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PERIODISMO

MELAÍTO; CUBA

MELAÍTO; CUBA

Por Luis Machado Ordetx

Caricaturistas de trece países, incluido Cuba, intervienen en el X Salón de Internacional de Humorismo Santa Clara 2010, encuentro que con carácter anual festejará el aniversario 42 de la fundación de  Melaíto, suplemento del periódico Vanguardia, perteneciente a Villa Clara.

Al certamen competitivo se presentaron más de 150 obras de artistas plásticos de varias provincias cubanas, así como de artistas de Israel, Irán, Ucrania, Serbia, Rumanía, Grecia, Turquía, Indonesia, China, Estados Unidos, Costa Rica, Argentina, y en la apertura del Salón, previsto para el lunes 20 de diciembre en la Galería “Arche”, de la UNEAC, se darán a conocer los ganadores en las temáticas de humor libre y erótico.

Como en otros años la reunión de los humoristas nacionales, a la par que celebrará los 42 años de Melaíto, servirá de foro de debate de las líneas generales que asume la caricatura como forma expresiva que recrea la realidad mundial desde la óptica de las más variadas tendencias formales o de contenido que existen en la contemporaneidad, y se rendirá homenaje a Gerardo Hernández Nordelo, uno de los Cinco Héroes cubanos preso injustamente en cárceles norteamericanas por combatir el terrorismo internacional.

El encuentro de carácter anual aglutina desde hace dos años a los más importantes creadores del humorismo gráfico del mundo, y en esta ocasión también insertará piezas tridimensionales realizadas en cerámica, metal y papier maché.

SAGUA LA GRANDE, TIERRA DE URGENCIAS

SAGUA LA GRANDE, TIERRA DE URGENCIAS

8 de Diciembre de 2010; Día de La Inmaculada Concepción de la Virgen María; Sagua la Grande, en Villa Clara, Cuba, arriba al aniversario 198 de fundada en el esplendor económico y en la soberbia cultural por trascender en cualquier época.

Aunque muchas de sus otroras edificaciones todavía embellecen el entorno urbano, la arquitectura de la ciudad se lastima por la falta de una conservación sistemática.
 
Por Luis Machado Ordetx

Sagua la Grande está en el ruedo público. Es miércoles 8 de diciembre, y festeja el aniversario 198 de la fundación de la Villa, un momento definitorio para el despliegue de acciones de conservación y rehabilitación arquitectónica de las principales edificaciones del centro histórico de esa localidad asentada en las márgenes del río Undoso, en la costa norte de Villa Clara.

Meses atrás fue presentado el expediente para la declaratoria de Monumento Nacional, de acuerdo a las exigencias documentales y de rehabilitación que rigen instancias cubanas encargada de evaluar la preservación de conjuntos arquitectónicos o sitios históricos relacionados con el devenir cultural de nuestros pueblos.

Sagua la Grande y su historia tienen peculiaridades especificas que la hacen merecedora de ese reconocimiento: dispone de   importantes muestras del eclecticismo cubano surgido durante la primera mitad del siglo XIX; esa concepción estilística se prolongó en las siguientes décadas de la pasada centuria y aún conservan sus estados originarios de bienestar social, cultural, espiritual o individual.

Son edificaciones surgidas, según la Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción —escrita por Antonio Miguel Alcocer y Beltrán en 1905—, por el devenir de un pueblo que comenzó a tener esplendor social y económico a partir de la construcción y bendición de una ermita levantada en terrenos de la actual plaza “Independencia”, sitio en que el 8 de diciembre de 1812 se efectuó la primera misa y desde la cual Juan Caballero dividió sus tierras en solares y los repartió entre algunos colonos de bananas.

Atestigua esa investigación que cinco años después, el desarrollo azucarero consiguió notoriedad; se creó el primer ingenio, y ya en 1830 existían allí cerca de 30 industrias de ese tipo.

El acontecimiento obligó al fomento portuario a través del fondeadero de Isabela de Sagua, abierto al comercio internacional en 1843 y casi una década después comienza el auge ferroviario que enlazó a la Villa con las principales regiones del país. Luego se crearon  instalaciones de operaciones bancarias, de fomento cultural y de amor a la ciudad naciente y surgió el primer Escudo de Armas que identificó a la ciudad.

Ahora,  Arelys Fernández Alonso, directora de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos de Sagua la Grande, junto al equipo de trabajo de esa institución, revisa otra vez el expediente que presentó en septiembre último a la Comisión Nacional encargada de valorar el estado de protección, conservación y rehabilitación posibles a la arquitectura urbana de la localidad. Ahí abundan  valores propios de las construcciones en madera, y el engalanamiento de los estilos  neoclásicos y eclécticos en interiores o exteriores de muchas edificaciones.

El centro urbano, entorno que ocupa la atención de la declaratoria y sugerencia al otorgamiento de Monumento Nacional, está demarcado por  32, 7 hectáreas, mientras otras 12 son clasificadas como zona de protección.

 Ahí sobresalen unos mil 053 inmuebles (5.8% con valor patrimonial) radicados en 66 manzanas al  este la actual calle Colón desde General Lee a Clara Barton,  la cual también incluye el norte de la ribera del río.

De las edificaciones de valor histórico, ambiental y arquitectónico, destaca la Iglesia Parroquial Mayor, de características neoclásicas, y construida en 1860. Aún se conservan los altares originales y las naves separadas por una arcada de medio punto. También incluye el Puente “El Triunfo” y su entorno natural y arquitectónico, terinado en 1905, y formado por una estructura metálica de dos cerchas principales unidas por vigas transversales y otras longitudinales que sostienen la malla Irving que conforma la calzada.

La Terminal Ferroviaria, fundada en 1882, de características neoclásicas con frontón en la fachada principal, se incluye entre los sitios de  repercusión histórica y arquitectónicas, a la cual se unen la antigua vivienda del Conde de Casa Moré —edificada en 1873—,  y Palacio Arenas (1918), así como el Casino Español, el Gran Hotel Sagua y otras edificaciones de la trama urbana.

Tras completarse en septiembre el expediente para el otorgamiento del título de Monumento Nacional al centro histórico-urbano de Sagua la Grande, urge ahora acometer trascendentes acciones de conservación y rehabilitación a áreas arquitectónicas incluidas en la protección de los inmuebles, dijo Arelys Fernández Alonso.

Eso demanda del concurso de las instituciones, del Gobierno local y también de los habitantes permanentes o flotantes, considerados  componentes definitorios, para que, tal vez, dentro de dos años, en 2012, fecha del bicentenario del nacimiento de Sagua la Grande, el otorgamiento de Monumento Nacional, se erija en realidad de la historia y del pueblo.

SINFONISMO; DISQUISICIONES

SINFONISMO; DISQUISICIONES

Por Luis Machado Ordetx

 

Siete décadas atrás desde Santa Clara, el remediano García Caturla dejaba una queja referida a la difusión de los valores y los aciertos sinfónicos en nuestros predios; esa lamentación aún persiste al encarar las dimensiones mal pensadas en unos, poco definitorias en otros, en la irreverente dicotomía entre música culta y popular.

 

En la sección semanal «De la Alta Cultura», escrita en La Publicidad durante 1930 por ese jurista y compositor, perduró una clamor: «[…] Hasta los propios músicos —porque los obligo a estudiar y a trabajar—, sienten repulsión hacia mí obra…». El hecho no constituye un saco vacío en el placer estético y la aprehensión del arte.

 

También Leo Brouwer —y no es el único que formula esos pronunciamientos—, recientemente espetó su preocupación, sobre todo en aquellos creadores empecinados en  gustar “a las personas que les gustan las cosas que no son fáciles”, y eso incide en la difusión y las recepciones o afluencias de públicos a espectáculos.

 

Así lo corroboré durante el concierto dominical de la Orquesta Sinfónica de Villa Clara dirigida por el maestro Jorge López Marín, quien incluyó en el repertorio piezas antológicas de bandas sonoras de películas. El programa escogido, a pesar de ser del agrado de muchos por el conocimiento adquirido en determinados espacios de la radio y la televisión nacionales, no alcanzó la afluencia de público necesaria. Sin embargo, como hecho artístico, satisfizo a un auditorio; impregnó más cultura.

 

Aún así, nadie puede sentirse contento. El teatro «La Caridad» no pareció una plaza a lleno total, y hasta muchos espectadores no alcanzaron el debido y reclamado programa, visto no como recuerdo de la estancia, sino de vital guía didáctica a conservadores, estudiosos, músicos o propagadores de las Artes.

 

Vuelvo a Brouwer. No es por gusto. Días antes de recibir el premio “Tomás Luis de Victoria 2010”, alertó que «la televisión y la radio no ayudan en nada a que haya equilibrio entre estas formas de la cultura sonora».

 

 Sin adentrarnos en absolutismos, tiene razón. No obstante, hay que recabar, y hasta exigir que nuestra Sinfónica disponga de mayores presentaciones en un coliseo como «La Caridad», incluso, se distinga en otros escenarios villaclareños al margen de las restricciones económicas que existan en ese empeño mutuo por sensibilizar auditorios, educar el malformado gusto popular e irradiar cultura hacia cualquier ámbito de la cotidianidad.

DANZA DEL ALMA; LA EXPRESIÓN DEL CUERPO

DANZA DEL ALMA; LA EXPRESIÓN DEL CUERPO

DANZA DEL ALMA, una compañía artística que, tras 15 años de creada, consolida un prestigio coreográfico en Cuba y el extranjero, dado, sobre todo, por la persistencia de un repertorio que penetra en los temas más candentes de la contemporaneidad: la fragilidad de la existencia humana; los conflictos generacionales; la transexualidad; la diversidad sexual, y el existencialismo. Son códigos estéticos que reverdecen una manera de imponer una mirada en el entorno cubano.


Por Luis Machado Ordetx

                             

Una estética diferente ronda por la ciudad. Tiene tres lustros de impregnación en un contexto de espíritu vanguardista; de descubrimiento; de discurso artístico. Es el regodeo persistente de las técnicas expresionistas de la vanguardia; de nuestra época.

En sus fundamentos hay un  apogeo conceptual que punza en la libertad del gesto y un alejamiento de las ataduras imperantes en la métrica y el ritmo del cuerpo. Danza del Alma es eso y mucho más: una auto-expresión que se afirma en la relación con el espacio y el tiempo.

No sé por qué de esa rara costumbre entre nosotros de pasar un onomástico sobre aguas; como si el viento se llevara hojas que jamás estarán secas. Paso una revista; brevísima, desde aquel miércoles 15 de noviembre de 1995. Surgió de la mano fundadora de Ernesto Alejo Sosa, y persiste una afirmación de Santa Clara; de encuentro con la singularidad danzaria; de aporte a los aires renovadores de la coreografía; de provocación al espectador y de abordaje de conflictos mundanos y espirituales que envuelven a la sociedad.

Si en un principio fueron exclusivamente mujeres las que subían al escenario, ahora la impronta es diferente. Sus  protagonistas son  hombres que desafían la contemporaneidad desde una mirada del arte expresionista que reivindica la libertad corporal. Sobre los hombros llevan un respiro del ser humano desatando sus represiones interiores; sus conflictos individuales y sociales.

Danza del Alma, de acuerdo a una apreciación de las coreografías concebidas por Alejo Sosa —desde aquellas iniciales incluidas en «Fuero versus Luna», «Una niña se ha ido», «Ellas escriben cartas de amor hasta las doce» y «Magdalena»—, precisa en conceptos espiritualistas y de esencias de la realidad; en ese ruedo los danzantes se afanan en atraparla; aprehenderla y desean trascenderla hacia confines más subjetivos.

Por eso en la actualidad, los discursos y la dramaturgia concebida para hombres sobre la escena —«Machos y Hembras», «Las cosas que se ocultan», «Vestidos blancos», «Panes y peces» y «La pared»—, muestran una perspectiva válida de los costados visibles o no del ser humano, así como los desgarramientos y sufrimientos interiores y el consabido estado de fragilidad de toda existencia.

La corporalidad de los danzantes, en la liberación y tropiezo con el espacio, se contrae, y adquiere mayor expresividad; de ahí la preferencia de bailar descalzos en la búsqueda sustancial con la realidad y el hallazgo de algunos cuestionamientos de los problemas subjetivos, también objetivos, que abruman o desatan los controversias del hombre.

Son estados de ánimos que tienden hacia la liberalización del movimiento; a la averiguación inquisidora del movimiento, propios de la danza expresionista surgida a principios del pasado siglo en el énfasis por la energía física y espiritual que brota del cuerpo y provocar una interpretación, una opinión —cuestionadora de la realidad— en el receptor necesitado de explicarse el por qué de los hechos y situaciones que lo rodean.

Es, incluso, una afirmación nítida que logra Danza del Alma, y constituye parte de esa energía particular que ostentan las coreografías de Alejo Sosa dentro de una estética expresionista, vista sobre todo en «La Pared»: una demarcación del presupuesto dramático y la posibilidad y capacidad de improvisación de quienes ejecutan el acto artístico sobre un escenario.

Aquí, una pieza no es idéntica a otra, y a su vez se erige en lucha de contrarios a partir de la pauta trazada por el coreógrafo y cribada por las improvisaciones de los bailarines en su relación con el espacio circundante, hecho que inscribe el «silencio» en efecto dramático. Desde esa dimensión, música y movimiento deliberado del cuerpo humano, consiguen idéntico protagonismo en aras de una plasticidad espontánea que apuesta por la expresión.

La obra coreográfica de Alejo Sosa, perfeccionada de un tiempo a esta parte en las temporadas danzarias en las cuales convoca a Santa Clara, tiende a rebasar las fronteras cubanas, de acuerdo a distinciones alcanzadas en regiones europeas.

Ya no constituyen un estudio en solitario. Es un laboratorio de todos los artistas e investigadores que lo rodean en el análisis de aquellas dudas inherentes al espíritu del hombre. Allí todo pasa por un tamiz de perfeccionismo y de exigencias antes de incluirlo en el montaje meticuloso de un proceso creativo de esencias.

Hacia esos confines, en el patrimonio de la colectividad, va Danza del Alma. Es la indagación de los confines existenciales del ser, sus preocupantes más candentes, y las afirmaciones de un expresionismo que raya en innovación estética en el contexto de nuestra modernidad. Es, además, una explicación artística, de reconstrucción subjetiva, del cómo y el porqué acontecen acostumbrados sucesos individuales o sociales que obligan y precisan de una meditación frecuente.   

 


ÍNSULA CITADINA

ÍNSULA CITADINA

Por Luis Machado Ordetx


Un aura popularis, más allá de aquel concepto de Horacio que detalla en  inconsistencia, acude como una obsesión a los predios de una artista de la plástica inscrita en esos aires que convierten los minúsculos objetos que la rodean, incluso esas finezas de la flora y la fauna antillana y los mitos y patakies afrocubanos, en almas vivientes de la realidad individual.

En ese afán por ir hacia la raíz de lo popular, y afianzar el retoque por el puntillismo y hasta el neoimpresionismo, Isabel Coello Trimiño (1945), organizó una «retrospectiva» con unas 35 piezas de su colección privada,  con la cual se  ajustó al empleo, casi insistente, de técnicas mixtas en las que predomina el gusto, la fascinación y refinamiento del color en todas las dimensiones de una «ínsula citadiana» en la que converge una detenida  mirada.

Así, sin encrespamientos, puede apreciarse en la exposición «El Reinado de Isabel», abierta ayer jueves al público en la Galería de Arte de Villa Clara, un recinto insospechable para esa creadora que, en el ir y venir, contempla esos salones como «casa propia», desde la cual intervino en el montaje de cientos de muestras colectivas o individuales en las que figuró  como anónima e insustituible integrante de un equipo de trabajo enfrascado en la difusión y el enriquecimiento cultural del ámbito comunitario.

Ahora la artista de la plástica fue la «asistida» por otros, a quienes tocó instaurar una exposición preñada de simbolismos. No podrían faltar ante la vista del visitante el tríptico de «Los perros» y «El Caballero de los gorriones», por solo citar parte de las pasadas o  últimas invenciones que recoge una singular muestra.

Una proliferación de colores puros, de hallazgos de tonalidades e intensidades de la luz, observados desde una perspectiva yuxtapuesta, afirman particularidades de un discurso sugerente que insiste en la comunicación ávida con un receptor no interesado en distanciarse de cuanto lo circunscribe a una realidad.

En esas piezas, como de retrato de familia, está el ser ontológico que comulga a diario entre lo añorado y lo existente, sin que por eso se tienda a contentar a nadie. Allí está lo feo y lo hermoso de la vida; el mítico tropiezo con los minúsculos «alados» que liban en la objetividad humana y la fertilizan de sensatez en cada contemplación de lo inmediato subyacente.

Tal vez ahí resida el Au grand complet (sin faltar nadie) del arte popular que abona  Coello Trimiño en ese hacer versátil por apreciar el entorno, la historia, la sensibilidad no percibida y la idiosincrasia antillana, como si detallara en el recreo insistente del «colibrí»; de sus «perros» fieles y guardianes; del mar pacífico y otras plantas ornamentales; incluso de los rostros familiares, embellecidos y provistos de una sana lozanía ancestral.

Todo lo «chocante» está apartado de esa mirada que define desde el punto de vista popular una manera de aprehender la realidad; así lo asume Coello Trimiño como una pertenecía propia, como afirmó un tiempo atrás, cuando junto a la artesana Diana Márquez Páez, replanteó la exposición «Pintando y Parcheando el Caribe», especie de pulso artístico para captar un fragmento del «rejuego» con el folklore afrocubano, el ritual yoruba y sus preferencias florales o de nuestra fauna insular.

Muchas de esas piezas, y también conceptos artísticos, fueron presentadas el pasado año en Martinica. Con el rótulo de «Viajando por el Caribe», el argelino Gérald Mouial las instaló en una de las principales galerías de ese territorio isleño, considerado  como antesala del arte contemporáneo de nuestra región.

Hace un tiempo atrás dije que, «el simple hecho que Mouial (coleccionista, fotógrafo y escritor) fijara los ojos y el vaticinio crítico en las piezas que  emprende Isabel Coello Trimiño, no constituye per se un suceso intrascendente». Ahora lo corroboro en la retrospectiva de una obra en la cual el «embrujo» por y desde Santa Clara, constituye una síntesis e integración de esos valores sorprendentes que la creadora, por humildad despojada de todo límite, no pregona ante la cotidianidad en que se desenvuelve.

«LA CARIDAD»; UN COLISEO DEL MUNDO

«LA CARIDAD»; UN COLISEO DEL MUNDO

Por Luis Machado Ordetx

Marta Abreu de Estévez, la Benefactora de Santa Clara, y réplicas artísticas del teatro «La Caridad» tomadas de un antiguo grabado y fotografías actuales del exterior y una parte del amplio lunetario de ese coliseo, aparecerán por vez primera en el último medio siglo de historia nacional en sellos postales cubanos, tras ocurrir aquí la cancelación de cuatro estampillas, previstas para el viernes 19 de noviembre de 2010 en ocasión del aniversario 125 de la fundación de la vetusta instalación cultural donada por la insigne patriota al pueblo de esta ciudad de la región central de la isla.

Ese suceso, por su notable trascendencia en la historia filatélica y postal cubana, tiene su antecedente más remoto en 1947, dos años después del centenario del natalicio en Santa Clara de esa vital patriota, quien legara a la ciudad de obras y edificaciones con fines benéficos y científicos, entre los que trascienden equipamientos técnicos destinados a un observatorio astronómico-metereológico, escuelas para niños pobres, asilo de ancianos, lavaderos públicos  y una planta eléctrica que embelleció en las noches a sus calles más céntricas.

A partir de 1956 circuló la última estampilla conocida con una  imagen física de la Benefactora, y hace poco que se aprobó una nueva cancelación que comenzará a comercializarse por Correos de Cuba a partir de finales de esta semana.

De acuerdo a fuentes consultadas, los sellos tendrán un valor de 15, 30, 65 y 75 centavos, y respectivamente exhibirán un grabado exterior del teatro «La Caridad» a los pocos días de su fundación el 8 de octubre de 1885, así como una fotografía actual del estado de conservación exterior de ese inmueble Monumento Nacional, una parte de los palcos del interior y un retrato de la Benefactora cuando tenía 40 años de edad.

El 14 de julio de 2010, víspera del aniversario  321 de la fundación de Santa Clara, y del centenario de la muerte de Marta Abreu —ocurrida en Paris en 1909—, el Museo Postal hizo una cancelación rememorativa con el empleo de un sello, por valor de 15 centavos, en el cual se recordó los 100 años del inicio de la Guerra de Independencia.

Ese sello,  puesto en circulación por Correos de Cuba en 1995, llevó en el  cachet del sobre una fotografía del teatro «La Caridad», y el cuño cancelador dispuso de un retrato de la patriota.


De Santa Clara, ciudad del centro de Cuba fundada el 15 de julio de 1689 debido a la diáspora de familias procedentes de San Juan de los Remedios —Octava Villa de la Isla, erigida como asentamiento poblacional por el Adelantado Diego Velásquez—, en los últimos 50 años hay otras estampillas postales que circulan con la imagen del Comandante Ernesto Che Guevara y también de la Plaza de la Revolución, Memorial en el cual descansan los restos del destacamento internacionalista que combatió en Bolivia.

Sin embargo, por su connotación, esta cancelación postal dedicada a Marta Abreu de Estévez y al teatro «La Caridad» —seis días después del aniversario 165 del natalicio de la Benefactora—, guarda una trascendental significación por su herencia patriótica  y humanitaria, hecho que constituye un reconocimiento al legado histórico de un ideal que jamás claudicó en el deseo y el fervor por contemplar siempre a Cuba libre e independiente del tutelaje político o económico de cualquier gobierno extranjero.

 






SANTA CLARA VESTIDA DE ROCK

SANTA CLARA VESTIDA DE ROCK

Por Héctor Darío Reyes

El principio   
       
Detrás de las paredes, que hoy se han levantado / ya se acercan las bandas de rock and roll.

Los años 60 fueron una época de divorcio con el panorama musical mundial. Las bandas anglófonas no se radiaban aquí, y en el subconsciente de muchos cubanos estaba la idea de que el rock y la tendencia del pelo largo y sus formas libertinas aparejadas eran nocivos. La posición rebelde y contracultural de ellos, junto a su imagen despreocupada y extravagante, les ganó el rechazo de un sector de la población y el cartel de antisociales, etiqueta que aún hoy llevan.

En aquel tiempo no tenían espacios apropiados y pocos lugares los recibían. Su música no gustaba como para organizar un evento de gran magnitud. Causas como esta retrasaron el encuentro.

El primer festival cubano de rock vio la luz en diciembre de 1981 en la Casa de Cultura de Plaza. En 1989 se reeditó la idea en el municipio cienfueguero de Cruces. Ninguno de los dos tuvo trascendencia nacional y cayeron en el olvido. Tuvo que pasar una década para que los santaclareños se motivaran a armar el «Ciudad Metal».

Fue en 1990 cuando la recién estrenada AHS, en coordinación con la UJC, promovió y organizó el primer festival del rock Ciudad Metal. Algunos renegaron de la idea; otros la hicieron suya.

Su aparición trajo consigo la posibilidad de unir a todas las bandas y público del país. Pero lo mejor fue la idea de celebrarlo todos los años; aunque la realidad fue otra. Por nueve largos años Santa Clara se quedó sin el metal típico de su voz rocanrolera. En 1999, volvió con nuevos bríos.

Del grito

Y que no les importe  mi ropa. Si total me voy a   desvestir...

En el momento en que se concibe un festival de rock en Santa Clara se rompieron muchos prejuicios. Fue un gran paso de avance, porque en aquel tiempo la población no estaba preparada para el movimiento.

Desde que nació el «Ciudad Metal» hubo imprevistos, no querían apoyarlo. Sólo un grupo de personas trabajó sobre la base de hacerlo.

Por la complicidad geográfica de esta ciudad, se convierte en lugar de reunión; esto la hace una sede importante y privilegiada. A mediados de los 80, el triángulo era Camagüey, La Habana y Pinar, siempre pasando por Santa Clara. Desde entonces existe un grupo notable de jóvenes que gusta de recorrer el país y sigue estos conciertos.

Gracias a la persistencia del movimiento roquero en Santa Clara, el «Ciudad Metal» vive como un logro del género. Aglutinar a personas de diferentes tipos tras un mismo ideal, estilo y ritmo, consigue hacer de la urbe una de las más importantes plazas metaleras a nivel nacional. Todo con tal de que no se pierda el espacio ni la cultura decaiga, algo que sería imperdonable.

... el mito

Ciudad de cristos y hampones. No podrán saciar mi sed.

Difícil es el encuentro de las dos culturas, la roquera y la tradicional. Muchos «se escandalizaron» cuando vieron a aquellos jóvenes de pelos largos, vestidos no tan convencionales y un raro comportamiento. Del tiempo a la fecha, gradualmente, la gente va viéndolo todo muy normal. Ahora en Santa Clara es común salir a la calle con el pelo largo o con tatuajes. Eso es debido, en parte, al papel que desempeña el festival, que de una forma u otra ha inculcado la cultura de la aceptación.

El mejoramiento social existe, y crea cambios que enriquecen. Eso ayuda a la consolidación de nuestra cultura, de nuestra identidad nacional. Por muy occidental y de Primer Mundo que parezca el rock, ya se ha convertido también en un fenómeno cultural cubano.

... y las barreras

Si no me cosen la boca... no van a hacerme callar.  

Noche de noviembre de hace varios años, pleno «Ciudad Metal»; el grupo Elévense sube al escenario y pulsa acordes rítmicos y sólidos. Esta agrupación, con una carrera creada sobre la base de la fusión-rock, había tenido buena acogida en otros sitios. Eso no sucedió aquella noche.

Abucheos pedían que bajaran a los «farsantes». ¿Por qué?  

Desde el inicio, «Ciudad Metal» fue concebido como un evento de roqueros y para roqueros «del momento». El thrash metal, con sus guitarras de sonidos distorsionados; el death metal, con sus estruendos guturales; el glam y sus metálicos sonidos heredados del heavy metal, aglutinaban a un público eminentemente «metálico». Un público conocedor (saquemos del tema a los neófitos que van sólo a hacer el juego del «ser» por las noches de función), el aficionado roquero, el preparado, el que gusta y añora más conciertos y festivales, debe tener en cuenta la amplia gama que presentan los colores en la paleta del género.

Desde su organización, la mayoría de los festivales (y este en específico) se diseñan como reductos de corrientes específicas dentro del rock, e invalidan las restantes. Esto se ve cuando al calificar el evento, lo hacen desde el nombre: Ciudad Metal, o sea, que no es un festival de rock, sino de metal, que puede parecer lo mismo, pero no lo es.
En tal sentido me parece válido que exista una emisión que otorgue énfasis a esas propuestas, si bien creo a la vez que su condición de evento excluyente de otros estilos dentro del rock, lo convierte en un círculo cerrado.

No se puede caer en la marginación musical porque todos los roqueros se vistan (o no) de negro con calaveras a lo Cannibal Corpse, y lleven el pelo largo. Las bandas que están fusionando con otros ritmos y tendencias también tienen derecho de ser invitadas, de mostrar su arte sobre el escenario. Esto profundizaría el conocimiento y añadiría más color y movimiento en el performance musical del más universal de los géneros. Recuerden que parte de toda esta genial parafernalia de sonidos y existencias comenzó con tipos como Dylan y Presley fusionando estilos folclóricos negros y  blancos en las riberas del Mississippi.



SAGUA LA GRANDE; UNA ANCESTRAL ADVERTENCIA

SAGUA LA GRANDE; UNA ANCESTRAL ADVERTENCIA

Por Luis Machado Ordetx

El Palacio Arenas-Armiñan, en Padre Varela número 27 esquina a Solís, en la Villa del Undoso, reclama una rehabilitación arquitectónica atinada y urgente. Una mirada móvil a esa casa solariega visitada en 1930 por el poeta granadino Federico García Lorca.

                                        «Los pueblos viven siglos, y el origen de   
                                    muchos se pierde en la obscura y eterna noche
                                    de los tiempos.» 1

                                                               Alcover  y Beltrán

La otrora casa de los Arenas-Armiñán, en Sagua la Grande, quedó estacionada, como detenida en el tiempo; el hecho no está dado por su insuperable exuberancia arquitectónica, sino por que aún carece de un correspondiente valor de uso institucional para la enseñanza de las artes plásticas y la música, fin último que la cualificará en otro estadío de su historia.

 Dicen que García Lorca en los días finales de marzo de 1930 se extasió con esa vivienda; incluso comentan que recorrió de la mano de los anfitriones parte de las habitaciones interiores que disipan un refinamiento exquisito hacia ese estilo constructivo que surgió en Europa y Estados Unidos durante la Belle époque de los años finales del siglo XIX y las primeras décadas del siguiente.

No dudo en la certeza de ese encanto del andaluz: a mediados de 1990 el historiador Tomás (Manino) Aguilera Hernández, lo atestiguó, y el diario El Comercio, de Caibarién, una semana después que Lorca dictara su conferencia «Imaginación, inspiración y evasión: Mecánica de la poesía»,  en el teatro Principal de la Villa del Undoso, hace una referencia al abogado Valentín Arenas Arminán, quien entre los amigos de la directiva de la Institución Hispanocubana de Cultura de esa localidad, acudió a la Colonia Española de la Villa Blanca para escuchar la disertación que dio el escritor español sobre la obra literaria de Pedro Soto de Rojas.2

Cualquiera que transite por las anchas calles sagüeras, de un modo u otro, queda atrapado, como el granadino, en una contemplación hacia esa vivienda, desde la cual la confluencia urbana de los alrededores todavía favorece  las existencias de estilos tradicional en madera, neoclásico y ecléctico.

Ahora, otra vez, la casa de los Arenas, radicada en la antigua calle La Cruz (actual Padre Varela número 25) esquina a lo que fue Intendente Ramírez (hoy Solís), constituye un tema que prodiga noticias ante la voluntad estatal de rescatar, conservar  y crear un centro comunitario para la promoción y la enseñanza de las artes. Así ganaríamos todos con un inmueble patrimonio histórico de la colectividad.

Por tercera vez en los últimos cinco años camino por sus habitaciones; subo los tres niveles de altura de esa edificación; llegó hasta el mirador gracias a una fotografía que publicó la pasada semana Vanguardia y en la cual mostró un viejo andamio de madera, a punto de desplomarse en aquella ocasión hacia la calle Solís. Por fortuna, ya fue retirado, carcomido por la intemperie, el tiempo y la dudosa calidad de su estructura.

                                       CASA ADENTRO

Los arquitectos Arelys Fernández Alonso, José Ricardo Morilla  Sainz y Pablo Castro Álvarez, especialistas de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos en Sagua la Grande, hablan con satisfacción de la radicación de un expediente para declarar unas 32,7 hectáreas del casco histórico como Monumento Nacional; propósito que comprende, además, una vasta zona aledaña que caería en el rango de Protegida.

La fundamentación científica está avalada por la coherencia arquitectónica, ambiental y el grado de deterioro creciente que sufren las edificaciones de una localidad fundada en 1812, de acuerdo a las precisas informaciones que aporta Alcover y Beltrán.

Castro Álvarez insta al cruce hasta el otrora inmueble de los Arenas-Armiñán; un edificio cercano al parque La Libertad; tiene 11 habitaciones; tres pisos, construido en 1918 bajo la égida del diseño de un arquitecto aún desconocido. Las generales como casa de familia se inscriben dentro del estilo art nouveau, casi una exclusividad en el territorio, por sus líneas sinuosas y composiciones asimétricas y aplicaciones interiores del vidrio, como semejando vitrales, así como el empleo sistemático de la cerámica, el hierro forjado y las impecables escaleras de mármol blanco importado. Todos los componentes constructivos buscan de una funcionalidad, una armonía  ambiental y espacial, alejada del mero adorno.

Apasionado por la historia, el arquitecto habla sobre los fundadores de la familia, y dice que Valentín Arenas Miranda, propietario de pequeñas industrias y de áreas que luego fueron urbanizadas, compró a principios del siglo pasado una casa con la finalidad de construir otra, de dimensiones diferentes, en lo que ahora es Padre Varela número 27 esquina a Solís. En 1918 la familia Arenas-Armiñan se instaló en su nueva mansión tocada por la singularidad decorativa con paramentos y motivos florales que introducen las columnas y las texturas de las paredes y los techos, propios del art nouveau.

En el interior de la vivienda, a pesar de carecer de mobiliario y mostrar una huella de los actuales afanes constructivos, persiste un encuentro con lo mitológico, lo fantástico en los adornos y las líneas curvas y asimétricas que caracterizan las estructuras que modelan la edificación, como si el residente o el visitante estuviera en presencia de un contrapunto entre la luz y la sombra.

                             IMPERDONABLES  ENTUERTOS     
                                                              
Va para más de tres años que el rescate constructivo de la vivienda Arenas-Armiñán comenzó a partir de un financiamiento en divisas donado por el gobierno Canario. Sin embargo, las labores progresan a pasos de hormiga, y pregunto a Arelys Fernández Alonso, directora de la Oficina  de Monumentos en la Villa del Undoso, el ¿por qué de tanta demora cuando en definitiva la reapertura representará un bien público y espiritual de la localidad?

Quisiera atribuir una analogía, pues el hecho lo amerita, con aquellos cimientos que trazó Alcover y Beltrán cuando dijo que «Algo y de grande interés hay, de trascendental y magestuoso en ese acto que no puede ni debe pasar inadvertido para los que forman la colectividad que se historia.»3 (sic)

 Fernández Alonso, expone que varios problemas entorpecen la continuidad y terminación de la restauración: burocratismos en las tramitaciones de documentaciones, inexistencias de materiales requeridos en la ejecución constructiva y de depósitos financieros (en moneda nacional) desajustados en fecha y a la planificación de la obra.

El pasado año, dijo, «no se aprobó un centavo de presupuesto en moneda nacional.» No obstante, los ejecutores de la Empresa Provincial de Construcción y Mantenimiento (Agrupación 5), instalaron las conductoras hidrosanitarias y las redes eléctricas del inmueble, hicieron demoliciones de enchapes y repellos, así como la impermeabilización de las cubiertas, al tiempo que ahora desmontaron los andamios de madera con peligros totales de un posible derrumbe. En cambio, el ritmo de trabajo es lento; lentísimo, eso se aprecia por la falta de mano de obra especializada en tareas de restauración.  

Ahora disponen de carpintería de aluminio para ubicarla en corredores del segundo nivel, y actualizan los contratos de trabajo con artistas del Fondo Cubano de Bienes Culturales empeñados en proseguir en su debido momento una ejecución constructiva que responsabiliza al sector de la Cultura en calidad de inversionista principal.

La Oficina de Patrimonio en Sagua la Grande  es la proyectista y coordinadora de la intención «Casa Arenas», y en ocasiones ha estado limitada, sin que existan imputaciones, por los sistemáticos vencimientos de las licencias de operaciones  en divisas, señaló  Fernández Alonso.

El año antepasado «fue infructuoso para la terminación del proyecto, pues nada de lo planificado se ejecutó, y concluyó 2009, y el cronograma de restauración convenido se acortó aún más», dijo.

En lo adelante, como para desmentir ciertos criterios que atestiguan un «embrujamiento» hacia el interior del antiguo Palacio Arenas, tendrán que solucionarse las trabas subjetivas que atentan contra la ejecución constructiva, y tomar in situ las soluciones pertinentes para, en lo inmediato, «dar valor de uso administrativo o cultural a la parte de la edificación que pueda utilizarse; propósito último que contribuye a detener el deterioro del inmueble considerado entre las maravillas de la arquitectura villaclareña», apuntó.

Todavía hay mucho por hacer en labores de escombreo, construcción y conservación, y acometer por último un posible reacondicionamiento y devolverle la vida útil al edificio de Padre Varela esquina a Solís; lo cierto es que está ahí, detenido, exhibiendo la hidalguía de esas proporciones oblongas que incitan al disfrute de una apreciado exotismo en los zócalos de terrazos y de escayolas, de los cristales policromados o las líneas sinuosas y el gusto por los decorados florales que caracterizaron su era originaria.

Algo similar, de rescate auténtico, habrá que hacer un día cercano con el antiguo Casino Español, atascado también en el tiempo; una elegancia que combina el Art Nouveau y lo Barroco, confesó con cierta angustia el historiador y ferviente sagüero Raúl Villavicencio Finalé, al tiempo que miró con nostalgia la destrucción continuada que padecen los balcones y el interior del Gran Hotel Sagua, recinto también que acogió en 1930 la visita del granadino García Lorca y los más encumbrados hombres que transitaron en épocas pasadas por la Villa del Undoso.

Las monumentales edificaciones de Sagua la Grande no se pueden partir en pedazos; hay voluntad, aun cuando persisten limitaciones económicas, de integrarlas y rescatarlas al bienestar cultural de la comunidad, al tiempo en que surgieron y a la historia que procrearon sus ancestros. En esa urgencia está el debate de una ciudad que jamás pasa inadvertida ante el mundo.

NOTAS


1- Alcover y Beltrán, Antonio Miguel (1905): «La Fundación de Sagua», en Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción, p. 51,  Imprenta Unidos “La Histria” y El Correo Español, Sagua la Grande.
2- «El poeta García Lorca en la Tribuna de la Hispanocubana de Cultura», en El Comercio, Caibarién, 27(19):2; viernes 4 de abril de 1930.
3- Op. cit., p. 50