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PERIODISMO

GARCÍA CATURLA INÉDITO

GARCÍA CATURLA INÉDITO

Por Luis Machado Ordetx

 

Cartas amatorias y de interés familiar de Alejandro García Caturla, el compositor sinfónico, escritas a Catalina Rodríguez, su segunda esposa, serán dadas a conocer por vez primera en Santa Clara durante una tertulia literaria que efectúan los periodistas de la central localidad cubana.

 

Esas particularidades íntimas de García Caturla, el universal músico afrocubano asesinado en 1940 en su natal San Juan de los Remedios, serán divulgadas durante el encuentro teórico y de debate periodístico que desarrolla el tercer jueves de cada mes la tertulia “La Voz del Otro”, con sede en la Casa de la Prensa, en Santa Clara.

 

A la reunión que auspicia el Centro Provincial del Libro y la Literatura asistirán los investigadores María Aleyda Hernández Suárez y Jesús (Chuchi)   Díaz Rojas, quienes harán referencias al epistolario que envió García Caturla a Catalina Rodríguez, su segunda esposa.

 

Los reveladores documentos están fechados entre 1930 y 1938 cuando el abogado-músico  se radicó en los juzgados cubanos de Ranchuelo, Palma Soriano, Quemado de Güines y Santa Clara, lugares en los cuales figuró como Juez Municipal  enfrentado a la corrupción político-administrativa y las contravenciones sociales y ciudadanas.

 

El estudio introductorio y de selección de textos fue elaborado por Hernández Suárez, especialista de la Casa-Museo Alejandro García Caturla, en Remedios, Villa Clara, Octava Villa de Cuba fundada por los  españoles en 1515.

 

Allí se incluyen 42 cartas, algunas manuscritas, que recrean la capacidad amatoria, responsabilidad social y paterna del músico-jurista en momentos en los cuales desarrolla labores legales, y se pronuncia como promotor cultural, compositor afrocubano y crítico artístico.

 

El texto compilatorio, todavía inédito, lleva por título “Esta bendita rebeldía que hincha mis venas”, pronunciamiento tomado a partir de una reflexión esbozada por García Caturla a su esposa Catalina (Catana) Rodríguez, afirmó Hernández Suárez, quien en los últimos años acomete otras investigaciones relacionadas con la poesía remediana del siglo xix y la obra científica y literaria de Francisco Javier Balmaceda, patriota y escritor de la localidad.

 

Díaz Rojas, por su parte, en “La Voz del Otro”, efectuará un análisis interpretativos del periodismo de García Caturla en La Publicidad, de Santa Clara, y en Atalaya y El Faro, rotativos remedianos de la tercera década del pasado siglo.

 

También hará lecturas de poemas que, escritos por cubanos, reconocen al músico villaclareño   entre los compositores más universales del sinfonismo insular y caribeño. 

 

García Caturla, asesinado en Remedios el martes 12 de noviembre de 1940, destaca en el panorama sinfónico caribeño por la inclusión de aspectos negros, propios de la identidad nacional, y descuella por aquellas originales sonoridades tímbricas, muy similares a las registradas por su coetáneo Amadeo Roldán, otro renovador del afrocubanismo.

 

Alejo Carpentier, el novelista cubano, quien cultivó la amistad de García Caturla en La Habana o en Paris, lo consideró un «músico perfecto», de grata impresión a los transformadores sinfónicos Milhaud, Honegger, Poulenc, Tailleferre, Auric, Durey, así como a Stravinsky, Debussy, o Ravel.

 

Tres días después de asesinado García Caturla en Remedios, Nicolás Guillén, el Poeta Nacional de Cuba, escribió en el rotativo habanero El Tiempo que, muerto ese compositor inusual, incorruptible en las sanciones expuestas por las leyes, «nos deja en un desamparo musical del que mucho tiempo tardaremos en reponer», por su universalidad sinfónica. 

POLÍTICA NORTEAMERICANA HACIA CUBA

POLÍTICA NORTEAMERICANA HACIA CUBA

Laura Rodríguez Fuentes (1)

 

«No ha existido nunca una relación normal entre Estados Unidos y Cuba, y su constante fundamental es la hegemonía vs soberanía», aclaró el joven, pero ya reconocido investigador Elier Ramírez Cañedo, invitado junto al maestro Esteban Morales Domínguez al espacio La Caldera, con quien, además, ha publicado varios libros y artículos relacionados con el tema de las relaciones entre ambos países.

 

 

El término que se debe emplear, más que diferendo, es conflicto», agrega Elier. Diferendo existe entre diferentes países, por cuestiones fronterizas o internacionales, pero este es un conflicto de naturaleza sistémica y va mucho más allá de ese término», aseguró en Santa Clara, al centro de Cuba.

 

Ramírez Cañedo también hizo referencia a que alrededor de la confrontación se ha establecido el mito histórico de que su comienzo data de 1959. Sin embargo, se conoce que la política norteamericana siempre estuvo encaminada a bloquear la independencia de nuestro país, mucho antes de que fuera un estado independiente.

 

Morales, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de las relaciones entre ambos países, aclaró que no debemos guiarnos únicamente por la coyuntura, sino tener la posibilidad de predecir los futuros comportamientos de la política norteamericana hacia Cuba.

 

«Esto es extraordinariamente difícil, porque los análisis que se hacen parten de la coyuntura», refirió el investigador. «Para nosotros, predecir lo que puede ocurrir con la política norteamericana es una cuestión de vida o muerte. Hay que echar mano de instrumentos que a veces nuestras ciencias sociales no han sido capaces de emplear en el proceso de análisis. Hace falta que no quedemos atrapados por la coyuntura, que tengamos la capacidad de saber el futuro, al menos el relativamente inmediato».

 

El último libro de ambos historiadores De la confrontación a la negociación. La política de Estados Unidos hacia Cuba plantea resultados que prácticamente se adelantan a los acontecimientos gracias a la forma investigativa empleada a partir de un modelo de análisis.

 

De esta forma, llegan a la conclusión de cuáles son los elementos centrales para entender la dinámica futura de las relaciones en cuestión. Al decir del propio Morales, la variable principal es la realidad interna de Cuba y la capacidad que tiene cualquier país para que estas fuerzas enfrenten el fenómeno.

 

«Una vez alguien me dijo que yo estaba pensando como los norteamericanos, y yo le dije que ojalá tuviera esa capacidad, porque la política es como un juego de ajedrez: si usted es capaz de adelantarse a la jugada del contrario, de seguro tendrá una capacidad mayor de triunfar».

 

Morales prosiguió con la explicación de cómo la política norteamericana puede subvertir al país y lograr sus propósitos futuros.

 

También hizo alusión a que la contrarrevolución cubana no existe porque «contrarrevolucionarios son aquellas personas que se oponen a un régimen político, con un programa, una ideología política, o una clase que defender, que combaten por ella y preparan a sus líderes.

 

«Son mercenarios al servicio de una potencia extraña, por eso, se quedaron colgados de la brocha cuando Obama, inteligentemente y valientemente, planteó el cambio de política (...) Ha sido la agenda política más inteligente que ha dirigido un presidente norteamericano. Ante cualquier enemigo tenemos que reconocer su capacidad, para obrar con inteligencia también en función de sus propósitos, si no hacemos eso, estamos muertos».

 

«Tenemos que quitarnos de encima todo lo superfluo, que los precios bajen, que las personas puedan satisfacer sus necesidades...para entonces dar respuesta a las amenazas».

 

«Cuando viajé por primera vez a Estados Unidos en 1977 no se hablaba de Cuba y la información que entraba solo por los canales de la derecha. A mediados de los ochenta, mis artículos y entrevistas salían por la prensa y ya había un amplio intercambio académico, político, religioso, intelectual, entre Cuba y Estados Unidos. Eso trajo como resultado de que imagen de Cuba allá comenzara a cambiar. El 17 de diciembre, Obama tuvo que considerar también un cambio de imagen.

 

«Nosotros hemos librado una batalla política, pero también cultural. La cultura norteamericana no existe porque es una sociedad multipluricultural. Razón por la cual, en un enfrentamiento cultural, Cuba es capaz de ofrecer más capacidades integralmente como país. Obama siempre tuvo la idea de cambiar la política hacia Cuba desde que era senador, pero cuando agarró la presidencia estaba en una circunstancia en la que no podía de manera inmediata hacerlo. Hasta hace muy poco, Cuba no era prioridad en la política norteamericana».

 

«Hay que tomar esta oportunidad y ver cómo salimos, pero nunca perderla», agregó Esteban Morales. «No podemos decir que Estados Unidos no tenga voluntad política de negociar o que ha hecho desaparecer el interés imperial de volver a controlar a Cuba y subvertir su proceso interno. Hay muchos países vigilantes para ver cómo nos tratan a nosotros para ver cómo en el futuro los pueden tratar a ellos».

 

Durante el espacio, los participantes tuvieron la oportunidad de indagar sobre dichas cuestiones y saldar dudas sobre el papel de las masas y la juventud en el proceso. Muchos acordaron en sus intervenciones de que Obama no ha cambiado su estrategia y que resulta necesario mantener el arraigo a la historia y a la nacionalidad cubana que en Guáimaro se defendió.

 

(1)- http://www.vanguardia.cu/cultura/4481-ver-texto-que-no-supe-como-poner-titulo-y-subtititulo

 

SANTA CLARA Y LA VERBENA DE LA CALLE GLORIA

SANTA CLARA Y LA VERBENA DE LA CALLE GLORIA

Por Luis Machado Ordetx

 

 

Una de las más antiguas fiestas patronales, creada con fines colectivos hacia finales del siglo XVII, aconteció con la Verbena de la calle Gloria, un jolgorio espiritual surgido en Santa Clara, al centro cubano.

 

En los inicios, de acuerdo con el reporte de Manuel Dionisio González en la Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción (1858), tuvo motivaciones religiosas. Festejó el establecimiento posterior de la Villa en el hato de Antonio Díaz, en tierra mediterránea, alejada de las costas del litoral del centro-norte de la jurisdicción de San Juan de los Remedios.

 

Fue lo dictado del capitán general Diego Antonio de Viana Hinojosa, según refrendó el sucesor Severino de Manzaneda y Salinas, tras la emigración en los primeros días de julio de 1689 de familias  primitivas que residían en aquel antiguo territorio.

 

Los emigrantes venían espantados por ataques de corsarios y piratas, o de las intrigas religioso-mercantiles, y decidieron por último un asiento definitivo en suelos que consideraron prósperos para el fomento agropecuario.

 

Desde entonces la localidad, poco a poco, tuvo nuevos pobladores y  diferentes denominaciones, entre las que aparecen Pueblo Nuevo, según el historiador Félix María de Arrate. Otros investigadores la circunscriben a Cayo Nuevo, y también a Villa Nueva de Santa Clara del Cayo. De igual modo la llamaron Pueblo Nuevo de Antón Díaz, terreno  protegido por las discretas alturas de Cerro Calvo, el Capiro, La Melchora, Peña Blanca y Dos Hermanas.

 

La comarca, en su fertilidad primitiva, estaba bañada  por los arroyos del Monte (Bélico) y la Sabana (Cubanicay), en los cuales entonces corrían aguas mansas y cristalinas.   

 

Sin embargo, el 16 de agosto de 1695 se acordó que  la Villa se titulara Gloriosa Santa Clara, «por ser el que tenía y debía conservar, y tomase por patrona». En lo sucesivo, todos los días 12 del octavo mes, se enaltecería, según el santoral católico. Harían una Verbena de amplia riqueza religioso-popular que, por tradición, incorporó componentes laicos y profanos.

 

Hasta 1923, fecha de la demolición de la Parroquial Mayor, ubicada al sureste del parque Leoncio Vidal, la Verbena acaeció en la antigua plaza. Después se trasladó hacia la calle Gloria, sitio donde radicaba el Cuartel de Bomberos, en una de las vías transversales que desembocaba al céntrico recinto de paseos.

 

Junto a la antigua fe de bautismo, Pilongo, por extensión y costumbre, hubo orgullo y visos de amor a la patria chica. De acuerdo con la unción de las aguas cristianas para los nacidos en Santa Clara, la Verbena trascendió en  el tiempo, y quedó prendida dentro del imaginario popular con celebraciones anuales.

 

La fiesta tradicional por la Gloriosa Virgen de Santa Clara de Asís, constituyó una diversión que derivó en combinaciones de complejos bailes, juegos y divertimentos, ventas de bebidas, comidas y usanzas de gozos espirituales.

 

La calle Gloria era engalanada con plantas ornamentales, banderolas y quioscos para la venta de fiambres. Después se hacía la procesión de la virgen patrona, Santa Clara de Asís. En el acompañamiento popular de la imagen venerada, siempre intervenían las bandas de música del Cuerpo de Bomberos y otra Civil. Al término de la vía, después de un recorrido de procesión rumbo a las márgenes del río Cubanicay, era colocado un altar hasta la medianoche.

 

Durante las décadas de los años 60 y 70 del pasado siglo la costumbre languideció. En 1989, en ocasión del tricentenario de la fundación de Santa Clara, fue retomada con un matiz más profano.

 

A partir de entonces rescató componentes de la cultura popular-tradicional, sobre todo de repostería doméstica. Expenden vinos caseros, ventas de flores, ferias de artesanía y presentación de trovadores, y muestran bailes y vestuarios alegóricos.

 

En sus orígenes apareció el delicioso vino de tamarindo, árbol y fruto típico de región —según dijo Dionisio González en su novela histórica El indio de Cubanacán o Las brujas de Peña Blanca, de 1848—, así como la cafirolata, un dulce de boniato con leche de coco y canela.

 

También comercializaron el frangollo, especie de torticas de migas de plátano en almíbar, así como el cosubé, unas empanadas de catibía con sabor anís. Fue común disfrutar del mantecadito, un delicioso plato que encantó el paladar del transeúnte que recorrió muchos años atrás el entrecruce de caminos que enlazaban, por ferrocarril o carretera, a todo el país. 

 

A la trascendental de las tradiciones de la localidad, la Verbena, y a sus mitos y leyendas pueblerinas (“Raíz del mote pilongo”, o “La Cruz del Puente”, recogidos en Ayer de Santa Clara, 1959, por el folklorista Florentino Martínez, o Leyendas y Tradiciones Villaclareñas (1929), de Manuel García-Garófalo Mesa, y Tradiciones Villaclareñas, publicada ese año por Antonio Berenguer y Sed, se desencadenó en la actualidad otra costumbre que dista mucho de aquellos rasgos originarios.

 

A la Verbena, próxima en aparecer, la sustituyen los paseos de sábados y domingo en torno a la Glorieta ubicada en el parque Leoncio Vidal desde 1912, un sitio de encuentro de niños, jóvenes y ancianos que cuentan las más disímiles historias del acontecer pasado o presente.

 

Ya no se habla de aquellos mitos sobre “La Calabaza de la Pastora”, o “El Caballo blanco sin cabeza”, así como de “La bruja de Cerro Calvo”, “El hada del Capiro”, y la “Visión del güije del Caney”, por citar antológicos casos de leyendas agrupadas por los historiadores.

 

Ahora las historias son más recientes en tanto llega este miércoles la tradicional Verbena de la calle Gloria, otro momento para el regocijo familiar.

 




 

 

 

PREMIO JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Y EL SUEÑO DE MANSO CENDÁN

PREMIO JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Y EL SUEÑO DE MANSO CENDÁN

Por Francisnet Díaz Rondón



El poeta y escritor villaclareño Geovannys Manso Cendán ganó recientemente el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, lo cual lo convirtió en el tercer cubano en obtenerlo, después de Amando Fernández (1949-1994), quien lo obtuvo en 1991, y Carlos A. Díaz Barrios (Camagüey, Cuba, 1950), en 1994. Un diálogo con el poeta resultó imprescindible para conocer más su quehacer literario.

 

 

—Geovannys, háblame del poemario que presentaste al «Juan Ramón Jiménez»



—Se titula Los leves sobresaltos, contiene poemas de un intimismo explícito, imágenes que han perdurado en mí a lo largo del tiempo; otros donde me acerco a distintas experiencias de la década del 90. Contiene un poema dedicado a José Lezama Lima en nueve partes, una especie de «cántico» deLibro de los muertos, de recordatorio de momentos ínfimos y enormes del poeta. Otros son extrañezas del dolor, escolios de la soledad y un poema final que surge de antiguos aullidos de Allen Ginberg; aullidos que torno contemporáneos y los fijo en Cuba; un poema que termina siendo un gran homenaje a la POESÍA toda.

 

 

—¿De qué eres graduado?



—Yo me gradué de Medicina, aquí en Santa Clara, en el 2000, tras siete años de estudio. Casi toda la década del 90 estudiando, entrando y saliendo de los hospitales, adentrándome en los misterios de Galeno, de Hipócrates. Yo considero que la Medicina es un arte y una ciencia. Si no pude seguir siendo médico, es porque sentía que lo más humano de mí, lo más sólido, estaba entre los libros, y todo hombre debe aprender a buscar, y a encontrar el sitio desde donde proyectará su luz más clara y vital.

 

 

—¿A qué se debió ese cambio de ruta en tu vida?

 


—Al hombre lo rigen sus paradigmas, sus grandes figuras tutelares. Y estos paradigmas, estos padres tutelares dejaron de ser personas con bisturí y estetoscopios; mis nuevos iconos escribían intensas novelas en escuetos cuartos, en extrema soledad, escribían sus poemas más allá de toda pobreza. Dejaron de llamarse Galeno o Hipócrates, para nombrarse César Vallejo, Federico García Lorca, Alejo Carpentier, Ernest Hemingway, José María Heredia, Emily Dickinson...

 

 

—¿Y no echas de menos tu antigua profesión?



—Sí, extraño aquellos días, cuando fui médico en la Quinta. Allí dejé muchos amigos, una familia, gente que me acogió como si fuese su hijo, su hermano. Días inolvidables de extraña comunión con los demás y conmigo también. Pero, así es la vida. Tengo un amigo que dice: «piedra movediza no cría moho», y eso he hecho siempre: moverme por el mundo para atisbar nuevos horizontes...

 

 

—¿Cómo asumes la poesía? ¿Qué te inspira a escribirla?



—Asumo la poesía como un acto de creación donde no solo imperan las leyes de la gramática, de la sintaxis, de la lexicología, sino también donde impera lo más abyecto y lo más humano del corazón del hombre. Asumo la poesía como un conducto por donde emergen nuestros días pasados, presentes y futuros, porque la poesía es un péndulo que oscila infinitamente. Jamás se cansa la poesía: oscila y crece, nos conmueve y nos hace vivir, nos reafirma y nos levanta del lodo. Asumo la poesía como un acto de conspiración: contra el miedo, contra la soledad, contra la inercia.

 

 

«Como mi poesía es muy vivencial y surge de esas convulsas interrelaciones que establezco con el cosmos que me rodea, siempre me inspiran las cosas sutiles: el repiqueteo de la máquina de coser Singer de mi madre, un bolero interpretado por el Benny Moré o por Cascarita, el aliento del café cada mañana, una lectura inclaudicable. En fin: todo lo que traiga su fuerza y su amor, me inspira a escribir un poema...

 

 

—¿Hay algo que te distingue de otros poetas, consideras tener un estilo personal?



—Siempre nos distingue la intensidad con que miramos las cosas, los fenómenos, los aludes. Nos distingue el sobresalto ante cada estación, ante el sonido antifonal de la flauta. Nos distingue quiénes hemos sido y qué hemos ofrecido desde el día de nuestro nacimiento, hasta el día en que escribimos nuestro último poema. Me distingue la familia que he formado, la familia que me formó y que me acunó, en extraña comunión con la ternura.

 

 

«Me distingue los amigos que he abrazado, los libros que atesoro y que han viajado conmigo de casa en casa, sobreviviendo a goteras y tempestades; las botas cañeras que mi padre Malengo y su esposa Nélida guardaban para mí y que debían durar un año, hasta la próxima zafra; la sonrisa de mi hermana Nellys, que nos resguarda de la intemperie habanera; el apellido Manso, heredado de gente noble, trabajadora, sencilla; el apellido Cendán, que yo escribo con S en mis libros, originario de Galicia, de gente labradora y humilde. Los estilos, no. Creo en los dolores personales, en las éticas personales. La poesía es una ética, una reivindicación del silencio que explora sin límites, el camino que se abre ante nuestras pupilas.

 

 

—¿Crees que la poesía ha perdido terreno en los tiempos actuales de modernidad y tecnologías?



—Creo que lo que ha perdido terreno es la capacidad de los poetas para traducir el instante, la eternidad, lo verdaderamente esencial. Con ello no quiero decir que no existan poetas esenciales hoy. Pero siempre hay que volver a Martí, cuando sentenciaba: «Los poetas no debemos estar entre los devoradores sino entre los devorados». La poesía sigue siendo un universo en expansión, una semilla germinativa, un magma que nada ni nadie puede ni podrá apagar: ni tecnologías, ni modernidades. Nada. Un viento huracanado que lo arrastra todo cuando dice: «no poseyendo más / entre cielo y tierra que / mi memoria, que este tiempo; / decido hacer mi testamento. / Es éste: les dejo el tiempo, / todo el tiempo»*.

 

 

—Tu esposa, Lisy García Valdés, también es escritora. ¿Analizan entre ambos los escritos de cada cual? ¿Quién es tu mayor crítico(a)?



—Para Lisy la poesía es un estado natural, de innato aprendizaje. Ella carga con esa luz, aunque deba ordenar la casa, abrazar a sus tres hijos. Esa verdad la conocen todos aquellos que han leído sus versos. Yo tiendo a ser esquivo, pero enseguida voy como un niño para leerle en voz alta algún poema, un cuento, un fragmento de una novela en proceso. Es inevitable.

 

 

«Ella también lo hace con sus poemas, y aunque nuestras críticas lleguen contaminadas por el amor y haber compartido once años donde han nacido nuestros dos hijos: Dylan y Lía Violante, tratamos de ser justos, distanciarnos de esa memoria en común para corregir incongruencias y oscuridades. Pero si de crítico se trata, suelo maltratar lo suficiente mis textos como para saber que no soy compasivo. Reescribo constantemente, borro, anoto, subrayo, tacho e intento iluminar al texto en días, semanas, meses sucesivos. Jamás creo que el trabajo haya concluido. Jamás.

 

 

—Libros preparados para publicar.



—Existe una novela con la que obtuve mención en el premio Casa de las Américas en el 2011, Los hijos soñolientos del abismo, que ha permanecido inédita por extraños motivos, ajenos a mi interés por verla publicada, que quizás publique en breve Letras Cubanas; aunque aún no es un hecho festejable. Pero, sí tengo muchos proyectos en los que trabajo ahora mismo: una novela policíaca, un nuevo libro de poemas, un libro de ensayos, y otro sobre Maximiliano, ese personaje que me ha traído tantos abrazos.

 

 

*Del poema Testamento, del poeta cubano Eliseo Diego.

LUIS ESTÉVEZ ROMERO FUE UN MUJERIEGO EMPEDERNIDO

LUIS ESTÉVEZ ROMERO FUE UN MUJERIEGO EMPEDERNIDO

Por Francisco Antonio Ramos García y José Miguel Dorta Suárez.


A propósito  de la circulación en Cuba del Marta Abreu, la caridad como energía creadora, escrito por Josefina Toledo.

 

 De eso pretende convencernos la escritora Josefina Toledo en su reciente libro “Marta Abreu, la caridad como energía creadora” editado por Ciencias Sociales el pasado año y vendido aquí en Santa Clara profusamente durante la reciente Feria del Libro. Para tal aseveración la autora se vale de varias citas de cartas de Marta Abreu a su amiga y confidente Teresa Quijano y de unos cuadernillos consultados por ella en el Fondo Marta Abreu de la Biblioteca Nacional José Martí.

 

 La autora nos cuenta: “Pero el sufrimiento acaso más lacerante – y más humillante- de Marta Abreu en París fueron las infidelidades de su esposo Luís Estévez Romero…” (1). A continuación pasa a “demostrar” lo afirmado:

 

 “En la carta que le envía a su amiga y confidente habanera Teresa Quijano, con fecha 18 de febrero de 1896, Marta le cuenta que su hijo está muy solicitado por las muchachas francesas y que: “(…) se alborota bastante con ellas. Si usted lo viera no lo creería, se pone verdaderamente ridículo, (…) igualito al padre, cuando está entre muchachas, que se cree que todavía está en la edad de hacer conquistas(...) Le aconsejo que nunca venga a París porque se pasan muy malos ratos, las mujeres son muy sonsacadoras y los cubanitos se dejan sonsacar”.

 

 La cita la refiere a: “Véase Berta Arocena y Meitin de Martínez Márquez: Marta de los Ángeles Abreu y Arencibia, un reportaje nervioso con clave de epistolario, (s. n.). La Habana, 1945. En este breve folleto de veintidós páginas aparece la mayor parte de las cartas de Marta Abreu a su amiga y confidente habanera Teresa Quijano de Molina”. (2)

 

 Después Josefina saca conclusiones gratuitas de unas palabras de otra carta sobre la cual no refiere fecha: “En otra carta le refiere a su amiga el poco acierto que últimamente demuestra su esposo en las cuestiones administrativas y de negocios”. (3) Y traduce esto como: “Esta confidencia dolorida puede traducirse como la displicencia con que en Paris Luís Estévez y Romero ayudaba a Mata Abreu a gastar el dinero de su vasto patrimonio…” (4)

 

 Más adelante cita otra carta, sin referir la fuente, que uno debe asumir pertenezca al libro de Berta Arocena:

 

“En carta de 25 de febrero de 1896, Marta vuelve a desahogarse con su amiga y confidente Teresa Quijano: “Aquí anda Don Luís lo mismo, con su anillo y corbata nueva todos los días. Yo lo que siento es que ni mi edad ni mi carácter ni mi estado de espíritu me permiten hacer otro tanto para pagarle con la misma moneda”. (5) 

  Por último pasa a lo que ella considera su prueba más demoledora, La cita de uno de los famosos cuadernillos, cuadernillos que la autora en ningún lugar precisa si las anotaciones en ellos estaban fechados o no, pero que hábilmente hace coincidir más o menos en esta época:

 

“Los apuntes que hace Marta en su cuadernillo número 30 revelan la intimidad dolorida de su relación matrimonial, que parece arrastrar no una infidelidad de ocasión, sino casi un irrespeto habitual por su esposa, que no deja de amarlo y perdonarlo, y se desahoga en esa prosa que va escribiendo a borbotones: “Ángel consolador que Dios me envía para consuelo de mis grandes penas. Haces que sea mi amor idolatría. Yo me tengo la culpa de que tú abuses tanto de mi porque siempre te perdono, soy demasiado buena, tanta tolerancia no es buena, yo escribo y tú abusas de ella, preciso se me hace poner coto(…) dice tu amigo que yo te he dado permiso; eso haces creer tú; no hay tal, el permiso se limita al baile porque veo que te gusta y no te quiero privar de él porque sé que sería exigir un sacrificio de tu carácter alegre y decidor, bullanguero y amigo de mostrarte en todo de tu juventud y posición(…) pues no así que llegaría al extremo como ha llegado(…) ¡quien ama no perdona!” (6)

 

 Estas son las pruebas que nos presenta Josefina para acusar a Luís de ser un Don Juan consumado, sin embargo consideramos que con estas palabras expuestas por la autora, todas sacadas de documentos más amplios y que la autora no se digna de incluir en ningún lugar de forma íntegra ningún tribunal condenaría a Luis.

 

 El primer documento que se expone es una clara burla jocosa de Marta a su marido por creerse lo que llamaríamos un viejo verde, el segundo sólo nos dice que a Luís le gustaba presumir y andar elegante y el tercero si uno lo interpreta con calma, se percata de que está dirigido a Pedrito el hijo de Marta y no a Luís “amigo de mostrarte en todo de tu juventud y posición” Luís no estaba en el todo de su juventud ya contaba para la fecha con 46 años y la única posición que tenía era la de ser el esposo de una millonaria. Pedrito por el contrario si estaba en plena juventud con sus veintiún años y tenía una posición envidiable, era el heredero único de millones. Existen otros elementos en este documento que avalan nuestra tesis pero consideramos que con lo expuesto basta. Muchos podrán decir que lo afirmamos no pasa der una interpretación intencionada de los documentos, pero convengamos que es tan válida como la de la autora.

 

 Lo que más sentimos, porque nunca nos ha gustado criticar a nadie y menos a quien apreciábamos por su excelente biografía de la patriota portorriqueña – cubana Lola Rodríguez de Tió, es que a Josefina ni por un instante se le haya ocurrido buscar y consultar el libro de Berta Arocena: Marta de los Ángeles Abreu y Arencibia, un reportaje nervioso con clave de epistolario. Editora Nacional S.A. La Habana, 1945 de 22 páginas. (7) Con ello tal vez se hubiera ahorrado escribir toda esta disparatada historia, hubiera apreciado que el libro si está paginado y que en el no aparecen como ella afirma “la mayor parte de las cartas de Marta Abreu a su amiga y confidente habanera Teresa Quijano de Molina” sino breves referencias a ellas. Berta Arocena sobre el tema que nos ocupa lo que expresa es lo siguiente:

 

“…La carta tiene fecha de 15 de octubre de 1895. Rosa, su hermana, marchó a París, acompañan­do a Grancher, porque Pasteur ha muerto, y el cuñado de Marta era amigo y colaborador del extinto. A Marta le hubiera gustado asistir a las funerales del genial hombre de ciencias, pero Don Luís, que todavía se encuentra bien entre las muchachas pirenaicas -¿estará Marta Abreu celosa?-, ha preferido quedarse...”

 

“En París, en 1896, vuelve Marta a hablar de modas, pero a la vez, puesto el corazón en su doliente Cuba insurrecta, se queja de la frivolidad de una amiga; "¿Cómo todavía tiene la gente allí ánimo para divertirse, yendo al par­que? Me han contado que E. en su afán de lucir, aprovecha cualquier oportuni­dad para conseguirlo. Donde no hay cabeza ni corazón, nada debe extrañar­nos, Teresila."

 

“Y otra vez, una inflexión de mujer celosa. Contesta a su invariable amiga, quien le informó que a su esposo le agrada aún elegantizarse, que lo mismo que Don Femando anda Don Luis. Presume, y cambia a diario sus anillos y corbatas. "Ándese con cuidado, como yo", aconseja Marta. Era lógico que Marta, sin encono, celara al marido, porque ya en la cincuentena, entre ellos florecían las ternezas. Para comprobarlo, escuchen:”

 

“Marta no ha escrito a su buena amiga el día 15, como había prometido hacerlo lodos los meses, porque el 16 fue su aniversario de boda y hubo que estar de luna de miel cuatro días. ¡Oh, los caramelos azucarados de Don Luis! Ella los terminó el 19 de mayo de 1896 para cumplir desde Cambó su compro­miso amistoso.” (8)

 

 

 Como se puede apreciar Marta tal vez estuvo un poco celosa, pero no le perdía pies ni pisadas a Luís "Ándese con cuidado, como yo", no obstante los celos parecen ser infundados y viene la recompensa en el aniversario de bodas.

 

 Además todo lo que comentan Josefina y Berta se concreta a finales de 1895 y principios de 1896, después en infinidad de cartas entre las dos amigas (y que Josefina sigue referenciándolas a Berta Arocena) más nunca aflora el tema. Como hemos comprobado no hay razón alguna de expresar como lo hace Josefina que Marta “parece arrastrar no una infidelidad de ocasión, sino casi un irrespeto habitual” por parte de Luís.

 

 Josefina como es lógico no inventó los fragmentos de las cartas que reproduce sino que los toma de: Marquina y Angulo, Rafael: «Alma y Vida de Marta Abreu” Editorial LEX. La Habana, 1951. Cuyo autor si tuvo el epistolario en las manos y lo utiliza de forma fragmentada en diversas citas. El epistolario en forma íntegra parece que nunca se publicó y hoy se desconoce si existe.

 

 La primera prueba que presenta la Toledo aparece prácticamente igual en el libro de Marquina en la página 106 lo de “el poco acierto que últimamente demuestra su esposo en las cuestiones administrativas y de negocios” se encuentra en la página 107 y el segundo documento también en la misma página. Al analizar lo escrito por Marquina que cuando le conviene cita el trabajo de Berta pero también omite lo que plantea “sobre quien le informó que a su esposo le agrada aún elegantizarse” el "Ándese con cuidado, como yo" y lo del aniversario de bodas, se nota una curiosa coincidencia con lo que expresa Josefina.

 

 Como conclusión consideramos que las pruebas presentadas de la infidelidad de Luís Estévez no son suficientes para tacharlo de marido infiel y que no amara a Marta como ella lo amó a él. Ahora, ¿celos? ¿Qué matrimonio no los ha tenido? Que tire la primera el que se sienta libre de este sentimiento tan propio del amor.

 

 Todo sol tiene sus manchas y las del sol que sin dudas es la obra de la destacada escritora, historiadora y biógrafa Josefina Toledo, parecen ser la enorme cantidad de errores de todo tipo que se encuentran en el libro “Marta Abreu, la caridad como energía creadora” donde la infidelidad de Luis no es ni con mucho lo más lacerante.

 

 Es una pena que este libro sea el que más esté al alcance de nuestra juventud, pues constituye sin dudas el peor trabajo biográfico realizado a Marta y el que lo lea puede quedar bastante confundido en temas no sólo de la vida de Marta sino de la historia de Santa Clara y de Cuba. Realmente esperábamos algo más digno de Josefina y de su calidad como escritora e historiadora.

 

Santa Clara 16 abril de 2015


NOTAS


1-  Toledo Benedit Josefina: Marta Abreu, la caridad como energía creadora. Ciencias Sociales. La Habana 2014, p. 78

2-  Ídem., p. 79

3-  Ídem., p. 79-80

4-  Ídem., p. 80

5-  Ídem.

6-  Ídem., p. 81

7-  El libro de Berta Arocena surge producto de una conferencia que la periodista dictó el 12 de noviembre de 1945 en la Escuela de Periodismo de la Habana con el título “Marta Abreu, mambisa”. Está basada en una entrevista a Renée Molina la hija de Teresa Quijano. Al otro día, centenario del nacimiento de Marta, el periódico El Mundo la publicó con el título de: Entrevista a Renée Molina. Hoy el libro se pude observar en perfecto estado de conservación en la Sala de Fondos Raros y Valiosos de la biblioteca Martí de Santa Clara. Los que disfrutan de Internet pueden ver gran parte de la conferencia en el libro digital: Mujeres ensayistas del Caribe hispano. Hilvanando el silencio. Antología. Editorial Verbum. España. 2007, pp. 43–50.

En la dirección  https://books.google.com.cu/mujeres ensayistas del caribe hispano. 

Y si tiene los 12 euros y pico que cuesta hasta puede comprarlo.                         

8- Arocena, Berta: Marta de los Ángeles Abreu, un reportaje nervioso con clave de epistolario. Editora Nacional S. A. Habana. 1945, pp. 17-18

 

ANTONIO MUÑOZ, EL MÁGICO PELOTERO CUBANO

ANTONIO MUÑOZ, EL MÁGICO PELOTERO CUBANO

Por Luis Machado Ordetx

 

Palabras de presentación de El Gigante del Escambray, biografía de Antonio Muñoz escrita por Osvaldo Rojas Garay. Serán expresadas el domingo 29 de marzo de 2015, Sala Caturla, Biblioteca Martí, 24 Feria Internacional del Libro en Villa Clara.

 

Siempre creo que la memoria, o el más sencillo de los recuerdos, pertenecen a un sitio extraño. Forman un territorio que se resiste al olvido cuando trato de retomar lo que escapó a todos. De un modo u otro, en caso de no recrearlo, se esfumaría el instante al no plasmarse justo en el tiempo. Esa, y no otra, constituye la razón del porqué el número 5 de la pelota cubana anda goloso por reconciliarse nuevamente con las mangas de su camisa villareña.

 

Lo vemos frente al cajón de bateo cuando toma el pañuelo y seca el sudor de su cara. El hecho fue irrepetible,  y ahora,  lo confiesa, desea otro swing completo. Incluso, con seguridad, resta importancia a la lomita, lugar en el cual está el zurdo Leopoldo Márquez, el habanero temible, quien lo dominaba con facilidad cuando tiraba los acostumbrados lanzamientos lentos, casi bombos,  que impedían al contrario entrar en contacto con la esférica mágica.

 

Casi cinco lustros después, Antonio Muñoz Hernández, el mítico primera base, está dispuesto a disparar su cuadrangular número 371, o uno, tal vez dos o tres más que los oficiales logrados hasta el 17 de enero de 1991, fecha del último recogido por  los anales de las 24 series nacionales en las que intervino como deportista activo.

 

Tiene Cuso Muñoz por estos días motivos suficientes para la contentura. Pronto, porque aún no ha leído el libro, el humilde hombre de Algaba, en Condado, tendrá en sus manos El Gigante del Escambray, biografía que entregó a Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2014, el escritor y periodista   Osvaldo Rojas Garay.

 

¿Quién sabe?, no lo dudo, puede que alguna lágrima ronde por las mejillas del pelotero y también el escritor luego del disfrute de las letras impresas. Ambos son susceptibles, y hombres humildes. De ahí la confluencia, y hasta la conspiración por presentar a los lectores una magnífica compilación de aquellos acontecimientos en los que intervino el más grande de los bateadores zurdos de la pelota revolucionaria.

 

Recordará Muñoz, según las estadísticas de Rojas Garay, cuando logró durante un campeonato, y en espacio de 38 días, tres jonrones en similar número de ocasiones al bate y desafíos, hazaña registrada en la V Selectiva de 1979. También comprenderá otra vez, y eso no lo olvida por sus méritos personales, de hombre sensible, que junto a Martí, «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», raíz y esencia del espíritu cubano.

 

De Muñoz, por supuesto, no voy a hablar mucho. Por algo está Rojas Garay, el biógrafo, quien un año atrás, en viaje a Cienfuegos, quería regresar a Santa Clara, su ciudad en adopción.

 

Un impulso, tal vez mágico, como la papelería que atesora, lo obligó a no dejar trunco el compromiso con la editorial sureña. Entonces, el milagro que asumió en 2005, allá en Algaba, de concluir el  valioso compendio estadístico y el complemento de testimonios de los más representativos peloteros que estrecharon amistad con el Gigante del Escambray en torneos nacionales o foráneos, estaba a las puertas de una realidad.

 

Por fin el libro está aquí, más allá de muchos entuertos. No obstante, cuatro hechos no se contemplan el magistral texto, y que de una manera u otra, fueron salvados con el tiempo. Ustedes se sorprenderán, y hasta dirán, ¿cuáles son las omisiones? que, con   marcada parsimonia, admito.

 

Una está relacionada con las imágenes que tomó Modesto Gutiérrez, allá en Algaba, cuando el pueblo de Condado, en fiesta inusual, obsequió un soberbio reconocimiento a su ídolo beisbolero, Cuso Muñoz Hernández, como nombran con cariño a Antonio.

 

Otra de las exclusiones reside en el prólogo que, con entusiasmo, haría Félix Julio Alfonso, y que por urgencias editoriales se suplió a última hora. La tercera se vincula con la invitación y visita del pelotero a los Estados Unidos, así como las declaraciones que ofreció a la prensa y el manifiesto de fe en la Revolución y en Fidel. También de los diálogos que sostuvo allí con Agustín Marquetti, el legendario primera base capitalino-industrialista, o Antonio Pacheco, el mítico santiaguero, entre otras leyendas del béisbol nacional radicados en ese país.

 

Por último, el ingreso de Cuso Muñoz al Salón de la Fama del Béisbol Cubano.

La forja de un estilo personal en el juego de pelota, y la capacidad de acrisolar una estatura deportiva, innata, tuvieron a Muñoz al más temible de los bateadores nacionales. Todos recuerdan su inusual posición ante el jon, o la manera de certificar cuando un lanzamiento no preferido entraba en zona de strike y el árbitro, según su aprobación, lo declaraba bueno o malo. Esa fueron  cualidades, o los talantes más recordados por los aficionados.

 

En tiempos que una ética, una disciplina, se requiere en la pelota nacional, Muñoz recordó en un inquisidor cuestionario de Rojas Garay que, solamente discutió con los árbitros en tres ocasiones diferentes: una con Alfredo Paz, allá en Santiago de Cuba, en momentos en que peleaba por el champion bate, y el hombre de negro, imparcial, cantó out.

 

Otra correspondió al careo con el Chino Hernández en defensa del cargabate Roberto (Misifú) Jiménez, quien gritaba a los lanzadores contrarios para sacarlos de paso, y la última, en 1985 enroló otra vez a Misifú que dejaba siempre la pez rubia en el círculo de espera para el bateo. Esa bronca fue con el ampaya Mario Cossío en un partido que estuvo detenido durante 15 minutos.

 

Al repaso de aquellos desagradables momentos, Muñoz se sintió avergonzado, y a reglón seguido después de repasar aquellos 71 lideratos  que acumuló en certámenes beisboleros, confesó  que los hombres vestidos de negro «eran personas honestas, muy capacitadas, obligados a pensar rápidamente bajo una tensión tremenda, y aprendió siempre a respetarlos. Muñoz optó por cantarse, según sus apreciaciones, cuando los lanzamientos que le disparaban eran bolas o strikes. ¡Qué lección de humildad y ética deportiva!

 

Ya acabo la imaginaria tanda de bateo y disertación beisbolera de Muñoz, y luego pasaré la palabra al biógrafo Rojas Garay, a quien someto a la inquisición crítica. Es una especie de valoración de su periodismo-escritura-investigación, muy vital en esa montaña documental que atesora a la antigua, en papeles manoseados, como el artesano que busca el dato, lo analiza y contrasta de una manera peculiar.

 

La pesquisa lo convierte en un peculiar slugger en las conexiones de hechos-atletas, escenarios y apreciaciones personales, expresada antes en Casos y cosas del béisbol (Capiro, 2011), libro que lo catapultó al mundo de las estadísticas, anécdotas y curiosidades.

 

Rojas Garay, lo he dicho otras veces, tiene un sentido polifónico del hallazgo, de contraste, entre el claro-oscuro, del rastreador de historias carentes de los ornamentos de los adjetivos. Nada en sus discursos escritos y también los orales, llevan signos del rebuscamiento. Va a lo llano de la oración para examinar, explicar, entender e interpretar los acontecimientos o las ocurrencias deportivas y culturales contenidos en la observación directa.

 

 Las fuentes nutricias son las montañas de papeles, y la pericia del cotejo de historias, o el fundamento de esos múltiples amigos-colaboradores que lo animan a seguir siempre adelante, con la vista fija en el tiempo y el recuerdo.

 

Del slugger de Báez, Osvaldo Rojas Garay, veremos en cualquier momento otro arsenal de historias, ya sean “Casos y cosas del Deporte”, o “Fidel nunca se poncha”, libros ya concluidos y en espera de una editorial que haga realidad en lo inmediato la elocuente expresión que ahora está aquí entre todos nosotros: El Gigante del Escambray, la asombrosa biografía que escribió sobre Antonio Muñoz Hernández.

                                                Muchas Gracias

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OTILIO CARVAJAL TIENE UNA MIRADA CRÍTICA

OTILIO CARVAJAL TIENE UNA MIRADA CRÍTICA

Por Luis Machado Ordetx

 

A veces las angustiosas historias consuelan, o dejan una apoyatura crítica para el mejoramiento espiritual. Más allá de la incertidumbre anímica o física hay una manera esperanzadora en el enfrentamiento de los avatares cotidianos que describen disfuncionales familias.

 

Al menos así lo aprecié años atrás cuando Otilio Carvajal Marrero (Chambas, 1968), obsequió El libro más triste del mundo (Capiro, 2006), con el cual aborda desde la óptica de un discurso peculiar los problemas inherentes a la comunicación social.

 

Todo se resume en un fotograma continuo. Luquita, un  niño de cuatro años, sufrió un accidente, y entre maltratos, o abandonos, sueña con los milagros. También imagina su mágico universo ante el agotamiento de la madre, el dilema del padre, y hasta el egoísmo de los hermanos.

 

Aparece en su imaginación la santa palabra de un abuelo que emprenderá un largo viaje para hallar la cura a los quebrantos del pequeño olvidado por una familia que, en contradicción, lo sufre y lo ama en idéntica medida. En síntesis, el argumento.

 

Con El libro más… el escritor logró una estela de reconocimientos a partir del Premio de la Ciudad de Santa Clara, 2005, así como ediciones continúas en El Perro y la Rana (Venezuela), y por último la colección Veintiuno, de la editorial Gente Nueva, de Cuba.

 

Con la nueva reedición ganó  este año el Premio la Rosa Blanca, galardón que entregó la sección de Literatura Infantil de la Uneac. Dos residentes en Santa Clara, Luis Cabrera Delgado y Pablo René Estévez Rodríguez,  se agenciaron en 2004 y 2007, respectivamente, similar galardón, pero en el apartado «por la obra de la vida»,  mientras ahora Carjaval Marrero alzó sus palmas en un lauro compartido con el espirituano Maikel José Rodríguez Calviño  —Los enigmas de la Rosa de Marfil—, una novela de aventuras, hecho que reafirma una valía creativa. 

 

El tema expuesto en El libro más triste del mundo, desde el punto de vista del narrador omnisciente (que ve, sabe y toca todo), es poco usual en la narrativa destinada a los jóvenes, y entre sus fabulosos aciertos hay una crítica demoledora al “valor” de los objetos materiales, o los intereses banales que circundan los ambientes familiares contemporáneos.

 

Por encima de esos desajustes florece el humanismo, y la compenetración entre el abuelo-niño que actúan a partir de la sabia palabra, o el aliento cotidiano por un futuro optimista y solidario.

 

La historia atrapa, conmueve, y también educa en la medida que se explaya la narración-descripción, y dispone de un lenguaje diáfano que entremezcla contrastes de ironía y humor para dejar un soplo consolador en la vida del ser humano. 

 

MURIÓ GEOVANNI, EL PERIODISTA BOHEMIO

MURIÓ GEOVANNI, EL PERIODISTA BOHEMIO

Por Luis Machado Ordetx

 

Guido Emilio de Armas Bermúdez, el periodista bohemio del centro de Cuba, falleció ya octogenario, en Santa Clara. Allá en los primeros lustros de los años 70 del pasado siglo se incorporó a la redacción de Vanguardia, y desde la página cultural asumió con un estilo desenfadado los principales acontecimientos artístico-literarios que transcurrieron en al antigua provincia de Las Villas, sitio predilecto para las pesquisas informativas.

 

A partir de ese momento acuñó el seudónimo de Geovanni para rubricar los textos que aparecieron en el diario, y luego en las emisiones radiales que ofrecían los servicios de la Agencia de Información Nacional o CMHW, redacción en la cual laboró luego de la jubilación profesional a finales de 1990 cuando decidió tomar un alto en el universo periodístico.

 

La formación profesional surgió de la mano del padre, Rafael, y del hermano Emilio, integrantes de las nóminas de La Publicidad, El Pueblo y El Villareño, rotativos existentes en la región durante la segunda mitad de los años 40 del pasado siglo.

 

 En todos los espacios consumió Giovanni parte de su juventud, y su alineación autodidacta lo llevó, fundada la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, al departamento de Relaciones Culturales de la institución docente. Allí hizo boletines de divulgación académica y estrechó vínculos con los estudios folklóricos. Su nombre aparece registrado entre los animadores iniciales de Islas, la revista dirigió Samuel Feijóo.  

 

En Vanguardia, de la pluma y el olfato periodístico de Guido de Armas Bermúdez, los lectores conocieron en 1970 de los sucesos del primer Festival Internacional de la Canción de Varadero, y del universo del filing, la trova tradicional y el bolero, así como de la vida nocturna que desarrollaban  los cabarets villareños.

 

Del acontecer bohemio ramificó las presentaciones de Elena Bourke, Celeste Mendoza, Angelito Díaz, Marta Strada, Meme Solis, Argelio García (Chaflán), o las orquestas Venecia y  la jazz-band de Armando Romeu, entre sus ídolos favoritos.

 

Con su cabello engominado hablaba entusiasmado del béisbol de los años 40 y de los estadios habaneros, a los que acudió en compañía del tío paterno, uno de los gerentes del Almendares Park. También dialogaba sobre otras confrontaciones deportivas, o comentaba sobre aquellos enfrentamientos bélicos en Playa Girón y la Limpia del Escambray, territorios en los que estuvo en calidad de soldado.

 

De sus polémicas con el boxeador profesional José Marcelino Castillo (Harold Lloys), o con Roberto González Quesada, el Patriarca del periodismo villaclareño, así como de Otto Avilio Palmero Rodríguez, o Juan José Pérez Palmero, los inseparables colegas, a quienes, vaso en mano, los escoltó en las barras del Maga Bar, El Louvre, o el 1830, en Santa Clara, hay infinidades de anécdotas.

 

Allí iban los periodistas, escritores o artistas a ingerir, mejor libar, algún que otro licor y conversar sobre los sucesos culturales del momento.

 

A esa generación llegamos después, allá en los años 80, otros colegas que, jóvenes, convertimos la redacción de Vanguardia en un hervidero de diálogos y conocimientos. 

 

Ya entonces Guido Emilio de Armas Bermúdez se desempeñaba en la corresponsalía de la Agencia de Información Nacional en Villa Clara, y después de las cinco de la tarde, entre coberturas de prensa, dejó un instante para la tertulia o compartir un sencillo trago de ron mientras elucubraba algún artículo histórico y cultural, temas que incluyó entre sus pasiones fundamentales de investigación o divulgación.

 

Con vestimenta a la antigua, siempre en perfecta combinación, de hablar pausado, y cabello lacio, negro y engominado, muchos de los colegas que tuvimos la posibilidad de conocerlo y disfrutar de su palabra elocuente, precisa, y de consejero, chocamos en Geovannis, como solo ya lo normaban algunos pocos, con un insustituible referente cultural.

 

La mañana de este martes, cuando lo sabía enfermo por el agotamiento físico, llegó temprano la noticia del fallecimiento. Por supuesto, hubo un estremecimiento, y busqué aquellas anécdotas en las cuales siempre primó la explicación y el consejo por colocar en primer orden el verdadero dato sobre la historia de nuestra cultura cubana.

 

Allá en su barriada de La Pastora, lugar donde nació junto a la legendaria iglesia parroquial de igual nombre, fue el sitio de recordación permanente que tuvo De Armas Bermúdez de  aquellos años de adolescencia.

 

Por allí correteó en la plazoleta que conserva el monumento al patriota Miguel Jerónimo Gutiérrez, y también intimó con Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero Mayor, o con Severo Bernal Ruiz, el Declamador Dilecto de Las Villas, y después se le vio en el ir y venir por redacciones de los principales periódicos de la ciudad de entonces.

 

En todas partes disfrutó de los periodistas mayores y de los universos por recrear la realidad cubana o foránea desde la objetividad y la imparcialidad del que mira una historia cotidiana. Se fue a otro lugar del mundo el fraterno Guido Emilio, Geovanni, y ahora descansa siempre en paz en la mirada permanente al periodismo cubano.