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PERIODISMO

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (6)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (6)

Por Luis Machado Ordetx

Plácido, el poeta controvertido, deja en la actualidad más de una duda. El origen está en la inexistencia de pruebas documentales que aporten otros datos precisos sobre las dos visitas prolongadas que hizo a la región central cubana entre 1840 y 1843. Más allá de lo dicho por el villaclareño Manuel García Garófalo Mesa, poco queda por precisar, y también mucho por indagar. A pesar de eso, desde el punto de vista historiográfico se abren abismos insalvables.

La valiosa papelería que manejó el investigador en Plácido, poeta y mártir (México, 1936), anda desperdigada, y resulta casi incontrastable. No obstante, al margen de los imprescindibles bosquejos se sustentan particularidades de la presencia del cantor en su “malhadado viaje a Sagua”. También hay especificaciones sobre la radicación en Santa Clara, y los recorridos por Manicaragua, “Guara-Cabuya”, San Juan de los Remedios, San Juan de los Yeras, Cienfuegos y Trinidad. De lo contrario, rebusquemos en las composiciones que acoge El Veguero (1841), dedicada a los amigos de Villa-Clara.

Las incursiones ofrecen diferentes hipótesis: sustento económico como peinetero, colaborador en El Eco de Villa Clara, “cantor” de familias adineradas, visitador de lidias de gallos, y hasta “presunto” conspirador contra el colonialismo español. Sea una cosa o la otra, por desgracia, 32 acusaciones lo llevaron el viernes 28 de junio de 1844 hasta el pelotón de fusilamiento.

Apunta Garófalo Mesa que «A los tres meses y cinco días de casado, emprendió Plácido su segundo viaje a tierra adentro, saliendo de Matanzas el 2 de marzo de 1843, dirigiéndose a la villa de Sagua la Grande y siguiendo después viaje para Villaclara, a donde llegó felizmente el 5 de marzo de 1843, en horas de la tarde

Con seguridad, el poeta emprendió su viaje en “Jején”, “Sirena” o “Nuevo Almendares”. Eran los únicos vapores que por esa fecha cubrían cada semana las rutas entre Cárdenas-Caibarién, y La Habana-Caibarién, así como La Habana-Nuevitas, con respectivas paradas en el muelle Real de la Villa del Undoso.

Plácido traía “licencia gubernamental” para transitar hasta Cienfuegos y luego retornar a Santa Clara, suscribe Garófalo Mesa. También lo aclara Daisy Cué Fernández en Plácido, el poeta conspirador (Oriente, 2007). Después, por tierra, el escritor estuvo en Trinidad, sitio en el cual sufrió prisión en la cárcel La Ferrolana.

 Ahí surge otra insalvable incertidumbre. Sebastián Alfredo de Morales, refiere: «Dos meses permaneció (…) encerrado (…), inculpado de conspirador político (…), y a pesar de las indagaciones fiscales (…) hubo de sobreseerse en la causa incohada y se decretó su excarcelación…» Garófalo Mesa alega que fueron seis meses de reclusión. Plácido da razón a este historiador según la carta aclaratoria que dirige  al magistrado Joaquín de Astral y Caneda, quien asumió la defensa en esa ocasión.  

Cué Fernández  afirma que el 17 de noviembre de 1843 Plácido «regresó a Matanzas. El barco en que iba hizo escala en Cienfuegos y el poeta aprovechó la ocasión para entrevistarse con unos amigos y llegar a Yaguaramas. Permaneció en Matanzas hasta el 30 de enero de 1844, cuando fue nuevamente detenido y ya no saldría con vida de la cárcel».

Garófalo Mesa desenmaraña el nombre del barco. Fue abordado en Casilda. Aquí se advierte otro argumento: «En los últimos días del mes de noviembre de 1843 echaba ancla en la incomparable bahía de Matanzas el vapor “Cisne”, trayendo a bordo al poeta Plácido que regresaba de su excursión por las poblaciones villareñas.» Tamaña “gira”, ¡en la cárcel!

De acuerdo con los Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, Martínez-Fortún, acota que, en abril de 1841, «Empiezan a viajar los vapores “Villanueva”, cap. Llovet, y “Cisne”, entre Batabanó y Manzanillo, con escalas en Cienfuegos, Trinidad y Santa Cruz del Sur.» Todo concuerda hasta este punto.

Sin embargo, aquí vienen las perplejidades en relación a lo subrayado por Cué Fernández y Garófalo Mesa: ¿Por qué ir a Yaguaraguas a ver a unos amigos cuando acaba de salir de prisión? Es muy probable que  no fuera por temor a perder la embarcación de tránsito, y hasta por las complejidades del camino. El trayecto de ida y vuelta comprendía más de 60 kilómetros de terrenos llanos, pedregosos y hasta cenagosos. La única manera de trasladarse allí era en cabalgadura.

Surgen otras interrogantes: ¿acaso no tendría ansiedad por llegar a Matanzas y “abrazar” a María Gil Ramona Morales, la esposa, después de unos diez meses de ausencia del hogar?, y ¿cómo resulta posible llegar, así de fácil, del sur al norte en nuestra geografía insular?

Con ese razonamiento Plácido en su segundo viaje de retorno por mar hizo el siguiente itinerario: Matanzas-Sagua la Grande-Villaclara-Cienfuegos-Villaclara-Trinidad-Cienfuegos-¿Matanzas? La travesía que realizó, por supuesto, tocaba el paraje final en  Batabanó, refieren las rutas que antes de 1852 traza el historiador español José García de Arboleya. Entonces, asumió el poeta dos alternativas: por tierra o por mar, desde La Habana hasta la Atenas de Cuba. De lo contrario se enroló en un extenso rodeo por el Cabo de San Antonio, al extremo oeste.

En el caso del “Cisne” resulta un imposible que anclara, como precisa Garófalo-Mesa, en la bahía de Matanzas. ¿Por qué razón? Ya para entonces, Batabanó, centro principal de cabotaje por el sur, tenía  caminos de hierro desde San Felipe a La Habana. Puede que aquí Plácido tomara otro vapor. Sin embargo, se infiere, no era el “Cisne”, como reseña el biógrafo, dada la última parada de esa barco en la costa sur.

Al autor de “Plegaria a Dios”, en algún que otro momento, habrá que volver tras las sendas de su radicación transitoria, por más de un año, tal como registró Garófalo Mesa, en territorios villaclareños.   

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (5)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (5)

Por Luis Machado Ordetx


Placetas fue una obsesión para los Capitales Generales que se sucedieron como jefes del gobierno español en Cuba hacia el último lustro del siglo XIX. Consideraron a este territorio de la jurisdicción de San Juan de los Remedios un peligro potencial para sostener la dominación colonial más allá de los 384 años que llevaban en la Isla.

Aquella localidad desprendida del Hato de Guaracabulla, y fundada en 1867, se erigió en centro de operaciones insurrectas por la posición estratégica de su topografía irregular compuesta de sabanas y discretas elevaciones que la circundan, dice José García del Barco Alonso, en su magistral ensayo Camajuaní y la Revolución del 95, editado en La Habana en 1928.    

Esos criterios también los suscribe José Antonio Martínez-Fortún y Foyo en sus Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, al considerar a Placetas entre las ciudades más prósperas del centro del país. No por gusto, desde 1726 el cabildo de esa Villa interpuso ante la Audiencia de Santo Domingo una demanda contra su similar de Santa Clara, por pretender apoderarse de las tierras de Guracabulla, asiento inicial del futuro fomento del potero  Las Placetas, un sitio obligado en el tránsito hacia el oriente por vía del camino de Sancti Spíritus.

Los preparativos de la guerra, indica García del Barco, obligan al Capitán General Emilio Callejas Isassi, tildado de “blando y confiado”, a desplazarse en 1894 hasta Remedios, Calabazar de Sagua, Zuluetas, Camajuaní, Caribarién y Placetas. Quiere conocer de cerca la situación revolucionaria que allí se respira. Los ánimos están caldeados en elementos conspiradores que animan Francisco Carrillo Morales, Pedro Díaz Molina, Quintín Bravo, Federico Laredo, Charles Dod, José de Jesús Monteagudo, Leoncio Vidal, y los hermanos Carlos y Gerardo Machado Morales…

Callejas está acompañado de su esposa, Dolores Martínez Vilalet, y de sus ayudantes Marás y Cánovas del Castillo. También lo auxilia Julián Ayala, cronista titular del Diario de la Marina. Va hasta Caibarién donde erstá atracado en cayo Francés el crucero Infanta Isabel II, acompañado de otras cinco embarcaciones de gran calado. Desembarcan por allí 14 mil soldados españoles. En marzo del siguiente año estalla la guerra en Las Villas, y se comenta que el General Arsenio Martínez Campos, será destinado a Cuba.

El Criterio Popular, de Remedios indica que el oficial español llegó a Puerto Rico en el crucero María Cristina, y que los Ciudad de Cádiz, Monserrat, San Agustín, Antonio López, León XIII, Alfonso XII y Santo Domingo, se dedican al transporte de tropas que arribarán por La Habana o Caibarién. En los primeros días de abril Joaquín Castillo, desde Santa Clara, se levanta en armas. Días después en zonas del ingenio “Adela”, lo hace Bravo Rojas, Francisco Carrillo y Juan Bruno Zayas.

El primero de mayo Martínez Campos está en Santa Clara. Hacía 17 años que no recorría la comarca. Apenas se sacudió el polvo de la travesía marítima, y ordena reparar los fuertes militares que rodean a Remedios y construir otros en Buenavista. En Placetas deja un batallón de soldados bajo las órdenes del general Luque, a quien lo asisten los el coronel  Peralta y el remediano Dámaso Berenguer y Fusté.

El 14 de junio el ex comandante Rafael Casallas Monteagudo, del séptimo escuadrón del regimiento Camajuaní, toma la manigua y acampa en la Loma del Curial de los Pavos, no lejos de Aguada de Moya. Días después lo hace Gerardo Machado Morales, y a la semana se produce en las inmediaciones del ingenio “San José”, a seis kilómetros a la derecha de Placetas,  primer fuego de importancia en esta comarca.

El combate es contra tropas del Comandante García Delgado, jefe de dos compañías del regimiento Isabel la Católica. El balance: dos muertos y trece heridos enemigos. Las fuerzas cubanas se retiraron a Vista Hermosa y el ingenio “San Andrés”, y entre los fallecidos llevan a Casallas Monteagudo.

Precisa Martínez-Fortún que la tropa insurrecta la componían mil hombres, mal apertrechados, pero dispuestos a morir antes que deponer las armas. Callas fue enterrado en el campo, en áreas de Bella Unión, y un delator ubicó el lugar. El 24 de junio su cadáver fue expuesto al público, y por la noche depositado en el patio del Ayuntamiento para que se pudiera celebrar la retreta. Al siguiente día recibió sepultura en el cementerio de Placetas.

A mediados de junio Martínez Campos retorna a Santa Clara, Remedios, Placetas… Pedro Díaz Molina se levanta por Jinaguayabo, y Leoncio Vidal Caro Casimiro Naya Serrano lo hacen por Camajuaní. Hay más de 2 mil 900 soldados españoles en el territorio central para intentar cortar el paso de Máximo Gómez en esta región. Vienen más tropas del regimiento de Borbón.

En julio el capitán general está otra vez en la región. Suscribe El Criterio Popular que «a pesar de su gordura, monta un caballo en placetas y con una escolta de 120 hombres marcha a sancti spíritus. En Tunas de Zaza embarca para Ciego de Ávila y la trocha de Júcaro para evitar el paso de Gómez.» En todos los pueblos hay destacamentos españoles, y de julio a septiembre, llegan a Cuba 26 mil 835 nuevos soldados. En Remedios construyen fuertes y otras obras de defensa: Garmendía, así como los situados a la salida de Baracoa, de Caibarién, del Príncipe, Vereda del Carmen, de Bartolomé, de Santa Clara y del Tesico.

Agosto 10; Martínez Campos está otra vez en Santa Clara. Distribuye sus fuerzas militares: general Álvaro Suárez Valdés, jefe de la provincia, y segundo jefe Luque; en Sagua la Grande el coronel Vando Hernández de Velazco, en Cienfuegos José M. López. En trinidad estará el coronel Manuel Reyes, y en Sancti Spíritus el coronel José izquierdo. Todos estarán respaldados por los batallones de Zamora, Chiclana, Granada, Tetuán, y los escuadrones de Numancia, Princesa y una compañía de ingenieros. A Remedios irá el coronel Oliver con batallones de Borbón, Isabel II, Burgos, y dos escuadros de Camajuaní, y el de Pavia.

En septiembre el propio Capitán General recibe 2 mil 739 hombres  que han desembarcado en Caibarién e integran los batallones número 36 de Burgos, las Navas, San Mariscal e Isabel II. En Camajuaní el general Carlos Palanca Cañas fiscaliza la construcción de cinco fuertes. En los ingenios “San Andrés”, “San José”, “Fe” y “Salamanca”, en las inmediaciones de Placetas, se concentran soldados del destacamento de Borbón. En Buenavista se establece el comandante español José Serrano Puig, mientras el general Zamora se apresta a terminar ocho fortines en el ángulo sur-este del cementerio y el poblado de Placetas.

Martínez Campos no da más: el 17 de enero de 1896 se despide de Cuba, y tres días después Valeriano Weyler Nicolau, Marqués de Tenerife, figura como Capital general de la isla. El periódico trisemanario El Remediano, de Facundo Ramos Ramos, anuncia «años de terror para los cubanos.» Por esa fecha se acrecientan los combates en las inmediaciones de Placetas. Serafín Sánchez con sus hermanos Raimundo y Tello, llegan en febrero a los ingenios “San José”, “Lavalette”, “Rosalía” y “La Julia”, la “Fe”, y toman los caseríos de La Sabana, Cien Rosas, El Mamey Viajacas Gordas y Palo Prieto (Robalos). Hay sobre las armas insurrectas unos 2000 hombres. En Palo Prieto se enfrentan mal armados a las fuerzas del coronel José López Amor.

En una reseña recogida por Martínez-Fortún, El Placeteño precisa: «El combate comenzó temprano en la mañana, y según los oficiales que estuvieron en la acción, aseguraron que fue mal dirigido por Sánchez, quien no era afortunado para mandar grandes núcleos de hombres como Gómez y Maceo. Tuvo su obstinación en dar cargas de caballería contra la bien apostada infantería española; esa fue la causa del gran número de bajas que anotaron los cubanos…

Weyler dictó por esos días tres bandos: concentración de habitantes de campo en Oriente, Camagüey, Santicti Spiritus y Las Villas; otro sobre los que propalan noticias perjudiciales al gobierno e incendien poblados, y el último  relacionado con procesos sumarísimos. Desde ese día comenzó la guerra destructora del Marqués  de Tenerife.

En Placetas y demás pueblos se han tomado grandes precauciones ordenadas por el Capitán General: proteger con por sacos de arena y raíles de ferrocarril la Casa Consistorial. En el fondo colocar un tambor cañonero; hacer fortificaciones, trincheras de tierra y palmas, alambradas. La mayor parte de las casas de campo en toda la jurisdicción han sido pasto de las llamas, la ruina y la desolación impuestas por el batallón de Barrabás  en toda la jurisdicción.


Desde La Habana, 2 mil insurrectos que acompañan a Máximo Gómez, entran a Las Villas por Quemado de Güines; van hacia Sagua la Grande, Cifuentes, La Esperanza.

En Placetas Wayler dispone el estacionamiento de 3 mil soldados españoles, y que los revolucionarios fueran tratados como incendiarios. José Poveda, cajista de El Placeteño se va a la manigua junto a las fuerzas de Serafín Sánchez, jefe del cuarto ejército de Las Villas. Juan Bruno Zayas y Chucho Monteagudo andan por  Manajanabo. Gómez burla los cercos, y está en La Reforma, Sancti Spíritus.


La fiebre amarilla hace mella en la población y los soldados españoles, señala Martínez-Fortún. Hay en la provincia 7 mil 663 casos, y un 22% de muertes. Un éxodo de emigrados canarios se produce por Caibarién. Huyen de las calamidades que aterran a campos y ciudades.

En mayo otros cinco fortines son terminados en Remedios, ya suman 12. Un foso de 4 mil 990 metros rodea la ciudad; sirve de defensa y desague para las agua pluviales. Tiene seis puentes levadizos en otras tantas entradas a la población. Una estacada de alambre de púas con dos mil postes y 50 quintales de alambre con un desarrollo  de 5880 varas completan la defensa. En la plaza y matadero también hay dos tambores.

En la vía del ferrocarril, rumbo a Rojas, así como los existentes entre Placetas y San Andrés (Solano, Lladas, Castañón, Praderas, Serrano y Struch), y en sus márgenes de zonas de cultivo,  se construyen muchos fortines de mampostería y de madera. Existe uno al lado del puente Río Seco. En los ingenios vecinos se han hecho fortificaciones. En Oliver, concluyen una defensa de tres pisos y diez metros de elevación, con capacidad para 40 soldados españoles.

Facundo Ramos Ramos, en El Remediano,  dice que el «ejército español ha tenido desde que comenzó la guerra las siguientes bajas: 3 generales de brigadas, 3 coroneles, 5 tenientes coroneles, 21 comandantes, 69 capitanes, 128 primeros   tenientes, 64 segundos tenientes, 11 sargentos, 223 cabos, 66 cornetas, y 4 mil 157 soldados y 10 guías.»

El miércoles 10 de febrero de 1897, en horas de a tarde llega Weyler nuevamente a Placetas. Vino por el camino de Santa Clarita escoltado por más de 16 mil soldados de todas las armas. Su disposición: destruir todos los sembrados que encontraban, y conducir a los campesinos a los pueblos. La localidad, al igual que otras en Las Villas y el país, se convirtió en un foco de infección. Ramos Ramos precisa que los militares de bajo rango «se alojaban en los portales de las casas, hacían el rancho en las calles y depositaban las excretas en todas partes; como combustible utilizaban la madera de las cercas de los patios y acabaron con las gallinas y otros animales domésticos. Fue una tempestad humana que cayó sobre esa comarca remediana

Al siguiente día el Capitán General se entrevista con  Fagoada, Intendente de la Real Hacienda, y va a caballo a Sancti Spíritus para combatir a Gómez en la abrupta serranía de el Yigre. Antes dijo que en toda la jurisdicción cumplieran su bando sobre la zona de cultivos, y aclaró que los ingenios que tuvieran pagadas sus contribuciones podían moler la caña que antes habían plantado. Vestía pobremente, sin galones, su única insignia era el fajín.

 De regreso, llegó a Remedios, fue al ferrocarril, y en tren extraordinario marchó a Caibarien. Ya usaba, indica El Remediano, una escolta de soldados negros, y vestía un traje de rayadillo, sombrero de jipijapa, machete de los más comunes, botas y zapatos de cuero blanco, espuelas de acero y camisa de color sin corbata, según un apunte que especifica que hasta el 16 de marzo de 1897 han llegado a Cuba 40 generales, 664 jefes, 6185 oficiales y 179 mil 174 soldados y clases. En bajas, refiere el reporte, tienen 8072 heridos y muertos en combate, entre ellos un general, 6 jefes y 55 oficiales. De vómito han muerto 1 general, 13 jefes, 107 oficiales y 10 mil 475 soldados.

El 10 de abril, otra vez Wayler está en Placetas. Desea ir hacia la trocha de Júcaro a Morón. Se alojó en la casa de José Roza, en la calle 1ª del norte, cerca del Casino Español. Cambia de idea, y al siguiente día toma el camino de Santa Clarita, y enrumba a caballo hasta Cifuentes, para embarcar de inmediato hacia La Habana en el cañonero Pizarro fondeado en Isabela de Sagua.

Regresa en mayo. Viene de paso por Cienfuegos, San Juan de los Yeras, Manicaragua, y pernocta en Placetas para operar contra Gómez en La Reforma. Dice el periódico norteamericano Sun que han fracasado todas las combinaciones del Capitán General  para capturar a Gómez en Sancti Spíritus.


 La situación de los concentrados se empeora: mueren de hambre por las calles, plazas y trenes; desnudos y harapientos arrastran sus esqueletos por las calles de la ciudad. La revista del Ejército Español precisa que en Cuba hay en agosto de 1897 unos 165 mil 427 efectivos peninsulares, y 21 mil 783 voluntarios movilizados, casi todos cubanos y canarios.

Por esa fecha Gómez despliega su campaña La Reforma para dispersar las fuerzas españolas concentradas en la región central; aplica tácticas de desgaste de los soldados peninsulares. Unos 26 mil 500 reciben el azote de las lluvias, el sol y los mosquitos y permanecen reclutados en hospitales. Wayler no se resiste a que sus fuerzas militares queden diezmadas. Viaja de La Habana a Sagua la Grande por mar. El general Cánovas dice que en la guerra de Cuba España debe dar hasta  «la última gota de su sangre y la última peseta.» Extreman los Bandos de Reconcentración: evitar el apoyo al ejército libertador; enclaustrar a los campesinos en las ciudades; evitar suministros de alimentos y medicinas.

El 9 de octubre de 1897 weyler es relevado del mando; lo sucederá Ramón Blanco. El domingo 31 embarca en el Monserrat. El 17 de noviembre desembarca en La Coruña. El 4 de diciembre en la edición matutina de El Remediano, Facundo Ramos Ramos dirá: «Triste es decirlo, pero es la verdad; en esta guerra unos y otros estamos trabajando para el “yanquee! El es el único que saldrá beneficiado, tanto en la venta de toda clase de pertrechos de guerra cuanto en la adquisición de valores públicos de la titulada República cubana (…) Hay que desengañarse, la gente que está en el monte y la justa revolucionaria que le representa y dirige no están por la autonomía: quieren la independencia o nada. Buscar otra cosa es buscar al Preste Juan de la Indias. Los E.U. ni la quieren ni la dejan de querer, le es indiferente; lo que ellos quieren es que la revolución continúe para que las fuerzas de unos y otros se gasten, para que los pertrechos se consuman y los hombres desfallezcan. Entonces, ellos, con sus manos limpias “se comerán la pera que para entonces estará muy madura”….»

Gómez sigue por Majagua, Hoyos, Las Casitas, Rincón del Guano y La Reforma. En otras partes de Cuba se sigue combatiendo. El 14 de agosto de 1898 llega a Placetas un Telegrama Oficial: «El Excmo Sr. Comandante en Jefe de este Cuerpo de Ejército me dice que hoy por telégrafo lo que sigue: El ministro de la guerra en telegrama de anoche me dice lo siguientes: firmado protocolo preliminares de paz entre el gobierno de España y el de los Estados Unidos, a consecuencia del cual ha sido acordado suspensión de hostilidades por fuerzas de mar y tierra y transmitida ya órdenes en tal concepto a los Estados Unidos”. Dicte V:E inmediatamente las disposiciones necesarias para que se observen dichas disposiciones por las fuerzas del Ejército y Marina.»

A partir del 22 de diciembre de 1898 las fuerzas cubanas  hacen entrada en los diferentes pueblos de la jurisdicción del centro del país, y ocurre una gran velada en el teatro “La Tertulia” de Remedios. Primero de enero, domingo, a las doce del día cesa la soberanía española en Cuba. El general Adolfo Jiménez de Castellanos entrega el  mando al general norteamericano John R. Brooke dando comienzo a la intervención de los Estados Unidos. La bandera gualda y roja, dice Martínez-Fortún, fue arriada del Morro de La Habana e izada la de las barras y las estrellas. Fue un día de dolor para los españoles, de alegría para los norteamericanos y de incertidumbre y esperanza para los cubanos.


SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (4)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (4)

Por Luis Machado Ordetx

 

Diccionarios de la Música Cubana tienen erratas históricas imperdonables: sitúan hacia finales del primer lustro de la última década del siglo XIX los recorridos por regiones del centro de la Isla de los compositores nacionalistas Ignacio Cervantes (1847-1905) y Rafael Díaz Albertini (1857-1928). Eran tiempos en que los ánimos por la independencia alcanzaron mayor reafirmación y protagonismo democrático.

No dudo que esas fechas tengan cierta certeza. Como el periodismo se nutre del contraste de fuentes documentales, creo más en las reseñas que hacen José Antonio Martínez-Fortún y Foyo y Antonio Miguel Alcover y Beltrán, cuando abordan las transcripciones de la prensa decimonónica de San Juan de los Remedios y Sagua la Grande.

La conclusión de cualquier Diccionario es una labor compleja y difícil. La mayor parte de la historia que recogen está desperdigada en publicaciones, a veces deterioradas e inexistentes, y eso obliga a la paciencia y el rigor.  El primer dislate sobre Cervantes, el Glinka cubano,  y Díaz Albertini, lo ubica Helio Orovio (1981), y después Radamés Giró Almenares (2009), lo circunscribe con similares pormenores.

Al reseñar los acontecimientos históricos de 1892, Martínez-Fortún, precisa que en el vapor “Pedro Muria”, que cubre la ruta de días alternos entre Caibarién y La Habana, arriban a la Villa Blanca los concertistas Cervantes y Díaz Albertini. El 25 de agosto, con un calor sofocante invade la Isla, en el tren de la tarde que sale de Caibarién a Placetas, van ambos músicos a la Villa de los Laureles para ofrecer una velada en el Casino Español.   
 
Dos días después repiten el espectáculo la Sociedad “La Tertulia”, de Remedios, según reseñan El Criterio Popular y El Orden, según  reportes suscritos por Facundo Ramos. Los músicos son invitados por el rico hacendado Juan José Ariosa, quien en horas de asueto muestra los artilugios que permiten la iluminación nocturna en los ingenios “San Agustín”, “Reforma”, “Zaza” y “Narcisa”, únicos que gozan de electricidad en la comarca.

El programa del concierto, dice El Criterio…, incluye el “Duo de Guillermo Tell”; la fantasía “El Trovador”; “La Tela de Araña”; “La Favorita”, la “Obertura de Samiramis”, así como “Adiós a Cuba” e “Ilusiones Perdidas”, textos últimos en los que Cervantes mostró un espíritu musical que retomó el ánimo independentista de sus composiciones.

El 9 de septiembre, con una gran fiesta por el noveno aniversario de “La Tertulia”, Benigno M. de Villa, y Antonio Garcerán,  presidente y secretario de esa Sociedad, son anfitriones de los músicos, quienes por esos días repiten conciertos nocturnos en el Casino Español de Camajuaní, y también en Caibarién y Sagua la Grande.

Sustenta Alcover y Beltrán que en la Villa del Undoso,: «[…] En septiembre nos visitaron dos glorias cubanas, el eminente violinista Albertini, de fama universal, y el talentoso pianista Cervantes, premio de los  Conservatorios de Madrid y Paris. El primer concierto que dieron estuvo casi desierto. No era desgraciadamente, la primera vez que ocurría. Cuando la ópera cedió otro tanto igual…»  

Los concertistas, a pesar de las comunicaciones diarias por vía marítima y ferroviaria con La Habana, permanecieron desde agosto y hasta mediados de septiembre en las zonas de Remedios, Placetas, Caibarién, Camajuaní y Sagua la Grande. No existe referencia, cosa extraña, que viajaran a Santa Clara para actuaciones en el teatro “La Caridad”, inaugurado siete años antes en esa ciudad.

En Isabela de Sagua, Cervantes y Albertini abordaron el vapor “Pedro Murias”, el cual hacía escala en viajes diarios hacia La Habana. Tal vez el aserto de Helio Orovio en el Diccionario de la Música Cubana —biográfico y Técnico— provenga, en el caso de Cervantes, del recorrido que hizo a finales de 1894, cuando actuó nuevamente en la Sociedad “La Tertulia”, de Remedios. Martínez-Fortún, declara: «El 30 de diciembre, el pianista Cervantes que pasa una temporada con Ariosa en el ingenio San Agustín, y da un concierto» en esta localidad.

Meses después, los músicos, por sus ideas separatistas, toman el camino de la emigración. El primero se instala en los Estados Unidos, y el segundo en Paris. No regresarían a Cuba hasta principios del pasado siglo tras la congoja por la frustración del sentimiento independentista.

Al año siguiente, otra gloria de la Cultura Cubana anda por Remedios y Caibarién. Dice Martínez-Fortún que el músico prefirió los viajes por ferrocarril: «El concertista Brindis de Salas deseaba disfrutar de las maravillas naturales del interior del país en una experiencia inigualable.»

Desde 1891, expone: «Combinaciones Caibarién-Remedios-Camajuaní-Sagua-Santo Domingo-Jovellanos-la Habana, y el paso majestuoso sobre el puente de hierro del río Sagua la Chica, el más largo y de valor arquitectónico construido en Cuba.»  Ese era el deseo apreciativo al que aspiraba Claudio José Domingo Brindis de Salas y Garrido (1852-1911), en su recorrido por la jurisdicción.

A pesar de los prejuicios raciales, por el color negro de su piel, el músico ya era reconocido en los más recónditos y rancios parajes aristocráticos de Europa. El 14 de enero de 1895 da su primer concierto en “La Tertulia”, en Remedios, lugar en el cual repite la función tres días después. El 24 se presenta ante el público de Caibarién. Tampoco existen referencias a posibles visitas a Santa Clara, una sociedad decimonónica en extremo racista, y mucho menos se aborda cualquier permanencia en Camajuaní o Sagua la Grande.

El violinista Brindis de Salas, el Rey de las Octavas, conocido entonces como el “Paganini Negro”, casi seguro, precisa Martínez-Fortún, recordó aspectos de su debut infantil como concertista en el Liceo de la Habana: «contempló a niños remedianos, negros y blancos, cuando acudían a las aulas sin que imperaran elementos de racismo de ninguna índole», precisa el historiador.

El 2 de Junio de 1911, tras la agonía de la muerte, en un hospital de Buenos Aires, enfermo, sucio, con las ropas y los zapatos raídos, el cuerpo yaciente de Brindis de Salas, presentaba un corsé mugriento, apretado a su cintura; en los bolsillos del saco, un pasaporte, un programa de presentaciones y un retrato de mujer.

Fue enterrado en  una tumba provisional del Cementerio del Oeste (La Chacarita). El 24 de mayo de 1930 sus restos fueron repatriados a La Habana. Otra vez en casa estuvo el Rey de las Octavas, aquel que deslumbró con su violín a los más altos conocedores del arte musical.

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (3)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (3)

Por Luis Machado Ordetx

Una máquina, un poco de agua y carbón, solicitó el erudito Bachiller y Morales. Lo dijo en la revista habanera La Siempreviva al abordar en 1839 pormenores del decurso  económico y la felicidad del hombre en Cuba. Presentía las ventajas de las plantaciones azucareras con el naciente empuje ferroviario y el intercambio cultural entre el mundo y las diferentes regiones portuarias de la Isla.

En menos de dos décadas, apunta Ramón de la Sagra, la economía azucarera  contó con mil 281 kilómetros de líneas de ferrocarril. América del Sur apenas cubría en esa fecha 792 Km. Los Caminos de Hierro se imponían. La región del centro, próspera en ingenios, consiguió una  cuota progresiva con el intercambio, tierra adentro, por ferrocarril, y mar afuera, desde los fondeaderos de Caibarién, Isabela de Sagua, Casilda y Cienfuegos.

Ya en 1838, el agrimensor anexionista Idelfonso Vivanco, predijo, por la configuración larga y estrecha de nuestra geografía, que «[…] El vapor debe ser el principal agente de la felicidad cubana; el vapor conduciendo los  frutos a los puertos pequeños por ferrocarriles; el vapor llevando los grandes mercados circundando las costas; he aquí los principales vehículos

Caminos para el Azúcar (1987), de Oscar Zanetti Lecuona y Alejandro García Álvarez, afirma que Cuba fue el séptimo país con transporte ferroviario. La explosión, a partir de 1800, de fábricas de azúcares en las regiones centro-occidental, originó un incremento de los viales paralelos.

En 1835 llegaron a La Habana los ingenieros norteamericanos Alfred Cruger y Benjamín H. Wrigth. Comenzó el trazado de vías férreas hasta Bejucal, y el ferrocarril fue inaugurado dos años después. El recorrido abarcó 16 millas. Luego siguió hacia Batabanó. Ambas costas, norte y sur, se acoplaron. Las máquinas británicas, al poco tiempo, fueron sustituidas por otras de procedencia norteña, mucho más eficientes.

La llanura de Matanzas es punto de mira. Hay idea de enlazar Cárdenas con Bemba y Sabanilla del Encomendador. También los inversionistas amenazan con estacionarse en Santa María de Puerto Príncipe, Santa Cruz del Sur y Nuevitas.

Los agrimensores Alejo Lanier y Julio Sagebién, diseñan en 1841 la línea de Cienfuegos a Santa Clara. Maquinan empalmar poblaciones intermedias y dar salida a los azúcares. Seis años después comenzó a construirse esa bifurcación. En 1853 llegó a Cruces, el segundo de los tramos, luego de rebasar Palmira. La obra se detuvo por un tiempo, consigna Martínez Fortún y Foyo.

Siete meses antes de expirar ese último año, San Juan de los Remedios se fusionó al puerto de Caibarién. Los conectaba una vía de 9 kilómetros. Simón Wright, hermano de Benjamín H., fue el proyectista inicial, y Aarón B. Lewis concluyó la encomienda el 4 de abril de 1851. Dos locomotoras y varios coches de procedencia norteamericana llegaron a la Octava Villa.

El ensayo de la travesía se hizo pasados 10 días. La carga fue de tropas militares que viajaron hacia Caibarién. En septiembre, refiere el Apéndice Segundo de los Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, se trasladaron por esa línea más de 600 pasajeros y hubo una ganancia neta superior a los 132 mil pesos en circulación de mercancías y azúcares procedentes de 20 ingenios de la región.

En los Caminos de Hierro laboraron jornaleros cubanos, mulatos y negros libres o esclavos, canarios, irlandeses, norteamericanos y asiáticos (culíes), quienes constituyeron  una alternativa de mano de obra barata para  las empresas ferroviarias.

Los trinitarios pugnaron por un ferrocarril en 1833. No  concretaron los sueños de vincular esa otrora Villa con Casilda y Sancti Spíritus, y de ahí hasta Tunas de Zaza. Dos décadas después establecieron un ramal de 100 Km. de viales.

Sagua la Grande les dio la delantera. Era uno de los principales centros azucareros, y su sacarocracia trazó un original proyecto que aportaría al año trasiegos de 24 mil bocoyes de crudos, más de 11 mil de mieles, 40 mil de cargas diversas y 26 mil pasajeros. Exponen Zanetti y García Álvarez, que la ejecución comenzó en 1855 bajo la supervisión del ingeniero cubano Joaquín de las Cuevas.

Un primer plano estableció conexión entre Isabela y Sagua, y abarcó terrenos colindantes de Sitiecitos. Luego llegó a Cifuentes y pasó a Cruces. Más de 60 ingenios tributaban entonces a la zona portuaria del Undoso. En apenas cuatro años, precisan, «habían construido el sistema ferroviario más extenso de la región central de Cuba»: 105 kilómetros.

Por esa fecha, indica Martínez Fortún y Foyo, queda conectado Cruces con Ranchuelo (1856), después con la Esperanza (1859), y por último en 1860 con Santa Clara. En Remedios, el agrimensor Alejo H. Lanier hace el delineado hacia Camajuaní, San Andrés y Taguayabón, y concluye el vial en 1863. Un lustro después era posible la comunicación directa desde La Habana con Santa Clara, Cienfuegos y Sagua la Grande.

El Ferrocarril de Cienfuegos, a finales de los años 80 construye un ramal de 8 kilómetros a San Juan de los Yeras. En Sagua la Grande se expanden en 15 Kms  hasta  Caguaguas. También prolongan las paralelas hasta Sitiecitos-Cifuentes-Encrucijada-Camajuaní. Todo quedó expedito para llegar a Remedios y Caibarién. Fue el primer sistema terrestre que articuló el centro-oriente con la capital del país.

El ferrocarril central fue obra del siglo pasado: en noviembre de 1900 se iniciaron los trabajos desde Santa Clara hasta San Luis, con el propósito de romper el aislamiento de esa región. En 1902 la Compañía Cuba Railroad inició el recorrido ferroviario entre Santa Clara y Santiago de Cuba. El monopolio británico de la Western Railways of Havana, partió al occidente, y se apropió de los Ferrocarriles del Oeste de Caibarién, de Sagua la Grande, Cienfuegos y Santa Clara. En 1914 se construyó la línea del Norte de Cuba, entre Nuevitas y Caibarién. Hay guerras de rapiñas por dominar las economías solventes que deja el ferrocarril cubano.

Eso insinuó que, el medio de transporte, surgido del auge de la economía de plantación, como predijo De la Sagra, cimentó  una razón de cultura económica que impulsó otro cauce de la historia nacional.

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (2)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (2)

Por Luis Machado Ordetx

Sagua la Grande representó la mayor amalgama de nacionalidades extranjeras en los dominios de un territorio cubano. Los datos aportados por Alcover y Beltrán en 1905, cuando publicó su Memoria Histórica de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción, son palmarios. En 1862, después de 17 años de  establecida la independencia de su caserío, antes bajo el dominio de la administración político y militar de Santa Clara, el Undoso  contaba con más de 51 mil 986 habitantes. Todos estaban diseminados en los cercanos asentamientos de Álvarez, Amaro, Calabazar, Ceja de Pablo, Quemado de Güines, Rancho Veloz y Santo Domingo.

Doce nacionalidades, sin incluir a los cubanos nacidos en la Isla, había por esa fecha. Sumaban 27 mil 307 extranjeros, entre los que existían españoles peninsulares, canarios, norteamericanos, franceses, yucatecos, portorriqueños, alemanes, sudamericanos, ingleses, portugueses, asiáticos y, por supuesto, africanos, quienes constituían el principal soporte económico de una población dedicada en lo fundamental a actividades industriales, de servicios y de comercio.   

Así lo testifica Alcover y Beltrán. También las prolijas reseñas de Manuel Dionisio González y Martínez-Fortún y Foyo, delatan a un territorio que en poco tiempo logró un ordenamiento económico-social sin precursores en las recientes regiones surgidas con el tutelaje de la Corona de España.

No por gusto hasta la cuarta década del siglo XIX Santa Clara la consideró “Surgidero y Llave de su Villa”. De ahí la reticencia para impedir la segregación territorial. Por el puerto de Isabela de Sagua, una excelencia en la costa norte, salían o entraban mercancías producidas o requeridas por la población radicada en la región central.

Contaban entonces con 125 ingenios dedicados a la elaboración de azucares blanco, quebrado, mascabado, cucurucho y raspadura. Disponían de fabricantes de aguardiente, de curtidores de cueros y extractores de cal y hacedores de ladrillos o tejas de barro rojo.

En 1835 se introduce la plantación azucarera en esa región. Por ese tiempo la trata negrera, ilegalizada por Convenios con Inglaterra, toma auge, en tanto los norteamericanos Roberto Stell, Santiago Macomb y Jorge Bartlett, y el cubano Francisco Peraza, sueñan con montar a Sagua la Grande sobre las ruedas metálicas de los Caminos de Hierro. Un lustro  después se traza las vías de enlace ferroviario. En febrero de 1858 circula el primer tren de Sagua a Isabela. En ese puerto fondean más de 170 buques en trasiegos mercantiles que rebasan por año las 8 mil toneladas.

Al colega Manuel de Feria le gustan los datos; las comparaciones. Quedará atónito con las producciones que obtenían los sagüeros hacia la sexta década de la antepasada centuria. Extraían en cosechas de arroz (119 mil 326 arrobas), frijoles (17 mil 708), papa (4 mil), raíces alimenticias (314 mil 488), y también muestran registros altos de café, maíz, sagú, tabaco, garbanzo, queso y miel de abeja. La jurisdicción albergaba a 79 mil cabezas de ganado vacuno, caballar, mular, porcino, lanar y caprino. Las cosechas y las crías animales, al margen del trabajo esclavo, dependían exclusivamente de 11 mil 828 labradores.

El desarrollo industrial brotó después. Ya se conocían pequeños negocios de litografías, impresiones de libros, herrerías, platerías, hojalaterías, astilleros y de preparación de tisanas y licores medicinales. El puerto, abierto al tráfico internacional en 1844, y las conexiones ferroviarias por todo el país, aceleraron las transformaciones económicas y sociales que durante la primera mitad del pasado siglo, convirtieron al Undoso en un puntal emprendedor y distintivo de sus potencialidades productivas.

En uno de los últimos periplos que hice por ese territorio, investigadores del Centro de Patrimonio Cultural me obsequiaron una impresión digital del libro Sagua la Grande, una Ciudad Ideal. El texto es de 1960, y  corrobora datos y hechos con prolijidad estadística. Antes,  Alcover y Beltrán vislumbró el por qué de esa ostentación luminosa en generaciones que nos precedieron. Ahora, otra vez comprendo una exclusividad en la manera de hacer, pensar y crear una histórica idiosincrasia con repercusiones económicas y sociales. Hay aquí una región sin muchos parangones entre los cubanos.
 
 
 

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (1)

SANTA CLARA DESEMPOLVA ARCHIVOS (1)

Por Luis Machado Ordetx

Tres viajeros foráneos estacionaron sus miradas en el centro cubano. Todo ocurrió entre la tercera y sexta décadas del siglo XIX. Venían a ofrecer Cultura y estaban prendidos del esplendor económico de las poblaciones desgajadas de la Octava Villa fundada por el Adelantado Diego Velázquez.

El inglés James Gay Sawkins (1806-1878) fue el primero que llegó a Santa Clara en 1838. Hacía tres años que residía en la Isla en calidad de pintor y profesor de dibujo. El miércoles 15 de julio de 1925 en el periódico Federación, Jesús López Silvero destaca que el esplendor apreciativo de la antigua Parroquial Mayor, en áreas que después ocupó el Parque Vidal, se debe a una copia de la acuarela del afamado visitante.

La pieza fue titulada “Villaclara desde San Lázaro”, aclara  un ejemplar de ese  rotativo, obsequio que recientemente  hizo Miguel Tenorio Milord, el actor. La acuarela está considerada como el más antiguo  documento gráfico de la antigua ciudad. No sé dónde pueda estar depositada.

Sawkins luego recorrió Sagua la Grande, San Juan de los Remedios, Santiago de Cuba, Sancti Spíritus  y Puerto Príncipe, y por supuesto los alrededores de La Habana.  En 1847 el pintor abandonó Cuba: fue expulsado por Leopoldo O´Donnell, Capitán General, quien lo consideró un abolicionista.

López Silvero describe la pieza romántica que recrea a Santa Clara: “un hacinamiento pobre, arisco y rudo de tejados sin cúpulas ni torres orgullosas, desafiadoras insolentes de la altura; es el pueblo colonial, sórdido, ayuno de grandezas.” El periodista, en 1925 comparó esa acuarela con la primera fotografía que, desde un aeroplano, tomó de la ciudad el artista local Carlos del Regato. Ya entonces existía un entorno arquitectónico inigualable en relación con otras urbes del país.

Gottschalk es el segundo de los viajeros. Vino a Santa Clara en calidad de concertista, y en su programa incluyó dos composiciones: “Le Bananier” y “La Bamboula”. Ese norteamericano,  nació en Nueva Orleáns en  1829 y murió en Río de Janeiro en 1869. Dice Manuel Dionisio González que apareció en la ciudad en octubre de 1855: «(…) Nuestra población, a favor de ese elemento que hace desaparecer las distancias, ha entrado a participar de algunos goces, de que por su posición interior estaba privada, pues no a otra circunstancia debemos que hayan venido, no ha mucho, la compañía de ópera de Corradi Setti, los distinguidos artistas Gottschalk y Adelina Petti, y los concertistas Vandergutch y la Sasso Rene y otras compañías lírico-dramáticas que han trabajado en la capital.» El pianista debutó en escenarios de la Sociedad  Filarmónica surgida en 1841.

El romántico Louis Moreau Gottschalk no solo se contenta con Santa Clara. Va a Remedios a buscar la tradición española y la fusión con lo negro. Actúa en “El Liceo” y en un teatro, con techo de guano ubicado al fondo de la Iglesia del Buen Viaje, indica José A. Martínez- Fortún y Foyo.

 En Sagua la Grande, destaca Antonio Miguel Alcover y Beltrán, «(…) El gran artista llegó a esta Villa de paso para la Habana procedente de Remedios. Ejecutó algunas piezas en casa de D. Tomás Ribalta y es notorio que en la calle, frente a la casa, se agrupó gentío inmenso ávido de saborear la extraordinaria habilidad del genio musical, gloria del mundo, que a la sazón era huésped…»  Los últimos días cubanos de 1864 los pasó el norteamericano en una finca en Caimito de Guayabal, sitio en el cual  se repuso de una grave dolencia que derivó después en causa de su muerte.

El abolicionista gallego Ramón Dionisio de la Sagra y Peris (1798-1871), es el último de los notables viajeros que, en su condición de sociólogo, economista y botánico, observó Santa Clara y Sagua la Grande. Alcover y Beltrán en más de una ocasión lo cita.

Su obra Historia Física, Política y Natural de la Isla de Cuba, 1838-1861, descuella por ser la más completa indagación sobre la naturaleza y la sociedad cubana del siglo XIX. González en la Memoria de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción (1858),  incorpora un apunte hecho por ese gallego en abril de 1860: es Semana Santa en Villaclara: «(…) el Domingo de Ramos pude observar la numerosa concurrencia al templo (…) Con las señoras se hallaban mezcladas las mujeres de color, que en aquel día ostentaban también sus crinolinas, sus galas y atavíos…»

Santa Clara por esa fecha tenía más de 44 mil 366 habitantes, y era la novena jurisdicción con mayor población del país. Un 35% eran negros dedicados a labores agrícolas en 81 ingenios ubicados en el territorio. Algunos críticos achacan a De la Sagra cierta benevolencia en la información, sobre todo, porque 65 años después, la ciudad asentó un espíritu racista en la remodelación arquitectónica de su principal paseo urbano.


 


CAMAJUANÍ TIENE UN RECADO

CAMAJUANÍ TIENE UN RECADO

Por Luis Machado Ordetx

De Camajuaní vino un requerimiento público luego de la repentina muerte el sábado último del maestro Rubén Guillermo Urribarres Pérez. La comunicación está inscrita en un lógico respeto: la realización del concierto pendiente que festejó el aniversario 44 de la Orquesta de Música Moderna de La Villas, institución que fundó ese director el viernes 21 de julio de 1967 tras un espectáculo inaugural organizado en Santa Clara.

Razones no faltan para que allí ocurran similares acontecimientos a los realizados la semana pasada en Santa Clara y Remedios, y a los cuales asistió  Bobby Carcassés, el Gurú del jazz cubano, quien mostró su disposición de visitar nuevamente los predios con el propósito de intervenir en el “fiestón” inconcluso por el momento.

La big band está formada, y a la espera del acontecimiento que honró, además, el centenario del natalicio de Armando Romeu González, una de las fuentes inspiradoras en la historia posterior de una orquesta que —según algunos feneció después de 1994—, persiste en evidencias de rejuvenecimiento constante.

Ocho azarosos ensayos valieron al “piquete” de músicos para imponer una impronta de inspiraciones y originalidades al retomar parte de un perdurable repertorio que fundió por igual al jazz y los timbres cubanos. Al menos, en los teatros “La Caridad”, y “Villena” —sitios en que ocurrieron los conciertos—, voló el espíritu sonoro hacia riberas distintivas de un panorama orquestal no usual en nuestros tiempos.

Motivos exceden a los camajuanenses en sus solicitudes: Urribarres Pérez y Bobby Carcassés,  tienen a ese terruño como casa natal, y una parte significativa de la cuerda de viento, la integran músicos de ese territorio. El hecho entraña una obligatoriedad del Centro Provincial de la Música “Rafael Prats Machado” para, al menos, retomar a su debido tiempo el concierto pendiente. De seguro, allí no ocurrirá como en Remedios, a lunetario medio vacío por la apatía del público ante un hecho artístico irrepetible.

Al término del concierto de Santa Clara, a teatro casi abarrotado, tras la conducción de la orquesta en “El Manisero”, “Room 43”, “Esos ojitos negros” y “Drume negrita”, Urribarres, desde su silla de ruedas y las piernas cercenadas por anteriores accidentes cardiovasculares, mostró euforia, y dijo a este y otros escribientes: “Estoy como de 28 años, como si volviera a nacer cuando fundé junto a otros músicos la Moderna de Las Villas. Ojala que la burocracia y los cruentos años de la época que la hicieron desaparecer, no se interpongan en los espectáculos planificados”.

En esa ocasión tampoco descartó —anuncio similar al expresado por Carcassés—, que “puedan instituirse en realidad los intentos por formar  «piquetes», al tipo de big band, en  espectáculos de magnitud musical. Revivirían las esencias clásicas del jazz y las sonoridades cubanas acordes a ese formato orquestal”.

Lo cierto es que, la nueva constelación de músicos jóvenes — unido a maestros fundadores de la estirpe de Jesús Chú Rodríguez, Marcos Peñate Aguilar, Roberto Pérez Elesgaray, René González y Arturo Luis Anoceto—, asentaron  un referente, y demandan  la celebración del concierto pendiente. Desde ahora, también habrá que vislumbrar los sucesos que, el entrante año, definirán los nueve lustros de existencia de una inigualable big band en la historia del jazz cubano.

URRIBARRES; MURIÓ

URRIBARRES; MURIÓ

Por Luis Machado Ordetx

 

Rubén Urribarres Pérez, músico de profesión; hombre de Cultura, y cubano hasta los tuétanos, murió hoy en Santa Clara, víctima de un infarto cardiaco. Ayer tarde en la noche, durante  el homenaje a la Orquesta de Música Moderna de Las Villas, se le vio batuta en mano, dirigir la agrupación integrada por jóvenes instrumentistas que recordaron esa efeméride que perpetuó el nacimiento de la institución en 1967.

 

Dos conciertos restaban por celebrar, pero ahora a los músicos cubanos los embarga un profundo dolor por la pérdida de tan imprescindible director orquestal.

Hoy, en Camajuní, su pueblo natal, sería el segundo de esos conciertos que, junto al showman Bobby Carcassés, recordaría los 43 años de la orquesta desaparecida en 1994. Mañana domingo estarían en Remedios, tercer y último encuentro para eternizar un camino renovador por la música moderna y el gusto por el jazz.

 

Ayer, frente a la orquesta, dirigió un repertorio adecuado a formato de jazz, entre los que apareció: “El Manisero”, “Esos Ojitos Negros”, “Drume Negrita” y “Hola Cuba”, textos imprescindibles en show artístico de trascendencia universal.

 

Nacido el 20 de octubre 1939, el Negro Urribarres, como lo conocían sus coterráneos de Camajuaní, comenzó a estudiar música a los 8 años en la Academia de su pueblo natal, bajo las enseñanzas de Conrado Monter Peñate y Emilio Vizcaíno.

 

En 1952 integró la Banda de Música de Camajuaní en calidad de trompetista, y años después se integró a similar institución del Ejército Rebelde, hasta que comenzó a estudiar la percusión cubana y se hizo timpanista. Luego figuró, graduado de director orquestal, frente al jazz band de los espectáculos de los cabarets “Venecia”, del Hotel Jagua, en Cienfuegos, hasta que asumió la conducción de la Orquesta Sinfónica de Las Villas, en la cual permaneció por más de dos décadas como Maestro Titular.

 

Su tránsito por instituciones cubanas, lo tuvo inmerso en los últimos años, a pesar de haber perdido sus dos piernas por un accidente vascular, como director de la  Orquesta de Cámara de Villa Clara.

 

Antes, de 1971 a 1978, acogió la dirección titular de la Orquesta del Ballet Nacional de Cuba, y al acompañar las giras internacionales de esa compañía danzaria conducida por la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, sintió   predilección por los repertorios clásicos del romanticismo y el barroco.

 

Después de esas giras mundiales por más de una veintena de países, regresó nuevamente a Villa Clara. Antes, fue el maestro fundador de la Orquesta de Música Moderna, desde 1967 hasta 1972. El viernes, ante un formato orquestal idéntico al que creó en esa fecha, subió por última vez en el escenario del teatro “La Caridad”, en Santa Clara, recinto que innumerables veces lo tuvo como inspirador titular de la Sinfónica, así como de la Orquesta de Cámara de Villa Clara.

 

Fundador, además, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, gozaba del respeto de los profesionales del sector que decidieron tributarle hace años un sumo reconocimiento con la entrega del Sello de Maestro Laureado en las Artes.

El sepelio de Urribarres Pérez, director orquestal, compositor y arreglista, está previsto para este domingo en la necrópolis de Camajuaní. Durante este sábado, el pueblo de Santa Clara, afirma tributo a su cadáver expuesto en la funeraria “Las Villas”, radicada en la capital provincial.