Blogia
CubanosDeKilates

CUBANÍA TOTAL

GONZÁLEZ ECHEVARRÍA; UNA VISIÓN ESCÉPTICA SOBRE LA LITERATURA CUBANA

GONZÁLEZ ECHEVARRÍA; UNA VISIÓN ESCÉPTICA SOBRE LA LITERATURA CUBANA

Por Leopoldo Luis García (Periodista y Escritor Cubano; Reside en Ciudad de La Habana)

Hace poco, en una de las tardes habituales de Trovando, la peña consagrada a la canción de autor que el piquete de El Caimán Barbudo, encabezado por Fidelito, protagoniza —en colaboración con la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM)— cada miércoles desde las cinco de la tarde en el patio-bar de los añejos estudios que la disquera mantiene en el corazón de Centro Habana (San Miguel entre Lealtad y Campanario), escuché decir a Bladimir Zamora, nuestro redactor más antiguo en rol de anfitrión, que durante toda su vida había escrito simple y llanamente “lo que le había dado la gana”. Al respecto me quedé pensando.

Puede que sea cierto lo expresado por Bladimir (no solo en cuanto a él atañe). Ocurre que, efectivamente, no suelen acercarse personajes temibles a los periodistas y escritores cubanos para dictar en sus oídos el contenido de un texto. Aunque algunos se empeñen en ocultarlo: escribir con dignidad es para muchos un karma. En cambio, de la misma manera es cierto que a la hora de construir un artículo de opinión, un ensayo, no se tiene a mano siempre toda la información requerida (en extensión y actualidad) como para darse el lujo de discutir y apreciar el asunto sobre la base de un conocimiento inobjetable. Yo, por ejemplo, escribo en mi propio ordenador en la sala de mi casa, a la que no llega Internet y desde la que no accedo a otro saber que no esté en los libros (en ediciones no necesariamente recientes) y en las revistas y artículos (en formato digital o impreso) que me facilitan amigos o que rastreo en la red desde lugares con conexión disponible. Esa circunstancia no me impide el trabajo, aunque lo obstaculiza, lo retrasa, colocándome —como a cualquier autor— en una posición desventajosa frente a quienes en otras partes del mundo (y dentro de la propia Isla) cuentan con el mencionado beneficio.

Exactamente eso me está ocurriendo justo ahora, cuando acabo de regresar de Sagua la Grande, ciudad del norte villaclareño en la que no nací, pero donde viví durante veinte años. Ciudad en la que crecí, me formé, amé y tuve amigos, ¿cómo no sentirla mía? Ciudad injustamente olvidada, pienso (y por tal pensamiento, en tanto subjetivo, me responsabilizo hasta sus últimas consecuencias) y en la que (otra vez un amigo) me facilitó la entrevista que realizó el escritor cubano Jorge Luis Rodríguez Reyes (a quien no he tenido el honor de leer) a otro cubano —sagüero además— cuyo nombre me resultaba hasta hoy desconocido: el doctor Roberto González Echevarría.

¿Cómo es qué no conozco a este paisano?, me pregunté azorado y con la mayor diligencia establecí contacto con otro sagüero (¡que todavía reside en Sagua!) y que atesora toda la memoria cultural de que se pueda tener noción, si de la Villa del Undoso se trata: Jorge Sansón.

Jorgito, que ha vivido durante siete décadas en su modesta casa de madera de la calle Céspedes, le recuerda perfectamente: La madre de Roberto, la doctora Zenaida Echevarría, fue profesora de filosofía en el Instituto de Sagua (donde estudió Sansón y donde más tarde estudié yo mismo, transformado ya en Preuniversitario Miguel Diosdado Pérez). Por los motivos que fueran, Roberto González Echevarría partió de su ciudad natal rumbo a los Estados Unidos, al parecer siendo todavía un adolescente, sin que a mi fuente le resulte posible precisar el año. En aquel país completó su educación, se doctoró e hizo su vida, atesorando tanto mérito como puede verificarse en el currículum que por sí mismo nos ofrece en la entrevista concedida a Jorge Luis Rodríguez.

No me avergüenza mi ignorancia. González Echevarría ha sido publicado en Cuba muy escasamente. Para puntualizar: en una sola ocasión, que yo sepa, cuando la revista Temas que dirige el prestigioso intelectual Rafael Hernández incluyó en sus páginas un fragmento del libro sobre el béisbol cubano, el cual, según cuenta su autor a Rodríguez Reyes en la mencionada entrevista, le “censuraron”, omitiendo pasajes relativos a la presencia de apostadores en lo que llama “Stadium de La Habana”, que cualquier cubano del lado de acá reconocería como el Latinoamericano.

“Desde luego que me gustaría publicar toda mi obra en Cuba”, aduce Roberto en otro momento de la entrevista; y añado: desde luego que nos gustaría a nosotros que se publicara. A estas alturas, ¿quién podría calcular a cuánto ascienden las pérdidas que, en concepto de riqueza intelectual, hemos sufrido las generaciones que crecimos y aprendimos al margen de la actividad de este cubano que se reconoce como tal en cuanto afirma: “Yo no soy cubano-americano, yo soy cubano, y con lo que he contado arriba no quiero dar a entender que soy bicultural. Soy cubano pero me manejo en otras culturas con soltura, sobre todo la inglesa, pero en mi fuero interno no dudo de quién o qué soy”.

No solo el béisbol, también la literatura insular inquieta a González Echevarría, habiéndole inspirado cuando menos un ensayo “sobre el canon cubano” que escribió para ser sincero consigo mismo, según confiesa, “y para sacudir un poco la mata, porque la política, los amiguismos, y las ambiciones organizadas de burócratas aspirantes a escritores (que controlan viajes de los del patio y visitas de personalidades del exterior), han creado una serie de valores falsos”. A simple vista, el acercamiento de González Echevarría a los ambientes literarios de la Isla debe haber sido muy íntimo (al menos en alguna etapa), atreviéndome incluso a asegurar que debió sostener contactos sistemáticos a determinado nivel con las autoridades culturales cubanas, entre quienes tal vez tuvo oportunidad de atisbar las veladas aspiraciones literarias de ciertos burócratas consumados. Solo así se justifica una declaración tan rotunda. ¿Tenemos en verdad tantos escritores-burócratas en Cuba? No huelga que González Echevarría encontrara ocasión de refrescarnos nombres.

No se trata de ironizar gratuitamente, porque las actitudes sustentadas en sentimientos mezquinos jamás aclaran el entendimiento y mucho menos ayudan al establecimiento de verdades. Pero se me escapa (en buen cubano: tengo en la punta de la lengua) una interrogante que no puedo atajar por más tiempo: Cuando González Echevarría afirma sin tapujos de ninguna clase que “la calidad de la literatura cubana en la isla en la actualidad es muy baja por lo que se puede observar”, ¿a qué tipo de observación alude? ¿Al seguimiento minucioso de cuanto se ha escrito y publicado en Cuba durante las últimas dos o tres décadas? ¿Se refiere al menos a la lectura inteligente y desprejuiciada de buena parte de ese cúmulo escritural, que por razones espacio-temporales bien merece ser considerado como “la literatura cubana contemporánea”? Aclaro: un escritor cubano es un escritor cubano, no importa donde viva. Augusto de Armas, poeta decimonónico que vivió en París y concibió la mayor parte de su producción poética en francés, no deja de ser por esa razón un escritor isleño. Sobre tal presupuesto, no resulta ocioso catalogar como “literatura cubana contemporánea” a todo lo que se escribe actualmente por autores cubanos, dentro y fuera de la Isla. En mi modesta opinión.

Entonces véase la pregunta del entrevistador, que puede parecer ingenua: “¿Y a la literatura cubana de dentro de la isla cómo la ve? Porque se publican en el exterior obras con una visión muchas veces clonada. Enfoque que corresponde, casi siempre, a intereses extraliterarios, etc.…”. ¿A qué zonas de la literatura cubana de dentro de la isla apunta Jorge Luis Rodríguez Reyes cuando hace mención de las obras que “se publican en el exterior”? ¿No suena paradójico? Es decir, la literatura cubana de “dentro de la isla” se publica esencialmente “dentro de la isla”. Por otra parte, ¿en qué consiste la “visión clonada” presente en dichas obras? Una aclaración al respecto me parece indispensable, so riesgo de que un por ciento estimable de lectores no consiga descifrar la incógnita.

En un alarde de extravagancia González Echevarría le responde: “tal vez haya grandes obras que se están haciendo al margen de la cultura oficial… nadie quita que haya un Kafka cubano en Camajuaní, que está escribiendo una obra monumental”.

¿Al margen de qué cultura oficial puede que se esté escribiendo esta obra monumental en Cuba? ¿Podría Roberto González Echevarría o alguien definir con absoluta certeza dónde comienza y dónde termina la llamada “cultura oficial”? ¿Es “cultura oficial” todo lo que se publica en la Isla, sin importar el tono panfletario o lo abiertamente crítico del texto para con la situación reinante? Cuidado: los matices son diversos. Pero las posibles “grandes obras” de la literatura cubana contemporánea no dependen precisamente de la oficialidad (tampoco de la marginalidad, por cierto). Las “grandes obras” de la literatura han estado siempre y estarán en manos del tiempo. Lo conoce con toda seguridad un entendido en el Siglo de Oro español.

Puede que no exista en este momento un narrador de la estatura de Kafka en Camajuaní (y en ninguna otra región de Cuba). Pero no nos faltan excelentes escritores a quienes acompaña el talento, la formación y el esfuerzo, si bien no la promoción, la posibilidad de ser editados y leídos dentro y fuera de la Isla (por las razones que se quiera y que no voy ni siquiera a intentar dilucidar aquí). ¿Hasta cuándo van a permanecer en ese anonimato? Es difícil predecirlo. Pero es seguro que mantendrán dicho status —entre otros fatalismos— mientras nuestros académicos prestigiosos y mejor ubicados (de nuevo: sin importar las razones que determinan esa “mejor ubicación”) se limiten a ignorarlos y a afirmar festinadamente que la calidad de la literatura que hacen es muy baja. Menuda demostración de solidaridad nacional. Lo apropiado sería que les leyeran (no olvidar que el autor de la entrevista es también un escritor cubano que muy probablemente vive también en Cuba).

Tal vez me equivoque. Tal vez el entrevistado es todo un estudioso de la pésima literatura que engendran sus coterráneos de hoy. Sin embargo, no me lo parece. Y si estuviera yo en lo cierto, me gustaría recordar que el desconocimiento no es pecado. Concretamente: mi impresión es que Roberto González Echevarría no tiene noción exacta de lo que está ocurriendo con la literatura cubana en este preciso instante. Su pecado estriba en no reconocerlo. En valorar desde el prejuicio, desde la falta de elementos. La respuesta de González Echeverría a la pregunta de su entrevistador pudo ser bien escueta: “No me atrevo a emitir un juicio definitivo sobre la calidad de la literatura cubana que se hace dentro de la isla, no he leído lo suficiente”. Pero no lo hizo. Optó por denigrarla.

No consigo entender por qué. Un intelectual como Roberto González Echevarría no necesita reafirmarse: su trabajo le respalda, sus libros, sus artículos, su labor profesoral, su prestigio como conferencista. Conocedor profundo de la literatura española y latinoamericana, no está de ninguna manera obligado a vender una imagen de especialista en todas y cada una de sus periodizaciones. Lezama, Carpentier y Cabrera Infante no son la literatura cubana, representan el canon para algunos, mas no definitivamente “el canon”.

El “libro total de la literatura cubana” que reclama Jorge Luis Rodríguez en la introducción a su entrevista, tendría que escribirse con todas y cada una de las “luciérnagas”, falsas o no, y con todas y cada una de las “sombras”, hermoseadas o no. Porque ¿a quién se concederá el privilegio de asignar las etiquetas? ¿A nuevas hornadas de “parametradores”? ¿En nuevos quinquenios grises?

Es que no puede haber historia total con exclusiones, para bien o para mal. En su momento, Roberto González Echavarría entrará a formar parte de ese “libro total” junto con muchos de los escritores e intelectuales cubanos (sus contemporáneos de dentro de la Isla) que ahora menosprecia. Ya lo verán.

En espera de ese momento, me encantaría proporcionarle a este sagüero ilustre algunos nombres, incluso algunos libros, si la maldita circunstancia del agua por todas partes no me lo impidiera.

No tendría en ese caso necesidad de encontrar argumentos para objetar su opinión, aspirando simplemente a ofrecerle la oportunidad de cambiarla.

GARCÍA CATURLA, CUBANO DE ESENCIAS

GARCÍA CATURLA, CUBANO DE ESENCIAS

Por Luis Machado Ordetx

Al mediodía del martes 12 de Noviembre de 1940 las campanas de la Iglesia Parroquial Mayor de San Juan de los Remedios difundían al mundo un instante de dolor: murió asesinado en esa ciudad, Octava Villa de Cuba, el jurista y compositor Alejandro García Catarla, uno de los más grandes músicos de su tiempo.

Tal vez el desafió a la sociedad burguesa de su tiempo; la irreverencia ante los males sociales y políticos que corroían a Cuba, y la genialidad de una música sinfónica que detallaba en aspectos de la negritud integrante de nuestra identidad nacional, jugaron en su juventud una mala pasada al compositor remediano.

La muerte de García Catarla sigue como un misterio; sus causas son harto conocidas, la rectitud inclaudicable del jurista ante los atropellos políticos, administrativos y sociales, pero los móviles parece tragárselos la tierra, y apenas la historiografía contemporánea los aborda.
 
Tal vez sea la negritud, en multiplicidad responsorial, litúrgica, sentido plástico y  gracejo, amén de la medida y la metáfora que alienta el aldabón de los vericuetos de la música y la palabra que escribía el más elevado y universal de todos los compositores sinfónicos de Cuba, uno de los motivos que inspiró el asesinato del remediano Alejandro Evelio García de Caturla, muerto a tiros por la rabia insana de la sociedad de su tiempo, allá al finalizar el último mes de año del nacimiento de la cuarta del siglo pasado.

En materia artística nada era ajeno al temperamento existencial del hombre. Ahí está plasmada la memoria musical, apegada como registro oral o documental, dentro de un controvertido ámbito profesional y personal en que se desenvolvió García Catarla dentro de los cánones del sinfonismo de tendencia afrocubanista. Ahí está el detalle en lo africano que sostiene un embrujo y disfruta de lo nacional y de la novedad técnica que ahondaron con anterioridad músicos románticos, impresionistas y expresionistas. Con ellos comulgó, pero anduvo empinado, como rebuscando en lo propio, en lo cubano.

Los compases armónicos que compuso, se aferraron a la complejidad y la originalidad del color y la melodía, de ahí el gusto por los acordes de los instrumentos de viento y la percusión cubana, y como tal se movió en teatros habaneros en tiempos en que se insertó a sus avatares como pianista de cine silente, instrumentista de la Jazz Band Caribe o de orquestas de formato sinfónico.

Desde entonces, Alejo Carpentier insistió en que Caturla [San Juan de los Remedios, miércoles 7 de marzo de 1906-Id., martes 12 de noviembre de 1940], se muestra, aún la juventud, como un hombre acabado; un músico perfecto, capaz de entenderlo todo y acometer quijotescos llamados en los planos sonoros y timbres por los que discurre.

Desde pequeño nada sorprende a ese remediano, acostumbrado a tratar con el hombre o la mujer negra, como Bárbara Sánchez [Abibe], su manejadora, o los sueños traslados por las madres de leche que tuvo. Por tanto, en lo social, sabe que va a  lo «chocante», al encontronazo con el gracejo de lo africano y su  gente, observadas en el toque de lo exclusivo antillano, y en la rectitud de lo justo e imparcial para cualquier medida de la razón y el entendimiento humano.
El abogado Juan J. E. Casasús, da, en La Publicidad, de Santa Clara,  un parecer exacto, 23 días después que el escolta de la cárcel de Remedios, José Argacha Betancourt, dejara tendido en el suelo, en una callejuela, al juez García de Caturla, muerto tras dos disparos de revolver.

«[...] El estudio de las potencias espirituales nos explica lo que para muchos constituyó siempre un enigma: esa doble vocación de Caturla para la Música y la Judicatura.

«Decía Platón que la justicia es la armonía interior, el acuerdo del alma consigo mismo, y ese ideal constituyó la apetencia urgente de Caturla, en pos siempre de aquel acuerdo consigo mismo, de aquella armonía interior. Y por eso la Música, esa forma de lo bello, que también es lo verdadero, no bastaba a satisfacer sus apetencias exquisitas de aquel espíritu atormentado por el sacrificio [...] a la causa del bien y enamorado como ninguno de la justicia.

«[...] su santo amor por la justicia, cuya vara nunca supo en sus manos inclinar ni la dádiva del opulento, ni la súplica del amigo, ni la amenaza del poderoso, le concitó múltiples airados enemigos que más de una vez cruzáronse en el camino recto de su noble vida. Pero él, impertérrito, gladiador de la más noble de las causas, por sobre los abrojos que parecen insalvables, ejercía con tesón y sacrificio incomparables, su santo ministerio, tanto más difícil cuanto que era ejercido en medio hostil como el nuestro, incapaz para ponderar y rendir culto a tan superior excelsitud.»1

                                          EL MÚSICO

El poeta Emilio Ballagas Cubeñas, casi antes de irse a Paris, en 1937, lo encuentra junto al pintor Domingo Ravenet Escuerdo, en las calles de Santa Clara, cuando García de Caturla tramitaba asuntos legales en la Audiencia de Las Villas, en calidad de Juez de Instrucción, cargo que ocupó indistintamente en Ranchuelo, Quemado de Güines, Palma Soriano y Remedios.

La profesión de abogado, y las inspiraciones del músico, casi andan simultánea. Ya, desde principios de los años 30, la difusión de los valores y aciertos sinfónicos, tanto cubanos como foráneos, están presentes en los rotativos villareños: su redactor García Caturla. Destaca la sección «De la Alta Cultura», que mantuvo, casi semanal, durante un tiempo en La Publicidad, de Santa Clara, sitio donde habla de su banda de conciertos de Caibarién y las novedades eduropeas. 2  

Al respecto, en más de una ocasión, luego comentará: «[…] Gracias al calor que he encontrado en mis veinticinco esforzados compañeros de Caibarién y buena parte de ese pueblo, amén del aliento que recibo de mis compañeros extranjeros y nacionales —como usted—, he vuelto a tener los bríos en mí acostumbrados, y esta bendita rebeldía que hecha mis venas, mueve mi espíritu y me encamina hacia la realización de mis ideales aún cuando el camino se encuentre erizado de púas.»3

De los meses parisinos, previo al instante formativo de su Orquesta de Conciertos de Caibarién, dirá Alejo Carpentier: «Y el loco llegó a Paris […] ¿Con qué propósito vienes?, le pregunté. Te advierto que estás en una ciudad donde estéticamente no se puede engañar a nadie […] El loco venía a estudiar. Quería adquirir los conocimientos que le faltaban.

«Llegó el de día de presentación de Caturla a Nadia Boulanger […] Dudo mucho que alguna vez la admirable maestra se haya entusiasmado de tal modo ante las obras de un discípulo:

«Confieso —dijo la maestra—, que, hasta ahora, yo no tomaba muy en serio la música cubana. Yo sólo conocía unas cancioncitas lánguidas, totalmente desprovistas de carácter […] Esta en cambio —la Danza lucumí, la Danza del tambor— es para mí un mundo nuevo…»4

La Boulanger —ganadora en 1908 del segundo Prix de Rome—, lo conmina  hacia lo recóndito. El cubano entra en contacto con los integrantes del denominado Grupo de los Seis: Milhaud, Honegger, Poulenc, Tailleferre, Auric, Durey. También asume la obra de Stravinsky, Satie, Debussy, Ravel  y... Nada lo desdobla. Tiene definidos sus planes de aprendizaje en fuga y contrapunto.

En la documentación llevaba «Bembé», compisición a la que luego incorporaría una trompa más, trompeta, trombón tenor y cuatro instrumentos de percusión. La pieza se difunde entre los europeos el sábado 23 de noviembre de 1929. El rotativo Courrier Musical Theatral, de Paris, lo considera como un «documento curioso e interesante», y días antes, el martes 19, Lidia de la Rivera, soprano cubana, interpreta sus «Dos poemas afrocubanos», considerados como antológicos.

También incluye «Tres danzas cubanas» (1927): Danza del tambor, Motivos de danza y Danza lucumí, escritas para piano y violonchelo, y otras piezas más. A fines de diciembre de 1930 ya está en Cuba. No obstante, Slominsky, Varese y otros músicos, contribuyen a difundir sus «elucubraciones» en predios europeos.  
El maestro español Pedro San Juan, dos días después de la muerte de Caturla, publica un artículo en el rotativo habanero El Tiempo, donde define que el remediano «[...] amaba la música sobre todas las cosas con la rebeldía de su espíritu inadaptable que sentía el ansia incontenida de superarse...»5

Ese pedagogo y director español que privilegió con su batuta a la Filarmónica de La Habana (1924-1934), escribe el texto con el sugestivo título de: «Un discípulo indisciplinado», y acota que:

«[...] ha sido enjuiciado con desdén por más de uno de esos espíritus ligeros para quienes la música es sinónimo de estancamiento o de cosa sujeta a leyes inmutables [...], y es que [allí] había más que un vulgar rebelde, que un caprichoso: vivía en él, con la fuerza natural que rompe el dique, el ansia de hallar, de captar la manera justa, el ambiente único al que han de ajustarse los materiales vírgenes del arte que nace...»6

Ahí reside la clave del por qué el estado febril por lo afrocubano, alejado de todo encantamiento pasajero, y fuera de la moda banal y transitoria. De acuerdo con Carpentier, tanto Caturla, como Amadeo Roldán [Paris, 1900-La Habana, 1939], están inmersos en una «[...] tendencia que [...] constituía un paso necesario para comprender mejor ciertos factores poéticos, musicales, rítmicos y sociales, que habían contribuido a dar fisonomía propia a lo criollo.»7

Ante los vericuetos divulgativos porlos que transita la difusión que hace la Filárminica y la Sinfónica de La Habana, señala que: «[…] todo me ha decidido a estudiar y componer no pensando en Cuba sino en el extranjero, pero esto para un buen patriota es lo peor que le puede suceder porque la patria es lo primero y es bien duro tenerla que sentir relegada, pudiendo dársele lo mejor de uno.»8

Lo negro, lo mulato y lo cubano tienen en García Caturla un fragor constante. De Emilio Ballagas pondrá música a los versos contenidos en Cuaderno de Poesía Negra (Santa Clara, 1934): «Berceuse (para dormir a un negrito)» y «Nombres negros en el son», mientras trabaja en la ópera de cámara «Manita en el suelo», concebida por Carpentier.

Nada le es ajeno, y como fulgor de sangre, contempla, al igual que el autor de Ecue-Yamba-O,  y otros coetáneos, donde «Súbitamente lo negro se hizo eje de todas las miradas...»9

Lo dramático, desde el silencio hasta el estruendo, está en la virilidad de los instrumentos de viento y la estridencia rítimica y el aliento agraciado y efusivo de los toques percusivos del piano que arrastra evocaciones, así como las tonalidades del tambor en ebullición sensualista.

Guillén, el viernes 15 de noviembre en el periódico habanero El Tiempo, publicó un artículo: «El crimen de todos», donde consternado señala: «[...] La cultura cubana le debe mucho a García de Caturla, pero mayor sería esa deuda si el hubiera encontrado el modo de proyectar su temperamento en el ámbito que un país realmente culto ha de tener a la disposición de los hombres de su talla.

«Creo que Cuba pierde a una de sus figuras más definidas y fuertes, recreador exigentísimo de nuestro folklore. Muerto Roldán, él nos quedaba, como una realidad y, al mismo tiempo como una brillantísima esperanza. Ahora nos deja en un desamparo musical del que mucho tiempo tardaremos en reponer...»10

Los amigos, coetáneos y coterráneos, no equivocaron en sus razones, porque Caturla, el músico cubano más integral y abarcador del pasado siglo, se mantiene como un hombre íntegro en todas las dimensiones culturales, para erigirse como un Quijote ante ante la universalidad.

NOTAS

1- JUAN J. E. CASASUS: «In Memoriam», La Publicidad, Santa Clara,  XXXVII (12929):1;10, jueves 4 de diciembre de 1940.
2- ALEJANDRO GARCÍA CATURLA: «La orquesta de Caibarién», en La Publicidad, Santa Clara, Las Villas XXIX (11813):3, viernes 3 de enero de 1930. En ese mismo periódico, desde entonces y hasta 1933, mantuvo sistemáticas columnas sobre crítica artística y cultural. También pueden consultarse las ediciones de El Faro, Remedios,  1932 y 1933.
3- ALEJANDRO GARCÍA CATURLA: Carta a José Antonio Portuondo, fechada en Remedios el primero de febrero de 1933, en Signos, Op. cit., p.113.
4-  ALEJO CARPENTIER: «Un remediano que triunfa en París», Op. cit. P.90
5- PEDRO SAN JUAN: «El discípulo indisciplinado», El Huracán, Remedios, XI (248):1, martes 26 de noviembre de 1940. Tomado de El Tiempo, La Habana, jueves 14 de noviembre de 1940.
6- Idem. ALEJO CARPENTIER (1979): La Música en Cuba, p. 244, Editorial Letras Cubanas, La Habana.
7-  ALEJANDRO GARCÍA  CATURLA, Op. cit, p. 115
8- Idem.
9- NICOLÁS GUILLÉN:«El crimen de todos», El Huracán, Remedios, XI(248):1, martes 26 de noviembre de 1940. Tomado de El Tiempo, La Habana, jueves 14 de noviembre de 1940.
10- Idem



CUBANO, ESO; UN FERVIENTE CUBANO, AFIRMA GONZÁLEZ ECHEVARRÍA

CUBANO, ESO; UN FERVIENTE CUBANO, AFIRMA GONZÁLEZ ECHEVARRÍA

Por Jorge Luis Rodríguez Reyes (Escritor cubano)




Cuando se haga el Libro Total de la Literatura Cubana – texto teórico que no acogerá falsas luciérnagas,  ni sombras  hermoseadas -, se  habrá que brindar un invaluable espacio para el estudioso Roberto González Echevarría, un autor que ha desarrollado una amplia labor en el mundo académico estadounidense. Ahí, fue  electo en 1999 a la American Academy of Arts and Sciences,  y también ha creado una obra -él se resiste a llamarla así-, merecedora de varios doctorados honoris causa; esos lauros engrosan una inmensa lista de merecimientos y títulos.

Aunque ha publicado en las revistas inglesas más prestigiosas  se  propuso resguardar su identidad  y habla en un singular contrapunteo cultural, dentro del cual siempre ha estado presente y sin mella,  la raíz cubana que  mantiene su “ travesía firme y segura” dentro del bilingüismo en que vive.


Es un hombre de Sagua la Grande, pero por mucho tiempo hemos desconocido su obra teórica; cuyos ensayos y opiniones fugazmente nos llegan a través del correo electrónico o la revista foránea, porque dentro de Cuba muy rara vez se han publicado. Con  palabras intensas,   brinda su punto de vista, el cual llega en uno de los tantos momentos cruciales que vivimos los cubanos.

Siempre he estado opuesto a esas divisiones artificiales entre cubanos,  a esa retórica descalificadora y excluyente de un lado y del otro. Dentro de esas murallas  sé que existe mucho sufrimiento, mucho dolor que algún día sanará, y para ello muchos trabajamos, quizás inconscientemente y a largo o mediano plazo, como oficia la literatura. Su obra inmensa nos honra en el mundo y eso me basta para brindarle el abrazo sin doblez.


¿Cómo supo resguardar su identidad cultural al insertarse en un mundo absorbente como el académico, más de otra cultura y máxime la norteamericana que como dice en una entrevista hacía que  autores como el cubano Juan José Arrom vivieran al margen de ella, camino que usted no siguió?   

Ha sido cuestión de bañarme y guardar la ropa.  Nunca he tenido crisis de identidad, siempre he sabido que soy cubano, aunque me manejo en inglés como un norteamericano y vivo inmerso en la cultura de los Estados Unidos.  Inmerso, pero no empapado o impregnado, porque siempre le he tenido aversión a algunos aspectos de la vida norteamericana, como también me repelen algunos de la “cubanidad,” dicho de paso. (Los cubanos podemos ser vulgares, confianzudos, entrometidos, y el relajo a mi me gusta pero con cierto orden).  Creo que esa reticencia y ese saber vivir en algo sin entregarme, pero sin resistir de forma activa la aprendí de niño, en los Jesuitas de Sagua.  Fui bastante buen alumno, pero me repugnaban los bitongos que se esforzaban por ser los primeros en la clase, y nunca fui creyente religioso, aunque llegué hasta a ser monaguillo (lo cual me sirvió para aprender algún latín).  He podido admirar, desde un punto de vista estético y hasta filosófico, la iglesia católica (Dante, las catedrales, etc.), pero no me podía tragar el catecismo, lo de confesarse era una mortificación, y la eucaristía me parecía risible.

 Aquí admiro la capacidad de trabajo de los americanos y su culto a lo que Emerson llamó “self reliance,” en uno de sus más hermosos ensayos –saber valerse por uno mismo y tener fe en el valor propio.  También admiro mucho el respeto a la libertad individual que hay en Estados Unidos.  Pero hay una hipocresía generalizada en la sociedad americana que me parece se debe al protestantismo, sobre todo en cuanto a la vida amorosa (los casos de Anita Hill y Mónica Lewinsky), y una dedicación a la salud física por encima de todo placer que se me hacen insoportables.

 En Estados Unidos se come, se bebe, y se hace deporte para ser saludable, no para disfrutar de la comida, la bebida o el juego. Y lo peor es el culto a la adolescencia, a los teenagers, cuyo icono fue ese adolescente pasmado Elvis Presley.  Los americanos quieren ser todos adolescentes, y yo pienso que es la peor edad posible.  Yo, tal vez por el exilio, pero también porque los cubanos no tenemos ese fetiche, nunca fui adolescente.  A los quince o diez y seis, cuando llegué a este país ya era un hombre. Además, la vida en Estados Unidos es muy aburrida y solitaria y yo tiendo a ser gregario.

 Me gustaría poder reunirme con amigos en algún café a hablar de literatura o de pelota, como hago cuando voy a Europa o a algún país latinoamericano, pero aquí eso se da muy poco.  No hay tiempo y pocos lugares donde hacerlo.  También me molesta mucho la publicidad, y uno vive rodeado de anuncios, sobre todo en la radio o la televisión.  Yo apago el sonido entre innings de los juegos de pelota televisados para no sufrir los anuncios.  La propaganda política es peor, ya lo sé, y más burda –aquí por lo menos a veces los anuncios son ingeniosos.  Yo no podría haberla aguantado en Cuba. Pero, a pesar de todo lo negativo, lo positivo en Estados Unidos es que aquí puedes hacer lo que quieras, si hay posibilidad y tienes los medios.

    En cuanto a lo académico, me hice el propósito de imponerme en el mundo de habla inglesa, no sólo entre romanistas, hispanistas, o latinoamericanistas, y me precio de haberlo logrado, cosa que ningún español o latinoamericano ha conseguido antes en este país.  No quería sumirme en el gueto.  Arrom se marginó por completo y no trascendió el ámbito del español, y otros más conocidos que él, españoles sobre todo, hicieron o no tuvieron más remedio que hacer lo mismo.  No me fue fácil, porque escribir en inglés es una disciplina rigurosa, y había que luchar contra muchos prejuicios, algunos que nos merecíamos y nos habíamos ganado, por cierto.

 En Yale he sido el primer hispanista en formar parte del Departamento de Literatura Comparada, el de más alta reputación en el mundo.  He logrado publicar en las editoriales más prestigiosas (Oxford, Cambridge, Yale, Cornell, Duke, etc.), en las más exigentes revistas especializadas de crítica y teoría (y fui cofundador de una de ellas, Diacritics), y en periódicos y revistas de mayor difusión como el New York Times Book Review, el London Times, The Village Voice, The Nation, y otras como el Yale Review, de la que soy uno de los editores.  Esta es una revista en la que publicaron T.S. Eliot y Wallace Stevens, entre muchos otros escritores muy notables.  Fui el primer hispanista invitado a participar en los cursillos de verano sobre teoría de la crítica de la School of Criticism and Theory.

 En fin, no quiero hacer alarde, sino sólo dejar constancia de lo que he hecho en el círculo universitario americano.  Estos son contextos en que funciona el amiguismo y la palanca muchísimo menos que en el español o latinoamericano; hay que fajarse por lo palos en serio.  Yo tenía, por lo demás, una desventaja: ser cubano exilado.  El espacio universitario americano es casi todo de izquierda y filofidelista, por lo que yo he tenido que batirme contra cierta discriminación. Es una izquierda “festiva,” como me decía un amigo brasileño, que no corre riesgos ningunos; es una moda.  Pero los cubanos exilados hemos estado fuera de moda.  Aún así, han tenido que tragarme.

    Dicho todo lo anterior, tengo también que confesar que todo mi trabajo (decir “obra” sería exagerado) ha surgido del deseo, de la desesperación tal vez, de preservar mi cubanía, mi identidad lingüística y cultural.  El choque, a los diez y seis años, que representó tener que vivir en un mundo ajeno al mío fue el trauma que me impulsó al estudio de la literatura y lengua españolas.  Puede parecer paradójico, pero fue ese trauma mismo, y el proceso de aprender el inglés (el que traje de Cuba era escaso) sobre la marcha de mis primeros estudios universitarios, lo que me convirtió en un obseso que aprendió concomitantemente el francés y el italiano.

 Yo copiaba a mano las lecciones de francés tres o cuatro veces, y me leí la Divina comedia en italiano, y en inglés también, antes de los diez y siete años, luchando con el diccionario y la aparente facilidad de esa lengua tan engañosamente parecida al español.  Cuando me gradué de Bachelor of Arts, de la Universidad de South Florida, en 1964, a los veinte años, yo me había leído, en el idioma original, lo más importante de las literaturas escritas en español, inglés, francés, e italiano. En algunas áreas era un conocimiento de antología, pero de todos modos era algo.

 Eso se lo debo a ese golpe que fue cambiar de idioma y de cultura de un día para otro.  Fue como nacer otra vez, pero con la conciencia de los dolores de ese delito mayor.

    Yo no soy cubano-americano, yo soy cubano, y con lo que he contado arriba no quiero dar a entender que soy bicultural.  Soy cubano pero me manejo en otras culturas con soltura, sobre todo la inglesa, pero en mi fuero interno no dudo de quién o qué soy.  Las veces que he vuelto a Cuba, que han sido muchas, pero ninguna desde 1999, me he sentido en mi ambiente, a pesar de lo desagradable de la vida política.  Recuerdo que la primera vez que volví en los años noventa, después de quince años de ausencia, me desperté la primera mañana con una sensación de bienestar físico que me hizo pensar que durante la noche mi cuerpo se había vuelto a imbuir de algo en el aire que le era propio.  Lo mismo me pasó al salir a la calle y sentir la luz.

    No quiero sonar heroico, ni mucho menos digno de lástima.  Trabajo en condiciones tan ventajosas que no producir sería una irresponsabilidad.  Tengo seguridad laboral, comodidad económica, la cátedra Sterling que ocupo viene dotada con fondos de investigación que me permiten viajar cuando quiera a donde quiera, y adquirir los libros y materiales que necesite; tengo asistentes de cátedra y de investigación, y equipos electrónicos que sobrepasan mis conocimientos y necesidades.  Además, los alumnos de Yale son de primera, sobre todos los de pre-grado.  Darles clases es un reto y un placer.

¿Cuénteme de un día normal en su vida? ¿Cuál es la rutina? Si la hay.

Me levanto a eso de las cinco de la mañana, cuelo un poco de café cubano, y me pongo a trabajar.  Madrugar fue algo que aprendí de Emir Rodríguez Monegal y que los años también me han enseñado a hacer.  Trabajar de noche hasta muy tarde lo hice de más joven, pero hoy cuando llega la noche ya estoy muy gastado por las tareas del día.  Aunque he tratado de disciplinarme, la curiosidad me vence y lo primero que hago es chequear mis correos electrónicos.  Luego me dedico a lo más difícil, porque esas horas de la mañana, cuando estoy fresco, es cuanto puedo leer cosas exigentes o escribir.  Además, a esas horas no hay llamadas telefónicas ni interrupciones.  Isabel, mi mujer, que es cubana también pero de otra inmigración, no se levanta tan temprano. (De familia trabajadora, Isabel vino a Estados Unidos a los cuatro años, con sus padres, que fueron a buscar fortuna en Nueva York a fines de los cuarenta.  Nos conocimos en la universidad.  Habla español, pero su lengua dominante es el inglés.  Nos acostumbramos a hablar en ese idioma para perfeccionar mi inglés y se nos ha quedado el hábito).   Doy clase tres días a la semana, de martes a jueves, y el viernes veo estudiantes en la oficina.  Trabajo en casa toda la mañana y luego, cuando ya me he preparado para clase, si es día de clase, almuerzo y me voy a la universidad.  Hay días que voy antes y almuerzo con algún colega.  Vivimos a diez y seis kilómetros de Yale, lo cual quiere decir que llego a mi parqueo en media hora, más o menos, dependiendo del tráfico.  Este semestre que termina he tenido que preparar mis conferencias con más ahínco porque me las han filmado para ponerlas en la red, en un programa que se llama “Open Yale Courses,” disponibles gratis en todo el mundo.  Han sido veinticinco conferencias de una hora cada una (martes y jueves de dos y media a tres y media) sobre el Quijote.  Se podrán ver a partir de septiembre del año que viene.  Después de clase a veces voy al gimnasio a hacer ejercicios y hacer un poco de natación –la salud física de que les hablaba.  Esto es aburridísimo, pero el médico me dice que tengo que hacerlo a mi edad.  Antes jugaba squash, pero mi contrincante se fue a otra universidad y ya se me hace un juego demasiado severo.  A veces me tomo un trago con algún colega y vuelvo a casa.  Aquí la comida es temprano, demasiado temprano, a eso de las seis.  Si es temporada de pelota veo el juego, generalmente de los Yankees (de los que no soy fanático, sigo siendo un fanático leal de los Leones del Habana), aunque tengo que confesar que a veces me quedo dormido.  A Isabel no le gusta la pelota por televisión, y ver pelota solo no es divertido.  Tengo que confesar que vuelvo a mirar mis correos electrónicos, y luego me acuesto.  Mis lecturas de cabecera suelen ser o Jules Verne, porque me entretiene y me mantiene el francés lozano, o revistas de aviación, porque soy piloto y me fascina todo lo relativo a los aviones.  Como pueden ver, mis días no son muy estimulantes, excepto las lecturas que hago, las clases que doy, y las comunicaciones que surgen con gente tan interesante como Uds.

Sagua, su "tierra natal y añorada", como me confesó, ha dado figuras valiosísimas para las letras y el arte cubano como Jorge Mañach, Wifredo Lam, Gayol Fernández (compañero de su madre en aquel legendario Instituto de Sagua),    y ahora usted.  ¿A qué se debe, a su entender,  si lo comparamos con otros municipios del país que derrocha(ba)n,  incluso una vida cultural más sólida que su riconcito  villareño?

Además de los sagüeros mencionados hay que añadir a Enrique Labrador Ruiz, a Carlos Loveira, creo, y a Carlos Franqui, que tengo entendido nació en uno de los pueblos del término municipal de Sagua –para no hablar de Albarrán, por supuesto.  También pienso debe mencionarse a Conrado Marrero, que llega a los cien pronto si no ha llegado ya.  Yo no sé si merezco figurar en esa lista.  A Gayol lo conocí y admiré, aunque no llegué a ser alumno suyo porque yo sólo cursé los dos primeros años de bachillerato en el Instituto de Sagua.  Pero sí conozco y he releído recientemente con auténtico placer y provecho su Teoría de la literatura.  Para mí lo decisivo fue la influencia de mi madre, la Dra. Zenaida Echevarría, que era una entusiasta de la cultura, que se hizo doctora en filosofía y letras, siendo de una familia humilde (mi abuela Dolores, “Lolita,” Hidalgo, era comadrona, y mi abuelo Inocencio Echevarría un empleado menor del ayuntamiento, cesante o jubilado casi toda su vida) por su enorme talento y tesón.  Era una mujer brillante, que aludía a veces a Kant (ella daba Introducción a la Filosofía en el Instituto), de niño me leía de los Diálogos de Platón (las partes más entretenidas), y se esforzaba por hacerme culto a pesar de mis distracciones y a veces indiferencia.  Recuerdo que organizaba para mí y mis amigotes sesiones de repaso en las que nos daba clases de gramática, prosodia, e historia de la literatura, cosas que a nosotros, que éramos un poco cavernícolas, nos resbalaban por sobre nuestra desidia y estolidez.  Pero ella perseveraba y algo de eso quedó en mí y salió a la superficie cuando el exilio me hizo entregarme al estudio de los idiomas y las literaturas.  Tuve la enorme satisfacción de que ella pudiera estar presente cuando me otorgaron alguno de mis doctorados honoris causa.  Pero hasta el final de sus días, cuando se leía algún texto mío, me hacía correcciones y sugerencias, y por más que yo publicara libros y más libros, ante sus ojos, jamás podría compararme con sus maestros de la Universidad de la Habana, como el Dr. Raimundo Lazo, director de su tesis doctoral.  De seguro no le faltaba razón.

¿Cómo fue su recorrido ulterior después de su  llegada siendo adolescente a EE.UU.?

 Pienso que lo más expeditivo será copiarles la versión abreviada de lo que un amigo mío llama, con buen humor y pésimo latín, su ridiculum vitae.  Esta es la versión en español que yo llamo, con homenaje a Onetti,  “vida breve,” porque es una sinopsis.

ROBERTO GONZÁLEZ ECHEVARRÍA. Sterling Profesor of Hispanic and Comparative Literature, Yale University.  Doctorado en lenguas románicas por Yale en 1970, ha recibido doctorados honoris causa de Colgate University en 1987, la University of South Florida en el 2000, y Columbia University en el 2002. En 1999 fue electo a la American Academy of Arts and Sciences. En noviembre del 2002 la Universidad de Puerto Rico, Arecibo, celebró un simposio en honor suyo. En el 2004 la revista Encuentro de la Cultura Cubana (Madrid),  no. 33 (2004), le hizo un homenaje. Fue profesor en Yale de 1970 a 1971) y en Cornell de 1971 a 1977, donde estuvo entre los fundadores de Diacritics, revista dedicada a la teoría crítica. Desde 1977 está de vuelta en Yale, donde ocupa la cátedra Sterling Professor of Hispanic and Comparative Literature. Las cátedras Sterling son las más prestigiosas de Yale, habiendo sido ocupadas en el pasado, en literatura, por René Wellek, Erich Auerbach y Paul de Man, y en la actualidad por Harold Bloom. Imparte cursos de literaturas hispánicas de ambos lados del Atlántico(Rojas, Cervantes, Lope, Calderón; Carpentier, Borges, Neruda). Ha sido jefe del Departamento de Español y Portugués de Yale por 16 años y también ha dirigido el Programa de Estudios Latinoamericanos. RGE ha dado conferencias en Estados Unidos, Canadá, Hispanoamérica y Europa, y fue el primer hispanista en dirigir un seminario en la School for Criticism and Theory. En 2001 dio conferencias en Oxford, Cambridge, Berlin, y  UCLA; en el 2004 en Salamanca, Roma; en el 2006 en Santiago, Chile, y en el Colegio de México, y desde entonces en Madrid, Berlín, París, Nueva York, etc. En el 2002 pronunció las DeVane Lectures, el ciclo de conferencias público más prestigioso de Yale, sobre el tema del amor y el derecho en Cervantes.  En el 2003 dio una serie de seminarios en la Universidad de Columbia sobre las crónicas del descubrimiento y conquista. En el 2004 pronunció la Cervantes Lecture en la conferencia anual de la Modern Language Association of America.

    Hablante de español, ingles, francés e italiano, RGE estudia las literaturas en esos idiomas, pero su especialidad es la literatura española del siglo de oro y la hispanoamericana colonial y moderna. Activo en cuestiones de teoría, ha sido  o es miembro de la comisión editorial de revistas como The Yale Journal of Criticism y The Yale Review.  Es actualmente o ha sido miembro de las de la Hispanic Review, Hispania, Revista Iberoamericana, y otras revistas norteamericanas, hispanoamericanas y europeas.  Ha recibido becas de la Guggenheim Foundation, la National Endowment for the Humanities, el Social Science Research Council y la Fundación Rockefeller, entre otras. Su libro Myth and Archive: A Theory of Latin American Narrative (Cambridge, 1990) recibió premios de la Modern Language Association of America y la Latin American Studies Association. Su C-D Rom Miguel de Cervantes fue galardonado por la revista Choice; The Pride of Havana: A History of Cuban Baseball (Oxford, 1999) ganó el primer Dave Moore Award (Most Important Book on Baseball, 2000). Otros libros: Relecturas (1976), Calderón and la crítica (1976), Alejo Carpentier: The Pilgrim at Home (1977), Isla a su vuelo fugitiva: ensayos críticos sobre literatura hispanoamericana (1983), The voice of the Masters: Writing and Authority in Modern Latin American Literature (1985), La ruta de Severo Sarduy (1986) y Celestina's Brood (1993). Co-coordinador de la Cambridge History of Latin American Literature (1996) y editor del Oxford Book of Latin American Short Stories (1997).  En 1999 Almar (Salamanca) publicó En un lugar de La Mancha: estudios cervantinos en honor de Manuel Durán, co-coordinado con Georgina Dopico-Black. El Fondo de Cultura Económica de México sacó traducción de Myth and Archive (Mito y archivo), Colibrí de Madrid de Celestina's Brood (La prole de Celestina), y Verbum de The Voice of the Masters (La voz de los maestros). En el 2002 el Fondo de Cultura publicó Crítica práctica/Práctica, colección de ensayos sobre literatura hispanoamericana. RGE ha publicado con Cátedra, de Madrid, ediciones críticas de Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier, y De donde son los cantantes, de Severo Sarduy.  En el 2005 la Yale Press publicó Love and the Law in Cervantes (que publicó Gredos en el 2008) y Oxford Miguel de Cervantes’ Don Quixote: A Casebook. Autor de cientos de artículos y reseñas en revistas especializadas norteamericanas, latinoamericanas y europeas, RGE es colaborador frecuente en The New York Times Review of Books y otras publicaciones periódicas como The Wall Street Journal, The Village Voice, The Nation y USA Today.  Su obra ha aparecido (o está en vías de aparecer) en español, portugués, francés, italiano, alemán, polaco y persa.

    RGE es piloto con licencia para vuelo instrumental y miembro de la comisión directora de la Yale Aviation, el club de aviación de la universidad.

    Lo de “vuelo instrumental” quiere decir que estoy capacitado para volar cuando el tiempo es malo, no se ve, y hay que guiarse por los instrumentos de vuelo y navegación del aparato, no que vaya oyendo música por el aire.

    Fui a Indiana porque allí me dieron una beca lo suficientemente generosa para poder vivir con Isabel y mi primer hijo, que llegó pronto.  Luego Yale me ofreció una beca todavía mejor, de tres años, para hacer el doctorado.  En Indiana tuve de profesor a Miguel Enguídanos, un valenciano estupendo, a Willis Barnstone, poeta además de profesor, a Quentin Hope, experto en teatro francés.  Cuando llegué a Yale me encontré a Arrom, Gustavo Correa y Manuel Durán, en español, y a Jacques Guicharnau, Jacques Ehrman, Victor Brombert, y otros en francés, y a John Freccero, un gran especialista en Dante, en italiano.  Wellek acababa de jubilarse.  Después vino Emir Rodríguez Monegal, cuando yo ya estaba haciendo mi tesis doctoral sobre Calderón con Durán.

    La satisfacción de los éxitos aparentes la mitiga la tragedia que sufrimos Isabel y yo en 1994, cuando nuestro hijo menor, Carlos, se nos murió de cáncer.  Estudiaba en la Universidad de Michigan, donde se le declaró la enfermedad a los diez y nueve años.  Los médicos de Yale hicieron todo lo posible por salvarlo, pero falleció cuando apenas había cumplido los veinte y dos.  Pienso en él todos los días y me deprimo ante el amargo misterio de nuestra mala suerte.

Ha sido un crítico severo, quizás lúcido, como lo confirman sus ensayos y artículos,  con autores  de la valía de Cabrera Infante, de quien dice que escribió un solo gran libro,  García Márquez, Carpentier e incluso ha censurado la ensayística de Vargas Llosa y de Carlos Fuentes, todos autores del Boom ¿Qué de  perdurable habrá de ese movimiento literario  de aquí a 500 años?

Me gusta lo de “quizás lúcido,” aunque trato sobre todo de ser justo.  Estimo que alguien en un puesto tan ventajoso como el mío debe vivir al margen de la red de influencias y amiguismos de que se compone el mundillo literario latinoamericano, y por supuesto, el cubano.  Hay latinoamericanos en este país que, con puestos parecidos al mío, de todos modos se involucran en el caudillismo literario que practicaron o practican Octavio Paz y Carlos Fuentes, por ejemplo.  Tienen alma de esclavos.  A mí me gusta ser independiente, y del zig siempre prefiero el zag.  Admiro la obra de los escritores del Boom, sobre todo la de García Márquez, pero no toda, y opino que la crítica de esos autores no está al nivel de la de ficción.  Son apenas periodistas en el mejor de los casos.  

A pesar de todos sus defectos, como su debilidad por los dictadores, hay que reconocerle a García Márquez que no se ha erigido en crítico.  Tuve roces con Paz, que sólo entendía de alabanzas sin reservas, y con Cabrera Infante, que me acusó de escribir más sobre Severo Sarduy que sobre él porque Editions du Seuil, donde trabajaba Severo, pagaba las llamadas telefónicas.  Hubo una época en que logré abstenerme de escribir sobre escritores vivos o recientemente muertos (estos dejan viudas muy impertinentes), porque hacerlo me ha costado amistades.  He reincidido.  Por eso (en parte) escribo sobre Rojas, Cervantes, y Calderón.  De aquí a 500 años van a quedar algunas novelas de García Márquez, pero no todas, y algunas de Vargas Llosa, pero tampoco todas.  Quedarán menos de Fuentes.

¿Por dónde cree que va e irá  la literatura latinoamericana?

No veo claro el camino porque el presente literario es muy profuso, caótico y sólo podemos percibir parcelas muy limitadas del mismo.  Me ha gustado mucho Roberto Bolaño, sobre el que acabo de escribir un ensayo, y también Fernando Vallejo.

¿Qué le disgusta de ese camino?

Me disgustan las ruidosas campañas publicitarias en torno a autores que todavía no han dado nada de gran valor.  Los editores viven anhelantes, esperando el próximo Boom, y se gastan el dinero en promover valores que todavía no han cuajado.  Ni Carpentier, ni Rulfo, ni siquiera Borges antes de acceder a la fama, se permitieron semejantes alharacas.  Eso me parecía más digno.  Escriba Ud. una gran obra y luego veremos; el muerto alante y la gritería detrás, como decimos en Cuba.

¿Y a la literatura cubana de dentro de la isla  cómo la ve? Porque se publica  en el exterior  obras con una visión muchas veces clonada. Enfoque  que corresponde, casi siempre, a  intereses extraliterarios y su canon cubano, a pesar de ser su particular visión, como aclara, ha levantado opiniones que lo cuestionan, incluso en su presencia, ¿lo mantendría inalterable un lustro después?

Mi ensayo sobre el canon cubano lo escribí para ser sincero conmigo mismo, porque me asedia el tema de cómo llegamos a hacer juicios de valor, y para sacudir un poco lo mata, porque la política, los amiguismos, y las ambiciones organizadas de burócratas aspirantes a escritores (que controlan viajes de los del patio y visitas de personalidades del exterior), han creado una serie de valores falsos.  La calidad de la literatura cubana en la isla en la actualidad es muy bajo por lo que se puede observar, aunque tal vez haya grandes obras que se están haciendo al margen de la cultura oficial.  Cuando la mediocridad se entrona se protege, y la burocracia cultural cubana no le va a dar salida a obras que pongan de manifiesto la pobreza de sus propias obras.  Nadie quita que haya un Kafka cubano en Camajuaní, digamos, que está escribiendo una obra monumental.  Ojalá que sí.

Defina a Capertier y a Lezama Lima.

Quienquiera que haya abierto El reino de este mundo en 1949 tiene que haberse dado cuenta de que la novelística latinoamericana había dado un tremendo salto adelante; El señor presidente, que es del 46, no puede compararse.  Carpentier descubrió el tema de la historia de América como el gran tema épico para la prosa narrativa latinoamericana.  Los cronistas supieron que el descubrimiento de América había sido el acontecimiento más trascendental desde el nacimiento de Cristo, y Carpentier supo construir sobre el vacío creado por esa ruptura un mundo ficticio hecho de datos fidedignos organizados en estructuras narrativas minuciosamente elaboradas.  Y logró desarrollar un estilo para expresarlas en que quedaba algo del tufo arcaizante de los documentos históricos de los que provenían esos datos.  En Carpentier se combinan la frescura de lo nuevo con la pátina histórica de un pasado fabuloso que ya viene dotado de una magia propia.  En las novelas de tema contemporáneo, como Los pasos perdidos y El acoso logra comprimir el tiempo actual para extraerle un dramatismo extraordinario vinculado a temas trascendentales (no así en la fallida Consagración de la primavera). Carpentier tenía una cultura inmensa.  Conocía la patrología latina, por ejemplo, la obra de San Agustín, y de arte y música ni se diga.  En sus mejores obras esa cultura se sintetiza de una manera genial al concentrarse en un individuo, un incidente, o hasta un objeto.  Estudiar la obra de Carpentier fue para mí como hacer otro doctorado.

    La obra de Lezama es infinita, inasible para la mente del crítico, porque no tiene asideros históricos donde apoyarse.  Carpentier, Paz, hasta Borges, pueden verse contra el trasfondo de los movimientos artísticos del siglo XX, aunque sea cuando los rechazan.  Lezama no; inútil pensar en creacionismo, surrealismo, o cualquier otro ismo.  También es una obra hecha al margen de sistemas modernos de pensamiento como el psicoanálisis y el existencialismo; o mejor, es tan abarcadora que los contiene a ellos, y no viceversa.  En alguna parte Lezama o uno de sus personajes dice que el psicoanálisis confunde una etapa con un sistema. Apaga y vámonos.  La prosa de Lezama es “preadámica,” anterior a la caída y a la culpa, anterior a la ley en el sentido más amplio y en el más específico de las leyes de la gramática y de la retórica.  Su lengua crea o recrea mitos, no depende o arrima a ellos buscando forma y sentido. “Muerte de Narciso,” “Rapsodia para el mulo,” por ejemplo, son como columnas de palabras que surgen y se elevan sobre sí mismas.  En “El coche musical” Lezama hace de Raimundo Valenzuela un Orfeo cubano que conoce, a través de la música de sus danzones, la numerología secreta necesaria para bajar indemne al Valle de Proserpina.  Son distintos Carpentier y Lezama.  Hoy pienso que Lezama fue más grande, pero Carpentier no se queda muy atrás.  

¿Cree  que a pesar de haber existido un acercamiento editorial hacia la obra de ficción de los autores cubanos residentes en el exterior,  no han sido aún  favorecidas las obras ensayísticas como la suya? Acá ha sido publicado e incluso en ocasiones sin su consentimiento ¿Está dispuesto a publicar toda su obra aquí?

Desde luego que me gustaría publicar toda mi “obra” en Cuba, pero no en las condiciones actuales.  En la revista Temas publicaron un capítulo mío del libro sobre la historia de la pelota cubana y lo censuraron.  No me di cuenta hasta que alguien, no me acuerdo quién,  me lo dijo.  Quitaron fragmentos donde yo hablaba de los apostadores en el actual Stadium de La Habana, que yo vi en acción con mis propios ojos en los años noventa.  En el comunismo, dizque que basado en el marxismo, no se analiza se borra la realidad.  Pero hay cosas más importantes que mis trabajos que habría que publicar antes en Cuba.

¿Qué proyectos lo sumen en la aventura investigativa en la actualidad?



Hoy mismo, 7 de diciembre del 2009 (Pearl Harbor, muerte de Maceo), acabo de terminar la introducción a Fuenteovejuna, que publica en inglés la Yale University Press.  Pero tengo en prensa un libro grande que se va a llamar Cuban Fiestas, que es un estudio de la fiesta en la cultura cubana, en sus manifestaciones en el arte, la literatura, la pelota, el baile, y el cine.  Empiezo con un capítulo sobre Cecilia Valdés y Francisco y sigo con otro sobre los cuadros de Landaluze y Miahle sobre la Fiesta del Día de Reyes.  Es un libro raro en que incluyo viñetas autobiográficas y que me costó muchos años escribir.  La Oxford me ha pedido un libro para su serie de “Very Short Introductions,” sobre la literatura latinoamericana moderna, y es lo próximo que pienso hacer.  Me ilusiona lograr una síntesis coherente y significativa.

Usted que se pasea entre (y mira también el envés de) los cánones más rigurosos de la literatura y se ha  insertado en   disputas conceptuales, que como diría de forma peyorativa un intelectual cubano para referirse a la reciente coyuntura cibernética que permite una comunicación más instantánea y horizontal en Cuba: "El ciberchancleteo". ¿Qué le diría a todo aquel que se sumerge en el mundo de la literatura?

Son dos las preguntas.

Contesto a la primera: He visto poco del “ciberchancleteo,” que me parece un término denigrante para lo que parece ser un ejercicio necesario de la libertad de pensamiento y creación.  Lo bochornoso es el “burrocratismo” del establishment cultural cubano, y la práctica impune e insistente de la mediocridad en todos los medios oficiales cubanos.  

Ahora a la segunda: Para sumergirse en el mundo de la literatura hay que estar dispuesto a retarse a uno mismo constantemente porque es un campo sin fronteras del que sólo alcanzamos a conocer zonas muy limitadas, y en el que del primer escalón al segundo hay un abismo.  Creo que fue el torero “Lagartijo” quien dijo que él era el mejor, y después de él “naides, y después de naides...”  Yo trato incesantemente de llenar las lagunas de mi formación, que son muchas, y exigirme todo el rigor de que soy capaz, con la esperanza de superarme como crítico y como profesor.

¿Algún recuerdo inolvidable de  Sagua? ¿La desea visitar?

Me estremece la emoción cuando recuerdo el beso de despedida que le di a mi novia Alina Alonso una tarde en Sagua, porque me mudaba para La Habana.  Era casi de noche y nos encontrábamos frente a la puerta de su casa, que estaba en el primer piso, en una calle no muy lejos de la Plaza de Mercado.  Habíamos llegado allí caminando desde el parque, donde nos veíamos los sábados y domingos junto con un grupo de amigos.  Tendríamos trece años.  También recuerdo el olor dulzón de los higuillos podridos, aplastados por transeúntes y vehículos, en la Carretera de Resulta, por la que yo iba y venía a pie o en bicicleta de los Jesuitas.  Estuve por última vez en Sagua en noviembre de 1978, cuando fui a Cuba para lo del Diálogo.  En los noventa no tuve tiempo.  Pero daría cualquier cosa hoy por sentarme en el Parque Martiano, a la sombra de los árboles, y ver el río correr.

¿Roberto, no sospecha que tienes acá un montón de lectores, amigos que aunque no disfruten de su conocimiento personal,  si le profesan  la  misma devoción que aquel lector que copiaba como un escriba medieval uno de sus libros en la Biblioteca Nacional?

Tener lectores en Cuba me parece, primero que nada, inverosímil.  Nunca pensé que llegaría a tenerlos.  Me conmueve que Uds. me lean y quisiera poder ofrecerles algo mejor.  El que yo esté aquí y Uds. allá es producto del azar, pero somos iguales, los mismos, o, por lo menos, así me gusta pensar.  La emoción que el recuerdo de Sagua me produce ha sido como una quilla honda que me ha permitido hacer, sin mucho bamboleo, una travesía firme y segura, porque me dice quién soy y me fortalece para seguirlo siendo en lo que me queda.

ORDETX; «EL ÚNICO VIVO» DE BALLAGAS

ORDETX; «EL ÚNICO VIVO» DE BALLAGAS

Por Mercedes Rodríguez García


 

«Ballagas en sombra», del investigador, crítico de arte y periodista Luis Manuel Machado Ordetx, obtuvo en 2009 el  Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara. Un año después, tras un arduo proceso editorial, bajo el sello de Capiro, como un «ángel caído», un «amoroso demonio», que se burla del tiempo.

 

En la sala «Margarita Casallas», del espacio cultural «El Mejunje», en la capital villaclareña, poco después de la presentación del texto, a cargo de Silvia Padrón Jomet, la editora,  conversamos con su autor.

 

Luis, ¿un Ballagas tan maldito como el francés Baudelaire,  el cubano Virgilio Piñera u otros poetas de la literatura universal?

 

Tanto como puedan o no aceptarlo los investigadores que acuden a la puntualidad de los criterios de este poeta y que favorecen a resaltar la maldición del escritor y pedagogo camagüeyano.

 

—   ¿Y ese maldito te inspiró?

 

No más ni menos que la excepcionalidad de su poesía; la malinterpretación de las cualidades del hombre y el derecho de éste a la diversidad sexual, por encima de patrones impuestos por una sociedad patriarcal de la  época, fue un maldito.

 

—¿Traer nuevamente a la vida a Ballagas y su personalidad, dada la mala interpretación de la conducción bisexual de su vida, del corpus de su poesía; de los criterios esgrimidos en su contra y de la acentuación de opiniones tan contradictorias?

 

Exacto. Hoy existe una apertura hacia el tema, que  resulta mucho menos prejuiciado que antes y constituye una visión más humanizada del hombre, del poeta y su razón de ser ante la condenación de y por su tiempo.

 

—¿Y has encontrado…?

 

Nuevos documentos, y testimoniantes menos prejuiciados que abordan la vida y obra de Ballagas en su territorialidad universal.

 

—Según interpreto por las palabras de Silvia Padrón Jomet, la editora,  que tuvo  su cargo la presentación de tu libro, intelectuales de la talla de Alfonso Reyes, Dulce María Loynaz, Gastón Baquero, Lezama Lima trataron de definirlo «con voz», pero ya «sin presencia en la Tierra». ¿Serías tú, entonces, el «único vivo»  en pos de una interpretación más real y reveladora?

 

Si tu pregunta a la vez constituye una afirmación, la acepto; si es para que sea yo quien lo afirme o lo niegue, prefiero dejarla en suspenso.

 

                        PALABRAS DE PRESENTACIÓN: UNA VERSIÓN

 

                La sombra de Ballagas, hacia otras posibilidades

 

«Los caminos de Dios hacia el hombre los esperó profundizando su palabra.  Vio fluir la ternura de lo divino como una sangre, como una sangre que levantará las raíces y los ramajes del árbol que le dará sombra a la interrogante y perdurable gracia de su poesía, más allá de la sombría morada del fuego y del vacío».

 

Y más adelante citó estos versos en los cuales el poeta (Camagüey, 1908-La Habana, 1954) define qué es para él el amor:

 

               La tierra entera enamorada

 

Porque el amor no es cosa triste / sino la luz, la luz hasta cegarnos/ en otra luz en que la sangre danza / levantada en los velos más veloces / o en flamígeras alas, / sobre la tierra entera enamorada.

 

A pesar de una breve existencia, el poeta  creó profusamente y con intensidad. Fue notable prosista, excelente pedagogo y hasta empleó sus facilidades de rimador en la enseñanza para activar la psicología de los niños y ayudar a  perfeccionar el aprendizaje. Desarrolló una  labor sociocultural hasta el momento desapercibida a los ojos de los principales estudiosos, quienes se han centrado solo en  algunas aristas de su figura.

 

                   Personalidad desconocida para la cultura cubana

 

A través de este libro de ensayos que hoy presenta la editorial Capiro, «Ballagas en sombra» de Luis Machado Ordetx, el lector podrá reconocer que alrededor de Emilio Ballagas existen  aspectos esenciales por dilucidar, que es todavía una personalidad desconocida para la cultura cubana.

 

Lírico de extraordinaria musicalidad,  resume tendencias de muy variadas líneas temáticas y formales. Ballagas fue en extremo cuidadoso en el dominio del idioma y manejó a plenitud los recursos expresivos. Su discurso posee el poder de concentrar toda la fuerza emotiva en una palabra, tenía una increíble percepción para captar las más diversas sensaciones y por ello ha sido calificado como «poeta de los sentidos».

 

El juegueteo y la espontaneidad  de sus textos a veces no le han favorecido  una justa apreciación, entre contradicciones y estereotipos se ocultan inercias mentales. Pero su sensualidad lírica debe ser vista hoy, por las nuevas generaciones, con una mirada más profunda.

 

                  Misterioso poeta débil de su generación

 

Vitier expresó en «Lo cubano en la poesía» palabras que han trascendido hasta hoy: «Él es el misterioso poeta débil de su generación; el que se funda en lo imponderable de la voz; el que, cediendo siempre, emerge al cabo indefenso, pero intacto y distinto, con su silenciosa palabra soplada...»

 

A partir de entonces numerosos autores se han (pre)ocupado por descifrar el enigma del «impedido»: consultemos las valoraciones de sus contemporáneos: Lezama, Piñera, Guillén… y otras más actuales: Sainz, Álvarez, López Lemus.

 

                     Visión muy transparente y desprejuiciada

 

A toda esa historia aun insuficiente se ha sumado el libro de este escritor villaclareño con una visión muy transparente y desprejuiciada sobre el tema. Acucioso investigador, Machado Ordetx  revaloriza procedimientos empíricos y aporta a la memoria literaria una cantidad considerable de documentos, frescos testimonios que deberán  atenuar lo inquietante del paradigma crítico Vitier-Piñera.

 

En sus páginas, llenas de detalles y confirmaciones, percibimos a un Ballagas más libre y cercano a lo contemporáneo, no tan tímido y evasivo, no tan radical homoerótico, no  urgido de unánime perdón por sus pecados, pues el «secreto de carne» no es tanto ya «secreto de lágrimas».

 

Por el contrario, las autorrepresiones y desgarramientos son acompañados además  por sociabilidad, además por confianza en el ser y compromiso con la gente común.

 

                        La gracia de las conversaciones de lo cotidiano

 

Machado Ordetx  testimonia y argumenta que  Santa Clara, como   ninguna otra ciudad donde radicó el poeta, le serviría de soporte para la creación de sus principales obras literarias y culturales. Aquí dio a conocer  mucha de la prosa que hasta hace muy poco se encontraba inédita, aquí se  impregna de la gracia de las conversaciones de lo cotidiano para incorporar las costumbres populares, mitos y en especial la religiosidad de procedencia africana.

 

Valga recordar su  vocación precursora por este tema mostrado, por ejemplo, en  la Antología de la poesía negra hispanoamericana (Madrid, 1935), y  Mapa de la poesía negra americana (Buenos Aires, 1946).

 

Si en el volumen del corpus lírico ballaguiano encontramos lo social como nota de ocasión —seguro todos recordarán de la edad escolar  los  conocidos versos de «Abrid bien los ojos»—, el texto de Machado Ordetx arrojará nuevas luces al respecto y se adentrará en el meritorio trabajo que hiciera para la Escuela Normal, en  la responsabilidad compartida allí con otros insignes intelectuales.

 

                   Un  texto de gran valor investigativo

 

«Ballagas en sombra», es un  texto de gran valor investigativo, fruto de la labor de decantación en fuentes donde se fusionan varios géneros literarios. El autor ha querido compartir con nosotros su hallazgo en los archivos del declamador villareño Severo Bernal Ruiz, su amigo y confesor de Ballagas, quien reveló algunas de estas intimidades, secretos que dan lugar a nuevos desafíos para biógrafos y especialistas.

 

Machado ha querido además contrastar con otros testimoniantes y revaluar el devenir de fuentes teóricas heterogéneas, su credibilidad. Al mismo tiempo  exhibe  sus propias interpretaciones, suspicacias  que le otorgan al libro un enfoque muy interesante y polémico.

 

                  Ensayo complejo  y enfoque distinto

 

Por todas estas razones, estamos en presencia de un ensayo complejo que resume  una copiosa información. Pero, a pesar de su densidad, siempre nos sentiremos incentivados con su lectura, porque es un libro sincero,  escrito con mucha pasión.

Es intenso como se lo merece el autor del controvertido poema «Elegía sin nombre» (sobre el cual se manejan  aquí  nuevas interpretaciones).

 

Creo que Ballagas en sombra nos trae enfoques distintos sobre cómo puede hacerse un estudio dedicado al poeta camagüeyano, sobretodo, porque nos brinda  una visión más humanizada, terrenal y conflictiva  y por ello es así mismo una forma de hacer justicia al gran escritor cubano desde un paradigma bien cercano a la percepción de estos tiempos.

 

CINCO CUBANOS SON RESPALDADOS EN EL MUNDO

CINCO CUBANOS SON RESPALDADOS EN EL MUNDO

Artistas e intelectuales cubanos reunidos en esta capital reiteraron su respaldo a Los Cinco cubanos prisioneros políticos en Estados Unidos, y llamaron a preservar la paz en el mundo.

En la ocasión fue remitido un mensaje de agradecimiento a artistas norteamericanos, fundamentalmente cineastas, por la carta que, pidiendo la libertad de esos héroes, enviaron al presidente de EE.UU. Barack Obama.

Estamos convencidos que esa carta que contribuyó a romper el silencio y dar a conocer la verdad sobre esta noble causa, expresó Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).


Como expresa ese mensaje, los Cinco no cometieron ningún crimen contra Estados Unidos, añadió.


La legendaria bailarina Alicia Alonso expresó por su parte: es nuestra vida la que estamos defendiendo, tenemos que unirnos.

Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano, y Abel Prieto, ministro de cultura se encontraban entre los presentes, informó la televisión local.

ALICIA INVITÓ A OBAMA A VISITAR LA HABANA

Alicia Alonso invitó al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a viajar a Cuba en octubre próximo con su familia para asistir al Festival Internacional de Ballet de La Habana que ella preside.

“Quiero invitar al presidente de los Estados Unidos a venir a Cuba al Festival de Ballet junto a su esposa e hijas a ver la belleza del arte, el amor y la vida”, manifestó Alonso, en inglés.

La edición 22 del Festival de Ballet de La Habana -del 28 de octubre al 7 de noviembre próximos- tendrá como plato fuerte el regreso del American Ballet Theatre (ABT) a Cuba tras 50 años, y la presencia del New York City Ballet (antiguo Ballet Caravan), donde Alonso inició su carrera como bailarina clásica en Estados Unidos.

Alicia Alonso agradeció además a un grupo de cineastas y artistas estadounidenses, entre los que figuran Oliver Stone, Michael Moore, Danny Glover, Susan Sarandon, Benicio del Toro, Sean Penn, Bonnie Raitt y Ry Cooder, que se sumaran a la iniciativa de enviar una carta al presidente Obama pidiendo la liberación de los cubanos.

“Es maravilloso como este grupo de gente intelectual noble han escrito esa carta y tenido la valentía de darla a conocer y mandarsela al presidente de EE.UU.”, señaló Alonso que en junio pasado recibió un homenaje del ABT, en Nueva York, por sus 90 años, que cumplirá en diciembre.

En el acto, amenizado por músicos y en el fue desvelado un mural dedicado a la paz, también intervino el presidente del Parlamento de la isla, Ricardo Alarcón, quien saludó “con gratitud el noble gesto de quienes representan lo mejor de un pueblo que siempre será nuestro hermano”.

Los cubanos Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Fernando González y Antonio Guerrero fueron condenados en 2001 por un tribunal en Miami a penas de prisión que van de 15 años a doble cadena perpetua.

Mensaje a nuestros colegas estadounidenses

Por Miguel Barnet

Nosotros, los escritores y artistas cubanos, que también amamos la justicia y la paz, les expresamos a través de este mensaje nuestro más profundo agradecimiento por su solidaridad con la causa de los cinco cubanos encarcelados ilegalmente en cárceles de los ESTADOS UNIDOS. Estamos convencidos de que la carta que enviaron al Presidente Barack Obama ha contribuido a romper el ultrajante silencio que pretende ocultar la verdad sobre esta noble causa.

Nuestros compatriotas han cumplido en estos días doce largos y tortuosos años de prisión sólo por proteger a su país de actos terroristas. Como bien expresan en su carta los Cinco no cometieron ningún crimen contra el gobierno de los ESTADOS UNIDOS ni sus acciones constituyeron amenaza alguna para su estabilidad.

La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la organización de jóvenes escritores y artistas cubanos (AHS), agradecen ese gesto a Danny Glover, Ed Asner, Susan Sarandon, Oliver Stone, Sean Penn, Benicio del Toro, Pete Seeger, Noam Chomsky, Michael Moore, por sólo mencionar algunos entre muchos que han firmado esta carta.

Esperamos que el Presidente Obama tenga la cordura y el valor de ejercer su autoridad presidencial para que nuestros cinco hermanos puedan regresar a su país, a sus hogares y a sus familias.
Sabemos que ustedes representan los más puros sentimientos del pueblo de ESTADOS UNIDOS a favor de la justicia y la paz.

             Poema de Nancy Morejón para Antonio Guerrero

                     Volverás
                     Desde el Sur, de cara al sol, tocamos a tu puerta clausurada
                     para entregarte nuestra palabra en su ensueño feroz, pero
                     con su ojo despierto que dice la verdad, la huella del espanto,
                     así como la fuerza del amor.
                     Tus poemas han sabido atravesar los muros que ahora te
                     devuelven los poemas nuestros, amasados desde un Pilón
                     de arena y piedra en cuyo paisaje se han plantado, triunfales,
                     tu voz y tu esperanza, pues con ellas hemos podido convivir
                     y con ellas también hemos cantado a la orilla de esta ensenada,
                     de frente a la montaña. Tú no estás solo porque eres tú
                     nuestra palabra, porque eres tú nuestra esperanza. Ya no
                     estarás solo jamás pues tu dolor se nos vuelve rocío, porque
                     tu soledad, cima o abismo, no carece de sueños.
                     Soñaremos contigo. Te traeremos a estas montañas y a este
                     mar porque regresarás como un rey confidente, porque ya
                     estás volviendo y queremos creer que es este tu retorno:
                     Aquí hay aves, estrellas, lluvias, ríos,
                     árboles que dan frutos y dan sombra…
                     Esta es tu casa.
                     Porque tu casa visible es la palabra.
                     Piensa, guardián de los escudos, que pronto habrá un
                     amanecer en donde entonaremos juntos el himno
                     incabable del amor.

                              Nancy Morejón.
                          Ensenada de Mora, Pilón de Manzanillo, 7 de septiembre de 2003

Palabras de KCHO

Buenas tardes.

Me complace muchísimo tomar la palabra luego de Alicia, de Nancy, de Miguel.

Cuando supe que Alicia estaría aquí hoy con nosotros, pensé: finalmente estará en el Maine la paloma de la paz que Picasso prometió. Alicia es nuestra paloma de la paz, tenerla aquí con ese mensaje es una maravilla. Nos muestra que somos un pueblo especial, que somos un pueblo grande.

Estamos aquí porque no bastan las acciones, nada es suficiente. Estamos en el Maine, este monumento a un pretexto, y en él debemos pensar que nuestros cinco héroes impidieron que una vez más se levantara un falso pretexto para invadr a Cuba.

Es algo que merece todo el respeto, todo el apoyo, todas nuestras energías y toda nuestra lucha. Por eso estamos y estaremos siempre aquí los artistas cubanos, hasta que los cinco sean liberados.

Por eso liberaremos aquí ahora cinco palomas. Palomas de Guanabacoa, palomas cubanas.

BALLAGAS EN SOMBRA: CÓDICES DEL SILENCIO (lII)

BALLAGAS EN SOMBRA: CÓDICES DEL SILENCIO (lII)

Ballagas en sombra (Editorial Capiro, 2010. Colección Premio), trata de redescubrir desde la óptica de la contrastación de fuentes documentales, escritas por el escritor camagüeyano antes de fallecer en 1954, y testimonio de importantes intelectuales cubanos que lo conocieron en la ciudad de Santa Clara, al centro de Cuba, aspectos de la vida y obra del poeta no reseñados hasta el presente.

Un énfasis desacralizador persiste en el desmontaje de un mito de la poesía cubana contemporánea, y persiste en el ensayo un propósito acercarlo a una propuesta más humanizada en nuestro tiempo.

 Por vez primera, en ocasión del aniversario 56 del fallecimiento del poeta camagüeyano, aparecen algunos de los fragmentos que componen el primer capítulo de ese ensayo literario que aborda interesantes pasajes de quien es, por así decirlo, uno de los escritores cubanos más avizorado desde una óptica crítica del homoerotismo.



Por Luis Machado Ordetx

                         
Otra aclaración válida: de igual modo, se procrea en Santa Clara. Ballagas, el poeta esencial como lo definió Mañach, tiene en Nuestra Señora del Mar (1943) un reencuentro con la religiosidad insular de nuestro pueblo.

 Eso, nadie lo duda. No por gusto, desde que  abandona el alquiler de Pernas, en Villuendas entre Tristá y Padre Chao, y arrienda el último y definitivo apartamento, a principios de 1938, lo denomina «Villa Oshún»; de ahí que en muchos de los poemas de índoles diversas, florezcan atributos y herramientas asociativas de esa deidad. En ningún otro lugar de Cuba Ballagas se impregnó tanto de la gracia de las conversaciones y de un conocimiento que lo «adentrara» en costumbres, mitos y la cultura religiosa de los afrocubanos.

Después de la última carta de Ballagas, fechada el lunes 15 de marzo de 1948 en la calle Juan Delgado número 52, barriada de Santo Suárez, en La Habana, sobrevino la ruptura total con la amistad que le profesó Severo Bernal Ruiz. No hubo más reconciliación y afectividad; y las diligencias, transcripciones mecanográficas y chismografías que cursó el otro, se rompieron de cuajo.

Es la época en que prepara Cielo en Rehenes, Premio Nacional de Poesía en 1951, y escribe versos infantiles que dedica al hijo, mientras reitera en alguna parte textos que muestran cierto resquebrajamiento interior al saberse dominado por un  mal incurable, la enfermedad crónica que mina desde un tiempo atrás los aparatos hepático y renal. Es un hombre cercado por la muerte, la espiritualidad dolida, la sociedad, y también la familia. Entonces, el poeta quedó varado, ipso-facto, como un estanco en afectividad por Santa Clara.

Un fragmento de Ballagas, de enaltecimiento de la realidad, de exploración a su cultura, también a los quebrantos, alegrías, zozobras, dimes y diretes, inversión y trasgresión individual de normativas sociales, y la intimidad escondida, tapiada a la publicidad, dejan un rastro; no cabe dudas, el poeta todavía reside entre nosotros empeñado en contar verdaderas historias más allá de cualquier sobreestimación comunicativa de lo elíptico, en la manera de aprehender otros caminos abarcadores y de firmezas en el conocimiento de los misterios que impregnaron su existencia social. (Continuará).


REMEDIOS, UN MISTERIO FUNDACIONAL

REMEDIOS, UN MISTERIO FUNDACIONAL

Por Luis Machado Ordetx

San Juan de los Remedios, la Octava Villa de Cuba fundada por el Adelantado Diego Velázquez, siempre constituye un misterio, incluso de ensombrecida consecuencia, al sorprender la historia, sus gentes y tradiciones acumuladas más allá de los 495 años de desenvolvimiento poblacional.

El 24 de junio, el próximo jueves, es fecha de festividad. Las dudas llevan a las relecturas de esas fabulosas narraciones historiográficas contenidas en los Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, libros profusos de investigación, escritos por José Antonio Martínez-Fortún y Foyo, a partir de las ediciones que en 1930 sufragó en la imprenta Pérez Sierra, de La Habana.

Esa papelería, y otras incorporadas a la historiografía cubana, a veces instan a la confusión, ensombrecen; provocan misterios aún no revelados y obligan a investigar sobre los pasos que dejó Fortún y Foyo, Padre fundador al desentrañar un oscurecimiento que, en unos se percibe casi en el medio siglo de existencia, y en los menos, más allá de ese tiempo.

Hace más de un lustro Rafael Jorge Farto Muñiz, el esclarecedor Historiador de San Juan de los Remedios —fallecido hace dos años—, contaba con una vehemencia inclaudicable en foros de historiadores cubanos que el «nacimiento de este territorio, como pueblo eminentemente español, se produjo con anterioridad a muchas de las siete primeras villas, y su iglesia, esencia de la conversión de la religión católica, data de agosto de 1515

Farto Muñiz, según un modesto criterio, representa el historiador cubano que más cerca estuvo del esclarecimiento de los hechos que oculta la historia, las papelerías desperdigadas por muchas partes, y hasta el ocultamiento de la verdad sobre el origen de San Juan de los Remedios.

Contaba entonces que, «… publicaciones y otros textos ofrecen tantas fechas (1514, 1515, 1519, 1524...), como autores tratan el tema, creando confusión. Desde épocas remotas la población remediana festejó sus aniversarios partiendo de 1514, año supuesto de fundación; pero 1983 el Gobierno Municipal dispuso trocar ese por 1524. Sin embargo, en 1986, según propuestas, emitieron otra reglamentación, todavía vigente a pesar de las contradicciones con fuentes consultadas, que declaró el hecho en 1515



                                            HISTORIAS NO ENTENDIDAS



Ese absurdo, ¿1515?, jamás Farto Muñiz lo creyó; tampoco tiene la solidez de una historiografía analítica, científica. Remedios sitúa su nacimiento dentro del proceso de conquista y colonización seguido hacia tierras del interior de la Isla por Velázquez, sobre todo, porque, Vasco Porcallo de Figueroa, un protegido del Conquistador, creó allí en esas rojizas tierras un feudo particular y con conformó un Cabildo hasta varios años después del aplatanamiento poblacional; de ahí que se omitan fechas exactas en tono a las sesiones de este tipo de gobierno local.  

Fortún y Foyo, es categórico cuando introduce el tomo I (1492-1849) de sus Anales y Efemérides…: «Año 1513. Ocurrió a fines de este año un suceso trascendental para esta comarca remediana: la llegada a ella de Pánfilo de Narváez, el P. Bartolomé de las Casas, Juan de Grijalva y unos cien españoles más, que les acompañaban en el viaje de expedición que hacían por el interior de la isla, cumpliendo órdenes de Diego Velázquez. Los expedicionarios se detuvieron unos días en el pueblo indio de Caharate, que estuvo situado según varios autores, en el fértil y bello “Cayo Conuco” que está frente a la bahía de caibarién y forma el límite este dé la del Tesico. Fue el verdadero descubrimiento de esta jurisdicción

Esa pista, no lo dudo, fue seguida por Farto Muñiz, y  según las argumentaciones de Fortín y Foyo, las primicias hay que buscarlas en Los Tres Primeros Historiadores de Cuba, de Ignacio Urrutia; también en Historia de Indias, libro Tercero, Capítulo XXXI del Padre Las Casas, y en el Diccionario Enciclopédico Hispanoamericano, de Jacobo de la Pezuela, así como en Historia de Cuba, de Vidal Morales y la Historia de Sagua la Grande, de Alcover.

Farto Muñiz argumentaba en ese entonces que el Adelantado y Teniente del Rey, Diego Velázquez   y Cuellar ordenó el reconocimiento de la región oriental a partir de 1511, y luego pasaron al «poblamiento de la Isla», para conformar núcleos españoles, donde existiera oro, en zonas habitadas por indígenas. En un informe al Rey, para contar sobre los acontecimientos más significativos acaecidos en Cuba durante 1513, fechado en abril de 1514, agradece, asimismo, la orden de repartir encomiendas, mediante real cédula rubricada el 8 de mayo y recibida el año anterior. Ahí se explica que:   
                        
 «[...] despues los dichos cient ombres se fueron á una provincia que se dice Cavaneque que está en la costa del Norte, á 25 leguas del dicho río Caonao y desde allí anduvieron viendo y calando la tierra de las provincias subjetas á la de Camagüey y parte de la de Guamuahaya [Trinidad] y escribieron que los caciques estaban seguros (...), excepto los de Camagüey que no osaban tornar á sus pueblos y andaban por los montes [...] »[1]   

Entre mayo y junio, explicó Farto Muñiz, en su opinión el 3 de mayo de 1513, «llegan esos hombres al poblado de Sabana, bautizado como Santa Cruz de la Sabana de Vasco Porcallo», devenida luego en Villa de San Juan de los Remedios. No fue una escala efímera, pues Velázquez señala que desde allí salían a reconocer a Camagüey o a Guamuhaya.
                                            

                                                     OTRAS PESQUIZAS
 

  El padre Las Casas, en su Historia de las Indias, se refiere a un pueblo, nombrado Carahate, donde hicieron escala en la costa norte, que él denominó «Casa Harta», por la cantidad de alimentos que allí ofrecieron los indios. Al parecer, estaba situado cerca de la actual ciudad de Sagua la Grande, conocido aún como Carahatas.

Sin embargo, entre fines de octubre y primeros días de noviembre de 1513, declara Farto Muñiz, Velázquez funda San Salvador de Bayamo, segundo pueblo español con categoría de Villa. Antes se percató de los recursos materiales existentes allí: ganado, tierras fértiles, puerto, aunque algo distante; agua en abundancia, y minas de oro.  Al principio, «dio vezindades» y repartió los indios como lo había hecho en La Asunción, pero el nueve de noviembre recibió cartas del Rey, con potestad para repartir tierras e indios, y entonces:  

«[...] envió á llamar los caciques é indios y le vinieron á ver, á los cuales de parte de V.A. habló   é aseguró, é con algunos dellos escribió á los 50 cristianos, que estaban en la provincia de Cabaneque, como dicho es de suso; y viernes siguiente, que fueron 23 de dicho mes, [diciembre de 1513], llegó a la boca de un río que se dice Tabaya, [Táyaba o Guaurabo] legua y media del pueblo que se llama Manzanillo

 Velázquez viaja a Guamuhaya para reconocer el territorio superficialmente, pues según expresa, llegó a sus primeros pueblos el 21 de diciembre y el 23 ya estaba de regreso en las cercanías de Manzanillo, dice que la carta, fechada el primero de abril de 1514, la remite desde Jagua, «donde agora dice que está», y se entrevistó con Vasco Porcallo de Figueroa y oficialmente otorgó la posesión de Sabana.

De ahí la coincidencia de varios historiadores en asegurar que el 3 de Mayo de ese año, 1514, «confirmó»  al extremeño Porcallo la fundación  de Santa Cruz de la Sabana. Desde entonces, en las negras y ubérrimas tierras de Santa Cruz de la Sabana de Vasco Porcallo (1513-1545), Gobierno propio de Vasco Porcallo (1545-1550), San Juan de los Remedios de la Sabana del Cayo, a partir de esa fecha, y luego Remedios.

Una estela al conjuro de la verdad y del misterio, (tal vez el único en Cuba), se erige sobre la fecha exacta de su fundación. Sí, es la Octava Villa de Cuba, no cabe dudas, al inscribirse en 1545, pero, lo sustentó Farto Muñiz tras el contraste de fuentes históricas y documentales, constituye el segundo pueblo con radicación española en la Isla, nacido, inextinguiblemente, en 1513.

Si volvemos sobre Fortín y Foyo, allá en el tomo VIII (Apéndice Segundo), de la edición de 1934 salida de la imprenta habanera Pérez Sierra,  pp. 72-73, expone, según el “Informe sobre el Censo de Cuba de 1889” que «En 1514 Velázquez fundó Trinidad y a Santiago de Cuba en el lado Sur de la Isla, a fin de facilitar la comunicación con las colonias españolas de Jamaica y de Tierra Firme. Sancti Spíritus, cerca de su punto central y San Juan de los Remedios, Bayamo, Puerto Príncipe y San Cristóbal de la Habana

 Después, acota, y aquí viene el aserto de Farto Muñiz que obliga a nuevas búsquedas: «José Pennino, en “Origen de las Provincias Cubanas”, pág. 18:expresa: «Durante largos años la isla de Cuba constituyó una sola tenencia de Gobierno, compuesta de los Ayuntamientos de Baracoa, Bayamo, Santiago de Cuba, Trinidad, Sancti Spíritus, remedios, Puerto príncipe y Habana (fundado el primero en 1512, en 1513 el segundo, en 1514 los cinco subsiguientes y en 1515 el último) dependientes de la Audiencia de la española, hasta que por Real Cédula de 8 de Octubre de 1607 se dividió en dos departamentos…»

De acuerdo a lo expuesto en documentaciones de Velázquez y del Padre de Las Casas, incluso a las revelaciones de Fortín y Foyo en sus Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, recaemos en otra afirmación categórica dichas por quienes investigaron hasta la saciedad la historia de un pueblo y sus comarcas: San Juan de los Remedios, sencillamente Remedios, en la parte Central de Cuba, no cumplirá este año 495 años de fundado, sino 496, y según las pesquisas  historiográficas que legó Farto Muñiz, su edad se remonta a 497.

 Cualquiera de los estudios que se formulen en lo adelante, traerá otras interrogantes, no exentas de interpretaciones tras los signos de la colonización y no de la conquista, tal como expusieron muchos historiadores cubanos que nos precedieron.




________________________________________

[1] Velázquez de Cuellar, Diego. Relación o extracto de una carta que escribió Diego Velázquez, teniente de Gobernador de la isla Fernandina á S.A. sobre el gobierno della, año 1514.  Archivo de Indias, patronato Est. 2º, Caj. 1º, Leg. 26. En: Torres de Mendoza, D. Luis, Abogado de la Real Corte.  Colección de documentos inéditos.  Madrid.  Imp. J.M. Pérez. 1869.  T.XI, p. 413. I

LA TRASCENDENCIA HISTÓRICA DE LA MUERTE DE MARTÍ

LA TRASCENDENCIA HISTÓRICA DE LA MUERTE DE MARTÍ

[Tomado de http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2010/05/18/la-trascendencia-historica-de-la-muerte-de-marti/]

Reflexiones del Compañero  Fidel Castro Ruz

Haciendo abstracción de los problemas que hoy angustian a la especie humana, nuestra Patria tuvo el privilegio de ser cuna de uno de los más extraordinarios pensadores que han nacido en este hemisferio: José Martí.

Mañana, 19 de mayo, se cumplirá el 115 Aniversario de su gloriosa muerte.

La magnitud de su grandeza no sería posible valorarla sin tener en cuenta que aquellos con los cuales escribió el drama de su vida fueron también figuras tan extraordinarias como Antonio Maceo, símbolo perenne de la firmeza revolucionaria que protagonizó la Protesta de Baraguá, y Máximo Gómez, internacionalista dominicano, maestro de los combatientes cubanos en las dos guerras por la independencia en las que participaron. La Revolución Cubana, que a lo largo de más de medio siglo ha resistido los embates del imperio más poderoso que ha existido, fue fruto de las enseñanzas de aquellos predecesores.

A pesar de que cuatro páginas del diario de Martí han estado ausentes de los materiales al alcance de los historiadores, lo que en el resto de aquel diario personal minuciosamente escrito y otros documentos suyos de aquellos días consta, es más que suficiente para conocer los detalles de lo ocurrido. Como en las tragedias griegas, fue una discrepancia entre gigantes.

La víspera de su muerte en combate escribió a su íntimo amigo Manuel Mercado: "...ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin."

Cuando Martí escribió esas palabras lapidarias, Marx ya había escrito El Manifiesto Comunista en 1848, es decir, 47 años antes de la muerte de Martí, y Darwin había publicado El origen de las especies en 1859, para citar sólo las dos obras que, a mi juicio, más han influido en la historia de la humanidad.

Marx era un hombre tan extraordinariamente desinteresado, que su trabajo científico más importante,      El Capital, tal vez no se habría publicado nunca si Federico Engels no se hubiese ocupado de reunir y ordenar los materiales a los que su autor consagró toda su vida. Engels no sólo se ocupó de esa tarea, sino que fue autor de una obra titulada Introducción a la dialéctica de la naturaleza, en la que habló ya del momento en que la energía de nuestro sol se agotaría.

El hombre no conocía todavía cómo liberar la energía contenida en la materia, descrita por Einstein en su famosa fórmula, ni disponía de computadoras que pueden realizar miles de millones de operaciones por segundo, capaces de recoger y transmitir, a su vez, los miles de millones de reacciones por segundo que tienen lugar en las células de las decenas de pares de cromosomas que aportan la madre y el padre a partes iguales, un fenómeno genético y reproductivo del que tuve noción después del triunfo de la Revolución, buscando las mejores características para la producción de alimentos de origen  animal en las condiciones de nuestro clima, que se extiende a través de sus propias leyes hereditarias a las plantas.

Con la educación incompleta que los ciudadanos de más recursos recibíamos en las escuelas, por lo general privadas, que eran consideradas como los mejores centros de enseñanza, nos convertíamos en analfabetos, con un poco de más nivel que los que no sabían leer y escribir o asistían a las escuelas públicas.

Por otro lado, el primer país del mundo donde se intentó aplicar las ideas de Marx fue Rusia, que era el menos industrializado de los países de Europa.

Lenin, creador de la Tercera Internacional, consideraba que no había en el mundo organización más leal a las ideas de Marx que la fracción Bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Aunque buena parte de aquel inmenso país vivía en condiciones semifeudales, su clase obrera era muy activa y sumamente combativa.

En los libros que escribió Lenin después de 1915, fue incansable crítico del chovinismo. En su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrita en abril de 1917, meses antes de la toma del poder como líder de la fracción Bolchevique de aquel Partido frente a la fracción Menchevique, demostró igualmente que fue el primero en comprender el papel que estaban llamados a jugar los países sometidos al colonialismo, como China y otros de gran peso en diversas regiones del mundo.

A su vez, la valentía y audacia de que Lenin era capaz se demostró en su aceptación del tren blindado que el ejército alemán, por conveniencia táctica, le proporcionó para trasladarse desde Suiza hasta los accesos de Petrogrado, por lo cual los enemigos dentro y fuera de la fracción Menchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia no tardaron en acusarlo de espía alemán. De no haber utilizado el famoso tren, el final de la guerra lo habría sorprendido en la distante y neutral Suiza, con lo cual el minuto óptimo y adecuado se habría perdido.

De alguna forma, por puro azar, dos hijos de España, gracias a sus cualidades personales, pasaron a jugar un papel relevante en la Guerra Hispano-Norteamericana: el jefe de las tropas españolas en la fortificación de El Viso, que defendía el acceso a Santiago desde la altura de El Caney, un oficial  que combatió hasta ser mortalmente herido, causándoles a los famosos Rough Riders -jinetes duros, norteamericanos organizados por el entonces Teniente Coronel Theodore Roosevelt, que el precipitado desembarco lo tuvieron que hacer sin sus fogosos caballos-  más de trescientas bajas, y el Almirante que, cumpliendo la estúpida orden del Gobierno español, zarpó de la bahía de Santiago de Cuba con la infantería de marina a bordo, una fuerza selecta, y salió con la escuadra de la única forma posible, que fue desfilar con cada barco, uno por uno, saliendo por el estrecho acceso frente a la poderosa flota yanki, que con sus acorazados en línea disparaban sus potentes cañones sobre los barcos españoles de mucho menor velocidad y blindaje. Como era lógico, los buques españoles, sus dotaciones de combate y la infantería de marina fueron hundidos en las profundas aguas de la fosa de Bartlett. Sólo uno llegó a pocos metros de la orilla del abismo. Los sobrevivientes de aquella fuerza fueron hechos prisioneros por la escuadra de Estados Unidos.

La conducta de Martínez Campos fue arrogante y vengativa. Lleno de rencor por su fracaso en el intento de pacificar la Isla como en 1871, apoyó la política ruin y rencorosa del Gobierno español. Valeriano Weyler lo sustituyó en el mando de Cuba; éste, con la cooperación de los que enviaron el acorazado Maine a buscar justificaciones para la intervención en Cuba, decretó la concentración de la población, que ocasionó enormes sufrimientos al pueblo de Cuba y sirvió de pretexto a Estados Unidos para establecer su primer bloqueo económico, lo cual dio lugar a una enorme escasez de alimentos y provocó la muerte de incontables personas.

Así se viabilizaron las negociaciones de París, en la que España renunció a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba, después de más de 400 años de su ocupación en nombre del Rey de España a mediados de octubre de 1492, tras afirmar Cristóbal Colón: "esta es la tierra más hermosa que ojos humanos vieron."

La versión española de la batalla que decidió la suerte de Santiago de Cuba es la más conocida, y sin duda hubo heroísmo  si se analiza el número y los grados de los oficiales y soldados, que en la más desventajosa de las situaciones defendieron la ciudad, haciendo honor a la tradición de lucha de los españoles, que defendieron su país contra los aguerridos soldados de Napoleón Bonaparte en 1808, o la República española contra la embestida nazifascista en 1936.

Una ignominia adicional cayó sobre el comité noruego que otorga los premios Nóbel, al buscar ridículos pretextos para conceder ese honor en el año 1906  a Theodore Roosevelt, que fue electo dos veces Presidente de Estados Unidos en 1901 y 1905. Ni siquiera había quedado clara su verdadera participación en los combates de Santiago de Cuba al frente de los Rough Riders, y pudo haber mucho de leyenda en la publicidad que recibió con posterioridad.

Yo sólo puedo dar testimonio de la forma en que la heroica ciudad cayó en manos de las fuerzas del Ejército Rebelde el Primero de Enero de 1959.

¡Entonces las ideas de Martí triunfaron en nuestra Patria!