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CUBANÍA TOTAL

JAZZ-BAND

JAZZ-BAND   Por Luis Machado Ordetx Sí, con un formato de jazz-band, en noviembre próximo instrumentistas después de muchos años sin reunirse y dispersos en otras agrupaciones, ofrecerán aquí un memorable concierto por las cuatro décadas de fundada la Orquesta de Música Moderna de Las Villas, ocasión que recordarán al maestro Armando Romeu González [1911-2002], uno de los más altos impulsores de este tipo de congregación artística en Cuba. Jesús (Chú) Rodríguez González, último director de esa institución  desaparecida en 1994, trajo la primicia de la celebración de ese «posible sueño» que cerrará la Jornada de Conciertos durante el penúltimo mes del año, dijo a Vanguardia en adelanto del acontecimiento. ¿No todo quedará ahí? — Claro, durante el homenaje, de acuerdo con la solicitud del Centro Provincial de la Música «Rafael Prats Machado», quedará nuevamente oficializada este tipo de Orquesta en la localidad (saxofones, trompetas, trombones, piano y teclados, guitarra, bajo, batería y percusión cubana), con el propósito de ofrecer recitales, servir de acompañamiento a Festivales, y también difundir el jazz y otros géneros. — Pero, ¿Un solo concierto?  Es mínimo, si lo ajustamos a gastos, trascendencias y proyectos. Sería bueno tomar un fin de semana, incluso hacer una grabación para difundirlo por Radio y la Televisión. Sin embargo, hasta ahora tendremos una presentación. — ¿Existen condiciones objetivas y subjetivas para la maduración de otra etapa en la Orquesta? — El repertorio está conservado, con arreglos magníficos; disponemos de jóvenes formados o en vías de concluir estudios, así como de otros músicos que integraron la «Moderna» y regresarán a sus respectivas responsabilidades,  pero requeriremos de apoyos sostenidos. — Incluso, ¿el viejo espacio de ensayos, en Independencia entre Maceo y Unión, podría recuperarse? — Tenemos el anhelo y el concepto de protección o un presupuesto económico que favorezca la permanencia perspectiva de la Orquesta, necesaria y tal vez señera en relación con otras provincias. — ¿Hay agrupaciones similares? — Bueno, están en Tropicana, en Ciudad de la Habana y Santiago de Cuba, y la del Hotel Internacional de Varadero y la mixta del ICRT. Como aprecias, a mediados de la década de los 90, casi todas se extinguieron con rapidez tras  dos décadas y media en escenarios cubanos. — La reunión, desde Villa Clara, en recordación a Romeu González, ¿será antológica? Por supuesto, para rememorar a ese difusor de la música cubana siempre habrá un momento destacado, y dará la posibilidad de disfrutar de la presencia de los antiguos directores de la Orquesta: Rubén Urribarres Pérez (1967-1971), Juan José Bringues Ochoa (1971-1976), Fausto Vega Clavelo (1976-1980), Nelson Oney Peña (1980-1984) y Jesús (Chú) Rodríguez González (1984-1994), así como de los hermanos Sixto y Víctor (Pucho) López Jorrín, Robertico Pérez Elezgaray, Juan Carlos (Peje) Rojas, José (Pepe el Manco) Díaz y otros artífices de esos años, a los que se unirán invitados y vocalistas del territorio. Este no será el único instante que, de un modo u otro, entablemos diálogos con Chú Rodríguez en la indagación de una aspiración artístico-cultural de sobrada envergadura para todo el país, momento que, además, repasará el alcance musical del maestro Armando Romeu González, figura proverbial en la historia del jazz.                               

REMOS DIARIOS DEL CUBANO

REMOS DIARIOS DEL CUBANO

Por Luis Machado Ordetx

  Peregrinos pensamientos, convertidos siempre en amenazas, torpedos y atentados por una vía u otra contra el ansia de soberanía inclaudicable —sentido que se afinca en nuestra idiosincrasia y nacionalidad—, se impulsan desde antaño, en fecha de 1805, sobre Cuba. Los enemigos latientes ubicados en trono herido, pretencioso y hegemonista de las consecutivas administraciones de Norteamérica: Jefferson («hermanar a la Isla» con las posesiones estratégicas de Luissiana y la Florida), Quincy Adams, el artífice de la «Fruta Madura» de Monroe; Hamilton Fish, el mayor connotado contra los artífices revolucionarios de Yara, así como Theodore Roosevelt u Orville H. Platt y... Tal parece que Martí, el más universal de todos los cubanos, el hombre que cayó en Dos Ríos en el empeño de Cuba, previó con solo 20 años, desde Sevilla, España, que ante los connotados enemigos «Es la independencia el esfuerzo supremo de mi patria porque se siente unida en una aspiración fuerte, compacta, potente, ilustrada, rica, amada, requerida por la más fecunda prosperidad...»;[1] esa que en nuestros días conforta a los hijos de esta tierra a no atajarse ante los imposibles y las tormentas —vengan de donde sean—, que la quieran azotar. Otra vez, al retomar la Historia de la Enmienda Platt. Una interpretación de la realidad Cubana, escrito por el erudito Emilio Roig de Leuchsenring,[2] las tasaciones de denuncia de la aberración impuesta a la Isla en el nacimiento de su República «mediatizada» —en política y economía dirigida desde los Estados Unidos—, reentroncan con las formuladas años después frente a los parlamentos del Plan Bush: Informe de la Comisión para la asistencia a una Cuba libre, blandidos desde posiciones de la ultraderecha radicada en la Nación norteña.  Recuerda el investigador que en el número del Congressional Record, de la sesión del Senado de los Estados Unidos del 26 de febrero de 1901, el artículo tres y quinto, respectivamente, del texto concuerda con lo firmado al  Apéndice Constitucional Cubano y el Tratado Permanente: «Qué el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad, libertad individual y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a EE.UU., por el Tratado de Paris y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el gobierno de Cuba[3] El último indica: «Que el Gobierno de Cuba ejecutará y en cuanto fuese necesario cumplirá los planes ya hechos y otros que mutuamente se convengan para el saneamiento de las poblaciones de la isla, con el fin de evitar el desarrollo de enfermedades epidémicas e infecciosas, protegiendo así al pueblo y el comercio de Cuba, lo mismo que el comercio y al pueblo de los puertos del Sur de los EE. UU[4] El contexto, de allá  a acá, cambió, pero aun cuando media un siglo y un lustro de aquella «enmienda» presentada el 25 de febrero de 1901 al Senado por Orville H. Platt, representante por Connecticut al Congreso de los Estados Unidos,  existe demasiado parecido a lo suscrito en el Plan Bush.  El capítulo 2 de ese documento, con 98 páginas y 100 recomendaciones, reseñado a acciones inmediatas, a mediano y largo plazo, para «Enfrentar las necesidades básicas en las áreas de Salud, Educación, Vivienda y Servicios Humanos», así lo revalida:  Al indagar en el sitio digital http://www.cubavsbloqueo.cu, encontramos que desde los Estados Unidos subrayan: «La Oficina de Asistencia a Desastres en el Exterior de la AID debe realizar una valoración sobre el terreno para determinar la situación de la distribución de alimentos, el estado nutricional de los niños, la disponibilidad y situación de las viviendas,  la situación del transporte y las comunicaciones, la producción agrícola, el suministro de agua, las condiciones sanitarias, el estado de las instalaciones médicas, las condiciones de las escuelas y los suministros a estas, la situación de la microeconomía y una recomendación de las medidas prácticas para solucionar los problemas y situaciones detectados». «Los esfuerzos iniciales deben incluir [...] necesidades de cuidados de enfermedades crónicas e inmediatas de las personas ancianas tanto en la ciudad como en el campo [...], adecuados tratamientos médicos, especialmente para enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y las necesidades de aparatos asistenciales. En tanto la situación nutricional de la tercera edad plantea que ha sido reportada de severa, deben establecerse evaluaciones  y monitoreos del estado nutricional y de la situación de salud integral para evitar la malnutrición y crisis médicas severas...» Tamaña equivocación. Tal parece que no recuerdan la impoluta prédica martiana afincada entre los cubanos, quienes en los primeros días de marzo de 1901, ante la aprobación de la Enmienda Platt en el Congreso Norteamericano, enviaron a los periódicos estadounidenses una invocación al pueblo de ese país. Hoy, la alerta sigue en pie: «La independencia absoluta, la soberanía completa —sin limitaciones aquélla, sin mixtificaciones ésta— fueron y son la eterna, inquebrantable e irreductible aspiración de la patria cubana».[5] Martí, el ferviente, con los remos competentes para conseguir la victoria, aunque en el empeño se escapara la vida, dijo que «La libertad obliga a la prudencia: los mutuos deberes al respeto...»[6] Tal fue así: prefirió declarar desde los Estados Unidos, en 1889 —como el que otea al futuro en defensa constante por Cuba y las repúblicas sudamericanas—, que «... Solo con la vida cesará entre nosotros la batalla por la libertad».[7]  De ese modo encaró la muerte y legó un ejemplo de trascendencia histórica y social frente a cualquier adversidad y prepotencia gubernamental.                  


[1] José Martí: «La Solución. La Cuestión Cubana», en Obras Completas, tomo I, p.107, Editora Nacional de Cuba, 1963.
[2] Emilio Roig de Leuchsenring: Historia de la Enmienda Platt. Una interpretación de la realidad Cubana, Editorial de Ciencias Sociales, 1973.
[3] Idem., p. 23
[4]  Idem.
[5] Op. cit., p. 109.
[6] José Martí: «A la Colonia española», Op. cit., p. 137.
[7] Idem, p. 241.

¡FEIJÓO!

¡FEIJÓO!

Por Luis Machado Ordetx  De tan irreverente, Samuell [San Juan de los Yeras, 31de marzo de 1914-La Habana,  14 de julio de 1992], considerado un «hombre-montaña», fundó y animó una catedral jamás soñada por una institución docente cubana, al instaurar una editorial que, durante casi un decenio, publicó de Santa Clara, con el concurso de varias casas impresoras capitalinas, monumentales textos teóricos, poéticos, narrativos y pictóricos elaborados por cubanos y extranjeros. Esa constituye una de las aristas menos difundidas —tal vez por conocida o anónima— sobre el más grande de los fabuladores y recreadores del contexto y los hombres de la campiña isleña, y de quien todavía, al decir hace poco de Miguel Barnet, se erigen deudas impagables en el recuento del tiempo en que condujo el Departamento de Relaciones Culturales de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, sello que llevó, en primera instancia, una editora sui géneris amparada por una revista tan descomunal como ISLAS, nacida en 1958. Por coincidencias raras de la vida, unos meses después, el 31 de marzo de 1959, fecha en que también Feijóo celebraba su onomástico, el Gobierno Revolucionario firmaba el decreto de constitución de la Imprenta Nacional  de Cuba. Los talleres de Úcar, García, S.A., lugar de donde  salieron las tiradas legendarias del grupo de Orígenes [1944-1956],  trajeron después, con la obesrvación de Samuel, el encuentro de los lectores nacionales y foráneos con las ediciones príncipes de Lo cubano en la poesía —antológicas conferencias que preparó Cintio Vitier—, así como Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, y la Historia de una pelea cubana contra los demonios, ambas de Fernando Ortiz, y José Antonio Saco (Estudio biográfico), de Manuel Moreno Fraginals.      En el prólogo de Historia…, Ortiz precisó que por vez primera Cuba llenaba páginas de glorias, en medio de la penuria de entonces, con la presentación de textos tan enjundiosos que explicaban el ser y la conciencia de la Nación, hecho debido en parte al sustento espiritual de Feijóo Rodríguez y el respaldo institucional y del Estado, urgido y comprometido en trasladar la Cultura al sitio que colmara los más recónditos firmamentos sociales. Luego vinieron los rubros de la rotativa Héctor F. Rodríguez, de Artes Gráficas, en La Habana, y libros únicos para todos, reseñados en las colecciones Biblioteca Folklórica y de Estudios Hispánicos: Ayer de Santa Clara (Florentino Martínez), Gente de Pueblo (Onelio Jorge Cardoso), Tratados en la Habana (Lezama Lima), Kant, iniciación de su filosofía (Medardo Vitier), El pan de los muertos (Labrado Ruiz), Donde canta el tocororo (Leoncio Yánes), Francisca de Rimini (Nino Berrini), Biografía del tabaco cubano (García Galló), El caserón del Cerro (Marcelo Pogolotti), Crónicas habaneras (Julián del Casal), Árboles sin raíces (González de Cascorro) y…   La lista rebasa el centenar, y aunque no existía una tradición en la edición de libros, y menos de diseño, en lo fundamental, eran primeras tiradas, casi manufacturadas, en textos, imposibilitados antes de publicación. Un cotejo indica que las erratas fueron mínimas, gracias al beneplácito y la dedicación reiterada de Samuel. Algunos, devenidos en catedrales teóricas, de tipografía e inclusión de ilustraciones, dieron la luz pública a nuevos autores, mientras otros sólo tuvieron una divulgación, incluidos ensayos, novelas, averiguaciones, animaciones y promociones originales del universo creativo feijoseano: Diario Abierto. Temas folklóricos cubanos; Azar de lecturas; Alcancía del artesano; Segunda alcancía del artesano; Fantasía del dibujo popular; Los trovadores del pueblo; Cuentos populares, La décima culta en Cuba; El girasol sediento y Juan quinquín en Pueblo Mocho, por citar algunos. De la mano protectora de Samuell aparecieron Meditación Americana, de Juan Marinello o La filosofía de José Martí, de J.I. Jiménez Gruñón, y Papelería o Idea de la estilística, de Fernández Retamar, ya rarezas en bibliotecas privadas protegidas por el celo de los propietarios.   Rupturas e incomprensiones, favorecieron que el «poeta guajiro» —como lo llamaron—, dejara en 1969 los proyectos del departamento de Estudios Folklóricos y Publicaciones de la Universidad Central y emprendiera otro, menos ambicioso que el anterior, pero de una raigambre sin fronteras: la revista SIGNOS, valiosa contribución temática, estilística y tipográfica  al patrimonio cubano. Los aportes novedosos de sus primeros 35 números, preparados con el celo personal de Feijóo, no tienen parangón en la historia de la Cultura Cubana. Por desgracia, la tirada siguiente, la 36, ya preparada, se extravió sin que su paradero actual tenga el más acertado de los conocimientos. Similar ruta tomaron algunas de esas joyas, denominadas grabados, y que al cabo del tiempo se consolidan como verdaderas rarezas artísticas y de diseños novedosos, las que empleó en el engalanamiento ilustrativo de las páginas.    El más inmenso fabulador de los campos cubanos, pertrechado de un original estilo investigativo y de promoción de todo lo que enalteciera la espiritualidad nacional, todavía persiste como Wampampiro Timbereta     — uno de sus personajes favoritos—, en Sensible Zapapico,  a la caza de un güije o un pájaro fantasma, para ser e ir, en exclusividad, a los parajes insospechados que lo reafirman como raíz y tronco de la esencia de lo nuestro.De tan irreverente, Samuell [San Juan de los Yeras, 31de marzo de 1914-La Habana,  14 de julio de 1992], considerado un «hombre-montaña», fundó y animó una catedral jamás soñada por una institución docente cubana, al instaurar una editorial que, durante casi un decenio, publicó de Santa Clara, con el concurso de varias casas impresoras capitalinas, monumentales textos teóricos, poéticos, narrativos y pictóricos elaborados por cubanos y extranjeros. Esa constituye una de las aristas menos difundidas —tal vez por conocida o anónima— sobre el más grande de los fabuladores y recreadores del contexto y los hombres de la campiña isleña, y de quien todavía, al decir hace poco de Miguel Barnet, se erigen deudas impagables en el recuento del tiempo en que condujo el Departamento de Relaciones Culturales de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, sello que llevó, en primera instancia, una editora sui géneris amparada por una revista tan descomunal como ISLAS, nacida en 1958. Por coincidencias raras de la vida, unos meses después, el 31 de marzo de 1959, fecha en que también Feijóo celebraba su onomástico, el Gobierno Revolucionario firmaba el decreto de constitución de la Imprenta Nacional  de Cuba. Los talleres de Úcar, García, S.A., lugar de donde  salieron las tiradas legendarias del grupo de Orígenes [1944-1956],  trajeron después, con la obesrvación de Samuel, el encuentro de los lectores nacionales y foráneos con las ediciones príncipes de Lo cubano en la poesía —antológicas conferencias que preparó Cintio Vitier—, así como Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, y la Historia de una pelea cubana contra los demonios, ambas de Fernando Ortiz, y José Antonio Saco (Estudio biográfico), de Manuel Moreno Fraginals.      En el prólogo de Historia…, Ortiz precisó que por vez primera Cuba llenaba páginas de glorias, en medio de la penuria de entonces, con la presentación de textos tan enjundiosos que explicaban el ser y la conciencia de la Nación, hecho debido en parte al sustento espiritual de Feijóo Rodríguez y el respaldo institucional y del Estado, urgido y comprometido en trasladar la Cultura al sitio que colmara los más recónditos firmamentos sociales. Luego vinieron los rubros de la rotativa Héctor F. Rodríguez, de Artes Gráficas, en La Habana, y libros únicos para todos, reseñados en las colecciones Biblioteca Folklórica y de Estudios Hispánicos: Ayer de Santa Clara (Florentino Martínez), Gente de Pueblo (Onelio Jorge Cardoso), Tratados en la Habana (Lezama Lima), Kant, iniciación de su filosofía (Medardo Vitier), El pan de los muertos (Labrado Ruiz), Donde canta el tocororo (Leoncio Yánes), Francisca de Rimini (Nino Berrini), Biografía del tabaco cubano (García Galló), El caserón del Cerro (Marcelo Pogolotti), Crónicas habaneras (Julián del Casal), Árboles sin raíces (González de Cascorro) y…   La lista rebasa el centenar, y aunque no existía una tradición en la edición de libros, y menos de diseño, en lo fundamental, eran primeras tiradas, casi manufacturadas, en textos, imposibilitados antes de publicación. Un cotejo indica que las erratas fueron mínimas, gracias al beneplácito y la dedicación reiterada de Samuel. Algunos, devenidos en catedrales teóricas, de tipografía e inclusión de ilustraciones, dieron la luz pública a nuevos autores, mientras otros sólo tuvieron una divulgación, incluidos ensayos, novelas, averiguaciones, animaciones y promociones originales del universo creativo feijoseano: Diario Abierto. Temas folklóricos cubanos; Azar de lecturas; Alcancía del artesano; Segunda alcancía del artesano; Fantasía del dibujo popular; Los trovadores del pueblo; Cuentos populares, La décima culta en Cuba; El girasol sediento y Juan quinquín en Pueblo Mocho, por citar algunos. De la mano protectora de Samuell aparecieron Meditación Americana, de Juan Marinello o La filosofía de José Martí, de J.I. Jiménez Gruñón, y Papelería o Idea de la estilística, de Fernández Retamar, ya rarezas en bibliotecas privadas protegidas por el celo de los propietarios.   Rupturas e incomprensiones, favorecieron que el «poeta guajiro» —como lo llamaron—, dejara en 1969 los proyectos del departamento de Estudios Folklóricos y Publicaciones de la Universidad Central y emprendiera otro, menos ambicioso que el anterior, pero de una raigambre sin fronteras: la revista SIGNOS, valiosa contribución temática, estilística y tipográfica  al patrimonio cubano. Los aportes novedosos de sus primeros 35 números, preparados con el celo personal de Feijóo, no tienen parangón en la historia de la Cultura Cubana. Por desgracia, la tirada siguiente, la 36, ya preparada, se extravió sin que su paradero actual tenga el más acertado de los conocimientos. Similar ruta tomaron algunas de esas joyas, denominadas grabados, y que al cabo del tiempo se consolidan como verdaderas rarezas artísticas y de diseños novedosos, las que empleó en el engalanamiento ilustrativo de las páginas.    El más inmenso fabulador de los campos cubanos, pertrechado de un original estilo investigativo y de promoción de todo lo que enalteciera la espiritualidad nacional, todavía persiste como Wampampiro Timbereta     — uno de sus personajes favoritos—, en Sensible Zapapico,  a la caza de un güije o un pájaro fantasma, para ser e ir, en exclusividad, a los parajes insospechados que lo reafirman como raíz y tronco de la esencia de lo nuestro.

La Historieta de Linares

Por Luis Machado Ordetx

 

El detalle preciso del orfebre que entreteje y decanta la línea y el dibujo, desde la óptica del perfeccionista, son atributos que tipifica la obra artística que, desde cualquier ángulo o perspectiva, abraza el caricaturista Félix Adalberto Linares Díaz, considerado entre los mejores hacedores cubanos en la composición de la historieta.

 

El hecho se nota en un libro que ya anda por Villa Clara, como un regalo, casi inigualable: Profeta de la aurora   —concebido junto a Alexis García Artiles—, texto que publicó la editorial Capiro, en Villa Clara, en ocasión de los aniversarios 80 del natalicio de Fidel y del medio siglo del desembarco del Granma.

 

García Artiles confeccionó el guión a partir del conocimiento de los hechos ocurridos en los días previos y siguientes al 2 de diciembre de 1956, fecha del arribo de los expedicionarios a las costas cubanas y el encuentro posterior en Cinco Palmas, Sierra Maestra.

 

Aquí está el talento insustituible de Linares, miembro del plantel de Melaíto, ofrecido con mayor esencialidad en las páginas de la revista Signos, Vanguardia y otras publicacioes foráneas, sitios en los que patentó la manera en que el creador concibe la captación de la realidad, la reconstrucción y armadura de fragmentos de la historia, y hasta el humorismo contemporáneo.

 

Muchos amigos de redacción, al contemplarlo en faenas artísticas desprovistas de los artilugios de la computación, quedan a menudo con el entrecejo fruncido, y la boca abierta, dado el modo en que el cuadro compuesto se ajusta a la información reportada por la historia.

 El nuevo libro, primero que plantea Linares junto a García Artiles     —antes hizo otros con René Batista Moreno—, es de una factura inigualable e impecable, por el terminado, y figura como un regalo exquisito, casi al cierre de 2006, fecha en que la historia para los cubanos tiene una connotación sin precedentes.    

Gracia Divina en palabras de Eliseo

Gracia Divina en palabras de Eliseo

Entrevista al poeta cubano Eliseo Diego Fernández-Cuervo. Inédita  hasta hoy.

Por Luis Machado Ordetx 

 Dos décadas, sí más tiempo, tiene de virginidad tajante la refulgencia de la entrevista. Viene a flote por vez primera, para que Eliseo Diego Fernández-Cuervo,[1] el incitador, comulgue con todos.En ningún instante solicitó cuestionario a priori: conocía las finalidades y tópicos sobre los que versaría la conversación. Sólo pidió efectuarla en su residencia: calle E, número 503, entre 21 y 23, Vedado, sin interesarle cuánto demorara el encuentro.Diego, en la gradación del esplendor, acudió al llamado. De antemano reconoció al recién llegado, y lo trasladó a una saleta espaciosa, tal vez zaguán en otro tiempo, donde abundaban libros de recientes y antiguas ediciones, para desplegar las sesiones de diálogo. Era media mañana del sábado 23 de abril de 1983. Por más de dos horas conversamos: un poeta con profundo reconocimiento en la Literatura Cubana y Latinoamericana, y un aprendiz de interrogador. Sin preámbulo desgranó las preguntas, una a una, y prometió que si quedaban insatisfacciones, haría aportes al margen. Entonces, con una voz pausada, casi en susurro, solicitó el formulario, para acomodar las ideas o repasar al instante los conceptos teóricos que a lo largo de la vida lo socorrían en el modo y la forma de componer su visión literaria. Sin otro pormenor, aquí está el comentario ante el despunte inquisidor.   ·                Eliseo, ¿qué libros considera con un peso esencial en su formación como narrador?«Los que más influyen sobre mi obra en particular, fueron los autores de cuentos folklóricos para niños, fundamentalmente los pertenecientes a los hermanos Jacobo y Guillermo Grimm.[2] En esos cuadernitos a los que tú te referías,[3] y que yo escribí cuando trabajaba en la Biblioteca Nacional, hay un ensayo sobre los hermanos Grimm. Eran hombres de ciencias, y no estaban preocupados por la literatura como tal, sino por preservar las tracciones mitológicas, incluso, del pueblo alemán, conservadas, pensaban ellos, a través de esos relatos populares.Tenían una especie de red de espías, por llamarlos de algún modo, muy simpáticos, con una memoria muy buena, para después contar hasta el detalle más nimio: recorrían todos los parajes de Alemania, y la noche los albergaba en algún sitio, una granja, al crepúsculo, donde existía la costumbre de, tras la cena, reunirse los campesinos. Entonces, el cuentero, ese personaje mágico, y que Onelio Jorge Cardoso[4] recogió en una pieza que titula con ese nombre, se desboca para narrar historias fabulosas.El cuentero relataba viajas leyendas populares alemanas, y hasta incorporaba otras tomadas en préstamo de comarcas aledañas: los cuentos recogidos por los hermanos Grimm tienen todas las características esenciales del género y su dimensión universal. Una, diría particularidad, es precisamente, cómo el idioma se ciñe directamente a la acción. Las descripciones, a propósito, están concebidas en función de la relación dramática. Pudiéramos extendernos más, pero, allí, en ese ensayo que cito,  hablo de esas características.Otro gran escritor del siglo pasado, Hans Cristian Andersen,[5] no es un caso similar al de los hermanos Grimm, Jamás fue un hombre de ciencias, sino un poeta. Tomó como base en toda su obra los cuentos populares, y también las historias de hombres de su tiempo tejidas alrededor de una mesa. Todas las transfiguró e incorporó temas y acciones de su cosecha.Tenía esa cualidad, al utilizar un lenguaje muy original, llano, y de contraste entre la naturalidad y la familiaridad de la expresión y la fantasía. El centro de su historia, es lo que pienso, constituye el secreto del hechizo de los cuentos Ya ves, por una parte las fuentes de la prosa, necesariamente son de nuestro propio idioma y, digamos, el impulso a la aventura de escribir, procede de los cuentos populares».·              ¿Por qué  la preferencia por lo fantástico?«Quiero decir una cosa, realmente lo que me fascina es la realidad, porque es lo más fantástico a que se pueda enfrentar el ser humano. Nosotros lo damos todo por supuesto, y si eso no ocurriera, probablemente nos volveríamos locos.Tú quieres un cuento de hechizo mayor que: uno se enamora de una muchacha, y de pronto, cuando abres los ojos, estás hechizado y  convertido en un viejo. Eso es un cuento fantástico, de embrujo, de hechicería, pero nosotros lo vemos como una cosa muy natural.Eres ahora un muchacho y no te das cuenta, pero yo que tengo más años de los que quisiera, y sin embargo, por dentro sigo siendo como me sentía en aquella época, lo disfruto de manera diferente.Me asombra mucho el encontrarme debajo de esta piel de oso, o de esos animales en que las brujas solían convertir a los héroes de los cuentos populares, cosa que disfruto.Yo entiendo que no hay cuento fantástico o de ciencia ficción más maravillosa e increíble que el planeta tierra y el fenómeno de la vida, y sobre todo su ápice consciente.Si te pones a pensar en estos cuentos folklóricos tradicionales o populares, verás que, en realidad, lo que esos hombres sencillos, muchos analfabetos, trataban de transmitir, a través de elementos fantásticos o relatos, son concepciones de la realidad o del universo. No podía ser, ni mucho menos, un pensamiento científico o racionalista. Estos cuentos, algunos se remontan a miles de años atrás, con distintas versiones, y se pierden en el tiempo. El elemento fantástico es, digamos, un simple proceso de acumulación o acomodamiento de la visión, para, si quieres, exagerar un aspecto determinado de la realidad, y lo compararía con aquellos que ponen debajo del lente de un microscopio una simple gota de agua, y al segundo se encuentra un mundo de cosas en las partículas de ese líquido.En los cuentos de «La Bella Durmiente»,[6] «Cenicienta»,[7] en fin, todos los que condensan acervos populares, utilizan la fantasía como una manera de exagerar o subrayar un aspecto de la realidad en sí misma, fantástica, y tratar de comunicarse o de entenderla, no a través de la razón, sino por el pensamiento mítico. La humanidad tiene ese pensamiento en su registro histórico, lo mítico y lo prelógico, y de ahí vienen todos esos grandes mitos de los egipcios, asirios y babilonios... Los griegos inventaron la razón, y dieron origen y nacimiento al pensamiento racional, científico, pero quizás también por el hecho de que mi cuerda fundamental sea la poesía, y ella está relacionada con el pensamiento mítico, a eso se deba la influencia o el gusto por los relatos de tipo fantástico, sobre todo de la imaginación popular.Por tanto, hay una estrecha relación entre lo escrito en prosa y los llamados poemas elaborados a lo largo de mi vida».·              Desterrando al poema. ¿Dónde subyace su predilección literaria?Bella García-Marruz,[8] la esposa, irrumpe en el cuarto-biblioteca con vasos con agua y dos tacitas de café, lo que anuncia al poeta, tras degustar la oscura bebida, prenderse de un cigarro a otro, hasta complacerse con el ascenso lento y al parecer insignificante, en su detenida mirada, del humo azulado que se pierde en el espacio. Luego se acuna la barba y retoma el fundamento conductor del cuestionamiento. «Prefiero, ante todo, el cuento como tal, en el sentido de que cumple una función específica. Es una aproximación a un enigma, ese que consiste precisamente en el desarrollo dramático de las cosas. La realidad, pues, está hecha de criaturas, y de cosas sorprendentes, así como de tiempo, parajes y paisajes. También está dispuesta por el drama del ser humano. Entonces, creo que la función de la poesía es ocupar, dentro de su integridad, el aspecto, quizás, poco estático de la realidad, tomando la palabra en un sentido liberal, por la referencia a las emociones, simples emociones, por ejemplo, el amor, y la sensación que tiene el ser humano ante el universo.También ha sido parte de la poesía el desarrollo dramático del hombre, y eso es evidente con sus romances históricos. La poesía está dirigida a la esencia de algo, de una cosa y su acontecer dramático, mientras el cuento permite convertir lo teatral en una esencia importante, para la comprensión propia o exclusiva de la realidad, De eso que está inserto en el universo.El cuento requiere de dones peculiares. Todo lo requiere, por supuesto, también la poesía. El cuento para que cumpla su función tiene que estar bien hecho y estructurado. Decía un maestro, Kipling,[9] un verdadero maestro, que el cuento debía empezar por el principio, seguir por el medio y terminar por el final. Eso parece una bobería, pero si te pones a analizarlo, significa muchísimo. Creo que he logrado escribir, excepto uno o dos cuentos, en el sentido estricto de la palabra. De manera que más bien lo que he hecho son relatos de aproximación al cuento.La prosa poética está en relación directa con la poesía. Constituye una vía de expresión, que se asume, porque responde a las peculiaridades explícitas de un momento determinado; pero un cuento, necesariamente, no debe pretender desenvolverse dentro del campo de la prosa poética. Eso es otra cosa. La prosa poética es como el poema. Un cuento responde a su expresividad: la de ser en el pensamiento y la acción dramática del suceder de los conflictos y el suspenso creciente ante el clímax. A veces el excesivo lirismo puede estropear la esencia del cuento, a no ser que el ambiente y la atmósfera sean fundamentales para el desarrollo dramático.Hay cuentos en los que te encuentras que la atmósfera en sí misma es un elemento dramático, de suspenso, y pudieran ponerse muchísimos ejemplos. En general prefiero que el cuento tenga sus particularidades y la prosa poética los suyos, porque es una manera más de hacer poesía, dígase el verso blanco o una forma tradicional, como el soneto, la lira y otras expresiones literarias».·              ¿Su libro Divertimientos,[10] 1946, está conformado sobre experiencias personales o a partir de motivos literarios?«Ese libro te sorprende, claro, es tema de los estudios, pero te diré algunas cosas. Es imposible hacer literatura si no es a partir de una experiencia personal. Esto no quiere decir tampoco que la literatura en sí misma no se pueda convertir en una experiencia personal. Tampoco que no sea puntual, y entonces surge el motivo de recreación literaria.En los Divertimientos  traté de  utilizar lo que habíamos hablado al principio: el elemento fantástico, como un camino de aproximación al intento de hallar una respuesta a la adivinanza de la realidad.Ahí, en ese librito, hay algunas viñetas o cuentos que están inspirados, a su vez, en alguna lectura de relatos de los que apasionaron desde niño. Ya eran una experiencia propia, y son imposibles trabajarlo desde allí, si la experiencia literaria original no los incita a buscar algo más allá, una respuesta personal encontrada en el texto original.Es lícito este tipo de experiencias, realmente preferida, y obedecen a una avidez  del que las siente. La respuesta no resulta muy explícita o digamos, clara, pero en fin, en todos estos casos, lo explícito, lo claro, queda un poco para la lógica y la razón. En poesía no encuentro una diferencia fundamental entre la literatura de ficción y una novela y un poema: son parte de un idéntico planteamiento que pudiéramos llamar poesía con mayúscula, desentendiéndola del género literario. Es un intento de eliminar la realidad través de una comunicación directa e inmediata».El poeta sacude su barba, y estima, aún cuando alega lo poco precisa de su respuesta, una satisfacción del entendimiento.·              ¿Por qué del abandono del tono inicial En las oscuras manos del olvido,[11] con predominio de lo autobiográfico y del ambiente familiar, para adentrarse por el camino de la prosa fantástica de los Divertimentos?Diego queda como suspendido, medita, pide una tregua para la respuesta y se decide a lanzarse al ruedo de sus principios estéticos y recreativos.«Bueno, esta es, quizás, una de las preguntas más difíciles del  cuestionario. Realmente no había pensado en la razón o la motivación del cambio de registro que opera en uno y otro libro. En las oscuras manos del olvido era un proyecto que desestimé, porque lo consideré demasiado ambicioso, y era, además, una especie de novela sobre el proceso de la creación de una novela. No había distinción entre la novela y la poesía.Toda obra de creación surge, fundamentalmente, del magma, de experiencias personales del hombre. Ahora el objetivo lúcido, claro, definido, de una manera precisa, de hacer un libro sobre el proceso de la creación artístico-literario, y de la formación o el surgir del cuajo literario, al abandonarlo, se tornó en un camino más modesto de la limitación que supone tratar o hacer un cuento o un relato.A veces las limitaciones son una incitación a la creación. No se puede concebir un cuadro informe. Todo tiene sus características y las restricciones en sí mismas son un estímulo a la precisión de la mirada, incluida en aquel elemento significativo y fantástico que constituye la clave para hallar la solución de un aspecto determinado de lo real.Fue rechazado, pero era fundamentalmente realizable. Es decir, abarcar en una sola visión el proceso de acumulación interna de datos, y su transmisión al exterior, por otro un poco más modesto, del que, efectivamente, me encargué en una forma más tradicional de la literatura, al resumir un estímulos en todos sus límites.Divertimentos es un libro de relatos, muy pequeños, cortos y cercanos a la poesía, con un poder esencial y edificante. Es en sí un modo de hacer poesía. De ahí la importancia que tienen los elementos de la realidad, con el significado de las palabras. La poesía va más allá de lo que se hace con palabras, ahí están los hechos y las personas que envuelven un acto lírico y del que, a veces, uno no repara jamás hasta que cierras los ojos. La magnitud de la poesía está en cualquier parte, sin indemnizar instantes y tiempos, al representar una necesidad humana fundamental».Satisfecho, ofrecí las gracias a Eliseo Diego por su deferencia. Luego, aparecieron otros encuentros, entre los que hubo una que otra aclaración de pareceres teóricos, pero que no incluyo en esta oportunidad, y como colofón, para rematar la estancia en su lugar, en asombro inaudito, hizo un ejemplar obsequio, que remató con una sencilla dedicatoria: «A Luis, para que los Divertimentos lo sigan fascinando por años». Era la primera edición del texto, salido de Orígenes y los talleres Úcar, García, s.a., con radicación en Teniente Rey, número 15, La Habana, 1946.Regalo fabuloso que refrendó con la divina gracia de su palabra, y que aún conservo como modesto patrimonio literario de otros tiempos en que el diario y la palabra del poeta retumban insistentemente en los oídos de otros.   


[1] De Diego Fernández-Cuervo, Eliseo Julio de Jesús: [La Habana, 1920-México, 1994]. Poeta, narrador, ensayista, traductor y periodista. Premio Nacional de Literatura (1986). Doctor Honoris Causa por la Universidad del Valle, en Cali, Colombia (1992), y Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe «Juan Rulfo» (1993). Perteneció al grupo de Orígenes (1944-1956). En su obra sobresalen:  En las oscuras manos del olvido (1942); Divertimentos (1946); En la Calzada de Jesús del Monte (1949); Por los extraños pueblos  (1958); El oscuro esplendor (1966), Muestrario del Mundo o Libro de las Maravillas de Boloña (1967); Versiones (1970);  Nombrar las cosas (1973); Noticias de la Quimera (1975)  Los días de tu vida (1977); A través de mi espejo (1981);  Inventario de asombros (1982);  Poesía (En la Calzada de Jesús del Monte; Por los extraños pueblos; Versiones; El oscuro esplendor; Muestrario del Mundo o Libro de las Maravillas de Boloña y Los días de tu vida), y Prosas Escogidas (En las oscuras manos del olvido; Divertimentos; Noticias de la Quimera; y las narraciones «Un almacén como otro cualquiera» e «Historia del anticuario», así como once ensayos y dos conferencias: «Esta tarde nos hemos reunido» y «A través de mi espejo»), todas en 1983. También: Soñar despierto (1988), y el Libro de quizás y de quién sabe (1989), entre otros textos. Cfr. Diccionario de Literatura Cubana, t. i,  Op. cit., pp. 283-284.
[2] Hermanos Grimm: Jacob Ludwing Karl Grimm: [Hanau, Alemania, 1785-Berlín, 1863], y Wilhelm Karl Grimm [Hanau, Alemania, 1786-Berlín, 1859]. Especialistas en tópicos lingüísticos y filológicos. Recopiladores de historias, leyendas y canciones orales alemanas.  V. Hermanos Grimm (1966): Cuentos de Grimm, traducción de Eliseo Diego, Editorial Juvenil, La Habana.
[3] V. Eliseo Diego (1966): «Los cuentos y la imaginación infantil», Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles, Teoría y Técnica del Arte de Narrar ii, pp. 29-50, La Habana, Consejo Nacional de Cultura.
[4] Jorge Cardoso, Onelio: [Calabazar de Sagua, 1914-La Habana, 1986]. Original cuentista cubano, catalogado entre los mejores del género en Latinoamérica. Ejerció el periodismo, escribió para la radio y delineó reflexiones teóricas sobre el cuento. Fundador de la revista y el Club Umbrales, así como audiciones radiales de La Hora Hontanar, todas en Santa Clara.
[5] V. Eliseo Diego (1964): Prólogo y traducción de Cuentos de Hans Christian Andersen, La Habana, Editorial Nacional de Cuba.
[6] Perrault, Charles: [Paris, 1628- Id., 1703]. Abogado, poeta  y cuentista. Aunó versiones de cuentos populares legados por la tradición oral, y a partir de 1683 los llevó a la literatura infantil, fecha en que se oficializó como escritor. Es reconocido por sus cuentos cortos, entre los que sobresalen: «El gato con botas»; «Pulgarcito»; «Caperucita roja»; «Barba azul»; «Cenicienta» o «La Bella Durmiente» y… 
[7] «Cenicienta»: Cuento popular de hadas, de sentido maniqueo entre la injusta opresión y la recompensa triunfante. Se dice que la versión original salió del pueblo chino, y que Perrault realizó una más refinada en 1697, al tomar la historia difundida por Giambattista Basile en 1634.
[8] García-Marruz, Bella: [La Habana, 1921-Id, 2006]. Poeta. Abandonó el verso a temprana edad y estuvo vinculada a todos los proyectos del grupo de Orígenes. 
[9] Kipling, Joseph Rudyard: [Bombay, India, 1865-Londres, 1936]. Periodista, poeta, crítico de arte, cuentista y novelista. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1907.Entre sus obras descuellan: El hombre que pudo reinar; Cuentos de las Colinas; De un Mar a Otro; El Libro de la Selva; El Segundo Libro de la Selva y La Carga del Hombre Blanco, principalmente.
[10] Eliseo Diego (1946): Divertimentos, Ediciones Orígenes, La Habana.
[11] Eliseo Diego (1942): En las oscuras manos del olvido, Ediciones Clavileño, La Habana.

Capdevila, el Secretario sin Cartera

Capdevila, el Secretario sin Cartera

En ocasión del aniversario 70 de la caída en combate de Pablo de la Torriente Brau.

Por Luis Machado Ordetx

                                                                             « [...] No me quedan dudas ningunas sobre las altas condiciones                                           que posees para cumplir cualquier encomienda. Si algún día                                        llego a Mariscal, te nombraré mi ayudante...».[2]                                                                             Pablo de la Torriente Brau Pedro Capdevila Melián, es quizás, el insustituible y más fiel de los amigos cubanos de Pablo. Tuvo un rostro oculto, con ojos de centella, discreto y organizado en deberes y atributos del que empeña la solidaridad y la estimación, aunque en el propósito se arriesgue la vida. Esas son prendas que descollaron en su absoluta probidad.Jamás estuvo, en última instancia, dentro de las fuerzas juveniles que enfrentaron  escaramuzas contra los porristas machadistas y los acólitos yanquis. Tampoco figuró en la nómina de los encarcelados, aquel 16 de septiembre de 1931, para la inauguración del Presidio Modelo, de Isla de Pinos, y mucho menos se enroló en un exilio forzoso.Nunca pensó, tal vez, incluirse en las brigadas internacionalistas de España y, por supuesto, ningún bombardeo lo dejó tendido sobre el fértil campo de una comarca o las ruinas de una ciudad mutilada por la miseria guerrerista.A pesar de su juventud, del ambiente bullanguero de La Habana, y de los sobresaltos políticos y las penurias económicas, atestiguó en la protección de Martí que:   «[...] hilamos, donde no se nos ve, [porque] tenemos voces que llegan. [Y] le robaremos, con nuestra prudencia, la sangre al cadalso...».[3]De ese modo, imbuido del espontáneo proceder por sentirse útil, Capdevila, el mecanógrafo —asistente en el bufete compartido por Fernando Ortiz, Manuel Giménez Lanier y Oscar Barceló—, se irguió como un hombre capaz de componer las espinosas gestiones traspasadas por Pablo, desde los recónditos sitios donde el revolucionario ancló como cubano inspirado en la literatura y la beligerancia del internacionalista.Casi un adolescente, y después de un regreso efímero y forzoso al natal Placetas, en la antigua provincia de Las Villas, Capdevila se instaló, previo a concluir la década del 20, en San Juan de los Remedios, donde el abogado Humberto Arnáez lo guareció como oficinista auxiliar. La única forma posible, se dio cuenta, de ayudar a la familia en el sustento y principiar en otras propuestas, dependía del forcejeo y del acatamiento competitivo junto a una cuartilla en blanco, la Underwood y los términos jurídicos. Caviló hacerse abogado, pero percibía la imposibilidad académica, por los gastos que originaría.El escribano que labra, se yergue con sorprendente rapidez, limpieza, precisión y ortografía. Atónitos tiene a sus émulos, cuando, a finales de 1928, con apenas 21 años, los hermanos remedianos Manuel y Joaquín Giménez Lanier lo conminaron a abandonar el pueblo y radicarse en La Habana. El joven, apto para acariciar en el teclado una velocidad y limpieza inusitadas, no  caviló dos veces, y sin la congoja que coerce al guajiro, se vio enclavado en una de las salas del edificio Abreu, en O´Reilly esquina a Mercaderes, donde radicaba uno de los prósperos bufetes de la capital: aquí reafirma la laboriosidad y se aprecia como fraterno colaborador.[4]

La capital, inquietada, crispada y anonadada, no lo petrifica, y la algarabía de los colegas  sopesa las desgracias materiales o espirituales que lo asisten. El ángel aletea, escudriñando espacios, al agenciarse la mirada del curioso,  impuesto del ánimo de la sabiduría. Circula, de un apasionamiento a otro, placentero por las instrucciones que conceden los mentores de la abogacía, y se resiente por la visión maniquea que otea entre la opulencia y la miseria de las barriadas aledañas.

Va a las redacciones periodísticas, donde «aprende» y colabora en las sesiones artísticas y literarias que auspician las instituciones culturales, y de pronto, sin discernirlo, está inmerso en las polémicas que sustenta la lucha antimachadista.

Un colega —dotado de responsabilidad y amabilidad, propio del que se ampara tras un «gusanillo» pedagógico—, lo convoca a todas partes, y con sistematicidad se les contempla juntos en peñas deportivas, tertulias culturales y ratos de ocio.Pablo, el secretario de Fernando Ortiz, le sirve de cicerone en las correrías, mientras otros mecanógrafos y abogados ordenancistas del bufete, asientan la forja de la personalidad de Capdevila Milián. La sinceridad  y la fidelidad, entre uno y otro joven, jamás se descosieron, y puntearon una impronta indicadora para la Cultura Cubana.Importantes epistolarios, resplandecientes y lúcidos, suscritos a raíz de los sucesos del 30 de septiembre de 1930 —cuando de la Torriente Brau fue detenido en El Príncipe, y luego desplazado al Presidio Modelo—, dan cuenta de una soberana amistad. Del pupilo del villareño brotaba el «ímpetu campechano de los hombres viriles», del que habló Martí, hecho que el otro reparó de inmediato. Acaso, si no fuera por la conservación de esa documentación —custodiada con celo por Capdevila o personas relacionadas con los acontecimientos—, un exquisito trazo de las instrucciones a acatar, las estrategias y tácticas del combate, la descripción de los horrores y  penurias del confinamiento, y una cantidad considerable de la obra narrativa y epistolar del auxiliar principal de Ortiz, se habría esfumado, perdido...Justo en la página enfebrecida, que sirvió de portada al prólogo que escribió Pablo, para Versos míos de la libreta tuya, el poemario preparado por su esposa en 1934, aparece una dedicatoria: «Para Capdevila, el mejor y más constante amigo nuestro de aquellos días oscuros, de prisiones y penas».[5]Un decenio después, en Los Ausentes, Teté Casuso, la autora, revirtió la embestida de las recompensas, y puntualizó: « [...], a quien no sé que palabra poner, que sean expresión de un gran sentimiento de gratitud y amistad [...] Unido estás en mis recuerdos, a los [...] de Pablo, a todo ese tiempo [...], que tu no has olvidado [...]».[6] En la página 238 de la novela, de ribetes «autobiográficos», se lee: « [...] Federico, un entrañable amigo de Leopoldo, que aunque no era político, jamás se mezcló en el coro de alabanzas, nos ayudaba en todo. Mandando las noticias más frescas, más verídicas que las de los periódicos oficiales, desde la propia secretaría donde empezaba a trabajar [...], en una aguda y ágil correspondencia, que merecía ser publicada con el nombre de ”Cartas de tío y sobrino”, ya que siempre firmaba: Tu tío, F...».[7]

Desde que arrancó 1931 y hasta 1933, durante los 27 meses de encarcelamiento de Pablo, casi en lo absoluto, fue Capdevila el acople con lo que urgía desplegar a favor de la Revolución, el periodismo y la literatura por las calles habaneras. El encierro en el Presidio Modelo no limitó en Pablo el conocimiento de la realidad cubana, porque el remediano fungió como un retenedor inconcluso de la memoria histórica de ese tiempo.

Tres cartas, dos inéditas, escritas en 1931, casi al arribo del confinamiento en Isla de Pinos, y otras de mediados de 1932, sintetizan la camaradería: contienen desde solicitudes de materiales de oficina, veedor y suministrador de libros, alimentos, recados varios, y en el centro la delineación de narraciones jocosas e hirientes sobre la vida carcelaria.

La primera que intercambian, tal vez la que inicia el prolongado carteo, está fechada el 13 de noviembre de 1931. Puede que sea —excepto las tarjetas postales que cursó—, una de las pocas donde la caligrafía de Pablo resalta en todos sus caracteres y magnitud. Ahí expone:

«Querido Capdevila:      «Todavía la barba no me llega ni con mucho al papel. Por eso puedo escribirte. Recibí aquí una carta tuya dirigida al Príncipe, cuando nos quitaron la incomunicación y la contesto a los «125 días presos». (Segunda Serie).       «No puedes imaginarte cuánto tipo estrafalario ha sido lector mío. A cada rato un guajiro tano y simpático suelta y dice por la centésima vez, y admirado por toda su vida, como si yo fuese un personaje: « ¡Mire Ud. quién me iba a decir a mí que iba a estar preso junto con Pablo de la Torriente        « [...] Aquí se está estupendamente. Las demás prisiones de la República son establos al lado de esta. Fundé dos academias: la de Incultura Física del prof. «Heriberto» y la de Idiomas, del prof. War Rellow, pero el gobierno me ha perseguido hasta en la cárcel y me dejó sin alumnos en la primera y sin profesor en la segunda». El texto continúa con bromas referidas a los amigos del bufete, y al final una sentencia: «Y te mando para ti un abrazo largo, como un escrito de Ortiz».[8]En otra, con descripción Presidio Modelo, 9 de julio de 1932, elaborada con papel timbrado de la Revista de Derecho y Ciencias Sociales —publicación mensual dirigida por Rubén Martínez Villena y Miguel Gener—, explica:       «[...] Antes que nada van las gracias por el envío de las 1000 hojas de papel, las que, considerando el costo de embarque, además del propio de ellas, me hacen sospechar enérgicamente que te sacrificaste por la Patria. Allá tú. Me llegaron también dos envíos de revistas hechas por ti y unas cuantas hojas de papel que vinieron estupendamente bien para las copias. Las cintas aún no las he recibido, pero cómo podrás juzgar por esta carta, la que tenemos está aún bastante buena.    «[...] Bueno, hoy recibí carta de Teté en la que me da las más «horribles» noticias. Nada, que desaparezco como miembro honoris causa del bufete, y como resultado que en el bufete era donde únicamente existía yo (en estado de asfixia, desde luego) económicamente hablando, pues hay que llegar a la conclusión de que ya estoy muerto. Apesto.   « Pero está visto, que estoy decidido a morir a carcajada limpia. Es preciso caerle bien a la gente del infierno y una buena sonrisa es la mejor tarjeta de presentación. Estoy dispuesto a que antes que la carne podrida se caiga y mi calavera muestre la habitual mueca irónica de los esqueletos, ya mi cabeza muerta enseñe una sonrisa de anuncio. No queda más remedio. Y fíjate de paso cuanta palabrita para tranquilizar a los niños he medido en el párrafo anterior.   «[...] Papel y sobres tengo lo menos para seis meses y por ese lado no te molesto por ahora.   « Dale los mejores recuerdos a todos los amigos, anúnciales que mañana soy preso de un año y «con tan plausible motivo», deséales ya felices Pascuas y próspero Año Nuevo».[9] De esa trilogía, de aparentes inéditos, Pablo redacta una última misiva, identificada el 12 de noviembre de 1932:    «[...] Por lo pronto te diré que ya solo se trata de conseguirme un carrete, pues tengo uno ya. La máquina en que escribo es una Rémington Portátil, nueva, aunque no puedo asegurar si es el último tipo. No es silenciosa. El carrete se puede obtener de una cinta, pero no del standard, sino de las pequeñas. La que tú enviaste la recibí enseguida y me extraña que no recibiera la tarjeta firmada por ti.   «[...] La noticia del ciclón de Camagüey me produjo ayer una verdadera y profunda pena. Nos leyeron aquí, por la noche, y como cosa extraordinaria, remitidos por el propio Comandante Castells, los boletines del ejército, que daban cifras aterradoras de muertos. Cuando me escribas infórmame de él. Ah, oye, recibí hace algún tiempo varias revistas que supongo sean remitidas por Isidro o por Adrián. Dales las gracias de mi parte...».[10]Otras cartas, más conocidas, refrendan la solidaridad que entablan: Torriente Brau se exterioriza jovial, sabedor y jugador del idioma, picaresco, irónico, humanísimo y apasionado por las reivindicaciones sociales. En tal sentido testimonia el 19 de marzo de 1933:      «Tengo dos o tres indecentes epístolas suyas que contestar. Una de ellas las de las gracias por el pulsillo que le envié a su hermana. De nada, hombre de nada. O «de nalgas», como se decía entre la chusma del Club, por mi tiempo, allá por la época de José Antonio Saco.     «Otra a tratar es notificarle el puntual recibo de las revistas, de los sellos y de los sobres, por lo cual se le devuelven las gracias. Y «de nalgas» otra vez. Por cierto que en lo sucesivo, el próximo millar de sobres que me dispongo a consumir, procura que sea todo del tamaño grande, cosa que contengan bastante material por los tres kilos a que ha venido a cotizarse nuestro mercantilista tiempo, el pobre Don Pepe de la Luz.      «[...] El cuarto tema del día se refiere a la sortija pedida. Desde luego que se puede hacer y se te agradecen todas esas gestiones por buscarme unas salvadoras pesetas. El precio está bueno, como no. Bueno, pero siempre que me mandes algo así incluye la medida exacta, para evitar que el trabajo se pierda...».[11]La mensajería que recibe el detenido, y las indicaciones que remite, entre bromas y puyas, refuerzan aspectos de una personalidad forjada al calor del estoicismo revolucionario. Asimismo, advierten el por qué, con absoluta seguridad, Capdevila Melián constituye el eslabón primordial para encauzar, de manera anónima, parte de los acontecimientos históricos, profesionales y literarios en los que se debate durante la posterior etapa de exilio neoyorquino y de épica antifascista de España.Un pedazo de la grandeza del periodista cubano «más original y moderno de su tiempo», en última instancia, estaría ahora diseminada de no asegurarse en lo inmediato, y con fines perspectivos, de un depositario, casi confidencial —dotado de una talla de lealísimo afecto—, atribuibles a la capacidad profesional del villareño. Por tanto no quedaba duda de la hermandad establecida.En Cuba y el mundo, Capdevila ha sido un inadvertido, y en el fondo, otros testimoniaron que mostró contentura hasta su muerte, ocurrida en 1975. Jamás en los predios familiares y artísticos se jactó de las entusiastas relaciones y servicios que procreó. Por esto su huella está inmersa entre nosotros.[12] No por gusto, como hombre forjado en los recintos de un bufete —acostumbrado a sacar copias de los materiales que protegía, y a guardar discreción confesonaria—, surge y se sintetiza una de las clave, para el intento nada vano de desentrañar enigmas, sobre todo los relacionados con la narrativa escrita por el ex colega y la correspondencia cursada desde los Estados Unidos y la Península Ibérica.Poseído de la perspectiva martiana de que «Nada hay tan enojoso como hablar de sí mismo...»,[13] cuánto desempeño acometió, siempre fermentó el más puro silencio. Por su máquina de escribir —instalada  en las oficinas del bufete de Ortiz-Giménez Lanier-Barceló—, visto por lo que se conoce y aún guarda sombra, desfilaron memorables papelerías de la Revolución del 30, del enfrentamiento a las tentativas del imperialismo yanqui, así como una porción exquisita del epistolario que Pablo de la Torriente despachó desde el mismo interior o exterior de la Isla a las más comprometidas personas y publicaciones cubanas.La desbordada veta humorística, el relajo constante, la risa batiente, y las precauciones de la lucha clandestina, típicos de Pablo, suscitaron que, en lo adelante, lo nombrara con seudónimos: «Federico de Capdevila», —referido al defensor español de los estudiantes de Medicina, fusilados en 1871—, «Consejero de Estado», «Secretario sin cartera», «Ayudante del Mariscal», «Doctor», «Don», «Concienzudo gramático verdoso», «Raúl de Cárdenas» y «Culto letrado»...Por medio de Pablo, un hombre de pueblo empeñado en servir, se conecta, casi en la clandestinidad, con Martínez Villena, Raúl Roa García, Ramiro Valdés Daussá, Gabriel Barceló, Gustavo Aldereguía, Conchita Fernández, Roig de Leuchsenring, Porfirio Pendás, Eduardo Chibás...    Su máxima preferida: «No hay que acobardarse ante los peligros, sino conocerlos y afrontarlos»,[14] lo mantuvo ágil, sin aparente descanso, en la vigilia de los años 30, y en la lealtad, sin fronteras y ambages, hacia los que se jugaban la vida.La revista Signos, en 1978, se adjudicó los destellos que pregonaron públicamente la existencia de un pródigo intercambio epistolar entre Pablo y Capdevila. Después florecieron las Cartas Cruzadas —más de 160 misivas redactadas por Pablo entre abril de 1935 y agosto de 1936, durante la estancia en Estados Unidos, y unas 70 recibidas como respuestas—, que contienen una decena de esos papeles, verdaderos testimonios, fueron remitidos al remediano por un atajo riguroso.[15]También emerge, citado en otros materiales, y absorbe el nombramiento de «mediador» de gestiones periodísticas y literarias, de recados a combatientes, y de un especial tipo de albacea...[16]                                                                              Dentro de aquel contexto, donde hasta las artes recibieron el hálito renovador contra los valores deteriorados del mundo burgués, el epistolario de Pablo desde los Estados Unidos no se detuvo: son urgentes los requerimientos que recababa, y pide que dentro del bufete, en O’Reilly y Mercaderes, y en las calles habaneras, obre como «las centellas», sin mirar a los contratiempos.El 6 de mayo de 1935 de la Torriente subraya a Valdés Daussá: «[...] El que te entrega esto sí tiene la confianza necesaria en cualquier grado».[17] Es el 21 de diciembre, y en contestación a Roa, comenta: «No escribas por medio de Cap. Ése es asunto mío y no pretendo complicarlo más de la cuenta».[18] El 10 de agosto del año siguiente, vuelve a comunicarse con Valdés Daussá, y manifiesta: «[...] En todo lo que se refiera a envíos míos desde España [...], ya lo tengo arreglado allá, con mi intermediario infatigable e inmejorable. En todo caso, no lo comprometas nunca, pero utilízalo siempre».[19]Raúl Roa, por otra parte, el 19 de diciembre de 1935, expresa desde Tampa:           «[...] le escribí a Ramiro, vía Capdevila, desde Fila, pero éstas son las horas en que no me ha respondido».[20] En cambio Valdés Daussá cuenta en agosto del año entrante: «Cuto se fue ahorita a conectar a Gustavo [Aldereguía] con Capd., para que te entregue tu carta».[21]En Cartas Cruzadas el lector se percata de la responsabilidad que pendía, desde el anonimato, sobre los hombros del joven Capdevila. Días antes del 1ro de septiembre de 1936, cuando Pablo sale de Nueva York, al encuentro de la revolución española, le expide una correspondencia sentenciosa: «[...] Me voy para allá, casi con seguridad, a reportar la guerra [...], todo cuanto trabajo envíe para periódico o revista en Cuba te la remitiré a ti, a fin de que, antes de entregarlo a quien sea, le saques copia y me las vayas archivando, por si regreso tener listo el material [...] Las fotografías procuraré remitirlas ya sacadas [...], y si alguna vez te mando negativos, ocúpate de conservarlos [...] En cuanto a lo que se publique, te encargo asimismo que me guardes copia de todo lo que sea posible».[22]El  «Secretario sin cartera», como lo fichó, consumó los requerimientos. Claro está, no solo protegió cartas y papelerías diversas, sino que, además, buscó libros, informes, y transcribió todos, o casi todos, los 53 capítulos que componen las 10 partes del Presidio…, y copió la lista solicitada sobre los detenidos en el recinto penitenciario.[23] También los originales de Aventuras del soldado desconocido cubano, de un modo u otro, pasaron por sus veloces manos y recibieron la pericia del detalle.[24]Cualquier duda sobre la formulación queda desterrada por Pablo, quien insiste en la protección de copias y originales. Esas transcripciones que leyeron Fernández de Castro, y Chacón y Calvo, indistintamente, donde se solicitaba una casa impresora para el Presidio..., fueron mecanografiadas por Capdevila, quien, al parecer, custodiaba el original o uno de los ejemplares seleccionados tras las revisiones minuciosas que hizo el autor.Lo cierto es que el villareño se llevó muchas lagunas a la tumba, y estas siguen el camino de lo incógnito. Sin embargo, de su eficiencia no hubo quejas. Del compromiso de Pablo de enviarle textos desde España para publicarlos en Cuba se desconoce si llegaron. No obstante, en el archivo familiar se conservan algunas tarjetas postales que dan cuenta del transito del internacionalista por Barcelona, Madrid y...Días después del 19 de diciembre de 1936, fecha de la caída en combate del corresponsal de guerra —acreditado por la revista New Masses y el periódico mexicano El Machete—, del comisario político y el combatiente internacionalista Pablo de la Torriente Brau, allá en las cercanías del caserío de Romanillos, en Madajahonda, Capdevila se estremeció y, con persistencia, en sus oídos pululó el estruendo de los bombardeos, los quebrantos de los moribundos y los sórdidos ronroneos de aquellos tanques que reparó en su imaginación.El 20 de febrero de 1939,  Capdevila saldó una página de camaradería cuando, a solicitud de Raúl Roa García, traspasó a Armando Ley Cobos, todos los materiales que atesoraba, para la preparación de un libro sobre la vida y obra del revolucionario internacionalista.[25]Un mes antes, desde México, Teté Casuso le traslada una nota, con seguridad inédita:«México, 20 de enero. Querido Capdevila:Anoche me llegaron unas líneas de Raúl, urgido, —que diría Mañachde esto que hoy te mando. Llena de temor lo envío porque es original y no existe ninguna copia. Confío en el correo y el certificado y que te llegará sin extravíos. Como eres la única gente que tengo de confianza por eso te lo mando a ti [...] Aunque la última página está interrumpida sin continuación (Pág. 26) nada he perdido yo. Como «El Capital» habrá que ponerle a esto: aquí quedó interrumpido el manuscrito. Porque Pablo se llevó la última página de ese capítulo con él para, en el barco, sabiendo cómo terminaba esa parte, escribir el final y mandármelo todo junto al llegar a Francia. Pero naturalmente no lo hizo y tampoco nunca me envió esa hoja que quizás, —seguramente— tenía entre sus papeles de España y que no he podido recoger todos. Raúl le hará una explicación a todo esto y así tendrá que salir. A todos nos queda la curiosidad de ¿a dónde iría Pablo a parar con su imaginación y qué final le daría a Iliodomiro del Sol? Hay algunos nombres mal escritos en el texto. Algunos he arreglado, pero no tengo tiempo para más. También hay un salto que tú podrás entender y coordinar como siempre supiste hacer en los enredos de Pablo. Es ahí donde hay una estrellita y luego una cosa de Víctor Hugo.No tengo tiempo para escribir más porque corro inmediatamente a certificar esto ya que Raúl me dijo que tenían imprenta y todo hablada y no quiero que por mi se retrase ni un día esa publicación...».[26] Detrás de cualquier revelación anunciadora, repletas de solidez argumental —por lo que encarnó el mecanógrafo en predios «bufeteriles»,  y la asistencia que prestó en la conexión, la trascripción y la protección de algunas de las preferibles e insuperables piezas literarias o periodísticas desembocas de la imaginación sui géneris del autor de Batey, Presidio Modelo, Realengo 18 y...—, habrá que indagar en otras, que tienden a quedar sueltas, aun su validez inusitada, en aras de concertar un pequeño adeudo de la Cultura Cubana con el singular remediano. No obstante, las rúbricas del confidencial «Ayudante del Mariscal», y del «Secretario sin cartera», como lo apostilló Pablo, pertenecientes a Capdevila, el folklorista villareño, jamás reposarán dormidas. Sin lugar a duda, ellas hostigan centellantes en las meditabundas letras alumbradas con la mecanografía de algunos manuscritos: esos que abandonaron la virginidad de su creador y fueron hacia el firmamento de la tierra, junto a la estruendosa algarabía del esfuerzo público de todos. Entonces, ahí gotea por siempre parte de la pisada incólume de Federico. Esa también fue su obra mayor: servir con lealísima constancia al amigo y a un tramo significativo de la historia de la Patria.     


[1] Publicado con el título de «Las rúbricas del secretario sin carteras», en Vanguardia, xxxix (34):4, Santa Clara, Villa Clara, sábado 10 de marzo de 2001.
[2] Carta de Pablo de la Torriente a Pedro Capdevila Melián, New York, 7,8, 936, Cartas Cruzadas [selección,  prólogo y notas de Víctor Casaus], p. 242, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1990.
[3] José Martí: «De un rincón de Cuba», Patria, Nueva York, 23 de abril de 1892, Obras Completas, t. i, p. 419, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963.
[4] Capdevila Melián, secretario de bufete, depuró en sus funciones las exigencias que competen al oficio: excelente redacción y mecanografía, discreción y organización del trabajo, eficiencia precisa en catalogación, archivos, documentación y concertación de citas y despachos.
[5] Teté Casuso: Versos míos de la libreta tuya [Prólogo de Pablo de la Torriente Brau], Editorial Cultural, s.a., La Habana, 1934. [En archivo familiar].
[6] Tete Casuso: Los ausentes [Premiada por Cuba en el II Concurso Latinoamericano de novelas, patrocinado por  «Farrar and Reinhardt», Nueva York, auspiciada por la Unión Panamericana de Washington], Editorial Revolución, México, d.f., 1944.
[7]  Op. cit., p. 238.
[8] Originales donados en 1980 por Pedro Martín Capdevila Echenique al Museo Histórico «Francisco Javier Balmaseda», en Remedios, Villa Clara, Cuba.
[9]   Carta de Pablo de la Torriente. Op. cit.
[10]   Idem.
[11] Carta a Capdevila: Op. cit. Recuérdese la narración «El cofre de granadillo», Pluma en Ristre [Selección de Raúl Roa García. Prólogo de Carlos Prío Socarrás. Semblanza de Guillermo Martínez Márquez], p. 434, Publicaciones del Ministerio de Educación, Dirección de Cultura, La Habana, 1949. Aquí enumera los tipos y clases de maderas que abundan en la Isla, y sus valores para confeccionar prendas valiosas que, incluso, pueden comercializarse a buenos precios.
[12] La obra ensayística e investigativa de Pedro Capdevila Melíán subyace en publicaciones periódicas de la época, sobre todo en las revistas Bimestre Cubano, islas  y signos, y el periódico Huracán, de Remedios, donde escribió sobre temas folklóricos e históricos. Sin embargo, una parte importante de sus trabajos mantienen un carácter inédito. [Consulta del archivo familiar].
[13] José Martí: Op. cit., p. 134.
[14] Ibídem., p. 261.
[15] Al contrastar algunas de misivas de Cartas Cruzadas, Op. cit., con los textos publicados en «Cartas inéditas de Pablo de la Torriente a Pedro Capdevila Melián», revista signos, pp. 116-137, Biblioteca Martí, Santa Clara, Villa Clara, enero-diciembre, 1978, se advierte que las primeras no constituyen, al parecer, los verdaderos originales, sino copias sacadas por el mecanógrafo: carecen de las acotaciones al margen, tachaduras que realizó el remitente, y la firma completa. [V. Pablo de la Torriente Brau, Op. cit., p. 31-3]. De igual forma, la dirigida el 2 de agosto de 1935, al parecer a Capdevila —como subraya Casaus en la página 56 de Cartas…—, corresponde verdaderamente al remediano, y tiene relación con un texto con posibles ribetes de inédito.«New York, 4, 7, 935.Dr. Raúl de Cárdenas, Habana.Querido Raúl: Te acompaño unos asuntos que quiero que me despaches a la mayor velocidad posible. De los mamotretos, si te queda espacio, saca un juego de copias y encárgate de distribuirlos sabiamente.De lo de Agua de Maíz, sospecho que te trabarás en muchas partes. Pásalas por alto que probablemente a mí me sucederá lo mismo cuando lleguen, pero para eso tengo la memoria. No me lo certifiques tú. Dáselo a la interfecta que te lo dio.Hoy estoy muy ocupado. Es 4 de julio y suenan tantos petardos que parece que estamos en Cuba, antes. Recuerdos,Carlos.Al margen: Si puedes mándame una cinta sin lata, para que te cueste menos». [Inédito].
[16] signos, Op. cit. 
[17] Cartas Cruzadas, Op. cit. p. 17.
[18] Idem, p. 107.
[19] Ibidem, p. 246.
[20] Op. cit. p. 301.
[21] Idem, p. 361.
[22] Ídem, p. 243.
[23] En carta del 22 de mayo de 1935, desde Nueva York, Pablo recaba la trascripción de la lista que incorpora José E. Embade Neyra, en El gran suicida, sobre la cantidad de presos políticos que albergó el Presidio Modelo. Capdevila compró el libro para satisfacer la solicitud y envió los datos que acompañan al texto definitivo. En el archivo familiar del secretario de Giménez Lanier se encontró esa publicación salida de la imprenta La Propagandista, La Habana, 1934. V. Cartas Cruzadas, Op. cit., p. 31-2; 39.
[24] Pablo de la Torriente Brau: Aventuras del soldado desconocido cubano [«Inicial» de Raúl Roa García], La Verónica, La Habana, 1940.
[25] El texto escrito en papel timbrado de la Oficina Internacional de Informaciones Universitarias, de la Universidad de La Habana, suscrito por Roa García, indica: «Mi estimado Capdevila: Tengo el gusto de presentarte al portador de estas letras, el Sr. Armando Ley Cobos.Yo desearía que usted le diese a él la copia del trabajo de Pablo, ya que me es imposible ir por él en estos momentos.Quisiera de paso manifestarle mi gratitud por su colaboración, y ella será anotada en el libro que publicaremos enseguida. Suyo, Raúl Roa». V. Raúl Roa García: «Los últimos días de Pablo de la Torriente Brau», Retorno a la alborada, volumen II, pp. 116-137, Dirección de Publicaciones de la Universidad Central de Las Villas, 1964. En lo tocante a Capdevila no se hizo el justo reconocimiento con las ediciones respectivas de Aventuras… y Pluma en Ristre, Op. cit... Sólo con Cartas Cruzadas su figura, vinculada a Pablo de la Torriente Brau, comienza a adquirir una insustituible dimensión.
[26] El texto provoca una duda: llegó el manuscrito de Aventuras del soldado desconocido cubano a manos de Capdevila, tras el envío de los originales que remitió Teté Casuso. ¿Fue él quien lo transcribió? Realmente ¿Quién tenía en sus manos el libro? Roa García cuenta que le fue entregado por José Luis Galbe, primer fiscal del Tribunal Popular de Madrid, como aparece en la aclaratoria «Inicial». El investigador cree que el material llegó a Cuba por conducto del correo certificado suscrito por Teté Casuso. 

Santa Clara, capital del humor cubano

Santa Clara, capital del humor cubano

Por Luis Machado Ordetx

Durante el martes y el miércoles entrantes, Santa Clara se convertirá en capital del humor cubano, fecha en que arribará un grupo importante de artistas cultivadores del género gráfico, invitados aquí a las actividades por el aniversario 38 de la creación del suplemento Melaíto.

 

La ocasión tendrá momentos culminantes con la inauguración de las exposiciones «Ese sentimiento que se llama humor», muestra personal de Roland, y del vi salón nacional de humor erótico y general, organizado por la publicación de Vanguardia y la UNEAC del territorio.

 

El 19, en el parque Maestra Nicolasa, ubicado en las calles Maceo y Candelaria, se pintará un mural permanente dedicado a Gerardo Hernández Nordelo, caricaturista desde la época de estudiante, quien, junto a otros cuatro cubanos, están presos injustamente en las cárceles de los Estados Unidos por luchar contra el terrorismo internacional.

 

En ese encuentro artístico participarán Pedro, Linares, Roland y Martirena, por Melaíto, así como Nico, Pedreira, Delgas y Durán Llopis, por Palante, además de Laz, Jhosef y Ares, integrantes del Dedeté, y Douglas Nelson Pérez Portal, de Cienfuegos —uno de los artífices del suplemento villaclareño—, así como Rafael Borroto y Osval, residentes en Ciego de Ávila.

 

Ahora, Santa Clara reeditará el privilegio, perdido hace un tiempo, de convertirse en capital del humor y abrirá las puertas a empeños próximos para festejar aquí, dentro de dos años, las cuatro décadas de existencia de una publicación, en soporte de papel y digital, con sobrado rango original y de identidad universal.

Evocación al periodista Pablo

Evocación al periodista Pablo

Aniversario 70 de la caída en combate de Pablo de la Torriente Brau, 1936, defendiendo la España Republicana contra el fascismo.

Por Luis Machado Ordetx

Un tiempo atrás, alguien en tono inquisidor, preguntó cuál era la principal diferencia entre José Martí y Pablo de la Torriente Brau, y en respuesta tonta, tal vez, dije que «ser hombres de su tiempo», donde, en momentos diferentes, la virtud los aferró al pensamiento, para propagar, desde Cuba y hacia el mundo, que la «Patria es humanidad» cuando se batalla a tono con la fiereza de la historia y la confirmación inspiradora de todos.

 

Similitudes entre ambos hay muchas: desde la vocación de cubanía e internacionalismo, hasta la de aunar voluntades y plasmar las realidades de los pueblos con una óptica literaria.

 

En definitiva, desde esa perspectiva, no se alcanza otra cosa que, contar la realidad a partir de la comunidad de intereses y la comunicación entablada con el otro desde la misión creíble y verídica de cualquier episodio histórico reconstruido.

 

Ambos encontraron la muerte en un campo de batalla, no como guerreros, aunque empuñaron las armas, pero eran esencialmente hombres de ideas. Uno vino a coronar la Guerra Necesaria, mientras el otro defendía la huella y el derecho de existencia de la República Española contra el fascismo internacional.

  La muerte los azotó a edades tempranas entre el humo y la pólvora. Sin embargo, antes dejaron una presencia literaria y periodística que, al paso de las épocas, hace latir en ejemplaridad creativa y en eticidad profesional, pues, desde muchas publicaciones, sostuvieron sus plumas en ristre para recrear la historia de sus tiempos.

Hoy,  es 19 de diciembre, y un sábado de similar fecha, pero de 1936, en las cercanías del caserío de Romanillos, próximo al camino de Madajahonda,  Pablo, el portorriqueño-cubano, el comisario político del primer batallón Móvil de Choque, cayó al alba.

 

Cuando el combatiente español Justino Frutos Redondo, junto a otros compañeros, rescató el cadáver, casi al amanecer del día, encontró documentos, unos concluidos y otros por terminar, que mezclados con tierra bañada de sangre, pertenecían a la cartera de cuero donde el internacionalista guardaba crónicas y reportajes confeccionados al fragor de la guerra.

 

El periodismo escrito, y hasta el epistolario íntimo, muestran a Pablo, al igual que Martí, como los paradigmas del compromiso del soldado-escritor con su pueblo.

 

Pablo de la Torriente Brau se erige como un adelantado del periodismo crítico, militante y creador, capaz de fusionar realidad e imaginación solo con aquellos hechos capaces de reconstruirse a partir de una experiencia vital anterior, de ahí la carga testimonial de sus reportajes investigativos, de las crónicas o de los artículos aparecidos en Ahora, El Mundo, Bohemia, New Masses y El Machete, por citar algunas de las fuentes que enriquecieron la estética vanguardista de ese creador.

 

La vida de los testigos, las historias orales recogidas en la memoria o en los apuntes, el compromiso con los informantes, el humor y la risa del cubano, las estructuras gramaticales y composicionales de lo que hoy denominamos géneros periodísticos, la visión original de los hechos, la veracidad, la sugerencia y la interpretación de los textos, así como la identidad y la cultura de un pueblo, de un modo u otro, están contenidos en los principales aporte que, para el periodismo latinoamericano y universal, legó Pablo de la Torriente Brau desde su tiempo para la actualidad.

 Con Pablo, los testigos de las historias se convierten en actores de carne y hueso, con perfiles sicológicos, donde periodismo y literatura, desde una dimensión original, se dan la mano, para que, como un reloj, el mensaje original llegue e interese a todos, tal como exigió Martí, en tiempos en que la urgencia confirma la necesidad de un solo compromiso, ese que se defiende con el pueblo que construye su realidad histórica frente a los más adversos obstáculos arriben al camino.