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PUEBLOS POR DENTRO

Reunión entre jóvenes flautistas

Reunión entre jóvenes flautistas

Por Luis Machado Ordetx 

Una loable iniciativa tomaron los artistas villaclareños, al organizar este lunes el Primer Festival de Flauta Rafael Prats in Memóriam, que reunió a estudiantes y profesionales con el propósito de pulsar el quehacer artístico entre ejecutantes, y destacar las particu­laridades sonoras del instrumento en agrupaciones sinfónicas y populares del territorio.

 

La ocasión tributará un homenaje a Prats Machado (Santa Clara, 1944 - Id., 1986), quien, antes de fallecer, se desempeñó como solista en las orquestas Sinfónica Nacional y de Villa Clara, al tiempo que amplió su formación artística y realizó labor pedagógica.

 El certamen, auspiciado por el Centro Provincial de la Música, tendrá por sede la Sala Caturla, en la Biblioteca Martí, y cursó invitaciones  a estudiantes del nivel medio de Holguín, Camagüey, así como egresados de similares instituciones cubanas. También intervendrán alumnos de la Escuela Profesional de Arte Samuel Feijóo, en Santa Clara, y habrá conversatorios especializados sobre el virtuosismo de Prats Machado.          

Músicos en el centro cubano

Músicos en el centro cubano

Por Luis Machado Ordetx

Catorce textos musicales de autores villaclareños, en lo fundamental, optarán esta semana en el Centro de Promociones Culturales El Bosque, por los premios en composición e interpretación, y de la popularidad, concedidos aquí por un jurado —especializado y el público—, durante la celebración del más importante concurso, que organiza esta localidad, cada dos años, para perpetuar el legado artístico de Gustavo Rodríguez Artíles [Santa Clara, 1934-Id, 1988], uno de los creadores más polifacéticos del territorio.

 

Unas 66 obras, representativas de 49 compositores procedentes de Ciudad de La Habana, La Habana, Holguín y el territorio anfitrión, recibieron los organizadores. La cifra finalista se correspondió con la calidad y originalidad de los temas, así como se tuvo en cuenta la cercanía con la tradición del feeling, el bozza-nova y el bolero, géneros en los que incursionó Rodríguez, se dijo en rueda de prensa.

 

El lunes, en horas de la mañana, sesionará en similar recinto un encuentro teórico que abordará el perfil sicológico, la versatilidad artística y filial de ese compositor, y se señalarán las particularidades y perspectivas de la cancionística villaclareña y sus aportaciones en el contexto nacional.

 

Creadores de la talla de Oscar Olivera Santiler, Enrique Cárdenas, Roberto Jiménez Hernández, Omar Montes Casañas, José Ramón Cepeda y Gustavo Felipe Remedios, entre otros, aparecen en el certámen competitivo, al tiempo que habrá galas artísticas, dijo Santiago Caballero, director general de las tres noches de espectáculos.

 

Allí actuarán las vocalistas María de los Ángeles Santos, además de los trovadores José Celestino Ferrer y Mayelín Pérez Toledo y Evocación, y una jazz band —dirigida por los maestros Alejandro Sánchez Camps, Felipe Torres García y Roberto Pérez Elesgaray—,  acompañará a los intérpretes y sus respectivas obras, difundidas, desde hace días, por la emisora provincial CMHW.

 

Las entradas a «El Bosque», recinto de ARTEX, serán por invitación durante el primer día, y en los dos siguientes, el Centro Provincial del la Música Rafael Prats Machado contará con 250 capacidades per cápita, y el resto se venderán en la institución cultural sede del Festival.

Semana de Salas Oscuras en Santa Clara

Semana de Salas Oscuras en Santa Clara

Por Luis Machado Ordetx 

Unos 90 materiales fílmicos de realizadores aficionados cubanos y extranjeros se apreciarán la semana entrante en la vigésimo tercera edición del Festival de Invierno del Cine Club Cubanacán, de Santa Clara, institución que recién cumplió a principio de mes las dos décadas de existencia artístico-cultural.

 

El encuentro, con sedes en el Salón Eco, la UNEAC, y sesiones  colaterales en Sagua la Grande y la Universidad Central, está catalogado entre los de mayor prestigio en el país, y tambien confirmaron su asistencia unos 15 espacialistas para discutir aspectos teóricos de la apreciación y la realización cinematográfica de factura nacional o mundial, dijo Rolando Rodríguez Esperanza, presidente de la institución.

 

La ciudad, del 14 al 18 de noviembre, contará con representantes de los 46 Cine Club del país, además de cintas procedentes de Europa y América Latina, las que optarán por el  Gran Premio Indio Cubanacán, y se entregará, además, el Rafael González Pérez —concedido por la casa de cultura Juan Marinello—, el Miguel Ángel Secades Martínez —por la obra de la vida— y  otros galardones en ficción, documentales y animados.

 

Otras instituciones culturales de la provincia otorgarán premios, y en Sagua la Grande se tributará un homenaje a la artista Eslinda Núñez, a la par que especialistas del ICAIC desarrollarán talleres de realización y animación con niños de esa localidad y los internados en el Pediátrico José Luis Miranda, de Santa Clara, donde se efectúa el Proyecto Para una Sonrisa,  dijo Rodríguez Esperanza.  

Fieras broncas en Camajuaní

Fieras broncas en Camajuaní Por Luis Machado Ordetx ¡CHIVOS Y SAPOS, otra vez! Sí, van este fin de semana a la festividad folklórico-tradicional de Camajuaní, a unos 400 kilómetros de la capital cubana, y los hechos artísticos  retoman la memoria, al realzarse tras la publicación de otro libro, escrito por el investigador René Batista Moreno, donde aparece enriquecida la historia sui géneris entre los barrios contendientes de un típico o exclusivo encontronazo cultural que, aún el siglo de existencia, rutila asombros para coterráneos y visitantes. Fieras broncas entre Chivos y Sapos, texto de la Editorial Capiro, en Villa Clara, amplía las indagaciones que realizó el autor, principalmente contenidas en la recopilación  Las parrandas de Camajuaní: Cronología de carrozas, cantos de changüís, anecdotario humoríostico, pubicado en 1979, fecha en que culminó una parte del estudio sobre esas lides populares, nacidas aquí hacia 1894 con los influjos etno-artísticos aportados por los residentes en San Juan de los Remedios, casi al poco tiempo de erigirse como pueblo español en 1513. La región del centro del país, desde su tronco fundacional en la Octava Villa de Cuba, dió lugar, a mediados del siglo xix, a  trascendentes festividades interbarrios, en zonas de San Antonio de las Vueltas, Placetas, Caibarién, Encrucijada, El Santo, Calabazar de Sagua, Quemado de Güines, Falcón, Guayos, Mayajigua, Chambas, Punta Alegre y Morón, por citar sitios donde la parranda, con sus particularidades identitarias, crece por años. Eso también confirma, desde su punto de vista, la investigación La Parranda, de Jorge Ángel Hernández Pérez, y lo subraya el historiador Juan Manuel García Espinosa en Parranda y Chambelona, editado en 1982, al suscribir que los balbuceos, por organizar ese tipo de fiesta en Camajuaní, parten de 1890, cuando por vez primera en el periódico El Número 13  —dirigido por José Vidal Caro—, menciona en una gacetilla esa voz originaria, con el propósito de acentuar el modo en que comulgaron «Puntos, parrandas, guitarras, &. &.», propias del bullicio constante de un pueblo dispuesto a la festividad. La prosperidad económica de Camajuaní creció, a finales del siglo antepasado, por la producción azucarera y mielera, dice García Espinosa, quien, además, refiere una cronología mínima,  retomada y ampliada ahora, entre un texto y otro, por Batista Moreno. Uno de los méritos capitales de Fieras broncas…, estriba en aportaciones testimoniales, la vasta documentación factográfica, y la composición estilística enriquecida con la voz auténtica de los testimoniantes y los anecdotarios. Sin negar las aportaciones historiográficas de los textos anteriores, este libro, como hecho artístico de tipo folklórico, lleva implícito anecdotarios que van desde los modos en que se fomenta la parranda, sus cantos, vestuarios, carrozas de gran alcance, hasta publicaciones, pasquines y... Tal vez, vengan como un recuerdo a las festividades ancestrales españolas que ocurrían de manera ininterrumpida a finales de cada año, en la víspera de navidad. El volumen, atestigua a Batista Moreno, acucioso investigador, y dicharachero por excelencia, como culminador momentáneo de una historia que por un tiempo indagó, y que de cierta manera también recogió y dejó trunca desde su parecer García Espinosa. Hasta el 2005, el pasado año, está la cronología contenida en el libro, a la vez que suma un abultado anecdotario de los parranderos —el grueso fundamental de la investigación—,y luego retoma declaraciones de hombres que fungieron como «cabezones» encargados de hacer divertir a la gente que figura como observador-parcial polémico del suceso cultural. Batista Moreno suma una trascripción musical de algunos cantos tradicionales de los barrios Chivos y Sapos, y remata su texto con el acápite de «Carrozas por año», donde detalla el tema y los motivos que originaron su surgimiento desde 1894 hasta el 2005. Presenta, asimismo, particularidades de las construcciones arquitectónicas y estructuras humanas recreadas en las carrozas, y remata con un acuse de toda la bibliografía utilizada, extraida de archivos privados. Esos espacios, de Fieras broncas entre Chivos y Sapos, revelan el sentido del redescubridor de la historia, a partir de la papelería y el testimonio, para restituir  un universo folkórico, movido quizás, por los contornos del pasado y el presente de particularidades folklóricas ceñidas a una singularidad: el ser parranderil del camajuanense.              

Tapetes de entendimientos

Tapetes de entendimientos

Contrarréplica al comentario «Cultura entre bocinazos»

Por Luis Machado Ordetx 

Alarmados, sin respeto al otro, y hasta hirientes en el vocabulario utilizado, una parte de los directivos de la casa de cultura Juan Marinello, en Santa Clara, decidieron, con todo derecho, y sin el menor reparo, replicar el comentario ¿Cultura entre «bocinazos»?, suscrito por este periodista, y publicado en la págida dos del sábado antepasado.

 Muestran inconformidad por la mención a una actividad  —denominada Revista Dominical Juvenil—, con aceptación de público, alegan, enfrentada por estridencia y volumen de los audios, a una similar, organizada frente al teatro La Caridad, justo en una tarima que suple las funciones del vetusto teatro.

¿Quiénes organizan ambas actividades?: Cultura y sus respectivos representantes en la institución o el municipio. Entonces, lejos de contribuir a la eficiente programación y relación público-artista, con buenas intenciones, una u otra tienden a dañarse en sus contenidos y alcances.

 

Así lo ve el escribiente, y como tal sostiene su punto de vista, y alerta, además, a otros organismos estatales y hasta privados que, con sus bocinazos, afectan la tranquilidad de cualquier hecho artístico o público.

 

Argumentos contrarios exponen Diana Vázquez Canfux, Lourdes Santos Díaz y Mabel Chávez, directora, secretaria del núcleo del Partido y de la sección sindical en esa institución cultural, respectivamente, quienes dirigiron una carta al periódico.

 

En el comentario no hay cuestionamientos al trabajo técnico-metodológico del centro, incluso a su programación válida y efectiva desde los portales y extendida hacia el Parque Vidal, y mucho menos referencia a la recepción de aficionados, artistas y público en general. Tampoco se detiene, aunque lo menciona, el estado ruinoso de algunas de las edificaciones aledañas.  

 

¿Qué lo animó a escribirlo? Llegar a un consenso para eliminar entuertos provocados por el enfrentamiento, casi a una idéntica hora y día —pasada las nueve de la noche de los domingos últimos— entre la música mecánica que se difundía desde la casa de cultura y la programación existente en la plataforma  frente al teatro La Caridad.

 

 Uno u otro debía suspenderse, pero los dos a la par, lejos de concentrar, se dañan en sus recepciones por las posibilidades acústicas que facilita  una plaza abierta —el parque Vidal—, capaz de encerrar el sonido por las alturas de los edificios que la rodean.

 

El domingo 10, fecha en que reparé sobre el asunto, la (s) bocina (s) de la Juan Marinello, con su operador al frente y dos o tres trabajadoras sentadas, propagaban números de Paulo F. G., mientras en el otro extremo, un público mayoritario, apreciaba del espectáculo danzario-musical.

 

Dicen en la carta «[...] De haberse detenido unos segundos ante nuestro inofensivo autoparlante (no es un error, era un solo baflecito) el periodista habría sabido de qué iba nuestra actividad, solamente le adelanto que nuestra actividad iba en coherencia absoluta y extrema con la misión institucional de nuestro sistema 

 

No, la actividad «iba», y fue a costa sólo de los pocos transeúntes que pasaron por allí —sin animador o comunicador delante—, así como de interferencias constantes que provocó en la eficacia de un hecho artístico dirigido por especialistas del sector al que pertenecen todos los trabajadores involucrados en ambos programas: Cultura.

 

Después continúan: «[...] últimamente necesitamos realizar mayores esfuerzos para que dicha apreciada actividad pueda realizarse con la calidad que merece; cada vez, en la tarima situada frente al teatro La Caridad, aparecen grupos que son avalados por otras instituciones y que a través de un producto no todas las veces realmente artístico ocupan con sus ofensivos altoparlantes la comunidad sonora del ámbito del parque Vidal. Ese producto ha sido programado por otras instituciones —le repito—, que no es específicamente la Casa de Cultura, institución que no debe por tanto cargar con la responsabilidad que el comentarista le atribuye».

 

La calidad, de uno u otro acontecimiento artístico, y su trascendencia, jamás estuvo en la mirada del periodista. Lo importante se apreció en el debate sonoro que establecieron, casi simultáneo, las dos funciones culturales. ¿Cómo situaciones de ese tipo ocurren en un sector empeñado en educar e instruir? Pensé, y entonces alerté.

 

 Sin embargo, la réplica remitida tiene razonamientos casi antagónicos: por una parte reiteran la baja calidad de los espectáculos de la tarima, sitio donde se aglomera público, por la otra, a capa y espada, defienden el derecho de la casa de cultura para difundir en ese horario  música mecánica, aun cuando en el lugar solo se detengan las pisadas de los transeúntes. Por último, al margen de agredirme con palabras soeces, tienden a justificar que el exceso de volumen  —contrapuesto entre ambas actividades organizadas en nombre de la Cultura—, jamás resultan dañinos, incluso hasta al oído humano.

 

Creo, y ojalá esté errado, hace un tiempo atrás la Sectorial Municipal de Cultura en Santa Clara —municipio donde está enclavada y dirección a la que pertenece la institución reclamante—, efectuó sesiones de trabajo para analizar y afianzar las acciones de programación, y que allí se esgrimieron soluciones sabias, no acordes con lo expuesto. Entonces, ¿cómo ignorar su instrumentación? ¿Hay o no razones para entablar acuerdos entre una y otra institución que programa a idénticos horarios acciones en el parque Vidal?

 Eso sería lo correcto, para llegar a un consenso que, lejos de acusar de «manipulador» al comentario, ofrezca a los directivos de la Cultura la justa razón, ante la mirada crítica, en aquellos que, al parecer, no discurren de modo plausible en el entendimiento.    

Siempre, el parque diferente

Siempre, el parque diferente

Por Luis Machado Ordetx

 

Edificio al piso, parque en pie, constituyó una tónica sistemática durante décadas en Santa Clara, al extremo que parecíamos émulos de los holguineros en momentos donde aparecieron, sin distinciones, áreas de verdaderos esparcimientos para  variadas opciones recreativas.

 

Todavía esos instantes son recordados por muchos, pero...

 

Luego llegaron ojerizas y depredadores: empeñados en hurtar, desde una farola hasta una tablilla de madera o aluminio, las plantas ornamentales y talar árboles. Aún no respetan y tampoco creen en nadie, porque, a veces, el hecho constituye un simple ensañamiento, similar al niño que, a la mirada de todos, se ensaña en golpear el follaje de un árbol y, por ninguna parte, surge el responso aleccionador.

 

Determinados espacios se fueron deteriorando. Otros cambiaron de fisonomía, parcial o total, al instalarse una tienda de recaudación de divisas, un Ditú o cerrar el paso, aunque abunde la fronda de altas plantas, como en el antiguo Parque Chaflán —honor merecisímo al humorista Argelio García—, bajo la jurisdicción de la hierba en un detenido proyecto formulado por Turismo.

 

Espacios similares, como el existente frente a la Terminal de Ferrocarril   —de los Mártires—, con licencia del Centro de Patrimonio Cultural, después de meses, cobró bríos que, dentro de la modestia de cualquier tiempo, realza la dignidad y originalidad de los residentes o transeúntes de un territorio estimado de situarse entre los más pulcros del país.

 

Pero, hay algunos, ubicados en la Audiencia o la iglesia de la Pastora, donde la falta de encendido público facilita cualquier fechoría, al margen que los bancos están descuidados. ¡Qué decir de aquellos circunscrito a repartos residenciales! Todavía carecemos de una conciencia colectiva que indique sin letreros en la frente que esos sitios son patrimonios exclusivos de todos y su perdurabilidad y subsistencia pertenece a la comunidad.

 

Sin embargo, siempre emerge un colmo de los colmos: reside cerca del parque Vidal, en las intersecciones de Luis Estévez y Martí. Allí, meses atrás, amparados en las acciones del Proyecto Imagen, se levantaron en una tarde las losas y los bancos.

 Al amanecer de un día cualesquiera, unos pocos componentes tomaron mejor vida —la apropiación individual—, a la vez que aparecieron constructores dispuestos a iniciar la idea sustentada en documentos por los hermanos Edelso y Zelma Machado (pintor y arquitecta, respectivamente), y dirigida por Servicios Comunales. El concepto, crear un parque diferente.

diferente.

En la demarcación quedó una bomba de agua del tipo camagüeyana, con  poco uso por la accidentabilidad del terreno, una caseta para el descanso de los trabajadores, un almacen-trailler en la calle —que limita hasta la visibilidad y perturba el paso peatonal—, y unas paredes levantadas, a casi un metro de altura. De allá acá, el avance de la ejecución es a paso de hormigas.

 

¿Por qué desmantelaron el otro parque, si antes no contaban con los suficientes recursos, materiales y humanos, para una rápida terminación? ¿Puede que una urgencia obligara al movimiento de los constructores hacia otro lugar? ¿Acaso no existe una planificación que contenga el deterioro creciente en esos recintos? Mejor aún, ¿pensaron, tal vez que todo era coser y cantar?

 

 Esa intersección clasifica entre una de las más lóbregas de la ciudad. Las aguas extienden la arena sucia o lavada, la gravilla, y los ladrillos se raspan  por arte de magia, y por si fuera poco, abunda la mala hierba, sacos de basuras y hasta salcocho que, los vecinos o no del lugar, surten de forma negligente.

 

Cierto es que la cotidianidad facilita, a veces, una especie de empañamiento de la vista, y por mucho que usted mira, los contornos parecen inalterables, pero cambian de semblante, como el recién instaurado microparque en un recodo del río Bélico, casi en el nacimiento de la calle Primera de Dobarganes.

 

Limitaciones económicas inciden en el aumento de las mellas en torno a los edificios del centro de la ciudad. Es un hecho inalterable, y las cifras se estiman en más de un cinco por ciento con peligro de inminentes derrumbes, pero con los parques, áreas de esparcimiento y recreación colectiva, no podemos obrar con similar mentalidad, porque en ocasiones, con pocos recursos, la belleza y la funcionalidad consiguen la armonía perfecta.

 Entonces, vale para todos el autoresponso en la búsqueda insistente por un parque diferente.      

¿Cultura entre bocinazos?

¿Cultura entre bocinazos? Por Luis Machado Ordetx  

¡Señores!, con todo respeto, la mediocridad, por esencia, jamás podrá proliferar dentro o en las cercanías de las Casas de Cultura,  instituciones que tienen por misión la instrucción y el goce estético del  público, pero sucede que...

 

En el parque Vidal, en Santa Clara, convertido desde su surgimiento en una céntrica plaza destinada a variadas opciones recreativas, casi todos los domingos en la noche, después de la acostumbrada retreta, surge la algarabía al estilo del Circo Romano.

 

Allí, ante el portal de la Casa de Cultura Juan Marinello, colocan a esa hora potentes bocinas que difunden música mecánica, mientras frente al teatro La Caridad —cerrado hasta no se sabe cuándo—, se efectúa un espactáculo artístico-cultural o en La Marquesina, al lado de ese recinto, la trova tradicional ameniza la noche.

 

Por fortuna, en ese horario, desde hace un tiempo, el animador de la discoteca del hotel Santa Clara Libre, no «inunda» el éter con música y llamados. De lo contrario, con toda seguridad, estaríamos ante émulos de las vallas de gallos y su tradición hispana, esa que convierte un sitio en «gritería», sin importar la valoración y el entendimiento del otro.

 

Un año atrás el colega Ricardo R. González escribió un comentario con tema similar, y abordó el plano individual, donde se pregona al «[...] vecindario el inicio de un festín aparentemente sin término [donde el volumen de los equipos de audio suben tanto], en verdadera contienda emulativa en la que no se [entiende] nada de NADA».[1]

 

Ese mal psicosociológico persiste entre automovilistas particulares, estatales, operadores de bicitaxis, establecimientos que ofertan bebidas, licores y refrigerios en monedas nacioal o convertibles, viviendas, áreas recreativas y...

 

 Nadie respeta a nadie, y mucho menos repara en la pérdida y el daño a la capacidad auditiva. Creo que constituye un problema de educación, cultura y comunicación interpersonal y colectiva, y lo peor todos preferimos hacernos de la vista gorda al no atajar el fenómeno. Impera el estilo de ¿es mejor esquivar los problemas? ¿Por qué?.

 El mal es añejo. Vale recordar que muchas programaciones culturales, previas al cierre del teatro La Caridad, se vieron malogradas por la filtración insistente de ruidos provenientes del exterior, llámese música de otros espectaculos aledaños, o de griterías de los transeunstes.

 Ahora, a veces, los trovadores que amenizan en La Marquesina, apenas se dejan escuchar, porque «esos altoparlantes privados o estatales», a todo volumen que desde la Casa de la Cultura u otros recintos, se expande de manera ensordedora.

 

Un día, músicos y público van a enfermar con el «tinnitus», un el lastre auditivo que sufre el guitarrista Eric Clapton a causa de exponerse ante el alto volumen de los autoparlantes.

 

Demos gracias a que el parque, aunque abogo por reabrirlo con regulaciones, está cerrado al tránsito automotor, por que, sino, señores, la estridencia del sonido, un día demolería, sin que apareciera un ciclón, a cualquiera de las edificaciones circundates.

 

Las concepciones, gustos, formación, educación y expresión estética, y la forma del arte, como fenómeno social, por su origen, sentido y funcionalidad, está reñido con ese «torpedo» cultural que durante los domingos por la noche se efectúa entre las bocinas contendientes en las esquinas del parque.

 Recuerdo a Lenin cuando dijo: «Para que el arte pueda acercarse al pueblo, y el pueblo al arte, primero debemos elevar el nivel general educativo y cultural», y la sociedad cubana está presta a eso.

Pero, del modo y la forma en que aparece la pugna entre bocinazos, jamás enseñaremos a pensar, interesar y perfeccionar las capacidades creadoras y de imaginación en el público.

 Busquemos alternativas eficaces y funcionales, mucho más coherentes, donde en realidad la Cultura abrace el territorio al que pertenece: la perfección espiritual del hombre.


[1] Ricardo R. González: «¡Ay, decibeles!», en Vanguardia, xliv(5):2; saábado 10 de septiembre de 2005.

San Juan de los Remedios: ¿1513, fecha de certidumbre histórica?

San Juan de los Remedios: ¿1513, fecha de certidumbre histórica?

Por Luis Machado Ordetx

Sí, los vientos oscuros que preñaron la incierta llegada del extremeño Vasco Porcallo de Figueroa a estas tierras, en el momento justo en que renunció a la gloria militar de soldado español, para situarse como un normal y sedentario agricultor, rondan todavía por los lares de la actual ciudad de San Juan de los Remedios, considerada como uno de los primeros pueblos fundados en Cuba durante el siglo xvi.

 

De acuerdo con precisiones, sustentadas en importantes documentos, Rafael Jorge Farto Muñiz, plantea que el nacimiento de este territorio, como pueblo eminentemente español, se produjo con anterioridad a muchas de las «siete primeras villas», y su iglesia, esencia última de la conversión a la religión católica, data de agosto de 1515.

 

Con ese propósito, en sus estudios, el actual Historiador de Remedios, determinó las fechas y situaciones en que surgieron las villas, y situó la suya dentro del proceso de la conquista y colonización.

Farto Muñiz indica que «San Juan de los Remedios, convertida inicialmente en un feudo particular de su fundador, Porcallo de Figueroa, no conformó cabildo hasta varios años después de su surgimiento y, en consecuencia, se omite en obras contemporáneas de Historia de Cuba, o se incluye la fundación en época posterior a lo que indica el orden en que fueron apareciendo esas primeras vecindades en la Isla.»

 

También «… publicaciones y otros textos ofrecen tantas fechas (1514, 1515, 1519, 1524...), como autores tratan el tema, creando confusión. Desde épocas remotas la población remediana festejó sus aniversarios partiendo de 1514, año supuesto de fundación; pero 1983 el Gobierno Municipal dispuso trocar ese por 1524. Sin embargo, en 1986, según propuestas, emitieron otra reglamentación, todavía vigente a pesar de las contradicciones con fuentes consultadas, que declaró el hecho en 1515.»

 

 El Adelantado y Teniente de Rey,  Diego Velázquez de Cuellar, desembarcó en costas cubanas entre 1510 y principios del otro año, fecha en que erige el 15 de agosto, la villa de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, primer asiento español en la Mayor de Las Antillas.

 

Desde ahí, Velázquez ordenó el reconocimiento de la región oriental, y pasaron al «poblamiento de la Isla», para conformar núcleos españoles, donde existiera oro, en zonas habitadas por indígenas. En un informe al Rey, para contar sobre los acontecimientos más significativos acaecidos en Cuba durante 1513. Fechado en abril de 1514, agradece, asimismo, la orden de repartir encomiendas, mediante real cédula rubricada el 8 de mayo y recibida el año anterior. Explica que:   

                       

 «[...] despues los dichos cient ombres se fueron á una provincia que se dice Cavaneque que está en la costa del Norte, á 25 leguas del dicho río Caonao y desde allí anduvieron viendo y calando la tierra de las provincias subjetas á la de Camagüey y parte de la de Guamuahaya [Trinidad] y escribieron que los caciques estaban seguros (...), excepto los de Camagüey que no osaban tornar á sus pueblos y andaban por los montes [...] »[1]

 

La provincia aborigen de Cavaneque o Cavana (después Sabana) se extendía desde las cercanías de la actual ciudad de Morón, hasta la  bahía de Matanzas; y limitaba por el sur con los cacicazgos de Cubanacán (al centro de las provincias de Matanzas y Villa Clara). Guamuhaya (Trinidad) y Ornofay (Sancti Spíritus), abarcaba unos diez mil km² y era una de las de mayor extensión y población aborigen de la Isla.

 

Entre mayo y junio, explica Farto Muñiz, en su opinión el 3 de mayo de 1513, «llegan esos hombres al poblado de Sabana, bautizado como Santa Cruz de la Sabana de Vasco Porcallo, devenida luego en Villa de San Juan de los Remedios. No fue una escala efímera, pues Velázquez señala que desde allí salían a reconocer a Camagüey o a Guamuhaya.

La presencia hispana en esa zona fue más duradera de lo que pudiera parecer, al encontrarse, al centro de Cuba, un lugar rodeado de caseríos  indígenas, tierras fértiles, agua potable, bahía con buenas condiciones y otras ventajas.»

 

Entonces Velázquez «[dispuso que] quedasen en la dicha provincia del Zavaneque cinqüenta ombres con los que obiese de cavallo, [...]»  

 

No cabe duda sobre la estabilidad española en Sabana, adonde Velázquez escribió en dos ocasiones desde Baracoa`, sitio donde recibió información sobre los movimientos de sus hombres, de los cuales permanecieron allí al menos cincuenta, mientras los otros cien efectuaban incursiones a territorio habanero, y retornaron siempre a Sabana.

 

  El padre Fray Bartyolomé de las Casas, en su Historia de las Indias, se refiere a un pueblo, nombrado Carahate, donde hicieron escala en la costa norte, que él denominó «Casa Harta», por la cantidad de alimentos que allí ofrecieron los indios. Al parecer, estaba situado cerca de la actual ciudad de Sagua la Grande, conocido aún como Carahatas.

 

                          La cualidad de Villa se confería a las poblaciones que tenían constituido su ayuntamiento, institución que no fue creada en Sabana hasta 1545, aunque su fundación data de mayo de 1513, fecha en que se convirtió en la segunda comunidad castellana de Cuba.

 

A fines de octubre y primeros días de noviembre de 1513, declara Farto Muñiz, Velázquez funda San Salvador de Bayamo, segundo pueblo español con categoría de Villa. Antes se percató de los recursos materiales existentes allí: ganado, tierras fértiles, puerto, aunque algo distante; agua en abundancia, y minas de oro.  Al principio, «dio vezindades» y repartió los indios como lo había hecho en La Asunción, pero el nueve de noviembre recibió cartas del Rey, con potestad para repartir tierras e indios, y entonces:

 

«[...] envió á llamar los caciques é indios y le vinieron á ver, á los cuales de parte de V.A. habló   é aseguró, é con algunos dellos escribió á los 50 cristianos, que estaban en la provincia de Cabaneque, como dicho es de suso  ; y viernes siguiente, que fueron 23 de dicho mes, [diciembre de 1513] , llegó a la boca de un río que se dice Tabaya, [Táyaba o Guaurabo] legua y media del pueblo que se llama Manzanillo.»

 Velázquez viaja a Guamuhaya para reconocer el territorio superficialmente, pues según expresa, llegó a sus primeros pueblos el 21 de diciembre y el 23 ya estaba de regreso en las cercanías de Manzanillo, dice que la carta, fechada el primero de abril de 1514, la remite desde Jagua, «donde agora dice que está», y se entrevistó con Vasco Porcallo de Figueroa y oficialmente otorgó la posesión de Sabana. De ahí la coincidencia de varios historiadores en asegurar que el 3 de Mayo de ese año «confirmó»  al extremeño Porcallo la fundación  de Santa Cruz de la Sabana. Desde entonces, en las negras y ubérrimas tierras de Santa Cruz de la Sabana de Vasco Porcallo (1513-1545), Gobierno propio de Vasco Porcallo (1545-1550), San Juan de los Remedios de la Sabana del Cayo, a partir de esa efcha, y luego Remedios, se erige una estela al conjuro de la verdad y del misterio (tal vez el único en Cuba) sobre la fecha exacta de su fundación.Sí, es la Octava Villa de Cuba, al inscribirse en 1545, pero, lo sustenta Farto Muñiz tras el contraste de fuentes históricas y documentales, constituye el segundo pueblo con radicación española en la Isla, nacido, inextinguiblemente, en 1513, y abre para el estudio otras interrogantes, no excentas de interpretaciones tras los signos de la colonización y no de la conquista.


[1] Velázquez de Cuellar, Diego. Relación o extracto de una carta que escribió Diego Velázquez, teniente de Gobernador de la isla Fernandina á S.A. sobre el gobierno della, año 1514.  Archivo de Indias, patronato Est. 2º, Caj. 1º, Leg. 26. En: Torres de Mendoza, D. Luis, Abogado de la Real Corte.  Colección de documentos inéditos.  Madrid.  Imp. J.M. Pérez. 1869.  T.XI, p. 413. I