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Por Luis Machado Ordetx

 

Ayer martes, cubanosdekilates.blogia.com cumplió cuatro años de actividad sistemática en el ciberespacio. Bien recuerdo aquel iniciático instante en que la página digital comenzó a colmarse de textos; escritos casi todos desde la perspectiva y la fidelidad hacia la memoria histórico-cultural de Cuba; permeado de esa vocación de Fernando Ortiz en «Factores humanos de la cubanidad», ensayo en que expresa y defiende que toda cultura es «esencialmente un hecho social.»

Desde una posición positivista Ortiz definió en aquella conferencia del 28 de noviembre de 1939 un hecho sin precedentes: «La cubanidad es "la cualidad de lo cubano", o sea su manera de ser, su carácter, su índole, su condición distintiva, su individuación dentro de lo universal.» A eso he aspirado con mis escritos; con mis reflexiones y hurgano en lo oscuro, en lo perdido, y también he polemizado.

Tendría que decir más, al calor del Tercer Descubridor de lo nuestro: «[...] La cubanidad para el individuo no está en la sangre, ni en el papel ni en la habitación. La cubanidad es principalmente la peculiar calidad de una cultura, la de Cuba. Dicho en térmios corrientes, la cubanidad es condición del alma, es complejo de sentimientos, ideas y actitudes[...]»

Eso he querido que sea cubanosdekilates.blogia.com, una sencilla manera que, desde el periodismo, la investigación literaria, y el testimonio, también pulse por el mundo en defensa de mi cultura; en la manera de expresarse la nobleza y la historia de quienes identifica esta parte que nos pertenece —más allá o más acá de los mares— el Caribe que corona nuestra sangre. Valga entonces el autoelogio colectivo al marge de cualquier individualidad.

VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE VISTA POR EMILIO BALLAGAS

VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE VISTA POR EMILIO BALLAGAS

La Patrona de Cuba, Nuestra Señora la Virgen de la Caridad del Cobre, tiene su solemnidad hoy miércoles 8 de Septiembre. Justo en el año 2010, su imagen será venerada en todo el país durante un periplo de año y medio. La misa del pasado 14 de agosto constituyó la antesala para la peregrinación que al siguiente día, domingo, partió del Santuario Nacional del Cobre, en Santiago de Cuba, a unos 950 kilómetros al este de La Habana.

En 1951-1952 fue la última vez que ocurrió un peregrinaje similar en ocasión del Primer Congreso Nacional Católico de Cuba. Durante el viaje Apostólico de Juan Pablo II a Cuba, efectuado entre el 21 y el 25 de enero de 1998, María Santísima de la Caridad del Cobre —madre de todos los cubanos y del hogar de Nazaret—, fue bendecida en la tercera misa que ofreció el Papa, el sábado 24 de enero, en la Plaza de la Revolución «Antonio Maceo», en Santiago de Cuba.

El 10 de diciembre de 2011 culminará el recorrido en La Habana, y luego la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, retornará otra vez al Santuario de Santiago de Cuba, singular momento que dará inicio al Año Jubilar de 2012, fecha del aniversario 400 de su aparición en las aguas de la Bahía de Nipe, según la leyenda, en 1612.

 Nació el miércoles 8 de Septiembre de 2010; todos los cubanos veneran a Nuestra Señora  de la Caridad del Cobre.

Por Luis Machado Ordetx

Ballagas [Camagüey, 1908-La Habana, 1954], es el poeta cubano que más cantó a la Virgen de la Caridad del Cobre. De eso nadie tiene dudas. Ahí está su libro Nuestra Señora del Mar (Fray Junípero, La Habana, 1943), un minúsculo cuaderno formado por  un soneto, diez décimas y unas liras finales, desde las cuales el escritor testimonia por medio de formas clásicas y estrofas cerradas para acercarse a las fuentes nutricias de lo popular y lo folklórico en el alma nacional.

Sintetiza un tropiezo con la condición cristiana del poeta; de pacto y deuda del creyente, y de especial devoción de la Virgen de la Caridad del Cobre. En esencia es  un tributo a nuestra idiosincrasia; como pleitesía por lo afrocubano desde el refinamiento del corpus de metáforas y de los moldes estróficos y estilísticos utilizados.

La narración se circunscribe desde la óptica personal del poeta. Es una visión hagiográfica, dijo el ensayista Cintio Vitier en la presentación la Obra Poética de Emilio Ballagas, publicada en 1955 por la imprenta habanera Úcar García, y recordaba ese estudioso que: «[…] Después de su temporada en el infierno de lo oscuro, lo cósmico y lo fascinante; después de atravesar lo morado y la ceniza, vuelve Ballagas a encontrar su palabra blanca, pero no ya de olvido, sino de humildad y rendimiento: el blanco de sal que recogieron los pescadores en cuya canoa entró la Virgen…»

Años después, en Lo Cubano en la Poesía, conferencias que recogió en 1958 el Departamento de Relaciones Culturales de la Universidad Central de Las Villas a instancias de Samuel Feijóo, el ensayista Vitier advirtió que: «[…] Ballagas se acercó —con aquellas ingenua simpatía suya por todas las creencias y supersticiones de su pueblo, que lo hizo acentuar, por ejemplo, en las graciosas estampas espiritistas o de “santería”—, a las devociones católicas populares. De ahí salieron sus levísimas, aéreas décimas a Nuestra Señora del mar, inspiradas en la imagen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla»

Al menos, así lo observa Vitier y otros ensayistas cubanos al evaluar el poemario Nuestra Señora del Mar (1943). Unos y otros manifiestan los valores estilísticos; los hallazgos formales; la cercanía hacia lo propio y el dominio de la décima desde una visión testimonial; de creyente; de apego a lo popular, y de visión cristiana.
Más allá de esas determinaciones, hay certezas del goce que tenía Ballagas hacia la comprensión y las prácticas —formales o no— de los cultos sincréticos, en particular de la Regla de Ocha.
 
Entonces, ¿por qué razón Ballagas nombraría al apartamento que alquiló en Santa Clara, entre 1938-1948, como Villa Oshún? ¿Habría alguna “deuda” religiosa en el poeta que lo acercara hacia la devoción popular de la Virgen de la Caridad del Cobre?

De 1933 a 1948 el poeta camagüeyano ejerció la docencia en la Escuela Normal de Maestros de Santa Clara; y desde que alquiló el apartamento número 6, en los altos del antiguo edificio «Núñez», ubicado en Marta Abreu y Carretera Central, en esa ciudad del centro de Cuba, lo nombró Villa “Oshún”. Así aparece la reiterada referencia en las cartas que cursa con el declamador villaclareño Severo Bernal Ruiz.

En ese extenso epistolario, completamente inédito y revisado durante 1989 antes que falleciera Bernal Ruiz, el poeta Ballagas hace reiteradas alusiones a Oshun, deidad del panteón lucumí adorada por los cubanos, quines la sincretizan con La Virgen de la Caridad del Cobre —del santoral católico—. Alude el escritor a los señoríos del amor, la feminidad y el río encarnados por Oshún; una divinidad que tiene en la miel de abeja su arma más poderosa.

En los atributos de Oshún se localizan el abanico de sándalo o el confeccionado con pluma de pavo real, así como el gusto por las conchas,  joyas, corales marinos, sábanas, paños bordados y todo objeto propio del tocador femenino. En sus collares abundan las cuentas amarillas o de color ámbar; rojas y verde esmeralda; y por flores prefiere a los girasoles, el guacamayo o el botón de oro.

En 1915, recoge la historia, los cubanos solicitaron al Papa Benedicto XV que consagrara a la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona. Un año después se hizo la proclamación, y en 1936 la coronación. En la Isla, y también en los naturales de esta tierra que residen en el extranjero, la adoran cada 8 de septiembre. En Santa Clara, Marta Abreu de Estévez, la Benefactora, fundó el teatro «La Caridad», vetusta edificación cultural, un día como ese, en 1885, en honor a la Santísima Virgen del Cobre.

Sin embargo,  Ballagas retoca el reconocimiento a los cultos sincrético, al santoral católico, y la tradición cubana desde el instante en que abordó su Cuaderno de poesía negra (Santa Clara, 1934), fecha en que emprendió traducciones y compilaciones de autores representativos de esa temática en el contexto angloamericano; a la par, extrapoló la fidelidad al nombrar a su apartamento, en plano de familiaridad, Villa Oshún, tal como suscribe en sus correspondencias.

No olvidemos que, en este correlato, la sección «La virgen anda sobre las aguas», parte correspondiente al «Ofrecimiento del poema», Ballagas utiliza  el sustantivo “río” —más allá de búsqueda de la rima exterior del octosílabo—, cuando en realidad son los practicantes de la denominada Regla de Ocha, la santería, los que aluden al asentamiento y refugio de Oshún en esas aguas (apareció, según la tradición, en la desembocadura y nacimiento de la bahía de Nipe); mientras los católicos  sitúan el hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre en la turbulencia del mar y el encuentro con los pescadores.

                                  Ofrecimiento del poema

                                      «Quiero tomar un asiento
                                      en tu preciosa canoa».
                                                    (De un loor anónimo)

                                 Déjame tomar asiento
                                 En tu preciosa canoa
                                 Y poner al cielo proa
                                 Navegando por el viento.
                                 Muévete el Divino Aliento
                                 Con su poderoso brío.
                                 Éntrame en tu claro río
                                 Y súbeme a los alcores
                                 Donde ángeles ruiseñores
                                 Abren las alas al pío.
              
Era como un reencuentro del poeta con las esencias y metros populares; una mirada testimonial del creyente; una plegaria. Casi al salir el libro de Ballagas en la imprenta habanera, el declamador Severo Bernal Ruiz escribió en el periódico La Publicidad, en Santa Clara: «Si mucho admiramos a Ballagas por su extensa y provechosa labor literaria, esta admiración crece ante su gesto valiente de reafirmar ante el mundo entero su sentimiento de católico ferviente […], como quien vive un gran rato en la calma de Dios, leyendo este tierno manojito de décimas, que precede un hermoso “Soneto de los Nombres de María”, y deja embriagado el espíritu de las liras de la imagen».

No en balde, el texto de Ballagas, forma parte de esa “deuda” propia de un poeta, también de un creyente católico con la Virgen de la Caridad de Cobre, y con Oshún, una deidad que enaltece la estirpe religiosa de los cubanos en su andar por este mundo.









LUCIUS WALKER, !EN GLORIA ESTÉS!

LUCIUS WALKER, !EN GLORIA ESTÉS!

Por Luis Machado Ordetx

 

Pastores por la Paz está de luto; también los miembros de las Caravanas de la Amistad Estados Unidos-Cuba y la comunidad de religiosos del mundo. Un dolor azota a todos: el reverendo Lucius Walker falleció esta de martes de un infarto masivo en Nueva York. Tanía 80 años, y desde hace décadas fue un luchador incansable en contra del injusto bloqueo norteamericano contra nuestra Isla del Caribe.

Sumó voluntades para traer donaciones; desafiar los enturtos que imposibilitan un comercio equilibredo, justo entre Estados Unidos y Cuba; y a cada paso, por los recorridos por ciudades norteamericanas; por el cruce de la frontera de ese país con México, hasta el arribo a La Habana y su tránsito triunfal por nuestros pueblos, incluso el más recóndito, lo animó ese intercambio honesto, ejemplar con hombres, mujeres y niños cubanos que lo recibían con aplausos, con alegrías, con hermandad.

De igual modo, fue un inclaudicable luchador en defensa de nuestros cinco presos que injustamente permenecen encarcelados en Estados Unidos, y desde la Fundación Interreligiosa para la Organización Comunitaria (IFCO), creada en 1967, y con Pastores por la Paz, exigió la libertad inmediata de los antiterroristas cubanos.

El Mensaje de Pastores por la Paz llegado a nuestra redacción dice lo siguiente: “Con tristeza inconmensurable les escribimos para hacerle saber de la muerte de nuestro querido líder, el reverendo Lucius Walker Jr. esta mañana. Vamos a enviarles más información tan pronto como se adopten disposiciones.”

LEZAMA LIMA EN TRATADOS EN LA HABANA

LEZAMA LIMA EN TRATADOS EN LA HABANA

Por Jorge Luis Rodríguez Reyes

Siempre he pensado que todo  creador que  esté dispuesto en asumir la raíz cubana tendrá que dialogar  con  Martí –diálogo sinuoso, concluyente- y por qué no- órfico, fraterno- y como una extensión de ese encuentro, como un paroxismo barroco  dialogará con Lezama desde Trocadero 162. Sitio donde se ha trocado la corriente literaria cubana en lezamiana y no  lezamiana.  Parteaguas que muestra cómo y a pesar de  tantos contratiempos,  la sinceridad se impone al oportunismo, a la descalificación de comparsa que sufrió algún tiempo en vida.

Que hoy estemos acá, en esta plaza de arte, de arte joven y que pretendamos  homenajear a quien con su obra es perenne homenaje a la cubanía, es tan solo un gesto que dignifica a nuestra cultura. La cultura cubana ha sabido rectificar, ha cometido errores pero en la marcha los enmienda y esta reedición no es más que una muestra de la marcha de esa rectificación, de esa marcha  con la casa del Alibí a cuesta y   brinda así el esperanzador espaldarazo a otros futuros homenajes con los cuales sueño – hablo de Virgilio, de Cabrera, de Sarduy, de Arenas y de Baquero.

Lezama, quien se confesó  tutor de poetas jóvenes, de esos aedas del acto y la palabra, que lo acompañaron en su sala, junto a los más de diez mil libros de su biblioteca, junto a su soledad, poetas que han dejado esa memoria en textos valiosísimos para los que vienen después y buscan el esplendor del idioma en la creación nacional.  Hablo de Reinaldo González, Félix Guerra, Ciro Bianchi,  Juan Carlos Espinosa y muchos otros que desde la triste  imitación o el bello juego paródico,  cada día se les acercan y le llaman a la puerta en busca de uno más de sus libros del curso órfico o le llevan tabaco a cambio de la lectura atenta de poemas prematuros, de textos devocionales.

La reedición de Tratados en la Habana, publicado inicialmente en el lejano 1958 en la cercana UCLV,  nos promete el inicio de un acercamiento totalizador a la obra lezamiana. Algunos de los textos de este libro fueron recogidos en La Cantidad hechizada o en  Confluencias, la antología reveladora del aquel entonces joven ensayista,  y hoy ministro de cultura. El libro lo componen 62 trabajos que van desde el mediamente extenso: Introducción a un sistema poético, al extenso y bello: Sucesiva o las coordenadas  habaneras, y termina con el iluminador  ensayo la Dignidad de la poesía, pasando por los restantes 59 breves textos,  aparecidos estos – una nota más del envejecido Realismo mágico o Real Maravillo- (como le llamen) en el Diario de la Marina, a pedido expreso de Gastón Baquero y nos muestran una variante poco estudiada de la creación de Lezama: El periodismo cultural, donde ajustándose en lo posible al canon del medio, trata con el derroche de su sapiencia característica,  temas cubanos y universales, principalmente literarios o plásticos.

Aún descreo que esos textos  fueran publicados en un diario, entre notas de bailes de sociedad o resúmenes de batallas campales u obituarios magnificados.  

Porque el estilo lezamiano no es presto a lectura azarosa ni a flor de piel, exige y reclama un lector cómplice y que se aventure  a extrapolar metáforas de tercer nivel. Tipos de lectores que cada día escasean más  y que Lezama desde su diálogo evocador nos pide, al mecernos en su compás.

Con la justa reedición de sus textos, nos acercamos al término de la pose cultural en que todo el mudo lo cita sin leerlo, porque estas reediciones lo condicionan y lo hacen tangible.

Un poeta de mi municipio se dedica cada día  a sacarle tres metáforas distintas a la inmensa piedra que duerme a la orilla de su camino. Lleva años en el mismo ejercicio. Él,  creo sin sospecharlo,  ejercita un  método creativo que me aventuro en atribuirle a Lezama. Y otro poeta, aunque escribe solo ensayos- me a dicho que mientras Carpentier, Octavio Paz e incluso Borges, pueden verse a contra luz de los Ismos del siglo XX. Lezama es inasible o se traga a todos esos Ismos, porque su literatura es preadánica, anterior a todo.  

Y esto no es más que una pequeña muestra  que atesoro,   de mi  experiencia de las influencias de Lezama. Porque todos tenemos dentro un Lezama o el imperdonable vacío de no tenerlo.

CAMAJUANÍ; LABOR PRIMA VIRTUS

CAMAJUANÍ; LABOR PRIMA VIRTUS

Por Luis Machado Ordetx


Soplo exaltado por emprender la historia y el tiempo; así recoge aquel original escudo que diseñó en 1880 el pintor, periodista y patriota José de la Cruz Vidal Caro. No entendería a Camajuaní, a su gente y cultura, sin la huella de los padres fundadores. Tampoco lo admitiría desprovisto del sabio trazado y de una estela para la posteridad: «Labor Prima Virtus».  Camajuaní, en el centro este de Cuba, es parranda, fiesta de tradiciones folklóricas; cultura popular.

El titular en latín no es por gusto. Hacia el interior del escudo de la municipalidad resurge una profecía.

Hay una precisión en la comarca, como un signo que la delata al fulgor de los siglos: «El trabajo es la primera virtud» del hombre afanado ante la tierra, la industria o la sociedad.

Al menos de esa manera distingo a los habitantes que residen o andan desperdigados por otros territorios; en pugna permanente por su idiosincrasia insular; por el patrocinio de las calles, las edificaciones, la familia y el fragor del día, en conjuro permanente por el laboreo que los reúne o convoca.

El aserto no tiene otra explicación, y el emblema lo confirma en el centro. Tiene un panal de abejas, con obreras melíferas que revolotean en un espacio rematado por varios implementos agrícolas. De ese modo, no de otro, el vetusto escudo apreciado en cientos de copias, trasladan el pasado al presente a partir de aquellas «Ordenanzas de construcción para el pueblo de Camajuaní y su término municipal», redactadas, casi de puño y letra, en 1886 por Francisco de la Torre Caruana, el alcalde. Ya habían transcurrido cuatro años
de la inauguración del municipio.

Sin embargo, la huella de los padres fundadores viene de más atrás, de San Juan de los Remedios, la Octava Villa de Cuba, la fundada en 1513 por Vasco Porcallo de Figueroa tras los pasos del Adelantado Diego Velázquez. Así lo atestigua José A. Martínez Fortún y Foyo en el tomo VIII de sus Anales y  Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, texto editado en la imprenta Pérez Sierra, de La Habana en 1934.

La consignación aparece en las páginas 74-76, cuando dice el historiador que muchas familias remedianas colmaron las haciendas otroras de Caibarién en 1795, mientras se crearon otras vecindades en San Anastasio del Cupey (Placetas), Yaguajay, Mayajigua, San Antonio de las Vueltas, Guaracabuya y Camajuaní. Todo eso trasciende en 1797; más de un siglo antes ya la Gloriosa Santa Clara daba probidad de su existencia territorial.

En los pormenores de urbanidad, de edificaciones, trazados rectos de calles y la reforestación de parques, En Camajuaní, desde un principio, muestran dictados para la construcción de hornos, alambiques de aguardientes, fábricas de licores, de vela, pólvora, fuegos artificiales, fulminantes, fósforos, almacenes de paja, heno, algodón, maderas, carbón, leña y otras materias inflamables.

Los almacenes siempre desde la fecha de fundación estarían dispuestos a sotavento, en los extremos, del poblado para evitar perturbaciones a los habitantes. José A. Martínez- Fortún y Foyo lo consigna en sus Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, y también lo apunta Juan Manuel García Espinosa en Don Francisco de la Torre y su casa solariega, dos publicaciones imprescindibles para conocer aspectos significativos en la historia.  

                         LEGENDARIA FÁBRICA

Una antigua casa de curar tabaco, allá en lo que antes fue la calle División (ahora Hermanos Cárdenas), dio nacimiento en 1902 a una fábrica para embotellar gaseosa y agua naturales a partir de las bondades de los manantiales “Lobatón”. Con el tiempo la rústica tecnología de máquinas de pedal importadas desde Inglaterra y Estados Unidos tendieron a automatizar las labores productivas y a extender el negocio en la elaboración de refrescos, hielo, pasteurización de leche, dulces finos en almíbar y determinadas conservas enlatadas que enviaban a mercados foráneos. Desde entonces surgió un camino para exportar otras mercancías que no fueran azúcares, café o tabaco.

Todavía “La Constancia”, nombre de aquella fábrica devenida en Compañía Embotelladora Tarajano S.A., persiste. En 1962 fue nacionalizada por el Estado cubano, y a partir de esa fecha promulgó el calificativo de fabrica productora de ron y hielo. Ya este último rubro no se extrae de la edificación; dejó de elaborarse. No obstante, asombra al visitante las características constructivas, las maderas y locales que datan de los primeros años del siglo pasado cuando emergió como fuente de empleo y aprovisionamiento del comercio y el mercado nacional o foráneo.
 
                     AL MARGEN DE UNA CALLE

Al doblar una esquina ando tras pistas de aquel primer periódico impreso de Camajuaní: El Número 13, surgido a la luz pública el 4 de marzo de 1890 y desaparecido dos años después.

El semanario, con dos hojas, estuvo dirigido por los hermanos José, Lino y Leoncio Vidal Caro. Las tiradas salían cada martes de la imprenta «La Favorita», ubicada en la calle Comercio número 13, dice Martínez-Fortún y Foyo en La Prensa de Remedios y su Jurisdicción. Tenía  igual cantidad de redactores. A pesar de todo —martes y número 13— el rotativo pugnó por  reseñar los avances económicos y sociales de la población y las ideas de libertad insular.
 
Allí hay titulares sobre la luz eléctrica en el Central Fé; batalla en defensa de la independencia de España;  difusión del juego ciencia, el ajedrez; construcción de viviendas, propagación de siembras de tabaco y cría de ganado menor (chivos); alientos por el comercio, la existencia de zapaterías y sastrería; notoriedad del arte de la pirotecnia; de fiestas folklóricas como alma de la localidad —no por gusto cuatro años después surgieron las parrandas—, y los avances ferroviarios y los ulteriores enlaces con localidades vecinas.

En la cercanía veo ahora la historia pasada; también la presente de Camajuaní, de Vueltas, de Vega Alta y…

Juzgo a plenitud la idiosincrasia y cultura de la gente.Pienso incluso en las parrandas de Vueltas (Ñañacos y Jutíos); también rememoro las de Camajuaní (Chivos y Sapos). Más de un siglo tienen esos remanentes de cultura popular surgidas al influjo de las tradicionales fiestas remedianas; sé que existen marcadas diferenciaciones en los conceptos prácticos de la festividad.

Cada una tiene una particularidad, un detalle opuesto a las otras. Sin embargo, no cabe duda que volver sobre las calles recuerda ese olor a historia que impregnan las nobles edificaciones. Cuánto daría por volver sobre los peldaños del antiguo Hotel Cosmopolita —convertido hace años en ruina; no me cabe otra historia que hallar el misterio del rótulo que corona «Labor Prima Virtus» acuñada por José Vidal Caro para la posteridad de los siglos en los que pre(existe) Camajuaní; tierra de ancestros y ensoñaciones.

AMAURY PÉREZ; UNA QUERELLA PROFESIONAL

AMAURY PÉREZ; UNA QUERELLA PROFESIONAL

Por Luis Machado Ordetx

Amaury Pérez, Un saludo; y una querella profesional.

Después de ver su programa con Sara González ( «Con 2     que se quieran basta».  Cubavisión, martes 10 de agosto de 2010»), dice usted una tontería, pasable en un comunicador, como el que en ocasiones siente poco respeto por lo que pregunta al vuelo de una frase.

Aun cuando los manuales de Periodismo exponen que «No hay pregunta más tonta que aquella que no se hace», y García Márquez recalca en «Sofisma de discreción» que la entrevista de personalidad —esa que usted pretende hacer amparado por un equipo de investigadores—, algunos quieren convertirla en «mujer fácil», por favor, usted es Martiano.

No olvide aquel texto que desde Nueva York, el 20 de octubre de 1884  —qué día además, Patrimonio de la Cultura Cubana—, escribió el Apóstol Cubano al Mayor General Máximo Gómez: «[…] la Patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto solo en espíritu, de quién la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia

Entonces, hombre, cómo expresa usted que Sara es la Patria, según le comentó un amigo. Hasta la mujer trovadora se sonrojó cuando usted dijo tamaña tontería.

           «Amaury. La última pregunta quiero que la medites bien, es una pregunta comprometida. Un amigo común dijo un día: Sara es la Patria. ¿Cómo se puede vivir con esa responsabilidad y con esa sentencia del amigo?»

          «Sara: Yo no sé. Si se pone a pensar uno en eso, creo que es una responsabilidad fuertísima eso de que te identifiquen con la Patria, ¿no?, pero si me tocó ese pedazo, lo voy a asumir, con todo y por todos.»

       «Amaury. Todo el mundo lo sabe. Los televidentes lo saben y tú lo tienes más que probado, yo doy mi vida por ti. Te quiero mucho y te agradezco que hayas venido.»

        «Sara. ¡Ave María! (risas).»

 Diga bien las cosas y no se apoltrone en posiciones de cierta comodidad en raiting de audiencias; todos los cubanos, en última instancia, somos la Patria.

Si de hablar de Martí, incluiría, además, el fragmento del texto que el 9 de febrero de 1892 cuando escribe a Fernando Figueredo: « Cuanto me amenaza a la Patria me pone a temblar; y sólo gozo con lo que la honra y asegura…»

Luego sigue: «Y la Patria es de todos, y es justo y necesario que no se niegue en ella asiento a ninguna virtud….» Entonces, cómo decir que Sara González —valores musicales aparte— es la Patria? ¿Qué es eso? Una vana e ilusa tontería que usted dice.

Retomo otra vez a Martí: hombre, «Quienes vivimos para ella, no necesitamos frasear sobre ella. De ella es mandar, y de nosotros obedecer. Es nuestra adoración, no nuestro pedestal ni nuestro instrumento. Ni los tiempos nos han cansado, ni las equivocaciones […] ni más apremio que el que ordena, en horas difíciles, la indispensable vigilancia

Por si fuera poco, y es Martí quien expresa: «En la fundición habla el obrero sobre el mejor modo de fundir la espada».  Fíjese, eso lo escribió Martí el 14 de marzo de 1892, día de la creación de Patria, también festividad actual de la Prensa Cubana.  Por favor, no haga preguntas tontas, aunque a veces los manuales de Periodismo lo recomienden. El entrevistado se siente entre tres y dos; y el televidente lo desaprueba.

CAIBARIÉN TIENE OTRO ÁNGEL

CAIBARIÉN TIENE OTRO ÁNGEL


Carta al amigo José Díaz, un tierno hombre de Caibarién, Villa Clara, Cuba.

Estimado amigo, ya en el cielo, todavía proteges nuestra existencia.

No pienses que el tiempo te llevó en rapidez; sigues ahí, latiendo, insuflando existencia.

Martí, fiero guardián de la cultura cubana y universal escribió frases de dolor, de alegría; de enaltecimiento, y hay una que prendida en mis engranas remueve la existencia y la prolonga a diabluras y delirios en todo hombre.

Es una frase que pregona el primer capítulo de mi último libro Ballagas en sombra (Editorial Capiro 2010, Colección Premio), y donde reza: «!Líbranos Dios del invierno de la memoria! !Líbranos Dios del invierno del alma!». Ya lo dije, pertenecen al Apóstol Nacional Cubano, y hoy jueves 5 de agosto de 2010, entrado el zodíaco de LEO, la dedico por extención a tí, José Díaz; José, padre generoso de una larga familia oriunda de Caibarién, Villa Clara, Cuba, un sitio jamás perdido en la geografía norte de esta Isla que corona mis esencias.

¿Cuántas veces el desvelo, el diálogo cariñoso, el consejo fiel, la bondad y la sencillez te hicieron perennes en mi existencia de trotamundo a la búsqueda de un dato para la investigación periodística o literaria?

De corazón, no lo sabría precisar. Como un hijo, también te insufló la notoriedad por el hallazgo, la risa fiel de Quijote en medio de los vendavalnes de ciclones, las cargas de sacos de mercancías en los almacenes del puerto de Caibarién, de andarín por las calles del Vedado o allá a la vera de Hemingway en San Miguel del Padrón.

Hoy José, el esposo de Elisa —musa coronadora de música y encanto—, el padre generoso de otros hermanos a quienes llevo dentro, vuelve al terruño; a Caibarién, para señorear en el camposanto, dispuesto a descansar y proteger otras existencias; y como un árbol frondoso perpetúa en la memoria.

Alla en La Habana falleciste, y tus ojos no permanecen cerrados, sino abiertos, en ese delirio permanente por sentir el calor de todos; de amar lo propio, de crecer y ver crecer el tiempo; de desafiar el viento o el insoportable peso de los huesos sin que un lamento de afiebre en tu suave y tierna voz.

Descansa en paz José, para todos, en Caibarién y el mundo, tu existencia no se traduce en dolor por el fallecimiento físico; sencillamente es brisa tibia, suave, fresca y deleite para todos aquellos que de un modo u otro aprendimos de un consejo tierno o de un responso verás.

Quédate allí quieto, en el camposanto de tu otrora Villa Blanca, siempre al cuidado de ese Ángel que te perpetúa; vela por nosotros; todos te queremos en la ensoñación del tiempo.

La muerte es como el rayo que no cesa; y la tuya no es cierta —al igual que otros—, por que sigues prolongado en la existencia soberana de nuestras raíces. Llévate perpetuamente el cariño inmenso de quienes más allá del tiempo, siempre te queremos.

 Tú fraterno amigo, Luis

FÚTBOL, CULTURA, ARTE Y PASIÓN

FÚTBOL, CULTURA, ARTE Y PASIÓN

Dolor tristísimo; parte del alma del Río Bravo a la Patagonia, como dijo nuestro Apóstol Martí, se escapó tras los sueños del Campeonato Mundial de Fútbol; y queda un orgullo, reconocernos nosotros como ganadores absolutos de esa fraternidad que, lejo de las barreras idiomáticas, de nuestras banderas, culturas e idiosoncrasias, siempre distinguirá el alma sublime de Latinoamérica por encima de todas las dintinciones. Gracias Frei Betto por su crónica; magistral e irreverente como el destino de nuestros prueblos unidos. Por eso la reproduzco, con su permiso en www.cubanosdekilates.blogia.com. Allí cuando un himno o una bandera nuestra se levanta, estamos todos reunidos. El beneplácito llega ahora con Uruguay en el Corazón de este Sur que «también existe», como dijo Benedetti.

Por Frei Betto

Soy un analfutbola. O sea, no entiendo nada de fútbol. Siempre que me preguntan a cuál equipo le voy, me quedo tan parado como minero (de Minas Gerais) al que no le gusta el queso.

Le fui en mi infancia al Fluminense, de Rio, y al América, de Belo Horizonte. Influencia materna. Más tarde fui atlético por un detalle geográfico: mi abuela vivía frente al estadio, en la avenida Olegario Maciel, en la capital minera. Y nada más. Sin contar la emoción de haber estado en el Maracanã la noche del 14 de noviembre de 1963 para asistir, mezclado con 132 mil hinchas, a aquel que es para muchos el considerado juego de los juegos, la lucha entre Santos y Milán por el Mundial de Interclubes.

Hoy me doy el lujo de asistir por televisión a los partidos del campeonato. Elijo a favor de quién voy. Y no pierdo el Campeonato Mundial. El partido del Brasil es obligatorio.

¿Yo dije misa? Sí, sin exageración. Porque en el Brasil el fútbol es religión. Y el juego liturgia. El hincha tiene fe en el equipo. Aunque su equipo sea el farolillo rojo, el hincha cree piadosamente que vendrán días mejores. Por  eso, honra la camiseta, acude al estadio, se mezcla con la multitud, grita, salta, aplaude, llora de tristeza o de alegría, cual devoto que deposita todas sus esperanzas en el santo de su devoción.

El fútbol nació en Inglaterra y se hizo arte en el Brasil. En verdad se convirtió en ballet. Aquí tan importante como el gol son los regates. Ellos comprueban que nuestros ases tienen samba en los pies y sentido matemático en la intuición. ¡Observe la precisión de un pase del balón! En el césped, inmenso palco al aire libre, se despliega una bella y extraña coreografía. Haga la experiencia: apague el sonido de la tv y contemple los movimientos de los jugadores cuando chutan. Es una sinfonía de cuerpos alados. Si yo fuera cineasta editaría las escenas más expresivas en cámara lenta y les pondría un fondo sonoro, de preferencia un vals, haciendo acompañar el fluctuar de los cuerpos sobre el verde del engramado.

El Brasil tiene 190 millones de técnicos de fútbol. Todos dan su opinión. Y nadie se avergüenza de hacerlo, como si cada uno de nosotros tuviera, en esta materia, autoridad intrínseca. Se puede discordar de la opinión ajena. Pero nadie osaría ridiculizarla.

Es lástima que la violencia esté  contaminando las barras de hinchas. Antes ellas anabolizaban, con su  vibración, el desempeño de los jugadores. Ahora dirimen a gritos su posición sobre la hinchada contraria. Y si pierden en el juego insisten en ganar con la fuerza. De seguir así dentro de poco el campo será ocupado, no por el equipo, sino, como un gran circo, por los hinchas. Volveremos al tiempo de los gladiadores, ahora en versión colectiva.

Cuando oigo la estridencia de las vuvuzelas, como un enjambre de abejas que nos picara los tímpanos, pienso que los hinchas ya no le ponen atención al juego. Quieren transferir el espectáculo del engramado a los palcos. El ruido de la hinchada pasa a ser más importante que el desempeño de los jugadores.

Nuestra autoestima como nación se apoya, sobre todo, en la pelota. No hemos tenido ningún premio Nobel; nuestro único santo, fray Galván, todavía es poco conocido; y nuestro mayor invento -el avión- es cuestionado por los usamericanos. Pero somos el único país del mundo pentacampeón de fútbol. Si la historia de los países europeos del siglo 20 se delimita por dos guerras mundiales, la nuestra está demarcada por las Copas. Y nuestros héroes más populares eran o son eximios jugadores de fútbol. Hasta el punto de que el más completo de ellos, Pelé, mereció el título de rey.

La Copa es un acontecimiento tan importante para el Brasil que el día en que juega nuestra selección es feriado. Si ganamos, la nación entra en trance de euforia. Y si perdemos, nos agarrota una triste estupefacción. Cómo si todos preguntaran: ¿cómo es posible que no haya vencido el mejor?
Gilberto Freyre percibió nítidamente que en el arte futbolístico brasileño se mezclan Dionisio y Apolo: la emoción y el baile de los regates son dionisíacos; la fuerza de la lucha y la razón de las técnicas son apolíneas.

De niño oía los partidos por radio. ¡Cuánta emoción! Se completaba la imaginación con la descripción del narrador. Hoy no hay locutores en la transmisión televisiva, sólo comentaristas. Son lerdos, narran lo evidente y, charlatanes, con frecuencia olvidan lo que sucede en el campo y  se la pasan haciendo consideraciones sobre el juego con sus colaboradores.

“¿El fútbol se juega en el estadio? El fútbol se juega en la playa, en la calle, en el alma”, poetizó Carlos Drummond de Andrade. Con toda razón.