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PERIODISMO

JAZZ DE ASOMBROS

JAZZ DE ASOMBROS

Por Luis Machado Ordetx


El espíritu musical de Armando Romeu González, próximo a cumplir el 17 de julio el centenario de natalicio, rondó por el escenario del teatro “La Caridad”, de Santa Clara. Ayer fue un concierto de asombros. Vibró el jazz y la auténtica cubanía, tal como hacía genuino maestro cuando arribaba a esta ciudad a mediados de la década de los años setenta del siglo pasado en su empeño por impregnar vigor a la Orquesta de Música Moderna de Las Villas.

Aquella agrupación fundada en julio de 1967, y fenecida en 1994, tiene ahora un reencuentro con músicos, casi todos, jóvenes rastrearon en el repertorio de aquellos años. Así surgió el tributo a aquellos  instrumentistas fundadores y continuadores de la singular historia musical villaclareña. Roberto Arturo (Bobby) Carcassés Cusa —el Gurú del jazz cubano—, no podía estar ausente.

La big band dirigida por los maestros Rubén Urribarres Pérez, Jesús Chú Rodríguez y Alberto Gutiérrez, dará similares conciertos este sábado y domingo en Camajuaní y Remedios. Un deseo por perpetuar un gusto por el jazz y los timbres y las armonías contemporáneas se vislumbra en el territorio. Ojala que nuevamente resurja una orquesta de este tipo, decía Carcassés al interpretar su antológico homenaje a Bany Moré
La improvisación instrumental, sobre textos de jazz-fusion, así como los escritos por Carcassés (“Chano's blues”; “Fly me to the moon”, y “Blue con montuno para Beny”), suscitaron el aplauso de un público ávido de reencontrarse un tipo de formato orquestal como el ahora se formó para tres únicos conciertos homenajes.

Músicos fundadores se fundieron en un diálogo ameno con Carcassés, Urribarres y Rodríguez. Aunque, al final el público les tributó un merecidísimo aplauso, debió quedar de una manera más emotiva y enaltecedora por lo que esos hombres representan como glorias de nuestra cultura.

JAZZ Y MÚSICA CUBANA

JAZZ Y MÚSICA CUBANA

Por Luis Machado Ordetx


La big band  de jóvenes instrumentistas villaclareños que perpetuará el homenaje al aniversario 43 de la Orquesta de Música Moderna de Villa Clara (1967-1994), continúa sus sesiones de ensayos con un amplio repertorio de piezas clásicas cubanas llevadas a formato de jazz, y otras contenidas en ese estilo universal que renueva las sonoridades contemporáneas.

A ese intercambio ya se integró el showman cubano Bobby Carcassés, quien  intervendrá en los dos conciertos pactados para el primero y segundo días de julio en el teatro “La Caridad”, de Santa Clara, y “Camajuaní”, en esa localidad alejada a 30 kilómetros al noreste de la capital provincial de Villa Clara.

Jesús Chú Rodríguez, último maestro que tuvo la Orquesta de Música Moderna (1984-1994), dijo, además, que se tributará un homenaje a Armando Romeu González (1911-2002), considerado el máximo difusor del jazz en la Mayor de las Antillas, y mentor exclusivo de aquella agrupación que hace más de cuatro décadas existió en el centro cubano.

El programa de presentaciones, dividido en dos partes por cada concierto, será conducido por los maestros Chú Rodríguez, Rubén Urribarres (fundador) y Alberto Gutiérrez, quienes conducirán a más de una veintena de jóvenes músicos graduados en escuelas Profesionales de Arte, y a quienes se adicionarán otros instrumentistas radicados en Cuba o el extranjero y que, de un modo u otro, transitaron por la Orquesta de Música Moderna.

En el repertorio escogido para la ocasión trascienden “El Manisero”, “Esos ojitos negros”, “Drume Negrita”, “Hola Cuba”, “Gonna fly now” “Birlant” y la antológica “Pastilla de menta”, dijo Rodríguez.

También incluirán “Chattanooga choo-choo”, vocalizada por las hermanas Marlén Rodríguez Anido y Dunia Rodríguez Rodríguez. También se hará el estreno mundial de “Grisell afroblues”, escrita especialmente por Chú Rodríguez para esta ocasión.

Bobby Carcassés, acompañado por la big band villaclareña, interpretará “Chano blue”, homenaje al mítico tamborero Luciano Pozo, asesinado en Nueva York en 1948 y considerado entre los revolucionadores de las influencias de la percusión cubana en las sonoridades del jazz. También con “Son montuno para Benny Moré”, dará su nota de agradecimiento al mítico músico lajero, uno de los máximos inspiradores de las transformaciones que acogió la historia de nuestra música a partir de los años 50 del pasado siglo. De igual modo, Carcassés, incluye en el programa “Fly me to the moon”, una clásica obra de su repertorio jazzístico.

 Al estilo que aquella Orquesta de Música Moderna, una de las mejores de su tipo de cuantas existió en Cuba en la última mitad del pasado siglo, al decir del musicólogo e investigador Leonardo Acosta, la big band formada en Villa Clara para dos exclusivos conciertos, dejará una inusual huella en el por qué de la necesidad de retomar este tipo de instituciones culturales en una localidad que, por tradición, siempre sintió predilección por el cultivo del jazz en Cuba.

JAZZ EN ILUSTRES CONCIERTOS

JAZZ EN ILUSTRES CONCIERTOS

Por Luis Machado Ordetx

Tres memorables conciertos de música cubana, incluida dentro del formato de jazz, se sucederán al hilo a partir de esta noche. Los escenarios serán los teatros “La Caridad”, en Santa Clara, así como el “Camajuaní”, y el “Villena” en Remedios. Vendrán de la mano de una big band formada por jóvenes villaclareños que sienten predilección por el jazz y las enseñanzas legadas a este territorio por el maestro Armando Romeu González, considerado en el pasado siglo entre los pilares de la Isla en la difusión de esas sonoridades foráneas enriquecidas por la percusión cubana.

Al encuentro por el aniversario 43 de la fundación de la Orquesta de Música Moderna de Las Villas, primero, y luego de Villa Clara (1967-1994), asisten más de una veintena de instrumentistas que transitaron durante 27 años por una institución que, al decir del crítico Leonardo Acosta, figuró en la mayoría de edad de las mejores de su tipo en el país. Fomentó, según su criterio, una manera de “revolucionar y perpetuar un gusto por el jazz” y los timbres y las armonías contemporáneas.

En la lista de los músicos asistentes a los tres conciertos que acontecerán este viernes, sábado y domingo, aparecen: Rubén Urribarres Pérez, maestro fundador, José (Pepe el Manco) Díaz, Melquíades Aparicio, René González, Nelson Oney, Israel Hernández, Juan José Bringues Ochoa, Mario Montalván, Lázaro Rivas, Gilberto Sureda, Antonio Hernández, René Oliva, Roberto Pérez Elesgarai, Blas Rojas, Carmelo Miranda, Luis Anoceto, Guillermo Paredes y Jesús Chú Rodríguez, entre otros. Muchos disfrutarán el suceso irrepetible desde el propio escenario, otros lo harán como observadores desde los palcos.

Roberto Arturo (Bobby) Carcassés Cusa, el “Gurú” del jazz cubano, también intervendrá, de invitado especial, en los tres conciertos. Tendrá la oportunidad de reencontrarse con el público villaclareño que lo aplaude no solo por la calidad de la música que interpreta en su dualidad de cantante-instrumentista, sino también por la peculiaridad de defensor de sus terruños de adopción: Santa Clara y Camajuaní.

Fue el teatro “La Caridad”, el primer escenario de la vida artística de Bobby Carcassés, cuando en la década de los años 40 debutó como artista dramático convidado por la compañía del humorista Enrique Arredondo. Camajuaní, localidad del centro este villaclareño, lo adoptó como ciudadano cubano en 1942, según formulan sus biógrafos.

El repertorio seleccionado por Jesús Chú Rodríguez, director musical, está integrado por “El Manisero”, “Esos ojitos negros”, “Drume Negrita”, “Hola Cuba”, “Gonna fly now”, “Birlant” y la antológica “Pastilla de menta”, un clásico dentro de las seis agrupaciones de música moderna que existieron a finales de los años 60 en Cuba.
Incluirán, además, “Chattanooga choo-choo”, original de Chú Rodríguez y vocalizada por Marlén Rodríguez Anido, y se hará el estreno mundial de “Grisell afroblues”, escrita especialmente por Rodríguez para esta ocasión notable en que se festeja el onomástico 43 de la Orquesta de Música Moderna de Villa Clara.

Bobby Carcassés estará acompañado por la big band. De su repertorio, interpretará —en voz y fliscorno en mano—, las piezas “Chano blue”, considerado un sincero homenaje al mítico tamborero Luciano Pozo, asesinado en Nueva York en diciembre de 1948, y devenido en transmisor de las insustituibles influencias de la percusión cubana en las sonoridades del jazz.

También Carcassés abordará “Son montuno para Benny Moré”, avalada como nota renovable de agradecimiento póstumo al mítico músico lajero, uno de los máximos inspiradores de las innovaciones que acogió la historia de nuestra música a partir de los años 50 del pasado siglo.

De igual modo, incluirá en los programas de presentaciones una antológica pieza: “Fly me to the moon”, texto fundamentado entre los clásicos de un repertorio jazzístico en el cual se asientan tres álbumes prestigiosos de su música: Recordando a Benny Moré, La esquina del Afrojazz y el Jazz Timbero, joyas de un panorama sonoro sin precedentes en la historia interpretativa del showman cubano.

La big band villaclareña, creada por única vez para estos tres conciertos antológicos, estará dirigida por los maestros Jesús Chú Rodríguez, Rubén Urribarres Pérez y Alberto Gutiérrez, quienes concuerdan, al igual que Carcassés, en la necesidad de reinstalar este tipo de formato musical dentro de las instituciones que integran el catálogo artístico nacional. Al menos, la presencia de tres conciertos dejará una inusual valía dentro del jazz cubano en su urgencia por reencontrar otros espacios alejados de que cuanto acontece en escenarios capitalinos.


 

FAGET, EL PEDAGOGO

FAGET, EL PEDAGOGO

Por Luis Machado Ordetx

                                      «No hay un ser en la Naturaleza que incluya todos
                                       los árboles o todos los hombres
                                                        Félix Varela, Lecciones de Filosofía.


El centenario del natalicio de Juan Antonio Faget San Juan vino como un recordatorio a uno de los más destacados pedagogos que transitó durante medio siglo por pasillos y aulas de la más alta casa de estudios del centro cubano: la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

Al observar viejas fotos que conserva el Doctor en Pedagogía Juan Virgilio López Palacio, enseguida vino un recuerdo a la memoria. No sabía el nombre de aquel venerable anciano que recorría las sendas del césped e iba hasta los laboratorios de Física-Química. Casi siempre su atuendo era impecable; vestido en camisa de color claro y de mangas largas, y su distinguida corbata, prenda a la que se aficionó en coleccionar.

López Palacio, un libro abierto a la conversación diáfana e inteligente, dice: «¡ese es Faget, y ronda ahora los cien años de nacido allá en La Habana!».  El suceso le bastó para que describiera pormenores del vasto calado de ese docente en la enseñanza de la Metodología de la Física o la Didáctica.  Como pocos capitalinos, se desentendió del cosmopolitismo de la ciudad, y arribó a Placetas en calidad de maestro cívico-rural. También eso hicieron Onelio Jorge Cardoso, Raúl Ferrer y Silvio de la Torre en otras partes de Cuba. Eran jóvenes impuestos a la contribución al sustento familiar.

Faget San Juan llegó a la otrora Villa de los Laureles, y tomó a ese predio  como “casa propia”, hasta que se instaló en Santa Clara, ciudad  que jamás abandonó en el transcurso de su carrera profesional. Fue «un hombre muy humilde, nacido el sábado 24 de junio de 1911. De ahí viene su nombre, Juan, según el Santoral», destaca López Palacio. Allá, en La Habana, con un precario sostén familiar, concluyó el Instituto de Segunda Enseñanza, y se aficionó a las matemáticas e inició la carrera de Medicina, la cual abandonó de inmediato, y matriculó Arquitectura. La pobreza le impidió continuar su formación, hasta que joven llegó en 1935 a campos cercanos a Placetas.

De aquel hombre, con «andar pausado, blanco en canas, de filosa ironía y un conocimiento impecable de la cultura humanística y el idioma inglés, los jóvenes que estudiábamos la carrera de Pedagogía bebíamos sabiduría», apunta López Palacio, uno de los continuadores de esas lecciones que Faget inculcó sobre el perfeccionamiento de la Metodología de la Enseñanza.

En 1952, cuatro años después de fundada la Universidad, el profesor Faget integró su claustro docente. Ya estaba graduado de Doctor en Pedagogía por la Universidad de La Habana.

Primero venció tres ejercicios de aspirantura: una conferencia, un examen escrito y la elaboración de un programa de estudio en asignaturas relacionadas con la Didáctica del Ciclo Secundario Ciencia y Letras. El tribunal examinador «no tuvo reparos en aplaudirlo y otorgarle la máxima calificación para sumarlo entre los profesores de Pedagogía», subraya López Palacio.

En el primer lustro de la década del 50, el testimoniante entró a la Universidad en calidad de alumno de la carrera de Pedagogía, ocasión en que entabló amistad con Faget San Juan, quien en 1960 le sirvió de tutor del “Proyecto de Didáctica General para los Maestros de Escuelas Primarias”, tesis que le avaló como graduado de la enseñanza superior.

Desde entonces la familiaridad se ensanchó entre ambos. Por más de una década (1960-1976), compartieron aulas en la Escuela de Pedagogía de la Universidad Central de Las Villas, institución en la que Faget demostró su rol de eminente pedagogo; de forjador de generaciones de maestros, y de sabio conductor en el conocimiento de las Ciencias; de la Didáctica.

Por momentos la confesión de López Palacio transita rauda, y hasta hace silencios de evocación. El diálogo con el Premio Nacional de Pedagogía (2003), le anima para mostrar libros que algunos maestros obsequiaron a Faget San Juan en tiempos en que solamente era un sencillo discípulo en aulas de una escuela primaria habanera.

Exhibe una Teoría General de Álgebra, en inglés, y con euforia lee un escrito que el pedagogo habanero escribió en el forro de cartulina que protege una edición empastada e ilustrada del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, fechado en 1876 por la casa editora “Saturnino Callejas”, de Madrid. Allí reza: «No será el de más precio, pero sí el más apreciado de valor». La letra y la rúbrica ostentan una acabada caligrafía.

En la página interior hay un asombro para cualquier lector avezado. El exergo indica: «Esto es justicia, aquí no hay elogios», y a continuación el escribiente sustenta: «Para mi querido alumno Juan Antonio Faget y San Juan. Debe decirse con satisfacción sin que por esto te envanezca, sino que te procures progresar en todos los sentidos que, entre mis alumnos en la escuela número 9, nadie te mejora en conducta, aplicación y en corrección y afabilidad; quien es así como tu, se honra él mismo, porque honra a sus padres. Yo estoy muy contento de ti, no solo por tu conducta, sino también por tu aplicación, que no hay como alabarla. Estos no son elogios de un maestro  para un discípulo a quien se quiere. Esto es justicia nada más. No cambies, nada hay más grato que la satisfacción de un deber cumplido. Procura aprender, pero más ser bueno. La tranquilidad espiritual es nuestra felicidad. Cumple con tu deber

Ese texto lo estampilla Cy Rico, director de la escuela número 9. Por fecha, enero 31 de 1923.  De cierta manera se aprecia una analogía en el discurso que pronunció el Presbítero Varela cuando en 1817 ingresó en la Sociedad Patriótica de La Habana: optimismo ante la educación y el fin moralizante de un proceso formativo que apela a lo analítico. Así lo intuyo en lo que explica López Palacio, y recuerdo a otro inmenso pedagogo: Enrique José Varona y su énfasis en el estudio de las ciencias experimentales, tal como gustaba a Faget en más de medio siglo de ejercicio docente en la explicación de la Física, la Química o la Matemática.

 Aunque después de 1976 el profesor Faget, se instaló en el naciente Instituto Superior Pedagógico “Félix Varela”, jamás dejó de vincularse con la Universidad Central: asistía a claustros; visitaba sus laboratorios; compartía con los estudiantes.

Allí dejó muchas herencias, entre las que cuentan sus continuadores en el campo de la Didáctica y la Psicología: los Doctores en Pedagogía María Dolores (Lolo) Seijas Gómez, Orlando Noriega Madrigal y el propio Juan Virgilio López Palacio.

Con 87 años, el martes 24 de noviembre de 1998, en la adoptiva ciudad de Santa Clara, falleció Juan Antonio Faget San Juan, quien al decir de López Palacio, «estableció una trayectoria humana y profesional que le situó en el universo de los clásicos de la pedagogía cubana». Al menos, esta constituye una justa aproximación a un inconfundible Maestro en el centenario de su natalicio.

JAM SESSIONS EN SANTA CLARA

JAM SESSIONS EN SANTA CLARA

Por Luis  Machado Ordetx

Los cubanos somos inusitados. De ahí la muralla  protectora de nuestra Cultura: hubo que esperar más tres años para registrar en los anales de la vida artística de la ciudad  el paso fundacional, pedagógico y creativo de aquellos instrumentistas que integraron la Orquesta de Música Moderna de Villa Clara. El hecho debió inscribirse en septiembre de 2007, fecha en que se cumplieron las cuatro décadas de existencia de una agrupación inusual en el panorama sonoro musical.

En aquella ocasión los músicos “reinstalados” en muchas partes, no deseaban pasar el suceso por alto. Tampoco querían olvidar a Armando Romeu González (1911-2002), fuente inspiradora en la composición, la orquestación y los cursos que, traducidos del Berklee Collage of Music, impartió al colectivo.

Fueron tiempos, a finales de la década de los años 80, de deliberaciones jazzísticas. A un costado del teatro “La Caridad”, ese maestro  dirigía a los músicos y difundía piezas contemporáneas a la altura de “Room 43”, “The man I love”, “West side store”, “Pastilla de menta” —un arreglo magistral de “One mint Julep”— o “Suite en jazz”, convertidas en antológicas en similares instituciones cubanas.

A la estancia de Romeu, invitado por Jesús Chú Rodríguez, se le debe mucho en Villa Clara. Eso lo saben los músicos. ¡Al fin, esa deuda parece que será saldada! Ahora se anuncian dos conciertos, a principios de julio. El acontecimiento está  corroborado.

 En ese intercambio dotado de cierta “informalidad”, entre mayores y jóvenes músicos, surgirá un brote espontáneo de ideas, de selección, estilos y experiencias. Son conceptos que no se alejan en parte de las emblemáticas representaciones de las escuelas de jam sessions: cada asistente saca una lección de aprendizaje.

La afinidad temperamental reunirá a más de 25 músicos, incluido Bobby Carcassés, quien asumirá su discurso creativo en la segunda parte de los conciertos. La mayoría de los que allí acudirán, ya no tocan juntos: el conjunto se disolvió en 1994, y cada cual tomó un rumbo determinado.

Aunque no habrá un líder en particular, los temas son casi conocidos por todos. La ocasión dará pie a algunas improvisaciones sobre aquellas partituras “manoseadas” desde 1967, fecha de constitución de una orquesta que dejó una estela válida en el contexto cultural villaclareño.  

El maestro Chu Rodríguez asumirá la dirección musical de los dos espectáculos: el primero de julio en “La Caridad”, y el 2 en Camajuaní. Ya las sesiones de ensayos comenzaron el miércoles pasado. En la reunión intervienen 20 fundadores de la Orquesta de Música Moderna de Villa Clara (OMMVC) y jóvenes instrumentistas egresados de nivel medio y superior que sienten predilección por el cultivo del jazz.

Tendremos una big-band ocasional, similar a la que antes existía. Sin embargo, constituirá una lástima no disponer de este tipo de congregación por un tiempo prolongado.

Ya nadie recuerda, excepto algunos amantes del jazz en nuestra ciudad, aquel viejo local de ensayo de la calle Independencia esquina a Unión. Más trascendente, a pesar del transitar en el tiempo, lo constituye el reconocimiento. Ahí viene un aplauso mayor.  En Villa Clara, el repertorio está conservado, con arreglos magníficos. Disponen jóvenes formados, y otros que integraron la “Moderna” empeñados en hacer dos conciertos memorables.

Cuatro directores-fundadores estarán allí: Rubén Urribares Pérez (1967-1972),  Juan José Bringues Ochoa (1972-1976), Nelson Oney Peña (1982-1984) y Chu Rodríguez (1984-1994). Faltará, por desgracia, Fausto Vega Clavelo, ya fallecido, quien se desempeñó, batuta en mano, de 1976 a 1982.

 La lista de invitados es extensa. Ya está concebido el programa: una primera parte, piezas antológicas del repertorio de la OMMVC, y en la segunda Bobby Carcassés, acompañado por la orquesta en esas magistrales descargas a las que tiene acostumbrado al público que disfruta de sus presentaciones.

No estaremos presente ante la típica jam sessions. Sin embargo, la ocasión será inolvidable en ese rumbo que enaltece la cultura jazzística en medio de la informalidad de un “tropiezo” entre instrumentistas de varias generaciones y el auditorio que vibra ante las sonoridades que reencuentran una época histórica en los predios de la ciudad.

BIBLIOTECAS, UN "DRAGÓN" DE CULTURA Y HUMANISMO

BIBLIOTECAS, UN "DRAGÓN" DE CULTURA Y HUMANISMO

Por Luis Machado Ordetx

Algunos agoreros afirman que la sociedad moderna constituye el declive de la palabra escrita o la letra impresa. No dudo que estén sujetos a la preeminencia de los medios de comunicación audiovisuales; de la era digital. Muchos se equivocan, aunque persistan tiempos de privaciones de papel. El imperio que dejó a la humanidad el herrero chino Bi Shueng, hacia el año 1041, sigue en pie.

Claro, ya no son iguales los procedimientos asiáticos de impresión. Tampoco lo son aquellos estados y conocimientos ulteriores que tuvo tal propagación en dominios árabes; europeos. Incluso las inventivas parisinas de Nicolás-Louis Robert, y su máquina de fabricación de papel, quedaron atrás.

Acaso hay un vago legado de asombro ante las alquimias de Gutenberg, cuando creó tipos móviles de metal e imprimió en 1451 los primeros 200 ejemplares de La Biblia conocida por “42 Renglones”. Sin embargo, no caben dudas que desde hace tiempo la emoción  de los libros depende, casi en exclusivo, de los avances tecnológicos y del ingenio del hombre con la electrónica.

A pesar de todos los entuertos que sufre la naturaleza, y también de los estragos acumulados que provocaron y todavía desembocan las civilizaciones  contra los árboles, siguen vigentes los gustos por el libro impreso, y desde esos confines sus conservadores irradian cultura humanística.

En La Edad de Oro, dijo Martí que el padre de Nené Traviesa, «deja siempre abierto el cuarto de los libros», como para que se “archivara” la frescura de la sabiduría. Jorge Luis Borges, el argentino, consideró esos sitios “un paraíso celeste”, y José Lezama Lima, otro cubano, indicó que «toda biblioteca es la morada del dragón invisible

Ese poeta sustentó un esbozo de sus criterios en “Las era imaginarias: la biblioteca como dragón”, un ensayo recogido en 1965 en La Cantidad Hechizada,  justo un año antes que publicara su descomunal novela Paradiso, considerada una pieza clave en la literatura cubana contemporánea.

Félix Guerra, luego de conversaciones prodigiosas con Lezama Lima, recoge en Para leer debajo de un sicomoro (1998), una definición exacta sobre  ese contorno que “escolta” los libros y está abierto a todos:

«en  primer lugar, la biblioteca es un bosque: bosque asiático, teutón, eslavo, noruego o cubano y tropical. Y tal como dijo el poeta, el libro es un árbol, o un sol, que viene auroreando uno por aquí y el otro en el espejo. Porque el sol, a su distancia, envía luz, pero luz que quedaría trunca, trabada, disuelta, si no encuentra la hoja que la convierta en energía primigenia y en oxígeno. Así que el árbol es como el representante de Dios, es decir, homólogo del hombre, si el hombre se decide a ser el representante del sol en la Tierra. La hoja del árbol, si vamos a definirlo por lo hemostático, impide que la sangre escape, la humana, y vaya al río animal como turbión: si lo alimenta en directo o si lo alimenta en indirecto, a través de la bestia vegetariana, el hombre por fin se levanta de la eventual condi¬ción de cuadrúpedo. La hoja del libro homologa esa acción, pero ya en otra intersección secuencialmente posterior. La casuali¬dad no arma trampas de tan poco costo: es lo paralelo y lo tan¬gencial haciendo coro en la causalidad. La hoja verde es una biblioteca vegetal, la hoja industrial es la biblioteca razona¬da. La del árbol es razón primigenia, la del libro es otra arremetida del sol.»

Con ese prisma nacieron las inmensas bibliotecas de la humanidad; no como las ubicadas en el Barroco —de enclaustramiento en conventos—, sino, abiertas al deleite de todos. Manuel Dionisio González en su Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción, cuenta que hacia 1853 existían en la ciudad dos imprentas, y tras la existencia del Eco de Villaclara, un periódico, sus moradores daban pasos acelerados para conformar una biblioteca pública.

 Similar idea prendió en 1866 el español Antonio María de Porras, teniente Gobernador de Sagua la Grande. El proyecto fue acogido dos años después por la Sociedad de Instrucción y Recreo “La Tertulia”, en San Juan de los Remedios.

La bibliotecología en Cuba no constituye un acontecimiento reciente. Antonio Bachiller y Morales (1812-1889), es considerado su Padre Fundador. El 7 de junio, día de su nacimiento, sintetiza el punto de partida para el reconocimiento a hombres y mujeres que laboran en ese tipo de institución cultural. De ese humanista, escribió Martí el 24 de enero de 1889 en el Avistador hispano-americano:

«Daban las tres, cuando el trineo del lechero madrugador sujeta en la nieve de la puerta las campanillas; y ya estaba a su mesa, sin que el frío le arredrara, componiendo su "Guía de Nueva York", su carta al Siglo XIX de México, en que cuenta al correr de la mano las cosas yanquis, sus libros de texto para el excelente "Educador Popular", su artículo del día para El Mundo Nuevo, su diario de la revolución, donde con aquella alma franca y sin malignidad ponía cuanto de heroico, contradictorio o feo veía a su alrededor en aquella época confusa».

En 1950, un grupo de profesionales de ese sector, denominó a Bachiller y Morales, el primer bibliógrafo cubano, y  Padre de Nuestra  Bibliografía. Desde 1995, la fecha de su natalicio es acogida para festejar una  afirmación enaltecedora a quienes se desempeñan en similares menesteres públicos o especializados.

Tampoco podría olvidarse las labores de dos impulsores humanistas de la bibliotecología cubana: Arturo R. de Carricarte (1880-1948) y Francisco de Paula Coronado (1920-1946). El primero en su estudio monográfico La cubanidad negativa del Apóstol Martí, publicado en 1934, clamaba ante la nulidad y el desconocimiento de la raíz antiimperialista y revolucionaria del Apóstol cubano a finales de los años treinta del pasado siglo.

En un examen en la Biblioteca Municipal de La Habana (1920-1931), solo 300 personas, de más de 200 mil que visitaron la institución,  se interesaban en leer las obras completas de Martí. En 1927, igual institución de Santa Clara, adscripta al Gobierno Provincial, recibió 17 509 lectores, y tan solo 4 solicitaron parte de la literatura escrita por o sobre el más universal de todos los cubanos. Aquello, según de Carricarte, era una afrenta   al  genuino pensamiento del radical forjador de la continuidad independentista. Ahora a José Martí, desde su pensamiento revolucionario, lo disfrutan millones de lectores.

Coronado, muerto prematuramente, sentía un especial amor por el libro cubano; también percibía un gusto notable por la cultura insular. Su rica y vasta biblioteca personal, con incunables, originales documentos de la Nación, contentivo de piezas capitales de sus padres fundadores,   fue traspasada en 1960 a la Universidad Central “Marta Abreu”de Las Villas. Allí está, como un tesoro de sabiduría.

En un repaso, aunque elemental, en torno a las bibliotecas, sus funciones sociales y culturales, jamás dejaría fuera un magno proyecto organizado a mediados de la década de los años 50 de la pasada centuria por los villareños José Ángel Buesa (1910-1982), Arturo Doreste (1895-1985) y Sergio Enríquez Hernández Rivera (1920-1988), tras la rúbrica del Decreto- Ley No.1818, de 1954.

Desde ese instante quedó abierta la Asociación Nacional de Bibliotecas Ambulantes y Populares (ANBAP), centro impulsor de las instituciones públicas en el país. No importó que contaran solo, casi siempre, con el respaldo financiero personal y el ánimo de muchos amigos del gremio. El proyecto ganó impulso social y cultural, lo cual permitió, al margen de donativos económicos, crear 21  bibliotecas públicas y la circulación en 1955 de la revista Isla, un sello editorial que promovió «acercar los libros al lector y a los lectores entre sí». También promovió la reimpresión de piezas literarias cubanas,  reseñas críticas y el acervo cultural cubano, un camino para fomentar la instrucción popular y el conocimiento.

De esos ingentes esfuerzos por propagar las culturas cubana y universal, brotó un turbión indiscutible. Después de 1959 el pueblo asaltó de manera masiva otras fuentes de saber atesoradas en bibliotecas públicas o especializadas surgidas en la celeste constelación insular. Era, y es, tener siempre abierto, como decía Martí, el cuarto de los libros  al juicio creciente del hombre.

EL «ANTOJO»; EL CHORRITO SORPRENDENTE

EL «ANTOJO»; EL CHORRITO SORPRENDENTE

Por Luis Machado Ordetx



Las cristalinas aguas que brotan del manantial traspasan las rocas que se interponen en el camino. El principio de su recorrido descendente está en la cima de las alturas de la loma de Sabanita, Son aguas sorprendentes; refrescantes y hay quienes le atribuyen facultades tonificantes para el rostro femenino.

Desde tiempos inmemoriales un caprichoso serpenteo de agua abrió grietas interiores en las sólidas rocas, y el cristalino líquido desembocó a una orilla de la carretera. Forma parte del habitual peregrinaje de los mortales que transitan por la serranía villaclareña hacia Topes de Collantes.

Jamás ha dejado de propiciar agua a una boca sedienta, sea un ser viviente o un equipo de transporte. Por más de medio siglo está allí; protegido como un capricho de la naturaleza. Algunos lo denominan el “Ángel de Goteo” permanente. Tal vez sea por el fresco y abundante líquido que propicia.

Las temperaturas del agua oscilan por debajo de los 15 grado Celsius, unos 59 Fahrenheit. Así lo comprobé con un termómetro manual. Tiene una ubicación exacta a 8 kilómetros del poblado de Jibacoa, entre los asentamientos de Veguitas y de Pretiles, en el municipio de Manicaragua.

La existencia del manantial llama a la curiosidad del menos propenso de los caminantes, principalmente de turistas y personas no moradoras de  la zona. Hace poco alguien comentó que el agua que lo nutre se había secado ante la inclemente sequía que azota al país. Muy a pesar de la bienvenida a la temporada de primavera, los embalses del territorio central cubano, a penas se enteran de los aguaceros.

Como la “vista hace fé”, retorné, como años atrás, hasta el Chorrito del “Antojo”, bautizo popular dado a la inextinguible “poza” que germina en las alturas de la loma de Sabanita. El agua florecía allí a raudales. Algunos de los acompañantes deseaban “llevarse” el acuífero hasta la casa para paliar la falta de agua que suministran los acueductos a las ciudades. Era una especie de broma; un salpicado de ironías.

 Bien saben que el “Antojo” es como un patrimonio de la serranía nuestra; de la hidalguía de la naturaleza; de la protección de los bosques y montañas en ese muestrario que se ofrece ante un  silencioso caudal. Otros saltos de agua similares, y que abundan más allá de Jicaboa, próximos a Guanayara, Picos Blanco, Algarrobo, Can-Cán, La Felicidad y Cuatro Vientos, sufrieron los estragos de la sequía.
Eso lo sé; también lo comprobé. No me podía quedar callado ante el dislate geográfico de quien dijo que el “Antojo” estaba seco. A diferencia de otros mantos acuíferos que se desaguaron, el Chorrito está allí, como comulgando con ese aire que sopla en la fuente, situada al lado izquierdo de la carretera, cuando el viajero va rumbo a Jibacoa.

Al lado del brocal y las lajas protectoras, crecen silvestres los helechos arborescentes, las ornamentales malangas; las mariposas; las aterciopeladas “cucarachas” y el vetiver, por solo enumerar algunas de las plantas.

 En los alrededores, se escuchan los sonoros cantos de la cotorra, y también del tomeguín del pinar y se aprecia el jugueteo del zunzunzito cubano. El lugar tiene otras delicias: casi nunca, por no ser absoluto, recibe los rayos de sol. Eso propicia que se convierta en un remanso;  un lugar de encantamiento para la contemplación de un impresionante paisaje serrano, con su flora y fauna autóctonas, siempre cuidado por la eterna y paciente mano de anónimos hombres que abundan entre lomeríos.

HARVARD EN SANTA CLARA

HARVARD EN SANTA CLARA

Por Luis Machado Ordetx

El sinfonismo del nacionalista checo Antoni Dvorák (1841-1904) provocó exaltaciones en Santa Clara, una ciudad cubana que, alejada a 280 kilómetros al este de La Habana, conoce a la perfección el virtuosismo musical que engendra la paleta de una orquesta foránea o su anfitriona surgida allí en las postrimerías de la segunda década del pasado siglo.

Esa forma fresca, novedosa y reluciente del compositor europeo vino con la majestuosidad de la sección de cuerdas y los cornos de la Orquesta de Harvard-Radcliffe, de Cambridge, Massachussets, durante el instante en que interpretaron la “Novena Sinfonía”; la habitualmente conocida “Del Nuevo Mundo”, ante un teatro “La Caridad”, con más de mil capacidades, de lleno total.

 No se notó la ausencia de una tuba en el lirismo del segundo movimiento, y mucho menos en la estructuración del tercero y cuarto, al suplirse por el hechizo entre cuerdas y cornos, en medio de esa dignidad que Dvorák transfirió al tiempo cuando compuso su sinfonía durante la estancia en Estados Unidos en plena demarcación del siglo decimonónico.

Fue el “plato fuerte” del saludable programa que ejecutó la agrupación juvenil estadounidenese, por vez primera de visita en Cuba, tras la presentación el jueves en el coliseo “Tomás Ferry”, de Cienfuegos, y luego aquí en Santa Clara, anfitriona de ese encuentro entre dos culturas hermanadas en torno al sinfonismo y un lenguaje que no marca fronteras entre los pueblos del mundo.

El espíritu del compositor checo, deslumbrado por el “Nuevo Mundo”, registró esa bienvenida, prolongada después con la “Obertura Cubana”, escrita en 1932 por George Gershwin (1898-1937), cuando se radicó por un tiempo en La Habana para respirar los aires del afrocubanismo de Amadeo Roldán y Alejandro García Catarla en torno a la herencia africana en la cultura antillana e isleña.

El maestro Federico Cortese, al frente de una orquesta muy joven, pero de notable talento, insufló aires de lucimiento a las interpretaciones de los instrumentistas que, en más de una ocasión, y sin decantar irrespeto o desconocimiento musical, atinó al aplauso prolongado y a la ovación conclusiva.

A primera hora, la Orquesta Sinfónica de Villa Clara, bajo la batuta de la maestra Irina Toledo Rocha, acogió, ante invitados y el público, un bosquejo de lujo que incluyó los “Tres Preludios”, del romántico húngaro Franz Liszt (1811-1886), inventor de la música programática,  quien imprimió a esa pieza un vigor cautivante en el diálogo entre los trombones y las cuerdas. Allí se palpa una  nota de agrado   en la ejecución poemática del sinfonismo, firmeza en la que Liszt formuló parte de sus conceptualizaciones.

Los villaclareños también incluyeron en su programa el “Tema para una marcha de esculturas” y “Cuasi conga, cuasi caringa”, escritas por el cubano Jorge López Marín, y “Guaguancó”, pieza del también isleño Guido López-Gavilán, la cual pudo quedar mejor ante las incongruencias persistentes entre las secciones de cuerda y el tiempo que asumen los “ritos” de percusión cautivante.

 No obstante, ese diálogo sonoro entre los pupilos de los maestros Cortese, y Toledo Rocha, constituyen puentes de hermandad en torno a la más “bella forma de lo bello”, como dijo Martí al abordar la jerarquía impostergable que concede el tiempo a la más universal de las artes fundida en los pueblos que conforman el universo.

Este martes, al término de su tercera y última presentación en Cuba, la sinfónica de Harvard-Radcliffe, de Cambridge, Massachussets, actuará en La Habana antes de partir hacia los Estados Unidos tras un importante paso en sus periplos internacionales. No dudo, que, justo allí, el repertorio del clacisismo, con Ludwing Van Beethoven (1770-1827), aparezca con la interpretación de la “Novena Sinfonía”, invocando siempre al “Himno de la Alegría” y la hermandad soberana y cultural que persiste en los pueblos; sería una invocación al preludio imperecedero del humanismo universal.