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CUBANÍA TOTAL

EL «NEGRO» URRIBARRES

EL «NEGRO» URRIBARRES

-Por sus méritos profesionales, modestia como director de Orquestas con el imperativo del pensamiento sinfónico durante más de medio siglo, ostenta la Distinción por la Cultura Cubana, y también la Llave de la Ciudad de Santa Clara, entre otros reconocimientos.

 

 Por Luis Machado Ordetx   

 

              «[...] Gasto en salvas de amor mis últimos cartuchos...»[1]

                                                                            Martí

 

Las alas del interlocutor están en el espíritu. No se contiene en hablar y gesticular, y se cree siempre inmerso en un auditorio. De nada importa que las adversidades físicas impidan deambular con las dos piernas, como antes hacía o parado frente a un escenario, despeñando reconocimientos, exigiendo un acorde preciso o el elogio a un instrumentista.

 

Ahora sus piernas están cercenadas, en una ausencia terrible después de varios accidentes vasculares, pero jamás usted encuentra a este hombre con un rostro amilanado. Todo el tesonero empeño que lo anima, rebota en el sentido de la placidez por el arte, la responsabilidad y esa constancia que por más de diez lustros inspiran desde una vasta carrera musical por escenarios cubanos y extranjeros, y aquí en Santa Clara ancló las profundas raíces en defensa de la Cultura Nacional.

 

Frente a frente, en el esplendor lluvioso de los días, pacté diálogo en la vivienda número 111 de la calle San Pablo esquina Unión, en esta ciudad, actual residencia del músico Rubén Guillermo Urribarres Pérez [Camajuaní, 20 de octubre de 1939], y un interrogatorio ausente de protocolo apriorístico, aguardó el acecho de preguntas incisivas, las cuales salieron raudas debido al conocimiento previo de los avatares un artista que en predios de la ciudad no requiere de muchas presentaciones.

 

El «Negro», llamado así desde que vino al mundo tras un alumbramiento a término de su madre, dio los primeros pasos culturales en el contexto del hogar. Igual ocurrió a sus hermanos Rafael (Tite) y Rebeca -músicos profesionales con años de ejercicio en la percusión o la dirección coral, respectivamente-, al respirar lecciones literarias por vía materna, y de bailes por cercanías paternas, así como del solfeo o la teoría que insuflaban los tíos, integrantes de una reconocida Banda de Música en el terruño camajuanenese.

 

No faltaron en esos tiempos las confrontaciones de piquetes de changüí en tiempos de lides parranderiles entre Chivos y Sapos. Sin embargo, fue en la Academia de Música de Camajuaní, de la mano de Conrado Montel Peñasco, director de la Banda, y luego de Emilio Vizcaíno y de Benigno Seijó, donde surgió la decisión de adentrarse en el estudio de la trompeta, primero, y después de la percusión, para, a los 12 años, en 1952, debutar con nombramiento como instrumentista en las retretas que efectuaba la institución artística en plazas y lugares públicos de su ciudad natal.

 

-           ¿Fue ahí donde comprendiste que tu futuro estaría ligado a la música?

 

-           «!Sí! De la casa, aledaña a la Academia ubicada en la antigua calle Sánchez Portal, salía vestido con un elegante traje y gorra de plato para ensayar o hacer presentaciones; junto a músicos mayores, muchos bastante adultos, aquello constituía una lección pedagógica y de superación. Después, en 1959, ingresé a la Banda Militar de la Fortaleza de La Cabaña, comandancia que dirigía el Che, a quien contemplé en varias ocasiones durante los almuerzos en el comedor de los soldados. Allí también aprecié a Camilo, y comprendí la hermandad que unía a ambos guerrilleros.  

De ahí pasé a otra Banda, perteneciente a las Fuerzas Tácticas del Centro, agrupación militar radicada en Santa Clara

-           ¿Es cuando surge el vínculo con Jiménez Crespo?

 

-           «Mira, Agustín tenía en 1960 la encomienda de organizar la Sinfónica de Las Villas. En Camajuaní escuché pormenores de su labor musical, pero el contacto surgió cuando él acudió a un concierto que ofreció la Banda de La Habana, a la que yo pertenecía entonces, y al concluir la presentación artística ofrecida en la sede de la actual Biblioteca Martí en Santa Clara, el hombre se me acercó para elogiarme, y con tremenda humildad digo:

 

 

                         -¡Maestro, soy de Camajuaní!

 

                         - ¡¿Cómo!?, estoy formando una orquesta y desearía que la integraras, pues tienes condiciones como timpanista, en la percusión. 

 

                      -  ¡Bueno!, si usted lo cree, gracias.

 

«Eso fue todo el diálogo. No sabía dónde meterme con tantas miradas encima.  Surge el licenciamiento de la vida militar, y entonces se estructura la Orquesta Sinfónica de Las Villas. Aparecen ensayos y contratos con la Banda de Santa Clara. Agustín decía que ahora pasarían al olvido las historias de agrupaciones musicales que antes dirigió, pues contaríamos con un presupuesto económico, incluso locales de ensayos y teatros, para funcionar con armonía

 

-           ¿Nace el período de superación profesional?

 

-           «Claro. Todavía estaba verde, como alegan. Aprendí cualidades de Jiménez Crespo en el terreno de la docencia, la dirección y la responsabilidad profesional. Agradezco que me enviara a La Habana para recibir lecciones de Domingo Arajú, timpanista de la Sinfónica Nacional, y de dirección de orquesta en el Conservatorio García Lorca, en Marianao. Al unísono, recibí un curso similar en el Conservatorio Provincial de Santa Clara, ubicado en el antiguo Liceo, y asisto a clases de solfeo, teoría y armonía. Ahora que soy un viejo recuerdo aquella lección del ruso Slonimsky, quien plantaba que un músico estaba formado a los 25 años de ejercicio profesional. Tenía un hambre enorme por crecer ante las habilidades que exige la partitura que colocas en el atril»

 

 

-   No obstante, ¿hay una etapa intermedia que no mencionas mucho, referida a la vida en centros nocturnos?

 

-   «Siempre hice ese tipo de espectáculos, porque creo que un músico que disfrute el arte tiene que pasar por diferentes tipos de agrupaciones y estilos. En 1965, tras concluir una oposición, dirigí la Orquesta del Cabaret del Hotel Jagua, en Cienfuegos, y recuerdo que esa jazz-band acompañó en el show inaugural a Elena Burke, Miguel Ángel Ortiz, una excelente media voz, a Los Papines, y a los bailarines Ana Gloria y Rolando. Después se abrió similar proyecto en el Cabaret Venecia, el Cubanacán y el Ochoa Club, todos en Santa Clara, hasta que surgió...»

 

 

  ¿Qué?, la orquesta de Música Moderna de Las Villas.

 

-   «Sí, fui uno de sus organizadores y director. El pasado año cumplió cuatro décadas de fundada, y estuve en su conducción hasta 1972, disponiendo de un formato propio de jazz-band, era considerada como una de las mejores del país. De buenas a primera se desbarató a finales del pasado siglo. Su resurgimiento no sería ahora de gran utilidad, aunque podían hacerse intentos por instituir «piquetes» para encuentros específicos en espectáculos de magnitud

 

 

-   ¿Y el Ballet?

-   «A la Orquesta del Ballet Nacional de Cuba, con sede en el teatro García Lorca, voy accidentalmente por la propuesta del amigo Fabio Alonso, y las exigencias de José Ramón Urbay -director titular allí-, para que asumiera los exámenes de oposición. Gané la plaza, era una de las dos batutas de esa agrupación, y en 1972 asumí todo el repertorio de acompañamiento musical a las coreografías, hasta que aparecieron las giras por más de 20 países europeos y sudamericanos, en los cuales conduje las Sinfónicas del Bolshoi, en Moscú, de Madrid, y también de Praga y...

 

«El director viajaba antes del resto de la compañía danzaria, y preparaba los ensayos musicales según los programas de repertorio; aquí surgió el disfrute de los estilos románticos y clásico, incluyendo el barroco de Bach, Handel, la inspiración de Tchaikovsky, Mussorgsky, Mozart, Beethoven, Wagner. Podría citar a otros importantes compositores.

 

«Fue una etapa fructífera; de consagración de la carrera; de disciplina, de aprendizaje. No todo músico alcanza tal estatura ante instrumentistas foráneos, con barreras idiomáticas, pero anclados todos en un idéntico lenguaje: la música.

 

«El Ballet es la institución más prestigiosa de la Cultura Cubana, y sus méritos se basan en la fidelidad, la calidad artística, la disciplina de trabajo impuestas por Alicia y Fernando Alonso y los métodos pedagógicos que utilizan sus maestros. Aprendí que era necesaria la constancia y la responsabilidad, sin desdeñar la humildad, para lograr altos peldaños, sobre todo en la música. No tengo dudas de la validez en esa afirmación.» 

 

-                           ¿Porqué si todo iba con excelencias, de inmediato regresas a Santa Clara?

 

-   «A solicitud de las instituciones de aquí, para dirigir la Sinfónica. Era 1977, y de veras fue un compromiso del cual no me arrepiento, pero en realidad jamás quise venir. Ya vez aquí estoy como director titular de la orquesta y acudo a ella cada vez que me llaman. Son casi 30 años en su conducción. Hace unos meses, desde mi silla de ruedas, dirigí un concierto en que se tocó la Obertura de la Sinfonía «Del Nuevo Mundo», de Antonini Dvórak, uno de mis músicos preferidos

  ¿Cuáles son las cualidades que distinguen a un director?

 

«Me introduces en un quebradero de cabeza. Aparte del talento, el estudio, es una profesión difícil en la que actúas de líder, de ejemplo y responsabilidad; de conocedor de psicologías; de pedagogo. Eres algo así como un Jefe de Estado, y perdona la comparación, porque claro, te eriges en artífice de cuanto ocurre dentro y fuera del escenario. Cuando en el Ballet los danzantes, incluyendo primeras figuras, se quejaban del agotamiento físico, Alicia Alonso mostraba disciplina en los tabloncillos y era la primera en llegar y la última en irse. Ahí radica la constancia, el ejemplo. En una orquesta te enfrentas a 50 músicos; son personas diferentes, con problemas diferentes, y un solo hombre agriado puede estropear la calidad de un ensayo o un concierto. No obstante, el director tiene que mostrar talento y prestigio para ser respetado. Tampoco puede ser grosero; recuérdate que es un pedagogo más

 

-                                   ¿Cómo surge la Orquesta de Cámara?

 

-   «No es un engendro, sino la reunión de 14 músicos, instrumentistas de cuerdas, y percusión cubana, con un amplio repertorio de selección nacional y extranjera, sin discriminación de estilos. Surgió en 1992 ante las dificultades de presentaciones de la Sinfónica. Jamás constituyó un proyecto presupuestado. Fueron muchos los conciertos iniciales y las aceptaciones del público.

 

 

«Es una orquesta con perfiles docentes. Jamás hubo una de su tipo en Villa Clara. Recesó por un tiempo sus presentaciones debido a mi enfermedad, pero en el último año y medio tiene acumulados 46 conciertos, con actuaciones de 52 unidades artísticas: solistas, agrupaciones de pequeño formato y estudiantes de los niveles elemental y medio que cursan estudios en la provincia

 

-   ¿Y el público?

 

-   «Primero déjame decirte una cosa: la música sinfónica no tiene una política de difusión y de conocimiento público, sobre todo en provincias. Sin embargo, la escuela Cubana de Música es prestigiosa, con una sólida formación de instrumentistas, y al estructurar un repertorio, el público lo es todo, y merece el mayor respeto. El arte es para la gente y jamás se colocará en urnas de cristal. Carecería de sentido, y eso derriba conceptos de dificultad, de entendimiento. Hay públicos desconocedores de tal estilo o artista; no obstante cuando la música está bien hecha, es aceptada y los aplausos  demuestran devoción. ¿Cuántos recorridos se hicieron por serranías cubanas, donde hombres y mujeres jamás vieron en la vida un Ballet, un Teatro Lírico o una Sinfónica? Cientos, respondería. El disfrute del arte no tiene fronteras, sexos, razas y tampoco edades ».

 

La lluvia de la tarde tiende a cesar, y al despedirme de Urribarres me voy convencido de que el músico jamás termina, aun cuando todo lo que hace en materia de arreglos y orquestación o copia sea a la «antigua» con un papel y un lápiz.

 

No importa que sus dos piernas, ausentes ahora, no permitan caminar como antes lo hacía, recorrer de punta a cabo, entre atriles, los confines de un escenario. Hoy con tanto tiempo entre la música, sin los artificios que tienden a envanecer a otros, este hombre, conocedor de las circunstancias en que se compuso una pieza, por remota que sea la autoría, vive pendiente de los estados de ánimo del artista, de la historia, la psicología y la respiración de una época. Solo así se entiende el sentido de la música que vibra en toda su inspiración.

 


[1] José Martí (1963): Obras Completas, tomo 20; p. 283. La Habana, Editora Nacional de Cuba.

 

VIBRAFONISTA DE JOYA

VIBRAFONISTA DE JOYA

Por Francisnet Díaz Rondón

 

«¿Qué hará esa blanquita metida en percusión? ¡Está loca!», expresaron de manera prejuiciosa escépticos del Conservatorio de Música Amadeo Roldán, de la capital cubana, al observar a una delgada y tímida muchacha de piel caucásica, pelo rubio y ojos azules en el instante en que matriculó esa especialidad, reservada principalmente a los hombres durante épocas pasadas.

 

Pero, una vez más las apariencias engañaron a más de uno, cuando aquella «extraña» estudiante demostró con creces que a la música se le entra con el corazón, y no con razas ni sexos.

 

Al final muchos tuvieron que inclinarse ante Tamara Castañeda Rodríguez, quien, a base de puro talento y dedicación, demostró que en cuestiones de ritmos y armonías estaba echa de un material de tanta calidad como la del mismo vibráfono, instrumento,  devenido ahora en sentido de su vida.

 

Graduada en 1999 en las especialidades de percusión y piano, la corta carrera de esta joven tiene éxitos: primeros premios en concursos -entre ellos, uno Especial por la autoría del tema «A mi manera», propuesto luego por los académicos para formar parte del programa nacional de Enseñanza Artística-; participante en varios festivales Jazz Plaza junto a estrellas como Bob Chilson y Roy Hargrove; ganadora del Gran Prix del Concurso JOJAZZ 2001; invitada por Chucho Valdés al Festival de Jazz de Isla St. Marteen, y actuaciones en escenarios con grandes de la talla de Hernán López Nussa, Mayra Caridad Valdés, Sexto Sentido, Changuito, Julio Barreto, Carlos Emilio, Jorge Reyes, Jorge Luis Chicoy y el estadounidense Steve Colleman, entre otros, avalan su sorprendente trayectoria.

 

Por tercera ocasión visitó Santa Clara, «una ciudad con un público increíble», para actuar de manera especial, junto al trío villaclareño Sonus Jazz, en el espacio JAZZ' TA, con sede en el Centro Cultural El Bosque, de ARTEX.

 

-Tamara ¿cómo llegas al vibráfono y por qué esa preferencia ante los demás instrumentos?

 

-Para graduarme del Amadeo Roldán necesité comprarme un vibráfono. Este estudio, casualmente, solo se imparte en el Instituto Superior de Arte (ISA) donde, por cuestiones personales, no pude continuar la docencia. No obstante, decidí continuarlo en casa por mi cuenta y me enamoré de él de inmediato.

«Yo primero recibí clases de piano básico, luego percusión, y las cualidades armónicas y percutidas del vibráfono reúnen perfectamente ambas especialidades. En él hallé el camino del jazz dentro de mi carrera.»

 

-     Desde niña recibiste una formación musical en varias etapas. ¿Cómo han influido en ti esos conocimientos?

 

-Todo lo que hecho musicalmente me ha servido para lo que soy. Empecé a los seis años a estudiar  piano con una profesora del vecindario, quien me introdujo en el Conservatorio Manuel Saumel. El tiempo vivido allí es irrepetible, por la preparación obtenida. Recuerdo a la profesora Elisa Escribá, y sus influencias. Cada etapa ha sido de grandes experiencias muy provechosas. En pocas palabras: hoy no fuera vibrafonista si no hubiese tenido esa preparación previa y tan buenos profesores».

 

-¿Qué ha representado actuar junto a Chucho  Valdés?

 

-Ese es el regalo de mi vida, ¡qué puedo decir! Cuando me presenté en el concurso JOJAZZ -que por cierto, confieso aquí, por primera vez, que no fui por mi voluntad, pues mi amigo Carlos Alberto Rosel, me inscribió por su cuenta- al ganar el premio del jurado, presidido por Chucho, él me invitó a tocar juntos en un concierto. Aquello me pareció un sueño.

«Trabajar con él permitió una visión mucho más amplia de la carrera, no solo musicalmente, sino también desde el punto de vista ético, de cómo uno asume la profesión. Chucho es un gran maestro y para cualquier músico es un privilegio estar a su lado».

 

 -Háblanos de tu disco Saboreando...

 

-Lo considero un gran disco. Está compuesto por doce temas, de la autoría de Chucho Valdés, Michel Camilo, Virgilio (Yiyo) López y algunos textos míos. Tuve la suerte de contar con Alexis Boch (piano), Julito Padrón (trompeta), Oliver Valdés (batería) y Jorge Luis Chicoy en la guitarra. Es de jazz latino, fundamentalmente, aunque incluí también  joropo venezolano, conga y bossa nova. La producción musical corrió a cargo de Joaquín Betancourt.

 

-¿Qué representa Villa Clara para ti?

 

-Un lugar maravilloso lleno de amigos y de un público increíble. Me enamoré de esta provincia desde la primera vez, se lo digo de todo corazón. Y Santa Clara es una de ciudades más culturales que conozco. Siempre estoy dispuesta a acudir aquí cada vez que quieran. Para mí es un regalo tocar en Santa Clara.

TROMBONÍSIMO

TROMBONÍSIMO

«Toda nuestra dignidad consiste en el pensamiento»

                                                                                  B. Pascal

 

Por Byron Machado Matamoros

Graduación del Nivel Medio de Música, especialidad de Trombón, Escuela Profesional de Arte «Samuel Feijóo», de Villa Clara, situada a 260 kilómetros al este de Ciudad de La Habana.

Justamente, tal vez sea el primer instante para el disfrute de ustedes, como la  contemplación de Sísifo en la soledad misteriosa del ascenso a la colina, ese impulso que ahora anima a amasar las  «estrellas y ¡crecer, crecer, hasta lo inmensurable!» de todo espíritu.

 

Indetenible por la constancia; las dedicaciones de otros -los pedagogos legionarios-; el bregar y la visión  propia; el rocío entre las sienes en horas alejado del perenne jugueteo de la infancia, y  también del beneplácito de la inocencia que queda atrás, esa propulsión para coronar a quienes creyeron como cíclopes en la persistencia del colibrí libador de las esperanzas que refulgen en los atributos del arte y, que por supuesto, habitan en este soplo de acompañamiento.

 

Aquí estoy, inmerso en un «Trombonísimo-Concierto» luego del vencimiento de todo lo que agota en medio de un oleaje vertiginoso que tiende, en lo adelante, a remontarse hacia otras necesarias energías dentro del recubrimiento de luces o los sueños dispersos por cualquier hálito de inspiración.

 

Sí, emerjo aquí, es por ustedes, maestros todos; también por el esfuerzo legado a la nobleza del tiempo; por el temple de la historia; por el coloquio amistoso y caprichoso con los sonidos; y de similar modo con el timbre y el goce de la belleza encarnada en el sentido del soberano, perpetuo e insuperable instrumento: mi trombón.

 

Gracias a ustedes por la estancia en el concierto; tributo al auditorio que  insufla aires a esta vocación que ahora los acompaña: la esencialidad del músico.

                                                   PROGRAMA                                              

  • Sonata en Fa menor, George Frideric Händel [1685-1789]
  • Cavatina, Charles Camile Saint-Saëns [1835-1921]
  • Concierto para trombón y piano, Nikolai Rimsky-Korsakof [1844-1908]

                                                   INTERMEDIO

  • A Portrait, George Gershwin [1898-1937]
  • Summertime, Edwin Du Bose Hayward [1845-1940] & George Gershwin

 

 

 

ESCRITORES Y PERIODISTAS

ESCRITORES Y PERIODISTAS

Por Luis Machado Ordetx

Doce meses no representa tanto tiempo transcurrido, de acuerdo al punto de vista de cada cual. Sin embargo, cuando se trata del balance establecido en el intercambio profesional entre periodistas y escritores      -según los convenios entre los respectivos Congresos de la UNEAC y de la UPEC-, en aras de la promoción, la superación, la defensa de nuestra cultura e identidad nacionales y, por supuesto, el diálogo y la confrontación de ideas referidas al contexto artístico-literario, el saldo definitivo adquiere ribetes superlativos.

Eso reafirma la distinción de la locución latina «Mutatis mutandis»   -cambiando lo que deba cambiarse-, signo que marcó el inicio, el 20 de octubre pasado -Día de la Cultura Cubana-, de «La Voz del Otro», proyecto patrocinado por el Centro Provincial del Libro y la Literatura y coordinado por la UPEC en Villa Clara, empeñados ambos en afianzar la promoción y la divulgación de la obra última de nuestros creadores y sistematizar los espíritu de superación profesional.

Junto a las actividades que acontecen en el Proyecto Ateneo que suscribe la librería Pepe Medina, así como las tertulias «El Viajero» -Terminal de Ómnibus-, «Las Tardes de Eva» y «La linterna mágica», en la sede institucional del Libro, así como «No son todos los que están» -Unidad Militar 1656-, «Posesión de la espera» -Centro de Desarrollo para la Salud-, y «Otro espacio para la Literatura» -Escuela de Trabajadores Sociales-,  las sesiones efectuadas en la Casa de la Prensa, en la calle Céspedes número 22, esquina Maceo, abren horizontes amplios a los vínculos comunitarios y el discernimiento y defensa de la cultura regional y nacional.

Es un espacio, al igual que los restantes, donde impera un criterio caracterizado; de entrada libre de públicos, y en el cual se prioriza un tema. En el caso de «La Voz...», aspectos de superación profesional referidos a los géneros periodísticos, interioridades y relaciones entre la historia, la literatura y también la cultura, así como las expresiones artísticas en soporte digital o las teorías expuestas por Lezama Lima sobre «La expresión americana» y de «Los contextos», de Carpentier, representaron tópicos analizados en el período precedente.

Sin duda, tanto periodistas como escritores, con similares herramentales, reconstruyen desde sus apariencias individuales las realidades pasadas o cotidianas, y allí el hombre, con sus aspiraciones, itinerarios o asideros, compone el centro de los escritos, de la palabra oral, del gesto y la imagen televisiva. De eso se trata en el diálogo sistemático que enfoca «La Voz...», con atributos que tienden a insuflarse en lo perspectivo por la presencia mensual de una parte distinguida de casi un centenar de escritores villaclareños en intercambio con periodistas.

En lo adelante, tal como ahora sustentan los derroteros de «La Voz...», y también los acuerdos entre el CPLL y la UPEC, hay programas definidos en los que prima la defensa, promoción y difusión de los valores que enriquecen el conocimiento de la cultura cubana y de todos los puntales surgidos desde tiempos en que apareció el brote indoblegable de nuestra nacionalidad.

«La Voz del Otro», en esa reciprocidad entre periodistas y escritores, a la par que insiste en la sensatez permanente, estableció, como todos los espacios institucionales, un pacto de compromiso con la realidad, con el pueblo y las esencias que reconstruyen los creadores desde una perspectiva en que sitúa al hombre como centro de las miradas diarias. 

 

MÚSICOS ENTRE CANARIOS

MÚSICOS ENTRE CANARIOS

Por Luis Machado Ordetx

Por instalaciones de Santa Cruz de la Palma, Isla Canarias, anda el  Quinteto Criollo en constantes exposiciones del festival «Sabor a Cuba», promocionado por el proyecto Son y Salsa Agroturs Canarias S. L, y de acuerdo a puntualizaciones del sitio digital www.agroturs.com, el delirio de los habitantes y turistas de allí corre al unísono de las canciones que interpretan Ernestina Trimiño y Juan Campos, acompañados de los acordes instrumentales de Pedro Pérez Quintero (bongóes), Alberto Arteaga Gutiérrez (laúd) y Mario Manuel Gutiérrez Díaz (contrabajo), quines hoy actúan en la Sociedad Atlántida de San Pedro, en Breña Alta, sitio al que concurrirán, como un «arrastre de mar», muchos admiradores de nuestra música tradicional campesina y trovadoresca.


El empresario Herbert Eppelsheimer es el patrocinador del encuentro, dice un email de Mario (Mayito) Gutiérrez, recién llegado a la redacción Cultural de Vanguardia, el cual subraya: «Siento el orgullo de integrar un colectivo de músicos que se fortalece y se une cuando sale a cumplir cualquier misión cultural fuera de nuestras fronteras y actuamos aquí con el mismo amor y calidad con que lo hacemos en Caracas, Cifuentes, Maracaibo, Guaracabulla, Tobago, Placetas, San Juan de los Morros, Calabazar de Sagua, Santa Cruz de la Palma o La Habana. Para nosotros todos los públicos son iguales y merecen respeto».


Hasta el presente, el Quinteto Criollo, después de cumplir en abril 12 años de existencia, hace su primera salida a España luego de cumplir los primeros compromisos internacionales en Venezuela y Trinidad y Tobago, y de acuerdo a partes informativos, tuvieron presentaciones recientes en una emisora de radio de La Palma, con transmisiones en FM, así como en la Casa de Casa de Cultura El Paso; ofrecieron un concierto en San Andrés y Sauces -junto a los poetas espirituanos Raúl Herrera y Roberto Pérez-, y anteayer acudieron de invitados al Teatro Chico, en Santa Cruz,  mientras el viernes intervinieron  en la Villa de Teror, en Gran Canaria.


Una vez más, nuestra música, esa que late del folklore guajiro, y también de la vital tradición trovadoresca de principios del pasado siglo, hace justa gala de ensoñaciones entre el público hispano; incluso, capaz de barrar fronteras idiomáticas, deja un contagio sonoro del cual nadie escapa en el despeje jerarquizante del tímbre, la melodía y la metáfora engalanadora.

A eso, por supuesto, siempre tiene acostumbrado cada actuación sencilla y embrujadora del Quinteto Criollo villaclareño.

 

Réquiem por H.S.

Réquiem por H.S.

Por Luis Machado Ordetx

Humberto Solás, el mítico realizador del cine cubano con una obra enraizada en la historia y la recreación literaria nacionales, acaba de fallecer, y desde Santa Clara rendirán en noviembre un cálido homenaje que promete la presencia de una gran parte de la más descollante de sus filmografías, así como la asistencia de Adela Legrá y Eslinda Núñez, dos de las inseparables actrices que lo acompañaron en la legendaria cinta «Lucía» (1968), filme que hizo declarar a críticos de la revista canadiense Take One que «Cuba había encontrado su Einssenstein».


El pasado año la dirección del Cine Club Cubanacán afirmó que el vigésimoquinto Festival de Invierno estaría dedicado a las cuatro décadas de existencia de «Lucía» y al reconocimiento de Solás, pero la muerte de este creador sorprendió casi en la víspera a las sesiones teóricas y exhibición competitiva de un certamen nacional que surgió al calor de las iniciativas del villaclareño Miguel Secades.


No obstante, dijo Rolando Rodríguez Esperanza, los cines e instalaciones culturales de la provincia mostrarán una parte significativa de la obra de Humberto Solás, entre las que cuentan: «Manuela» (1966), «Lucía», «Un día de Noviembre» (1972), «Cecilia» (1982), «El Siglo de las Luces» (1992), así como otras piezas de merecido valor estético e histórico: «Amada», «Un hombre de éxito» y «Miel para Oshum».


De ese modo, indicó Rodríguez Esperanza, uno de los más representativos artífices de la filmografía cubana de la segunda mitad del siglo pasado y lo que corre del presente, y el inspirador de las jornadas de Cine Pobre de Gibara, estará en noviembre el recuerdo permanente de los cinéfilos villaclareños.

Vida, irrevocable estancia

Vida, irrevocable estancia

 

 Seis meses, seis después de la última escritura en mi BLOG, vuelvo nuevamente a reemprender el camino para el disfrute de la historia de la cultura cubana, la preservación de la memoria, y por supuesto de nuestra idiosincrasia. Después de un tiempo alejado, otra vez aquí. Gracias a los amigos de adentro y de afuera de la Isla por esas gotas de humanismo y solidaridad en constante preocupación por el mejoramiento de la salud personal.

   

Por Luis Machado Ordetx


UNA frase impregnó lo lapidario y aleccionador. Ojala en otros congéneres  trascienda en irrevocable cambio de actitudes y hábitos individuales. El texto no me pertenece, pero lo tomo en propiedad al ser concebido en consejo: «Si tuviéramos una mayor cultura sobre la salud quizás no...»


Es de una Reflexión: «La marcha prematura», escritura con aires  insuflados desde el alma, con rastro imborrable por lo interpretativo, lo opinativo; de resortes de inmediatez, y de franqueza ética. Fidel lo redactó y lo difundió luego de la partida definitiva de Sergio Corrieri Hernández, el dirigente, el actor, el revolucionario, el amigo ¡Un martillazo vino con la lectura!


Corto ahí la enunciación, empeñado en reconocer que a este cronista, como sucede también a usted, y a aquel o al otro que lee, los malos hábitos alimenticios -a deshoras, rápidos y sin recurrir al consumo de vegetales-, asociados al tabaquismo, la ingestión ocasional de bebidas alcohólicas y el stress agotador de una profesión en sobresaltos, de avatares en la existencia; alteración del sueño y la hipertensión arterial -lima sorda que desestabiliza la fisiología-, dejan inminentes o mediatos estragos.


Ese instante, en que un infarto agudo del miocardio, en cara inferior, complicado con un bloqueo, me condujo hasta un hospital, solo quiero retenerlo a partir del recuento, mas cuando ahora obliga a un cambio en los mecanismos objetivos y subjetivos que incitan a prolongar la vida, como un villaclareño empeñado en rebasar esa expectativa que frisa los 78.4 años.


 Pensar que todavía restan tres décadas para esa cifra, provoca el lógico sobresalto. ¡Ahora, al ruedo! ¿No sé por que rara avis filosófica, el hombre reclama un cambio de conducta a partir de la ocurrencia de un hecho que atenta contra su vida, la estabilidad de la familia, y del modo y la forma de estar en la sociedad?


Siempre hacemos juramentos y juramentos, hasta que todo pende de un hilo.  Consejos, consejos y consejos, y nada vale en aprecio hasta que ¿...? Más allá de la reseña individual, preciso de lo apreciativo de una ética y una entrega a la profesión, sin fronteras y latitudes en el desbordamiento por el cuidado de ese que nombran con un soberano cariño: «paciente clínico». Tal vez, en otros lugares, de un idéntico recinto, incluso bajo un similar techo, no aparezcan pormenores del relato de referencia y hasta puede que en usted surja el cuestionamiento.


Sin otros rodeos voy «al todo y sus partes»; el primero, el Hospital Clínico-Quirúrgico-Docente Arnaldo Milián Castro, y lo segundo, la sala de Cardiología (unidades de terapia intensiva, intermedia y polivalente, integradas en respectivas funciones), válidas en la determinación, observación y cuidados en la evolución de diagnósticos en ingresados con fallas cardíacas.


Un lustro tiene esa instalación del segundo piso del área frontal hospitalaria. Catorce días sirvieron para aquilatar desde la extrema limpieza, hasta la competencia profesional y humana de sus especialistas -jóvenes cubanos y latinoamericanos-, quienes, junto a enfermeros y administrativos, proponen la  evolución de los pacientes y diagnósticos, y aportan en colectivo un rayo inextinguible al clama con agrado por la fraternidad.


Allí jamás contemplé personas carentes de dificultades materiales, de omisiones espirituales o familiares. Todos tienen los idénticos problemas a los afrontados por el cubano de hoy. Sin embargo no exteriorizan una queja, excepto, exigir y hacer lo que toca a cada cual en medio de imperfecciones humanas, sociales y de estragos impuestos por el bloqueo económico norteamericano.
Ahí hay secuelas objetivas de las injustas Leyes Torricelli, Helms-Burton y el Plan Bush, y eso lo


 reconoce cualquiera que habite el Caimán Verde, como lo definió el poeta oriental Arturo Clavijo Tisseur. ¿Cómo ignorar que durante nueve días estuve conectado a un marcapaso externo? Ahora leo una reseña: la  suspender las ventas a empresas cubanas y en otros casos, han anunciado la cancelación de licencias, como ocurrió con la compañía Med Tronic, de Estados Unidos,  decidió suspendernos las ventas  de  esos equipos, afectando incluso a niños portadores de arritmias de carácter congénito o adquirido, necesitados del aditamento.


Al pie de la observación de dos, y hasta tres electrocardiogramas (ECG) por día, estaban los galenos dispuestos a detectar  cardiopatías y variaciones en los pulsos eléctricos recogidos a través de electrodos; los especialistas,  como dije, derrochaban con todos los hospitalizados un sentido de «modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo». Eso es Revolución: ¡Hasta una anciana de 103 años recibió los beneficios de un marcapaso interno! Nadie preguntó, como sucede desde hace casi cuatro décadas, cuánto dinero tenía, cuál era la profesión, el color de la piel,... Sencillamente estaba allí, recibiendo los beneficios del servicio, por esa razón de sentirse, creerse y erigirse como una cubana más.


En el lugar no estaban equipamientos de última generación, como esos anunciados en www.schiller.ch.com. Si no fuera por el calamitoso bloqueo, estoy seguro que, pie en tierra,  el Estado no escatimaría erogaciones monetarias para adquirirlos y ubicar en todas las instalaciones hospitalarias  el publicitado Cardiovit CS-200, de diagnóstico cardiopulmonar; el Cardiovit AT-101, AT-1 y el AT-104, de ergoespirometría; el desfibrilador FRED y...


¡Qué no haría mi país por trascender más allá de lo actual si careciéramos de la implicación del criminal bloqueo! Un equipo similar de marcapasos interno a los que se instalan en Cuba, ese que traslada una anciana de 103 años, así como otros con quienes confraternicé, cuesta entre 20 mil y 30.mil euros en servicios asistenciales de los hospitales Miguel Servet (Zaragoza), Virgen de la Arrixaca (Murcia), Juan Canalejo (La Coruña); Gregorio Marañón (Madrid), Marqués de Valdecillo (Santander), Virgen del Rocío y Virgen Macarena (ambos en Sevilla), y... En mi país, todo es totalmente gratuito en el campo de la Salud.


Todos, no lo dudo, tenemos que cuidar eso que pertenece como patrimonio de cubanía. De ese sentido dependerán otras riquezas espirituales y materiales. Sin embargo, No obstante, el grado de exigencias profesionales, individuales o colectivas, no es el similar en otras áreas hospitalarias del «Milián Castro»; tal vez ahí estribe cierto deterioro, hasta de atención especializada, limpieza y mobiliario que se percibe entre las salas.


Comprender que Cardiología es «Una Taza de Oro», como realmente lo representa, bosqueja un reto a la (auto) dignificación y responsabilidad atribuibles a otros servicios médicos, a los comportamientos de pacientes y familiares, a la altura de lo que defendemos, como si todo fuera una escena humanizada y descrita por Steinbeck en Las viñas de la ira; afincado en preservar y enriquecer la longevidad, pero siempre desde la recomendable perspectiva por Una mayor cultura sobre la salud.

BENNY MORÉ, UN CUBANO MUY CUBANO

BENNY MORÉ, UN CUBANO MUY CUBANO

Por Manolo G. Fernández García

(Pintor y pedagogo cubano)

 

Allá al principio de 1940, en las calles de Santa Clara, conocí a Benny Moré antes que llegara a la inmensa dimensión, casi mítica, del hombre genial que fue en el campo de la música cubana y su voz fuera frecuente en películas mexicanas, las pantallas de televisión, los escenarios teatrales y de cabaret, las vitrolas, los bares, cantinas y las emisiones radiales.

 

En la ciudad lo encontré por vez primera. Era un joven y delgado mulato, detenido con un tres en la parada de ómnibus «Especiales Cubanos», con estación aledaña al café Cosmopolita. Los viajeros que se dirigían a Cienfuegos, apenas repararon en aquel hombre que cantaba una canción, un bolero o tocaba su instrumento musical.

 

Aquello llamó mi atención. El joven brindaba su arte con modestia y timidez guajira, y luego alargaba su brazo para pronosticar o tal vez silenciar aquellas palabras acuñadas en la seudorepública: «Ayude al artista cubano». Triste comienzo para muchos consagrados después en el universo cultural.

 

Quien sabe si por eso, como uno más entre los millones de cubanos que le admiramos y aplaudimos después, lamenté profundamente su desaparición física el martes 19 de febrero, hace ahora 45 años. Solo una década de éxitos disfrutó ese músico de larga y luchadora vida artística.

 

Benny, allí en el cafetín de Santa Clara vocalizaba la canción «Olvido», escrita y difundida por Miguel Matamoros, y los curiosos lo rodeaban por la calidad de la interpretación y la gesticulación extraña en que se desenvolvía en movimientos físicos. Disfruté la dulce melodía de la voz, y sobre todo la entonación, afinación y una medida exacta del ritmo, difícil, muy difícil de encontrar en cualquier cantante aficionado.

 

Al dispersarse los curiosos que le rodeaban, me acerqué y pregunté:

 

- ¿Ha cantado alguna vez acompañado por un pianista?

 

- Pocas veces, respondió con timidez.

- ¿Y por la radio?

 

Muy poco, casi nunca. Es un sitio difícil de penetrar.

 

 En esos años yo intervenía como cancionero en la emisora CMHW, y de pianista me respaldaba Pepe, mi hermano, quien, además, era locutor de radio.  

 

Admirado tras haberle oído cantar, pregunté nuevamente a Benny Moré:

 

-¿Te gustaría ir a CMHW para interpretar esa canción que ahora escuché?

 

- ¿«Olvido»?

 

-¡Sí, esa de Matamoros!

 

- ¡Claro hombre, yo soy de Lajas, regresé hace poco de México, y me gano la vida como puedo, y no tengo un kilo prieto para eso.

 

Fue todo lo que respondió con simpático asombro. Después le dije:

 

- Pues si me acompañas ahora a la emisora, dentro de media hora vas a cantarla en el espacio radial que tengo a las cinco de la tarde, pero antes quiero que conozcas a Pepe, mi hermano, el pianista que te acompañará ante los micrófonos. 

 

De esa manera, aquella fue la primera y última ocasión en que traté directamente a Benny Moré. No solo cantó para mi satisfacción personal, sino también para la de Pepe y todos los que escucharon CMHW aquella tarde.

En aquel momento pronosticó un recuerdo inestimable, y en el álbum del cancionero, prometió un día poner de su puño y letra una dedicatoria que habla muy en alto de su amistad artística y el imprescindible apego popular al escribir, subir a un escenario o tratar al pueblo: «Para Manolo con un saludo más sincero de un cubano muy cubano, Benny».