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CUBANÍA TOTAL

EL OUT MÁS OLÍMPICO EN LA HISTORIA DE LA PELOTA EN CUBA

EL OUT MÁS OLÍMPICO EN LA HISTORIA DE LA PELOTA EN CUBA

Por Amador Hernández Hernández (Escritor).


Para mi abuelo Cheo Perico, que solía dormirme con este relato; para los viejos peloteros de mi central Constancia E.


Las emociones que se viven serie tras serie de pelota en toda la isla y mi fracaso por no haberme convertido en una gran estrella de esta pasión, trajo a mi memoria aquel memorable juego celebrado antes del triunfo revolucionario en el terreno de pelota del entonces central Constancia E —hoy Abel Santamaría—, donde la novena de Los Azucareros del Constancia venció una carrera por cero a un reconocido club de zona aledaña. 


El enfrentamiento debía comenzar alrededor de la una de la tarde. Desde muy temprano los fanáticos se habían apoderado de las pocas gradas hechas a base de tablones y raíles de ferrocarril. Los que no alcanzaron asientos se subieron en las ramas de los árboles más cercanos, en los techos, e incluso el Mulato, desmochador de palmas, trepó con sus arreos hasta el copito de una que se hallaba tras la pizarra que marcaba las estadísticas del juego. Los jinetes se mantuvieron sobre sus monturas. Mujeres con sus hijos compraban golosinas de todo tipo, los hombres se atragantaban con buenos buches de Bacardí, el Ron de Cuba, otros refrescaban con la Hatuey, mientras las bellas señoritas saboreaban con deleite los helados, durofríos  o cariocas con los que los comerciantes mejoraban su estado financiero.


Por los altoparlantes se anunciaba la proximidad del juego. A la música del Benny se unía el jolgorio de los aficionados. Diez minutos antes de comenzar el partido, el director de Los azucareros del Constancia se percató de que su jardinero derecho no había llegado. Era la época en que los peloteros no se especializaban en la defensa de una sola base. Eran movidos de sus posiciones cuando la situación del juego así lo requería: un pitcher que explotaba se iba a cubrir una posición en el campo, el reemplazado pasaba a ser relevista y así de cambio en cambio transcurría el partido. 


Cuando solo faltaba un minuto para dar la voz de ¡play! El hombre que cubriría el right field enviaba un mensaje muy explícito: “Lo siento, la rabinegra está de parto y no puedo dejarla sin los auxilios.” Sin lugar a dudas, la vaca no había encontrado peor hora para rajarse con un ternero.


A punto de tener que anunciar la suspensión del juego, el director descubrió que muy cerca del dogoult se encontraba un joven de tez trigueña, gorra militar y zapatones torcidos; en la mano izquierda un guante y para arroparle el torso una camiseta de Los Elefantes de Cienfuegos. La pinta es de pelotero, se dijo el director.


—Eh, muchacho, ¿te gustaría jugar hoy en la banda derecha?


El muchacho con pinta de buen pelotero era nada más y nada menos que Cholo el cojo. Un lisiado que apenas si salía de su conuco, pero como era domingo, día de juego y de darse algunos licores, había decidido estirar su cojera por el batey del central. Gustaba de hacerse acompañar por aquel guante que su abuelo le había regalado cuando cumplió los cinco años de edad. Nunca imaginó que un accidente le robaría el más hermoso de sus sueños de niño: tocar la gloria con la punta de un guante.


Cholo hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. Pero al cruzar la puerta que daba acceso al terreno del hoy estadio Aurelio Janet, le pareció muy, pero muy grande aquella explanada verde para su pierna renga.Bajo una gritería ensordecedora más los cencerros, las cornetas, los tambores, los relinchos y otros ruidos cercanos, el árbitro principal daba la voz de: ¡A jugar!


El equipo visitante regaló los dos primeros out a ritmo de conga. Esa tarde el guajiro Segundo Pérez mostraba un control excelente con sus endemoniadas curvas. El tercer hombre, un zurdo que sacaba el bate a la velocidad del rayo, conectó una línea bajita pegada a la línea de fout. Cholo, al ver el batazo, se lanzó en loca carrera para, al menos, tapar la pelota. La línea que venía rompiendo el aire y Cholo, que obligaba a su pie rengo a realizar un esfuerzo extraordinario, no se percató de que uno de los tobillos se le había torcido y que él se iba al suelo como lanzado por un cohete. Al caer Cholo con todo el peso de sus veinticinco años sobre la grama, sintió un golpe contundente debajo del cuello. Fue lo último que sintió en ese momento. Cuando sus compañeros lograron ponerlo de pie, vieron como la pelota se le había colado dentro del pulóver de Los Elefantes. Ahí mismo gritaron ¡Out!, ¡Out!, ¡Out!


El árbitro de primera, que se había internado hasta ese jardín, decretó en voz bien alta su decisión, y ahí mismo se formó la primera de muchas protestas. El público festejó de lo lindo la inusual forma de sacar out y desde ese momento Cholo se convirtió en el centro de miles de miradas. No podían creerlo sus compañeros de equipo: el novato se había convertido en el showman.


Colocado en el noveno turno, Cholo le hizo swing a una curva hacia afuera con la que logró una rolata lenta y salpicona que enredó al pitcher y al tercera base. El corredor que venía para el home fue quieto y el Cojo se anotaba su primer y único hit del juego y de toda su historia como pelotero.


A la altura del quinto inning, sentía dolor en todo el cuerpo, pero más en la pierna inválida. Dos entradas más tarde había logrado atajar con la pierna enferma un rolling que de haber continuado habrían perdido la ventaja. La pelota chocó con su bota derecha y se levantó un metro, lo suficiente para que el improvisado jardinero la atrapara a mano limpia y vinera corriendo bola en mano hasta muy cerca de la segunda base. Otra vez la bullanga, los aplausos, los vítores…


 El director miró al público primero y al cielo después para rendirle loas al Señor de los Destinos por haberle traído a aquel lisiado, que de pronto se había vuelto otro espectáculo dentro del que dirimían esa tarde. Miró su reloj. Coño, son casi las cuatro. Este juego se me ha ido volando, pensó. Volvió los ojos a la pizarra; allí Pepe Botella había llenado cada hueco con ceros más ceros, excepto el tercer capítulo donde, gracias al novato, su equipo había marcado la única carrera del desafío. Es verdad que cuando el guajiro Segundo —el pitcher de las tres curvas en una— lanzaba y el socarrón de Carrazana recibía, la victoria estaba en el saco.


Por fin, el noveno episodio. Segundo sacó los dos primeros out en fly por el cuadro, pero el último bateador de los contrarios recibió un pelotazo, cosa rara en un pitcher de control casi perfecto, el segundo y tercer bateador se embasaron con toques de bolas ejecutados con excelencia. Vaya modo de complicarse la entrada y de peligrar la victoria. Le correspondía el turno en el home play al zurdo que sacaba el madero como una bala de cañón. 


El director miró para su jardinero y apreció una posibilidad inesperada. Alzó la vista al público el cual pedía a gritos levantar al abridor y relevar con uno de brazo más fresco. Cómo si fuera tan fácil, murmuró el jefe de Los Azucareros. Quitar al guajiro podía ser la debacle del inning. Bases llenas, y soltó una obscenidad.


Los dueños del central —sentados en la mejor posición para ver el juego y de paso controlar mejor al Niño Camejo, jefe del club—  lo llamaron a contar:


—Túmbalo, ese guajiro ya dio hoy todo lo que podía. Hay muchos billetes en juego.


No tenía más alternativa. Pidió time al principal y le retiró la pelota al pitcher. Entonces el director tuvo un alumbramiento con lo que dejó a los miles presentes con la boca abierta. Enmudeció el graderío, callaron los vecinos, enmudeció el central a diez kilómetros a la redonda: el novato era llamado al montículo. Se volvió loco el tipo este, pensaron a la vez miles de cerebros. 


En sus siete envíos de calentamiento, Cholo no acertó ni una vez la zona de strike.


—¡Play!— rugió el ampaya, un negrón con cara de pocos amigos.


Silencio de muerte. Carrazana abrió sus piernas todo cuanto pudo detrás del home y señaló con la mascota el centro del pentágono; el nuevo jardinero se persignó; el público mantenía las manos en posición de súplica; el director miraba solamente al cielo y rezaba, rezaba... En aquel capricho le iba la dirección de la novena. 


Cholo se puso de frente al receptor para no cometer balk. Afinó bien la puntería, levantó su pierna renca y poniendo el alma en el lanzamiento soltó la bola, que venía como un cuchillo de mago circense hacia el rostro del zurdo, quien en un movimiento defensivo no pudo evitar que el bate rozara la pelota y saliera un “palomón” hacia la lomita de lanzar. Cholo gritó: “¡Mía, mía!” 


El director agradeció a Dios; el público suspiró feliz; los dueños del central se tocaron avaramente los bolsillos; Benny alentó la orquesta con su habitual movimiento de batuta; el bateador soltó una palabrota que despertó a Pepe Botella; la segunda, la tercera y el short stop sitiaron al pitcher para ser los primeros en cargarlo por todo el terreno; ya venía la esférica directa al guante que el abuelo le había regalado a Cholo cuando hubo cumplido los cinco años, ya iba a cerrarse para la captura definitiva de la redonda cuando caprichosamente esta rebotó en la cabeza del baldado y se elevó, como una bolita de ping-pong, por el aire. 


Acaso unos milisegundos: el silencio volvió adueñarse del estadio, el director iba a maldecir a todos los seres celestiales, los sitiadores del lanzador se disponían a lincharlo, el bateador zurdo emprendía una desesperada carrera hacia la primera almohadilla en el instante mismo en que la mascota del más socarrón de todos los cátcher de la isla se engullía la pelota antes de que esta hiciera contacto con el césped. —¡¡¡Out!!!— gritó el ampaya de home con la misma rapidez con que entró el oxígeno en los miles de pulmones que amenazaban con asfixiarse.


Al levantarse, Carrazana se percató de que su rodilla derecha había perdido unos centímetros de pellejo.Lástima entonces que la prensa escrita, radial y televisiva no hubieran podido guardar para la posteridad ese out, el más olímpico en la historia de la pelota cubana.

MARTÍ EN LA ESTÉTICA DE BALLAGAS

MARTÍ EN LA ESTÉTICA DE BALLAGAS

Por Luis Machado Ordetx


(Fragmento de un libro en preparación sobre el pensamiento de Martí en escritores cubanos durante las cinco primeras décadas del siglo XX).


En la literatura, también en el periodismo, persiste un desciframiento de lo simbólico, de circunstancias transhistóricas. El hecho artístico recala más allá del signo lingüístico. En eso reside, como aseguró Jorge Luis Borges,  el examen de la capacidad de una obra literaria o periodística. El texto se desprende del escritor y continua vivo, inalterable, en otros tiempos. 


La exigencia, desde una perspectiva sincrónica, afianza la reflexión. ¿Qué dice Martí en permanencia insoslayable dentro del pensamiento ideoestético y la creación artística de una época indeterminada y en la escritura de otros hombres?


Esa es la huella, y la localizamos en la misión periodística y por encargo que desplegó el poeta Emilio Ballagas Cubeñas (1908-1954), quien al margen de su quehacer poético y pedagógico, reclamó, en este sentido, una revalorización puntual. 


¿Por qué? La crítica y la historia de la Literatura Cubanas no han reparado de una manera íntegra en ese rastro singular, de pertenencia martiana, de fulgor nacionalista. Incluso, han especulado más, sobre todo en el plano poético —el de mayor realización artística en Ballagas—, sin determinar cuál sintetiza  la envergadura o infinitud de lo que Humberto Eco denomina “lecturas posibles” aludidas y admitidas en una escritura. En tal sentido, Luis Álvarez Álvarez tiene absoluta razón cuando expone: «Extraña permanencia la de Emilio Ballagas en nuestra poesía, donde se mantiene como un recinto aislado o una peligrosa excepción. La crítica, década tras década, parece estar más dispuesta a concederle algún sitio, uno cualquiera, que a descubrir el suyo exacto».1


La perspicaz observación condena también al escritor camagüeyano a una exclusiva valoración de la poesía. Cierto es que esa constituyó la mayor amplitud artística. No fue la única y definitoria en un corpus literario de marcada dimensión histórico-cultural. Todo está dado por una visión reduccionista que condena la extensión más abarcadora de su escritura literaria. Álvarez Álvarez propone y fustiga, y da horizontes para la búsqueda puntual. También olvida de manera tangencial otra parte trascendente del servicio social, profesional y cultural que legó Ballagas a su tiempo. O sea, las influencias, el ejercicio del periodismo, la ensayística y la pedagogía, contenidos todos en columnas que sustentan una visión  orgánica o aclaratoria del escritor. 


Tal parece que Ballagas dejó una admonición a la contemporaneidad. Al recordar al poeta y dramaturgo español  Fray Félix Lope de Vega y Carpio, precisó que «[…] el hecho de celebrar un centenario no ha de ser en sí mismo un fin, sino instrumento para acercarnos al genio…»2 En Lope de Vega, el articulista José Martí también reconoció que en su «[…] frente cabían todos sus dramas…»3

Con Ballagas diría más: no “acercarnos” como aseguró el poeta, al genio literario, al puro individualismo histórico, sino a una época y su trascendencia a la posteridad. 
En 2008 dos libros saldaron las deudas con Ballagas, justo en su centenario de natalicio. El lector cubano tuvo un re(encuentro), uno más, con la magistral poesía y la prosa que el escritor camagüeyano ofreció a la Historia de la literatura nacional y universal. Por desgracia, ambos textos4  —debido a un diferendo del heredero por los correspondientes derechos de autor—, están condenados a circular exclusivamente en Cuba. Ese suceso no lastra una eternidad de encantamiento con un discurso literario de inaudito acabado estético. En realidad, ese escritor pertenece a la residencia  enciclopédica del pensamiento humanístico de cualquier época.


 Octavio Paz afirmó que el «[…] hombre que se distrae, niega el mundo moderno…»5 Con Ballagas, en una superficie u otra, sustentamos esos “instrumentos” que exigió para adentrarnos en los vericuetos de la averiguación histórica. Ahí se incita un cúmulo sostenido de inferencias  sincrónicas, y también diacrónicas, con el pensamiento humanístico, ideoestético y de cubanía —por el sentido raigal del término— de las exposiciones teóricas y de crítica artística y literaria de Martí. 


El aniversario 90 del natalicio del más universal de todos los cubanos instituyó la exacta fecha que ofreció Ballagas para transmitir a sus coetáneos, y también a la contemporaneidad, qué lo acercó a Martí. Dio las claves para mostrar cuáles representaron sus puntos de contactos más próximos,  y cómo deseó redimir al hombre de aquellos entuertos que deparó la vida en su decurso histórico y literario ante la contemporaneidad cubana. Tenía razón: su generación cultural formada hacia finales de los años 20 del pasado siglo, había recibido un antecedente de honestos intelectuales encargados de reconstruir el paso inquebrantable de Martí por el firmamento de la Patria. 


Fue también el sentido más próximo de exponer una precisión nacionalista, propia, que desatara al país de la “ineficiencia aparente” de los desgobiernos republicanos que operaban desde el “pillaje y la desvergüenza” sobre la conciencia del cubano. Casi cinco décadas estuvo escondida a la crítica y la historia de Cuba la primera alusión directa de Ballagas a la raigambre del pensamiento de Martí.

Está concebida desde una óptica teológica, cristiana, de filiación patriótica y de puro humanismo. El contexto que escogió para esgrimir sus fundamentos, al menos los más abiertos y defendidos, así como las circunstancias del auditorio, y los esfuerzos de escritores villareños agrupados en torno al Club Umbrales (1936-1944), dan inusual valía a la labor comunitaria, cultural, y de reconocimiento al sustento antiimperialista, cubano, independentista y humanístico de Martí.

Era una prueba terminante, demostrativa, de que la «[…] amistad me premia, a mí, que es otro modo de amor…», según la sentencia del Apóstol.6 De enero a mayo de 1943 se dictaron cinco conferencias en la Cárcel de Santa Clara, el principal centro penitenciario de la central provincia de Las Villas.7 Emilio Ballagas, profesor de la Escuela Normal para Maestros, inauguró el ciclo de disertaciones para recordar el jueves 28 de enero el aniversario 90 del natalicio de Martí.

Por tema escogió “La Condición Martiana”, una visión de humildad ecuménica, de evangelio americano. Decantó el poeta las particularidades en las cuales por «[…] el sacrificio cotidiano y la renuncia al fácil enriquecimiento conoceremos en la actualidad a los verdaderos martianos, no por el brillo efímero de la palabra elocuente…»


Un cienfueguero, el poeta Pedro López Dorticós, el miércoles 19 de mayo cerró esas magistrales presentaciones con un esbozo de la “Intimidad en cartas de Martí”, texto que luego completó con el propósito de dar la estatura espiritual del hombre  y del Apóstol en su correspondencia con Manuel Mercado.9 La presencia allí de Raúl Ferrer, Juan Domínguez Arbelo, López Dorticós y Ballagas, los cinco disertantes, refrendó el ánimo de concordia intelectual, y de virtud, en torno al singular ideario americano del cubano universal.  


Volviendo a Ballagas, el poeta sabe a la perfección  que, con Martí «[…] ¿Quién no ayuda a levantar el espíritu de la masa ignorante y enorme, renuncia voluntariamente a su libertad…»10 Cree, como dijo en su “Castillo Interior de Poesía”, que la:
 «[…] salvación del hombre está en el espíritu; la salvación de la poesía también; [porque el] verdadero poeta sabe que el hecho lírico puro es inefable e incomunicable y, conciente de esta realidad, habla como él “sabe” y “puede”, como el que sabe poco y puede mucho, como el que se alza sobre los talones sin acercarse al cielo ni más ni menos, pero soñando que su frente se quema en azul místico...»11 


Era, como puntualizó, engrandecer el gesto humano, atalayar y perdurar sus esencias sin importar que las formas o las actuaciones cambien a partir de las circunstancias. Marcó la confidencia por el “Homo Hominis Lupus”, como si espetara, o repitiera a voz ardiente, con Martí a su Ismaelillo: «Hijo: Espantado de todo, me refugio en ti. Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud.»12 A partir de esa cualidad, devoción y condición absoluta de la mirada de Martí hacia los hombres, Ballagas destacó un realce para el ser social, y lo apreció desde la óptica del pedagogo y del escritor, como cualidades inherentes a una exquisita existencia patrimonial de todos los cubanos.


Ya en «Castillo Interior», había dicho antes que «En una época de colaboración en que la comunidad de bienestar es anhelo ecuménico, un ansia de los espíritus auténticamente cristianos inspirados en la fe de los grandes fundadores, el poeta no ha de quedarse solo en poeta, sino fundirse amorosamente al hombre, a su hermano...»13 El apunte de Ballagas tiene un colofón, un escenario en el cual Martí sugirió que «Solo los necios hablan de desdichas, o los egoístas. La felicidad existe sobre la tierra; y se la conquista con el ejercicio prudente de la razón, el conocimiento de la armonía del universo, y la práctica constante de la generosidad…»14 


Ese artículo, aparecido en la edición de La América, de Nueva York, en mayo de 1884, explicó  circunstancias inseparables a la naturaleza humana y a los estados de “prosperidad” constante: ser bueno es el único modo de ser dichoso; ser culto es el único modo de ser libre. Fue esa la propagación que quiso legar Ballagas a la posteridad con su inicial conferencia.


También representó el ánimo que insufló el Club Umbrales a los convocados a las cinco disertaciones. No eran hombres doctos, tampoco pedagogos los que exigió Martí en su puntualización de los “Maestros Ambulantes”, sino conversadores para redimir la ignorancia, fomentar cultura, y salvar al hombre. Los cuatro disertantes elegidos —Ballagas tuvo dos presentaciones— para presentarse ante un inusual auditorio, más allá de sus respectivas profesiones, tenían un fervor humanístico y lealísimo al sueño cumbre de Martí: el ansia de total libertad de la patria y la concordia entre todos.


Desde esa fundamentación, Ballagas va al hallazgo de la visión teológica, humana y sincera de la prédica martiana. Por eso rebuscó en su propia fe religiosa, y también indagó y exteriorizó el  conocimiento que tiene sobre el misterio de la Santísima Trinidad. Hizo énfasis en el presagio de la muerte, y en determinados pasajes bíblicos que rebosan el crecimiento espiritual, no como obra efímera, sino como sustancia cósmica, imperecedera.


Cree en la certeza de la historia de la humanidad, e invocó entre los reclusos y carceleros que «[...] Hay más dicha en dar que en recibir». HCH 20.32-35. Alabó por el «¡Dichoso aquel que usa de su libertad sin cargos de conciencia!...» RO 13.22, y porque todos «Dejen caer el rocío, ¡oh cielos!, desde las nubes dejen llover la justicia». IS 45.8.15 


¿Por qué ese tono expositivo, de vehemencia y liturgia sacramental, bíblica? ¡Ah, Ballagas recurrió con insistencia a una frase antológica de Martí! Recordó con el Apóstol que  «En la cruz murió el hombre un día, pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días».16 La cruz, alada en este caso, es valorada como alegoría, como un símbolo, una sentencia, un destino procreador de la vocación independentista, bolivariana, antiimperialista, antirracista y americanista del Cubano Mayor.17


 Ballagas juzgó, desde un “humilde e insobornable entender” que palabra y fe no bastan «[…] porque tenemos que justificarnos también por las obras, oponiendo a la inevitable condición humana la salvadora condición martiana.»18 Tendríamos que volver la mirada hacia los motivos bíblicos, y observar esa analogía azarosa a partir de suceso en el cual  «El espíritu se recibe por la fe», GÁ 3.11. Sin embargo, mayor precisión se encuentra en la lectura a la «Epístola Universal de Santiago», donde se sentencia que «Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, sino se demuestra con hechos, es cosa muerta», STG. 2.17.

Mayor denotación refrendó el poeta cuando aludió a que  «Tal vez alguno dirá: Tu tienes fe, y yo tengo hechos. Muéstrame tu fe sin hechos, y yo te mostraré mi fe con mis hechos». STG. 2.18. De igual modo  ilustró  ese acontecimiento humano y espiritual al clamar que «Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe», STG. 2.24.19 


La palabra y la razón son inmensas, dijo Martí. Un mayor destinatario afloró cuando el  «[…]  pensamiento se ha de ver en las obras. El hombre sólo cree en las obras. Si inspiramos hoy fe, es porque hacemos todo lo que decimos. Si nuestro poder nuevo y fuerte está en nuestra inspirada unión, nos quitaríamos voluntariamente el poder si le quitásemos a nuestro pensamiento su unidad».20 Esa  mirada retrospectiva la encontramos en el pensamiento de Ballagas cuando anunció en su “Castillo Interior”, de manera sentenciosa, que «[…] lo humano también es monstruoso en la medida que se aparta de la semejanza divina impresa en la criatura por el Creador».21 


Los pronunciamientos de Ballagas se sustentan desde una óptica ecuménica, cristiana, ya lo dije antes, a partir de profunda filiación religiosa que alcanzó un parangón singular en su visión literaria y periodística. Por tal razón pretende, como dijo en esa conferencia leída en la Sociedad Cultural Ateneo de Villaclara, cinco días antes de la presentación de López Dorticós en el reclusorio provincial, que la «[…] salvación del hombre está en el Espíritu; la salvación de la poesía también…»22 Entiende y defiende ese «estado de gracia, de concordia y confraternidad» que engrandece la obra de lo humano y hace perdurar sus esencias, aunque las formas espirituales y de actuación social cambien o se transformen de manera afirmativa en la mirada del entorno comunitario. 


Allí insiste en que el poeta está consciente que “todo hecho lírico puro es inefable”, como aludiendo a Martí en un encantamiento sublime. Al cierre de la disertación, dice el camagüeyano: «Salgamos, no cada año, sino a cada paso, a dar testimonio de la ética y de la estética martiana, ya que ambas se integran en una sola pieza: la vida honesta como obra de arte. Que no en vano dijo Keats, el poeta inglés: “Verdad es bondad y bondad es belleza, y esto es todo lo que necesitas saber”».23 
Es como recordar el probo pronunciamiento del Apóstol en sus “Maestros Ambulantes”: «Solo los necios hablan de desdichas, o los egoístas. La felicidad existe sobre la tierra; y se la conquista con el ejercicio prudente de la razón, el conocimiento de la armonía del universo, y la práctica constante de la generosidad…»24

Ahora, ¡qué raro! ¿Por qué Ballagas hace un recordatorio en torno al ideario poético, ensayístico y filosófico del inglés John Keats, un hombre de espíritu protestante, antibíblico, muy diferente a su credo religioso y estético? No brota otra explicación que atribuirlo a la carácter de la naturaleza y a la vida cotidiana como atributos insustituibles de la experiencia sentimental, el paisaje amoroso y el mundo “caballeresco” que determinan el conocimiento que encierra todo desempeño humano.


 Tal como indicó Ballagas, es como un atributo de virtud. Desde la oscuridad percibe la luminosidad y el sentido de la vida intrínseca a cuánto de «excelencia» e indulgencia asisten a la «condición humana» en la reafirmación activa dentro de una sociedad. Cierto es que el poeta camagüeyano constituye un hombre de amplia cultura universal, de dominio fluido del idioma inglés, y personifica una cualidad positiva para impregnarse de todas la fuentes del saber. No tiene fronteras que lo dispersen de cualquier conocimiento, y disfruta del gusto predilecto de Martí por la lírica cautivadora de un escritor del calibre de Keats, impuesto con marcados parangones en la recreación de un contexto de perfecta divinidad. 


NOTAS:


1- Luis Álvarez Álvarez (2004): «Emilio Ballagas, desde este fin de siglo», en Saturno en el espejo y otros ensayos, p.109, Ediciones UNIÓN, La Habana.

2- Emilio Ballagas (2008a): «Centenario de Lope», en Prosa (Selección, prólogo y notas de Cira Romero), p. 379, Editorial Letras Cubanas, La Habana.

3- José Martí (1975): «El Centenario de Calderón», en Obras Completas, tomo 5, p. 125, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

4- Cfr. Emilio Ballagas (2008): Obra Poética, (Compilación y Prólogo de Enrique Saínz), Editorial Letras Cubanas, La Habana, y Emilio Ballagas (2008): Prosa, Ob. cit.  

5- Octavio Paz (2003): El Arco y la Lira, p. 38, Fondo de Cultura Económica, México.

6- José Martí (1975): «Carta a Fernando Figueredo”, en Obras Completas, tomo 1, p. 294, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

7- Fue frecuente que los intelectuales de la localidad hicieran visitas y sesiones culturales en centros penitenciarios villareños. Desde principios de la sexta  década de siglo XIX, en 1862, la cárcel de Santa Clara, destinada a detenidos por causas «políticas» o comunes,  estuvo radicada en las actuales calles Villuendas, esquina a Carretera Central. A partir de 1931 tuvo al frente la Audiencia de Las Villas, con el propósito de efectuar y agilizar los procesos legales. Ese lugar, desde 1977, dejó de ser centro penitenciario, y tras una readecuación de sus instalaciones, se convirtió en escuela especializada para la enseñanza de niños ciegos o débiles visuales. Cfr. Luis Machado Ordetx (2006): Kilates del testigo, 61-86, Editorial Capiro, Villa Clara.

8- El texto, hasta 1991, estuvo parcialmente inédito dentro de la vasta papelería escrita por Emilio Ballagas durante su permanencia profesional y literaria en Santa Clara. Su original se localizó en 1988 en la documentación que el declamador presentó al autor. Cfr. EMILIO BALLAGAS: «La condición martiana», en Anuario Martiano, sección Vigencias, (14): 258-259, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1991.

9- Cfr. Pedro López Dorticós: «Intimidad de Martí en sus cartas a Manuel Mercado», Conferencia leída en la sesión celebrada el 30 de marzo de 1950 en la Academia Nacional de Artes y Letras, en Anales de la Academia Nacional de Artes y Letras, tomo XXXI, año XXXVI, pp. 126-171, La Habana. Las disertaciones  anteriores correspondieron a Juan Domínguez Arbelo con “Martí, crítico teatral” (jueves 25 de febrero), y  a Raúl Ferrer Pérez con “Martí y sus Versos Sencillos”, dictada el 22 de abril de 1943.

 10-José Martí (1963): «Carta al Director de La Nación, Nueva York, junio 7 de 1884», en Obras Completas, tomo 10, p. 60, Editora Nacional de Cuba, La Habana.

11- Emilio Ballagas: (2008a): «Castillo Interior de Poesía», Ob. cit., pp. 288-289.

12-José Martí (1964): «Ismaelillo», en Obras Completas, tomo 16, p. 17, Editora Nacional de Cuba, La Habana.

13- Emilio Ballagas (2008a): Ob. cit., p.  289. 

14- José Martí (1975): «Maestros Ambulantes»,  en Obras Completas, tomo 8,  289, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

15- Cfr. La Biblia, Dios Habla Hoy, (1993): Sociedad Bíblicas Unidas, México.  

 16- JOSÉ MARTÍ PÉREZ (1963): «Carta a Gonzalo de Quesada y Aróstegui», en Obras Completas, tomo 1,  Ob. cit.,  p. 28.

17- Cfr. JOSÉ MARTÍ (1981): «Carta a Manuel Mercado», en Obras Escogidas, tomo 3 (Noviembre, 1891-Mayo, 1895), pp. 576-579, Editora Política, La Habana.

18- Cfr. EMILIO BALLAGAS: «La condición martiana», en Anuario Martiano, sección Vigencias, (14): 258-259, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1991.

19- Cfr. BIBLIA DEVOCIONAL DE ESTUDIO [ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO] (1996): Versión de Cuasimodo Reina (1569), revisada por Cipriano Valera (1602). Otras revisiones: 1862; 1909 y 1960: La Liga Bíblica, Sociedades Bíblicas en América Latina, Estados Unidos.

20- JOSÉ MARTÍ (1963): «Generoso deseo», en Obras Completas, tomo 1, Ob. cit., p. 424.

21- Cfr. Emilio Ballagas: «Castillo Interior de Poesía», revista Letras Cubanas, 3(11): 246-291, La Habana.

22- Emilio Ballagas (2008a): Ob. cit., 9823- Idem., p. 25924- José Martí (1975): Ob. cit., tomo 8, p. 289

MARTÍ, LA CLAVE CUBANA

MARTÍ, LA CLAVE CUBANA

Por Luis Machado Ordetx

Pancho Majagua, la voz prima que interpretó por vez primera una de las más antológicas canciones patrióticas de Cuba, la clave “A Martí”,  dejó en 1958 una asombrosa duda.  El integrante del dúo más antiguo de Cuba confesó a Guillermo Villarronda quién fue el autor de un texto histórico que ha recorrido el mundo.


 La investigación musicológica nacional todavía carece de una respuesta a la revelación, y atribuye los derechos a otro compositor. El reportaje “¡Yo sé que me estoy muriendo!”, fue una exclusividad de la revista Bohemia.1 Está estructurado a partir de un diálogo que sostuvo el periodista con el habanero Francisco Albo Salazar —Pancho Majagua— (1876-1966), y con el espirituano Carlos Díaz de Villegas (Tata) —1886-1989—,  en la localidad capitalina de Regla, donde residía el primero. 


El testimonio de esos trovadores, miembros del dúo más antiguo de Cuba formado en 1904, declaró que la clave “A Martí”, fue escrito por Silvestre Iglesias. El texto está concebido para aquellos formatos vocales que hacia finales del siglo XIX coparon la popularidad en barrios humildes de La Habana.

La voz del dúo: el primo y el segundo se imponen a partir del rasgueo de la guitarra y el estremecimiento de las cuerdas: «Aquí falta, Señor, ¡ay! una voz,/ De ese sinsonte cubano,/ De ese mártir, de ese hermano/ Que Martí se llamó.» Acto seguido las voces se confunde, y hacen una sola abrazadas de inigualable armonía: «Martí no debió morir./ Si fuera el maestro y el guía,/ otro gallo cantaría/ la patria se salvaría/ y Cuba sería feliz.» 


Esas son las estrofas fundamentales del discurso poético, y también de la soberbia vibración musical. Fue interpretada, de acuerdo a la confesión, en 1914.

Eran tiempos de pugnas políticas entre liberales y conservadores, y la economía de isla era saqueada por los Estados Unidos. 


Una voz propia, nacionalista, la trasladó Iglesias, el compositor casi anónimo, al espectro sonoro cubano. Los Diccionarios de la Música —escritos por Helio Orovio y Radamés Giró en 1981 y 2010, respectivamente— no hacen mención a ese autor, quien al parecer, resulta un anónimo. Por fortuna la entrevista-reportaje de Villarronda salda una deuda, aunque todavía se endosa la primera autoría a José Tereso Valdés. También se dice que Emilio Villillo, otro compositor cubano, le incluyó mejora a la letra y la música. Esto segundo no es cierto, y lo aclaran Majagua-Tata. ¿Qué dicen?


La historia que reconstruye Villarronda parecer ser la más acertada. Está elaborada a partir de los primeros testigos que interpretaron la clave “A Martí”, cantada por vez primera en Regla, la población costera visitada en reiteradas ocasiones por el Apóstol en su juventud. Allí tenía que recordársele, sobre todo por su presencia en la velada inaugural del Liceo Artístico y Literario de Regla, efectuada el 8 de febrero de 1879. Era el preludio de la defensa por el “patriotismo y civismo, la unión de todos los cubanos para la lucha por la libertad de Cuba”, según anunció en aquella ocasión el más universal de todos los nacidos en la Isla.


Pancho Majagua aclaró que «Mi madre y yo vivíamos en la capital venezolana, en las llamadas “alcobas” —especie de casas de apartamientos— y allí había un señor bajito, de frente inmensa, a quien acompañé a Maracay, donde le fue ofrecido un banquete. Eso ocurrió en 1893, un año después que el general Joaquín Crespo derrocó al presidente Raimundo Anduela palacio. Pues bien: tengo la seguridad de que se trataba del Apóstol José Martí.» Tata Villegas afirmó —dijo Villarronda—: «Siempre ha dicho eso. Lo que es, sin duda, un verdadero privilegio.» 


La clave “A Martí”, escrita por el mandolonista Silvestre Iglesis, empleado de la Cuban Cane, era un partidario del partido Conservador, y murió en La Habana en 1950, antes de la entrevista-reportaje que hizo Villarronda al dúo Majagua-Villegas. De acuerdo a lo dicho por Villegas, fue escrita «especialmente para los Colegiales de Regla”, una comparsa, cuya finalidad era “tirarle” al gobierno de José Miguel (Gómez). Según él, la música era matancera. Nosotros, con el propio autor —ya lo dijo “Pancho”— la dimos a conocer en estreno en el teatro “Martí”. Un éxito sin precedente nos premio. Al poco tiempo Villillo, un cantante de aquella época, preguntó a “Majagua” si lo autorizaba a registrar la obra. “Pancho” contestó que, como no era suya podía hacer lo que le conveniese. Posteriormente Villillo se entrevistó con Ernesto Lecuona, le aseguró que pertenecía a su cosecha y el Maestro la transcribió en el cine “Orión” que se encontraba en reina y Amistad.» A continuación, «Tata murmuró con tierna solemnidad: ¡Esa es la verdad, y la verdad nunca puede ser aplastada!»  


Esa canción patriótica también ha sido interpretada por Lalita Salazar, y las Hermanas Márquez y también las Hermanas Martí. Después de 1959 la maestra Cuca Rivero compuso otra letra, a partir de la escrita por José Tereso Valdés, en la cual se reflejan aspectos de las justicias conquistadas por el pueblo cubano. Todas tienen una base discursiva única, expuesta por el dúo Majagua-Villegas, los primeros propagadores de la clave “A Martí”, la canción patriótica más difundida en Cuba. 


Nota:1- Guillermo Villarronda: “!Yo sé que me estoy muriendo!, en revista Bohemia, 50(17): 29-31; 142, La Habana, 27

CUBA CONTEMPORÁNEA, EN LA HUELLA DE LA HISTORIA

CUBA CONTEMPORÁNEA, EN LA HUELLA DE LA HISTORIA

Por Luis Machado Ordetx


La revista Cuba Contemporánea cumplirá en enero de 2013 su primer centenario de existencia. Constituyó el proyecto más abarcador de expresión cultural y auto(interpretación) del contexto nacional de la Isla —incluso de revisión histórica del siglo XIX, y del decurso latinoamericano e internacional—,  ocurrido entre 1913 y 1927, fechas ininterrumpidas de la publicación mensual.


 Sin embargo, todavía se malinterpretan de manera panorámica, y hasta simplista —por no decir reduccionista— los estudios económicos, políticos, sociales, religiosos y administrativos del país — así apunta su programa editorial abarcador—, expuestos en sus páginas. 


Tal vez las causales estén determinadas porque algunos historiadores al analizar los textos “pidan peras al olmo” y acusan a sus redactores y colaboradores de no llegar a las raíces de los problemas que allí se exponen desde posiciones reformistas, propias de un singular nacionalismo liberal con marcadas implicaciones de solidaridad latinoamericana.


El crítico literario marxista-leninista José Antonio Portuondo, hace precisiones pertinentes. A pesar de la síntesis que aborda el tema, concuerda, dice, con Pedro Salinas en que las « […] revistas son, para mí, uno de os indicios más claros para estudiar en lo vivo la preparación de un nuevo estado espiritual…»1  


Portuondo traza claves: la publicación se erige en puente entre la Revista de Cuba, la Revista Cubana y la ulterior proposición vanguardista de la Revista de Avance, y sus inspiraciones estuvieron dadas el la exposición de un contexto de fidelidad de la cultura y la expresión nacional recogida por otras ciencias. 


En Cuba Contemporánea no existe neutralidad. Está la declaración nacionalista, antiimperialista y antiinjerencista de sus redactores, y el análisis consciente de los problemas propios y las vías, de acuerdo a un pensamiento eminentemente cubano, de resolver aquellos males que de una manera u otra azotan el interior o provienen del exterior del país. La huella estriba en la conciencia nacionalista que dejó en su tiempo y en los alcances ulteriores por resistir y preservar la identidad y los valores culturales que avalaron lo cubano frente a presuntas y evidentes imposiciones foráneas al espíritu nacional.


Ante la paradoja nacional que inició el siglo pasado, dos discursos parecen contrapuestos: el narrador Jesús Castellanos, fundador de la Sociedad de Conferencias (1910) e instigador de la fundación de una “revista” que recogiera el sentir nacional, y el espíritu de José Sixto Solá, uno de los redactores de Cuba Contemporánea. ¿Dónde está la aparente y, en el fondo, nula controversia?


Al morir Castellanos (1879-1912), el primero de los tomos que recogen su dispersa obra, llevó por título Los Optimistas.2  Esa idea tal vez surgió a partir de una opinión de Max Henríquez Ureña, cofundador de la Sociedad de Conferencias y panegirista del narrador. Eso no está explicitado en ninguna parte, pero tiene su fundamento en la nota preliminar del texto. No por gusto el miércoles 28 de febrero de 1912 en la Academia Nacional de Artes y Letras Castellanos presentó su conferencia “La Alborada del Optimismo”,3 en la cual apeló a una idea de Voltaire y su semejanza con otra diseñada por José Enrique Rodó con análogos diseños: el abono de lo propio a partir de la reformulación del espíritu nacional. El miércoles 6 de noviembre de 1910, al abordar a “Rodó y su Proteo”4 resultó más profético al sustentar que:


«[…] es lo cierto que nuestro país ofrece hoy el más desconsolador alarde de utilitarismo mezquino y de desamor a cuanto significa reflexión, arte, poesía, noble ocio en el sentido fecundo que concentraba esta expresión entre los antiguos. Y este descenso de nuestro nivel intelectual se acentúa si se compulsa bien lo que significa en realidad para el vulgo de Cuba esta noción del hombre práctico. El hombre práctico es aquel que se especializa en una forma de trabajo productivo y fuera de ella no encuentra campo ni estudio digno de observación […]; el hombre práctico es la máquina de ganar dinero sin trascendencia para la sociedad, es el médico ignorante de la Biología y que solo sirve para despachar recetas o certificados de defunción, es el abogado sin ortografía que desconoce lo que fueron Gracia y Roma y no sabe ni siquiera la historia de su propia tierra, es en suma el comerciante para quien el universo se circunscribe en la cotización de los azúcares, para quien los magnos problemas de la patria están por modo exclusivo supeditados  al próximo resultado de la zafra; menguada clase dirigente a la que tal vez algún día habrá que pedir estrecha cuenta de la desmembración y la ruina de nuestro país.»5


Palabras elocuentes. En “los dos peligros de América”, Castellanos enfiló su mirada crítica, como dice, sobre «[…] esta América taciturna y desangrada […] de las dolencias sociales del Continente y su más practicable terapéutica…»6 Su análisis se detuvo en El Porvenir de la América Latina, escrito por el argentino Manuel Ugarte, y en La reconquista de América, expuesto por Fernando Ortiz. El primero, indicó, va al peligro yankee, y el otro al peligro español, son sus palabras. La tesis de Ugarte es «[…] el espanto de la segura absorción de la América Latina por la Gran República del Norte […], cierto es que en los estados Unidos se ha padecido por algunos hombres representativos la locura imperialista…»7 Sin embargo, Castellanos en su afán crítico subestimó las consideraciones de Ugarte y lo acusó de mirar a América Latina, y en especial a Cuba, con ojos eruditos del europeo.  Al precisar los conceptos de Ortiz, declaró, que el:


 «[…] fenómeno social del panamericanismo  que de pocos años, ha aparecido en la atmósfera americana, precisamente como remedio moral contra la invasión del espíritu del Norte. “El panahispanismo, dice Ortiz, abarca la defensa y expansión de todos los intereses morales y materiales de España en otros pueblos de lengua española” […] Este es un libro de improvisación, recuento de trabajos periodísticos, en que la inteligencia […] ha dejado correr la pluma en la más febril y galana prosa, como en un juego caligráfico de pendonista. Solo que en los juegos de ciertos espíritus de selección hay siempre un profundo sentido filosófico, y la floja madeja de estos artículos apenas hilvanados contiene cuanto se pudiera decir sobre la oportunidad de este movimiento de regresión sostenido en América por una deliciosa combinación de poetas criollos y tenderos peninsulares. La discusión de la idea de la raza es simplemente abrumadora, y es preciso convenir en su término en que no se trata ya de formar en América una raza, que nunca existió e una manera homogénea, sino de fortificar y hacer perdurable un tipo de civilización, o lo que es lo mismo, una ideología moral y religiosa, una sensibilidad, un modo general de entender la vida […] La epopeya americana de la independencia no fue — según los credos de Bolívar en sus proclamas y los de Martí en las Bases del Partido Revolucionario Cubano— un gusto porfiado por vivir bajo una bandera nueva, ni una caza mezquina de los destinos públicos: Fue una magna intentona de renovación del espíritu social y político, análoga a la que en Francia abordaron y cumplieron los hombres de 1879 […] Lo que América ha menester es cultivar una personalidad original y no vivir de reflejo, pagándose de la raza y de la deudo moral con la madre patria […] El porvenir […] está, pues, en crear el tipo de civilización original…»


Ese constituye la médula del espíritu nacionalista, de polémica, de análisis historiográfico, y de búsqueda y revisión de los problemas que tocó Cuba Contemporánea. No obstante, Castellanos, el espíritu predecesor de esa publicación, en su estudio crítico “El Norte y el Sur”, referido al viaje de “exploración política y social” que hizo Manuel Ugarte por varios países latinoamericanos, decantó particularidades de la formación étnica, territorial, de idioma, y costumbres entre los países que componen el área del Sur del Río Bravo a la Patagonia, y ponderó una particularidad: la “absorción” territorial, cosa que en definitiva, jamás será posible barrer una personalidad nacional.9


También ese representa el fundamento, o mejor dicho, el espíritu que rondó en Cuba Contemporánea desde las particularidades del antiinjerencismo y un antiimperialismo de filiación liberal positivista. Allí se estableció un canón nacionalista y de resistencia cultural durante catorce años de fecunda trayectoria pública. Nada más hay que detenerse en los textos que componen Pensando en Cuba,10 el libro postmórten que en 1916, al morir José Sixto Solá Bobadilla (Cienfuegos, 1888-La Habana, 1916), recogió en un solo volumen el villaclareño Carlos de Velazco. Allí cualquiera se da cuenta que el “Optimismo” funge de centinela en esas páginas.11    Ya lo dijo el narrador Luis Rodríguez Embil: 


«Somos los cubanos, originariamente, un pueblo de cltura española y europea. (Por cultura entiendo aquí el conjunto de hábitos de pensar y sentir, y las costumbres y manera de ser que de él proceden […] Una sociedad puede y aun debe transformarse, como se transforma sin cesar cada individuo, debe estar abierta a la ley del progreso constante; debe aceptar, y tratar de asimilarse, las cosas buenas (y para su propia contextura convenientes) de otras sociedades o civilizaciones distintas. Y no puede, sin correr el riesgo de desaparecer, perder, por una parte, su carácter y su cultura propios, ni sustraerse, por otra, a la natural evolución y a los deberes que le imponga su existencia masiva…» 12


Ese fue el debate binario entre la tradición y la modernidad, y por encima de todo, un enfrentamiento a la anexión, como prueba de construcción de un estado moderno e independiente.  A esas ansias, desde la urgencia de la superación educacional, de mirar la historia pasada y presente, y de renovación, aspiró Cuba Contemporánea en un delirio creciente de nacionalismo y de prueba irrefutable de la verdad.  En “El Pesimismo Cubano”13 —parte integrante de Pensando en Cuba—, es la cara visiblemente opuesta a “Los Optimistas” de Castellanos. 


En su formulación Sixto Solá enumeró los factores que integran nuestra nacionalidad, cultura e idiosincrasia geográfica, histórica, social, culinaria. Es un adelanto, tal vez, de aquellos “Factores humanos de la cubanidad”, o de los “Factores geográficos de la cubanidad”, expuestos en 1939 por Fernado Ortiz y Salvador Massip. En cambio, Sixto Sola recuerda que «[…] las enseñanzas del pasado nos ayudarán a esperar con fe, a combatir con energía y a vencer».14Insiste en que no «[…] queremos pensar en absoluto en soluciones externas a nuestro problema: no queremos más que conservar a toda costa y para siempre, ennobleciéndola y fortaleciéndola, nuestra nacionalidad independiente15


José Sixto Sola enumeró las cualidades del pesimista, ese que observa todo «[…] cubierto de un tinte sombrío; las dificultades que como pueblo nuevo, o mejor dicho, como nación nueva, se nos presentan (que se han presentado en proporciones muchísimo mayores a otros pueblos, aunque revistiendo diversos y distintos aspectos), le parecen insuperable y causas de final destrucción».16

 En su ideal, el único camino posible es el optimismo, prueba irrefutable en el porvenir último de Cuba como nacionalidad y como estado político independiente. Por desgracia, el ensayista murió temprano, en 1916, pero sus sabias pisadas quedaron impresas en Cuba Contemporánea, una publicación que tangencialmente figura en el olvido para explicar la historia de una época que sirvió de puente documental y renovador a las generaciones de intelectuales republicanos.

 
Notas


1- José Antonio Portuondo (2011): Ensayos sobre Literatura Cubana, Editorial Letras Cubanas, La Habana, p. 112.

2- Jesús Castellanos (1914): Los Optimistas, Lecturas y Opiniones de Crítica de Arte, Talleres Tipográficos del “Avisador Comercial”, La Habana.

3- Ob. cit., pp. 73-84

4- Idem., pp. 85-128

5- Idem., p. 125

6- Idem., p. 213

7-Idem., 219

8- Idem., pp. 225-227

9- Idem.,  pp. 229-237

10- José Sixto Sola (1917): Pensando en Cuba, Biblioteca de Cuba Contemporánea, Tipográfica El Siglo XX, La Habana.

11- Carlos de Velasco (1918): «Segundo aniversario de la muerte de Sola: juicios sobre su obra», en revista Cuba Contemporánea, 6(2): 150-184, La Habana, febrero.

12- Luis Rodríguez Embil, Luis (1918): «Sobre la formación del alma nacional cubana. Los tres factores», en revista Cuba Contemporánea, 6(4): 296-302, La Habana, abril, pp. 298-301.

13- José Sixto Sola (1913): «El Pesimismo Cubano”, en revista Cuba Contemporánea, 1(4): 273-303, La Habana, diciembre. 

14- Ob cit., p. 293.

15- Idem, p. 299

16- Idem.,  p. 279

FRANZ ROSELL DESDE EL CALIDOSCOPIO INFANTIL

FRANZ ROSELL DESDE EL CALIDOSCOPIO INFANTIL

Franz Rosell, Joel (Cruces, Cienfuegos, 1954).- Uno de los más prolíferos escritores cubanos en literatura infantil y juvenil. En en su curriculum aparecen: "El secreto del colmillo colgante" (1983); "   De los primeros lejanos tiempos la lechuza me contó" (1987); "Los cuentos del mago y el mago del cuento" (1994); "Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan Perico el de los Palotes" (2004);  "Vuela, Ertico, vuela" (1997); "La literatura infantil: un oficio de centauros y sirenas" (2001); "La Nube" (2001); "La tremenda bruja de La Habana Vieja" (2001); "Mi tesoro te espera en Cuba" (2008); "El pájaro libro" (2002); "Javi y los leones" (2003); "Pájaros en la cabeza" (2004); "    La leyenda de taita Osongo" (2006; 2007; 2010); "La canción del castillo de arena" (2007); "Don Agapito el apenado" (2008); "Exploradores en el lago" (2009) y "La bruja Pelandruja está malucha" (2010), entre otros textos narrativos e investigaciones literarias.

El texto que aparece a continuación es una reseña crítica presentada en el Encuentro Debate de talleres Literarios del municipio de Cifuentes, Villa Clara, Cuba.

Por  Daimaralys Jovas Gallart (Estudiante de la ESBU “Antonio Guiteras Holmes”, Cifuentes, Villa Clara).


El mundo de negros y blancos está concebido con destreza en esta historia que cuenta Joel Franz Rosell en “La leyenda de Taita Osongo” (Editorial Capiro 2010), regalo que hace a los hijos del África y el Caribe.

J. Franz Rosell se desempeña  como escritor, investigador e ilustrador de sus propios libros para niños y jóvenes, es natural de Cienfuegos  (1954) y ha vivido en diferentes países, lo que le ha permitido entrar en contacto con culturas que han enriquecido su obra. Tiene publicado una veintena de títulos  dispersos por todo el mundo y  ha obtenido premios importantes con su narrativa.

“La leyenda de Taita Osongo” fue una de las propuestas  a los lectores de la reciente Feria del Libro que recorre cada rincón del país. Así fue como llegó a mis manos este libro el cual desde que comencé la lectura de sus primeras páginas me apresó con su magia  porque descubrí un nuevo personaje nombrado Severo Blanco, contramaestre de un navío español anclado en un puerto de la Habana, descrito como “hombre de recio carácter quien hacía gala de su nombre porque nunca reía y tenía la piel blanca a pesar de haber pasado toda la vida bajo el sol y el viento del mar”. “De mirada dura y fría, gris como el acero de un cuchillo  bien afilado y el pelo casi blanco aunque no era viejo, ni joven pues nunca lo había sido”.

A partir de esta descripción tan precisa que hace el narrador del protagonista, fuera de estereotipo comenzamos a descubrir una historia “nacida a golpe de viento” en la Bahía  del castillo de la Punta en la ensenada de Guanabacoa  donde aparecerán otros personajes que nos guiaran hacia otras historias con diálogos naturales y significativos revelando el carácter de cada uno de ellos, y despertando el interés del lector. Un ejemplo de esto es el diálogo sostenido entre Severo y el capitán de un barco negrero en el cual se observan intereses comunes cuando dice:

-    La cuestión no está en llegar sino en volver –respondió el capitán.-Hace años que tengo todos los detalles en mi carta de navegación…Pero la riqueza de Cosongo  cuesta más de lo que la mayoría está dispuesta a perder: la salud, la razón o la vida, p. 24.

A lo que responde Severo Blanco

-    Tú sabes como llegar y yo soy el contramaestre  en quien necesitas confiar para llevar tu barco hasta allá. (idem).

Detrás de este relato, también sentimos al investigador cuando muestra la época vivida por nuestros antepasados, la historia de la trata de negros africanos en el Puerto  de la Habana a comienzos del siglo XIX, convertido en uno de lo más activos del nuevo mundo, de negros que fueron arrancados de su tierra  como animales salvajes donde llevaban una vida apacible y dedicada en “África, tierra excepcional  de hombres que sabían amar, gozar el trabajo y honrar a la naturaleza, buenos, fuertes y sabios” donde nos muestra a los tres reyes brujos: Songo, Oroco, Osongo conocedores del lenguaje de los animales que tenían tratos singulares con las plantas de tal manera que unos y otros obedecían de buen agrado sus deseos y que constituyen una forma excepcional de mostrarnos a Sóngoro Cosongo.

Por tanto realidad y fantasía se mezclan en difícil intento por delimitarlas producto del ingenio conque el narrador omnisciente recrea los capítulos y aprovecha la frases sentenciosas, impidiendo apartarnos del hilo conductor “años atrás en un puerto de Europa Severo se había dejado convencer  por una gitana que le prometió revelarle su futuro” “-Llegarás tan lejos como quieras y serás tan rico como deseas. Nada podrá detenerte, ni siquiera tu propia desgracia ¡Ten miedo de tí mismo,  marinero! P. 25.

Es así como cada personaje juega un papel fundamental que como una señal o pura coincidencia apunta al siglo que evoca.

Historia de amor entre niños de razas diferentes nos resulta inquietante y dolorosa por la continua persecución a que están sometidos despertando en nosotros los lectores sensaciones y emociones diferentes. Por ello, desde mi calidoscopio les regalo una hermosa vista, la que nos devuelve a nuestros ancestros a través de un  algarrobo y una diáfana orquídea.


MARTHA ANIDO; LA MAGIA DE LA CULTURA

MARTHA ANIDO; LA MAGIA DE LA CULTURA

Por Luis Machado Ordetx

Ocho décadas de vida tienen un repaso en la historia de Santa Clara.—

 

                                        «[…] es forzoso que obremos todos,

                             empezando por aunar nuestros esfuerzos…»

                                                                                           José Martí

 

Martha Josefina Anido Gómez-Lubián es una mujer eléctrica que respira a Santa Clara de punta a cabo. Con una delgadez extrema desanda las calles más céntricas, como olfateando la ciudad desde y hacia su Cultura e Historia. Motivos suficientes tiene en ese regocijo: disponer de ancestros por ambos lados, el materno y el paterno, que están entre las hornadas de esos  fundadores que, un 15 de julio de 1689, abandonaron San Juan de los Remedios y se sentaron bajo la fronda del legendario Tamarindo,  en una loma de escasa altura ubicada en El Carmen.

Por mayor azar, nació un miércoles 20 de mayo de 1931, fecha infausta para una República que 29 años atrás surgió maltrecha por una intervención  foránea en la legítima pugna entre cubanos y españoles. El alumbramiento de la madre propulsó el regocijo familiar, patriótico,  y la forja de una cultura política y humanística en torno a la niña, hija única, prodigada por abuelos patriotas.

Ahora, muy lúcida y vivaz, Martha Anido, como la denominan los más cercanos admiradores y las anónimas personas que la escuchan disertar sobre las particularidades de Santa Clara, su historia y cultura, arribó a las ocho décadas de existencia. El momento constituyó un oportuno instante para el recuento del ambiente familiar, y la memoria refulgente de los ancestros, tal como solicita cada mañana cuando expresa: “sol trasládame la fuerza que das con los rayos para seguir adelante cada día, respirando mi ciudad”. Hacia esos confines fue nuestro diálogo.

¿De dónde proceden sus umbrales?

«Son patrióticos; mambises y rebeldes. Los bisabuelos, y también las mujeres participaron en la gesta del 68 y del 95. Rafael Lubián y Rodríguez de Arciniegas y María Luisa Morell de Santa Cruz y Pared eran los padres de mi abuela materna, quien nació, al igual que otros dos hermanos, en Isla de Pinos. Allí estuvieron confinados durante cinco años por actividades conspirativas. Luego regresaron a Santa Clara y siguieron en similares actividades revolucionarias. Todos procedían de Remedios. Por la vía paterna, los bisabuelos Agustín Anido y Pérez de Alejo y Mercedes Estrada y Hurtado de Mendoza, tenían sus orígenes en la Octava Villa de Cuba organizada por el Adelantado Diego Velázquez.

¿Por qué la desenvoltura de los Anidos por el centro de la ciudad?

«Era, también lo constituye en la actualidad, la parte principal de la Villa. Estuvieron radicados en la antigua calle Paso Real del Río (Tristá). Después instalaron una fábrica de dulces, la “Lubián”, en zonas donde ahora se erige la Catedral. Ellos abastecían de reposterías a las fuerzas mambisas. Allí están las cartas que lo atestiguan e informan de las misiones del Club Revolucionario “Juan Bruno Zayas”, en Santa Clara. A los Anidos no lo saques de la calle Maceo esquina a la antigua Santa Rosa (Céspedes). Representa el sitio de la familia en su deambular constante. La ciudad fascina; tiene su embrujo y todos nos contagiamos con esos hechizos. Desde pequeña, cada 15 de julio los abuelos tomaban el camino a la misa que perpetuaba la historia en la Iglesia del Carmen. Los 13 de noviembre, por si fuera poco, íbamos a poner flores al monumento  de Marta Abreu de Estévez. Son valores de arraigo, de sentido de pertenencia a lo “Pilongo”, a la ciudad y su cultura. Eso se vive desde los antepasados.

¿Martha, por qué?

«¡Ah, qué pregunta! Martha, es por Marta Abreu; eso está claro. Significa una devoción por la patriota. Mamá era de la sociedad feminista Liceo “Marta”; figuraba en su directiva, y consideraba a la Benefactora de Santa Clara, como algo exquisito, no solo por lo que significó como patriota, sino, además, por las obras sociales y de arraigo popular que procreó. También porque el abuelo materno, Coronel de la Guerra de Independencia, está en la casa el día de mi nacimiento, y decidió llenar los alrededores de la cuna con banderitas cubanas. Mamá decía, con una basta, y él replicaba, ¡no, con muchas, para que sea patriota y ame a esta tierra! Creo que con la modesta actuación personal no he defraudado a nadie, y cada día tengo ánimos por hacer otras cosas nuevas. Eso me permite vivir en plenitud social e individual.

                          EL ARTE, OTRA ESPIGA

La pasión artística, el sentido de herencia hacia los recónditos territorios de la cultura popular, vienen a Martha Anido de la tradición familiar. Dice que la música extasía a los Anidos, mientras la literatura aparece con los Lubián. También con Agustín (Carlitos, en familia), el fantástico, el autor de Año 200 y El Publicano, otro de los primos.

Todavía se acuerda, como de pequeña, sentada en un silloncito, escuchaba  las melodías que, al piano, estructuraba la tía Mercedes. Otras veces el tío Agustín era el encargado de ejecutar los acordes de ese instrumento. Alberto, el otro tío, evocaba el violín, y su padre también asumía el piano. Venían los hijos de Julio Jover Anido, y todos los primos traían sus libros, eran cuentos, historias de todo tipo, y así se respiraba cultura por la casa.

¿Cómo surge su Academia de Ballet?

«Esa es otra historia; tú escribiste sobre aquellos instantes cuando en 1939 arribó a Santa Clara la rusa Nina Feodoroff y trajo el ballet a la ciudad. Abrió una pequeña escuela adscripta al Liceo “Marta”, y allí recibí clases. Antes, desde los cuatro años, y hay fotografías que conservo, estoy con un tuttu que confeccionó mamá, porque como niña, sentía la necesidad de moverme con las manos, los pie; dar vueltas en aquel ambiente cultural de familia. Nina se marchó a La Habana al poco tiempo, y continué con algunos cursillos que daban en la capital del país. En octubre del 51 se oficializó la  Academia de Ballet “Martha Anido”. Era un local acondicionado en la casa de una tía-abuela, en Maceo número 5, esquina Buen Viaje.

«Imagínate, hija única, rodeada de tías-abuelas que jamás se casaron. Todas fueron “Maestras de la Patria” cuando se instauró la República,  había que continuar la tradición de la pedagogía. La Academia existió hasta después del triunfo de la Revolución. Eso que ahora denominan trabajo comunitario, lo hacíamos desde entonces. En una pequeña camioneta, con barra portátil, trajes de baile, alumnas y un tocadiscos de pila, recorríamos los barrios de Santa Clara y dábamos funciones gratuitas. Las personas se quedaban con la boca abierta cuando las muchachitas bailaban en punta; decían, “¡cómo es eso!”. De allí salieron alumnas que se acogieron a becas gratuitas en la Academia; aquello sintetizó otro encuentro con la pedagogía.

Y Martí, ¿cómo lo vislumbras al paso del tiempo?

«¡Es un paradigma! En la historia hay figuras inmensas, pero nadie como Martí. Ofrece el carisma del intelectual, del revolucionario; de hombre de Partido único. Fidel es su cara visible; anda rodeado de  principios martianos, de intelectual, y pensador o transmisor de las mejores ideas de una tradición que llegó a nuestro Partido Comunista. Nada en el ámbito social se puede aparatar de un sólido hábito martiano.

«Papá, aunque murió joven en 1954, era seguidor de las ideas de Chibás. Mi madre, y otros familiares, participaron en células del M-26-7. Aquí interactuamos con Julio Camacho Aguilera, también con Raúl Perozo Fuentes, y Octavio Luis Cabrera. Nos movíamos por la antigua provincia de Las Villas cumpliendo indicaciones revolucionarias.

«Imagínate, son muchas historias. Figúrate, cuando perdimos al primo Agustín (Chiqui) Gómez Lubián, nos metimos de lleno en el clandestinaje. Él era la alegría de las travesuras familiares. Integramos una célula del 26 de Julio que dirigía Margot Machado. Allí  estaban sus hijas Verena, Martica, Margarita, y Rodolfo (Ofi) de las Casas, entre otros compañeros.

¿Hubo registros policíacos; detenciones?

«¡Claro! Requisaron varias veces la casa. Detenciones no. Daba clases de ballet y danza en la Universidad Central, y Modesto de Jesús Pineda y Cabrera, secretario docente, envió una carta al BRAC, diciendo que Agustín Anido, mi tío y Rector, era comunista y tenía un hijo negro que ponía bombas en Santa Clara, y la sobrina, Martha, mantenía el movimiento revolucionario.

«Inspeccionaron la Academia en tres ocasiones, la casa en otras cuarto. Decían los militares batistianos: “a esta mujer no le hemos podido coger un alfiler con la cabeza roja y negra”; era una fichada por la dictadura. Todos en la casa fuimos fundadores del Partido, y por eso gozo a mi país, y también a la ciudad de cuna.»

                     CULTURA, EMBLEMA DE TRADICIONES

En Marta Anido comulga la tenacidad; una magia de la Cultura; del ser ubicuo entre artistas y escritores, y también de conservadora de la memoria y el patrimonio familiar escondido en la ciudad. La mujer tiene una formación “académica”, pero ve en el hacer popular un gusto inigualable para tropezarse en cada esquina con creadores anónimos que dejan sorprendido al más categórico de los críticos de las Artes. Tal vez sea el sello que la distingue en los diálogos con las personas que rondan por Santa Clara. Marta, conversemos del rescate de las tradiciones culturales.

¿Cuánto de entonces hay perdido? ¿Qué persiste todavía?

«¡ Muchacho, ahora tu con ese recado! Mira, todavía hay muchas cosas pendientes del rescate de tradiciones. Lo popular, digan lo que digan, identifica un pueblo. Los mejores artistas y compositores tomaron esa cultura para elaborar conceptos. A veces resulta anónima, pero está ahí.

«Más de 21 localidades tuvieron parrandas gracias a los esfuerzos investigativos de muchas personas. Jamás hubo allí un carnaval, y contraviento y marea lo impusieron. Lo correcto era reinstalar las originales rivalidades folklóricas, culturales.

«La rumba, se esfumó, pero ¿por qué? La conservamos, y de buenas a primeras algunos querían negarla. Hubo una reivindicación del baile de las flores —un sábado antes del Día de las Madres—, de los desfiles infantiles de disfraces en el Parque Vidal u otras localidades. El carnaval no puede entenderse en la existencia de cuatro carrozas y diez comparsas.

«Las fiestas no son de un pedazo de la ciudad. Las comparsas tienen que animar, antes y después del carnaval. Eso se ha perdido, y hay que dar mayor  oportunidad a los jóvenes para  integrarse a los espectáculos tradicionales. Lo folklórico está en todos los rincones; en la calle.

¿Y la Verbena de la calle Gloria?

«En Santa Clara tenemos que volver los ojos hacia esos hechos tradicionales, históricos. Lo que se logró en 1989 tuvo un ambiente popular; eso se ha perdido un poco. La gente tiene que volcarse a las calles; ir a sus orígenes en la fecha de Fundación, la más importante de una localidad. También habrá que hacerlo siempre en la celebración del día de la Patrona. ¿Cuántas cosas se hicieron entonces? Muchas. No es sólo el Plan “Imagen”, de adornos de un día, sino de espíritu  público para perpetuar una historia.

«Debe existir mayor información, con teatro y danza en la calle, y gente que disfrute sus efemérides. Eso mantiene vivo el recuerdo de aquellos que se asentaron en esta localidad.»

Más allá de los dos hijos, también de los cinco nietos y los primos artistas,  el ambiente cultural que respira la ciudad hace que Martha Anido Gómez Lubián, recién estrenada en las ocho décadas de existencia, reconozca a cada paso los vericuetos de Santa Clara, sitio en que la satisfacción y el delirio ubicuos se multiplican en cada instante de diálogo; de encuentro. Es como si la magia de y por la cultura, sintiera un estruendo al paso de una mujer que, por donaire, tiene la complacencia campechana de todos los días.

MARTÍ; UN BOSQUE DE IDEAS

MARTÍ; UN BOSQUE DE IDEAS

Por Luis Machado Ordetx

Desde hace más de una década un caficultor, Genaro Rafael González Bealtrón, y su familia reviven la epopeya de cultivar idénticos árboles a los apreciados por el Apóstol cubano a su arribo a Playitas de Cajobabo, en los primeros días de abril de 1895, luego de años de ausencia de la Patria.

Tras el desembarco en Playitas, al pie de Cajobabo, aquel 11 de abril, hasta la caída en combate en Dos Ríos, el 19 de mayo, Martí relata en su Diario de Campaña aspectos de la flora y la fauna de esa región serrana.

En 39 días --faltan las hojas correspondientes al 6 de mayo--, el paso por los montes detalla la presencia de 76 plantas; unas maderables, otras de frutales, algunas de raíces y tubérculos; medicinales, aromáticas y de hortalizas.

González Bealtrón, aplatanado en estas tierras villaclareñas desde pequeño, cuando vino de lares cienfuegueros, es un martiano al «natural», y decidió que sus plantaciones de cafeto --entregadas en usufructo para la explotación de ese cultivo--, tuvieran el rostro y el alma de Martí, el cubano venerable que lo impulsa ante los entuertos productivos, familiares; espirituales, de quebrantos físicos; de patriotismo singular.

Un 27, 6% de esa flora aludida por Martí, no aparece en su finca; son tan exóticas que el cosechero anda deseoso de obtener posturas de  pomarrosa; claro no tiene ríos cercanos; por eso la dificultad es sublime. Mayores aprietos encuentra en el  cultivo de la pajuá, la liria del lechugo, la sabina, el guisaso de tres puyas, y la boruca, según escribe el Apóstol para referirse a la brusca, de cuyas semillas tostadas surge una infusión de olor agradable.

De igual modo la finca del villaclareño no dispone de jigüera, árbol del caracolillo, el dagame, la jatía, el ateje, la jagua, la güira, el jigüe, el jubabán, la papa, el quiebrahacha, el almácigo y el higo. Aunque de vez en cuando también disfruta de siembras de ajo y cebolla, y dentro de poco incluirá el cajueirán (escrito así por Martí en su referencia al caguairán); el palo más fuerte de Cuba; cree que debían ser permanentes a cualquier hora del día; aunque sean ornamentales.

Tiempo atrás contemplé a este hombre; intimé con la familia, y recorrí sus plantaciones fecundadas de flores de cafeto; hoy concluyó su cosecha y no muestra la contentura de otros tiempos en que se situó en su Cooperativa de Crédito y Servicios Ignacio Pérez Ríos entre los abanderados de Cuba. Eso no importa; le digo, siempre y cuando busqué las respuestas del por qué del bajón de los rendimientos cercanos a los 120 quintales/caballería; antes logró rebasar los 400.

                     NADA; UN HOMBRE ACTIVO

 «Una enfermedad congénita en la juventud me dejó imposibilitado de caminar como un bípedo normal; desde entonces dicen ahí viene el «cojote Veguitas»; no lo veo como un eufemismo; más bien es una «caricia»  que tipifica el hecho de no estar tranquilo, sino oportuno en cada acontecimiento productivo o social», expone el cosechero.

Cuando apareció la Resolución 419 del MINAG para entregas de tierra en usufructo, González Bealtrón no lo pensó dos veces; creyó en la «aventura» del hombre, y hasta en Martí. Fomentó una plantación de cafetos; incluyó a toda la familia; eran como las hormigas; las abejas, y decidió plantar aquellos árboles que después de años asombraron la vista del Apóstol cuando apareció como un «soldado» más en la serranía oriental para desencadenar la Guerra Necesaria de la que tanto habló.
Algunos decía que «era un loco», y respondió «Loco de qué; de trabajar; eso siempre ha sido lo que he hecho en los 57 años que tengo de vida; es como un asombro de la naturaleza; de este tiempo que necesita revitalizarse entre todos los cubanos; así lo discutí», sentencia el cosechero.

En la plantación, ahora aumentada por disposiciones que protegen a los cosecheros de cafetos, hallo plátanos silvestres, como dice Martí en el Diario de Campaña --unas 27 cuartillas, con paginación del autor del uno al cincuenta y siete--, y gozo en el  recorrido que González Bealtrón hace por toda su finca; aquí saca un cangre de yucas; allá corta un racimo de plátanos criollo o de fruta; listos unos para freír en aceite hirviente, ora cocerlos en agua y sal caliente.

A pesar de su impedimentas físicas, confiesa que «ha dormido en el suelo; sobre la tierra fresca en un vara en tierra»; por eso González Bealtrón creó el Jardín Martiano; un Bosque; el Sitio de las Reflexiones, en le cual no pueden faltar las palmas reales, con sus penachos frenéticos, floridos; deseoso de empinar una cuesta que bordea la finca, allá ando; y aparecen la majagua; los curujeyes; el canto del tomeguín; alguna cotorra; y la belleza de la piña.

Allí hay caña para el alimento de los animales; de vez en cuando el cosechero de café extrae sus jugos; el rico y dulce guarapo que entrega a niños y jóvenes de las escuelas cercanas que acuden con sistematicidad a su Bosque Martiano; enseña su cultivo de boniato; de yuca; de malangas; de naranja dulce; agria, de China; y allá en lo intrincado de las cuestas que van hacia las alturas de Boquerones, aparece la yaya, la majagua de Cuba; las palmas reales y también el platanal, el cocal, el caimito, la yagruma; la yamagua, el cedro,  el pino, el jobo  y el mango florido en la primavera.

La respiración se entrecorta; el hombre anda ágil, pero sus acompañantes sienten el cansancio en la subida de la cuesta; los pies pesan  y se resisten a avanzar mientras los ojos avistan el camino que resta, las cercas colmadas de cupey de piña estrellada; de tunas; de piña rastrera, de cupey, así como del curujey o la jata que pende de las ramas altas de los árboles.

Hay olor a yerba verde; las zarzas dejan las huellas en la ropa; en la piel; igual hace el pica-pica; y al fondo se percibe una frondosa ceiba; un árbol que ronda los misterios de los vivos y los muertos según la ancestral herencia dejada por los negros africanos que, ante las alucinaciones por esa planta, dejaron abiertos todos los caminos que conducen a obsesiones superiores.  

No hay ríos en las cercanías; mas las frondas de los árboles dejan un frescor inefable; húmedo; de pasto bueno, en tanto los cafetos tienden a preñarse de flores; de azahares, y se percibe el rocío de las hojas que aún no tienen los efectos solares del día.

Allá, en las laderas de piedra negra está el sitial de la meditación; la reflexión de ideas; de idas y venidas de pensamientos; de oración y voluntad; y González Bealtrón sonríe por los vivos y los muertos; por la producción agrícola y la familia; ora en silencio por sus cafetales y piensa en la cosecha del año entrante; o sea, este 2011, cuando en septiembre vuelva a la recolección de las cerezas maduras.

Cuesta abajo todos «los santos ayudan», dice; allí en las cercanías de la vivienda, aledaña al camino que va a Boquerones, está la casa familiar; recinto modesto; guajiro, que recibe a cualquier visitante, y veo la plantación algodonera. Los olores del romerillo fresco; del culantro de Castilla, hacen presencia; allí está el ítamo real, el símbolo del cacao, y el pino que bate ramas al aire; todos dejan un silbido en los oídos; mientras la higuereta con sus hojas anchas, el gusto ácido, cremoso y familiar de una taza de café, hacen acto de presencia.

Allí, solo pregunto, ¿cuándo regresarán otros a disfrutar del Bosque Martiano?, y la respuesta resulta rápida, limpia; alegre: «Siempre; Martí es un soplo de luz para los cubanos»; ahí comprendí que los esfuerzos diarios del hombre; en ideas y hechos, comulgan en voluntades de presente y de futuro en el más completo bosque que recrea en Villa Clara el alma y el rostro de los últimos días del Apóstol entre nuestros mortales.

FLORA CITADA POR MARTÍ EN EL DIARIO DE CAMPAÑA. (En negritas, aquellas no incorporadas por el campesino González Bealtrón en su finca agroecológica de la serranía villaclareña).

1)- cañas; 2)-buniatos; 3)yaya; 4)- majagua de Cuba; 5)- cupey de piña estrellada; 6)- naranja agria; 7)- palmas viejas, 8)- mangos, 9)-naranjas, 10)- cocos, 11)- plátanos, 12)- malanga, 13)- pomarrosas, 14)- caimitos, 15)- tomates, 16)- culantro, 17)- orégano, 18)- algodón, 19)- tabaco, 20)- naranja de china, 21)- café cimarrón 22)- cupey, 23)- pajuá, 24)- culantro de Castilla, 25)- limón, 26)- flores de muerto, 27)- romerillo, 28)- liria del lechugo, 29)-  ítamo, 30)- yamagua, 31)- sabina, 32)- cedro, 33)- yagruma, 34)- pasto bueno, 35)- guisaso de tres puyas, 36)- tunas, 37)- platanillo, 38)- boruca (brusca, semillas tostadas que exhalan un olor agradable), 39)- majagua, 40)- jigüeras, 41)- yareyes, 42)- árbol del caracolillo, 43)- cacao, 44)- cupeyes, 45)- curujey, 46)- jobo, 47)- yuca, 48)- cacao, 49)- café, 50)- piña rastrera, 51)- guanábana, 52)- tomate, 53)- pino, 54)- yerba verde, 55)- ajengibre, 56)- ceiba, 57)- guásima, 58)- dagame, 59)- jatía, 60)- ateje, 61)- cajueirán (caguairán), 62)- júcaro, 63)- almácigo, 64)- jagua, 65)- güira, 66)- jigüe, 67)- jubabán, 68)- caoba, 69)- quiebrahacha, 70)- pica-pica, 71)- zarza, 72)- higuereta, 73)- ajo, 74)- cebolla, 75)- papa, 76)- higo.


CUBANO SIEMPRE

CUBANO SIEMPRE

Por Jorge Luis Rodríguez Reyes (Escritor Cubano; Reside en Villa Clara).

 

«También soy cubano»; Título original que remitió el autor para sustentar sus puntos de vista sobre la apreciación de la Literatura Cubana.

 

Porque sí, aclaro, soy cubano y resido en un pueblito nombrado Manicaragua, perdido casi en las montañas del macizo Guamuhaya, alejado de la urbe; alejado de donde sé que con asistir a alguna(s) que otra(s) tertulia(s), sea o no habitual como las del piquete de el Caimán, se abre ya un buen trecho en el (re)conocimiento dentro de la ciudad letrada1; aquella que tan certeramente conceptualizó Ángel Rama, alguien que quizás tampoco se conozca mucho y por ello ubico en una nota lo dicho por el medular crítico uruguayo.

 

Por un momento rehusé contestar: no me gustan esas polémicas surgidas en nuestra tierra. Polémicas que acaban generalmente en un vulgar galimatías, en el conocido ciberchancleteo, y aclaro, no tolero participar en esas andanzas, en esos parloteos, porque entre otras razones no dispongo de mucho tiempo para ello.

 

Aunque no puedo contestar las interrogantes y aclaraciones hechas a Roberto González Echevarría, por el simple hecho de no ser él, intentaré responder alguna de las dudas que me surgieron al leer el texto publicado en http://cubanosdekilates.blogia.com; y además todo aquello referido en algún grado a mí. Creo así poder satisfacer las aclaraciones solicitadas.

 

Parte el texto Roberto González Echevarría: una visión escéptica sobre la literatura cubana desde lo anecdótico de andazas y piquetes faranduleros, algo que en buen periodismo el redactor más inepto segaría de la primera mirada, pero otorgaré un voto a lo espontáneo y por ello pasaré al segundo párrafo, donde se pretende arribar desde lo particular —lo dicho “por el redactor más antiguo del Caimán Barbudo: Bladimir Zamora2 a lo general.

 

No dudo que Bladimir Zamora ha escrito o escribirá lo que le ha venido en gana, pero dudo mucho que pueda publicar lo que le venga en gana —como en cualquier parte que se viva en sociedad, con cualquiera de las legislaciones que administren la polis y sostengo que existen, por demás, muchas, pero muchas ganas que no son las escritas por Bladimir y estoy convencido que no fueron publicadas por diversos motivos, por disímiles pretextos, por disímiles voluntades, en fin por quiméricas ganas, y eso es algo que se debe inferir, porque —sin ofender— no tengo ganas de nombrar.

 

Conozco también que no suelen acercarse personajes temibles a los periodistas y escritores cubanos para dictar en sus oídos el contenido de un texto”, a mí por lo menos no me ha pasado, ni creo permitirlo, pero sé (cualquiera sabe, estoy seguro), respiro, como diría Eliseo Diego, qué es lo publicable: no  podemos ser tan ingenuos. No hay que hacer anécdotas, las ahorro, mucho se ha escrito ya de censura. Pero será incierto que la literatura ha fungido como prensa, que ha llevado el papel de reflejar —por años— la realidad cubana (el cine, salvo excepciones, no ha sido más que una caricatura, gozosa en muchos casos; aciaga en otros, de nuestra realidad). ¿Por qué será esa situación?

 

Suerte la de muchos que escribimos y radicamos en la isla el hecho de que escribir sea un karma, además de una tabla de salvación que implosiona muchas escalas de valores que coexisten en nuestra realidad. Para mí lo es, y así asumo la literatura, y tampoco poseo internet en casa: si un  periodista, uno de los únicos oficios del sector intelectual a quienes les permiten esos servicios en casa no lo tiene, qué deja para un simple lector del interior, que es lo que soy. Aunque aclaro que acá, sí existen sitios, desde la cultura, donde brindan ese servicio a los escritores y demás artistas, algo vital y que se agradece.

 

Es imposible conocer a todo el mundo: uno va dando tropiezos y (des)conociendo gente, rostros que se dibujan y desdibujan. No creo que sea necesario el conocimiento mutuo, pero es algo inevitable desde el escrito Roberto González: Una vi…al menos en cierta dimensión. Ahora, leerme o no, tampoco redundará quizás algo beneficioso. Mucha relectura aconseja el sabio Borges en vez de leer, idea que he intentado seguir desde hace años y es algo difícil porque en este mundo nuestro a cada tropiezo aparece algo interesante en qué ocupar el tiempo y no hablo solo de lectura, pero como asumo que un  graduado de periodismo en Cuba debió estudiar en profundidad la Literatura Cubana, confieso que el no conocer a González Echevarría —aunque sea por referencia—, es algo que deja mucho que desear para tales planes de estudios, porque él es desde hace años, independientemente de cualquier postura extraliteraria,  alguien ineludible al recontar la historiografía literaria cubana de la última mitad del siglo xx.

 

Mucha equivocación conlleva decir que ese sagüero ilustre ha sido publicado una sola vez, lo ha sido varias veces: las últimas ocasiones fueron en el número 36 de Umbral, revista cultural del terruño villaclareño; allí aparece un ensayo sobre la novela Francisco del escritor Anselmo Suárez y Romero, texto que es parte de su último libro titulado Cuban fiestas, y la otra publicación fue la misma entrevista que  se cita, y esta apareció en el boletín digital Hacerse el cuerdo, órgano literario de la UNEAC de Villa Clara. Por cierto, hice gestiones para publicar esa entrevista en la Gaceta de Cuba por el valioso aporte teórico de González Echevarría para la Cultura Cubana y alguna gana —gana no contemplada en las del redactor del Caimán Barbudo— sin ver siquiera la entrevista, después de decir que sí, se negó de un día para otro. Pero asumo que debió ser alguna gana antojadiza y lo entendí: algunas de esas revistas nacionales se hacen muchas veces con ganas muy frívolas y reducidas. ¿Me equivoco? Quizás sí, no quiero ser injusto, pero hoy lo veo así.

 

Como dije al comenzar este texto, no puedo contestar por Roberto González Echevarría, pero es indudable que la literatura cubana tuvo etapas que se pobló de burócratas, o qué son esa banda de desvirtuados que florecieron al son de la ejecución de políticas extraliterarias y parametraron condenando al ostracismo a muchos creadores. Recordemos que es una entrevista y no me corresponde —o no tuve ganas de— validar todo el cúmulo de opiniones vertidas por el entrevistado. Afortunadamente, el mundo literario cubano ha sabido limpiar sus filas y al menos desde donde me desempeño, no atisbo ninguna de las alimañas nombradas, pero recordemos que uno nunca sabe el todo.

 

Sostengo desde hace mucho que lo producido fuera de la isla es un cúmulo a rescatar, es un pie que ya lleva muchos años inmóvil y es necesario echarlo a andar, eso intento con esa entrevista: dar a conocer a un autor importante de esa masa creadora con la cual comparto, por sobre todas las cosas, lo más importante para mí: la Cultura Cubana y a esa, nos debemos todos, los de adentro, los de afuera y los por venir.

 

No  es una pregunta ingenua, al menos lo pretendo así, parto del presupuesto que el entrevistado no conoce la totalidad de la literatura cubana contemporánea publicada, ¿alguien la conoce? Porque es casi seguro que se atrevan a bosquejar los nombres más conocidos, quizás las obras más sobresalientes y algún que otro autor con obra exquisita, pero ¿podrá alguien hacer un canon cubano imperecedero de esas creaciones que se mencionan, alguien podrá a excepción de Cronos y este auxiliado por el valor de uso que brindarán los lectores actuales y futuros a ese corpus en el transcurso de décadas?

 

Creo que muchas veces se publican obras con una visión clonada de Cuba: tópicos que se ponen de moda y se desarrollan en obras que dentro de Cuba no serán publicadas por diversos motivos —o para estar a tono: por diversas ganas— y entonces se buscan otros horizontes editoriales con las diversas condiciones económicas y publicitarias que ello reporta. Horizontes prestos a eso, a publicar esa literatura: muchas veces (no la totalidad de tales obras),  sabiendo que es mala literatura, que —diría un amigo— es una literatura pedestre,  candonguera. Acaso existen hoy en nuestra isla escritores de la talla de Carpentier, de Lezama o de Virgilio, etc., o por ejemplo acaso existen autores que la masa crítica y autoral reverencie tal como se reverencia internacionalmente a Roberto Bolaño o a Ricardo Piglia, para mencionar dos de nuestro continente, aunque Bolaño estuvo repartido entre Chile, México y España, aclaro ante tanto desconocimiento reinante. ¿Se entenderá ahora mi visión?

 

Amparado posiblemente en el dialogismo bajtiano,  cuando leo lo de un Kafka en Camajuaní3 interpreto que los mecanismos de la cultura oficial,4 al ser ejecutados por personas, es muy posible que cometan errores, entre otros, a la hora de jerarquizar. Si permiten un ejemplo, pasé meses buscando la novela El polvo y el oro, de Julio Travieso, novela que es paradigmática en lo que a calidad se refiere para las últimas décadas y no la encuentro en ninguna librería y ha sido robada de varias bibliotecas públicas que he visitado, y  pregunto ¿se acercará el número de ejemplares publicados de esa novela a las reimpresiones sucesivas de otras obras amontonadas casi eternamente en almacenes ante la indiferencia de los lectores? Lo dudo, y asumo que es mi experiencia: por ello no puede ser toda la verdad del asunto.

 

De cierta forma se pide que lea a los escritores cubanos actuales. Lo informo: leo con deleite una masa significativa de estos e incluso aspiro algún día a ser parte de ese movimiento autoral que tiene fuerza y empuje, pero leerlos a todos sería casi imposible: recuerden que sigo a Borges en lo referente a (re)lectura.

 

Ahora quisiera hacer la misma pregunta que me hace el autor del texto referido —supongo, en bien de aclarar a los lectores allende las fronteras, al ser estos textos colgados en un blog en internet—, y yo pregunto a ese autor acerca de las condiciones que imposibilitan el conocimiento de los autores valiosos que pujan en Cuba por un reconocimiento, porque “Una aclaración al respecto me parece indispensable, so riesgo de que un por ciento estimable de lectores no consiga descifrar la incógnita. Muchos lectores desconocen esa realidad y sería interesante ver su punto de vista”.

 

No entiendo porqué al emitir un criterio Roberto González Echevarría se denigra, es su opinión, errada o no, completa o parcial. Es la visión suya de una realidad y supongo que no sea su voz la única al validar una literatura aún en formación, supongo que vendrán muchos críticos a mirar y tasar ese corpus que añoramos e intuimos saldrá de las creaciones que menciona. Ya se sabe mi criterio: solo Cronos y el valor de uso que le den a esa literatura, desde una ama de casa, hasta un académico como González Echevarría: quien sin conocerme, siendo como soy un total desconocido en ese maremágnum autoral mencionado, accedió a intercambiar sus opiniones conmigo y por ello le agradezco infinitamente; también me pidió que distribuyera textos teóricos de su autoría en formato digital, lo cual hice en la comunidad autoral villaclareña —si me dicen cómo—, igual lo haría con quien desee y con ello no  resultará tan desconocido tal teórico. Aunque advierto, la suya es ya una vasta obra que muchos desconocemos en Cuba, y ojalá podamos calibrar en algún momento, no esta simple entrevista, sino la totalidad de lo escrito por él sobre Carpentier, Severo Sarduy o el Siglo de Oro. Eso es una deuda que tenemos con él y la Cultura Cubana algún día tendrá que echar a andar en ese sentido para que podamos palpar ese lado desconocido, para recuperar esas voces que nuestras jóvenes promociones no deben obviar, porque para que ande sólida y sin tropiezo nuestra cultura tendrá que levantar también ese pie que no hemos incorporado como debíamos a nuestros pasos culturales.

 

Ese Libro Total se está haciendo ahora mismo: ya se sabe quiénes serán los parametradores a mi criterio, y por último, esa generación que se anuncia,  sabrá deslindar la hojarasca de lo imperecedero, pero esa perspectiva sincrónica yo no la tengo aún, incluso,  ni la diacrónica. ¿Alguien sí?

 

Martes 18 de enero de 2011

 

NOTAS

[1] - “(...) el anillo protector del poder y el ejecutor de sus órdenes: Una pléyade de religiosos, administradores, educadores, profesionales, escritores y múltiples servidores intelectuales, todos esos que manejaban la pluma, estaban estrechamente asociados a las funciones del poder (…)”. (Resumo, la esencia,  en esta breve nota).

 

2 - Nombro a Bladimir Zamora porque usted lo toma como referente. Me disculpo de antemano con él y asumo que entenderá la necesidad de citarlo.

 

3 - Lo cual es probabilísticamente posible, porque allí existe un movimiento autoral autóctono [recuerde que las ciudades letradas de las urbes se componen por un gran por ciento de autores inmigrantes] que ya quisieran tener esas grandes ciudades, por demás en ese municipio  se gestan procesos culturales de singular atractivo.

 

4 - Entiendo por Cultura Oficial el accionar del conglomerado de instituciones presupuestadas por el estado cubano o al menos las  consensuadas por este.