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PERDURABLES ASOMBROS DEL CUENTERO MAYOR

PERDURABLES ASOMBROS DEL CUENTERO MAYOR

           

                        Por Luis Machado Ordetx

                    (Testimonio exclusivo del declamador villaclareños Severo Bernal Ruiz, incluido    en    el libro La Espiga Ignota, próximo a aparecer por la editorial Capiro, en Santa Clara).                             

                              

                      « [...] guajiro de siempre, con el arique al 

                      tobillo, sostengo a esta ciudad entre los huesos».[1]

                                                                        Onelio Jorge Cardoso

 

Tenía tantas deudas con Santa Clara que, casi en el ocaso de su vida, prefirió tragárselas todas de un tirón. Como nadie, a pesar de su escasa cultura cuando arribó a aquí en los años finales de la década de los 20, probó con minuciosidad de orfebre las más variadas vertientes periodísticas y literarias, con excepción del teatro y la novela, para tomarle el pulso a la realidad.

En la fronda del tiempo, con absoluta plenitud, ese «cuentero» que llevó adentro, pensó dispensarle un recuerdo nítido al cúmulo de anécdotas, historias y amigos que forjó en la ciudad.

La muerte, con carcajada hiriente, tras el vahído que sufrió en la mañana del miércoles 26 de marzo de 1986, truncó parte de las memorias contadas con fidelidad de detalles. Sin embargo, todavía lo percibo aquí, entre fotos, regalos y papeles; siempre hablando o dormitando en el sillón de esta vivienda, a la que venía con reiterada asiduidad. 

Cuando las escapadas lo permitían, sea el sitio que fuera, aparecía entre nosotros. Entonces, creo que, tal parece, los golpes dados a la máquina, allá en el hogar habanero, donde conformaba el último de sus cuentos, «La presa», presagiaron el final de la existencia, tres días después, víctima de un accidente cardiovascular. Narraba las experiencias de un hombre que conquista una sola de todas las satisfacciones en el instante próximo al adiós de los mortales.

Sé, como pocos, que recordaba fielmente cuánto asimiló la ciudad en sus entrañas. Con 13 años, en 1927, apareció en Santa Clara: vino a instalarse, guiado por la familia, en la calle Síndico, esquina a Villuendas. De inmediato, fue matriculado en la escuela primaria-superior, número 1, donde cursó el séptimo y octavo grados bajo la tutela del maestro Atilano Díaz Rojo.

Luego vino el estudiante del bachillerato, pero no concluyó su estadía en el Instituto de Segunda Enseñanza, porque el hambre lo azotaba por cualquier rincón, y decidió acometer de inmediato los más disímiles trabajos: desde vendedor ambulante, hasta corrector de pruebas y anunciador de medicinas.

Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero Mayor de los cubanos, buscaba amigos, y de campechano como era, decidió que su gracia consistiría en entablar relaciones que suplieran las carencias del conocimiento: embistió diversas fuentes del saber y, de pronto, contra toda esperanza, anidó apegado a los trajines del consejo editorial de la revista Umbrales, publicación que promovía la poetisa María Dámasa Jova.

Ardientes polémicas estéticas lo alejaron de inmediato de aquel recinto, y al olvido inicial quedaron los apuntes como crítico y «versificador» de poca monta, para aventurarse junto a Juan Domínguez Arbelo, Carlos Hernández López, Tomás González-Coya Alberich, Faro González Fleites y Rafael Lubián Aróstegui, en la organización, en 1934, del denominado Club Juvenil Artístico-Literario Umbrales.

Domínguez Arbelo insufló otros vientos al grupo: animó a escribir cuentos, a rastrear en los hombres y sus vivencias, hurgar y crear los personajes y volcarse hacia la realidad inmediata donde se coronara la reconstrucción de los ambientes; por lo que dio cursos teóricos con las últimas novedades literarias que aparecían en el campo de la escritura.

 En «Las tardes del cuento», programa sabatino del Club, Jorge Cardoso presentó ante el auditorio de Umbrales las primeras piezas poéticas, y fueron tantos los señalamientos al neorromanticismo trasnochado que, de inmediato, decidió abandonarlas por siempre. Fue en ese momento en que me sumé a los jóvenes del Club en calidad de declamador.

Los ojos y el olfato de Onelio, pasaron a ser de inmediato, trazos breves para su narrativa: relatos muy cortos, de índole costumbrista, sicológica y real, entre los que incluyó «Negra mía», una estampa folklórica; «El milagro» y «Tú y usted», considerados en la actualidad como los primeros que escribió.

 Eran, a veces, tan malos en su concepción escritural,  que se los hacían migajas, pero él, admito, forcejeaba, buscaba lo propio. Andaba prendido del «Decálogo», de Horacio Quiroga, y de aspectos  relacionados con la comunicación y la dramaturgia oral, narrativa o  la preceptiva literaria.

En ocasiones, se afirma, incluso Jorge Cardoso. En ciertas formulaciones sostuvo que era del todo un escritor autodidacta, tema del que comentó durante el cúmulo de entrevistas a que fue sometido en las décadas de los 60; 70 y hasta 1986, fecha de su muerte. Ese hecho no es del todo cierto, y que me perdone.

Mira, estoy entre la primera hornada de Umbrales, y la memoria y papeles hallados recientemente, casi vírgenes, de mediados del octavo lustro del siglo pasado, cambian toda esa tónica: el sábado 21 de marzo de 1936, el Club dedica sus labores al esbozo teórico «El arte del cuento: estudio crítico», presentado por Domínguez Arbelo.

Allí se analizó «El hombre de la petaca» y «El reloj vengador», ambos de Manuel García Consuegras, así como «Cronista por tres días» y «Dos crímenes», de Carlos Hernández López, y «El velorio y el milagro», de Jorge Cardoso.

Los dos últimos autores, salidos de las páginas de la revista Umbrales, y después sabáticos del Club, se prepararon en teoría y corrigieron defectos literarios para participar en el concurso de narraciones que en mayo de se año promovió la revista habanera Social.

En el certamen Onelio ganó el primer premio con «El velorio y el milagro», de temática campesina, mientras Hernández López, con «La traición», y «Bertelot», ocupó la segunda y tercera posiciones. Después las sesiones teóricas continuaron con el propósito de limar defectos, estudiar los estilos literarios de autores contemporáneos, tanto cubanos como extranjeros, y colocarse al día con los requerimientos técnicos que exige siempre el arte de narrar.

Desde entonces, Jorge Cardoso y otros villaclareños incorporados al Club Umbrales, rastrearon historias y recorrieron los campos cercanos a Santa Clara, con la finalidad de indagar en las costumbres y psicologías de los hombres que habitaban o laboraban en esos parajes.

Hicimos varios ejercicios periodísticos y narrativos; fuimos por veredas y cuestas empinadas en zonas rurales donde abundaban los campesinos, carboneros y gente humilde, y formulábamos historias que, con elementos fantásticos, abundaban en la realidad de las vidas de gente de carne y hueso.

Esas experiencias, la rapidez de los diálogos y la síntesis de los conflictos, tenían una recreación periodística, lo admito, pero el sustento era narrativo, porque imperaba la descripción y la presencia de escenas que, sin mucha elaboración, constituían una historia literaria.

Así, con frecuencia, Onelio Jorge Cardoso, Luis Tamargo, Domínguez Arbelo, Hernández López y otros jóvenes fuimos a las alturas de Pelo Malo, el Escambray u otros sitios, y entablamos peroratas con cuanto campesino o transeúnte localizamos en el camino. Ahí están las fotografías, en muchas hasta aparece un mono que figuró de mascota del grupo. En algunos de los cuentos y tradiciones que Onelio recreó después con un prisma realista o fantástico, salieron de las miserias, los sueños vacíos o repletos de plenitud espiritual; la discriminación y las inmundicias que percibió en aquellos periplos.

El premio Hernández Catá, que mereció por «Los carboneros», en 1945, llevó en esencia los recuerdos que guardó en la memoria sobre las anécdotas que escuchó en aquella época por los alrededores de Santa Clara, lugar que le permitió componer atmósferas y psicologías humanas, enriquecidas después con el  tránsito por Matanzas en labores viajante de Medicinas y la posterior ojeada a la Ciénaga de Zapata.

Andábamos, en aquella ocasión por Pelo Malo, vestidos al hábito de los guajiros; con sombrero y botas de labranza, aunque a él no era necesario colocarle esa indumentaria para detallar en su catadura campestre. Durante el proceso de escritura, Domínguez Arbelo requería del traspaso de relatos, de corte costumbrista, verista o fantástico, en que se fijara, de acuerdo a la originalidad de cada cual, lo apreciado en la travesía.

La antológica pieza «El cuentero», que nadie lo dude, aun cuando Onelio Jorge Cardoso jamás lo dijo por lo claro, retoca de pie a cabeza al poeta matancero-villaclareño Enrique Martínez Pérez, asiduo visitante a las tertulias literarias y campechanas que se sucedían en el bar Ideal, de esta ciudad. Creo, alguna que otra vez, repetí esto, criterio compartido por unos pocos.

A finales de 1937, tras los topetazos y consejos que sustenta con el dominicano Juan Bosch Gaviño, residente en Santa Clara, y también el camagüeyano Emilio Ballagas Cubeñas, además de las lecturas que hace de la obra de Luis Felipe Rodríguez, decide aventurarse a la conducción de las tertulias literarias de la Academia Luz y Caballero, perteneciente al Colegio de igual nombre que dirigía la profesora Celia Melgarejo, en Villuendas y Marta Abreu, en los altos del Correo Viejo, sitio que ocupó El Billarista.

Su osadía era mayúscula: Raúl Ferrer Pérez le extendió una invitación para que ocupara un aula como maestro cívico, perteneciente al Escuadrón 37 de la Guardia Rural, en el central Narcisa. Allí estuvo por un tiempo. Un espíritu de superación, intrínseco a su personalidad de husmeador perenne, lo enriquecía por dentro. De ahí, tal vez la formulación absolutista del autodidactismo.

En La Publicidad, diario de Información de Las Villas, con redacción en Santa Clara, inicia una sección dedicada a difundir a cuentistas cubanos, latinoamericanos y europeos. Hasta 1943, después de casi dos años ininterrumpidos, fecha en que está próximo a partir hacia Matanzas, Onelio Jorge Cardoso dirige ese apartado cultural. Revisen la prensa de la época y se percatarán que su concepto está alejado del sentido folletinesco y baladí que imperaba en otros diarios de esa época.

La obra de Gorki, Gervaise, Gaynor, Mainichi, Regis, Benavente, Maurois, Vargas Vila, Quiroga, Eustacio Rivera, Rulfo y otros narradores de fuste, brota reflejada en las páginas del rotativo, hecho que constituye un hallazgo para un medio de ese tipo, dirigido, sobre todo, a un público mayoritario donde tiranizaba la revelación hueca.

Mira, aquí tengo una carta que escribió en 1943, desde Matanzas, al amigo y poeta Sergio Pérez Pérez: reconoce las enseñanzas legadas por Santa Clara y, en especial, da «vivas» a los jóvenes del Club Umbrales. Ya por entonces es un escritor que se  consagra  hacia otros horizontes, incluida la radio y la televisión después, y percibe los ignotos asombros que solo la voluntad y el espíritu de crecer hinchan al aire. A veces repetía de manera proverbial, muy guajiro al fin, que a las montañas no se subía por caminos llanos.

En el texto, al describir sobre las historias de Sandalio Simeón (Potrerillo) Consuegras Castello, uno de los prospectos que jugaba  en aquel tiempo con el Deportivo Matanzas, dice a cara destemplada: «Hoy mismo intimé con un gran pelotero -Consuegra-no el Indio- que muy alto ha puesto el nombre de Cuba. Pues me cuenta que tiene 23 años, y de muchacho -como si ya anunciara- dejaba la "guataca al anochecer y se iba a tirar naranjas y echar juegos que le costaban a la mata toda la carga de sus frutos ácidos". ¡Ves, era su gran vocación, y ahora da gusto y orgullo ser su amigo, porque sale uno con él y toda la gente le hace coro preguntándole de pelota y mirándolo de arriba abajo. Él se turba porque esta es su condición aparejada a la vocación de los mejores, se turba, pero cuenta y se enorgullece. Si el hombre no está contento de algo suyo, pues no está vivo.

Más adelante precisa: « [...] la gente nace para una cosa, y que se aparte todo el mundo: que allá va el hombre con todos sus sueños. Eso sucede en todos los campos».[2]

El mundo ofrece sus lecciones: ese pitcher derecho, se regocijó de record en escenarios cubanos con el Club Cumanayagua y el Atlético de Marianao; probó suerte como profesional de las Ligas mexicana, venezolana y norteamericana, y vistió las franelas de los equipos de Puebla, Monterrey, los Gavilanes, Medias Blancas de Chicago, Senadores de Washington; Orioles de Baltimore y Gigantes de Nueva York.[3]

Onelio sin quererlo lo vaticinó. Tenía ese Potrerillo Consuegras una extremidad y músculos de hierros, y se convirtió en un hombre que, en 1954, al jugar con los Medias Blancas consiguió el título de primer lanzador latinoamericano en conquistar el campeonato de la Liga Americana con balance final de 16 victorias y 3 derrotas.

Él, sin saber qué depararía el tiempo a ese pelotero, narró la historia de los inicios de un joven que tiró piedras, para paliar el ocio y el hambre, entre los naranjales del pueblo natal, y templó de tal manera la espalda y las piernas que, desde el montículo, luego se hizo inmenso. Sería bueno que un día se diera a conocer completa esa carta, por que, sin duda, constituye una homonimia de  Onelio, quien precisamente  fue eso: un recreador de anécdotas, de la isla y del universo, capaz de cautivar con la magia que prodiga la palabra exacta que entona un sueño sin fronteras de latitudes y épocas.

Por eso, tal vez, dibujó desde Santa Clara aquellos minuciosos y perennes fragmentos de su mundo, colmados desde una óptica humana y original, y a ratos y por siempre, se asomó a la pupila del periodista y del escrutador que escribe colgado de los infinitos asombros de la realidad. 



[1] Luis Machado Ordetx: «El cuentero cabalga en sus setenta», en Vanguardia, Villa Clara, 22 (244): 2; domingo 20 de mayo de 1984.

[2] Onelio Jorge Cardoso: Carta a Sergio Pérez Pérez, fechada en Matanzas, lunes 15 de noviembre de 1943. [Inédita].

[3] Murió en los Estados Unidos en 2005.

EJÉRCITO DE CREADORES Y PERIODISTAS

EJÉRCITO DE CREADORES Y PERIODISTAS

Por Luis Machado Ordetx

Durante la semana, entre periodistas y directivos de la Radio en Villa Clara -al igual que todo el país-, hubo celebraciones por el aniversario 85 de ese medio de comunicación, y sobre todo trascendieron los talleres teóricos que abordaron la perspectiva interna y la trascendencia y eficacia informativa del sector.

El acontecimiento estampó pautas en las actuales y perspectivas constancias por una mayor ligadura con las fuentes de información y la inmediatez en la recepción de los discursos noticiosos que precisa el pueblo, como trascendió en las ponencias presentadas por Luis Orlando Pantoja («Martí periodista»), Alexander Jiménez («Vigencia de Palabra a los intelectuales») y Dalia Reyes Perera («Resolución del Buró Político»), hechos que dieron la posibilidad de ensanchar debates entre todos.

Junto a los afiliados del ramo, también intervinieron representantes de la UNEAC y la Sociedad Cultural José Martí, así como de colegas de Vanguardia y Tele Cubanacán, y se detalló en las virtudes permanentes del hacer periodístico del Héroe Nacional cubano, impuesto de la sagacidad observadora, de elección justa de la palabra y de un tema capaz de llamar la atención de lectores de Iberoamérica, y también de los Estados Unidos, territorio donde residió durante casi tres lustros, indicó Pantoja.

Por su parte, Jiménez tocó envolturas de la crítica artística y literaria, la ausencia de estrategias públicas y el intenso burocratismo de determinadas instituciones que lastran el desempeño profesional en tiempos que demandan de la existencia de una sociedad plural que refuerce nuestras tendencias patrióticas de absoluta cubanía.

El Doctor Ordenel Heredia Rojas, al abordar a «Palabras a los Intelectuales», de 1961, fue puntual en conceptos de Fidel, y declaró que: «No se puede ser artista de excelencia, al margen de la sociedad, necesitada siempre de reforzar el papel del intelectual en un proceso de transformación revolucionaria como el que lleva adelante el país.»

Eso ejemplariza para todos, declaró. En tal sentido entroncó lo subrayado por Reyes Perera, quien recordó la sólida cultura política del pueblo, la posición de «oídos sordos» y escaso vínculo con determinadas fuentes que frenan, aunque está legislado por el Buró Político, el ejercicio del criterio  y del análisis  profesional.

Inmersos en un ejército de creadores, zonas en que se mueve el periodismo, dijo Aldo Isidrón del Valle, la historia no puede apartarse de la realidad y el profesional tiene que recrearla, con capacidad y sagacidad, tal como es.»

Hay confianza en el periodismo, incluso para abrazar los retos de la validez informativa, pero aún se carece de un diálogo coherente  y efectivo entre algunas instituciones y la prensa, como se reconoció en este taller teórico empeñado en afianzar la calidad de los mensajes que recibe una audiencia, que a la vez, se aprecia por sus valores cultos y sentido crítico del momento.         

DISTINGUIDOS LIBREROS EN VILLA CLARA

DISTINGUIDOS LIBREROS EN VILLA CLARA

 

Por Luis Machado Ordetx

La lectura, y los sitios que propician la adquisición de textos nuevos o viejos y también sus rarezas editoriales, resulta una peripecia obligatoria para cualquier mortal dispuesto a ampliar los conocimientos y el universo cultural en que se desempeña en medio de cualquier latitud o faena.

No importa la edad para recorrer los anaqueles, y tampoco pensar en precios, sobre todo cuando el valor espiritual jamás tendrá un límite preciso.

Ubicada en un lugar preferencial, el Proyecto Ateneo-Librería Pepe Medina, en la aparición de la calle Colón, justo en el Parque Vidal, en Santa Clara, favorece la visita al recinto, y más allá de la curiosidad, insta al recién llegado a la elección de los ejemplares que solicita, según la disponibilidad de los suministros y el monto monetario del que cuente.

Un punto para la venta es clave, y cuando está volcado a la comunidad, aportando saberes espirituales, el crecimiento será mayor; de ahí que, de lunes a domingo en horarios que se extienden desde el amanecer hasta entrada la noche, el público, curioso o no, vaya al lugar para adquirir libros o intervenir en tertulias profesionales que con una periodicidad mensual ocurren en el recinto.

Junto al cumplimiento de los programas de ventas (superiores a los 460 mil pesos el pasado año y las recaudaciones del presente), así como la intervención activa en la comunidad, valieron a los 12 trabajadores de esta librería la condición de Vanguardia Nacional del SNTC, única en Villa Clara en alcanzar ese galardón.

Magalys Valcárcel Rojas, administradora de la entidad perteneciente al Centro Provincial del Libro y la Literatura, precisó que en la década de los noventa conquistaron por una vez la distinción, y luego durante el 2004-2005 se erigieron como la mejor de su tipo en el país, al tiempo que recibieron la Bandera Héroes del Moncada.

Esos méritos están sustentados por las peñas-talleres que allí se suceden, las extensiones de ventas de libros -incluidos los de uso- y de discos, tanto dentro como fuera del perímetro, además de la participación directa en Consejos Populares, ferias en todos los municipios y la incidencia en centros docentes internos o en entidades militares, apuntó.

El Ateneo-Librería, surgido en marzo de 1998, tiene espacios caracterizados en poesía, narrativa, literatura infantil y de personalidades, en los cuales intervienen y conducen escritores de reconocidos prestigios dentro de la región, y a los que se suman visitantes asiduos o esporádicos de la institución cultural.

Precisa Valcárcel Rojas, al frente del centro desde hace una década, que aún restan otros propósitos de fomento de la lectura y animación artístico-literaria, pero limitaciones materiales -rotura del equipo de climatización y la tardanza o el no arribo en tiempo de novedades editoriales cubanas-, afectan esos empeños.

No obstante, tal como demuestran las encuestas que ejecutan, más de 300 personas recurren la librería por día, quienes reciben un esmerado trato, en la búsqueda de variados títulos y autores, principalmente los relacionados con la literatura infantil y juvenil, así como de clásicos cubanos o extranjeros y de escritores del territorio. También indagan, sobre extranjeros de tránsito por Santa Clara, por libros dedicados a resaltar la figura del Che, solo que esos ejemplares son comercializados por ARTEX, dependencias a las que envían a los solicitantes, según detalló.

Por esas razones, y muchas más, en septiembre los trabajadores de esta librería recibirán con agrado una distinción que los comprometerá con los firmes pasos que reclama la lectura y el conocimiento.

 

MANOLÍN, UN ALTÍSIMO HISTORIAL

  Por Luis Machado Ordetx

 

Un pláceme mayor tiene la Radio Cubana, a las puertas del aniversario 85 de su nacimiento, el próximo 22 de octubre, y junto al nombre de Luis Casas Romero, no ignoraré a Manuel Álvarez Álvarez, Manolín, el carrañense, natural de Santiago de Ambás, España, quien un excelente día partió de la Península Ibérica para aplatanarse en Caibarién, al calor de la costa y su gente diáfana y emprendedora.

Desde allí, justo lo reconocen actualmente varios biógrafos que concluyeron estudios de Periodismo, y tras el análisis factográficos de importantes papelerías que pulsan la pericia de un hombre que arribó a la Isla en 1905, lo ubican como Pionero imprescindible de la Radio Cubana.

Antes que expirara el tercer lustro del pasado siglo Manolín obtuvo por correspondencia el título de Radiotelegrafista y emprendió de manera afanosa las rutas creativas del diálogo  con el pueblo, la creación de emisoras y la recreación artística o informativa de cuánto acontecimiento surgiera a su alrededor.

El legado histórico que fundamentó desde 1920, cuando inauguró la 6EV, planta que desde la Villa Blanca -en banda de los 225 metros-, resultó el firmamento de una época, y luego se empinó en 1925 con la 6LO, y un lustro después montó en ese territorio la CMHD, la emisora de mayor potencia de todas las alejadas de la capital cubana.

Fallecido en 1986, a la edad de 94 años, junto a su esposa, la habanera Olimpia Casado Mena, operadora de planta radial, se incluyen ambos entre los indiscutibles iniciadores de la historia antillana en ese medio de comunicación, con avales trascendentes para jamás encasillarse en el mutismo o el olvido.

Ahí está su aportación: en 1938 la Asociación de Prensa de Cuba dejó nota del reconocimiento, tras años antes, en unión de Feliciano Reinoso Ramos y Lorenzo Martín -en funciones de narrador y traductor-, transmitir de manera simultánea la señal de la WLW, desde el Madison Square Garden, en Estados Unidos, la descripción, detalle por detalle, de la pelea de boxeo entre Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey, hecho que figuró en el primer capítulo conocido dentro del comentario deportivo nacional.

De igual manera, antes que cerrara la cuarta década del pasado siglo, fecha en que Manolín dispuso de emisoras en Caibarién, Santa Clara o Sagua la Grande, no hubo acontecimiento cultural, social o político en esos territorios que no llevara la impronta de la inmediatez y la resonancia informativa, y así lo clarifican sus estudiosos.

No cabe dudas, otras páginas tendrán que venir en lo futuro, capaces de atestiguar desde la verdad histórica y documental cada uno de los contribuciones y virtudes que competen a un hombre que, lejos de su terruño, estampó en Caibarién y en Cuba un rumbo inusitado a la Radio  comercial del país que tomó en las entrañas, como uno más entre todos los naturales de esta tierra.

Por si fuera poco, hasta el último aliento de vida -30 de marzo de 1986-, desde su vivienda de María Escobar, número 26 altos, en Caibarién, siguió misiones de empedernido radioaficionado, para demostrar al mundo que la obsesión y aventura de juventud, como misionero de la comunicación, serían, hasta la muerte, en un eterno pacto de historia con la palabra hablada.

OTRA SIERVA DE LA HISTORIA

OTRA SIERVA DE LA HISTORIA

 

Por Luis Machado Ordetx

La pintura, por estos días, como dijeron los origenistas al comentar los alcances y posibilidades de la poesía, anda por nuestros predios como sierva de la historia, en testimonio del presente y el pasado de nuestras realidades, comulgando en géneros y estilos, en esencia y trascendencia de lo inmediato y lo posible.

Viaje a la Semilla, en la ida y venida de los artistas de la plástica contemporánea nacidos en Villa Clara y residentes en otras regiones del país, propicia ese encuentro todos los octavos mes de cada año desde hace una década atrás.

Y más que cifras, subrayadas el miércoles por Raúl Santos Serpa, hasta el territorio, vinieron 33 exposiciones, con 770 piezas y  11 muestras personales de reconocidas firmas que, después de la partida hacia otros lugares, abrigaron el instante de llegar a los sitios donde crecieron y presentar sus credenciales en medio de un entorno familiar e incluso desconocido para lo que antes persistió en ese lugar.

De ese modo, en medio de la añoranza y el repaso a lo pasado o lo presente, hay un pensamiento de disfrute puesto en el otro, el receptor,  ávido por el aprecio a las técnicas, estilos y modos de componer en las artes plásticas contemporáneas en Cuba.

Ahí pervive la historia de la galería Encuentro, en la Casa de la Ciudad, y más reciente la inaugurada en Cifuentes, catalogada como excelencia en el arte contemporáneo, al albergar firmas que prestigian a Cuba: César leal, Portocarrero, Zaida del Río, Adagio Benítez, Diana Balboa, Lesbia Vent Dumois, Fabelo, Alexis Leyva (Kcho), Sosa Bravo, Rodríguez Fuster, Eduardo Roca (Choco), Aida Ida Morales, Santoserpa, José Miguel Pérez, Ares, Rodríguez Bonachea, García Peña o Alberto Lescay.

Que tenga conocimiento, en pocos lugares de la Isla hay ubicados tantos derroches de talentos y sabidurías artísticas, y eso, en cierta propensión, vale por mucho y constituye un aporte y un reconocimiento de las hornadas sucesivas de Viaje a la Semilla, en un diálogo abierto por definir rumbos y trazar metas en cada una de las estadías por nuestros contornos.

Lejos del imperio de las cotizaciones que tienen los terminados de las artes plásticas, todos sustentan, y así lo reafirman en las diferentes visitas, un apego a lo propio para reiterar el desprendimiento de lo personal que trascienda en la esencia de lo disfrutable en el otro.

Todavía, después de la ardua jornada de ayer en conversatorios sobre la plástica cubana contemporánea, ocurrido en Cifuentes, y las inauguraciones de Huellas y embriones, de Rodríguez Noa en el Centro de Patrimonio, y de Agua, tierra y fuego, muestra colectiva del Taller de Cerámica Mirta García Buch, quedan instantes infatigables para este sábado y domingo, platos fuertes en los que convergen todos los visitantes, con partes de sus últimas elaboraciones, así como Zaida del Río, Duvier del Dago y Aida Ida Morales en una presentación única en Zuluetas.

La estimación por cuánto queda, persiste en la memoria colectiva, de ahí la huella que Viaje a la Semilla, alejada de cualquier incomprensión, traslada con asiduidad hasta nuestras ciudades, como prolongación del silencio artístico o las exposiciones artísticas que se suscitan en instituciones capitalinas o de cualquier parte del mundo. De todo, el reconocimiento por hacernos partícipes de la distinción de las particularidades estilísticas o vivenciales de otra insustituible sierva de la historia.  

 

 

 

  

LA REPÚBLICA ESPAÑOLA ENTRE POETAS VILLACLAREÑOS

LA REPÚBLICA ESPAÑOLA ENTRE POETAS VILLACLAREÑOS

 

Por Luis Machado Ordetx

(Texto leído el viernes 10 de agosto, en ocasión de las Lecturas de Verano, en Santa Clara, Villa Clara, el cual resalta la solidaridad internacional de los escritores cubanos con un acontecimiento mundial que marcó la bravura de un pueblo en la lucha contra el fascismo).

En julio de 1936, al evaluar particularidades sobre el arte y la literatura, Marinello indicó que «Cuando una cultura se vuelve sobre lo circundante, cuando quiere ser una interpretación de lo que nos rodea, de los problemas sociales que nos inquietan, esa cultura es una formidable, una decisiva, arma política.»[1]

Y, hacia esa interioridad enrumbó las preocupaciones acuciantes de cuánto aconteció en el mundo, principalmente en Europa y la escalada fascista.

Las más variadas expresiones y estilos poéticos de una generación de escritores villaclareños que, entre el segundo lustro de la década de los 30 y principios de los 50, marcaron una diferencia en temas y el modo cantar de la angustia y la historia suscitada por la República Española, urgida de  una solidaridad internacional capaz de vestir los frentes de combates contra el fraquismo.

Varios de los integrantes de ese grupo, y casi toda sus obras -a pesar de disponer en el período de diversos libros publicados-, carecen de un estudio sistémico, incluso, son ignorados, aun cuando algunos ostentan suficientes méritos dentro del panorama literario cubano.

En similar medida, Ballagas,[2] se acogió a «poemas sociales y de servicio», denotando también compromiso con esa «[...] urgencia de subir de lo negro a los más altas realizaciones»[3] humanas que refrendó Marinello.

Muchos, desde Santa Clara, relacionados con las proyecciones culturales de los comunistas: Amigos de la Cultura Popular, Hermandad de Jóvenes Cubanos o la Unión Nacional de Mujeres, entre otras instituciones, pugnaron por «[...] vencer todo lo que pueda dificultarnos el adquirir la cultura, la vigorización física y el bienestar general, elemental aspiración humana»,[4] en la realización de actos de solidaridad y ayuda a la República Española o la defensa de la identidad y soberanía de Puerto Rico frente a la prepotencia de los Estados Unidos empeñado en suplantar la voluntad de ese pueblo dispuesto a batallar contra el anexionismo territorial e ideológico.

Ballagas, quien desde su estancia en Santa Clara detonó a la literatura Cubana e Hispanoamericana sus principales episodios poéticos, refirió, casi al unísono, dos piezas hasta hace poco inéditas: «Abrid bien los ojos» y «El campesino herido», para luego volver la mirada hacia «Madrid, 1937», donde indica:

«[...]

...Y el viejo mundo de la cruz gamada

soñaba... si es que puede haber un sueño

en la frente de cera del cobarde.

Embriaguez, pesadilla, ojo siniestro

el viejo mundo viejo fantaseaba:

Entraban con sus tropas, paso a paso de tigres

rastrero el rabo, las orejas gachas,

narices aventadas,

legua y media de lengua relamiendo

el belfo blanco en ademán de sangre[5]

Desde Nueva York, Gilberto Hernández Santana,[6] tras publicar algunos libros en Cuba y México, da a conocer versos que enaltecen cuánto sucede en España: «Romance del miliciano heroico», «Caravana», «!Serás el vencedor!», «España» y «Clamor», todos escritos entre 1937 y el siguiente año.

En «Clamor», expone:

[...]

De mi vida sale un río

de canciones proletarias.

¡Conviérteles en torrente

Y arroja al fascio de España!

¡Déjame gritar, hermano,

mi canto será un clamor,

para que el mundo despierte

cuando oiga rugir mi voz!»

Por su parte, en «Romance del miliciano heroico», precisa:

«[...]

Yo me voy a la trinchera

con mi furia juvenil,

al lado de un camarada

y apretando mi fusil.

Llevo idealismo en mi pecho,

llevas sangre en tu roncar;

Yo lucho para ser libre

                            y canto para triunfar[7]

Esos textos, y otros inéditos aún, los escribió Hernández Santana en momentos en que desde los Estados Unidos y otros puntos del mundo, partían las Brigadas Internacionales para defender a España. Fueron elaborados, sin mucho esplendor metafórico, desde la perspectiva de la sinceridad del que reconstruye una realidad que azota lo individual y la palabra.

Tal es el caso, además, de las exaltaciones que hizo de Mella y de Pablo de la Torriente Brau, y del espíritu internacionalista que los caracterizó. Dijo, en cierta ocasión, que formarían parte de sus Ensayos de Poesía Nueva, pero no llegó a publicarlos.

También, de paso por varias ciudades cubanas, el asturiano Alfonso Camín, llegó a Santa Clara, donde se deslumbró con la labor pedagógica y poética de Dámasa Jova,[8] y detalló un registro singular en: «A Paul Robesson», el artista negro norteamericano que desafió las secuelas del combate y cantó en Madrid a los heridos en combate.

Los versos de Camín, radicado por poco tiempo entre nosotros, fueron impresos en el periódico La Publicidad, en Santa Clara, donde cuenta:

«[...]

De la noche profunda de tu cuerpo,

lleno de limpias lunas náufragas,

por el riel de acero, tembloroso de espantos,

y musical de tu garganta,

el universo de los ruiseñores,

cosmopolitas, encendidos, cantan,

sobre el pesar de fuego de mi tierra,

entre los aviones de las balas

y los obuses que nos manda Europa,

ladrando en el azul del Guadarrama.»

El domingo 21 de noviembre de 1937, en horas de la mañana, desde el Teatro Martí, en Santa Clara, se convocó al pueblo de la ciudad a un gran homenaje-Benéfico a los heroicos milicianos cubanos que acababan de arribar de los distintos frentes de combate en España.

El capitán Dalmau leyó relatos y episodios personales o de otros combatientes que intervinieron en la guerra, y Severo Bernal Ruiz,[9] declamó el «Romance a los milicianos visitantes», escrito por el espirituano-santaclareño Sergio Pérez Pérez,[10] mientras otro poeta de la localidad, Carlos Hernández López -tal vez uno de los líricos más desconocidos del territorio-,[11] presentó su «Balada del futuro».

 Ahí refiere:

«Yo quiero versos ágiles,

yo quiero versos nuevos!

de cánticos que corten el vuelo de los astros

y arrastren por los aires sus rojos pabellones airosos...

Pido versos,

con encabritamientos de potros sobre selvas;

yo busco estrofas nuevas de músicas salvajes

y de ásperos sonidos,

alados como flechas veloces y robustas,

y fuertes como espadas toledanas.»[12]

Ya en 1938, el Partido Único de la Revolución, representado en Santa Clara por el pedagogo García Galló,[13] junto a la Hermandad de Jóvenes Cubanos y la Casa de la Cultura y Asistencia Social, oficializan las bases constitutivas del Centro de Cultura Popular José Martí, con sede en la Academia Luz y Caballero, en Zayas 64 esquina Marta Abreu, sitio desde el que Onelio Jorge Cardoso[14] figura en las asesorías literarias y confecciona programas radiales, entre los que destaca un serial que difundió la emisora CMHW sobre las consecuencias ulteriores del franquismo español y el crimen de García Lorca,[15] ocurrido en Granada dos años antes.

Los guiones correspondieron a Domínguez Arbelo,[16] mientras Ballagas disertó sobre ese poeta, dramaturgo y ensayista español asesinado por la furia fascista, y el declamador Severo Bernal Ruiz[17] asumió la interpretación del «Romance por el crimen de Granada», concebido por la villaclareña Enma Pérez, y Carlos Hernández López leyó «Canto a las madres de los hijos ausentes»:

«[...]

No comprenden las madres del mundo,

por qué las canciones que cantan los labios humanos

son rojas canciones de Marte, son rojas canciones de guerra:

por qué niebla los cielos un vuelo rapaz de aeroplanos

y no el vuelo blanco de blancas palomas ligeras...!»[18]

Dos años después, el domingo 9 de noviembre de 1941, desde el teatro La Caridad, en ocasión del acto de Confraternidad Hispano-Cubana y por el Triunfo de la Democracia, erigida en convocatoria popular hecha por los comunistas de la localidad, se respaldó la lucha internacional contra el fascismo alemán y todas sus derivaciones guerreristas, y varios poetas villaclareños, tal como lo hicieron antes, refrendaron con sus versos la significación de esa epopeya del hombre a favor de la dignidad y la libertad.

El isabelino Artuto Doreste,[19] expresa en «Mensaje romántico»:

«[...]

Porque tal vez nuestra fugaz quimera

Al renacer de entre infinitas ruinas

Nos anuncie la santa primavera...

¡Y puedan retornar las golondrinas!...»[20]

Por su parte, el matancero-villaclareño Enrique Martínez Pérez,[21] escribe su «Canto en Do Mayor»:

[...]

Hombres, mujeres y niños del mundo,

levantad los brazos,

pero levantadlos, no en señal de súplica;

sino en señal de mando...

Fuertes, agresivos, estirados...

así, así, hacia arriba

hasta hacerse daño en las axilas.»[22]

Antes, el viernes 13 de enero de 1939, durante la función-homenaje organizada por el Partido Comunista de Cuba a los delegados participantes en la iii asamblea nacional de esa organización, convocada para el siguiente día en el teatro La Caridad, en esta ciudad, Paco Alfonso estrenó por vez primera en el país la pieza «Mariana Pineda», de García Lorca,[23] ocasión que aprovechó el santiaguero Clavijo Tisseur,[24] para dejar constancia del «Elogio de un poeta a su Isla antillana», pieza que, además de figurar en el repertorio de declamadores, sentenció la decisión inquebrantable de todos por no claudicar jamás ante adversidades.

 Dice el escritor:

                   «[...]

                   Traigo mi isla debajo del brazo, 

                    -y todos me preguntan:

                    - ¿Es un cocodrilo verde?, yo digo

                    que sí. Y me sonrío.

                    Eternamente verde.

                   Traigo mi alma debajo del brazo,

                   -y a nadie se la entrego.

                    ¿Quién ha visto que un hombre con orgullo

                     quiera vender un cocodrilo verde?».

De un modo, casi inédito, pero perdurable en el tiempo y la historia cultural de la región, poetas y pueblo villaclareño, en un canto de unidad ejemplar, sin que imperaran muchas exquisiteces literarias, se unieron al instante para tributar un saludo y un respaldo a otros coetáneos que, lejos de la frontera, se debatían entre la vida y la muerte por poner un coto a una  barbarie fascista, con similares parangones a la que ahora, con reiteración tiende a azotar al mundo.

 



[1] Juan Marinello (1989): «Juventud, política y cultura», en Cuba: Cultura, p.220, Editorial Letras Cubanas, La Habana.

[2] Emilio Ballagas Cubeñas: [CamagÑuey, 1908-La Habana, 1954]. Pedagogo, poeta y ensayista.

[3] Op. cit. «Poesía negra: apuntes desde Guillén a Ballagas, p. 327.

[4] Enrique Crespo Frutos (1985): Episodios de la Liga Juvenil Comunista y la Hermandad de los Jóvenes Cubanos, Editora Política, La Habana.

[5] Emilio Ballagas (1984): Obras Completas, p. 116, Editorial Letras Cubanas, La Habana.

[6] Gilberto Hernández Santana:[Santa Clara, 1920-La Florida, 1988]. Poeta, traductor y pedagogo.

[7] Inédito.

[8] María Dámasa Jova: [Ranchuelo, 1890-Santa Clara, 1940]. Pedagoga, poeta y editora de las revistas Ninfas y Umbrales.

[9] Severo Bernal Ruiz: [Santa Clara, 1918, Id., 1990]. Tipógrafo, poeta y declamador.

[10] Sergio Pérez Pérez: [Sancti Spíritus, 1906-Caracas, Venezuela, ¿?]. Poeta, viajante de Medicina, diplomático, periodista y publicista.

[11] Carlos Hernández López: [Santa Clara, 1914-República Dominicana, 1983]. Abogado, poeta, periodista, narrador y animador de la Cultura local.

[12] Inédito.

[13] Gaspar Jorge García Galló: [Quivicán, 1906-La Habana, 1992]. Pedagogo, filósofo e investigador marxista-leninista.

[14] Onelio Jorge Cardoso: [Calabazar de Sagua, 1914-La Habana, 1986]. Cuentista y periodista.

[15] Federico García Lorca: [Granada, 1898-Id., 1936]. Poeta, dramaturgo, ensayista, conferencista, humorista, músico y folklorista. Integrante de la Generación del 27. Fue asesinado por tropas franquistas  durante los primeros días de la Guerra Civil Española.

[16] Juan Domínguez Arbelo: [Santa Clara, 1900-La Habana, ¿1984?]. Dramaturgo, periodista, crítico literario, investigador. Dirigió las sesiones teóricas del Club Umbrales y las emisiones radiales de la Hora Hontanar.

[17] Severo de la Caridad Bernal Ruiz: [Santa Clara, 1917-Id., 1990]. Tipógrafo, poeta, periodista y declamador. Formó parte del Club Umbrales (1936-1938) y de la directiva de la Audición Artístico y Cultural la Hora Hontanar (1939-1941), espacio de difusión transmitido por la emisora CMHW.

[18] Inédito.

[19] Arturo Doreste: [Isabela de Sagua, 1906-Artemisa, 1988]. Poeta, periodista e investigador literario.

[20] Inédito.

[21] Enrique Martínez Pérez: [Sabanilla del Encomendador, Matanzas, 1898-Santa Clara, 1959]. Poeta, periodista y escritor radial.

[22] Inédito.

[23] V.: Federico García Lorca: «Mariana Pineda», (Romance popular en tres estampas), Obras Completas, pp. 691-770, Editorial Aguilar, Madrid, 1962.

[24] Arturo Clavijo Tisseur: [Santiago de Cuba, 1886-Id., 1958]. Poeta, narrador y periodista.

 

 

OTRA VEZ CON ARTISTAS DE LA PLÁSTICA

OTRA VEZ CON ARTISTAS DE LA PLÁSTICA

Por Luis Machado Ordetx

  El miércoles próximo más de 20 artistas de la plástica, incluidos en diferentes generaciones y nacidos en Villa Clara, quienes residen en la actualidad en Ciudad de La Habana, regresarán aquí, para en breves días, además de sostener intercambios con creadores y el público, exponer en nuestras galerías una parte de sus últimos acabados.  Ese día, en ocasión del recibimiento a la oncena edición de Viaje a la Semilla —proyecto en que Raúl Santos Serpa figura como animador—, será clausurada la muestra «Otra dirección» (perteneciente a los grabadores santiagueros Vivian Lozano, Israel Tamayo, Jorge Knight y Miguel Ángel Lobaina),  exhibida desde el mes pasado en la UNEAC.  El jueves, según el programa, en la sala-teatro del Guiñol, sesionará  un conversatorio sobre las particularidades de Viaje a…, mientras en la UNEAC el remediano  Agustín Calviño (Gólgata), un excelente retratista, incluirá su muestra personal «Nosotros, la música», panorámica que se apreciará por vez primera en Santa Clara.  La Galería de Arte presentará también ese día, las esculturas textiles «Nudos, urdimbre y destino», perteneciente a Reina María Rodríguez, y el viernes en Cifuentes ocurrirá un conversatorio referido a la plástica cubana contemporánea, donde intervendrán especialistas visitantes, quienes en horas de la noche arribarán nuevamente a Santa Clara para la apertura de «Huellas y embriones», ubicada en el Centro de Patrimonio Cultural, concebida como por Pedro Luis Rodríguez Noa.  El Taller de Cerámica «Mirta García Buch», de Ciudad de La Habana, hará el viernes una exposición colectiva en la Galería Provincial de Arte, sitio que también el sábado recibirá a los participantes en la muestra «Juntos, pero no revueltos».  Cuando salga esta edición, la semana entrante, en la Casa  de la Ciudad se efectuará un conversatorio que abordará acontecimientos y tendencias en la plástica cubana contemporánea, y el domingo Zaida del Río, Divier del Dago y Aida Ida Morales irán a Zuluetas, en el municipio de San Juan de los Remedios, para inaugurar allí «Tres en un zapato», con lo que concluirán las actividades de Viaje a la Semilla por predios villaclareños.                                                     

JUSTO, LA HIDALGUÍA DEL HOMBRE

JUSTO, LA HIDALGUÍA DEL HOMBRE

Por Luis Machado Ordetx

  

En las eras imaginarias, dice Lezama Lima que «toda biblioteca es la morada del dragón invisible» en la búsqueda del sustancioso conocimiento de la realidad y también de la historia, y eso, precisamente, constituye un libro que por estos días recorre con avenencia la mirada osada de los cubanos: Viaje a los frutos, una selección de textos de la ensayista Ana Cairo sobre el criterio, la observación y la confidencia de cuatro generaciones de intelectuales cubanos que rastrean en la obra magna que siempre inspira Fidel.

   

El libro, en una segunda tirada —corregida y aumentada—, es el tercero que publica Ediciones Bachiller, sello de la Biblioteca Nacional de Cuba, salió inicialmente en agosto del pasado año, y gracias a las Lecturas de Verano, ayer se presentó en Santa Clara, para crecer en la placidez que siempre encuentra un ojo y un cerebro prevenido a enriquecer la sabiduría, no solo referida a la historia de un hombre que encarna un infinito humanismo salido de la raíz martiana, sino, además, la grandeza de un pueblo que, por tradición, jamás descansa en el batallar diferenciador al que compete dignidad.

   

Casi, en el augurio infinito del primer aniversario posterior a las ocho décadas de nacido Fidel, el singular texto, donde aparecen    —todavía ardientes—, escritos periodísticos, poemas, opiniones personales, correspondencias, y también una selección gráfica surgida de los inconfundibles trazos de David, Rivadulla, Nuez, Massaguer, Raúl Martínez, Cabrera Moreno o Fariñas, convidan al testimonio y la exactitud de la pureza existente en la cultura cubana, y a la par, refrendan el interés de un líder indiscutible por apuntalar y hacer trascender esos valores históricos abonados por nuestro ser nacional.

   

Tal como expone Ana Cairo, Fidel «es un intelectual», y jamás cabría otra grandeza para espetar su sapiencia oral, escrita, de conducción social y de ejemplo internacional, diestro, desde la observancia, en dejar una muy inconfundible huella tras los pasos y las conversaciones con los más humildísimos hombres con los que, de un modo u otro, intercambia puntos de vista en el imperio de la razón y la sinceridad.

   Justo, Viaje a los…, más que libro-compilación, vestirá el disfrute de nuestras lecturas, y también demarcará el por qué la sociedad cubana en la que desenvolvemos la vida, constituirá por siempre una y no otra, al disponer de un colosal hombre que, unido a su pueblo, bebe de una fuente nutricia que jamás agotará en su historia la máxima hidalguía de todos los tiempos.