Blogia
CubanosDeKilates

CRÍTICA ARTÍSTICO Y LITERARIA

PERDURABLES ASOMBROS DEL CUENTERO MAYOR

PERDURABLES ASOMBROS DEL CUENTERO MAYOR

           

                        Por Luis Machado Ordetx

                    (Testimonio exclusivo del declamador villaclareños Severo Bernal Ruiz, incluido    en    el libro La Espiga Ignota, próximo a aparecer por la editorial Capiro, en Santa Clara).                             

                              

                      « [...] guajiro de siempre, con el arique al 

                      tobillo, sostengo a esta ciudad entre los huesos».[1]

                                                                        Onelio Jorge Cardoso

 

Tenía tantas deudas con Santa Clara que, casi en el ocaso de su vida, prefirió tragárselas todas de un tirón. Como nadie, a pesar de su escasa cultura cuando arribó a aquí en los años finales de la década de los 20, probó con minuciosidad de orfebre las más variadas vertientes periodísticas y literarias, con excepción del teatro y la novela, para tomarle el pulso a la realidad.

En la fronda del tiempo, con absoluta plenitud, ese «cuentero» que llevó adentro, pensó dispensarle un recuerdo nítido al cúmulo de anécdotas, historias y amigos que forjó en la ciudad.

La muerte, con carcajada hiriente, tras el vahído que sufrió en la mañana del miércoles 26 de marzo de 1986, truncó parte de las memorias contadas con fidelidad de detalles. Sin embargo, todavía lo percibo aquí, entre fotos, regalos y papeles; siempre hablando o dormitando en el sillón de esta vivienda, a la que venía con reiterada asiduidad. 

Cuando las escapadas lo permitían, sea el sitio que fuera, aparecía entre nosotros. Entonces, creo que, tal parece, los golpes dados a la máquina, allá en el hogar habanero, donde conformaba el último de sus cuentos, «La presa», presagiaron el final de la existencia, tres días después, víctima de un accidente cardiovascular. Narraba las experiencias de un hombre que conquista una sola de todas las satisfacciones en el instante próximo al adiós de los mortales.

Sé, como pocos, que recordaba fielmente cuánto asimiló la ciudad en sus entrañas. Con 13 años, en 1927, apareció en Santa Clara: vino a instalarse, guiado por la familia, en la calle Síndico, esquina a Villuendas. De inmediato, fue matriculado en la escuela primaria-superior, número 1, donde cursó el séptimo y octavo grados bajo la tutela del maestro Atilano Díaz Rojo.

Luego vino el estudiante del bachillerato, pero no concluyó su estadía en el Instituto de Segunda Enseñanza, porque el hambre lo azotaba por cualquier rincón, y decidió acometer de inmediato los más disímiles trabajos: desde vendedor ambulante, hasta corrector de pruebas y anunciador de medicinas.

Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero Mayor de los cubanos, buscaba amigos, y de campechano como era, decidió que su gracia consistiría en entablar relaciones que suplieran las carencias del conocimiento: embistió diversas fuentes del saber y, de pronto, contra toda esperanza, anidó apegado a los trajines del consejo editorial de la revista Umbrales, publicación que promovía la poetisa María Dámasa Jova.

Ardientes polémicas estéticas lo alejaron de inmediato de aquel recinto, y al olvido inicial quedaron los apuntes como crítico y «versificador» de poca monta, para aventurarse junto a Juan Domínguez Arbelo, Carlos Hernández López, Tomás González-Coya Alberich, Faro González Fleites y Rafael Lubián Aróstegui, en la organización, en 1934, del denominado Club Juvenil Artístico-Literario Umbrales.

Domínguez Arbelo insufló otros vientos al grupo: animó a escribir cuentos, a rastrear en los hombres y sus vivencias, hurgar y crear los personajes y volcarse hacia la realidad inmediata donde se coronara la reconstrucción de los ambientes; por lo que dio cursos teóricos con las últimas novedades literarias que aparecían en el campo de la escritura.

 En «Las tardes del cuento», programa sabatino del Club, Jorge Cardoso presentó ante el auditorio de Umbrales las primeras piezas poéticas, y fueron tantos los señalamientos al neorromanticismo trasnochado que, de inmediato, decidió abandonarlas por siempre. Fue en ese momento en que me sumé a los jóvenes del Club en calidad de declamador.

Los ojos y el olfato de Onelio, pasaron a ser de inmediato, trazos breves para su narrativa: relatos muy cortos, de índole costumbrista, sicológica y real, entre los que incluyó «Negra mía», una estampa folklórica; «El milagro» y «Tú y usted», considerados en la actualidad como los primeros que escribió.

 Eran, a veces, tan malos en su concepción escritural,  que se los hacían migajas, pero él, admito, forcejeaba, buscaba lo propio. Andaba prendido del «Decálogo», de Horacio Quiroga, y de aspectos  relacionados con la comunicación y la dramaturgia oral, narrativa o  la preceptiva literaria.

En ocasiones, se afirma, incluso Jorge Cardoso. En ciertas formulaciones sostuvo que era del todo un escritor autodidacta, tema del que comentó durante el cúmulo de entrevistas a que fue sometido en las décadas de los 60; 70 y hasta 1986, fecha de su muerte. Ese hecho no es del todo cierto, y que me perdone.

Mira, estoy entre la primera hornada de Umbrales, y la memoria y papeles hallados recientemente, casi vírgenes, de mediados del octavo lustro del siglo pasado, cambian toda esa tónica: el sábado 21 de marzo de 1936, el Club dedica sus labores al esbozo teórico «El arte del cuento: estudio crítico», presentado por Domínguez Arbelo.

Allí se analizó «El hombre de la petaca» y «El reloj vengador», ambos de Manuel García Consuegras, así como «Cronista por tres días» y «Dos crímenes», de Carlos Hernández López, y «El velorio y el milagro», de Jorge Cardoso.

Los dos últimos autores, salidos de las páginas de la revista Umbrales, y después sabáticos del Club, se prepararon en teoría y corrigieron defectos literarios para participar en el concurso de narraciones que en mayo de se año promovió la revista habanera Social.

En el certamen Onelio ganó el primer premio con «El velorio y el milagro», de temática campesina, mientras Hernández López, con «La traición», y «Bertelot», ocupó la segunda y tercera posiciones. Después las sesiones teóricas continuaron con el propósito de limar defectos, estudiar los estilos literarios de autores contemporáneos, tanto cubanos como extranjeros, y colocarse al día con los requerimientos técnicos que exige siempre el arte de narrar.

Desde entonces, Jorge Cardoso y otros villaclareños incorporados al Club Umbrales, rastrearon historias y recorrieron los campos cercanos a Santa Clara, con la finalidad de indagar en las costumbres y psicologías de los hombres que habitaban o laboraban en esos parajes.

Hicimos varios ejercicios periodísticos y narrativos; fuimos por veredas y cuestas empinadas en zonas rurales donde abundaban los campesinos, carboneros y gente humilde, y formulábamos historias que, con elementos fantásticos, abundaban en la realidad de las vidas de gente de carne y hueso.

Esas experiencias, la rapidez de los diálogos y la síntesis de los conflictos, tenían una recreación periodística, lo admito, pero el sustento era narrativo, porque imperaba la descripción y la presencia de escenas que, sin mucha elaboración, constituían una historia literaria.

Así, con frecuencia, Onelio Jorge Cardoso, Luis Tamargo, Domínguez Arbelo, Hernández López y otros jóvenes fuimos a las alturas de Pelo Malo, el Escambray u otros sitios, y entablamos peroratas con cuanto campesino o transeúnte localizamos en el camino. Ahí están las fotografías, en muchas hasta aparece un mono que figuró de mascota del grupo. En algunos de los cuentos y tradiciones que Onelio recreó después con un prisma realista o fantástico, salieron de las miserias, los sueños vacíos o repletos de plenitud espiritual; la discriminación y las inmundicias que percibió en aquellos periplos.

El premio Hernández Catá, que mereció por «Los carboneros», en 1945, llevó en esencia los recuerdos que guardó en la memoria sobre las anécdotas que escuchó en aquella época por los alrededores de Santa Clara, lugar que le permitió componer atmósferas y psicologías humanas, enriquecidas después con el  tránsito por Matanzas en labores viajante de Medicinas y la posterior ojeada a la Ciénaga de Zapata.

Andábamos, en aquella ocasión por Pelo Malo, vestidos al hábito de los guajiros; con sombrero y botas de labranza, aunque a él no era necesario colocarle esa indumentaria para detallar en su catadura campestre. Durante el proceso de escritura, Domínguez Arbelo requería del traspaso de relatos, de corte costumbrista, verista o fantástico, en que se fijara, de acuerdo a la originalidad de cada cual, lo apreciado en la travesía.

La antológica pieza «El cuentero», que nadie lo dude, aun cuando Onelio Jorge Cardoso jamás lo dijo por lo claro, retoca de pie a cabeza al poeta matancero-villaclareño Enrique Martínez Pérez, asiduo visitante a las tertulias literarias y campechanas que se sucedían en el bar Ideal, de esta ciudad. Creo, alguna que otra vez, repetí esto, criterio compartido por unos pocos.

A finales de 1937, tras los topetazos y consejos que sustenta con el dominicano Juan Bosch Gaviño, residente en Santa Clara, y también el camagüeyano Emilio Ballagas Cubeñas, además de las lecturas que hace de la obra de Luis Felipe Rodríguez, decide aventurarse a la conducción de las tertulias literarias de la Academia Luz y Caballero, perteneciente al Colegio de igual nombre que dirigía la profesora Celia Melgarejo, en Villuendas y Marta Abreu, en los altos del Correo Viejo, sitio que ocupó El Billarista.

Su osadía era mayúscula: Raúl Ferrer Pérez le extendió una invitación para que ocupara un aula como maestro cívico, perteneciente al Escuadrón 37 de la Guardia Rural, en el central Narcisa. Allí estuvo por un tiempo. Un espíritu de superación, intrínseco a su personalidad de husmeador perenne, lo enriquecía por dentro. De ahí, tal vez la formulación absolutista del autodidactismo.

En La Publicidad, diario de Información de Las Villas, con redacción en Santa Clara, inicia una sección dedicada a difundir a cuentistas cubanos, latinoamericanos y europeos. Hasta 1943, después de casi dos años ininterrumpidos, fecha en que está próximo a partir hacia Matanzas, Onelio Jorge Cardoso dirige ese apartado cultural. Revisen la prensa de la época y se percatarán que su concepto está alejado del sentido folletinesco y baladí que imperaba en otros diarios de esa época.

La obra de Gorki, Gervaise, Gaynor, Mainichi, Regis, Benavente, Maurois, Vargas Vila, Quiroga, Eustacio Rivera, Rulfo y otros narradores de fuste, brota reflejada en las páginas del rotativo, hecho que constituye un hallazgo para un medio de ese tipo, dirigido, sobre todo, a un público mayoritario donde tiranizaba la revelación hueca.

Mira, aquí tengo una carta que escribió en 1943, desde Matanzas, al amigo y poeta Sergio Pérez Pérez: reconoce las enseñanzas legadas por Santa Clara y, en especial, da «vivas» a los jóvenes del Club Umbrales. Ya por entonces es un escritor que se  consagra  hacia otros horizontes, incluida la radio y la televisión después, y percibe los ignotos asombros que solo la voluntad y el espíritu de crecer hinchan al aire. A veces repetía de manera proverbial, muy guajiro al fin, que a las montañas no se subía por caminos llanos.

En el texto, al describir sobre las historias de Sandalio Simeón (Potrerillo) Consuegras Castello, uno de los prospectos que jugaba  en aquel tiempo con el Deportivo Matanzas, dice a cara destemplada: «Hoy mismo intimé con un gran pelotero -Consuegra-no el Indio- que muy alto ha puesto el nombre de Cuba. Pues me cuenta que tiene 23 años, y de muchacho -como si ya anunciara- dejaba la "guataca al anochecer y se iba a tirar naranjas y echar juegos que le costaban a la mata toda la carga de sus frutos ácidos". ¡Ves, era su gran vocación, y ahora da gusto y orgullo ser su amigo, porque sale uno con él y toda la gente le hace coro preguntándole de pelota y mirándolo de arriba abajo. Él se turba porque esta es su condición aparejada a la vocación de los mejores, se turba, pero cuenta y se enorgullece. Si el hombre no está contento de algo suyo, pues no está vivo.

Más adelante precisa: « [...] la gente nace para una cosa, y que se aparte todo el mundo: que allá va el hombre con todos sus sueños. Eso sucede en todos los campos».[2]

El mundo ofrece sus lecciones: ese pitcher derecho, se regocijó de record en escenarios cubanos con el Club Cumanayagua y el Atlético de Marianao; probó suerte como profesional de las Ligas mexicana, venezolana y norteamericana, y vistió las franelas de los equipos de Puebla, Monterrey, los Gavilanes, Medias Blancas de Chicago, Senadores de Washington; Orioles de Baltimore y Gigantes de Nueva York.[3]

Onelio sin quererlo lo vaticinó. Tenía ese Potrerillo Consuegras una extremidad y músculos de hierros, y se convirtió en un hombre que, en 1954, al jugar con los Medias Blancas consiguió el título de primer lanzador latinoamericano en conquistar el campeonato de la Liga Americana con balance final de 16 victorias y 3 derrotas.

Él, sin saber qué depararía el tiempo a ese pelotero, narró la historia de los inicios de un joven que tiró piedras, para paliar el ocio y el hambre, entre los naranjales del pueblo natal, y templó de tal manera la espalda y las piernas que, desde el montículo, luego se hizo inmenso. Sería bueno que un día se diera a conocer completa esa carta, por que, sin duda, constituye una homonimia de  Onelio, quien precisamente  fue eso: un recreador de anécdotas, de la isla y del universo, capaz de cautivar con la magia que prodiga la palabra exacta que entona un sueño sin fronteras de latitudes y épocas.

Por eso, tal vez, dibujó desde Santa Clara aquellos minuciosos y perennes fragmentos de su mundo, colmados desde una óptica humana y original, y a ratos y por siempre, se asomó a la pupila del periodista y del escrutador que escribe colgado de los infinitos asombros de la realidad. 



[1] Luis Machado Ordetx: «El cuentero cabalga en sus setenta», en Vanguardia, Villa Clara, 22 (244): 2; domingo 20 de mayo de 1984.

[2] Onelio Jorge Cardoso: Carta a Sergio Pérez Pérez, fechada en Matanzas, lunes 15 de noviembre de 1943. [Inédita].

[3] Murió en los Estados Unidos en 2005.

¡OH!, LA HABANA, SOLO EXPECTATIVAS

Gratificante instante del Cancionista

Gratificante instante del Cancionista Por Luis Machado Ordetx 

Un pulso gratificante, por la calidad de la cancionística y el prestigio autoral de los villaclareños, dejó aquí el miércoles último la clausura de la octava edición del Festival de Música Gustavo Rodríguez in Memóriam, encuentro que evidenció compostura, al margen de algunas fallas técnicas y de lo nada puntual del comienzo de sesiones artísticas, en las cuales se replantearon rostros que abren o sientan pautas dentro del panorama nacional.

 

De las 14 piezas finalistas —escogidas entre 66 enviadas al certamen, efectuado en el centro cultural El Bosque—, el Gran Premio en Composición lo consiguió Ella —escrita por José Luis Pérez y Zoila Inés Iglesias Plasencia—, obra que defendió Luis Quintana González, un vocalista que demostró amplias posibilidades de registros, en un texto amparado por innegables valores metafóricos y orquestado por el maestro Víctor (Pucho) López Jorrín.

 

En noche de triunfos se agenció, además, el Primer Premio en Interpretación, el galardón de la Popularidad —con el 53 % de los votos emitidos—, y el poema-canción logró las distinciones colaterales que entregaron la Agencia Cubana de Derechos de Autores Musicales (ACDAM) y el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Cultura en Villa Clara.

 

En interpretación, el Gran Premio correspondió al carismático Antonio (Tony) Guzmán, con A tu lado otra vez, un argumento difícil que, hecho en tiempo de bolero, elaboró Enrique Cárdenas Moreira, músico que fue congratulado, de igual forma, con el primer lugar en Composición.

 

Cárdenas Moreira, seguidor de la tradición del filin y bolerística de Gustavo Rodríguez Artiles (Santa Clara, 1934 - Id., 1988), presentó uno de los versos más intimistas y dolientes de la jornada, al desbordar la efusión sentimental ante lo que escapó y aún anda prendido en la memoria de un hombre.

 

Otros lugares en composición e interpretación se concedieron aquí, mientras ARTEX S.A., la Agencia de Promociones Artísticas y Literarias en el territorio,   depositó en Yudelkys Pérez Jure (Yudith Sol), autora y vocalista de A tu espera, el galardón que dio al Festival, convocado ahora para igual fecha de diciembre de 2008.

 

Cierto es que, variedad y calidad de textos y registros, contenidos en el tránsito de la canción al filin, notificaron satisfacciones —incluidos los que no consiguieron beneplácitos del jurado—, por los aciertos y valores que conserva nuestra música.

 

Sin embargo, en un Festival de esta naturaleza —concebido cada dos años— el doblaje de la voz, en algunas de las galas, demeritó el hecho artístico; a la vez que la expresividad plástica del movimiento (dramaturgia musical-coreográfica) rayó en  absoluta sencillez del sistema figurativo dentro de la llamada danza de variedades.

 Otro tanto apuntaría de la acción escenográfica, plana y de pocas aportaciones en la coherencia del espectáculo, que, de limarse de las deficiencias, dejaría eficaz huella de realización para un entorno abierto como El Bosque, sujeto a mostrar con sistematicidad las perspectivas del talento artístico que reside en la localidad.  

La risa a la vista

La risa a la vista

Por Luis Machado Ordetx

 

Casi siempre, temprano en la mañana, el colega Rolando González Reyes, sencillamente Roland, arriba a la Redacción, con un boceto a medio terminar o el acabado perfecto de una de las ocurrencias humorísticas, y en ese encuentro periodístico flota la búsqueda de la crítica, la sugerencia o el asentimiento oportuno, sin intuya el menor de los menoscabos.

 

Y, como el otro anda inmerso en la creación, la insistencia quiebra por un momento la soledad del que escribe, y salta el detalle por aquilatar el mayor de los placeres que reside entre un cuadro que, al poco tiempo crece en lo que será la exposición personal «Ese sentimiento que se llama amor», prevista inaugurarse, en la Galería de Arte de Santa Clara, el próximo 20 de diciembre.

 

Aunque por la vista de los colegas pasaron más de 30 piezas, el caricaturista de Melaíto, escogió esa cifra para redondear su muestra, sin apenas recordar qué número hace,  entre las tantas individuales y colectivas, en que interviene a lo largo de su carrera artística.

 

En las libertinas ingeniosidades, Roland es idéntico en bravuconerías que en infantilismos, y tal vez por eso no distinga ahora en el uso de la acuarela, el acrílico, el carboncillo y hasta simples lápices de colores o crayolas, para dar el toque definitivo a esta obra y rebuscar en los efectos y contrastes conseguidos en una técnica u otra.

 

Aquí, además, saludará el aniversario 38 de la existencia de su plantel de escribanía, Melaíto —en un onomástico que durante el último mes de año crece, así como la sexta edición del concurso Humor Erótico, convocado desde Villa Clara hacia todo el país.

 

De humor general, político, costumbrista y erótico, entre las maneras de hacer reír y reflexionar, en el goce de la interpretación personal, cada cual hará el recorrido por las piezas de Roland, hasta colmar una gota de carcajada y sabiduría sin límites, contenidas en un acto en solitario que, en las mañanas o las tardes, pacta el otro con la inspiración y el silencio.

 Redactor, humorista, fotógrafo ambulante, disertante sin dotes de rispidez, colega, al fin y al cabo, son cualidades que aúna Roland en la captación de un inverosímil fragmento pueblerino, hacia donde siempre mueve, de una manera diferente, los pasos dispuestos a disfrutar del gracejo propio e indomable del cubano: el estruendo de la bufa y la risa que chispea en un instante.

Bailarines al escenario

Bailarines al escenario

Por Luis Machado Ordetx 

La compañía Danza del Alma, una de las más prestigiosas agrupaciones del interior del país, tras una década de fundada por el maestro Ernesto Alejo Sosa, refuerza su prestigio en la composición coreográfrica y la interpretación escénica, al sumar virtudes en todos los escenarios y certámenes cubanos donde hacen reiteradas presentaciones.

 

Recién acaban los bailarines villaclareños de regresar de Matanzas, invitados por Danza Espiral, donde intervinieron en el séptimo Concurso Nacional de Coreografía e Interpretación, y ganaron allí los más representativos premios que concede ese encuentro, en el que compitieron 18 obras mostradas por los más importantes colectivos y bailarines contemporáneos del país.

 

En Danzandos, consiguieron el máximo galardón en coreografía (Jorge Pausant) e interpretación (Nicolai Almeida), con la pieza El silencio de los parques, estreno llevado a las tablas del teatro Sauto, en la Ciudad de los Puentes.

 

También Yaksugi Yácer Antunes alcanzó el premio de la Popularidad, con la pieza Otra sustancia, defendida por los bailarines Yandi Aguirre, en el rol de solista, y secundado por Yusrel Córdova.

 

Otro triunfo registrado por Danza del Alma, con más de 20 obras representativas de su repertorio, correspondió al diseño coreográfico y de luces, distinción por vez primera se entrega en estos encuentros, tras el éxito de Fumando espero, pieza original de Ernesto Alejo Sosa, y ejecutada por Yusniel González y Juan Carlos Chaviano.

Tras el regreso de Matanzas, dijo Alejo Sosa, el colectivo que dirige se prepara para la realización de Para Bailar en casa del Trompo, una temporada artístico-cultural que acogerá nuevamente en Santa Clara a los más importantes y representativas agrupaciones de danza contemporánea y moderna del país.

                                                                

Una discrepancia agazapada

Una discrepancia agazapada

Por Luis Machado Ordetx

Respuesta al crítico de artes Roberto Ávalos Machado  

Desconciertan afirmaciones con escaso sustento argumental y teórico, que creen, como el «ombligo» del mundo, abrazar una conciencia crítica, a título personal, capaz de juzgar qué, cuándo, cómo y por qué publica la página Cultural de Vanguardia en relación con las Artes Plásticas.

 

Es lo que prende Roberto Avalos Machado, en su texto viajero, circulado  por correo electrónico a intelectuales villaclareños, en respuesta al comentario Kamikaze: la lectura del color, rubricado por este periodista.

 

Más allá de discrepancias sobre lo escrito en torno a la apreciación de la exposición del pintor Amilkar Chacón Iznaga, se afana el replicante en ponderar los reclamos de las asambleas de la UNEAC en la ausencia o presencia de los géneros de opinión, la confrontación y el diálogo en la prensa impresa villaclareña.

 

Utiliza como pretexto las ideas vertidas, para en el fondo, solapadamente,  cuestionar la labor del periodista y la política editorial. Al respecto, no precisaremos detalles, competen sólo a los que tienen que conocerlo.

 

Después de los congresos de los periodistas, escritores y artistas cubanos, allá en 1999, los Presidentes respectivos de esas organizaciones, rubricaron una Proyección de Trabajo Conjunto, muy vigente, donde se aclara que «[…] si de consolidar la cultura y la información se trata, exaltando los valores esenciales de la nación…», tengamos el pronunciamiento mutuo en la educación de ese conglomerado que llamamos pueblo.

 

Obviamente fue una convocatoria para sumar a los miembros de la UNEAC. Las  puertas  siempre estarán abiertas en este periodico, pero de allá a acá, ¿cuánto hizo Ávalos Machado, en el plano individual, para incluir aquí sus textos? Nada.

 

Aun así, le asiste el derecho a discreptar, como lo hace,  y hasta sugerir sus paradigmas, que no tienen como destinario el cesto, por elemental consideración.

 

Esos, bien vertidos servirían para un catálogo o un comentario  destinado, tal vez, a revistas especializadas, donde explaye sus puntos de vista teóricos.

 

En el catálogo Ud. da claves, suyas, muy suyas, para decodificarlas o rebatirlas. Son sus apreciaciones, no las mías. Tampoco olvide el sentido placentero que, a veces, aparece subrayado para quedar bien con Dios y con el Diablo.

 

Su audacia llegó al extremo de casi exigir una apoyatura para ilustrarme en la escritura. Créame, resultó provechoso releer ese texto, para usted muy intructivo, pero allí encontré inexatitudes en la comprensión del arte, en las que no se distingue sus cualidades miméticas.

 

El abstraccionismo no es nada nuevo. Representa una práctica artística desde principios del pasado siglo que, contextualizada, ejecuta la mímesis con válidas críticas al objetivismo corrosivo del capitalismo.

 

Ud. lo pasa por alto, cuando en realidad debería alentar lo verdadero, propiciar el gusto y educar a los creadores en el sitio donde se encuentra la razón, incluso la asimilación de una poética de lo popular.

 

La imagen artística es polisémica, y de su lectura se extraen definiciones informativas. ¿Acaso, como dice en el catálogo, el abstraccionismo de Chacón Iznaga tiene parentezco con el «[…] triunfo de la racionalidad»? Ambas no se compenetran en nada, y forman parte de las polémicas sustentadas por idealistas de las doctrinas del conocimiento y del ser.

 

El arte cubano, desde décadas atrás, está penetrado por la visión crítica e irónica de la realidad. Ese creador, que disculpe, no descubrió el agua fría.

 Como corriente plástica, es una subversión de la figuración. ¿Cómo exponer que «[…] es el esperanto de las imágenes, comprensibles para todos». Lo anterior constituye un desliz  filosófico.

Aseguro que leyó mal mi comentario, jamás ofensivo, y lo evaluó en similar jerarquía, al extremo de preocuparse por la demopedia (sentido de enseñanza y saber popular), al creerla un  ornamentum. Tengo la impresión que desconoce su origen.

 

¿Cuál es la imagen carente de poesía? ¿Dónde hay obras de arte «desfuncionalizadas» del sentido didáctico, ideológico, cognoscitivo y…? Lo ocupa, además,  la definición de idiotismo, hasta lo entrecomilla, dudoso de la existencia, cuando es un modismo peculiar de determinado lugar. ¿Los cubanos somos extraños y carecemos de idiotismos? No, están en cualquier lugar.

 

El arte en este país, ¿de dónde surge y hacia dónde va? Por muy elitista y aristocrático que sea, tiene raíces y valores populares, al marcar la relación del hombre con el mundo y el objeto que reside en el medio social y natural desarrollado.

 

¿Pinta Chacón Iznaga otra galaxia? ¿Difiere su abstraccionismo de lo elaborado por otros? ¿El arte no es un rito desde la historia de los pueblos primitivos? Son respuestas puntuales que trata de solapar. En lo hipertextual, ¿no están sus fotografías, además de una del Che, al estilo del Pop art, donde unen otras tendencias plásticas posteriores?

 

¿Dónde está su crítica especializada que juzgue «ese convento plástico», del parque Vidal? ¿Por qué lo menciona? Acaso, para ridiculizar.  ¿Qué derecho tiene al decir «un mínimo intercambio con el artista le hubiera esclarecido al crítico...»?  El periodista va a hechos puntuales cuando lo requiere, y en ese caso lo entendió innecesario.

 

Sobre el carmelita, ¿cómo explica el rostro del mamey, las semillas de linaza, del níspero, de la hoja de tabaco curado, y...? ¡Ah, con la combinación de colores primarios y la adición, a gusto, de cyan! Tontería pueril explicarla al lector. Entonces, existe.

 

¿Quién comenta sobre la neutralidad de los rojos y azules? Son, creo, conceptos sacados por Ud. de la teoría de Kandinsky relacionada con el lenguaje, y abordadas en De lo espiritual en el arte, Punto y línea sobre sobre el plano y Gramática de la creación.

 

Desconozco la definición de la categoría estética «linda». ¿Es propia de su acervo? Por eso pienso que tiene dones para inventar palabras no escritas por otros.

 

Las obras de pequeñas dimensiones, criterio que sostengo, son más acabadas, porque están despojada del apego hipertextual, del cromatismo excesivo, de la obsesión a la abstracción geométrica, y por supuesto de  las líneas totalitarias del Pop art y todas sus derivaciones.

 

Refiere que lo figurativo hace más explícito el discurso. ¿Discrimina la capacidad imaginativa del otro? Aristóteles aclaró que el contenido se reproduce en el público, capaz de captar una expresión emotiva, psicológica y una realidad específica.

 

¿Cree ser un canónigo de la crítica? Cualquiera en este país tiene suficiente instrucción para percibir lo que otros jamás aprecian.

 

¿Por qué, traído por los pelos, menciona   Conversación con..., de Marinello? ¿Quiere hacerle aportaciones a ese texto porque discurre sobre el abstraccionismo? Jamás lo puntualicé, pero concuerdo con ese teórico marxista-leninista, por una «[…] plástica en que se ofrezca la mayor medida de sus poderes.»

 

En otro plano: ¿entiende la teoría y la práctica del hacer periodístico? ¿La existencia de un lenguaje y estilo? Creo que no. ¿A qué ejercicio opinativo se refiere: «[…] la crítica no puede vivir ajena a los procesos que intenta describir...»?

 

Equivocada está su pulcritud de cierre en alguien que, al parecer, no tiene registros del ejercicio del criterio en las publicaciones culturales de Vanguardia. Tal vez a usted el periodismo aporte poco, pero intenta cuestionarlo.

 

Aquí, por política informativa y tradición de un diario al servicio de la Revolución, hay cabida, no ahora, siempre, para los intelectuales que tienen por misión servir al pueblo.

 

Jamás ha faltado en nuestras páginas la mención rápida, oportuna, crítica, creadora y alentadora sobre el acontecer cultural. Entonces, lo invito a colaborar. Vamos a continuar, con Ud. o sin Ud. el camino trazado por el Partido y la Revolución, para que, como dijo Martí «Que todos encuentren en el diario lo que necesitan saber [...], deseñando lo inútil y atendiendo siempre lo útil...».

 Diría más con Marinello, el crítico de hoy, precisamente el cubano en combate ideológico, tiene que ser al mismo tiempo, sabio y sensible, responsable y orientador. El hecho de tildarme de crítico suicida por la valoración a Kamikaze, quizás sea el reflejo de su pensamiento. No tengo otro comentario.

Kamikaze. El crítico suicida

Kamikaze. El crítico suicida

Por Roberto Ávalos Machado

Crítico y especialista en Artes

Réplica dirigida al periodista Luis Machado Ordetx  

Con tardanza, pero apremiado por la necesidad de restablecer las coordenadas críticas de nuestra visualidad, tambaleantes por el ejercicio indiscriminado y pionero desde su reinserción en el Vanguardia, en los últimos meses —acorde además con un esfuerzo loable por hacer una mejor página cultural, cuestiones que constituyen un reclamo continuo en las asambleas de la UNEAC villaclareña—; creo pertinente restaurar los paradigmas a través de los cuales viaja la propuesta Kamikaze de Amilkar Chacón Iznaga expuesta en la UNEAC desde el pasado 7 de septiembre y a la cual se refirió el crítico Luis Machado Ordetx  dos días después en nuestro periódico provincial, bajo el título Kamikaze. La lectura del color.

 

En el texto que acompaña la exposición propongo claves fundamentales para acercarse a la obra de este creador, la primera de ellas indaga en los recursos literarios bajo los cuales se ampara toda una serie de referencias culturales que no son necesariamente populares —o demopeidéticas—, entre las cuales se encuentra la alusión a los célebres quince minutos de fama de Andy Warhol. El mismo título de la muestra nos remite a otras geografías culturales y estéticas, y así, entre extremos, Amilkar teje una malla como sustrato discursivo donde asienta sus motivos plásticos.

 

No creo que desde ese punto de vista, en su trabajo estén presentes elementos alusivos a tradiciones, leyendas, usanzas, sentencias y mucho menos a «idiotismos» como expone el crítico Machado Ordetx. Tampoco Chacón se alimenta de raíces culturales hispanas y afrocubanas, de ambas inclusive como se apunta en La lectura del color, que más que de pintura parece que nos habla de otras manifestaciones como la danza o la música llamada fusión.

En este caso, no todos los negros toman café, y es un equívoco para mi casi irreparable, asociar a la obra de Amilkar Chacón con este tramo de nuestra nacionalidad con resonancias casi de opereta en nuestro concierto plástico —y dense una vuelta por los puestos de arte y artesanía del Parque Vidal—.

 

Un mínimo intercambio con el artista le hubiera esclarecido al crítico este punto e iluminado sobre otras perspectivas de su obra y conocido que para los pintores el «carmelita» no es un color. Precisamente, la lección cromática presente en la obra de Amilkar se le escapa a Machado Ordetx, para nada chocante o hiriente y si mesurada y racional, hasta el punto de creer en la neutralidad imposible de los rojos y azules.

Mucho menos el empleo del color asociado a tópicos ideotemáticos como el pasaje ya revisado de las influencias afrocubanas e hispanas, pero si posibles de hilvanar a prácticas rituales solo posibles en el espacio de este creador, el mismo acto de pintar puede devenir en rito y esta clave se la debo al crítico del Vanguardia porque me ha obligado a detenerme en el proceso de trabajo de Chacón y en elementos figurativos capaces de denotar una práctica ancestral del arte refuncionalizados en las telas de Kamikaze —y desde un tiempo antes en la obra del pintor—.

 

Por otra parte, sobrevalorar las obras de pequeño formato, por ser más «lindas» quizás, puede contribuir a fortalecer el espíritu candonguero que rumbea en nuestro arte, aunque no sea exactamente el caso. Pero el criterio que sostiene dicha afirmación en el texto publicado en Vanguardia, es el predominio de lo figurativo que hace más explícito el discurso; este pasaje nos remite a Conversación con nuestros pintores abstractos y a todo cuanto se ha parrafado sobre la comprensibilidad e incomprensibilidad del arte, temas superados por la crítica desde hace un buen tiempo y ajenos a la práctica artística, inmersa en contextualizar la contemporaneidad en las redes del arte y no al revés como termina Ordetx su trabajo.

 Después de una larga ausencia de la crítica de arte en Villa Clara, sería bueno replantearnos sus tareas en nuestro ámbito, puede ser loable la recuperación de sus espacios en la prensa plana;  sin embargo, la crítica no puede vivir ajena a los procesos que intenta describir, y mucho menos, desdibujar las trazas conceptuales sobre las que ha discurrido el arte cubano contemporáneo y desconocer  cuales han sido los amargos tragos y tránsitos de nuestra visualidad en ese contexto nacional y provincial, que nos ayudan a comprender y elevar a nuestro artistas, a los villaclareños, en un marco plural donde no han sido menores las sorpresas y el silencio. 

KAMIKAZE, la lectura del color

KAMIKAZE, la lectura del color Por Luis Machado Ordetx

Asentada, tal vez, en el entusiasmo creciente de las combinaciones que posibilitan las escalas del color y de la demopedia —derivación del griego peideía en su sentido de enseñanza o saber popular—, la obra pictórica del villaclareño Amílkar Chacón Iznaga se adentra en los vericuetos del abstraccionismo y la figuración, para proponer un discurso, en fin una comunicación, que ahonde en el concepto de las tradiciones, las leyendas, usanzas, consejos, sentencias, cantares y modismos, y hasta idiotismos.

 

Kamikaze, la exposición inaugurada este jueves en la UNEAC  —seguidora de otras dos muestras personales anteriores: Ruinas del paraíso y Augures—, indaga desde lo geométrico y el cromatismo     (en las colocaciones del rojo, el negro, el carmelita, el azul o el blanco), en aparentes confluencias de lo africano y lo hispano, con el propósito de decantar las esencialidades de lo cubano.

 

A algunos, el diálogo, en un golpe de vista, tiende a parecer hermético, simple, pero en el pintor subsiste una búsqueda y una experiencia acabada, según la propuesta, con la línea y la inserción hipertextual, al incorporar la estilización del rostro humano, el propio, dentro de determinados espacios de las piezas referenciales.

 

Cada cual, al acercarse a la exposición en su totalidad —también a la individualidad de los cuadros—, coteja  un gusto por el color, a veces en derroche de lo oscuro e hiriente del negro y el rojo, y saca  conclusiones ante las disímiles lecturas que ofrece el pintor.

 

La proposición escogida por Chacón Iznaga, arguye al enfoque suicida por el título, pero sentencia lo experimental a partir de la presencia del juego con el cromatismo y las composiciones dialógicas que estable el espectador con la obra.

 

Ahí sobresale la elección del color, el mensaje y las figuras incluidas dentro del cartel y la portada del catálogo de la exposición, así como otras piezas donde la gestualidad incluida en lo hipertextual se aporta como referencia.

 

El autor, pedagogo, además, gana mayor soltura profesional en las piezas de menor formato, al explayarse en la riqueza de lo figurativo, al tiempo que lo hermético del discurso tiende a esconderse ante la visualidad.

 No obstante, en la elección del color, y hasta del tamaño de las piezas y la habilidad técnica ante lo abstracto, aflora, de cierta manera, el rostro del conflicto dramático del hombre y la contemporaneidad descontextualizada.