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EL OUT MÁS OLÍMPICO EN LA HISTORIA DE LA PELOTA EN CUBA

EL OUT MÁS OLÍMPICO EN LA HISTORIA DE LA PELOTA EN CUBA

Por Amador Hernández Hernández (Escritor).


Para mi abuelo Cheo Perico, que solía dormirme con este relato; para los viejos peloteros de mi central Constancia E.


Las emociones que se viven serie tras serie de pelota en toda la isla y mi fracaso por no haberme convertido en una gran estrella de esta pasión, trajo a mi memoria aquel memorable juego celebrado antes del triunfo revolucionario en el terreno de pelota del entonces central Constancia E —hoy Abel Santamaría—, donde la novena de Los Azucareros del Constancia venció una carrera por cero a un reconocido club de zona aledaña. 


El enfrentamiento debía comenzar alrededor de la una de la tarde. Desde muy temprano los fanáticos se habían apoderado de las pocas gradas hechas a base de tablones y raíles de ferrocarril. Los que no alcanzaron asientos se subieron en las ramas de los árboles más cercanos, en los techos, e incluso el Mulato, desmochador de palmas, trepó con sus arreos hasta el copito de una que se hallaba tras la pizarra que marcaba las estadísticas del juego. Los jinetes se mantuvieron sobre sus monturas. Mujeres con sus hijos compraban golosinas de todo tipo, los hombres se atragantaban con buenos buches de Bacardí, el Ron de Cuba, otros refrescaban con la Hatuey, mientras las bellas señoritas saboreaban con deleite los helados, durofríos  o cariocas con los que los comerciantes mejoraban su estado financiero.


Por los altoparlantes se anunciaba la proximidad del juego. A la música del Benny se unía el jolgorio de los aficionados. Diez minutos antes de comenzar el partido, el director de Los azucareros del Constancia se percató de que su jardinero derecho no había llegado. Era la época en que los peloteros no se especializaban en la defensa de una sola base. Eran movidos de sus posiciones cuando la situación del juego así lo requería: un pitcher que explotaba se iba a cubrir una posición en el campo, el reemplazado pasaba a ser relevista y así de cambio en cambio transcurría el partido. 


Cuando solo faltaba un minuto para dar la voz de ¡play! El hombre que cubriría el right field enviaba un mensaje muy explícito: “Lo siento, la rabinegra está de parto y no puedo dejarla sin los auxilios.” Sin lugar a dudas, la vaca no había encontrado peor hora para rajarse con un ternero.


A punto de tener que anunciar la suspensión del juego, el director descubrió que muy cerca del dogoult se encontraba un joven de tez trigueña, gorra militar y zapatones torcidos; en la mano izquierda un guante y para arroparle el torso una camiseta de Los Elefantes de Cienfuegos. La pinta es de pelotero, se dijo el director.


—Eh, muchacho, ¿te gustaría jugar hoy en la banda derecha?


El muchacho con pinta de buen pelotero era nada más y nada menos que Cholo el cojo. Un lisiado que apenas si salía de su conuco, pero como era domingo, día de juego y de darse algunos licores, había decidido estirar su cojera por el batey del central. Gustaba de hacerse acompañar por aquel guante que su abuelo le había regalado cuando cumplió los cinco años de edad. Nunca imaginó que un accidente le robaría el más hermoso de sus sueños de niño: tocar la gloria con la punta de un guante.


Cholo hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. Pero al cruzar la puerta que daba acceso al terreno del hoy estadio Aurelio Janet, le pareció muy, pero muy grande aquella explanada verde para su pierna renga.Bajo una gritería ensordecedora más los cencerros, las cornetas, los tambores, los relinchos y otros ruidos cercanos, el árbitro principal daba la voz de: ¡A jugar!


El equipo visitante regaló los dos primeros out a ritmo de conga. Esa tarde el guajiro Segundo Pérez mostraba un control excelente con sus endemoniadas curvas. El tercer hombre, un zurdo que sacaba el bate a la velocidad del rayo, conectó una línea bajita pegada a la línea de fout. Cholo, al ver el batazo, se lanzó en loca carrera para, al menos, tapar la pelota. La línea que venía rompiendo el aire y Cholo, que obligaba a su pie rengo a realizar un esfuerzo extraordinario, no se percató de que uno de los tobillos se le había torcido y que él se iba al suelo como lanzado por un cohete. Al caer Cholo con todo el peso de sus veinticinco años sobre la grama, sintió un golpe contundente debajo del cuello. Fue lo último que sintió en ese momento. Cuando sus compañeros lograron ponerlo de pie, vieron como la pelota se le había colado dentro del pulóver de Los Elefantes. Ahí mismo gritaron ¡Out!, ¡Out!, ¡Out!


El árbitro de primera, que se había internado hasta ese jardín, decretó en voz bien alta su decisión, y ahí mismo se formó la primera de muchas protestas. El público festejó de lo lindo la inusual forma de sacar out y desde ese momento Cholo se convirtió en el centro de miles de miradas. No podían creerlo sus compañeros de equipo: el novato se había convertido en el showman.


Colocado en el noveno turno, Cholo le hizo swing a una curva hacia afuera con la que logró una rolata lenta y salpicona que enredó al pitcher y al tercera base. El corredor que venía para el home fue quieto y el Cojo se anotaba su primer y único hit del juego y de toda su historia como pelotero.


A la altura del quinto inning, sentía dolor en todo el cuerpo, pero más en la pierna inválida. Dos entradas más tarde había logrado atajar con la pierna enferma un rolling que de haber continuado habrían perdido la ventaja. La pelota chocó con su bota derecha y se levantó un metro, lo suficiente para que el improvisado jardinero la atrapara a mano limpia y vinera corriendo bola en mano hasta muy cerca de la segunda base. Otra vez la bullanga, los aplausos, los vítores…


 El director miró al público primero y al cielo después para rendirle loas al Señor de los Destinos por haberle traído a aquel lisiado, que de pronto se había vuelto otro espectáculo dentro del que dirimían esa tarde. Miró su reloj. Coño, son casi las cuatro. Este juego se me ha ido volando, pensó. Volvió los ojos a la pizarra; allí Pepe Botella había llenado cada hueco con ceros más ceros, excepto el tercer capítulo donde, gracias al novato, su equipo había marcado la única carrera del desafío. Es verdad que cuando el guajiro Segundo —el pitcher de las tres curvas en una— lanzaba y el socarrón de Carrazana recibía, la victoria estaba en el saco.


Por fin, el noveno episodio. Segundo sacó los dos primeros out en fly por el cuadro, pero el último bateador de los contrarios recibió un pelotazo, cosa rara en un pitcher de control casi perfecto, el segundo y tercer bateador se embasaron con toques de bolas ejecutados con excelencia. Vaya modo de complicarse la entrada y de peligrar la victoria. Le correspondía el turno en el home play al zurdo que sacaba el madero como una bala de cañón. 


El director miró para su jardinero y apreció una posibilidad inesperada. Alzó la vista al público el cual pedía a gritos levantar al abridor y relevar con uno de brazo más fresco. Cómo si fuera tan fácil, murmuró el jefe de Los Azucareros. Quitar al guajiro podía ser la debacle del inning. Bases llenas, y soltó una obscenidad.


Los dueños del central —sentados en la mejor posición para ver el juego y de paso controlar mejor al Niño Camejo, jefe del club—  lo llamaron a contar:


—Túmbalo, ese guajiro ya dio hoy todo lo que podía. Hay muchos billetes en juego.


No tenía más alternativa. Pidió time al principal y le retiró la pelota al pitcher. Entonces el director tuvo un alumbramiento con lo que dejó a los miles presentes con la boca abierta. Enmudeció el graderío, callaron los vecinos, enmudeció el central a diez kilómetros a la redonda: el novato era llamado al montículo. Se volvió loco el tipo este, pensaron a la vez miles de cerebros. 


En sus siete envíos de calentamiento, Cholo no acertó ni una vez la zona de strike.


—¡Play!— rugió el ampaya, un negrón con cara de pocos amigos.


Silencio de muerte. Carrazana abrió sus piernas todo cuanto pudo detrás del home y señaló con la mascota el centro del pentágono; el nuevo jardinero se persignó; el público mantenía las manos en posición de súplica; el director miraba solamente al cielo y rezaba, rezaba... En aquel capricho le iba la dirección de la novena. 


Cholo se puso de frente al receptor para no cometer balk. Afinó bien la puntería, levantó su pierna renca y poniendo el alma en el lanzamiento soltó la bola, que venía como un cuchillo de mago circense hacia el rostro del zurdo, quien en un movimiento defensivo no pudo evitar que el bate rozara la pelota y saliera un “palomón” hacia la lomita de lanzar. Cholo gritó: “¡Mía, mía!” 


El director agradeció a Dios; el público suspiró feliz; los dueños del central se tocaron avaramente los bolsillos; Benny alentó la orquesta con su habitual movimiento de batuta; el bateador soltó una palabrota que despertó a Pepe Botella; la segunda, la tercera y el short stop sitiaron al pitcher para ser los primeros en cargarlo por todo el terreno; ya venía la esférica directa al guante que el abuelo le había regalado a Cholo cuando hubo cumplido los cinco años, ya iba a cerrarse para la captura definitiva de la redonda cuando caprichosamente esta rebotó en la cabeza del baldado y se elevó, como una bolita de ping-pong, por el aire. 


Acaso unos milisegundos: el silencio volvió adueñarse del estadio, el director iba a maldecir a todos los seres celestiales, los sitiadores del lanzador se disponían a lincharlo, el bateador zurdo emprendía una desesperada carrera hacia la primera almohadilla en el instante mismo en que la mascota del más socarrón de todos los cátcher de la isla se engullía la pelota antes de que esta hiciera contacto con el césped. —¡¡¡Out!!!— gritó el ampaya de home con la misma rapidez con que entró el oxígeno en los miles de pulmones que amenazaban con asfixiarse.


Al levantarse, Carrazana se percató de que su rodilla derecha había perdido unos centímetros de pellejo.Lástima entonces que la prensa escrita, radial y televisiva no hubieran podido guardar para la posteridad ese out, el más olímpico en la historia de la pelota cubana.

CMHW, 8 DÉCADAS DE HISTORIAS

CMHW, 8 DÉCADAS DE HISTORIAS

Por Luis Machado Ordetx


El trono histórico de la Reina Radial del Centro, CMHW, arriba a sus ocho décadas. Un azar venturoso apareció el sábado 15 de julio de 1933 en la casa “El Lente de Oro”, en Argüelles 220, esquina a Gacel, en Cienfuegos. El Dr. Ramón González Jr. , propietario de la óptica, lanzó al éter las primeras transmisiones de la actual planta radicada en Santa Clara. En 1937 Guillermo Doménech Galich la adquirió por 10 mil pesos, y llegó a nuestra ciudad.


Los datos son aportados por Enrique Romero de la Paz, un hombre de 83 años que aprendió a gatear, como dice, en la radio cubana. Junto a  Sergio Ruiz Perera, tiene un libro —todavía inédito a pesar de su riqueza documental—, garantía de la luz milimétrica de la historia.


Una casualidad quiso que, la CMHW surgida en Cienfuegos, apareciera a la escena cubana en el aniversario  244 de la fundación de Santa Clara. Un hecho económico la trasladó aquí. Ahora está ubicada en la antigua  sede del Gobierno Municipal de la capital de la provincia central. Antes transitó por diferentes locales.Seis municipios de la actual provincia (Santa Clara, Caibarién, Sagua la Grande, Camajuaní, Placetas, Encrucijada y Rancho Veloz), concentraron 42 emisoras desde 1929, fecha en que surgió la CMHI (Laviz y Paz) hasta 1964. Desde entonces CMHW quedó en exclusividad.  En 1939 surge la Cadena Azul de Radio                —organizada por Amado Trinidad Velazco, propietario de la CMHI y CMHW—, y la W quedó desmantelada de manera momentánea. Luego reactivó sus servicios en la instalación de la Cadena Azul —Buen Viaje número 1—, a instancias de los hermanos Pérez Marrero. Por 31 años funcionó inalterable en ese edificio, hasta que en 1971 se trasladó a su actual sede en Parque Vidal 4.


Es extraño que, al menos de las 21 emisoras que existieron en Santa Clara, el paso del tiempo borre a generaciones futuras los locales exactos en los cuales funcionaron las diferentes plantas radiales. Las direcciones existen. Las tienen Romero de la Paz y Ruiz Perera, pero ninguna tarja simboliza los sitios precisos. Ese es un tema pendiente en la historia de la localidad. Cierto es que ninguna se parangonó a la W. Fue tribuna política, cultural, intelectual y social de la ciudad. Su historia es incontenible, e inabarcable en méritos y hechos. Ninguna personalidad cubana o extranjera que transitó por Santa Clara dejó de acercarse a los micrófonos de la planta. Los hechos están ahí, recogidos por los acuciosos investigadores.


                              MÚSICA, DEPORTES, NOTICIAS…


Ese constituyó el esquema de la programación inicial de CMHW desde su advenimiento en Santa Clara. Enrique Romero de la Paz muestra prolijos documentos. Al historiar “su emisora”, tiene la obligación de narrar tal como se presentaron los antecedentes. Muchos fueron los artistas, cubanos o extranjeros que, desde los tiempos de la CMHI Laviz y Paz (1934), y luego en   las emisoras de Trinidad Velazco, llegaron a la ciudad y se apropiaron desde aquí de las ondas del éter.


En 1934 el tenor mexicano Fernando Ortiz Tirado está en CMHI. El viernes 8 de enero de 1937 el compositor e intérprete cubano Miguelito Valdés (Míster Babalú) estuvo en la W a instancias de Guillermo Domenech Galich, primer propietario de esa emisora de Santa Clara. 


El viernes 10 de junio de 1938 la W probó por vez primera una de sus actuales conquistas: el contacto directo con artistas profesionales y aficionados. Desde la Glorieta del Parque Vidal hubo una transmisión de 24 horas. Era un Concurso de Aficionados. La final del certamen ocurrió en el teatro La Caridad, animado por Aníbal de Mar, el famoso Chan-Li-Po, artista exclusivo de la RHC-Cadena Azul en la radio cubana.


A principios de la década de los años 40 Benny Moré, recién llegado de México, hizo su primera aparición en la planta. El recuerdo lo recogió el pintor Manolo G. Fernández García. El jueves 8 de marzo de 1945 Jorge Negrete visitó la instalación, y habló al pueblo desde los balcones de la edificación.  En 1953, y al siguiente año, el Bárbaro del Ritmo, actuó en  los estudios de  la emisora junto a la orquesta de Ernesto Duarte. Fue  acompañado por María Teresa Vera y Lorenzo Hierrezuelo.

Otros consagrados del arte y la cultura también dejaron una impronta en la W, una planta que sus programaciones diarias aquilató las riquezas de música popular, clásica y campesina de Cuba y el mundo.


En dos momentos diferentes, y de vastos azotes naturales, CMHW sirvió de fuente de comunicación directa con el pueblo. Los datos los aporta Romero de la Paz cuando habla del meteoro de 1944 que afectó el servicio eléctrico en La Habana y las torres de transmisión quedaron dañadas. Amado Trinidad organizó una caravana radial hasta Santa Clara, y artistas, locutores, animadores de técnicos de la RHC Cadena Azul tomaron los locales y los micrófonos de la ciudad para continuar encadenadas las programaciones radiales del país. Fueron 18 días continuos de actividad.


En noviembre de 2001, el actual edificio de la emisora CMHW sufrió averías en su construcción con el paso del huracán Michelle por Cuba. Los micrófonos y hacedores de la radio, continuaron, a pesar de las difíciles condiciones laborales, sus informaciones y orientaciones al pueblo de Villa Clara y las regiones aledañas.En La Radio en Cuba (1981), el historiador Oscar Luis López afirmó que a partir del 6 de diciembre de 1923 la emisora habanera 2LC, de Luis Casas Romero comenzó a ofrecer un boletín de noticias sobre el estado del tiempo. También aparecieron los resultados deportivos de los eventos celebrados en La Habana. Allí nació el  primer noticiario radial en Cuba. 


En la tarde del domingo 14 de septiembre de 1923,  desde la estación 6EV, de Caibarién, Manuel Álvarez Álvarez, junto a Lorenzo Martín Álvarez, traductor, y Feliciano Reynoso Ramos, narrador, describieron la pelea de boxeo que, entre Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey se originó en el Polo Grouns, en Nueva York.Las series mundiales de béisbol de 1934 llegarían a la audiencia de la Villa Blanca por las descripciones del Dr. José Gastón de Caturla y las traducciones de Miguel Balais. La CMHD, de Manolín Álvarez se inscribía en los anales de la narración deportiva en Cuba.


El hecho se repetiría en 1937, cuando Amado Trinidad Velazco, por mediación de Guillermo Domenech Galich, adquirió la propiedad de la CMHW, ubicada de manera provisional, dice Romero de la Paz, en la calle Marta Abreu número 2. Desde allí se retransmitió uno de los juegos finales de la Serie Mundial de Béisbol escenificado entre los Yankee de Nueva York y los Gigantes. El abogado José (Pepito) García Antón, hizo las traducciones y la narración deportiva en la cual Joe DiMaggio figuró de estrella en ascenso y Lou Gehrig se acercó a los finales de su ilustre carrera deportiva.


Once años después, el jueves 18 de noviembre de 1948, la CMHW inició su noticiero “La Voz de Las Villas”, con cuatro emisiones al día, boletines de último minuto, informaciones de corresponsales radicados en los municipios. Tuvo un programa de facilitación social denominado “Buró Servicial”, dedicado a brindar informaciones al oyente.


Una estela inalterable dota a la emisora CMHW, desde entonces, en el contacto diario con el oyente, propio de un delirio que educa y informa. Esos son atributos insoslayables de una radio participativa que, a pesar de los avatares tecnológicos y estragos de la naturaleza, puja en una historia inacabada.  

TEATRO "LA CARIDAD", UNA DISCORDIA POR LA PUERTA CENTENARIA

TEATRO "LA CARIDAD", UNA DISCORDIA POR LA PUERTA CENTENARIA

Por Luis Machado Ordetx

 A la derecha, la terraza oeste del Teatro “La Caridad”, en la cual se “reabrió” por tercera ocasión una puerta. La imagen representa, de acuerdo con la vestimenta de los curiosos, a la primera década del pasado siglo. La puerta abierta favorece a una instalación turística. Nada tiene que ver con el perfil docente-benéfico de una institución Patrimonio Nacional. La fachada oeste, ya remodelada con la puerta, fue pintada con un color diferente al que exhibe el Teatro “La  Caridad”, Monumento Nacional de Cuba. 


Una pared centenaria fue derrumbada a golpes de cincel y martillo. Forma parte de la terraza lateral oeste perteneciente al Teatro “La Caridad” (1885). La edificación es  Monumento Nacional. Constituyó, antes y después de su construcción, el centro “principal” de la ciudad. 

Esa especificación la dejó el ingeniero Herminio C. Leyva, el ejecutor, en su  Memoria Descriptiva. Sin ninguna competitividad, los antiguos terrenos de la ermita de “La Candelaria”, irradiaron tranquilidad, y después cultura. 

Cada inmueble tiene su historia. La arquitectura del coliseo es el libro de piedra de Santa Clara. Nadie lo discutiría. En diciembre último, una parte de la fachada lateral, colindante con el antiguo Colegio “Santa Rosalía” —inaugurado el domingo 28 de diciembre de 1885—, se rompió por tercera ocasión. La “puerta” ha devenido en discordia” institucional. 

Las partes que dirimen son la Sucursal “Palmares” —a partir de la remodelación y reinserción de un Complejo Gastronómico-Cultural— y directivos del Teatro. ¿Cuál razón existe? 

Al parecer la exhibición de una fotografía de ¿1924?, se incluyó como la causal que “readecuó” la abertura. Es difícil imaginar los pasados que uno no conoció. Allí siempre existió la cartelera oficial de los espectáculos artísticos-literarios, y hasta cinematográficos, que exhibió el teatro. 

A partir de 1909, las fotografías de Santa Coloma, especial para las ediciones de El Figaro, la ubicaron de manera temporal en ángulo de 900 en lo que actualmente es la tienda de ARTEX. Los programas anunciantes eran hechos, primero en la imprenta “La Verdad”, de calle Cuba y San Miguel, y después, en “Lanier y Cia”, una similar instalación de Martí número 9. Al menos  fue así hasta principios de la sexta década del pasado siglo, fecha en que cambió hacia la entrada principal del teatro.

El dictamen conclusivo para desentenderse de la historia excepcional de lo que antes constituyó la cartelera original del teatro lo vertió la Comisión de Monumentos.  Esa puerta que va rumbo a la terraza tal vez sea utilizada en lo perspectivo para el trasiego de mercancías, o… No hay razones para esos fines, sobre todo por otra “emplazada” de manera artificial en la calle Lorda. Incluso, podría adicionarse que, entre la terraza de marras y el vestíbulo de “Santa Rosalía” sobrepasa el metro de altura en desnivel. 

Las tejas tienen que colocarse antes que lleguen las goteras. Esa terraza libre, propiedad de “La Caridad”, no puede llenarse de mesas y más mesas —especulo—, como ahora ocurre con “La Marquesina”, y mucho menos inundarse de ruidos parásitos que, con mayor persistencia, lastran las  continuas funciones culturales del teatro.

Veamos los hechos. Desde tiempos antiquísimos esa pared siempre estuvo cerrada. Actualmente se “demostró”, ¿no sé con cuáles fines aunque se intuyen?, que durante un tiempo “comunicó” a ambas edificaciones. Craso error. La historia lo desmiente siempre y cuando se incluya a las fotografías y las informaciones que ofrece la prensa periódica de la época. Ahí está la fuente documental contrastable.¿Por qué?...

Con mayor razón se entienden aquellas Ordenanzas de Construcciones que rigieron en la ciudad a partir de 1924. El documento esclareció las llamadas medianeras o medianerías. ¿Qué las tipifica? Una pared que separa dos propiedades contiguas y que pertenecen mancomunadamente a los dueños de ambas. Pero…, explica que una pared o muro corresponde al que lo construyó.

 Se desprende por cronología —sin mucho análisis de la Memoria Descriptiva y el plano general del piso principal—, que el Teatro surgió primero, al inaugurarse el 8 de septiembre de 1885.El coliseo es el propietario de la tapia divisoria que delimitó hasta el patio frondoso de árboles que existió en el “Santa Rosalía”, el colegio que se construyó después. El colindante no podrá hacer uso proporcional a su derecho, y mucho menos causar perjuicio ni incomodidad a los vecinos, esclareció la reglamentación.

 ¿Qué razón hubo (descontando los dos momentos antes señalados ) para que una institución benéfica  —el Colegio Santa Rosalía—, tuviera una puerta anexa hacia la terraza oeste del teatro. Ninguna, por pura lógica e historia. El desnivel lo desmiente, y las diferencias institucionales también.

La pared jamás constituyó un vano de puerta (acoplamiento de cierre abisagrado, de corredera o plegable), como en apariencias se cree a partir de esa foto antigua utilizada como justificante de la abertura. En dos momentos anteriores los ladrillos fueron conservados de acuerdo con disposiciones del Ayuntamiento de Santa Clara y de las críticas persistentes de La Publicidad. Rebusquemos en las ediciones de marzo a junio de 1909, y de mayo a septiembre de 1924. Ahí está la prueba que esgrimió el  principal periódico de Santa Clara durante la primera mitad del pasado siglo.  

Una de las fechas, en la primera, la administración del Teatro sacó a subasta la remodelación exterior y pinturas de fachadas. Rompieron una “falsa” puerta en el área de la terraza oeste. La directiva del inmueble, con la anuencia de la  Municipalidad y el Colegio Santa Rosalía, colocó allí materiales de construcción y una carpintería. Hubo que “correr” —a pesar de las protestas— el altar del auspicio, situado en la parte contraria.   

Al poco tiempo se corrigió el entuerto y todo volvió a la normalidad.  Después en 1924, con similar finalidad, según las Ordenanzas de Construcción, la directiva del teatro solicitó otro permiso. Allí se conservarían algunos materiales para garantizar las obras de remodelación del Parque Vidal y de los inmuebles aledaños, y “La Caridad” se incluyó de manera efímera en esas labores. 

El sitio donde ahora se “reabrió” la puerta  permaneció siempre cerrado a pesar de las restauraciones —1952, 1964, 1988 y 2008—, dispuestas en lo sucesivo al teatro. Hasta donde sé, ahora no fueron esbozadas las consideraciones de directivos de la parte afectada: “La Caridad”. La “fotografía” de marras, con escasa argumentación histórica, entornó otra “puerta”, la   infinita discordia cultural vinculada con una fachada centenaria de la ciudad. 

SAN JUAN DE LOS REMEDIOS, LA INCERTIDUMBRE HISTÓRICA

SAN JUAN DE LOS REMEDIOS, LA INCERTIDUMBRE HISTÓRICA

Por Luis Machado Ordetx

Con las fiestas del San Juan Bautista celebra Remedios, la denominada Octava Villa de Cuba, ¿su aniversario 498 de fundada? El primer asentamiento poblacional ocurrió allá, en las cercanías de la bahía del Tésico, próximo a la desembocadura del río. En relación a esa fecha hay criterios contrapuestos de los historiadores que acuden a documentos factográficos.

 

Unos abogan por ¿1513?, otros por ¿1515?, incluso por ¿1520? Nadie niega la trascendencia cultural de Villa surgida en el siglo XVI, y todos apostamos por ese legado notorio de una arquitectura patrimonial, una idiosincrasia y un influjo en aquellas regiones vecinas que surgieron de la entonces provincia indígena de Zavaneque —Sabaneque, en otros—, extendida entre la bahía de Guanima, en Matanzas, y una parte significativa del actual territorio de Morón.



Esos fueron los sitios que exploraron los conquistadores en su tránsito por la región central, y constituyó el “cacicazgo” escondido de Vasco Porcallo de Figueroa. Es extraño que en 1513 los cronistas de la conquista y la colonización en su paso por el territorio no mencionen el lugar y las fechas exactas. Tampoco hagan alusión a Porcallo de Figueroa.


Una revisión  al Teatro Histórico, Jurídico y Político Militar de la Isla Fernandina de Cuba (1791), de Ignacio José de Urrutia y Montoya, uno de nuestros primeros historiadores, sustenta que no hay «clara mención del tiempo en que se fundaron las villas de La Habana y San Juan de los Remedios, expresando solo aquel en su descripción de las Indias, Capítulo 6to. Que lo fueron poco después que las mencionadas villas primitivas». Cuando se refiere a «expresando solo aquel», lo hace a partir de los relatos de Antonio de Herrera, y deja clara insinuación a las crónicas del Padre de las Casas, de Fernández de Oviedo y Bernal Díaz del Castillo. 


Las Cartas de Relación de Diego de Valázquez y las anotaciones de los conquistadores o los colonizadores de la provincia indígena de Zavaneque, no ofrecen exactitud en la fecha del primer asiento poblacional y a la fundación de la Villa de San Juan de los Remedios y del Cayo. Eso, ¡claro está! De ahí el sustento de hipótesis divergentes en cuanto a la término   de establecimiento, y se respalde que, sin otro documento esclarecedor, se tome el actual de 1515.


San Juan de los Remedios, no queda otra duda, fue la “Villa Escondida” de Vasco Porcallo, el cruel conquistador y co-fundador, además, de Baracoa, Puerto Príncipe, Trinidad y Santi Espíritus.  Antonio Miguel Alcover y Beltrán en su Memoria Histórica de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción (1905), confirma que el extenso territorio de la provincia indígena de Zavaneque coincide con la superficie que hasta 1689 —fecha de la fundación de Santa Clara—, tuvo San Juan de los Remedios. A partir de ahí ocurrió el primer desgajamiento geomorfológico.



 Antonio J. Valdez, otro de los primeros historiadores de Cuba, es sucinto y aclara que «en el centro determinó la fundación de Bayamo, Puerto Príncipe y Santi Spìritus. Seguidamente se fundó la villa de San Juan de los Remedios en la Parte Norte y el 15 de Julio del año mil quinientos quince la de San Cristóbal de La Habana...» Entonces, ¿dos Villas quedan casi simultáneas en su fundación? 



                              RECONSTRUYO UN DIÁLOGO


Una década atrás, en diálogo con el ilustrado Rafael Jorge Farto Muñiz, el historiador de Remedios, fallecido en 2009, escribí un reportaje interpretativo —“San Juan de los Remedios: ¿1513?, fecha de certidumbre histórica”—,  y ese investigador expuso que el «nacimiento del territorio, como pueblo eminentemente español, se produjo con anterioridad a muchas de las siete primeras Villas, y su iglesia, esencia de la conversión de la religión católica, data de agosto de 1515». 

 


 Contó Farto Muñiz que diferentes  «publicaciones y otros textos ofrecen tantas fechas (1514, 1515, 1519, 1524...), como autores tratan el tema, creando confusión. Desde épocas remotas la población remediana festejó sus aniversarios partiendo de 1514, año supuesto de fundación. En 1983 el Gobierno Municipal dispuso trocar ese por 1524. En 1986, según propuestas, emitieron otra reglamentación, todavía vigente a pesar de las contradicciones con fuentes consultadas, que declaró el hecho en 1515». 



¿De dónde partieron las suposiciones científicas de Farto Muñiz al ubicar la incertidumbre histórica en 1513? De los estudios de José. A. Martínez-Fortún y Foyo, Manuel Martínez Escobar, Facundo Ramos, Juan C. Álvarez Wite y Natalia Raola Ramos. Fue el investigador hacia los intríngulis de otros documentos: las visitas de los conquistadores españoles capitaneados por Narváez y el Padre de las Casas, descrita en la carta de relación de Diego Velázquez al Rey de España, el 1 de abril de 1514. También a la crónica de López de Velazco, de 1571, referida  a un “cayo o estancia” que dicen de Vasco Porcallo, así como a los recorridos en 1544 del Obispo Sarmiento.



Concordó que no existe documento alguno que exprese exactamente la fecha de la fundación de San Juan de los Remedios. A pesar de esa “oscuridad” histórica, queda «establecido, que Remedios es la Octava Villa, y se sitúa entre los pueblos más antiguos de Cuba». La tesis hipotética que esgrimió para el primer encuentro entre españoles y aborígenes —antecedente de lo que sería la villa de San Juan de los Remedios—, parte de 1513 durante la visita al cacicazgo indio La Sabana de los conquistadores Pánfilo de Narváez, Juan de Grijalba y Fray Bartolomé de las Casas.


José A. Martínez Fortún y Foyo al introducir en tomo I (1492-1849) de sus Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción, enseña: «Año 1513. Ocurrió a fines de este año un suceso trascendental para esta comarca remediana: la llegada a ella de Pánfilo de Narváez, el P. Bartolomé de las Casas, Juan de Grijalva y unos cien españoles más, que les acompañaban en el viaje de expedición que hacían por el interior de la isla, cumpliendo órdenes de Diego Velázquez. Los expedicionarios se detuvieron unos días en el pueblo indio de Caharate, que estuvo situado según varios autores, en el fértil y bello «Cayo Conuco» que está frente a la bahía de caibarién y forma el límite este dé la del Tesico. Fue el verdadero descubrimiento de esta jurisdicción».



Antes de fallecer Farto Muñiz estaba tras las pistas contrastadas de lo expuesto por el Adelantado y Teniente del Rey Diego Velázquez   y Cuellar, quien  ordenó el reconocimiento de la región oriental de Cuba a partir de 1511. Luego los conquistadores pasaron al «poblamiento de la Isla» para conformar núcleos españoles donde existiera oro, en zonas habitadas por indígenas.

 

En un informe al Rey, para contar sobre los acontecimientos más significativos acaecidos en la isla  durante 1513, y fechado en abril de 1514, Velázquez agradece, asimismo, la orden de repartir encomiendas, mediante real cédula rubricada el 8 de mayo y recibida el año anterior. 


Ahí se explica que  «despues los dichos cient ombres se fueron á una provincia que se dice Cavaneque que está en la costa del Norte, á 25 leguas del dicho río Caonao y desde allí anduvieron viendo y calando la tierra de las provincias subjetas á la de Camagüey y parte de la de Guamuahaya [Trinidad] y escribieron que los caciques estaban seguros [...], excepto los de Camagüey que no osaban tornar á sus pueblos y andaban por los montes», según expresó en 1869 Luis Torres de Mendoza, Abogado de la Real Corte.



Entre mayo y junio, manifestó Farto Muñiz, en su opinión el 3 de mayo de 1513, «llegan esos hombres al poblado de Sabana, bautizado como Santa Cruz de la Sabana de Vasco Porcallo», devenida luego en Villa de San Juan de los Remedios. No fue una escala efímera, pues Velázquez señala que desde allí salían a reconocer a Camagüey o a Guamuhaya.



El padre Las Casas, en su Historia de las Indias, se refiere a un pueblo, nombrado Carahate, donde hicieron escala en la costa norte, que él denominó «Casa Harta», por la cantidad de alimentos que allí ofrecieron los indios. Al parecer, estaba situada cerca de la actual ciudad de Sagua la Grande, conocido aún como Carahatas, acontecimiento también observado por Alcover y Beltrán.



A fines de octubre y primeros días de noviembre de 1513, se fundó San Salvador de Bayamo, segundo pueblo español con categoría de Villa. Después el colonizador Velázquez, viajó a Guamuhaya para reconocer el territorio superficialmente. Expresó que llegó a sus primeros pueblos el 21 de diciembre, y el 23 ya estaba de regreso en las cercanías de Manzanillo, según certifica la carta fechada el primero de abril de 1514.

 

 Ese documento lo remite desde Jagua, «donde agora dice que está», y se entrevistó con Vasco Porcallo de Figueroa y oficialmente otorgó la posesión de Sabana. De ahí la coincidencia de varios historiadores en asegurar que el 3 de Mayo de ese año, 1514, «confirmó»  al extremeño Porcallo la fundación  de Santa Cruz de la Sabana. 



Desde entonces, en las negras y ubérrimas tierras de Santa Cruz de la Sabana de Vasco Porcallo (1513-1545), Gobierno propio de Vasco Porcallo (1545-1550), San Juan de los Remedios de la Sabana del Cayo, a partir de esa fecha, y luego Remedios, persiste la ¿incertidumbre histórica? Farto Muñiz, recuerdo, apeló a la búsqueda del Origen de las Provincias Cubanas, de José Pennino y Barbato, de 1909.



 Aquí se indica que durante «largos años la isla de Cuba constituyó una sola tenencia de Gobierno, compuesta de los Ayuntamientos de Baracoa, Bayamo, Santiago de Cuba, Trinidad, Sancti Spíritus, Remedios, Puerto Príncipe y Habana (fundado el primero en 1512, en 1513 el segundo, en 1514 los cinco subsiguientes y en 1515 el último) dependientes de la Audiencia de la española, hasta que por Real Cédula de 8 de Octubre de 1607 se dividió en dos departamentos» 



Las interrogantes, como venas inconclusas, quedan abiertas hasta que aparezcan nuevos documentos historiográficos que diluciden con certeza cuál es la fecha exacta de la fundación de San Juan de los Remedios, Octava Villa de Cuba. 

VÍCTOR MESA, !HASTA ESO NO SALVA!

VÍCTOR MESA, !HASTA ESO NO SALVA!

Por Mayli Estévez 


Nunca antes alrededor de una final beisbolera, la afición se batió en otro campo que no fuera lo mero que suscitaba un partido. Un hombre ha impulsado como nadie la mitad de las raíces nacionales. En Matanzas lo afrocubano afloró y se adueñó de las gradas, en la mismísima llamada Atenas de  Cuba, convertida prácticamente en un Macondo, por aquello de las traquiñuelas del más allá. 


Y no es que una desestime, ignore o condene mito alguno, vale aquello de: cada cual con lo suyo. Aún así más de uno erró las cartas. 


En cada esquina del estadio Victoria de Girón, cada quien se ha convertido en su propio guía. Oyeron y repitieron. Y vienen los pollos muertos, leopardos agujereados, velas, cocos y jugo de naranja, como un festín en honor a cualquiera que les resuelva un partido a los Cocodrilos. Están encima del banco del Visitador y aquel hombre de rojo, ensimismado en esas prácticas que intentan el triunfo a costa de un recurso espiritual más que en los bates. 


Y suceden cosas que pueden ser normales, pero que la gente asocia: se apagó la torre del jardín y demoró el partido varios minutos. Y después, cuando ganó Villa Clara ninguna torre quería apagarse. ¡Uffff!  ¿Error técnico o mensaje en clave? La realidad es que a Matanzas ni un toque de bola, ni el corrido y bateo, ni el pitcheo le ha funcionado. Y a pesar de esto hay quienes por cuestiones de fe dicen que alguien está invocando al más allá para que ocurra el milagro. 


Bien valen todos estos hechos del folclor que en definitiva son inherentes a la mezcla de razas y culturas que resurgieron en esta final beisbolera, como un toque más de esa amalgama de espiritualidades. Y que casualidad, que esto reaparece con Matanzas. ¿Obra de un babalao? 

BÉISBOL, ¿QUEREMOS A VÍCTOR MESA?

BÉISBOL, ¿QUEREMOS A VÍCTOR MESA?


Por Amador Hernández Hdez


A raíz de la llegada del otrora estelar pelotero de los equipos del centro de la isla, en especial del Villa Clara, a la dirección del team Matanzas y de la selección nacional se ha originado un divorcio de sentimientos entre él y su público auténtico (villaclareños de pura cepa); divorcio exacerbado en la final del reciente play-off dado a la rivalidad entre ambas novenas. Quizás la fanaticada ha exagerado un poco en sus rechiflas a la Centella de la pelota cubana, sobre todo si nos atenemos que años atrás en este propio estadio —el Sandino— era vitoreado hasta el delirio por sus magistrales fildeos, batazos oportunos, atrevidos robos de base, y por ese carisma de pelotero show al cual todos los terrenos —incluyendo el Latino— le quedaban pequeño.

Pero no toda la culpa se le puede echar al “respetable”, que se siente dolido por las provocaciones del actual mánayer de Cuba. Su responsabilidad también tiene él. Sus constantes y agresivas salidas al diamante presionando peloteros y árbitros incitan a la indisciplina en las gradas y dentro del terreno; no se puede predicar la moral sin ropas. Sus intempestivas y constantes protestas provocan euforias exaltadas, gritos obscenos, frases irrespetuosas. Recordar que algunos personajes folclóricos naturales de la tierra de Víctor vienen al Sandino a realizar ritos de santerías en contra del equipo de casa, lo que no sucede en otras plazas donde juegan los yumurinos. Y si a todo eso usted le suma el morbo que se manifestó en casi todo el país con la exclusión del estelar receptor de esta provincia del tercer clásico, la no presencia de Manso en el cuerpo de entrenadores del pitcheo en la preparación de la selección nacional al cual fue llevado Riscart más por la amistad que lo une con Víctor Mesa que por mérito alguno y los exabruptos con que ataca el director actual de los matanceros a los periodistas de provincia en las mal llamadas conferencias de prensa, ahí tiene usted las raíces de los conflictos Víctor- público villaclareño. La pelota en Cuba despierta todas las pasiones posibles.

El sentirse excesivamente mimado por los periodistas de la prensa nacional que no le señalan sus serios problemas de carácter, con la excepción de Oscar Sánchez, y el tanto hacerse la  CNB los de la vista gorda ante esas realidades que se manifiestan en el siempre polémico Mesa están forjando otro cuadro que ya se cree intocable, y el ejemplo más elocuente de lo anterior lo encontramos cuando renunció a felicitar públicamente al equipo triunfador con el cual había alcanzado él mismo su condición de tetracampeón y el estrellato. ¿No fue ese gesto una falta de caballerosidad, un no aceptar la derrota en buena lid? Si lo hubiera hecho, de seguro hubieran comenzado a limarse los conflictos con su público autónomo.

Ya Víctor Mesa devolvió a Matanzas el espíritu beisbolero de antaño. La CNB debía de mantenerlo en este cuatrienio solo con la responsabilidad de la preparación de la selección nacional, pero sin permitirle arbitrariedades, pues este país tal vez sepa poco del Skateboard; pero de Beisbol tanto como el que más sepa, de lo contrario se sigue corriendo el riesgo de que la imagen de —apreciación personal— el más grande jugador de la pelota revolucionaria continúe degradándose y eso sería nefasto para el desarrollo de nuestro pasatiempo nacional.

¿Queremos a Víctor Mesa? Pues claro, no se renuncia al orgullo de sabernos coterráneos de un pelotero extraclase, de un hombre gloria de la sociedad cubana. Y soñamos en grande cuando le expresamos a Víctor que nuestro gran anhelo es ver juntos en el mismo equipo villaclareño a Víctor Víctor, al hijo de Pestano, al  de Yosvani Pérez Torres y al de los demás donde incluyo el regreso del retoño de Acebey, abrazados en los sobresfuerzos para continuar la senda ganadora del equipo en el cual sus progenitores tocaron el cielo con la punta de un guante o de un bate. Confiemos en que será más pronto que tarde.

BÉISBOL, DE SANTA CLARA A MADRID

BÉISBOL, DE SANTA CLARA A MADRID

Por José Saavedra Olivera


¿Cómo despertar de madrugada y no morir de infarto?

 

¿Cómo vivir un placer nocturno, sin que medie un cuerpo de mujer?

 

Desde hace algunos días y por motivos lógicos para muchos que vivimos en la diáspora, diferencias de usos horarios, distancia de la tierra amantísima y más que todo por el interés de revivir un momento indescriptible de alegría y emoción, vengo levantándome de madrugada para ver el play off de la pelota cubana.

 

Sobre todo porque disputaba mi equipo naranja por enésima vez, después de dieciocho años, desde su última victoria en el noventaicinco, volver a cargar con el trofeo de liga nacional de baseball. El sábado pasado toda la madrugada, despierto, viendo un juego de esos que te tienen en suspenso hasta el último out.

 

Hasta el noveno inning perdiendo una a cero. Luego finalmente saboreamos la derrota cuatro por una. Pero de cualquier manera, aunque con el lógico disgusto de la derrota, disfruté la alegría de ver la gente en las gradas del Sandino y hasta experimenté esa ilusión que muchos vivían allí. Esa noche también tuve el privilegio de compartir cada jugada con otros amigos a través de Facebook, unos en Miami, Atlanta y hasta en el Salvador. Y muchos otros tantos en el mundo entero, estarían mirando por ese resquicio que ya se abre al mundo.

 

Luego el domingo, pensando que el juego también sería de madrugada, me perdí la inmensa emoción de la tercera victoria. Ya casi a las puertas de un seguro triunfo por fin de nuestro equipo me dispuse a despertarme a las cuatro de la madrugada del martes, diez de la noche de lunes en Santa Clara. Antes de irme para el curro, quería llevarme esa alegría que contagia a todos mis coterráneos.

 

Cual sería mi sorpresa cuando no veo señas de juego en la trasmisión de Cubavisión por internet. Rápido busqué en internet para ver qué había sucedido y veo en un titular que se había suspendido. Al instante me vino a la mente que podía ser por alguna majadería de nuestro polémico Victor Mesa, que ahora estaba en el otro bando y ya había visto en juego anterior que le molestaba la conga en el estadio. Más que la conga, lo que le molestaba era la ironía de verse derrotado en su propia tierra y como mentor del equipo contrario.

Es difícil imaginarse a un villareño disgustado porque su equipo ganó. ¿Amarga ironía, verdad? Creo haber escuchado desde las gradas que le decían “vieja sufrida”. ¿Sería verdad?  No creo sea un apelativo muy respetuoso, pero no hay dudas que el humor e ingenio popular sea superable por ningún académico.

 

Al leer la noticia a las cuatro de la madrugada, supe fue por lluvia. Aunque quise dormir algo ese martes antes de ir para el trabajo, el desvelo pudo más. Me fui al curro muerto de sueño y ansioso de no ver por fin el triunfo.

 

En la tarde de ayer martes le conté a Pepe, cuando me preguntó si había visto el juego, que lo habían suspendido. Pero que ese martes sería definitivo. Luego recordamos él y yo, aquella final de hace unos años cuando fuimos juntos al Sandino y sufrimos la derrota ante Industriales, cuando la balanza del play off, tres a dos, hacía pensar sin dudas, Villa Clara sería campeón. No olvidamos aquel duelo provincial, cuando las vidrieras de toda la ciudad amanecieron naranjas y el rostro triste de los transeúntes.

 

Pero esta madrugada del miércoles en Madrid fue distinta. A las tres de la madrugada desperté, cuando el juego estaba empatado dos a dos. Veía a través de la trasmisión de Cubavisión por internet y escuchaba por radio rebelde, también desde internet, la algarabía de ese Estadio Sandino. Yo creo que nunca podré olvidar esa emoción de haber sentenciado que Pestano bateando con las bases llenas la botaría de jonrón. Aun con el bate en la mano envié un sms a mi primo Luisito en Cuba y algún otro amigo: Pestano la bota.

 

Y esta vez creo, nunca podría correr con más orgullo ese insigne receptor de la pelota cubana que se llama Ariel Pestano. Era la gracia de Dios manejando sus manos y cada músculo que empujó su bate. Era la respuesta divina a una injusticia que tanto sufrió él, su familia y toda la afición, no sólo de Villa Clara, sino de toda Cuba, cuando fue excluido del equipo Cuba que fue al clásico de Baseball.

 

Quién sabe por cual mezquindad, de las que el hombre a veces sufre, por la poca humildad de otros hombres. Y de esas tribulaciones, hemos sufrido mucho los isleños. Aunque al final siempre podemos ser recompensados, y con creces, como lo fue Pestano. En la entrevista lo escuché decir: Dios es grande. Como agiganta a los hombres la sencillez.

 

Eran las cinco de la madrugada cuando Jonder Martínez hacía el último lanzamiento y toda la afición se tiraba al terreno del Sandino. Era la victoria más esperada de cualquier villareño desde hacía dieciocho años.

 

Hoy quizás con algo de sueño. Pero revivido, sin infartar. Con el placer del corazón lleno de emoción.

 

Qué simple somos los hombres! La vista de un estadio repleto de gente alegre nos puede colmar de felicidad.

 

Saber que mi madre, no muy aficionada a la pelota, también desde Santa Clara compartía mi alegría frente al televisor. Y a cada rato nos comunicábamos mensajes.

 

La emoción mayor, es vivir la emoción de otros hombres.

 

Miércoles 19 de junio de 2013.

 

RANCHUELO TIENE DEPREDADORES DEL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

RANCHUELO TIENE DEPREDADORES DEL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

Por Luis Machado Ordetx


Ladrones saquean en la actualidad la casa de vivienda del antiguo ingenio “Santa María”, fundado en ¿1846? en las ubérrimas tierras de Ranchuelo. Dos años atrás  el recinto figuró durante medio siglo como dirección administrativa  de la entidad azucarera “Ifraín Alfonso”, radicada a 14 kilómetros de esa localidad villaclareña. 


Desde entonces permanece abandonado. A pesar del deterioro constructivo y la desidia de los “buscadores” de fortunas, el inmueble ostenta inigualables majestuosidades arquitectónicas y patrimoniales. En sus interiores alberga rarezas constructivas que tipifican el gusto y la ostentación de la aristocracia cubana de finales del siglo XIX.


Allí destacan estructuras de una edificación que funden líneas neoclásicas y eclécticas. Los techos son rectos y artesonados, con empleos del cedro y la caoba americana como cardinales maderámenes. 


En los balcones corridos hay predominios de rejas de hierro forjado, guardapolvos conopiales, y repisas rectangulares y vitrales según complacencia espiritual de una sacarocracia cubana o extranjera que convirtió al ingenio-central en fuente de engrandecimiento económico. 


 A los dormitorios, en el segundo nivel, se asciende por hermosas escaleras. Una del tipo de caracol, con pasamano tallado, ensambles de bronce y piso de mármol blanco. Otra, de dos piezas, concebida con madera preciosa. 


Los portales, de techos planos, sirvieron de miradores y terrazas de la parte principal del cuerpo central de la vivienda y sus respectivas  habitaciones. Desde esos lugares es divisada la industria azucarera, distante a unos 100 metros. Los pisos de la casona sufrieron algunas transformaciones en sus estructuras originales. Todavía muestran “determinadas” bellezas decorativas, o la presencia de mármol importado de Italia. 


Los baños son amplios. Abundan en ambos niveles y ostentan sus respectivas comodidades, con bañaderas y lavamanos de hierro esmaltado y empotrado a las anchas paredes armadas con  ladrillos de barro cocido. 


La casa vivienda carece de un mantenimiento que recupere sus vetustas bellezas, pero no está perdida del todo, tal como es apreciada en todas sus dimensiones. Solo que allí habrá que contener la búsqueda insistente del… 


                                         ¿ARCA PERDIDA?


La hacienda-casa de vivienda perteneció al santanderino Esteban Isidoro Cacicedo y Torriente, empresario español asentado en Cienfuegos en 1865. Allí formó diferentes sociedades mercantiles y comerciales. Un tiempo antes  adquirió el ingenio “Santa María” y fomentó inversiones bursátiles. Las zonas Ranchuelo-Cruces-Santa Isabel de las Lajas constituyeron un envidiable emporio azucarero. 


En las cercanía funcionaron por esa época los ingenios “Santa Rosa”, “Pelayo”, “Guáimaro”, “El Rubí”, “Vista Hermosa”, “San Rafael”, “San José de Pedroso”, “Lola”, “Jagua”, “Fortuna”, “La Esperanza”, “Rosita”, “San Ignacio”, “Santa Rita”, “Santa Rosalía” y “Aurelia”, existentes algunos hasta principios del siglo pasado. Todos estaban incluidos en la actual Villa Clara, territorio que en 1850, según Sugar Plantations in the Island of Cuba, tuvo 169 fábricas. En el país había 903 industrias azucareras.


En la región de Cruces-Santa Isabel de las Lajas radicaron “Adelaida”, “Andreíta”, “Angelita”, “Armantina”, “Dos Hermanas”, “Elena, “Laqueitio”, “Mercedes”, “San Agustín”, “San Francisco”, “San isidro”, “Santa Amalia”, “Santa Catalina” y “Teresa”, correspondientes ahora a la parte de Cienfuegos.


¿Por qué el arca perdida en la casona de los Cacicedo y Torriente? La familia fue la única propietaria del ingenio hasta 1960. La industria fue nacionalizada en esa fecha. La familia era una de las más acaudaladas de origen español en Cuba. Los capitales monetarios emularon con Laureano Falla Gutiérrez y el vizcaíno Nicolás Castaño Capetillo, considerados entre los más pudientes vinculados a las relaciones bursátiles y azucareras del país.


Los “buscadores”, de día o de noche, sin interesarles la cercanía de la industria azucarera, rompen los pisos de las habitaciones de la antigua casona de la familia Cacicedo y Fernández. Hurtan los marcos de madera y las puertas españolas de las habitaciones, y hasta la bañadera fue desprendida de su sitio original. Los antiguos propietarios del ingenio por más de once décadas —¿1846?-1960—, conservaron sus riquezas monetarias, joyas y otras pertenencias valiosas en cajas soterradas. 


Al menos eso cuenta el imaginario popular. Tal vez sea la razón de los destrozos que sufre el inmueble, sobre todo en pisos, paredes y maderas. Nadie pone coto  a los desafueros de  rateros de “poca monta” que medran a costa  del patrimonio arquitectónico del país.


Después, en 1898, Cacicedo y Fernández también adquirió el antiguo ingenio “Carolina”, cercano a Venta de Río, en Cienfuegos. Allí se conservan, según los historiadores, las características del típico asentamiento agroindustrial azucarero del siglo XIX. Esa fábrica concluyó sus operaciones fabriles en 1914, y a partir de entonces fomentó el desarrollo ganadero. 


Durante la segunda década del pasado siglo la firma comercial Cacicedo y Cia, era una de las más prestigiosas de Cienfuegos. El poderío económico reservado, de igual modo, rivalizó con las arcas monetarias de Nicolás Castaño y Cia, así como F. Hunike y Cia, y Suero Balbín y Valle Co, catalogadas entre los más notables importadores y exportadores de la región sureña.


En la historia del antiguo ingenio “Santa María”,  actual empresa azucarera “Ifraín Alfonso”, hay otras dudas. Luis J. Bustamante en su Diccionario Bibliográfico Cienfueguero (1931), expone que la fábrica fue inaugurada en 1846. En Sugar Plantations in the Island of Cuba (1850), no está registrado esa instalación en la localidad de Ranchuelo.  Por esa fecha otras cinco fábricas tienen igual nombre en el país. Estaban ubicados en Corral Falso (Güira de Macurijes), Colón Baja (Guantánamo), Lagunillas (Cienfuegos), Güira de Macurijes (Matanzas) y San José de los Ramos.


En Triunfos y Programas de la Federación Nacional Obrera Azucarera (1945), declaran que el “Santa María” es de nacionalidad cubana. Aparece Esteban Cacicedo, de origen español, como propietario. La fecha de fundación, dice el texto, ocurrió en 1849. Entonces, ¿A quién creer? Esa constituye la fecha más exacta. ¿Por qué? El libro Sugar Plantations in the Island of Cuba fue publicado en 1850. Por supuesto, no pudo recoger las fábricas que iniciaron la producción azucarera en el año precedente.


Otro elemento de incertidumbre lo ofrece el relieve de la campana de bronce. El implemento era utilizado en la antigüedad como anuncio y cierre de las faenas productivas, el culto religioso y contingencias mayores. Luego fue sustituida por el potente silbato en tiempos de moliendas. Sin embargo, se conservaron como reliquias históricas. Por lo general, en los ingenios habían dos campanarios públicos: uno grande colocado entre la casa de calderas y el barracón, y otro más pequeño a la entrada de la casa de purga. 


El auténtico instrumento metálico del “Santa María” está protegido como vestigio histórico. Lo atesoran en un área anexa al “Ifraín Alfonso”, única fábrica de azúcar en activa en el municipio de Ranchuelo.


El inmenso campanario fue encargado a la fundición “Mennelys West Troy”, un establecimiento de Nueva York especializado desde 1826 en fabricar esos aparatos de sonidos manuales. En relieve tiene incrustado en la parte superior “Santa María”, y más abajo registra la rúbrica “Eduardo E. Abrew”, 1862. Por mucho que rebusco en libros históricos, no logro descifrar el misterio de ese nombre.


 Algunos  estudiosos locales alegan que el campanario salió del crisol  Mac Farlane, en Filadelfia. La fuente auténtica hay que buscarla en Nueva York. Esos fueron los verdaderos cocedores de una aleación en bronce que en algún momento estuvo en una atalaya próxima al ingenio  de Ranchuelo. 


Por fortuna, como no ocurrió en otras fábricas de su tipo, el campanario permanece allí, en el recuerdo del látigo que cercenó la piel de los esclavos, o extrajo en el pasado el sudor de los obreros asalariados.


 Un coto diferente habrá que imponer a quienes desmantelan y usurpan —a costa de la conservación del patrimonio arquitectónico— la cultura viva de una antigua casa de vivienda, representativa de ese caudal de historias que se fundó con el ingenio azucarero cubano.