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PERIODISMO

CUBANÍA; DIMENSIÓN DE UNA CULTURA

CUBANÍA; DIMENSIÓN DE UNA CULTURA

Por Luis Machado Ordetx


La Voz del Otro, espacio de debate teórico entre periodistas y escritores villaclareños, arribó este martes, víspera del Día de la Cultura Cubana, al tercer aniversario de fundado, y para esa ocasión abordó aspectos referidos a las incidencias del habano, la Patria y José Martí en la forja de un pueblo independiente en el contexto de las naciones.

Esa tertulia, de carácter mensual, es auspiciada por el Centro del Libro y la Literatura en coordinación con la Unión de Periodistas de Cuba en Villa Clara, y surgió como puntal de la defensa de nuestra cultura, la promoción de los escritores del territorio e intercambio de puntos de vista sobre dos maneras diferentes de encarar un hecho artístico y la reconstrucción de la realidad a partir de la palabra escrita.

Durante las 35 sesiones precedentes, efectuadas en la Casa de la Prensa —en la calle Céspedes número 22, en Santa Clara—, fueron discutidos aspectos sobre la manera de trazar relatos testimoniales, los vínculos entre la fotografía artística y la periodística, las fundamentaciones de una historia local o regional, los hallazgos del periodismo de opinión y de investigación, así como la conservación de la memoria oral y documental consideradas como fuentes de noticias.

Los más importantes escritores y periodistas villaclareños, transitan cada mes, según un calendario de labor comunitaria, por la tertulia «La Voz del Otro», a la cual se insertan estudiantes del nivel medio de música o profesionales de la «más bella de las artes», según Martí, para convertir esa tertulia y la Casa de la Prensa, en un recinto cultural comunitario.

Nombres de escritores y periodistas villaclareños, incluidas las presentaciones de sus respectivas novedades editoriales, avalan la cronología de 35 meses precedentes: René Batista Moreno, Yamíl Díaz Gómez, Noel Castillo, Aldo Isidrón del Valle, Luis Cabrera Delgado, Luis Pérez Castro, Arístides Vega Chapú, Alfredo Delgado, María Elena Salado, Luis Manuel Pérez Boitel, Rogelio Menéndez Gallo, Jesús Díaz Rojas, Amador Hernández Hernández, Pedro Llanes Delgado, José Antonio Fulgueiras y Migdalia Cabrera, por solo recordar algunos de los contertulios que visitaron «La Voz del Otro» en el transcursos de sus tres años de existencia.

Justo hoy, a las cuatro de la tarde, preámbulo del Día de la Cultura Cubana, «La Voz del Otro», invitó a los investigadores y pedagogos Francisco Rodríguez Alemán, Francisco Águila Medina y Antonio Florit García, quienes fueron los disertantes de  este mes de octubre.

Los estudiosos analizaron las cartas de Martí al patriota José Dolores Poyo en momentos en que el Apóstol de la independencia de Cuba organizaba a los tabaqueros emigrados en Tampa y Cayo Hueso para desplegar la Guerra Necesaria de 1895, así como los estudios de Gaspar Jorge García Galló incluidos en la Biografía del Tabaco Habano — único libro prologado por el Che Guevara en un libro de autor cubano—, y el movimiento de lectores existente en Villa Clara en ese tipo de fábricas dedicadas a la elaboración de puros para el mercado nacional y foráneo.



CHE, ÚLTIMAS FOTOGRAFÍAS

CHE, ÚLTIMAS FOTOGRAFÍAS

El colega José Antonio Fulgueiras Domínguez, recién acaba de regresar de Bolivia. Allá encontró a René Cadima, el fotógrafo que captó la imagen del Che después de asesinado,quien ahora agradece la ayuda médica de Cuba a Bolivia, y habla de aquel instante en que perpetuó para la historia un acontecimiento que estremeció al mundo.

Por José Antonio Fulgueiras


   
Los vallegrandinos lo llaman el fotógrafo que retrató a Cristo, pero René Cadima asegura que «no más era un comandante de carne y hueso que murió con los ojos abiertos para seguir mirando y haciendo por los pobres del mundo».

 

Postrado sobre una cama, con la mitad del hombre que antes fue, Cadima muestra el negativo original de la foto que le tiró al comandante Ernesto Guevara, ya sin vida y con el torso desnudo, en la lavandería del hospital Señor de Malta, en Vallegrande, el 9 y 10 de octubre de 1967.

 

«Ya hace más de un año y medio me amputaron las dos piernas, y entonces uno se vuelve más cortico, pero más hombre», dice René, quien espera todas las tardes,  con un gorro de lana y una sonrisa de agradecimiento, a la doctora cubana Danny Teresa Urra, que viene a examinarlo y a curarlo.

 

Ya atravesó la envidiable meta de los 90 años de edad y aún conserva la mente clara, sobre todo cuando evoca aquella tarde agónica en la que atrapó en el lente de su Yashica 120 la imagen del decoro asesinado.

 

«Como a las cinco de la tarde lo trajeron amarrado a una pata del helicóptero. Ya en el aeropuerto lo supimos muerto. Yo destapé mi cámara, pero el Servicio de Inteligencia ordenó: "Nadie le saque foto, porque le vamos a quitar el rollo o la cámara, así es que quieto".»

 

Pero Cadima era mucho fotógrafo y siguió al cadáver heroico hasta el hospital Señor de Malta, en Vallegrande.

 

«Salí a la carrera y frente al hospital veo a más de 300 personas valle­grandinas que querían conocer quién era el Che. Una monja vino, se arrodilló con las manos juntas, y ha dicho: "Ay Dios mío, que me perdone", y se persignó. Luego me dijo: "Mire, don René, parece un Cristo." "No le veo ningún parecido", le respondí, pero ella siguió persignándose y susurrando: "Es Cristo, es Cristo".

   

 «Un soldado me pidió: "Sáquele ahí una foto"; yo lo miro no más y unas mujeres me dicen: "Sáquele, aproveche." Y apreté el gatillo. Llegaron unos oficiales y se enojaron. "¿Quién fue el que sacó esa foto?" "¡Yo!", les dije, y antes de que me dijeran traiga su cámara, la abrí y les digo: "Señor, disculpe, pero el rollo se veló"

 

Tras esa artimaña Cadima siguió su trabajo:

 

«Se lo llevaron a la lavandería y allá lo echaron. Los oficiales dijeron: "¿Dónde está ese señor?, ahora que le saque la foto". La gente seguía llegando para conocerlo. Yo tenía en ese instante dos cámaras, una con rollo de color. Vinieron unos militares, y a ellos les saqué una foto en colores, al lado del comandante guerrillero

 

Cadima se sienta en la cama cubierto de la cintura para abajo por una frazada para protegerlo del frío vallegrandino que entró sin permiso  detrás de nosotros al abrir la puerta de su cuarto.

 

«Cuando llegué al hospital había estado con los ojos cerrados, y cuando le saqué la foto de cerquita estaba con sus ojos abiertos. Yo pregunté: "¿Qué pasó?, ¿está vivo?" Esa es la mejor foto que se le ha sacado al Che, han dicho que ha dado la vuelta al mundo.

 

«Alguien a mi lado me dijo que el cadáver abrió los ojos al intro­ducírsele formol debajo de los pár­pados para conservarlo. Pero la monja volvió a acercárseme y me dijo al oído: "¿No ve, señor René, que es Jesucristo y nos está mirando?".»

 

La noche cayó sobre el silencio cómplice y la lavandería no fue más que un sitio oscuro luego de que al firmamento americano le habían apagado su mejor estrella.

«Yo me fui, pero al otro día madrugué y lo hice sacar afuerita con unos soldados que habían estado toda la noche custodiándolo. Esa es la foto donde aparece el Che sobre una camilla. Esas tres fotos no más le he sacado yo.»

    

Danny comienza a curarlo de unas escaras en los muñones. «Es diabético y una pierna se le partió, se le enfermó, y hubo que ampu­társela, y después la otra», resume la especialista en Traumatología y Ortopedia.

 

Él, por su parte, se revela como un otrora zapatero de Cochabamba que se instaló en Vallegrande y se hizo fotógrafo. El negativo en colores se lo prestó a un fotógrafo norteamericano y nunca se lo devolvió. La cámara la vendió a un colega, «que al poco tiempo la hizo tiras». Expresa todo esto mientras pone a contraluz el acetato donde el Che expone el poderoso pecho de fusil y palabra, al decir de Nicolás Gui­llén, el poeta.

 

Su hija Blanca se acerca a la cama y confiesa:

 

«Aquel día me escapé del colegio con una compañera. Había mucha gente parada en la puerta del hospital y nosotras estamos delante, agarradas de la reja. Enton­ces, cuan­do abrieron el portón, caímos de espaldas y la multitud nos pasó por encima. Nos pisaban por las piernas, por la cara, por todos lados nos pisa­ban; pero, gracias a Dios, dos señores lograron detener a la multitud, porque íbamos a morir si toda esa gente pasaba sobre nosotras.

 

«Hemos dado la vuelta y un militar me hizo entrar. El Che era un hombre muy bello, hasta muerto se veía tan bonito. Bien simpático era él. No lo creerá, pero esa noche soñé que yo estaba ayudándolo a escapar

 

Los años también han atacado a Cadima por los oídos, pero no por la convicción de sus palabras:

 

«Yo califico al Che como un hombre inteligente y valiente que hasta la muerte ha llegado por sus ideales, un hombre correcto. Puede seguir viviendo para la historia. Se pierde físicamente, pero su recuerdo es latiente y sigue perdurando por la eternidad de los siglos.

 

René Cadima agradece a Fidel la atención médica que brindan los especialistas cubanos, como la doctora Danny Teresa Urra.
    
«En un principio aquí venían muchos extranjeros y conversaban conmigo, y de paso me estaban regalando unos cien pesitos o algo así. "Ah, muchas gracias, señor", les decía. Ahora ya no vienen y no tengo ese carcheo.

 

«Pero los médicos cubanos desde que están aquí en Vallegrande no han dejado de venir a verme. Yo le doy gracias a don Fidel que nos los ha manda'o para que nos puedan curar sin cobrar a los que necesitamos. Cuando vienen   estoy dándole gracias a ese señor Castro que se acordó de mandarnos estos médicos a Bolivia

 

René Cadima no puede acompañarnos hasta la puerta a despedirnos. Se endereza en su cama y semeja un busto sobre el colchón. Entonces dice esto que tal vez lo guardó para la despedida:

 

«No sé si fue la monja la que lo regó por el pueblo, pero cuando yo caminaba por las calles de Valle­grande oía que mucha gente decía a mis espaldas: "Mira, ahí va el hombre que retrató a Dios"

VILLACLAREÑO EN LA FERIA DE FRÁNCFORT

VILLACLAREÑO EN LA FERIA DE FRÁNCFORT

Por Luis Machado Ordetx

 

El escritor villaclareño Pedro Llanes Delgado (Placetas, 1962), considerado por la crítica literaria cubana o extranjera como una de las voces representativas de la poesía cubana surgida después de la octava década del pasado siglo, forma parte de la delegación de la mayor de las Antillas que interviene en la Feria del Libro en Fráncfort, Alemania, la segunda del mundo, según los observadores.

 

Llanes Delgado, poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y traductor,  es merecedor de importantes premios literarios de Cuba y el extranjero (de la Crítica, 1994 con Diario del Ángel, así como Nosside Caribe, 2005, y Fundación de la Ciudad de Santa Clara, 2008 y 2009, respectivamente), méritos que distinguen a su palabra lírica o reflexiva al ubicarse entre los escritores con mayores reconocimientos y una carrera promisoria en las letras hispanas.

 

Entre los libros de Llanes Delgado, residente en la actualidad en Santa Clara, figuran, además, Sibilancia (1996); Sonetos de la estrella rota (2000), Ícono y Ubicuidad (2000), así como El fundidor de espada (2003), Del Norte y del Sur (2009) y Poemas nocturnos para despertar a L (2010), textos en los cuales transita hacia una mayor conceptualización y la reflexión de la palabra escrita.

 

En la estética del villaclareño no existe un facilismo posible en la comunicación con el lector; de ahí que todas las entregas literarias que formula, tiendan a una indagación en la historia a partir de la búsqueda en los orígenes clásicos y un alejamiento  de la métrica tradicional hispana.

 

En su discurso punza en una proliferación del gusto por un barroquismo distante de fundamentos herméticos en la comunicación; eso no lo dista de cierto acercamiento a la poética de los escritores de la revista Orígenes (1944-1954). Incluso, se declara deudor de los hallazgos alcanzados por esa generación literaria de mediados del pasado siglo. No obstante, persiste una huella identitaria que define a lo cubano por encima de todas las cosas que se insertan en la universalidad de los hechos.

 

El registro o corpus literario de Llanes Delgado tiene deudas que lo emparientan con la poética de Lezama Lima, de Gastón Baquero y hasta de Mariano Brull o Eugenio Florit en esa manera, a veces encerrada, de componer la palabra e instigar en la meditación y la hermenéutica trazada por el lector.

 

Nada da el poeta en facilidad; su palabra tiende a tornarse pesada, filosa en pulimentos y hasta tendenciosa en las aproximaciones polisémicas que adquiere el discurso. Eso obedece a una singularidad y una fidelidad al corpus literario en el cual surgió allá a finales de los años 80 del pasado siglo.

 

De formación autodidacta, el poeta villaclareño, con su carga de erudición clásica —muy aplatanado con los pies sobre la tierra y los ojos tendidos a su entorno—, está enclavado en la Feria del Libro de Francfort, sitio donde se distingue ahora a Argentina como país invitado de honor.

Allá, desde este primer martes de octubre  y hasta el domingo próximo, día en que se clausurará el encuentro entre escritores, libreros, traductores y editores invitados de ocasión, Llanes Delgado degustará instantes de la mejor de las literaturas y las visiones contemporáneas que se tienen sobre los argentinos Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Juan Gelman, tres de los imprescindibles autores que componen parte de las lecturas cotidianas del cubano.

En sus maletas, el villaclareño cargó con algunos de sus libros más significativos, y como un ojo avizor, más allá del beneplácito por intervenir en la feria alemana, vendrá colmado de nuevas experiencias para insistir, otra vez aunque así sea, en ese convite con una palabra que lo incita a la hora de afirmar sus versos desprovistos de un coloquialismo irreverente.

SINFÓNICA DE VILLA CLARA EN FESTIVAL DE BALLET

SINFÓNICA DE VILLA CLARA EN FESTIVAL DE BALLET

Por Luis Machado Ordetx

 

La Orquesta Sinfónica de Villa Clara intervendrá por vez primera en su historia en un Festival Internacional de Ballet de La Habana, y lo hará en la edición número 22 prevista entre el 28 de octubre y el 7 de noviembre en varias de las instalaciones teatrales de la capital del país acondicionadas para acoger uno de los eventos culturales de mayor antigüedad y  prestigio en el contexto de la danza mundial.

 

Los músicos villaclareños, junto a las orquestas del Gran Teatro de La Habana, Sinfónica Nacional, Solistas de La Habana y Liceo Mozartiano, estarán responsabilizados con la apoyatura artística a las coreografías clásicas y los estrenos mundiales que acontecerán en ese encuentro dedicado a los centenarios de los natalicios de José Lezama Lima y Galina  Ulánova.

 

También habrá un homenaje a Vladimir Vasiliev, justo en el Año Alicia Alonso, proclamado por el Ministerio de Cultura de Cuba en ocasión del nonagésimo cumpleaños de la prima ballerina absoluta, Maestra de Maestros y directora General del Ballet Nacional de Cuba.

 

El Festival tendrá sus sedes principales en el Gran Teatro de La Habana, así como en el «Kart Marx», el «Mella» y el «Lázaro Peña», todos en la Ciudad de La Habana; mientras el «Sauto», de Matanzas, «La Caridad», de Santa Clara, y «Tunas», en esa provincia del oriente del país, serán las subsedes de la actual temporada. 

 

Los dos últimos días de octubre corresponderá las actuaciones de la Sinfónica de Villa Clara en el «Kart Marx», en Primera y  10, en Miramar, y en sus repertorios, preparados de antemano para el acompañamiento orquestal, llevan piezas de Charles Gounod y Leo Delibes.

 

El sábado 30 estarán dirigidos por el maestro David de la Mora e interpretarán música de Gounod, utilizada en el ballet «Shakespeare y sus Máscaras»; una coreografía de Alicia Alonso, con interpretaciones de Vingsay Valdés y Elier Bouzac, primeros figuras del BNC.  

 

Al siguiente día, bajo la batuta del maestro Giovanni Duarte, abordarán las composiciones musicales de Delibes incluidas en el ballet «Coppelia», protagonizado por Viengsay Valdés y Elier Bouzart a partir de una coreografía de Alicia Alonso sobre la pieza original de Arthur Saint-Lear y la versión de Marius Petipá.   

 

La Sinfónica de Villa Clara, integrada en lo esencial por jóvenes músicos graduados del nivel medio y superior, tiene con su intervención en el Festival Internacional de Ballet de La Habana un momento singular en la carrera artística de cada uno de los instrumentistas, al ampliar y posibilitar el intercambio profesional con otras agrupaciones similares del país y formar en lo adelante parte indispensable de las instituciones culturales que hacen posible este certamen de carácter bianual.

 

 

 

MARSALIS, LA HABANA Y EL JAZZ

MARSALIS, LA HABANA Y EL JAZZ

Por Luis Machado Ordetx

Wynton Marsalis y la Lincoln Center Jazz Orchestra serán un acontecimiento artístico durante la semana entrante en La Habana. Nadie duda eso, y mucho menos que uno de los más afamados trompetistas contemporáneos y el jazz en particular, abarroten los teatros capitalinos en las cuatro presentaciones que, de martes a sábado, tienen. Eso constituye una Perogrullada absoluta por el gusto que el género surgido en Nueva Orleáns y expandido por el mundo, goza entre músicos o sencillamente auditorios menos especializados en Cuba.

 

Por amplios que sean los teatros habaneros, y el «Mella» se ubica entre los de mayores capacidades para un espectáculo, resultarán pequeños para los públicos que arrastrarán los músicos norteamericanos invitados de ocasión por el maestro Jesús (Chucho) Valdés y el Ministerio de Cultura de Cuba. Imagino un tanto, ese sufrimiento que, estudiantes, profesores y amantes del jazz, sentirán aquellos que alejado del escenario de las actuaciones, se perderán conciertos antológicos, de lujo e intercambio con técnicas renovadoras que impone  en cada audición la Lincoln Center Jazz Orchestra de Nueva York, y Wynton Marsalis, su líder indiscutible, en particular.

 

Similar pasión hay entre los auditorios que siguen el jazz desde las sonoridades musicales de Maynard Fergunsón, Slinder Hampton, Miles Daves, John Coltrane, John Scolfield, Kannie Barroun, Dave Holland o la Big Band de la Academia de Budapest y otros instrumentistas de la talla internacional de Dave Lievand, Joshua Redman, Keiht Jarre, Steve Turre, Crhis Potter, Clifford Bronw y Dexter Gordon, solo por citar a algunos renombrados.

 

Hay que contemplar, cómo estudiantes de música, instrumentistas en ejercicio profesional, y hasta amantes del jazz  en Cuba, no pierden tiempo en hacer los más insospechados préstamos de cintas magnetofónicas, CD, DVD o en una elemental pendrive, contentivas de las discografías que por años dejan las actuaciones de Dizzy Dillespie, Freddie Hubbart, Joe Lovano, Joe Hendersson, Duke Ellington, Check Backer o Gary Burtton.

 

Eso no es fortuito, aislado, mucho menos sorpresivo. Esa es la huella de la fusión de la música, de los reencuentros de raíces ancestrales y combinaciones de timbres y melodías, y también de las lecciones pedagógicas y orquestales legadas en Cuba por Armando Romeu  a su paso por diferentes ciudades inculcando métodos de estudio sobre el jazz.

 

Es también el aporte del de los percusionista Luciano (Chano) Pozo y Silvano (Chori) Shueg; del trompetista Mario Bauzá, del saxofonista y musicógrafo Leonardo Acosta; de la pianística de Frank Emilio Fly o la Banda Gigante de Benny Moré. Además, contituye parte de herencia pianística de Bebo Valdés, del trompetista Arturo (Chico) O`Farrill y de la incorporaciones rítmicas de la música Norteamérica a la cubana, y viceversa, hechas por Dámaso Pérez Prado.

 

En la lista tendría que incluirse a la difusión que Felipe Dulzaides, la guitarristica de Leo Brouwer o las ensoñaciones perennes de Chucho Valdés o Bobby Carcassés, y por supuesto al trombonista Juan Pablo Torres, hacen o lograron en sus respectivos tiempos.

 

Los encuentros y desencuentros hay que localizarlos también en la existencia de la Jazz Band Cubana, surgida en la cuarta década del pasado siglo, así como en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC —¿cuántos grandes músicos cubanos pasaron por allí?; muchos—, de Irakere, Afrocuba, la Orquesta de Música Moderna de Las Villas, de Raíces Nuevas —con Pucho López de líder indiscutible—, y de los actuales Festivales de Jazz de La Habana, herederos de aquellos primeros Jazz Plaza a los que convocó en los años 80 del pasado siglo el showman cubano Bobby Carcassés.

 

Por si fuera poco, en esa tradición se incrusta con las actuales programaciones televisivas de «A Todo Jazz», así como de los reiterados conciertos que imponen los jóvenes  instrumentistas que tienen en ese género afronorteamericano en una constante manera de hacer música a partir de los ritmos y sonoridades más renovadoras de la contemporaneidad.

 

Por eso Wynton Learson, heredero de esa tradición jazzística que proviene de sus ancestros afronorteamericanos, y también de los familiares (Ellis, el padre; Bradford, Deldeayo y Jason, los hermanos), es considerado un músico todoterreno, y demostrará por vez primera en la Habana, como hace en cada una de sus presentaciones, que la algarabía por lo clásico y la experimentación musical, tienen un punto de contacto en esa antiquísima música transmitida de generación en generación y esparcida hacia los más recónditos lugares de esta tierra nuestra.

Merecedor de un Premio Pulitzer en música por el oratorio Blood on the fields, dedicado a las víctimas del sistema esclavista en EE.UU, Wynton Marsalis desarrolla desde 1995 junto a la Lincoln Center, de Nueva York, una vía de preservación de las raíces del jazz desde las posiciones de un neoclaciscismo impecable a la hora de abordar las sonoridades del género.

 

Ahí están los rescates que hace del jazz y el blues (Two Men With The Blues, 2008), grabado en directo en dos sesiones ofrecidas junto a Willie Nelson, y la larga lista de fonogramas que incluyen títulos de la talla de From Billie Holiday to Edith Piaf (2010); The Marsalis Fammily (2008), hasta aquellos que junto a la Lincoln Center Jazz Orquestra dio por título A Love Supreme, Cast of Cats, They Cames to Swing, por citar algunos álbumes.

 

¡Qué nadie diga!, ¿no es verdad?; sí, créalo, Wynton Marsalis y la orquesta del Lincoln Center, de Nueva York, tendrán en La Habana a un público conocedor de las riquezas inigualables del jazz, y la semana entrante se convertirá en un necesario encuentro cultural que, más allá de las fronteras que impone la hostilidad gubernamental norteamericana hacia Cuba desde 1959, demostrará que el arte no cree en imposiciones políticas que constituyan un freno al impostergable topetazo de historias y fusiones dejadas por los ancestros y contemporaneidades de ambos pueblos.

CAPIRO O EL TANGO DE GARDEL

CAPIRO O EL TANGO DE GARDEL

Por Arístides Vaga Chapú

          Uno de los sucesos culturales más importantes acaecidos en la región central, la creación de la Editorial Capiro, hace veinte años atrás, cuando el país vivía la profunda crisis económica conocida como Período Especial, fue celebrado por el Centro Provincial del Libro y la Literatura de la mejor manera que encontró su grupo de promotores de festejar una fecha de importancia para la cultura cubana.

          El rescate de actividades que se originaron en años en que aún existía un movimiento literario inédito, en su gran mayoría, y la literatura oral era imprescindible para que los escritores dieran a conocer sus obras y fueran a la búsqueda de un público  interesado en conocer esa producción que se originaba, sobre todo,  en su propio territorio, fue uno de los objetivos del programa diseñado para esta celebración.

          El espacio Poemas de uno y de otros, conducido por el escritor y  fundador de la Editorial Capiro, Ricardo Riverón, tuvo como invitado al poeta santaclareño Jorge Luis Mederos (Veleta), quien obtuviera el Premio de la 1ra Bienal de la Décima en Villa Clara, en 1992 con el poemario Otro nombre del mar y que junto a El tonto de la chaqueta negra y El libro de otros, han sido publicados por la editorial santaclareña.

          Rememorando una de aquellas actividades en que se invitaba un autor que además de leer sus textos proponía los poemas de un creador de su preferencia, esta actividad, realizada en el Museo de Artes Decorativas, logró esa especial magia en que el poeta y el público se someten a esa zona en que la poesía logra comunicar justamente lo que se está necesitando recibir. Pese al escaso público asistente esta propuesta ratificó lo atractivo que resulta escuchar los textos en la voz del propio autor en una actividad sobria y bien diseñada.

          Rememorando algunas de las actividades que en los años noventas dio a conocer a autores de la región, se convocó  a Tarde de poesía y música, realizada esta vez en la Librería Ateneo Pepe Medina, con las jóvenes poetisas Laritza Fuentes y Déborah García como invitadas, ambas con la propuesta de sendos poemarios publicados por Capiro y  El escritor en su comunidad, que propició el encuentro de Silvia Padrón, Pedro Llanes, Luis Machado Ordetx e Ileana Águila, con sus vecinos, en el edificio 12 plantas de la Riviera, donde estos autores residen.

          La celebración por estos veinte años de la casa editora de la región central incluyó la conferencia Protagonismo del editor en los procesos de gestación y transmisión literaria de ayer y de hoy, impartida por el profesor y especialista en edición Misael Moya, quien desde hace años ha mantenido un cercano vínculo con la Editorial Capiro, junto a un programa de extensión que permitió que autores y libros publicados por esta editorial llegaran hasta el Centro Penitenciario de Guamajal, el Hospital Infantil José Luis Miranda, el IPU Osvaldo Herrera, la Universidad Central de Las Villas, la Comunidad Los Sirios, la Galería Provincial de Arte y el Mejunje.

          Pero sin dudas,  la presentación de cuatro nuevos títulos salidos bajo este sello editorial centró las mayores expectativas de un público que está al tanto de las novedades y gusta de llevar a casa el libro firmado por su autor preferido.

          Fabio y otras obras teatrales, del dramaturgo Roberto Orihuela, el libro de cuentos El asere ilustrado, de Lorenzo Lunar, Irrelevancia crónica, de Ricardo Riverón y Santa Clara: hechos y vidas, de la historiadora Migdalia Cabrera, fueron presentados con la presencia de sus autores en un programa que respetó el protagonismo que precisa cada escritor en el momento de presentar un nuevo título.

          La invitación cursada al escritor  Jesús David Curbelo para que asistiera a esta celebración, quien además de ofrecer una lectura de sus poemas tuvo el pedido de las palabras de elogio a la editorial, fue sobre todo un acto atinado de corresponder y agradecer al autor que ha propiciado a esta editorial dos de sus cuatro Premios de la Crítica alcanzados por títulos publicados por Capiro.

          También fue justo el acto de reconocer la labor realizada durante años por Violeta Vera, quien a pesar de su jubilación todos la recordamos como una laboriosa y afable trabajadora de la editorial y la entrega de un Diploma por la Obra de toda la vida, al desaparecido escritor y folclorista René Batista Moreno, quien aportó diez indispensables títulos de su autoría a Capiro.

          En una tertulia realizada en el patio del Museo de Artes Decorativas se escucharon los criterios sobre la editorial de los escritores Jesús David Curbelo, con varios títulos publicados en Capiro:  El lobo y el centauro, merecedor del Premio Ser Fiel en el 2002, Parques, Premio Fundación de la ciudad, en poesía y Cárcel, memoria y abrigo y de los villaclareños Mario Brito y Daniel Alemán, quienes se han validado como atendibles escritores a través de la publicación de sus obras al amparo de esta Casa Editora. En esta actividad se le entregó a Irán Cabrera, actual director de Capiro, un Diploma de Reconocimiento del CPLL por la labor realizada en estos veinte años.

          A mi manera de ver fue un bien pensado y abarcador programa de actividades para una celebración que todos los implicados consideramos trascendental. No sólo por la cifra de más de trescientos títulos publicados hasta la fecha, las prestigiosas firmas que han salido bajo su sello: Roberto Fernández Retamar, Carilda Oliver Labra, Ángel Augier, Dora Alonso, Ambrosio Fornet, Carlos Galindo Lena y Roberto Méndez, entre otros, sino y sobre todo por el cuidado y la imagen que ha sostenido Capiro en sus títulos, convirtiéndose en una de las editoriales de provincia de mayor prestigio y alcance. Por ello en varios momentos se resaltó el trabajo del equipo editorial, su diseñador Leonardo Orozco y los comprometidos e incansables obreros de la imprenta.

          Un spot televisivo, realizado por el artista de los medios visuales Harold Díaz-Guzmán, aparecido dos días antes de la fecha inaugural de la editorial; entrevistas a alguno de sus fundadores y escritores publicados por en la misma y la invitación, a su actual director, a uno de los espacios de la programación del Telecentro; junto a algún que otro comentario en la radio, donde no fue posible realizar un spot conmemorativo y la reseña de algunas de las actividades motivadas por esta celebración, fueron tan sólo la pálida atención que tuvo en nuestros medios un acontecimiento con repercusión nacional y con trascendencia y aportes a la cultura de una isla letrada.

          Escasa trascendencia sobre todo si lo comparamos, por ejemplo,  con la repercusión que tuvo en estos mismos medios, el concierto realizado por el grupo Aceituna sin hueso, en el Teatro La Caridad, que para detrimento de este aniversario coincidió con nuestra celebración.

          Pero la escasa atención que ofrecen los medios a las actividades literarias, aún en esta ciudad en que el movimiento autoral es sólido, numeroso y reconocido nacionalmente, no es nada nuevo, sino una consecuencia de la no jerarquización y la banalización que prima en la mayoría de nuestros medios.

          Conozco el interés de algunos periodistas por revertir esta situación que pese a saber no son estos los temas priorizados, ni siquiera en los espacios culturales, muestran desde sus posibilidades este impresionante movimiento literario, que sobre todo desde los años ochentas, puede ser orgullo de nuestra región. Menciono a la periodista Hilda Cárdenas y con ella agradezco a los demás.

          Lo que sí no esperaba, al menos yo, que fuésemos nosotros mismos, en absoluta soledad,  los que nos celebráramos estos primeros veinte años de esfuerzos y dedicación por dar a conocer la literatura regional y cubana de estos tiempos, con total ausencia de funcionarios de la cultura, la Uneac, la AHS y todas las esferas sociales y políticas que uno supone se sientan parte de uno de los proyectos que más ha aportado, desde esta ciudad, a la Cultura Nacional.

          Sospecho que muchos olvidaron la fecha, o lo que me parece más grave, coincidieron con Carlos Gardel en que veinte años no es nada.


HABANOS EN EL MEJUNJE

HABANOS EN EL MEJUNJE

Por Héctor Darío Reyes

Un nuevo espacio inauguró el Centro Cultural El Mejunje, de Santa Clara, cuando tabaqueros, tabacólogos, artistas, intelectuales y público en general se encontraron para conocer la historia, degustar la esencia, y enamorar a todos con la cultura del Habano.
 
Con la conducción de Bárbara Hernández Pérez, la anuencia de Ramón Silverio, los funcionarios de la tabaquería LV-9, la Sociedad Cultural José Martí y el entusiasmo del lector Francisco Águila, esta idea germina como hoja, se recoge por sí sola, despalilla, seca y somete a los procesos de torcedura y hechura de los tabacos que se convierten en el símbolo y la tradición más cubana desde 1492.
 
Esta humeante tertulia intenta desplegarse en proyecto educativo contra la satanización que ha habido respecto al consumo del Habano, que más que fumarse, se degusta, se siente, se huele, se vive. Viene a ser hasta una especie de actitud imbricada a la personalidad e idiosincrasia de aquel que lo consume.
 
«Yo me enamoré de la cultura del tabaco —comenta Bárbara Hernández, quien quiere fomentar este proyecto—, porque que estoy convencida que Santa Clara desconoce tal cultura.»
 
Y es que una cosa es fumar y otra muy distinta es conocer. Una es llenarse los pulmones de los olores naturales incendiados, y algún que otro cáncer; y otra es viajar por el mundo de las vegas, las tabaquerías, las cajas y las marcas del Habano. Quien esto escribe no fuma nada, y como Baby, se ha motivado en aprender tal cultura.
 
Así humeó la peña en su estreno, entre olores, bocanadas y cenizas compartidas con la bella voz de Damaris Figueroa, las explicaciones de cómo escoger el puro, encenderlo con su tablilla de cedro, o las reseñas de Ubaldo Vila acerca los escritos del Apóstol José Martí sobre el Habano.
 
Como las hojas que en la LV-9 se convertirán en puros de exportación, así espera y se procesa el próximo encuentro, el 29 de septiembre, con más bocanadas, más canciones, más invitados y el placer de degustar un buen Habano.

«LA CARIDAD», UN TEATRO DE FUNDAMENTO CULTURAL

«LA CARIDAD», UN TEATRO DE FUNDAMENTO CULTURAL

Por Luis Machado Ordetx

Unos años atrás, en una relectura a los ensayos cortos, de primera juventud, que Juan Marinello escribió en 1932 mientras estaba preso en el Presidio Modelo, de Isla de Pinos, ese estudioso hizo referencias a frescas palabras del pedagogo villaclareño Severo García Pérez, un hombre fiel a su Patria; a su ciudad Santa Clara y a la expresión de que «Cuba jamás estará en venta a nadie.» Eso bien lo recuerdo, y late en el corazón de todos los que ofrecemos lo mejor de nuestras fuerzas a esta tierra.

Decía con razón García Pérez que «[…] lo trascendente no acuña las monedas del arte sino cuando este rebasa las sierras nacionales, alcanzando las cumbres señeras donde apresa los ideales universales y les proporciona la encarnación plástica definitiva».

Marinello respondía que «[…] las sierras nacionales no se rebasan sino transitándolas con pie muy amorosamente sentado sobre sus lomos, ni se alcanzan las cumbres señeras sino cuando vamos alimentados para la larga ascensión de jugos muy nuestros.» Eso transmuta el teatro «La Caridad», de Santa Clara, un coliseo cultural que ahora arriba al aniversario 125 de su fundación tras el desprendimiento material que ofreció otra patriota, Marta Abreu de Estévez, a  los habitantes, fundamentalmente pobres, de esta ciudad del centro de Cuba.

Mucho se podría exponer sobre el espíritu de misericordia, de dignidad, de amor a la Patria Chica, de patriotismo y hasta de altruismo de la Benefactora de Santa Clara, quien legó al tiempo y a su pueblo un coliseo teatral de alcances y bellezas inigualables dentro del patrimonio arquitectónico y cultural cubanos de finales del siglo XIX.

En similar sentido se hablaría de los hechos inigualables que distinguen a «La Caridad» en su tiempo. Sin embargo, hay quienes creen que los sucesos y veladas político-culturales que allí ocurren en los últimos 50 años, están determinadas por ciertas imposiciones y adjudicaciones administrativas determinadas por la cantidad de espectadores que alberga el coliseo, así como sus particularidades acústicas y del montaje escenográfico.

En más de una ocasión, quienes así lo exponen, se equivocan, y hasta desconocen la verdadera historia que sustenta «La Caridad» a partir de las Bases que dictó Marta Abreu de Estévez para la administración del teatro «La Caridad» a cargo del Ayuntamiento de Santa Clara.

Los 38 términos o bases, quedaron firmados por la Benefactora el 30 de abril de 1892; unos siete años después de inaugurada la institución cultural aquella noche del 8 de septiembre de 1885, fecha que honró a la Virgen de la Caridad del Cobre, a Cuba y también a las capas más desposeídas de ingresos económicos y que residían de manera permanente en la ciudad.

El acápite 19 suscribe que «El Ayuntamiento no permitirá que se pongan en escena bailes indecentes, ni concederá el teatro para representaciones inmorales y poco edificantes, que desdigan de la misión civilizadora del arte dramático: “instruir deleitando” […] Cuando se conceda para meetings políticos, en previsión de los desperfectos que pudiera ocasionar al edificio y su mobiliario la excesiva aglomeración de concurrentes, se triplicará el precio del alquiler

Lo anterior determina el porqué de ese fundamento de Marinello cuando indicó que «vamos alimentados para la larga ascensión de jugos muy nuestros», como ocurrió el 31 de diciembre de 1898, fecha en que la sociedad de Santa Clara, arrió, desde el asta del frontón de la fachada, la bandera de la metrópoli España, y en su lugar fue izada la cubana, para que ondeara de una manera gallarda al recibir los vientos que soplaban desde las lomas adyacentes del Capiro.

Así lo consigna la investigadora Hortensia Pichardo en el tomo I, página 541, de Documentos para la Historia de Cuba. Durante la primera mitad del siglo xx, «La Caridad», independientemente de sus fines de instrucción cultural, fue escenario de patriotismo; de confirmación de ideales políticos, tal como sucedió  el viernes 12 de enero de 1939 durante la sesión extraordinaria de la III Reunión Nacional del Partido Comunista.

A la congregación acudieron Juan Marinello, Nicolás Guillén; Gaspar Jorge García Galló, Celestino Hernández Robau, Nicolás Monzón Domínguez, María Dámasa Jova, Pepilla Vidaurreta y otros intelectuales y militantes marxista-leninistas cubanos. Previo a la reunión, en la noche del jueves, por vez primera en el país se representó la pieza «Mariana Pineda», de Federico García Lorca, un romance popular en tres estampas dirigido por Francisco (Paco) Alfonso, y la Coral Popular Revolucionaria demostró los valores de un arte imbricado a las raíces de la Patria.

En ese escenario, antes y después, el divo Enrico Caruso, la cantante y actriz Libertad Lamarque, el mexicano Jorge Negrete o el trovador Gumersindo (Sindo) Garay, junto a elencos artísticos de óperas, operetas, zarzuelas, teatro vernáculo, funciones cinematográficas o representaciones sinfónicas o de ballet, hallaron un espacio definido para el goce de lo universal, lo popular y lo nacional.

La década de los años 40 del pasado siglo instituyó un período de amplia asiduidad en ese tipo de espectáculos, incluido la recitación de los más grandes declamadores cubanos —entre los que aparecen las actuaciones de Eusebia Cosme, González Marín, Luis Carbonell y Severo Bernal—, así como actividades con fines político-cultural en contra del nazi-fascismo, la solidaridad con la independencia de Puerto Rico o el apoyo al primer estado de obreros y campesinos del mundo: la Unión Soviética en instantes en que desencadenaba la Gran Guerra Patria.

La prensa villaclareña, y e articular, el diario La Publicidad, es testigo en sus páginas de singulares momentos históricos ocurridos en el escenario de «La Caridad». Tal es el caso del «Acto de Confraternidad Hispano-Cubana y por el Triunfo de la Democracia», celebrado en la noche del 9 de noviembre de 1941. Reuniones similares, en las que comulgó arte y política, lo nacional y lo universal, como solicitó Juan Marinello, serán una sucesión en un vetusto coliseo que aún aguarda, a 125 años de fundado, de una completa y definitiva hechura en los anales de su historiografía insular.