un instante singular de intercambio con los lectores cubanos.

Por Luis Pérez de Castro (Escritor cubano).

Reflexiones bajo la sombra del buen decir (I)

Durante la Feria Internacional del Libro y la Literatura del año 2004 me llamó la atención un libro titulado Autorretrato con abejas, publicado por Ediciones Sed de Belleza en el año 2003, pero lo que me dejó perplejo del libro fue la madeja de poemas que lo conformaban, todos con una construcción sólida y un manejo del lenguaje seductor. Fui directo a sus datos personales del autor y, con mayor estupefacción, comprobé que este constaba solo con diecisiete años, lo que me hizo exclamar: “¡Pero si es un muchacho!”.

Y confieso, aún no había tenido la posibilidad de conocer a ese muchacho que tanto me llamó la atención, hasta el último día de la feria y pude asistir a la presentación del libro; donde constaste, además, lo enigmático de su personalidad, y ya alejado de todo estupor, conocer al joven que con ese mismo lenguaje seductor seguía sorprendiendo no solo a los lectores, también a los críticos entendidos en la materia con títulos como Tiempo de siegas, El afilador de tijeras, Poda, El Valle de Acor, Pabellón de caza, entre otros, así como merecedor de innumerables premios, donde se destacan Poesía de Primavera, Mangle Rojo, Calendario, Digdora Alonso, Fundación de la Ciudad de Santa Clara y recientemente el Rubén Darío, en Nicaragua.

Obra con un hacer poético poco asible, la que nos sorprende y al mismo tiempo nos distancia; poética poco dada para permitir la construcción de un discurso sobre ella, siempre en los límites y marcando un límite. ¿Desde dónde entonces abordarla? ¿Cómo dejarnos acompañar por ella? En este caso, no es una decisión de óptica, visión o lectura, se trata más bien de escuchar, pues esta poesía ejerce sus poderes desde la orilla del oído más que de la vista, es decir, desde su música interior y el tiempo.

En él el poder de la poesía trasciende el orden de lo estético, aunque se mueve en sus propias aguas, siempre aspira a un más allá de la belleza. Tal vez sea ésta una de las verdades que se desprende de su obra y que es, al mismo tiempo, una vocación y una apuesta.

Y confieso, pasado algunos años aun sigo sorprendido por este muchacho que responde al nombre de Sergio García Zamora, no solo por su poética, también por su enigmática personalidad.

 Carta a una Diva (dos puntos) Mandar acuse de recibo (II)

Mildre Hernández Barrios escribe desde la mitología, la superstición y, en ocasiones, hasta lo arcaico forma parte de su poesía, percibiéndose, desde la lectura de su primer libro, Vuela una sombra, una gran tensión entre escritura, personajes ¿infantiles? y la vida cotidiana (esa vida cotidiana que bordea lo ridículo y se establece bajo los códigos de sus disímiles personajes que responden a rinocerontes, tojosas, ballenas, Bellas durmientes, soldaditos de plomos y héroes como Peter Pan) Y no puede ser de otra manera, porque la superstición es la poesía de las gentes enteramente sencillas y posee también algo de fascinación, de ahí deriva que su forma de ser, como despreocupada y a la deriva, encaje con facilidad en la literatura, sin encasillarla en géneros.

Pues para ella, y para mayor satisfacción para los que consumimos cuanto escribe, la literatura no es lo único poético, también la vida, las miradas del vecino más cercano repleta de interrogación, el diálogo abierto de un infante con su juguete favorito y hasta el rumiar del gato a orillas de sus pies es poesía.

Solo mediante el ensamblaje de lo cotidiano surge lo extraordinario y es así que, Mildre Hernández Barrios, logró construir su obra, como son, entre sus más de quince libros publicados, Cartas celestes, Despertar del viento, Cuentos para dormir a un elefante, ¿Y la reina dónde está?, Memorias de un sombrero, El próximo despertar, Es raro ser niña, En el otro espejo, Corazón verde tatuado, y por los cuales ha obtenido diferentes premios, destacándose entre ellos: Eliseo Diego, Pinos Nuevos, Abril, Sed de Belleza, La Rosa Blanca, Regino Botti, Hermanos Loynaz, la Edad de Oro y recientemente el Casa de las América. Libros, en su conjunto, con una gran cohesión y unidad de concepto, todo ello dado a través del empleo de un léxico frecuentemente implicado en leyendas trasmitidas por diferentes generaciones.

Una palabra clave para entender la estética de esta literatura es transparencia, esa transparencia que no es más que la plasmación misma de la ausencia, la huella, la sombra de aquella niñez que un día tuvimos y nos dijo adiós.

Después de conocer a Mildre Hernández Barrios y de hurgar en sus libros, descubro que la literatura nos es una utopía, que la utopía es algo que uno se imagina y aún no existe, no ha sucedido.

Otra forma de pernoctar en la palabra (III)

Hay una mujer que resurge del agua y de la vida como una espada inextinguible, quien enseña, además, que nuestra sentencia es saber que el día en que este juego sin fin con las palabras se termine habremos muerto.

Escribo sobre una mujer que reconoció el valor de las formas como continente de la revelación poética, por lo que no es casual que en su extensa obra, que abarca la poesía, la investigación y la crítica, se aprecie el ahondamiento en cierto misticismo. Despliega, además, una importante variedad de recursos que permiten la fragmentación del discurso, el cual expresa mediante su condición formal: lo caótico, lo enigmático y la (des)significación manifiesta a lo largo de su obra, compuesta por más de quince títulos, y en la que encontramos, entre otros, Casa que no existía, A mansalva de los años, El ojo milenario, El rostro equidistante y País sin abedules. Y siendo reconocida con los premios David de la Uneac, en varias ocasiones el Premio Nacional de la Crítica y la que está, para criterio de los lectores cubanos y extranjeros, apta con sus venas abiertas para recibir el Premio Nacional de Literatura.

La estabilidad de cuantas metáforas asume cuajan como un dibujo que va adquiriendo forma por los mismos personajes que hablan y se interrelacionan en un lugar en el tiempo, dándoles plena libertad para que los hechos discurran y acontezcan.

Digamos: obra en objeto individuado y obra en conjunto, para ser percibida desde la historia como inflexión implacable al menos en el momento en que se redacta, sin subterfugios.

El secreto de la poética de esta mujer radica en su capacidad para componer, para convertir en un cuerpo flexible, móvil y sin embargo, en ocasiones, rígidamente coherente, el contexto de la poesía. También en el uso de los ejes estructurales: el espacio y el tiempo que imponen, por sus libertades y delirios estilísticos, una armónica y secreta concisión al texto: la forma, la composición. Por lo que en su conjunto está repleta de espiritualidad, de la acción o el conocimiento particular del saber, ese saber que genera la infinita capacidad de esperar en el punto de máxima tensión donde crear es, para ella, repentinamente posible.

Me han pedido que escriba sobre una mujer y no me pude negar, y he aquí lo que acontece a diario en la vida de esa mujer que responde al nombre de Lina de Feria, pues para ella la escritura es, y será, un incesante baño de fantasmas.

BOLÍVAR Y WASHINGTON, RASTROS OLVIDADOS

BOLÍVAR Y WASHINGTON, RASTROS OLVIDADOS

 

                    «Abrirse, labrar juntos, llamar a la tierra, amarse, he aquí la faena».

                                                    José Martí

Nadie comenta por nuestros días como dos Avenidas céntricas de la Habana Vieja cambiaron sus nombres por decisión popular, y según la propuesta de un villaclareño. 

Todavía ambas calles conservan sus títulos —por imaginario colectivo como ocurre en muchas ocasiones—, y que según las rutas de los mapas tienden a la confusión del más inocente de los transeúntes.   

 Por Luis Machado Ordetx

 El sábado 19 de abril de 1919 La Habana palpitó por la unidad latinoamericana: una Avenida de la capital cubana llevaría en lo adelante el nombre de Simón Bolívar. Fue un día histórico: fecha del natalicio de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, y ocasión en que Venezuela inició en 1810 la ruta emancipadora contra España.

Eran las cuatro y media de la tarde. Dos banderas nacionales, la de Cuba y Venezuela, cubrían una placa de bronce con las incrustaciones del nombre del Libertador, un cíclope de la fraternidad entre los pueblos.

El acto constituyó la humilde propuesta de un ensayista nacido en Santa Clara, centro del país. Tres años antes, por el Acuerdo número 392 de la presidencia de los Estados Unidos de Venezuela, según legalizó el general Ignacio Andrade, ministro de Relaciones Exteriores de ese país, recibió la Condecoración de la Orden del Libertador en la Tercera Clase, el mayor reconocimiento entregado a nacionales, o no naturales de ese país sudamericano.

El premio fue conferido al coterráneo por sus servicios desinteresados y prestados a la humanidad. ¿Quién es?... Un cubano de tuétanos y de almas, antiimperialista en extremo. Un periodista martiano y de radical de pensamiento latinoamericano.  También un exclusivo nacionalista que difundió la defensa de lo propio, lo autóctono, como blasón inequívoco de nuestra cultura.

De Santa Clara tuvo siempre el recuerdo permanente. Fue alumno de Mariano Clemente Prado y Pérez en el Colegio Santa Ana, y en julio de 1915, el Ayuntamiento local lo avaló como “Hijo Ilustre” de la ciudad. Hoy su nombre y legado, apenas se difunde.

Puede, incluso, que fuera el primero de su tiempo en ostentar esa distinción. Al menos no existen otras referencias históricas que precisen un reconocimiento enaltecedor, con la efigie de Bolívar,  el «[…] más alto honor que puede recibir y ostentar con orgullo un americano devoto de aquel maravilloso genio político y militar cuya obra inmensa llena las más gloriosas páginas de la historia de la épica lucha, cruenta y larga, por la libertad de América; de aquel cuyo nombre cien veces ilustre viene a los labios cuando se dice: El Libertador…»1 de cinco Repúblicas de América del Sur.

Carlos de Velasco y Pérez (1884-1923), hijo de mambí, un anónimo hombre de Santa Clara radicado en La Habana en su adolescencia, fue el director-fundador de Cuba Contemporánea (1913-1913), publicación que dirigió hasta enero de 1921, fecha en que se desempeñó por breve tiempo en el servicio consular en países europeos. Durante 8 años dirigió la revista nacionalista, y preparó, con su peculio y de otros amigos, 96 números, de los 176 registrados: un 54% del total de todas las ediciones mensuales.

La característica primordial del carácter de la publicación estuvo orientada a los actos de fraternidad latinoamericana, de discusión de temas contemporáneos sobre la vida económico y social de nuestro  país y a la historia nacional en sus más insospechadas aristas culturales. Fue la revista antiimperialista de su tiempo, y un abrigo permanente de observación contra las pretensiones de los Estados Unidos de expandirse por el mundo.

El pensamiento de Bolívar, y su prolongación en Martí, estuvo entre los asideros más inconfundibles.   Ahí surgió en Cuba el primer gran reconocimiento público al Libertador de América. También la reciprocidad de Venezuela de perpetuar el paso efímero de Martí por Caracas, capital a la que arribó el 21 de enero de 1881, y partió el 1 de julio de ese mes. Allí el Apóstol cubano dejó su huella periodística con la fundación de la  Revista Venezolana, y colaboró con La Opinión Nacional. Del país sudamericano dijo en su despedida: «[…] Deme Venezuela en que servirla: ella tiene en mi un hijo». Idéntica devoción mostraría antes con México, Costa Rica, República Dominicana y…

¿Cuándo Carlos de Velasco sacó al ruedo público la permanencia del recuerdo de Bolívar en La Habana? Ocurrió en noviembre de 1917, con la aparición de «Bolívar y la independencia de Cuba»,2 del erudito colombiano Gabriel Porras Trononis, ensayo al cual insertó una nota a pie de página, interrogante y de devolución:

«¿Por qué nuestra patria no ha cumplido aún con el deber de honrar la memoria insigne del primer guerrero americano que pensó en libertarla? En deuda, ciertamente, estamos los cubanos con muchos ilustres compatriotas cuyos nombres semiolvidados […] Bolívar, el primer hombre de América nuestra, el más grande de los caudillos y el más glorioso de los libertadores de pueblos, merece que aquí se le tribute, sin más demora, algún homenaje digno de su fama y demostrativo de que Cuba sabe agradecer el empeño generoso que quiso intentar el brazo incansable de aquel genio cuya figura, reproducida en bronce o mármol, quisiéramos ver honrado y decorado alguno de nuestros  principales sitios públicos. Más, ya que esto no es posible por ahora, al menos pudiera el Ayuntamiento de La Habana dar el nombre de Bolívar a una calle principal de la capital de esta tierra que él ansiaba libertar; y al efecto Cuba Contemporánea excita a los ediles habaneros para que cumplan este deber. Bolívar podría llamarse, en lo adelante, la calle todavía denominada de la Reina, o la de San Rafael, u otra cualquiera importante. Y el día que fuera puesta la primera tablilla en la calle que lleve el nombre del ínclito hijo de Venezuela, rendir a su memoria, al Inmortal, el tributo de respeto y de amor que toda América le debe, y que especialmente le debemos los cubanos por haber sido él quien primero soñó en darnos lo que hoy tenemos por el esfuerzo impagable de nuestros libertadores: la República».3

                                       LA AVENIDA HABANERA

Un total de 20 ensayos, unos cortos, otros medulares por sus aportaciones, abordan en las páginas de Cuba Contemporánea  el pensamiento y la proyección americanista de Bolívar. También Martí, el Apóstol cubano, tiene marcada relevancia durante el período que Carlos de Velasco tuteló una publicación plural, de intercambio inquebrantable entre intelectuales cubanos y latinoamericanos, integrantes de 20 repúblicas definidas en el contexto de la congregación cultural.

Los textos comienzan en mayo de 1913 —tres meses después de fundada Cuba Contemporánea—, y son los venezolanos Rufino Blanco-Fombona y Diego Carbonell, quienes, respectivamente, remiten los ensayos «Simón Bolívar, la revolución Hispanoamericana y la política española en 1821», y «La grandeza y las ambiciones del Libertador», análisis último divulgado con exactitud con un año de diferencia en relación al primero. En septiembre de 1914 el colombiano Porras Troconis ve impreso su ensayo «Las ideas políticas de Bolívar», y el legado histórico del Libertador, entra en punto de debate, de permanencia latinoamericanista, de unidad y confraternidad de nuestros países.

Razón tuvo el chileno Ernesto de la Cruz, cuando en Cuba Contemporánea propagó en 1915 «El genio político de Bolívar», y recordó las palabras del uruguayo José Enrique Rodó, al sustentar que, cuando «[…] veinte siglos hayan pasado; cuando una pátina de antigüedad  se extienda desde el Anahuac hasta la Plata, allí donde hoy campea la naturaleza o cría sus raíces la civilización; cuando cien generaciones humanas hayan mezclado, en la masa de la tierra, el polvo de sus huesos con el polvo de los bosques […], verán, como nosotros también, que en la extensión de sus recuerdos de gloria nada hay más grande que Bolívar».4

El Libertador, Simón de Bolívar y Palacios (1783-1830), aquel que murió como había nacido, desnudo, tendría en adelante el primer reconocimiento público en Cuba. La propuesta de Carlos de Velasco, aparecida en Cuba Contemporánea, la acogió el periódico habanero La Discusión, y El Nuevo Diario, de Caracas, en sus ediciones respectivas del sábado 5 de enero de 1918.

El consejal capitalino Lorenzo Fernández Hermo presentó antes de esa fecha una moción al Ayuntamiento de la provincia. Era la sugerencia de Carlos de Velasco, y así lo reconoció. En lo sucesivo «[…] las calles de Reina y de la Marina, en toda su extensión (que, en no lejano tiempo, ha de ser una de las más importantes de la Ciudad, con la prolongación de las obras del Malecón), se denominen respectivamente Avenida “Simón Bolívar” y Avenida “George Washington”, celebrándose dichos actos, al ejecutarse oportunamente esos acuerdos, con la mayor solemnidad posible, invitándose al efecto al ilustre Cuerpo Diplomático en nuestra Nación…»5

El periódico caraqueño dirigido por Santiago Key Ayala, admitió, según el despacho de Carlos de Velasco, que Venezuela correspondería a similar acto patriótico y latinoamericano, «[…] poniendo el nombre de Martí a una de las principales calles de la ciudad capital, Caracas, como podemos afirmarlo no solo por los informes privados que obran en nuestro poder, sino por los que revelan los conceptos finales del párrafo en que El Nuevo Diario recoge nuestra nota al artículo del Dr. Porras Troconis (titulado Bolívar y la independencia de Cuba), donde este prueba, con documentos irrefutables, que Bolívar quiso libertar nuestra tierra».6

La fecha tentativa del cambio de nombre a las vías ocurriría el jueves 10 de Octubre de 1918, medio siglo del Grito de Yara, gloria de los cubanos que se lanzaron a la lucha por la independencia nacional. Un día antes, dice La Discusión, de La Habana, el Ayuntamiento refrendo el acuerdo.  Carlos de Velasco sugirió otro calendario para los vínculos indisolubles entre Cuba y Venezuela: el sábado 19 de abril de 1919.

Lo dice en carta al erudito cubano José Manuel Carbonell, uno de los oradores escogidos para el acto patriótico y de hermandad latinoamericana, al cual asistirían el cuerpo diplomático y los residentes extranjeros radicados en la capital.

Ya para entonces, en días previos, Caracas exhibía en una de sus calles el nombre de José Martí, lo atestigua Carlos de Velasco, y también lo refrenda Armando Rivas Vázquez, representante de esa colonia extranjera en la capital cubana, y otro de los oradores del acto escenificado en la esquina de las calles Aldama y Reina, ya daría nombre a la Avenida Simón Bolívar, en La Habana, según insinuó el periódico El Mundo, de La Habana.7 La Banda Municipal interpretó los himnos nacionales de ambos países.  Carbonell pronunció un discurso efusivo:

«[…] Se dice Bolívar, y hasta la tierra siente los escalofríos de la epopeya; se iluminan los montes al resplandor de los incendios libertadores; flotan al mástil los ensueños de tiempos legendarios, se ven pasar los héroes, llaneros y cholos, y rotos y gauchos, haciendo trepitar la pampa salvaje bajo los cascos redentores de sus corceles en desenfrenado galope; un soplo de victoria refresca los corazones, y parece que vibran en homérica diana los alegres clarines de Pichincha y Carabobo, de Ayacucho y de Junín…»8

La Avenida Simón Bolívar, según el imaginario popular todavía sigue llamándose Reina, y la Plaza Martí, en Caracas, lo expuso El Universal, de esa capital, en la edición del miércoles 26 de febrero de 1919,9 eran una realidad en el «[…] propósito de laborar sin tregua por la humana idea de congregar los países latinoamericanos en una confederación de estados, consagrando así los previsores evangelios políticos del Libertador», dijo Carbonell. 

Después de concluido el acto, ante el monumento a Martí en el Parque Central de La Habana, el Cuerpo Diplomático, el pueblo aglomerado, y otros insignes personalidades nacionales, depositó una ofrenda floral al Apóstol cubano. Ricardo Gutiérrez, ministro de Colombia, expresó la gratitud de las cinco repúblicas, hijas del esfuerzo de Bolívar: Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y Bolivia. El sueño de Cuba Contemporánea, y del nacionalista Carlos de Velasco y Pérez, el hijo natural de Santa Clara, era una realidad para propagar aún más el genio profético del Libertador de América.

NOTAS

1-     Cfr. Notas Editoriales: «Un gran honor al director de Cuba Contemporánea», en revista Cuba Contemporánea, 4(1):95-96, tomo xi, La Habana, mayo de 1916.

2-     Gabriel Porras Troconis: «Bolívar y la independencia de Cuba», en revista Cuba Contemporánea, 5 (3): 191-209, tomo xv, La Habana, noviembre de 1917.

3-     Cfr. N. de la D. de C.C: Idem., p. 191. Texto redactado por Carlos de Velasco.

4-     Ernesto de la Cruz: «El genio político de Bolívar», en revista Cuba Contemporánea, 3(2): 321, tomo x, La Habana, octubre de 1915.

5-     Cfr. Notas Editoriales: « Bolívar, Washington y Cuba», en revista Cuba Contemporánea, 6 (2): 259-260, tomo xviii, La Habana, octubre de 1918.

6-     Idem., p. 260.

7-Cfr.  Notas Editoriales: «Las Avenidas Bolívar y Washington», en revista Cuba Contemporánea, 6(3):372-373, tomo xviii, La Habana, noviembre de 1918.

8-     Cfr. Notas Editoriales: «Bolívar y Cuba. Venezuela y Martí», en revista Cuba Contemporánea, 7(77): 150-160, tomo xx, La Habana, mayo de 1919.

9- Idem., p. 160.