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CIUDADES EN PUGNA, UN ENSAYO INEVITABLE

CIUDADES EN PUGNA, UN ENSAYO INEVITABLE

Por Luis E. Ramírez Cabrera (Escritor cubano).

 

Ciudades en pugna (Capiro, 2015), resulta un excelente y acucioso ensayo de carácter socio-histórico. Indudablemente constituye un corolario de una investigación rigurosa, en la cual se aportan pruebas indudables de la situación que presentaba la ciudad de Sta. Clara desde sus inicios, así como el desmedido afán geófago y de dominación política y económica al someter bajo su tutela a regiones limítrofes.

Desde entonces hubo mezquinos intereses en algunos de los miembros de su sociedad, hecho demostrable con el desarrollo de una enconada lucha presente en épocas muy tempranas y preñadas de una política expansionista y de coerción a los vecinos territorios de Cienfuegos, Sagua la Grande, Remedios y Sancti Spiritus.

Los apetitos “geófagos” tuvieron, además, pretensiones de convertirse en capital de la Isla. Los acontecimientos aquí narrados están expuestos, como corresponde a un verdadero investigador, sin que se manifiesten actitudes regionalistas a favor de uno u otro territorio, sino que parten del análisis histórico objetivo.

Escrito en un lenguaje claro y directo, perfectamente entendible por cualquier tipo de lector, y refrendado por multiplicidad de notas aclaratorias, o de referencias bibliográficas que dan al texto un carácter de seriedad, permiten al lector profundizar en los hechos planteados (posee una muy amplia bibliografía), y demostrados en profundidad analítica.

Desde el punto de vista de la gramática, la sintaxis y la puntuación, hay una claridad en el discurso investigativos. El texto, por derecho, es de referencia inevitable y tiene una  utilidad innegable para otros historiadores que se adentren en el contexto de la cultura regional.

ARCHIVOS DESCLASIFICADOS (AGOSTO, 2015)

1-      http://cubanosdekilates.blogia.com/2015/080102-ciudades-en-pugna.php

2-      http://cubanosdekilates.blogia.com/2015/080101-barrenechea-otro-fullero-cubano.php

3-      http://cubanosdekilates.blogia.com/2015/080103-disputas-territoriales-y-querellas-simbolicas-en-el-centro-de-cuba.php

4-      http://cubanosdekilates.blogia.com/2015/080201-barrenechea-atencion-una-herencia-y-la-huella-de-ciudades-en-pugna.php

 


GARCÍA CATURLA HEROICO Y PURO

GARCÍA CATURLA HEROICO Y PURO

Por Jesús Díaz Rojas (Escritor cubano).

(Palabras pronunciadas en San Juan de los Remedios en ocasión del aniversario 110 del natalicio de Alejandro García Caturla, el más universal de los naturales de la Octava Villa de Cuba, y padre junto a Amadeo Roldán del sinfonismo nacionalista en una vertiente afrocriolla de profunda raigambre mundial).

 Arrullado por el canto de Diana, la madre, y los cantos de la negra nodriza, un niño duerme en cuna de mimbre trenzado, sobre finos y blanquísimos pañales de seda y algodón. Siete días de marzo se han desprendido del almanaque y seis años han trascurrido desde el inicio del siglo veinte.

Silvino, el padre, puede descansar satisfecho pues tiene garantizado el futuro de la familia con el pequeño abogado que duerme frente a sus ojos.

Diana la madre, se estremece al presentir que al niño no le caben en el cuerpo la verdad y los sueños y que esto, a la larga, le causará problemas. Entonces, lo levanta de la cuna,  aprieta al hijito contra su pecho y jura protegerlo mientras le asistan las fuerzas.

Alejandro – defensor de hombres- que así le pusieron, además de Tomás y Evelio y Othón- para al final llamarle Nené o Alex;  es un niño rubio como el sol, de piel suave y blanca, tan blanca que puede el resplandor dañarlo- por eso resalta entre los brazos de la negra manejadora, por eso se siente a sus anchas entre los pechos grandes y negros que lo amamantan.

Silvino y Diana, la abuela, los tíos, la familia toda, siempre desearon un niño fuerte, inteligente y culto, por eso le procuran toda suerte de maestros. La tía lo lleva al teatro y al coro de la iglesia del Buenviaje, y la madre- sentada al piano- le canta canciones y arias de óperas y le lee obras de teatro y poemas– pero como les nació enfermizo- le permiten el juego, las aventuras y cuanta travesura se le ocurra. Tal vez por ello casi se ahoga cuando se lanzó al río sin saber nadar, tal vez por ello esté un poco engreído y prefiera agregarle huevo a cuanto alimento le ofrecen, no importa sean frijoles o mantecado.

Impetuoso y vivaz no le alcanza el tiempo para realizar los que desea. Se mueve inquieto entre lo blanco y negro, entre el amor y los odios. Consentido por lo negro y consentido por los blanco. Blanco y negro, como las teclas del piano que la madre toca en las tardecitas húmedas, esas que muchas veces le negaron la posibilidad del juego con los chicos del barrio cuando sus ruegos lo solicitaban: «déjame jugar, aquí al ladito mamá, aquí cerquita, mira que mis amigos me están esperando».

Niño de nácar entre amigos de barro, de cedro y ébano. Amigos libres manchados de frutas y hierbas, sentados en la acera alta, conversando de lugares distantes en donde los tambores ponen como loca a la gente y es imposible contener los pies.

Niño travieso, inquieto, se escapa, tiene alas y, a veces Diana no lo encuentra en la acera y lo busca desesperada por todos los recodos posibles, hasta que aparece, sudado, excitado, con el pelo vuelto un revoltijo y entra a la casa como una tromba, se sienta en un rincón, callado, quieto, con los ojos cerrados, como soñando no sabe la madre con qué mundo. Luego repasa las lecciones de música y se le escucha protestar cuando el majadero violín le niega la nota deseada.

Canta Diana la madre. Canta Avive, la manejadora. Canta el niño, alto y afinado en el coro de la iglesia. Cantan los amigos en el solar percutiendo latas y piedras, batiendo manos. Canta una y otra vez mezclando las canciones…

Repito, era marzo en su séptimo día y estas cosas se fueron sucediendo hasta concluida la segunda década del siglo pasado.

Tenía catorce años cuando fue a residir a la vivienda que hoy es museo. La casa donde nació – como ven - no es digna de verse. La dejaron a merced del tiempo y, los vecinos necesitados de espacio, la fueron dividiendo hasta hacerla irreconocible.

Tenia catorce años, la edad exacta para escribir en el autógrafo de una amiga: el amor es un sentimiento heroico y puro…. Es heroico por que no reconoce límites ni tiene fronteras, porque no respeta edades, razas, colores, familias, posiciones sociales, gustos, antagonismos…. Catorce años para aseverar que la carrera que más le gustaba era la de derecho: porque me gusta la igualdad ante todo.

De la música no escribió nada en la libreta de la amiga. Esa la tenía en el alma.

Alejandro García Caturla. Alex. Niño grande heroico y puro. Heroico en el amor, puro en la justicia, ambas cosas en la música cumple hoy 110 años. Al más universal de los remedianos… felicidades. 

DEL BÉISBOL, Y OTROS CUENTOS PARA NO DORMIR

DEL BÉISBOL, Y OTROS CUENTOS PARA NO DORMIR

Por Maily Estévez Pérez

(Tomado de http://www.vanguardia.cu/deporte/5834-del-beisbol-y-otros-cuentos-para-no-dormir).

 

El béisbol cubano ha llegado al punto donde las únicas notas que genera son de fugas, trifulcas y retiradas intempestivas. De entrevistas donde las glorias de antaño se desahogan en improperios y «verdades a medias» con el periodista de turno, y donde las glorias presentes, bueno, no están presentes.

El punto es que lo identitario se ha ido por el caño, pero no se fue solo, buena parte de los encargados de la limpieza de lo nuestro la han ensuciado más. La Serie Nacional, no solo no le importa a más de medio país, si no que se escuda en chanchullos y otros cuentos para mantenerse a flote. Y quienes manejan sus hilos prefieren callar, antes de esclarecer posturas o explicar decisiones. Y no es del todo culpa del Comisionado Nacional, Heriberto Suárez, a quien en un final le soltaron la bomba en las manos y no le dijeron cómo apagarla. La inocentada de Suárez fue suponer que no iba a explotar.

Pero suceden hechos y nadie con oficialidad (dígase con el puesto adecuado para dar respuestas) quiere poner el valiente. Como cuando Víctor Mesa incluyó en la pre-nómina de los Cocodrilos, al sancionado Demis Valdés y el entonces comisionado Higinio Vélez —que llegaba para la foto de rigor en Villa Clara— disponía no dar entrevistas a la prensa. O cuando el manager Alfonso Urquiola, destapó la caja de pandora, dio pelos y señales, puso el dedo en la llaga y lo más que despertó fue un «regaño» por mostrar el pecho, literalmente, a las balas.

Está el caso más mediático en lo que va de año en Cuba. Se le quedan en Dominicana, su principal estrella, el codiciado y también consentido por ellos, Yuliesky Gurriel, más el hermanito pequeño, y la Comisión Nacional, en la persona de nadie, ha dicho ni «esta boca es mía». ¿La directriz cuál fue? Reproducir la escueta nota, mal redactada. Lo único que han hecho respecto al béisbol en las últimas décadas es callar.

¿A qué le temen? ¿A perder los privilegios que tan lúcidamente denunció Urquiola en su entrevista? ¿Acaso los tantos compromisos que se acumulan por años en las direcciones nacionales no son ciertos? La opinión pública nacional es demasiado conocedora para presumir que el silencio es la respuesta más acertada. No obstante desde algunos medios hace años que se reclaman declaraciones atrevidas, que se aparten del discurso trillado y se acerquen más a la realidad que viven Cuba y sus deportistas. Y sin embargo, no se mueven.

La última, es la confesión de Víctor Mesa, actual DT de los Cocodrilos de Matanzas, de retirarse como manager en la Serie Nacional. A esta confesión le sumó el villaclareño una serie de razones, medios que sí, y medios que no. Casi de inmediato la Dirección Provincial del Béisbol en Pinar del Río, hizo circular la contraparte de la historia, calificando al manager de Matanzas en algo menos que falso. «Cualquier otro criterio, no se corresponde con la verdad», concluía la versión pinareña del «tira y encoge» en las afueras del Hotel Pinar.

Si Víctor Mesa dijo que «en Pinar terminé siendo multado por tener un problema con un muchacho que me insultó con lo peor que se le puede insultar a un hombre, y mi hijo fue atacado por un individuo». La Dirección Provincial le respondía con un: «Víctor (...) agredió físicamente, con golpes en el rostro, a dos estudiantes que pasaban en ese momento, y nada tenían que ver con lo sucedido (...) Quedó mostrado, mediante testigos presenciales, que el compañero Víctor Mesa agredió al joven de 18 años. En ningún momento su hijo Víctor Víctor fue agredido».

Finalmente un ente oficial da respuestas coherentes y deslinda responsables con claridad. Incluso, colegas pinareños, me confiesan que la demora de la nota —debió salir antes de las declaraciones de Mesa— sucedió porque no estaban todos los datos para redactarla, pero que la intención de la directiva beisbolera allá, era publicarla con premura.

No obstante, esta vez, y aunque parezca el monstruo de la laguna, no es Víctor Mesa. Hay que girar el debate hasta otro punto que no sea el «show man». Si se va o se queda es una decisión personal. Si lo acosan fuera y dentro de un estadio, criterios habrá de por qué. En una mirada rápida, quien le haya seguido el rastro al 32, desde que era el más común de los mortales, saben que no fue santo, ni es el más «oídos sordos» del béisbol cubano. Pero repito, otra vez la situación no debe quedarse entre «amantes» y «críticos» del 32. Entre el Lobo, y la Caperucita, entre el bueno y el malo.

Es muy cierto, que la pelota cubana es un reflejo de cómo anda la sociedad. A los estadios entran personas en elevado estado de embriaguez, e incluso se beben alcohol dentro. Se grita de todo, se ofende, se pasa el límite de lo permisible para cualquier oído humano. La alegría del juego se reemplaza por la rabia. Lo más común es que, en las gradas, alguna trifulca te arruine el día. Eso es fuera, dentro del terreno, igualmente sobran las palabrotas, y la guapería barata entre jugadores, manager o árbitros. Nadie se puede vestir de víctima en esta historia. Hasta los periodistas y comentaristas han sufrido la agresividad de estos hacedores de equipos, o figuras del pasatiempo nacional. Lamentablemente muchos colegas evitan denunciar estos sucesos como corresponde.

En los estadios cubanos hay poco que buscar, al menos en los que todavía funcionan como sede de un partido de béisbol, porque el Sandino de Villa Clara mantiene sus luces prendidas pero para espectáculos musicales. De hecho ha prendido más las luces para el show cultural que para el deportivo. Lo preocupante es que si no hay béisbol de calidad dentro de los estadios, qué se encuentra entonces. Pues además de docenas de fieles, lo que expuse anteriormente.

Lo mejor de la pelota cubana no está en Cuba, y va desde los jugadores hasta los técnicos. Aquí se han quedado los recuerdos y la rabia de lo que no está, de lo que «no me dan». También se quedaron algunos de esos tristes personajes que viven de su nombre y de sus bienes, a los que les aterran los cambios. El béisbol cubano se volvió chisme de pasillo, cotilleo de comadres y pasto para bravucones. Con razón las únicas notas que genera son de fugas, trifulcas y retiradas intempestivas. Ni un rayo de luz. ¿Quién nos salva?

 

 

TAMPA, OTRO ENCUENTRO CON CRÓNICAS DEL CARIBE

TAMPA, OTRO ENCUENTRO CON CRÓNICAS DEL CARIBE

Por Luis Machado Ordetx

Salas y Quiroga, el cónsul español, entusiasmado habló de aquel «ávido peñón en medio de los mares», convertida en 1856 en centro industrial, social y cultural por emigrados cubanos y puertorriqueños.

En lo fundamental, con asiento en lo que siete lustros anteriores dejó de ser las franjas orientales y occidentales de las entonces “Floridas” de la península ibérica, está Tampa y Cayo Hueso, un remanso de añoranzas cotidianas.

Ambos sitios en 1819 formaron parte de los Estados Unidos de Norteamérica, lugar en el cual hallaron abrigo muchos independentistas caribeños. José Martí, el más universal de todos los cubanos, predicó allí con la palabra ardiente para buscar solidaridad en su propósito transformador, de equilibrio del mundo, en nuestra realidad colonial y latinoamericana.

A Tampa —en extensión a Cayo Hueso—, con similitud en los otroras fomentos de vegueríos, arribó el periodista e investigador Jesús Díaz Loyola para presentar Crónicas del Caribe (Stella Maris, Barcelona, 2015), un compendio documental.

El texto aborda la personalidad de Manolín Álvarez Álvarez, emigrado que en Caibarién, al norte de la Isla, apreció también como en las tabaquerías lugareñas se sujetaba la laboriosidad de los torcedores de antaño. Con edificios, iglesias, muelles, o escuelas,  se fermentó —en uno u otro sitio— una parte de esa idiosincrasia que fundió al negro y el blanco de la nueva localidad: la apreciada por el Apóstol, y también por el asturiano.

Tampa, y por supuesto el Centro Asturiano donde trascurrió el miércoles un diálogo inmenso sobre un emigrado y su historia, dejó abierta ahora una lección que aborda cuando, allí en esa naciente urbe, antes española y luego norteamericana, arribaron las primeras dotaciones de tabaqueros cubanos en 1831, y decidieron por último, instalarse, como en casa propia, en la tabaquería de William H. Wall, devastada años después por un persistente fuego.

Es por analogía la historia de Álvarez Álvarez, relatada a partir de los testimonios que ofreció a Díaz Loyola sobre su establecimiento en Caibarién, territorio donde fundó emisoras de radio. En el nuevo acogimiento se erigió el español, sin quererlo o pretenderlo, en padre de un medio de comunicación que, junto a la prensa impresa —por el número de periódicos en circulación—, detalló el pináculo de una arquitectura social en las cuales se amalgamaron muchas nacionalidades.

Deslumbrado quedó Álvarez Álvarez cuando recién llegado a La Habana, y luego en Caibarién, apreció monumentales esculturas dedicadas a venerar a José Martí, el Héroe Nacional. Al admirarlo, supo y lo trasladó a toda la familia forjada en Cuba, que aquel hombre transitó por Tampa y Cayo Hueso para revivir la prédica independentista que inspiraba «con todos y para el bien de todos»  entre aquellos emigrados que, junto a José Dolores Poyo y Juan M. Reyes, aunaron en logias masónicas un espíritu propagandístico y recolector de fondos en la epopeya que anhelaba.

Tampa, y también el “Cayo” —Key West para los anglosajones—, fueron hervideros. Lo son ahora, y lo serán siempre porque allí vibra una parte insustituible del «alma cubana» de todos los tiempos. En la segunda se fundó en 1871 la Sociedad Ateneo, convertida luego en Club San Carlos, un paradigma en la irradiación de cultura e historia.

Así lo fue Caibarién, asiento de aplatanamiento de Álvarez Álvarez, un emigrado que escuchó de aquellas acciones que desplegaron en la Florida las patriotas Carolina Rodríguez  y María Escobar. Eran mujeres decimonónicas, cercanas al litroral cangrejero de Caibarién, quienes llevaron con el peculio personal y el verbo acariciador, un constante ardor en el impulso por la libertad y la fraternidad colectiva.

Años atrás cuando escribí «Fisgón de intermitencias», una aproximación a la radiante biografía que elaboró Díaz Loyola desde la perspectiva del periodismo y el testimonio, fue para Martí, también para el emigrado, aquel primer pensamiento que tuve en breves apuntes teóricos.

Dije entonces que «casi ido de España, con un tenue reconocimiento de su gente, de la cultura e historia de ese pueblo, y con el espíritu contenido del emigrado que bosqueja de lejos y también de cerca una filiación o una ensoñación por los recuerdos, llegó Martí a México en 1875, y en letra impresa expuso para la posteridad en la Revista Universal un fundamento   que corona cualquier pesquisa histórica, periodística; en fin informadora: “La verdad no se razona; se reconoce, se siente y se ama”». Una fuente para tener siempre en cercanía.

Todavía sostengo que “con esa pasión,  y no otra idea, hay en Jesús Díaz Loyola un juicioso redescubrimiento del hombre que porta historias, y por tanto atesora una memoria individual, al tiempo que sin desatarse de los rezagos sicológicos o vivenciales forjados allende a los mares, se inserta en otra idiosincrasia colectiva, y decide volcarla al papel impreso».

Eso, y no otra lectura, habrá que observar en Crónicas del Caribe, un libro regalo para los lectores gracias a la publicación que Stella Maris, de Barcelona, deja a todos los entusiastas que se acerquen a las apasionantes páginas impresas.

MODELAR LA PIEDRA EN CAIBARIÉN

MODELAR LA PIEDRA EN CAIBARIÉN

Del antológico «Cangrejo» de Gelabert, hasta las inusuales esculturas que aparecen en Caibarién, hay una ruta que valora las cualidades restauradoras y creativas de un artista autodidacta que propone restituir valores a las plazas públicas de la localidad y conservar los valores patrimoniales que atesoran algunas de sus edificaciones.

Por Luis Machado Ordetx

 

El oficio callejero de albañil llevó a Ángel Luis Díaz Cabezas (Papillo), al conocimiento exacto del corte y tratamiento de las piedras que utilizaba en trabajos menores para reparar, o levantar, edificaciones  de su natal Caibarién, lugar en el cual ahora se muestra como restaurador y escultor de futuro promisorio.

Algunas de las piezas  tienen esas trazas artísticas que un día comenzaron tras elaborar una zapatilla de bailarina, dedicada al anhelo paterno de contemplar a la hija cuando daba los primeros pasos por el ambiente familiar.

Hace años creció la pasión por labrar la piedra sin otra noción  que  hallar una fisonomía, un rostro y trasladar a la estructura volumétrica un concepto-idea que simbolizara un mensaje visual referido a aquellos acontecimientos que rodean al hombre, o al ambiente marino.

Con el afán de utilidad se enroló durante la restauración de las molduras de yeso del antiguo edificio de los Delgados, actual sede de la Uneac en Caibarién (Avenida 9 y calle 20), sitio donde aprendió a dominar algunas técnicas artísticas para reconstruir aspectos originales de esa joya de la arquitectura de la localidad.

De ahí surgió en Papillo   indagar en las posibilidades creativas que brinda la piedra bruta, y también hurgar en documentaciones históricas antes de comenzar cualquier proyecto  de reformar edificaciones patrimoniales, tal como ocurrió el pasado año en la Glorieta del Parque José Martí, en Remedios.

En breve dicen que ¿emprenderán similar obra en Caibarién?

—   «¡Sí!, trabajamos en un equipo que integra construcción, escultura, pintura y restauración. La Glorieta del Parque La Libertad, una de las más bellas de Cuba, está afectada en las estructuras de su bóveda del techo, y también perdió algunos decorados. Todo el entorno público de la plaza recibirá nuestra atención. La experiencia inicial que adquirimos en la casona de los Delgados, cuando apenas sabíamos trabajar la restauración y conservación de inmuebles patrimoniales, obligó a investigar en archivos, y contar con testimoniantes e informaciones documentales».

—    Aquel edificio ¿fue más complejo?

— «Estaba casi destruido. Ninguno tenía conocimientos de ese tipo de trabajo, y buscamos asesoramientos. Laboré un año y medio de forma voluntaria, gratuita, y disfruté cuando la casona de estilo ecléctico francés, terminada en 1923, fue rehabilitada. No representó una simple restauración. En la albañilería siempre hacía enchapes, pero tomé el gusto por los moldes de yeso, y creé estructuras y diseños de acuerdo con las características de los originales, o de aquellos pocos que estaban expuestos. Hice hasta columnas que carecían de funciones de cargas distributivas.   Significó un trabajo excelente de equipo».

Durante los tres últimos años el escultor empírico, el artista soñador que habita en los imaginarios simbólicos de Díaz Cabezas, diseña detalles para conceptualizar un discurso volumétrico en la piedra bruta, o en la madera, lo menos que ejecuta. Sin embargo, sus mayores preferencias están en la primera, de la cual muestra algunas de las piezas originales y no expuestas con anterioridad.

Con el cuyují-cuarzo, unos monolitos de diferentes texturas y durezas, traído de cayo Las Brujas, surgió una escultura monumental que, con la explicación del fotógrafo José Armando Ocampo, conocí que era del asombro y el agrado de los visitantes que recorren en Caibarién las áreas cercanas al Malecón de la ciudad.

                                UN ENTORNO DIFERENTE

Con «As de Piedra», Papillo y el artista de la plástica Yandry Garciandía transformaron en ambiente de la localidad, y legaron otra extensión recreativa al espacio público, concebido como símbolo de futuridad. Durante dos meses continuos el escultor y el pintor convirtieron el contexto costero a partir de tres piedras que trajeron de la cayería norte. Las moles, especie de calizas duras, tenían un peso de 28 toneladas, y luego de concluir el trabajo quedaron en 7 y media en forma de dados sobre dados. Están colocadas encima de un promontorio rocoso con vista al mar.

     — ¿Cuándo concluyeron la escultura?

—   «Hace más de dos años. Todavía no está inaugurada, y aunque representa una atracción de visitantes y personas de la comunidad, existen elementos originales que con el tiempo perdieron su encanto, como son la jardinería y el alumbrado público. Son cosas que ocurren y que en ocasiones afectan la concepción artística original. La escultura, como otras que elaboro en el plano individual, fue trabajada con herramientas caseras, entre las que incluyo escofinas de carpintería y cinceles inventados. Casi nunca empleo taladros, y mucho menos equipos electrónicos modernos. Es todo imaginería, invención, a partir de un boceto. No dispongo de taller, y esa es la razón por la cual en espacios abiertos hago esculturas monumentales, mientras en la casa las preparo en cualquier lugar con una de menor dimensión».

—   ¿Trabajas los rostros humanos?

—   «Ya no hago esos tipos de esculturas. Perfecciono las ideas para crear mayores volúmenes y lleven un mensaje, sean ambientales, o de meditación sobre la vida y la muerte. También hablan de la realidad cubana contemporánea, como la pirámide invertida, de coyuntura social, que vivimos en estos tiempos.  Así el estilo tiende a una perfección, al encuentro de aquello que deseo dimensionar en el contexto  alegórico del discurso expresivo».

En tanto cierra la conversación,  Papillo Díaz Cabezas repasa parte de sus piezas concluidas. También piensa ahora en el difícil proyecto que se avecina para restituir a la centenaria Glorieta del Parque La Libertad, y también sus inmediaciones de plaza pública, aquellos valores arquitectónicos y decorativos que de antaño la homologaron entre las más bellas y vistosas del país.  

CRÓNICAS DEL CARIBE, UNA HISTORIA DE EMOCIÓN

CRÓNICAS DEL CARIBE, UNA HISTORIA DE EMOCIÓN

Por Luis Machado Ordetx

 

Con Crónicas del Caribe (Stella Maris, Barcelona, 2015), Jesús Díaz Loyola saldó una deuda impostergable con el tiempo y la historia de Cuba. A partir de ese instante, y por supuesto de otros que aparezcan en torno a particularidades de la radiodifusión nacional,  determinaremos hasta qué punto y cuáles aportes quedaron desperdigados.

 

Ahora saltan los primeros destellos radiográficos por reconstruir un pasado que aún sigue tangible y devela a un protagonista, un hombre que, carente  de auspicios monetarios de los círculos capitalinos y con esfuerzo individual, facilita adentrarnos en una inobjetable y auténtica verdad.  

 

Siempre hubo una mención oficial y autocrática relacionada con los capítulos que agrupó el investigador Oscar Luis López en La Radio en Cuba (1981), un ensayo en el cual, como dice, «aparecen, como algo inevitable, todos los personajes —y personeros— que hicieron posible su historia». El tiempo y la ausencia de fuentes documentales u orales imposibilitaron un contraste puntual,  y todo quedó como fijación tajante.

 

Una revisión del texto solo incluye ocho menciones al fabuloso mundo que forjó desde 1917 el emigrado-asturiano Manuel Álvarez Álvarez, Manolín, cuando expandió las ondas hertzianas por Caibarién, un territorio de aplatanamiento villareño que, en posición geográfica, proveyó con su economía el surgimiento de emisoras no muy similares a otras existentes en el país.

 

En la reseña de Manolín  (1891-1986), el historiador Luis López indicó que «fue para Caibarién lo que Félix B. Caignet para Santiago de Cuba», hecho que denota una incongruencia historiográfica por los aportes de uno y otro al medio, las facturas de guiones-novelas, o la fundación de plantas radiales. El reconocimiento del escritor radial del oriente cubano tiene distancias, y otras dimensiones. Sin embargo, en Manolín existen especificidades muy resaltadas por las confesiones que acopió Díaz Loyola durante muchos años, y que tiene protegidas en papelerías y cintas magnetofónicas.

 

Resulta aventurero señalar que el 10 de octubre de 1922, con el establecimiento de la PWX, quedó «oficialmente registrado como fecha del nacimiento de la radiodifusión en Cuba», y los editores del libro de Luis López, con su “anuencia”, colocan en cursivas “oficialmente”, tal vez en resquicio hacia descubrimientos mayores. El suceso lo promete la enjundiosa historia-testimonio que recrea Crónicas del Caribe, de Díaz Loyola. 

 

Hasta el presente lo acaecido ese año con las siglas 2LC, y firma de Luis Casas Romero, aflora en rango tácito del surgimiento de las  transmisiones nacionales. Es evidente que, en abril de 1923, ya está legalizada esa planta en el circuito habanero. No obstante, los aportes que observó Díaz Loyola, en declaraciones y fuentes documentales presentadas por Álvarez Álvarez, destierran desde  principios de la década de los años 80 del pasado siglo las formulaciones anteriores.

 

El testimonio  de Manolín, y hasta el cruce de opiniones que sostuvo con Luis López, enriquecen la cultura de una región, la historia y colocan en el sitio exacto la dimensión del asturiano en el ámbito nacional.

 

A Manolín, quien brota en el capítulo que La Radio en Cuba nombró «Forjadores»   —Luis Aragón, Rufino Pazos, Frank H. Jones, Luis Casas Rodríguez (padre), Humberto Giquel, Adolfo Gil Izquierdo, Vicente Morín, Félix B. Caignet y Pablo Medina—, no pudieron escamotearle formar con Lorenzo Martín Álvarez y Feliciano Reinoso Ramos, el  rango de pioneros de la narración deportiva.

 

La modalidad, desde Caibarién y con la égida de Álvarez Álvarez, incluye también al abogado José Gastón de Caturla y el traductor Miguel Balais, o el concursos del periodista Bernardo G. Santamarina. Son artífices que desde 1923 en la 6EV,  y después en la 6LO y CMHD, representan  las descripciones boxísticas y de béisbol que ocurrían en Estados Unidos, y que gracias a los cubanos  eran diseminadas por el área caribeña.

 

Las plantas 6KW y después la CMHC, por las cercanías a Caibarién y pertenecientes al norteamericano H. Jones en el central espirituano de Tuinicú, tienen una remembranza en Crónicas del Caribe, momento que, del testimonio de Álvarez Álvarez,   permitirá a los investigadores abrir otras puertas cerradas por Luis López en aquellos olvidados-padres-fundadores de la radio cubana. 

 

El libro de Díaz Loyola también tributa un reconocimiento al componente femenino de la familia que creó Álvarez Álvarez. Ellas  formaron parte ineludible de las emisoras radiales que organizó en territorios villareños durante su condición de emigrado español en Caibarién.

 

Ese episodio fue olvidado por Luis López. Recientemente Mujeres locutoras en Cuba (Capiro, 2012), escrito por Josefa Bracero, ignora la repercusión, respaldo cultural e intervención ante los micrófonos de Olimpia Casado Mena. La esposa del asturiano desde 1928 ostentaba el título de operadora de radio. La mención toca también a María Josefa Álvarez Álvarez, la primera propietaria de una emisora en América Latina, una de las patrocinadoras de plantas de Caibarién.

 

En Crónicas del Caribe: La fabulosa historia de un asturiano que emigró para fundar la radio en Cuba, se sintetiza un referente investigativo-documental que en sus presentaciones en España, en Caibarién —cuna adoptiva de Manolín—, o en San Juan de los Remedios, como ahora acontecerá en  SIPA at Books and Books, en Miami, afirmarán a los lectores un rastro inigualable que coloca la huella y repercusión de un hecho cultural sin parangón en el contexto insular.

 

                                        LETRA-LETRA-LETRA

 

Muchos años estuvo sumergido Díaz Loyola en la composición de letra-letra-letra que transfirió Manolín en sus inabarcables conversaciones de  anciano dispuesto a dialogar con un joven periodista ávido de puntualizar la verdad que hasta entonces estuvo escindida en la divulgación colectiva.

 

Eran testimonios de primera mano que, en cotejo con papelerías, dieron frutos a reportajes en la prensa impresa cubana. Todo el arsenal documental florece en un libro que debe mucho al periodismo concebido por el escritor. La biografía da pruebas de huellas en el seguimiento de la veracidad de contingencias desprovistas de adulteraciones.

 

El diarismo sirvió a Díaz Loyola para la conseguir las entrevistas-confesiones que, en las postrimerías de la vida, dio Álvarez Álvarez. Sin ese acto conspirativo nada existiría ahora, y ningún aporte cultural tendríamos a término del futuro. Fue aquel instante, y no otro, la hora precisa de conformar y arropar un pedazo de historia y periodismo. También constituyó un acto de humanismo ardiente que facilitó  la conformación de los planos formales y expresivos del discurso, así como de diálogos e inferencia con atisbos irónicos. Razón por la cual hay un servicio social o artístico que favorece las letras a partir de una historia que se cuenta con exactitud y conmoción.

 

A pesar de todo sostengo dos discrepancias. No están sujetas al respeto, cotejo y precisión de los hechos, o los personajes que se  involucran en aquellos sueños, virtudes y carencias recreadas en lo material o lo espiritual.

 

Lo perjudicial reside en la edición descuidada, sin pericia en la revisión del texto, y en el apelativo de “biografía novelada” que rubrican en la solapa del libro. Nada imputables al escritor quien no tuvo acceso a las pruebas de galeras. Tal vez pensaron en la dimensión que cifró Gabriel García Márquez con El General en su Laberinto (1989) y la novela-testimonio Biografía de un cimarrón (1966), de Miguel Barnet, por citar dos ejemplos antológicos.

 

Es evidente que Díaz Loyola en Crónicas del Caribe no instituye la nonfiction creative que ahora denomina el análisis literario. Claro, las fronteras entre los géneros, la oralidad o el discurso, fluyen de modo que la narración no permanezca salpicada de invenciones con aproximación a la realidad descrita y contada. Por tanto, no estamos en presencia de un caso con esas manifestaciones.

 

La fidelidad al testimonio de Álvarez Álvarez, y los aportes de sus documentaciones, así como la historia en primera persona, sin inferencias, calzan la unidad del personaje que describe y atrapa la atención del lector sin que lo expuesto en las conversaciones tienda a lo monótono e inusual.

 

Obvio. Toda historia tiene dramatismos, y la de Manolín es prototípica al contar de todo aquello que sabe y observó, y también hizo. En el decurso de su existencia relacionada con las «tristezas o añoranzas» del emigrado por la familia, así como de los componentes que adiciona a su ámbito personal o profesional, carentes de las referencias de lo que piensan otros, Díaz Loyola se afinca para tejer la historia y afirmar unidad a los relatos.

 

Es «la voz» del testimoniante, única y exclusiva, lo que interesa y el escritor lo logra para provocar un impacto en los lectores y conmoverlos hasta redescubrir un universo radial que estuvo velado al conocimiento público.

 

El descifrador del mensaje gana intimidad y cercanía con la narración-descripción. Ahí va toda la carga de información  sin que el discurso sea inadecuado al tema que se escoge. Todo se ramifica al pasaje de la radio y el universo confesional de la geografía «cangrejera» de Caibarién y de Cuba. Estamos en presencia de un reporte indiviso y objetivo.  

 

Crónicas del Caribe, tal como lo concibió el autor, es un libro biográfico, de intimidad testimonial que reporta como Manolín Álvarez Álvarez penetra en la médula de la historia de la radio. El hombre no está interesado en proporcionar el anhelo infecundo hasta entonces de la paternidad del medio sonoro. Quiere y consigue que sus reflexiones, juicios o verdades de cuánto hizo y dejó en su condición de emigrado asturiano, alcancen un sello de autenticidad que tipifique el ambiente isleño en el cual se desenvolvió y ofrendó una impronta insustituible.

 

El texto biográfico que, como todo método de investigación, coloca la editorial Stella Maris en disposición de todos los que aventuren al umbral de las páginas, reconstruye la indagación del escritor, una historia real que precisar ser contada para transitar por el justo lugar  que reclama Álvarez Álvarez dentro de un fragmento de la radio cubana. 

SANTA CLARA EN TRAVESÍA CON LA HISTORIA

SANTA CLARA EN TRAVESÍA CON LA HISTORIA

Por Luis Machado Ordetx

 

                                            «que cada palabra lleve ala y color».

                                            José Martí, La Nación, Buenos Aires, 1887

 

Atrás quedaron caseríos, ciudades y guarniciones liberadas. Fue de ofensiva rápida, de relámpago, a partir del lunes 15 de diciembre, ocasión en la cual el Comandante Che Guevara eligió para cortar las comunicaciones entre Placetas y Fomento, y asediar Guinía de Miranda y Báez de acuerdo con la concepción de guerra desde la serranía central rumbo al llano.

 

Apenas la prensa plana y radial de la región se hizo eco de aquellos acontecimientos que trajeron enfrentamientos directos contra las fuerzas batistianas. Tampoco atestiguaron bombardeos frecuentes contra la población indefensa y las posiciones de los rebeldes. De la otra parte está la desolación y euforia con los signos de libertad que trazará un nuevo orden social que promete la Revolución en armas.

 

Los rotativos, con la prórroga de suspensión de las garantías constitucionales y censura impuesta por el régimen, proclaman en amplios titulares, de acuerdo con lo expuesto por el general Tabernilla, que    «No hay rebeldes en Pinar del Río ni en Las Villas», y con tres velitas alegóricas a la Navidad Cristiana pregonaron que se «ilumine la conciencia de todos en estos momentos sombríos y difíciles que vive el mundo […] asolado por guerras y rumores de guerras».

 

Cierta ironía escondían los mensajes por fin de año, mientras el cine-teatro Cloris, el más moderno en equipamientos tecnológicos de Santa Clara, anunció los estrenos exclusivos de «Imitación General», o «El general improvisado», una comedia bélica estrenada en agosto pasado por la Metro-Goldwyn-Meyer, y las actuaciones especiales de Glenn Ford y Red Buttons. Otro tanto hará con «El puente sobre el río Kwai», un filme más reciente y de aventuras que dirige David Lean.

 

Tal parecía que nada ocurría, cuando en realidad todos escuchaban  las detonaciones de cócteles Molotov, sirenas de carros patrulleros, y descargas de fusiles Garand y San Cristóbal, o vuelos rasantes de aviones de combate, y muertos que hacía desaparecer la soldadesca enemiga. En muchos lugares sucedían apagones reiterados, y la noche se convertía en calvario.

 

Nada reseñó la prensa de entonces. Casi la totalidad de las tropas del coronel Río Chaviano permanecían en el regimiento de Santa Clara, o en los cuarteles de otras localidades villareñas. El hostigamiento de la columna 8 «Ciro Redondo», dirigida por el Che como jefe máximo de las fuerzas rebeldes, y Camilo Cienfuegos, frente a la número 2 “Antonio Maceo», por el centro-sur y el norte, respectivamente, se abrían paso por Cabaiguán, Guayos, Falcón, Placetas, Manicaragua, así como Jatibonico o Yaguajay. Tenían el empeño de no dar tregua y cortar todas las comunicaciones terrestres al oriente del país.

 

El objetivo es llegar a Santa Clara en un frente que, por la Carretera Central, obstruya el tránsito y abarque más de 50 kilómetros en su trayecto a la capital provincial, bastión de las fortalezas militares de la dictadura. En la Nochebuena, comenzó el asedio a Remedios y Caibarién. No hay intervalo hasta que ocurra la redición de los hostiles batistianos que defienden el régimen anticonstitucional.

 

Un titular de última hora, en la edición matutina del periódico El Villareño, reiteró que Joaquín Casillas Lumpuy asumió el mando del Ejército en la guerra que se desata en Las Villas. Obvia, por supuesto cualquier información sujeta a los combates, y al paso arrollador de la arremetida rebelde. Alberto Río Chaviano es relevado de la potestad militar y se afirma que el general José Eleuterio Pedraza fue llamado a La Habana para ocupar direcciones de la Policía batistiana. Ambos tienen secuelas de gángsteres y asesinos a sueldo fijo.

 

El sábado 27 de diciembre, desde el Gran Hotel Las Tullerías, en Placetas, el Che traza la estrategia y la táctica guerrillera hacia el sitio definitivo: Santa Clara. Las horas para el combate son inminentes con sus rutas de acceso, por el este, se encuentran totalmente bloqueadas por la Carretera Central. El profesor y geógrafo Antonio Núñez Jiménez, a quien la prensa villaclareña lo presenta en pesquisas de yacimientos minerales en el Escambray, está incorporado a la columna rebelde, y contribuye a despejar la topografía de acceso a la capital provincial.

 

                                               MIL PALABRAS

 

Las gráficas históricas pesan por mil palabras escritas, según los axiomas del periodismo universal. El código visual recrea acontecimientos, y revela sucesos antológicos. Hay instantáneas notables de la efervescencia  guerrillera que, desde el Escambray, partió como foco hacia poblados circunscritos a la llanura villareña. Cámara en ristre Tirso Martínez Sánchez, luego de su recorrido por el rotativo habanero Avance, dejó huellas de aquellos relámpagos. También lo hizo Perfecto Romero Ramírez, luego de su incorporación guerrillera en tierras espirituanas, y su tránsito por Yaguajay, Santa Clara o el trayecto posterior a 1959 rumbo a la capital del país junto a las huestes de la Revolución.

 

De igual modo existen otros anónimos o conocidos fotógrafos cubanos que, en campaña de guerra, figuraron como corresponsales de una centella histórica sin parangón en la gesta emancipadora y contemporánea cubana. Una minuta suscrita por Orlando Herrería Mursulí, abogado y notario público, rememoró en los primero días de febrero de 1959 aquellos periplos  en los cuales el jurista y periodista José Oscar Barrero del Valle, junto a Felipe Fernández Roza, se internó en zonas de Güinía de Miranda, municipalidad de Fomento, y contactó con fuerzas del Directorio Revolucionario “13 de Marzo”, momento en el cual dialogaron con la jefatura de esa columna con el propósito de redactar un amplio reportaje clandestino de cuánto trascendía en el territorio serrano.

 

Un salvoconducto del entonces fallecido capitán Juan Martínez Ramírez los condujo hasta el comandante Faure Chomón Mediaville, y visitaron la tumba de Enrique Villegas Martínez, muerto en combate el 25 de enero, al tiempo que llegaron a Báez, apreciaron la toma de Manicaragua y los enfrentamientos guerrilleros contra efectivos militares ubicados del cuartel de Vigilancia de Caminos (Los Caballitos) y el “Miguel Jerónimo Gutiérrez”, Capitanía 31 de la Guardia Rural 31, o el Gobierno Provincia en Santa Clara.

 

Fernández Roza lleva colgada del cuello una cámara Kodac Retina III con la cual luego captará la población de la capital villareña convertida en hervidero tras el sonido de las sirenas de alarma, y el paso rasante de aviones B26, F47 y Sea Fury cuando bombardean a la población indefensa.

 

La estrategia de «cerco completo» del Che, a partir de decisiones y órdenes a los efectivos revolucionarios, entra en acción. El enemigo está posesionado en sus baluartes: el Regimiento No 3 “Leoncio Vidal”, la Estación de Policía, y el Gran Hotel, mientras un convoy militar blindado, con más de 300 soldados, se estaciona en la ciudad y no puede continuar la travesía rumbo al este debido al derribo, días antes, del puente de Falcón.

 

En Santa Clara, desde el 27 de diciembre cuando en Placetas el Che organizó las misiones conjuntas para el asedio definitivo a la ciudad, la desmoralización de las fuerzas de la tiranía sería definitoria. Luego de unas 94 horas de combate, el martes 30 cayó el cuartel de los Caballitos y el Gobierno Provincial. El Tren Blindado es descarrilado y lo toman por asalto.

 

 En Yaguajay todavía Camilo Cienfuegos trata de rendir al enemigo, mientras en Santiago de Cuba, Fidel Castro Ruz, el Jefe de la Revolución, está por entrar triunfante con su columna a esa ciudad oriental.

Las horas están contadas en Santa Clara, y se conmina al enemigo a la rendición, y las condicionantes impuestas por el Che para la entrega inminente de las armas son aceptadas. El nuevo año amanece con la liberad conquistada.

 

De esos instantes hay tres documentos imprescindibles. Son también testimonios gráficos del periodismo cubano en campaña. Uno, el acta notarial número 102 del viernes 10 de abril, suscrita por el abogado y notario público Dr. Agustín M. Anido Valdés, según declaraciones de Eduardo Rafael Ocaña Valdés, profesor de Educación Física, y jefe de la Brigada 17 de la Cruz Roja Cubana en la ciudad.

 

 Los restantes son imágenes captadas in situ por Orlando Marín Obregón durante el bloqueo aéreo a Santa Clara, y el freno y descarrilamiento al Tren Blindado. La última pertenece a Antonio Díaz de Villegas que, luego de la cruenta batalla, perpetuó para la historia en material fílmico de 8 milímetros los estragos de una guerra y una ciudad que trazó la ruta para inmortalizar la Revolución.

 

Luego vendrían el Boletín de Santa Clara (órgano oficial de la Junta Local de Contribuyentes y Vecinos), preparado en los primeros días de enero de 1959 por el periodista José Oscar Barrero del Valle con el concurso de  estudiantes y profesores de la Escuela Profesional de Periodismo y Artes Gráficas “Severo García Pérez”, así como las imágenes antológicas de Alfredo Naranjo. También están las recogidas por Sergio Piñeiro en Prensa Libre, o las captadas por el mítico folklorista Samuel Feijóo, y las que el fotógrafo norteamericano Burt Glinn, perpetuó con la entrada triunfal de Fidel a la ciudad, aquel día de Reyes Magos, instante definitorio que marcó un paso preciso de la historia.

 

 

 


GARCÍA CATURLA: UNA MUERTE PLANIFICADA

GARCÍA CATURLA: UNA MUERTE PLANIFICADA

Palabras leídas en la necrópolis de San Juan de los Remedios este jueves 12 de noviembre de 2015 ante la tumba del jurista Alejandro García Caturla, asesinado en esa ciudad hace 75 años. Al más grande y universal de los compositores cubanos de la primera mitad del pasado siglo, todavía se le recuerda en el mundo por las inconfundibles sonoridades contemporáneas que enriquecieron las influencias dejadas por los ancestros africanos y españoles y los timbres jazzísticos.  


Por Jesús Díaz Rojas (Escritor cubano).

 

 

El año 1940 empezaba para Caturla con un reconocimiento que muy pocos jueces reciben a lo largo de sus carreras, una carta donde se le definía como el verdadero juez justiciero que no se aparta de la ley para beneficiar al malvado por ninguna cantidad y el juez prestigioso y digno que sabe introducirse en la verdad y hacer justicia contra la infamia. Carta que no era entregada por ninguna cátedra universitaria, ni por los ministerios encargados de aplicar las leyes de manera imparcial, ni por organizaciones civiles dedicadas a velar por los derechos del ciudadano común, ni por la policía, ni el ejército, sino enviada por los presos de la cárcel de Santa Clara.

 

El grito desesperado que exigía ¡Justicia!, justicia contra un malvado que los torturaba y los atropellaba, provenía de los condenados por las leyes.  Debe ser honra infinita cuando los condenados a largas penas califiquen a un juez de justiciero y recaben de su concurso, no pidiendo la absolución, no autocalificándose de inocentes sino clamando por ¡justicia!, palabra fuerte que en este caso no significaba la libertad individual, sino que se les tratara como seres humanos: Venga que pedimos justicia contra un malvado que nos mata de hambre y de tormentos. ¡Justicia!, ¡Justicia!, y esa es la que usted nos puede otorgar por lo digno y justo que es. 

 

Dignidad, justicia, decoro, ¡qué difícil mantener esa luz en la frente en las sociedades donde todos los entramados jurídicos y legales han comenzado a podrirse! En un país donde la doble moral y la hipocresía gobiernan las relaciones interpersonales y sociales. Más difícil cuando se es un hombre a contracorriente, un hombre que en su vida privada ha roto los convencionalismos hipócritas de una sociedad asentada sobre el racismo y ama hasta la desmesura a dos mujeres de la raza negra con las que concibe once hijos. Un hombre consecuente con los postulados que escribiera a una amiga a la edad de catorce años y que nada pudo alterarlos sino más bien ratificárselos.

 

La cizaña crece donde la aridez de las ideas y los sentimientos le proporcionan el hábitat idóneo. No hay peor enemigo para el hombre de talento que la mezquindad de los que gustan de agazaparse tras el poder de turno para lograr sus objetivos. La década del treinta del pasado siglo estuvo plagada de tales ruindades, de tales miserias humanas, porque el país se hundía en sí mismo, buscando soluciones que se ajustaran al mantenimiento de la alta jerarquía gobernante y por tanto vomitando politiqueros por doquier.

 

1940 fue definitorio en la historia de Cuba y de manera particular en la carrera judicial de García Caturla pues importantes fueron sus aportes en la elaboración de varios proyectos de ley y un número considerable de sus trabajos teóricos fueron publicados en la revista Repertorio Judicial.

 

Este año se aprueba una de las constituciones más revolucionarias para la época a nivel mundial – aunque los gobiernos que se turnaron la engavetaran con golpe de estado incluido.  De esa Constitución conocida como del 40, estuvo al tanto Caturla y puso en ella sus esperanzas como juez golpeado por los oportunistas y la hipocresía. Preocupado de cómo quedaría el Poder Judicial en la nueva constituyente le escribe el 10 de febrero a Pedro Cantero Magistrado del tribunal Supremo: […] en los seis años que llevo en la carrera judicial creo que he servido leal y honradamente a Cuba, exponiéndome casi constantemente a la pérdida de la vida; pero todos recordamos como ha sido tratada la Judicatura en los últimos seis años, precisamente y me gustaría saber si una vez más las venganzas y las pasiones serán las dueñas del bienestar de los jueces y magistrados, de su tranquilidad y del porvenir de sus familias […]

 

Por una parte la carrera judicial le proporcionaba el mínimo indispensable para el sustento de su familia y de la otra la angustia por el consumo de un tiempo excesivo al considerarse esclavo de sus deberes como funcionario judicial.

 

Es innegable que como hombre a contracorriente recibió los embates de los mediocres dentro de las dos pasiones de su vida: la judicatura y el arte. En la primera al erigirse como defensor de las leyes se procuraba enemigos entre los corruptos y los politiqueros de turno;  en el arte al crear sus reglas los faltos de talento se confederaban en su contra para silenciarlo y anularlo al punto de que su obra no es tenida en cuenta por la Filarmónica para la temporada de conciertos y los delegados cubanos al Congreso de Musicología en Estados Unidos piden una nota de censura para los compositores cubanos que trataban la parte negra dentro de sus creaciones. 

 

Es un año como los vividos hasta entonces, con sus sombras y sus luces y el eterno conflicto entre el juez y el compositor. Entre sus obligaciones laborales y la fuerza telúrica que lo arrastraba a la música y al amor: yo estaría encantado en poder trabajar más en mis obras musicales, pero ello resulta imposible por ahora ya que mi actual cargo de Juez en este Distrito me exige una casi constante dedicación a las disciplinas jurídico-penales. 

 

Definitivamente viene a residir a su ciudad natal en 1938. Con el paso de los días los remedianos lo ven como uno más. Ya era parte de un paisaje donde la rutina enturbia los sentimientos y hace del comentario a hurtadillas una forma de consumir el tiempo. Atrás había quedado la fecha de sus regresos triunfantes de Europa, de la entrega de la condición de Hijo Eminente y Distinguido. De su vida nómada por ciudades cuyas autoridades le mal pagaban. Más que un compositor renombrado a nivel internacional por el número de directores que incluían obras suyas en el repertorio de sus orquestas era el hombre de traje que cada mañana se dirigía a su trabajo y que saludaba a pocos. El hombre que gustaba de sentarse al piano en la sala de sus padres para interpretar piezas que muy pocos entendían y tal vez por ello comenzaron a decir que les cerraba las ventanas, que los expulsaban cuando se detenían a escuchar. Era el hombre de hábitos rutinarios que al caer la tarde se dirigía al correo siempre por la misma ruta y a cuyo paso las muchachas casaderas suspiraban por su atractivo físico y esa dosis de misterio que envuelve a los genios, pero que ahogaban tras el comentario racista cuando no las miraba. Al final los remedianos terminan por dejarlo por incorregible y abandonarlo a su suerte, pues no se le entiende, no se le escucha, se le cree un engreído y no están dispuestos a perdonarle la rebeldía que hincha sus venas.

 

Año de batallas legales, de apremiantes necesidades económicas y su música escuchándose en el mundo y él encerrado en un despacho y a la vez asediado, acosado por los que quieren malversar, extorsionar, robar al erario sin ser juzgados. Año en que ante el pedido de la máxima autoridad policial de la provincia -quien usa su cargo de manera intimidatoria, para exonerar a su subalterno a pesar de que todas las pruebas que obran en el sumario probaban la culpabilidad del detenido-, se pone de pie y sin alterarse le responde: usted está dentro de los predios y ámbitos del Juez de Instrucción, que no podrán ser quebrantados ni por el terror ni por la fuerza.

 

Esta actitud intransigente, el expediente de insobornable que fue escribiendo en Ranchuelo, Santa Clara, Palma Soriano – donde escapó de un atentado- si bien le allega simpatizantes entre una parte del pueblo, favorece el rechazo de los magistrados y funcionarios corruptos al punto de que se intensifican los rumores de que quieren asesinarlo. Y queda señalado como un ser al que había que silenciar de una vez y por todas. Verdad que pretende encubrir con la intención de no involucrar a sus familiares pero que resulta imposible por lo generalizado de los comentarios. De tal suerte la madre solicita garantía para la vida de su hijo al jefe militar de la provincia y este le promete enviarle un par de escoltas. Y es una de las tantas ironías de su vida, los mismos que pretendían aniquilarlo eran los que venían a protegerlo.

 

Ante las alertas de los familiares más allegados: la esposa y en especial su madre, el 19 de octubre envía una carta al Ministro de Defensa Nacional solicitándole garantías para su vida y la de su familia.

 

El 1º de noviembre, Día de todos los Santos, se casa su hermana Berta; el músico interpreta al piano varias de sus composiciones y al caer la tarde va hasta el despacho de su padre. Testigos afirman que paseó su vista por el parque, la acera de El Louvre. El más allegado de sus amigos sostiene que parecía lejano en el tiempo como queriendo asir una nota esquiva, tal vez configurando un artículo sobre leyes o presintiendo un adiós definitivo.

 

Othón, el hermano es nombrado Juez municipal de Florida y el día 10 de noviembre se encuentran en aquella ciudad. En la conversación además de las preguntas por los padres y las hermanas, afloran los consejos del hermano mayor en el ejercicio del cargo recién estrenado por Othón. El día 11 el regreso a Remedios y la carta dando cuenta al hermano de su llegada: la visita al doctor, el dolorcito en el bajo vientre, los medicamentos. Y le afirma que impuso a sus padres, en especial a la madre, de todo lo relacionado con las condiciones en que lo dejaba en aquella ciudad. Antes de la despedida la confirmación de su reincorporación al trabajo, a sus obligaciones con el juzgado.

 

El 12, amanece y escribe una carta para el Ministro de Gobernación donde le solicita la renovación de la licencia para portar arma de fuego; un revolver Colt, calibre 32. Es una misiva escueta, sin otro asunto. En ella no se aprecia ninguna otra impresión como no sea la necesidad de protegerse, tal vez por saberse a merced de un destino signado por la tragedia.

 

A las dos de la tarde en auto de alquiler, junto a dos funcionarios del Juzgado de Instrucción, toman declaración a una denunciante que da lugar a la Causa número 848/940.

 

Noviembre es un mes de tardes grises y nubes azul añil que aceleran la llegada de las noches. Aquella tarde no podía ser distinta. La naturaleza no prepara escenas para determinados acontecimientos, ella siempre está dispuesta para ofrecerse como escenario y son los hombres quienes le dan determinada connotación.  Dicen que desde la acera de El Louvre miró al reloj de la Iglesia, que siguió el portal y tomó Independencia donde dos jóvenes sentadas a la puerta de su casa suspiraron cuando sin saludarlas siguió de largo. Afirman que cruzó la calle Maceo y tomó la acera de la Quincalla de Julio León y que al llegar a la barbería de Heriberto Hernàndez fue interpelado por el proxeneta de la Causa 848/940,  aseguran que lo invitó a encontrarse con él en el juzgado; dicen que el proxeneta le dio la espalda, caminó unos pasos, dobló por Maceo y que él siguió su camino. Dicen que el proxeneta regresó y que lo alcanzó a la altura de la venduta El marañón, dicen tras el llamado, Caturla se dio la vuelta y quedó de frente al proxeneta. Se escuchó el primer disparo. Asegura el forense que le pegó el arma al cuerpo y que apretó de nuevo el gatillo. Dicen que el proxeneta se refugió en el Cuartel.

 

En Remedios el ocaso es una mezcla rara entre el apuro y la abulia, entre el cansancio y la obligación, entre la rutina y el deber. Se saluda, se conversa sobre la marcha y sobre este andar siempre a destiempo o sin tiempo para dedicarle al otro, uno puede volverse cómplice de las ruindades de la vida, dígase del destino, dígase de dios, dígase del karma y afirmo esto con el perdón de los católicos, los mahometanos, los metafísicos, los materialistas y otros. Lo digo porque morir asesinado a la edad de 34 años en una calle céntrica- como lo es Independencia- es una culpa de todos los remedianos de entonces. Guillén al enterarse del asesinato sentencio: No solo es el crimen de un inconsciente, sino la gran culpa de todos los que debiendo comprenderlo y estimarlo, lo ignoraron