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El Caribe, por su inspiración, enaltece la Historia y la Cultura

Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2008.

ESE ANIMAL CÓMPLICE

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Por Luis Machado Ordetx

 

Conozco, porque está ahí en nuestros predios, a unos de los mejores ilustradores cubanos, sólo que no se cree poseedor de esa soberana razón artística, pictórica y de escrutador de la realidad en instantes en que traza las líneas, el dibujo y la captación de las esencias e imaginerías que deambulan por su cerebro. Lo más triste de todo, es que es un «tremendo haragán», y tuvo la posibilidad de entrar en conspiración literaria con otro «triste» hombre dispuesto a la euforia en labores de cuatro manos.

 

Eso duele, porque el ilustrador Félix Adalberto Linares Díaz encararía el binomio perfecto con el reciente libro que entrega el colega José Antonio Fulgueiras Domínguez, ahora en presentaciones en la Feria Internacional que comenzó el jueves en Ciudad de La Habana.

 

Linares se perdió ese momento, y aunque Fulgueiras lo reconoce, está plácido por la salida de Tal vez pura coincidencia, otro hijo salido como texto de la editorial Gente Nueva. El escritor vuelve a sus andadas de decimista, de reencuentro con el verso, la mirada hacia el mundo animal y la coincidencia con arquetipos sociales que deambulan por allí, por las calles, a su lado y también junto a usted.

 

El autor es un cronista; olfatea la realidad, la viste de fantasía; opina y detalla con precisión en una estructura poética determinada por la rigidez de la medida interior o exterior, y también de la rima expresada en las 55 décimas que conforman un libro ilustrado, con ingenuidad y sencillez, por Yusell Marín Gutiérrez, quien se encarga de atrapar el espíritu aleccionador que ronda por los versos.

 

Un donaire raro, sea en el retoqu

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KMILO DESDE EL PINCEL DE BOFFILL

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Por Luis Machado Ordetx

 

Boffill es un ignato irreverente en la manera de ser, pintar, fabular desde la oralidad; saludar a los amigos y hasta contar anécdotas personales en que el ingenio de cada cual saca todas las lecturas posibles de esas ensoñaciones de mitomanías que siempre lo acompañan.

 

En el campo de las composiciones del lienzo, la mirada primitivista, naif   -inducido o espontáneo-, rebusca en los sueños y en la realidad para coronar la historia y los ancestros, la propia y la nuestra insular.

Años llevo en el trato, el aliento y el afecto, y muchos que conocen de ese vínculo no lo desmentirían, y hasta algunas de sus obras pictóricas de antaño cuelgan en las paredes en deleite constante de la vista,  la alegría del color, el re (juego) de eso que denomina el «dibujo boffilliano» y el pletórico sentido por indagar en el ímpetu de los cultos sincréticos de la Regla de Ocha, de lo yoruba y lo lucumí trasplantado por los ancestros a la cultura cubana.

 

Desde hace tiempo pulsa el pintor remediano, radicado ahora en Santo Domingo, en la desacralización de la historia, de las epopeyas revolucionarias recientes, de los hombres y mujeres que conducen cada día, con el ejemplo social de los hechos, la ruta inquebrantable del devenir nacional.

 

Antes, afanoso, apareció en el nacimiento del siglo aquella exposición en homenaje al niño Elián González en instantes en que fue raptado por la mafia cubano-americana y luego rescatado por su pueblo, el de la Isla, gracias a la solidaridad internacional; después vinieron los lienzos que recreaban el rostro de Ernesto Che Guevara -El Orate-, los dedicados a Fidel -El Soldado Fidel-, y en la actualidad

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BENNY MORÉ, UN CUBANO MUY CUBANO

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Por Manolo G. Fernández García

(Pintor y pedagogo cubano)

 

Allá al principio de 1940, en las calles de Santa Clara, conocí a Benny Moré antes que llegara a la inmensa dimensión, casi mítica, del hombre genial que fue en el campo de la música cubana y su voz fuera frecuente en películas mexicanas, las pantallas de televisión, los escenarios teatrales y de cabaret, las vitrolas, los bares, cantinas y las emisiones radiales.

 

En la ciudad lo encontré por vez primera. Era un joven y delgado mulato, detenido con un tres en la parada de ómnibus «Especiales Cubanos», con estación aledaña al café Cosmopolita. Los viajeros que se dirigían a Cienfuegos, apenas repararon en aquel hombre que cantaba una canción, un bolero o tocaba su instrumento musical.

 

Aquello llamó mi atención. El joven brindaba su arte con modestia y timidez guajira, y luego alargaba su brazo para pronosticar o tal vez silenciar aquellas palabras acuñadas en la seudorepública: «Ayude al artista cubano». Triste comienzo para muchos consagrados después en el universo cultural.

 

Quien sabe si por eso, como uno más entre los millones de cubanos que le admiramos y aplaudimos después, lamenté profundamente su desaparición física el martes 19 de febrero, hace ahora 45 años. Solo una década de éxitos disfrutó ese músico de larga y luchadora vida artística.

 

Benny, allí en el cafetín de Santa Clara vocalizaba la canción «Olvido», escrita y difundida por Miguel Matamoros, y los curiosos lo rodeaban por la calidad de la interpretación y la gesticulación extra&ntil

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